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De la colección Semana de Romance y Misterio

Richard se había enamorado de aquel gato de rasgos finos, corpulento como un lince y un tanto más grande que el común de todos los felinos que había conocido. Félix Dionisio, el imponente minino, también había aprendido a querer a ese muchacho autoritario que aparecía dos veces por semana, no para visitarlo a él, sino a su bella novia, Casandra. Era la relación de ambos, no de aquel con su prometida, sino del joven con el gato, una relación de esas en que la pasión es tan fuerte que arrasa con los sentimientos de paz y quietud y no se conforma hasta verlos sangrar. Richard se trenzaba en unas ardorosas batallas cuerpo a cuerpo, no con su novia sino con el gato, recibía terribles arañazos y el gato se llevaba de vuelta horrorosas palmadas en su lomo. Aún así, ambos, Richard y Félix, se querían, no podían separarse y dormían estirados sobre la colchoneta hasta que los primeros fulgores del día los sorprendía abrazados como hermanos o como amantes.

Richard desaparecía un par de días y el gato se entristecía, se escondía en los más oscuros rincones y sus suaves maullidos parecían musitar el nombre de ese amigo que debió haberle caído del cielo, sino del infierno. Richard, por su parte, echaba de menos el roce tenue del felino, sus manotazos defensivos y la calidez de su cuerpo. Eran tal para cual, eso se puede asegurar, el noviazgo ya era un asunto más inestable, con tormentas continuas y dulces reconciliaciones, las risas de alegría se alternaban con los ceños adustos, las promesas se proclamaban en la mañana y al caer de la tarde se diluían como gotas de rocío. Pero lo del gato era permanente, ese era el verdadero romance, lo otro, que me perdone dios, lo otro tenía todas las hechuras de excusa, de componendas para mantener vinculados a Richard y a Félix.

Esa noche, una vez más dormía Richard en su colchoneta y su fiel amigo, estirado cuan largo era, muy junto a él. Entonces sucedió lo extraordinario. El muchacho comenzó a soñar que el gato era en realidad el espíritu de un pequeño niño que conversaba con él.
Richard veía a ese chico, él era un tanto gordito, de finas facciones y de una singular simpatía. Le decía que su trato amable le recordaba a su madre, que había llegado a quererlo mucho porque comprendía sus señas, porque lo trataba como una persona. Eso lo valoraba en demasía y esperaba no separarse nunca de él. Richard, escéptico, aún en los sueños, le dijo que si era verdad todo lo que estaba diciendo, entonces, cuando despertase, quería ver al gato mirándolo fijamente. Así quedó acordado, el sueño dio paso a otro y a otro y esa mañana, cuando por fin Richard abrió sus ojos, Félix Dionisio lo estaba mirando con fijeza. El muchacho no pudo evitar estremecerse.

Casandra se sintió muy conmovida por el relato del sueño y cuando escuchó la descripción del niño, empalideció tanto que se mimetizó con los blancos muros y desapareció a los ojos de Richard. Al rato regresó con algunas fotografías en sus manos. Richard las revisó con minuciosidad. De pronto, lanzó un grito que alarmó a la muchacha. –“¡Es él, es él!”-dijo, apuntando a un pequeño niño de aproximadamente seis años que sonreía con simpatía. Su novia le dijo que ese niño se llamaba Zacarías, un pequeño que frecuentaba una iglesia del sector y que había fallecido hacía un par de años, víctima de una enfermedad incurable. Richard se quedó mudo y cuando levantó su mirada, Félix Dionisio le miraba con fijeza, como si hubiese estado muy atento a la conversación.

Richard sabe que su amor es sincero, con el gato, no con su novia, ella sabe que no la abandonará, el gato, no su novio, que puede volar en cualquier instante. Félix Dionisio, por su parte, sabe que los ama a ambos y está seguro que nunca lo traicionará, Richard, de su ama no se pronuncia…
















Texto agregado el 10-01-2005, y leído por 761 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
09-10-2006 realmente extraordinaria, la narritiva, no la novia... y bue, soy media niña, media gata... y este cuento lo guardo en mi cajita azul! 5* aruald
11-01-2005 jejejejeje, la forma en que lo cuentas es maravillosa, entre esa ironía que adoro y la seriedad que amerita un hecho paranormal. anemona
10-01-2005 Es un deleite ese cuento. La particular forma de relatarlo. Las aclaraciones sobre cuál a quién... Y el impecable manejo del suspenso. Un abrazo. neus_de_juan
10-01-2005 Que interesante cuento, buenísimo, lograste atraparme en el y estremecerme con su desenlace, te felicito. Arianna
10-01-2005 Un cuento inquietante, muy bien narrado. Yo tengo gato, y te puedo asegurar que algunas veces me parece que piensa. margarita-zamudio
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