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Ancha Sumaq era joven, bello y fuerte, el guerrero más diestro de las huestes del Inca Pachacutec (gran conquistador y hacedor del imperio incaico). Su valentía, y coraje era admirada, y también envidiada por sus compañeros e incluso por sus superiores en la jerarquía militar, los Sinchis. Este guerrero se podía enfrentar solo a diez bravos chancas o a cinco huancas rebeldes, ninguno de los enemigos del incario era lo suficientemente fuerte para detenerlo. Su macizo porte; su dura expresión; su brillosa piel de cobre; sus largos, negros y densos cabellos embobaban a las damitas de los ayllus (aldeas) por los que pasaba el gallardo ejército. El rumor de su hermosura y arrojo traspasó la barrera de las clases sociales porque, en la capital del imperio, el Cusco, también las hijas de los nobles ansiaban conocerlo.

Así fue que la llegada al ombligo del mundo (el Cusco), del ejército del Sinchi Millay (jefe de Ancha Sumaq), se dio de una forma apoteósica, entre vivas y cantos a los vencederos de los chancas y los huancas. Las yerbas aromáticas y las plumas exóticas cubrían a los héroes, las damas nobles con sus propias manos adornaban las cabezas de los afortunados guerreros, no hace falta decir que Ancha Sumaq fue el más solicitado para las condecoraciones y elogios.

Pasado el entusiasmo de las celebraciones, poco común en la nostálgica capital del imperio, Ancha Sumaq se dirigió en un lento caminar a su querido ayllu, ubicado en las afueras de la ciudad, cuando de pronto vio algo semejante a una aparición, no lo podía cree era la silueta de una joven y hermosa mujer, debido a su vestimenta supo inmediatamente que se trataba de una noble, no era posible que una persona como ella ande así sola sin custodia o compañía. Bueno, pensó, esta mágica visión es un regalo del dios Huiracocha, por haber combatido contra sus enemigos y vencerlos, así que se decidió a seguirla. Fue tras sus pasos en forma sigilosa, hasta que la vio recostarse junto a una enorme roca, él se ocultó tras un muro para observar su hermosura, tenía unos pequeños ojos negros como la noche, pómulos salientes y una filuda mandíbula, los cabellos largos y azabaches, la piel cobriza que se presentía suave como el pelaje de vicuña. Ancha Sumaq observó como las lágrimas brotaban de sus lindos ojitos, sintió que su duro corazón se iba partiendo con cada gota de llanto de la joven. No pudo soportarlo más y se le acercó diciendo:

- Disculpe que este humilde sirviente se atreva a hablar a tan distinguida dama, pero no pude soportar su llanto, podría este insignificante ser hacer algo para calmarla.

Ella lo miró, un tanto asustada al principio, pero luego deslizó un pequeño esbozo de sonrisa, y le contestó:

- Yo lo conozco no es usted Ancha Sumaq, el guerrero del que todos hablan.

- Sí ese soy yo respondió él sorprendido de que alguien como ella supiera su nombre, además, porque no la había visto en la celebración.

Este fue el inicio de una extensa conversación, hablaron de la pena, de las lágrimas y el destino; pero ella guardó la causa de su llanto, como una valiosa joya que no debía ser vista por nadie.

Después de ese largo tiempo acompañados uno del otro ella se fue y le dijo al guerreo, que no la siguiera, que no era conveniente que los vean juntos. A él no le quedó más que obedecerla, viéndola alejarse le gritó con fuerza:

- ¡¿Cuándo nos volveremos a ver?!
- ¡Nunca más Ancha Sumaq! ¡Nunca más!- respondió ella con frialdad.

El humilde guerrero quedó abatido luego de esas palabras, pero no se rindió, cada día regresaba a aquel sitio cuando el Sol ya se ponía, con la esperanza de volverla a ver. Pasó un día, dos, tres y al séptimo día ella regresó y se sorprendió de ver a Ancha Sumaq esperándola. Desde ese día ellos se encontraban en el mismo lugar todos los días al atardecer.

Los días pasaron y el sentimiento que él tenía hacia ella creció enormemente. Estaba confundido sabía que lo suyo no podría ser. Las diferencias sociales, la intolerancia, los prejuicios aniquilarían sus sentimientos. Ancha Sumaq se decidió a ir a donde van todos los pobladores del incario cuando necesitan respuestas, fue a ver a Watuy.

Texto agregado el 19-11-2004, y leído por 195 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
22-11-2004 promete... elcorinto
 
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