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Hay días en que simplemente uno no tiene nada que decir,
esta vació, seco, arenoso.
Eso no es terrible,
ni siquiera preocupante,
esos son los buenos días,
al menos para mí.
Nada que decir,
nada que hacer,
solo escuchar música
y fumar tranquilo,
ver la tarde disolverse por la ventana que da al patio,
con todos sus insectos ocultándose del sol,
lejos de mí.
Gracias a Dios por los pequeños favores a este fóbico incurable

Y nadie viene ni golpea la puerta,
nada de “Baja un poquito la música que te voy a contar algo”
o
“¿Tenes un cigarrillo?, me olvide de comprar y viste…”
solo buena música,
el sol, yo
y el humo creando formas que trepan
por la ventana que da al patio,
con todas las avispas revoloteando lejos
y sin la capacidad suficiente
para atravesar la ventana que da al patio
y acercarse a mí.
Gracias a Dios por los pequeños milagros a este fóbico incapaz.

No hay sensación alguna con respecto al tiempo,
solo la música mordisqueando los minutos,
sobando el día
y el gato negro durmiendo,
detrás mío,
en las cajas de retorno de 80 wats.
Con el sol goteando en su oreja izquierda,
cortada en alguna pelea de esas que solo viven
los gatos
y los hombres
sin nada que perder
que adoran ver los días detrás de ventanas que dan al patio,
con todas las arañas que son de temer,
cazando en las enredaderas,
diseñando telas e inyectando veneno,
consumiendo vida que no es mía.
Gracias a Dios por conservar esta pequeña vida de fóbico sobreviviente.

Y el estudio
(que es mío increíblemente)
huele a tabaco y polvo,
las botellas heridas y muertas
no
interrumpen.
Son buena compañía.
Y todos los ceniceros están llenos,
rebalsan,
pero aun hay lugar para un cigarrillo más,
como en el mundo,
siempre hasta el borde
y sin embargo en algún lugar
alguien esta naciendo
o
muriendo
(según como se vean las cosas)

Sueños brindando en su plenitud ensoñadora.
Ebrios de inocencia creativa.

Yo,
observo mi pequeño mundo
desde la ventana que da al patio,
con los ciempiés asomando entre los escombros
utilizando 87 de sus 100 patas,
guardando fuerzas
para algún día lograr entrar en mi impenetrable fortaleza
de cúbico arte descansado
y consumirme
junto a esa misma ventana que da al patio
y
que
Dios olvidara al verse obligado a atender asuntos de estado urgentes.

Arañas,
avispas,
ciempiés
todos están esperando el día de pago.
Los pide-cigarrillos,
los cuentistas,
los pesados,
los falsos,
también son parte de mis fobias.
Ellos están deseando
el descuido
de Dios
ante el hombre en la ventana que da a el patio
y se mantiene lejos de sus ideas,
escritos,
vidas
y muertes
repetitivas.
Gracias por los pequeños favores para este fóbico incordioso,
gracias por este instante de vació de palabras e ideas,
es solo un momento detenido en el tiempo,
pero es todo lo que necesito para
empezar
de
nuevo.

Estar,
observando el día
por la ventana que da al patio,
inundado de sol
y apocalíptico
de insectos.

Texto agregado el 01-02-2005, y leído por 69 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
02-02-2005 Se sentió un quiebre en el texto. Al parecer mientras avanzabas en él, nuevas ideas, qué sé yo, suplementarias quizá, llegaron. Pero está bueno, aunque no consistente. psychotron
 
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