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Se encontraron frente a frente y algo bulló en sus corazones. Ambos se deseaban desde que supieron de sus mutuas existencias. Recorrieron arduas regiones, lo abandonaron todo por esa que parecía una loca aventura y que más bien era el ímpetu ineludible de la predestinación. Ella lo miró con esos ojos inmensos en los cuales cabía todo su asombro y él, fiero y resuelto, tomó la iniciativa, entreabrió sus labios y caminó dos pasos al manantial fresco de su boca para beber de ella todos los secretos callados. Se besaron largamente entre gemidos, sollozos y sonrisas embobadas, todos los climas de sus temperamentos se turnaron para manifestarse en vertiginosa sucesión. La tarde dibujó sus sombras sobre la arena cuando el la depositó en ese lecho blanco y suave y se tendió junto a ella para auscultar sus formas con sus dedos trémulos.

-Mi amor, mi amor, mi amor- repetía ella como si aquello fuese un mantra que fortalecería su decisión de quedarse para siempre junto a ese ser tan real y tantas veces metafóricamente imaginado.
-Te amo, te amo, no sabes cuanto te amo- la voz del hombre se mezclaba con el batir de las olas, musical acompañamiento para una frase que hería placenteramente los sentidos de ella. Pronto sus vestimentas perdieron su razón de ser y quedaron desperdigadas por la paradisíaca playa. Ellos, desnudos y apasionados, modelaron hermosos y plásticos cuadros que el sol fotografió antes de esconderse ruborizado en el lejano horizonte.

La noche los sorprendió durmiendo bajos las cobijas de la blanca arena. Abrieron sus ojos y las estrellas les guiñaron su bienvenida. El la besó con pasión. Su ardor parecía no tener calma ni medida. Su lengua recorrió su rostro moreno, se estacionó en esos labios perfectos y luego continuó su recorrido hacia sus mieles rebozadas de arena. La madrugada apagó varias estrellas y el día clareó sobre sus cuerpos enlazados.

-Amor, amor, amor-repetía ella enloquecida.
-Mi vida, mi amor, cuanto te deseo- susurraba él con su voz bronca.

Una semana después, el te quiero de ella ya no era tan reiterativo y los besos de el carecían de fogosidad.
-Te amo- dijo el- pero la palabra se diluyó en la atmósfera salina con un acento de duda que fue captado por las gaviotas, las que emprendieron el vuelo atemorizadas.
-Amor, amor, amor, repetía ella hasta que la palabra se desconfiguraba en su cerebro para transformarse en un sonido sin significado alguno.
Pronto, el vio en ella sólo a una mujer como podía haber miles en el ancho mundo y la muchacha se dio cuenta que el hombre que estaba de pie frente suyo, había perdido toda su delicadeza.

Esa mañana, el se vistió sin mirarla a los ojos. Ella hizo exactamente lo mismo.
- Es tarde- dijo él.
-Es tarde- repitió ella. –¿Adonde irás?- preguntó luego con voz indiferente.
El se encogió de hombros mientras encendía un cigarrillo y contemplaba como las olas rompían a metros de sus pies. Luego, se levantó, alzó sus brazos al cielo y bostezó con desgano. Ella maquilló sus ojos, se pintó sus labios algo resecos.
-Fue bonito- dijo luego.
-Si. Lo fue. Nunca lo olvidaré.
-Ni yo.
Y como si se hubiesen puesto de común acuerdo, ambos se levantaron, se dieron la mano y cada uno enfiló en diferente dirección.

En la blanca arena quedaron estampados los clones de sus respectivos vacíos…

















Texto agregado el 29-01-2005, y leído por 246 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
04-02-2005 Muy bueno, esos te amo precipitados que no tienen contenido. libelula
01-02-2005 La última frase me deja fascinado..., al igual que todo el texto. No tengo palabras, en serio..., escribes con el corazón, no con los dedos... Efecto_Placebo
31-01-2005 La realidad se adueña de lo que escribes. A veces parece ser al revés, pero la cosa es que escribes genial, sigo con mi opinión arriba. Así es la vida, Gui. Y todo ser humano sabe que después del blanco viene el negro. Felicidades, pues, y mis cinco estrellas. pamela_la_enana
30-01-2005 Cómo escribes, ¡Dios! La historia tiene dos partes contrapuestas, evidentemente, así como si fueran las dos caras de la misma moneda. La segunda rompe todo el encanto de la primera; pero es necesaria porque sirve de contrapeso,quiero decir que sirve de ducha fría respecto de la primera. Ruth
30-01-2005 Precioso cuento, Gui. Plasmas en él una realidad demasiado cotidiana, pero real. margarita-zamudio
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