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Inicio / Cuenteros Locales / katap / La bruja del Bosque Encanto

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El eco del nombre de aquella bruja era la música que se alojaba en ese bosque. Era un grito desesperado, que maldecía el nacimiento de tan horrenda criatura:

- ¡¡Mashuri!! ¡¡Mashuri!! ¡No seas desgraciada hija del demonio! Devuélvele la apariencia a mi hijo Aslim, te lo ruego. ¡¡Mashuri!!

Pero esta bruja estaba ya muy lejos. Su búho Baltasar se la había llevado en sus patas para alejarla del infierno que había producido. La bruja, reconocida por su gran maldad, reía a carcajadas por la apariencia del pobre joven que sin culpa alguna, fue a parar al hogar de la bruja interrumpiendo la celebración que allí se realizaba.

Mashuri era la bruja del bosque “Encanto”. Su madre era la curandera de ese lugar y su padre era un brujo que le preparaba los remedios a Mistra (madre de Mashuri) para que luego se los diera a sus enfermos. Este brujo, llamado Frisad, era un brujo malvado, pero Mistra hacía, con su belleza, que todo el odio que sentía se esfumara. Cuando nació Mashuri, Mistra se asustó al ver a su hija, era fea, realmente fea. A si que se la entregó a su padre para que la cuidara. Frisad, destruido por la crueldad de Mistra, se fue lejos con su hija. Se fue a vivir al otro extremo del bosque. Digo que se fue a vivir lejos porque este bosque era realmente grande. Frisad crió a Mashuri como lo criaron a él sus padres. Le enseñó varias pociones que le podrían dar el poder de hacer desastres sobre cualquier enemigo que ella llegase a tener. Mashuri envuelta por el odio que su padre le traspasaba no sabía hacer nada más que matar.

Aquella mañana, ella celebraba la muerte de su hermano, en realidad su medio hermano. Que era hijo de Mistra con un enfermo que ella había tenido.
Mashuri no lo mató por iniciativa propia. Si no que su padre le pidió que fuera y lo matara. El amor que sentía Mashuri hacia Frisad era más fuerte que su voluntad por lo que no fue difícil convencerla de llevar a cabo esa tarea.
Llego a la habitación del muchacho y comenzó a recitar unas palabras: “Ashraem, simanepur, sierpentuis, mortificusa”. Luego apareció una serpiente, sus colores eran brillantes y sus ojos como el fuego. La bruja movió su dedo en dirección al joven y la serpiente se dirigió obediente hacia él. Le enterró sus afilados colmillos y el joven dejó de respirar instantáneamente.

Cuando Aslim entró a la habitación, la bruja se espantó y casi instintivamente convirtió al pequeño en un duende. Su piel suave se hizo escamosa de un tono verde, sus ojos verdes se alargaron quedando casi ciego, sus cabellos se cayeron y lo dejaron calvo. Mientras que la madre lloraba abrazada a su hijo, Mashuri logró escapar en las garras de Baltasar.

Mashuri llego a una isla, era hermosa, llenas de flores y aves que entonaban maravillosos cantos. A cada paso que daba esta horrenda bruja una flor se marchitaba y un ave caía muerta a sus pies. Al ver el efecto que ella producía sonreía con satisfacción. Se adentró en la selva llegando hasta una cueva donde había una mujer:

- Mashuri, así que por fin te has decidido ha venir. Créeme que me alegra mucho tenerte aquí. Yo ya lo sabía, mis manos nunca mienten.
- Escucha Aznua, quiero que me conviertas en una mujer bella y joven. Ya tengo todo lo que me pediste, así que debes cumplir con tu parte.
- Mashuri, Mashuri, yo tengo plena confianza en ti, y supongo que tú también la tienes en mí. Pero necesito ver las cosas.
- Aznua, aquí están. Si te dieras la vuelta podrías verlas con tus propios ojos.
- ¡Pero qué te crees que soy! Disculpa, Mashuri, deja las cosas ahí y luego retírate. Ven mañana al primer trino que oigas.
- Muy bien, adiós Aznua.
- Adiós Mashuri, adiós.

La bruja había dejado lo prometido a espaldas de Aznua. Aznua era como la madre de todos los brujos que existían en esos territorios. Era casi un Dios para ellos.
Aznua nunca mostraba su cara, porque si lo hacía, todos sus encantamientos se destruían. Por eso, siempre daba la cara a la pared de su cueva. Tan solo se veían sus largos cabellos morados. Su espalda estaba cubierta por una túnica negra que tenía dibujos de la luna y el sol.

Mashuri durmió bajo las alas de su búho, y al primer trino de un ave se levantó rápidamente y se dirigió a la cueva de Aznua.
Entró dando una reverencia a la venerada hechicera. Y se sentó a una distancia prudente.

- Mashuri, está todo como lo pedí. Ahora cumpliré con mi promesa. Pero primero, tendré que sacarte los ojos para que no me veas. No te asustes, es solo por mientras te convierto en lo que me pediste.

De la espalda de Aznua salieron dos manos que le robaron sus ojos. Aznua los tomo y se dio vuelta. Su rostro era realmente asqueroso. La mitad de su cara era de piel humana, y la otra estaba desgarrada y se le notaba hueso. Sus labios eran negros y sus dientes afilados. No tenía ojos, por lo que se puso los de Mashuri. Se levantó y con su lengua lamió la piel de Mashuri que permanecía congelada de miedo. Arrancó un pedazo de la piel de la bruja y la hizo levitar. Con sus ojos cerrados pronunció unas palabras extrañas. Invocó a la luna y comenzó a danzar ante Mashuri. La bruja se hallaba en trance.
Mashuri se convirtió en polvo. Quedaron solo cenizas de ella. La bruja las tomó y las sopló lanzándolas al vacío. Luego prendió fuego y se comenzó a crear una persona. Se formaron unos pequeños pies rozados, las piernas, la cintura y así el resto del cuerpo. La muchacha era realmente bella, sinceramente increíble. Pero el hecho de no tener ojos la afeaba un poco.
Aznua, luego de terminar con su trabajo, se volvió a sentar dándole la espalda a la muchacha. De su espalda volvieron a salir esas manos que le pusieron sus ojos a Mashuri. La muchacha despertó del trance y volvió a abrir sus ojos.

- Aznua, ¡soy hermosa! Gracias.
- Mashuri, tú eres bella, pero tu corazón está tan negro como antes. Así que cuidado. Pues la belleza interior también afecta a la externa.
- Aznua, gracias otra vez. Espero que se realicen mis sueños.
- Mashuri... Una última cosa: Tu nombre será cambiado a Loim.

Mashuri o más bien Loim abandonó la cueva y se fue donde su búho que la hirió gravemente por no reconocerla. Baltasar se fue asustado de ahí y ella quedó sola.
Se fue a donde Frisad que tampoco la reconoció y le prendió fuego a sus cabellos. Ella lloró frente a su padre y este comprendió que ella era realmente Mashuri.

- Mashuri pero en que te han convertido.
- Loim padre, soy Loim.
- ¿Loim? ¿Tienes un nuevo nombre? ¿Por qué?
- Aznua me convirtió en una mujer bella. Pero Baltasar me hirió y me dejó una horrible herida y ahora tú has quemado mis cabellos. No puedo creerlo ni una hora duró mi belleza. Supongo que fui creada para ser fea y mala.
- Mashuri, Loim perdón. La apariencia no es todo. Y tú como una bruja deberías saberlo. Realmente me da náuseas tu nueva apariencia. Tan pura, tan fina. Como tu madre, y ya sabes como terminó. Por eso te pido que vuelvas a tu vieja apariencia.
- Yo, yo no puedo. ¡Suéltame! ¡Está bien, volveré pero no me lastimes más!

Frisad dejó huellas en el delicado cuello de Loim afeándola más. Loim fue donde Aznua otra vez:

- Aznua, te pido que...
- Que te cambie, ya lo vi todo. Pero yo no puedo hacer eso. Hay solo una opción. Tendrías que verme el rostro para que todos los hechizos desaparecieran. Pero primero tienes que vencerme.
- Muy bien.


Loim se enfrentó a Aznua. Aznua peleó usando sus dos manos que salían de su espalda. Estas manos arrojaban animales, convocaban maldiciones, desgarraban la piel de Loim. Pero Loim, las sedujo con su figura, ya que al transformarse en humano había perdido sus poderes. Tomó las manos y las cortó con una piedra afilada que estaba en la cueva. La bruja cayó y Loim miró su rostro. El rostro de Loim se desformó por la fealdad que vio y volvió a ser repugnante como era antes. Los bosques murieron, la isla se hundió y junto a ella todo lo que tenía encima. Los males que estaban enterrados en la arena se dispersaron y mataron a todos los habitantes. Mashuri murió ahogada y Aznua también. Frisad escapó en Baltasar y Mistra lo engatusó para que se la llevara a ella también.

Texto agregado el 06-01-2005, y leído por 341 visitantes. (0 votos)


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