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Inicio / Cuenteros Locales / La_columna / ROSA AZUL la columna de los lunes pequeños entre realidades y sueños. Por carloel22

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Hasta hace unos meses atrás era yo el padre de Rosa. Padre que recorría cuatrocientos mil kilómetros al año buscando consolidar la base de una niña pequeña. En la visión del horizonte que había descubierto para cuidarla todo, menos eso de consolidar la base de su futuro era aplazable.



"Mi papá (contaba Rosa a sus amigos), es muy hábil para el modelismo. Una de sus únicas tardes libres que se toma en el año, la dedicó a mí. Construimos un gran barrilete con una larga cola blanca, y le pintamos el corazón de azul para amigarlo en el vuelo con las nubes y el cielo claro. El sol, el mar y la playa estaban totalmente calmos cuando lo remontamos. Recuerdo el chillido de una gaviota al pasar cerca de la estela que su cola dejaba sobre la superficie del aire."



Recuerdo que Rosa estaba emocionada, recogió una caracola y la devolvió al agua.
Mira papá, ves? su papá al igual que vos, vino a buscarla para jugar con ella, me dijo con sus ojos brillando.

Yo no veía la caracola, tampoco estaba seguro de que ella la observara, mas no importaba. Pasé el brazo sobre sus hombros y estuvimos allí, sujetando del cordel su mano y mi mano, mirando la línea del cielo besar el agua. Cuando sus cabellos se le venían sobre los ojos, los apartaba a un lado, pero no se llevaba la mano directamente a la frente para no soltar la mía, en lugar de ello, los hacía revolotear como una flor al abrir sus pétalos con un suave movimiento de cabeza, y mezclado con el azul del cielo, la brisa apartaba sus pétalos para descubrir sus ojos. Permanecimos allí juntos, horas y horas antes de volver a casa.

No existía ni ayer, ni mañana, solo existía entre ambos, ese instante.



Cierto día volviendo de un viaje, al entrar a la habitación de un hotel perdido en el mundo de mi horizonte no aplazable. Abrí las maletas. Colgué las camisas, pantalones y sacos, lustré el cuero de los zapatos, puse sobre el estante del baño el cepillo y la pasta "de la moral" y me di cuenta que tenía en el fondo del bolso un pedazo de cartón con los colores de una niña dentro de un portarretratos.



Había terminado yo de moldear mi trabajo?
O lo sacaba a relucir para formar la "fantasía de un mañana?


Tal vez cuando crea haber llegado a obtener para ella el "espléndido espejismo del mañana", vuelva una tarde a casa y el barrilete azul de su corazón, se haya roto hace años sin yo haberme enterado


Hoy Rosa Azul aún está, como están hijos, hermanos, amigos, abuelos, tíos o nietos.
Al verla en el cartón del portarretratos, aprendí que ninguna de las fotografías que existen en nuestras maletas, piden un "espejismo sobre un mañana". Piden pasar un brazo sobre su hombro, piden tenerlos reales, tan reales como esos sueños pequeños alcanzables.

Solo nos piden una hora, una sonrisa, un beso, una palabra, para como la caracola, poder volver al agua sin quedarse con los ojos huérfanos de miradas.





Texto agregado el 03-01-2005, y leído por 327 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
12-01-2005 La primera vez que leo tu Columna.Le han crecido flores a la piedra. NINIVE
07-01-2005 Deliciosa columna, que nos llega con un mensaje... la finitud de nuestras vidas y el paso del tiempo, y los afectos a veces postergados. Un abrazo. neus_de_juan
04-01-2005 Hermosa definicion de lo que es a veces la vida que los padres intentan armar para sus hijos y lo que los hijos pretenden que sea. Un besito y mis estrellitas. maira
04-01-2005 Definitivamente tus columnas de los Lunes, así como los desayunos, se haran indispensables. Bellísima, mis estrellas anemona
04-01-2005 Buena tu reflexión. Efectivamente hay que ser un poco más cigarra que hormiga, para llegar feliz al invierno. Enhorabuena. JuanRojo
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