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JUGANDO A LAS ESCONDIDAS
Por Fuentesek

Transitando el camino a San Vicente, se encontraron Diógenes y Fidel, dos conocidos que comentaban sobre sus familias, cuando de pronto comenzó a llover y debieron refugiarse en un caney viejo, de secar tabaco, para no mojarse.
Allí mientras encendían algunos cigarrillos, Diógenes señaló una casa que se veía a la distancia y dijo:
.- Está abandonada y derruida, pero hace unos diez años, allí reinaba la prosperidad, la alegría y la paz familiar. En unas vacaciones por el mes de diciembre, llegaron unos familiares de los dueños y trajeron varios niños que muy pronto jugaban y correteaban por toda la estancia.
Una mañana jugando a las escondidas, abrieron la puerta de una habitación que permanecía cerrada y donde se guardaban muebles y cosas viejas. Era el cuarto de San Alejo y solo se abría cuando algo era abandonado allí.
Como el lugar permanecía a oscuras y con las ventanas cerradas, a los niños les pareció ideal, para jugarle una broma a uno de los recién llegados que tenía fama de tímido y miedoso. Llevaron al niño con engaños hasta la puerta del cuarto y lo empujaron dentro, para luego cerrar la puerta desde afuera, sosteniéndola con sus manos.
Todo transcurrió en unos pocos segundos, diez a lo máximo. De pronto los gritos del niño encerrado cesaron y sus compañeros en medio de risas soltaron la puerta, que se abrió totalmente. Para sorpresa de todos los bromistas, su primo no estaba allí y en su lugar había un anciano de larga y canosa barba, que a manera de reclamo murmuró
.- Por qué se demoraron tanto tiempo en abrir la puerta? Y saliendo de la casa, se alejó lentamente por el camino que va a Betulia.
Los niños no comprendieron al principio que pasaba y buscaron en toda la pieza y al no encontrar a su primo, avisaron a los mayores, quienes al escuchar el relato se unieron a la búsqueda sin ningún resultado.
Por más de ocho días, la búsqueda se extendió hasta las poblaciones vecinas sin hallarlo por ninguna parte, hasta que al final perdida toda esperanza, decidieron abandonar la casa, la cual desde ese día permanece vacía y poco a poco ha envejecido como el anciano que salió del cuarto y que tampoco fue vuelto a ver.
Algunas personas aseguran que de vez en cuando, se oyen gritos provenientes del cuarto donde encerraron al niño y que han visto salir al anciano de la casa, caminando despacio, muy despacio como si pisara un sueño.
El relato que acababa de hacer Diógenes, era de esos que no admite preguntas y sin saber por qué, Fidel recordó a un anciano que encontró una vez sin rumbo y le pidió un poco de agua y al agradecerle por la bebida, dijo:
.- Cuídate de los amigos, que la juventud solo se tiene una vez y es efímera. Quien la pierde, solo podrá echarla de menos, pero nunca recuperarla!

Fuenteseca


Texto agregado el 08-11-2004, y leído por 282 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
24-07-2005 Muy bueno. Creo que no tienes que cambiar nada, pues te atrapa desde el inicio. Un abrazo castillo
20-07-2005 original... gran moraleja amigo, estoy de acuerdo. denada
09-11-2004 Interesante tu cuento, para mi gusto le hubiese puesto tal vez algunas dosis más de intriga. Aún asi me ha gustado awamarina
 
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