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“Te van a matar, Ángel...”


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Sus palabras aún golpean mi tímpano. Todavía puedo sentirla haciendo preguntas mientras yo callaba implorando clemencia. No tenía fuerza para esquivarlas y me había convertido en soldado vencido, aturdido por la influencia del alcohol, cuando una explosión de ira me atacó de improviso. El puño cerrado de mi mano derecha golpeaba el suelo con desesperación y la izquierda sostenía mi cabeza para que no se levantara, para no mirar a nadie, para no tener que mirarla a ella. ¡Cállate, por favor!, ¡No me hagas más de sufrir!, pensaba. Pero el tiempo corría despacio y lo único que podía hacer era cerrar los oídos y olvidar que estaba ahí, sentado, y ella junto a mí...



No entiende o no quiere entender que las palabras del corazón sólo se reflejan en los ojos.
No entiende o no quiere entender que las personas necesitamos una intimidad mínima para sentirnos seguros y no caer en la locura infernal que ahora invade mi mente, causa del alcohol y de las preguntas insistentes que aquella noche bloquearon mi cerebro.


Y duda hoy ella de mi palabra, mi lealtad y mi amor. ¡En qué mundo estamos viviendo, señores! Yo, que he luchado, que la he liberado de las garras del enemigo y sacado de los más extraordinarios aprietos. Yo, que he sido espía y mercenario en tierras extranjeras. Yo, que he
permanecido en alerta, siempre pendiente de ella, atendiendo sus quejas y dolencias. ¡Y duda hoy ella de mi palabra, mi lealtad y mi amor!.



Perdón, perdóname por todo, por lo que te hice, por lo que te voy a hacer. (Vale, te perdono) Ten cuidado con lo que dices y a quién se lo dices, que el diablo anda suelto y esta vez tu ángel no te va a defender. (¿A no?) Él te traicionará por primera vez y no le recuperarás si no luchas. (¿Por qué?) Porque le has matado, dudaste de él y provocaste una muerte lenta y dolorosa que todavía padece. El enemigo se vuelve más inteligente que tú, ya que no tienes su protección. (¿Quiénes son?) Están por ahí, caminando sobre tus pasos, esperando a que se muera para poder atacarte y así, ganar la batalla. (...)



Debo entregar mi alma santa al diablo. Tengo que caer en sus manos ardientes decoradas con heridas sangrantes y uñas afiladas. Es el precio que he de pagar por ser quien soy. El
destierro... Gabriel me quita las alas, y me transformo en un ángel caído, en un derrotado más con billete de ida hacia los infiernos. ¡No cumplí mi misión!¡Ella no me ayudó!¡No quiso
comprender mi advertencia y ahora debe pagarlo vagando en la oscuridad, perdida entre mis mangas! No, no quiso.



Lleva más de cuarenta años esperando mi venida, cuarenta años de desesperación, de silencioso auxilio, de confesiones inconfesables y de retos sin conseguir. ¡Por fin me encontró!¡Por fin la encontré! Tanto tiempo la he buscado, por las llanuras, las montañas, los valles, por áridos desiertos, ... y nada. Era imposible escuchar sus palabras, el latido de su corazón. Y un día apareció así, sin querer; o mejor dicho, yo aparecí delante suya, por casualidad. Se alegró de verme, igual que yo. Me cuidaba como a una hijo, como un objeto muy valioso, como algo único. Hasta que se cansó. Pienso que ella creía, y cree, que nosotros hacemos esto por amor a las personas. Gran error. Nosotros hacemos esto por el amor de las personas. Es el único precio que ponemos.



Allá, arriba, tenemos de repartir el Amor de Dios entre todos. ¿Acaso consideráis que es suficiente para descansar en paz? ¡Ja! El Reino está habitado por una cantidad incalculable de seres vivos, imaginaos el número de habitantes que han ido ocupando el planeta a lo largo de la historia. Somos muchos, y cada vez más. No tocamos ni a cinco kilogramos de amor al año. Cuando estamos de misión, se nos quita el derecho a ésa compensación, porque se supone que la recibiremos aquí.



Hay quien tiene suerte y disfruta del doble; a otros, no se les da nada desde un principio y no pueden trabajar; y mi caso, el más terrible y trágico de todos, la entrega total por las dos partes hasta que el damnificado cree que ya es suficiente y deja a su suerte al protector. Digo que es el más trágico porque acabas llegando a un nivel emocional superior al habitual, y, en el momento en que la relación se ve afectada por algún motivo (de interés humano mayoritariamente), se producen dos tipos de reacciones a saber:
1) Cuando el protegido continúa dando muestras de cariño al protector, por muy pequeñas que sean, éste sigue vivo, pero va muriendo poco a poco.
2) Que el protector pierda toda la fe o el cariño de su protegido, dé por finalizada su misión y quiera vivir cerca de él.

En una ocasión, se dio el caso de que las dos reacciones se mezclaron y tuvo consecuencias letales para el ángel protector, que quiso morir dolorosamente junto a él como castigo. El protegido sufrió una parada cardiorrespiratoria repentina y no se pudo hacer nada por su vida.



Tengo miedo, un miedo terrible hacia su persona, hacia sus pensamientos, hacia sus acciones. Su mirada me congela desde entonces, los holas y adioses que me dedica, sólo a mí, sólo a mí, sólo a mí, sólo a mí, sólo a... ¡Basta!¡Basta ya!¡Alejaos de mi mente palabras insolentes, qué el corazón me hiela la sangre, qué el corazón tiñe de azul celeste su color rojo pasión!.

“Y apodérase una apoplejía del cerebro; muérense los pies y tiemblan las manos, y por la cabeza, que padece y calla, hablan con temblores los brazos. De la gota que en el corazón derriba el mal caduco, es señal el ímpetu que furiosamente maltrata los miembros. Que grande dolor es sentir mucho, y grande enfermedad no sentir nada: esto es ya de muerto, aquello aún es de vivo. Por esto habíades de sentir más la falta de sentimiento, que la sobra de dolor.” Dijo don Francisco de Quevedo.



Y dicen las cartas que los astros me acompañan en mi ardua tarea, que es empezar de nuevo, de olvidarlo todo, de ser más severa en las lecciones y, si llegase el momento, de arrojarla al abismo de las desgracias criminales que a nada conducen.

Ahora, al reflexionar sobre lo ocurrido en lo más profundo de la desesperación, sólo sé que cometí un error al no hacerla caso, y me arrepiento por desconfiar de su confianza y negar un secreto impo-sible, aunque no fuese bueno para ella... ni para mí.

Texto agregado el 10-07-2003, y leído por 331 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
18-09-2003 es espectacular. Nunca había leído un texto con esta técnica. chequermax
03-09-2003 tiene espiritu, me movio el reclamo si podria decir o el lamento tal vez me confunda, pero me metia mas en cada parrafo siguiente que me cautivaba mas, seguro que el 2do cap me maravillara aun mas madness
10-07-2003 Muy interesante tu relato, me gusta el tema, agudiza las neuronas para seguir pensando en algo más. Muy bueno un beso, Ana C. AnaCecilia
 
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