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Hoy he recibido un terrible anuncio, un remezón a esta alma mía ufana de saberse inmortal en tanto tenga fuerzas para avalar esta absurda idea. Caminaba junto a mi madre, sofocada ésta tras caminar dos o tres pasos y yo esperando que le volviese el hálito para caminar otro corto trecho. Pobre madre mía, tan pequeñita, tan vulnerable, respirando cortito después de la proeza de caminar un par de pasos y mi corazón desgarrándose ante la evidencia que el adiós está a la vuelta de la esquina. Cruzamos la avenida, rogando yo que el semáforo fuese consecuente con el ritmo pausado de mi madre y ella viendo con sus ojos fatigados como comienza a desdibujársele el mundo. No bien llegamos a la acera opuesta, su cuerpo comienza a deslizarse como si una aspiradora infernal intentase tragársela. La atrapo como puedo, pero es inútil, ella se me escapa de entre mis brazos. Acuden manos salvadoras para apoyarme en la ingente tarea, aparece una silla, voces de sosiego, mi madre parece querer abandonar este mundo o más bien someterse a la petición inclemente de esa madre tierra que reclama a voz en cuello que se respete el mandato bíblico. Digito algunos número telefónicos desde un aparato prestado. Alerto a mis hermanas. Escucho a alguien que dice: -Aún respira. Y lloro, lloro para adentro como nos enseñaron a llorar a los hombres y esas lágrimas que se deslizan por mi esófago como si fuese el caudal de un río subterráneo, apagan en parte esta ansiedad que comienza a hacerse carne. Hago parar un taxi y regresamos a su casa. Mi alma inmortal ya sabe que procede de otra que parece tan frágil y mortal como la del resto de los seres humanos…







Texto agregado el 30-11-2004, y leído por 238 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
02-12-2004 Me retrotraigo a mis propias vivencias... El paso lento de mi padre... sentirme su soporte, su´apoyo... Mi madre, apagándose como una velita en el lecho... Y nosotros, sus hijos, ayudándoles a completar su existencia, ayudándoles a desprenderse de los lazos materiales con nuestro propio desprendimiento generoso a quienes nos dieron la vida. Un abrazo * neusdejuan
01-12-2004 creo que la mejor analogía que puede hacer en este caso es: somos árboles, plantados hace años, por lo menos hace varias generaciones, las ramas se caen para generar nuevos brotes. Claro que nunca estamos preparado para enfrentar la caida de aquellas ramas que nos dieron la vida. Es como la sensación de estar jugando al "arroz con leche" y de repente falta alguién que rompe la cadena, la sensación de que falta ese alguien tan imprescindible para jugar nos deja siempre un enorme vacío. Si, definitivamente es una rara sensación y en verdad da mucha penita. anemona
30-11-2004 Cuánto nos dan a pensar los ancianos y cuánto queremos a los que nos dieron la vida. Un cuento muy sentido, mis cinco* graju
30-11-2004 Realmente me traes un montón de recuerdos. Mis estrellas todas. carloel22
30-11-2004 Conmovedor. Es triste ver y presentir cuando a la madre se le está agotando la vida. Saludos y ***** anitalu
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