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- ¿Que se teje amiguitas? dijo sonriente Jacinto, el gato callejero del barrio, con su diente quebrado y un pelón redondo de sarna en la cola. Del barrio es solo un decir porque gustaba de recorrer las ciudades y los campos desempeñando diversos oficios de paso: Pintar paredes, organizarse con gatos salvajes para la recuperación de territorios, hacer malabarismo y cantar serenatas. En esto último era experto, así como caer enredado con la gatita de turno en un remolino de arañazos. Sin duda lo más atrayente de él es que pese a haberlo probado todo jamás había tenido oportunidad de probar el uiscas. Contrario a lo que podía creerse no se trataba de un gato abandonado. En su infancia tomó leche materna y restos de comida en una casa de campo y luego comida de basureros y algo que le regalaban. De su pasado rural le agarró el gusto a la libertad con l mayúscula y jamás se dejó cazar por compromisos o por comodidad. Varios ojitos amarillos iguales a los suyos regaban las ciudades sin haberle visto nunca el polvo.

- Cuando crezcan los llevaré a conocer la vida decía el pinganilla.

Felina y Prudencia lo adoraban por sus coloridas historias y la alegría despreocupada que siempre llevaba encima a la vez que lo despreciaban por su falta de responsabilidad con las crías. Prudencia sobre todo que sabía en carne propia lo que era hacerse cargo sola de un hijito se sentía a veces con hartas ganas de escupirle la cara. Sin embargo ese día, andaban todos de buena y se armó una suculenta conversa sobre el uiscas y el primitivismo en los gatos, mientras Peludo hacía cabriolas con las plumitas de los choroyes poniendo el lomito como un arco.

De un salto sorpresivo fue Plumilla, la gata blanca detective, quien saldó la discusión:

- Probablemente se trate de que el uiscas ataca la voluntad y el estado de ánimo, pero no el sistema nervioso central.

- Es decir las capacidades están pero no las ganas terció Jascinto.

- En conclusión León es ante todo un gato voluntarioso reconoció admirada Felina.

Desde el tercer piso Misterioso miraba con la nariz pegada a la ventana. De esplendidos ojos azules, el gato angora de la puerta de enfrente de Felina, no sacaba jamás una pata fuera de la casa. Adentro lo tenía todo: Comidita casera, especialmente preparada por su anciana dueña, estufita en invierno, brisa fresca en verano, juguetes para divertirse y una suave musiquita de Mozart que lo llevaba a extasiados estados de conciencia y elevaba sus instintos. Todo un gatito de chalet. Quien dijera que de tanto mirar lo que pasaba en el jardín como una película, se iba a enamorar perdidamente de esa gata negra, elástica y brillante como una pantera y de su gatito a motas, tan tierno él. El, tan espiritual y rodeado de cariño ansiaba abrazar a esa gata y protegerla con su calidéz.

Pasaron semanas, dimes y diretes con Felina y llegó el día de la encerrona. Prudencia, para variar averiada, esta vez de una pata delantera quiso subir a la casa para limpiarse la herida. Felina fingió que su ama no estaba, mientras Misterioso timidamente habría su puerta. Entrar al piso y ponerse Prudencia a sollozar fueron uno. Se le agolparon las injusticias públicas y personales que le había tocado vivir y la musica como una fragancia se le coló en el alma. Felina dejó discretamente la escena cuando Misterioso se había arremolinado con todos sus sedosos y perfumados pelos alrrededor de Prudencia semi dormida, mientras la ancianita le daba leche a Peludo y le movía cascabeles.

Felina bajó las escaleras diciéndose a si misma que ella no quería eso, en brazos parecidos, como de una serpiente, había estado a punto de ahogarse, convirtiéndose en un peluche. Llamó de un maullido a Jacinto y se fue de chelas. Ya conseguiría algún día que León, el gato circense, le enseñara a subir a los árboles con o sin uiscas.

Texto agregado el 14-11-2004, y leído por 408 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
25-08-2006 Irónica, alegre, reflexiva la historia...si, quizá merezca un solo capítulo... aukisa
17-07-2005 Creo que me veré en la obligación de denunciar a la Sociedad Protectora de Animales de que en su nombre se están contando historias sobre otro tópicos. Dejémosle a Esopo que nos muestre el mundo a través de los animales, mira que con esas moralejas tan confusas, a más de un cuentero he visto maullando y haciéndose pelones de sarna en el lomo. Por lo pronto he notificado a Whiskas y Mac Donald's por si quiseran presentar cargos. Newen
19-05-2005 Bien, hemos llegado al final. Está muy buena y da para recopilar paralajes como para hacer dulce. Quién querria subir a un árbol en vez de a un penhuose? Me queda una duda: Lo que le dolía a Prudencia después del encuentro con los gatos de la esquina...¿era lapata? el-parricida-huerfano
23-02-2005 Acabo de terminar de leer tu trilogía gatuna, apoyo plenamente la sugerencia de Jorval de reunirla en un sólo cuento, tanto click le quita fuerza a la historia que está muy bien contada, felicitaciones. maitencillo
17-12-2004 muy bien!! super entretenida, me encanta tu visión sobre los gatos, te reflejaste en cada uno de tus personajes, muy bien!! wicca
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