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Ella observa sus movimientos, delicados y premeditados, incluso en una situación como esta. Observa sus ojos, esos ojos que aprendió a amar, ahora apagados, sin una gota de amor por ella. No sabe que decirle, no entiende como llegaron a esta situación, no logra aceptar el viaje sin retorno que los llevo a este momento. Lo observa tomar sus cosas, muchas de las cuales le molestaron en su época; sus discos desordenados, nunca en la caja correcta, sus jeans con hoyos, sus fotos artísticas, sus libros a veces profundos en exceso.
Se siente traicionada, traicionada por esos ojos duros, que ahora no son capaces de mirarla, esos brazos que no son capaces de tomarla y acariciarle la espalda, esa boca que no se acerca a su rostro para decirle que todo esta bien, que estas cosas pasan, que un amor como el de ellos no es algo que pueda morir de un día para otro.
Piensa en decirle algo, algo que los salve, pero la determinación de su rostro sombrío le indica que solo sería energía perdida. Piensa en ayudarlo, en preparar una taza de café y sentarse a hablar, pero eso solo empeoraría las cosas. Lo mira detenidamente, y piensa que debió imaginarse esto. Que nadie abraza tan fuerte porque si, que nunca los besos son tan dulces y que los gritos al hacer el amor no son solo placer, siempre tienen una dosis de dolor.
Una rabia la invade, pero no sabe su origen. Existen muchas posibilidades. Rabia con ella, por pensar que las cosas buenas son a prueba de balas, por siempre llevar las cosas al limite y nunca conformarse con una sonrisa cargada de deseo y amor. Rabia con él, por dejarla, por no darse el valor de mirar atrás y recordar los días mejores, por medir el curso de sus vidas solo en términos del ultimo tiempo, porque a lo mejor ya tiene a otra en la mira o peor aún por querer estar solo, sin ella. No lo tiene claro, pero la rabia esta ahí.
Ya esta casi listo, y ella piensa que el cielo caerá sobre su cabeza el momento en que él cruce la puerta. Llora suavemente, mientras él continua imperturbable. Lo odia por eso, por no llorar como ella, dando por terminado todo como si nada. Quiere colgarse de sus brazos, rogarle que se quede con ella y que no la deje, quiere cobijarlo en su pecho como esas noches en las que él parecía tan pequeño, tan necesitado de su protección. No puede hacerlo, sabe que su ultima gota de dignidad depende de ello, y con él partiendo de esta manera, esa dignidad es casi lo único que le queda.
Termina de armar su ultima maleta, y ella quiere despertar de esta pesadilla, quiere despertar y mirarlo y darle un beso. No quiere entender porque la deja, lo sabe, pero no quiere aceptarlo. Traidor. Cobarde. Maricón. Se da cuenta que será su primera noche sola en muchos años, la primera de muchas noches sin descanso, de darse vueltas en la cama, dándole vueltas al asunto en su cabeza. Traidor, traicionó todos esas lagrimas, todas esas risas, les dio la espalda y las olvidó. Ella siente que él no se esforzó, que no hizo todo lo necesario para salvarla, para salvarlos.
Ahora él camina hacia la puerta, caminando lentamente a través de la casa, ella lo sigue en silencio, esperando que se de vuelta y le de alguna esperanza de que este no es el fin. De que las cosas no van a terminar así. Una esperanza que le ayude a tapar el vacío que comienza a socavar su alma.
Al cruzar la puerta, él se da vuelta y la mira por primera vez en la noche. Sus ojos brillan luchando por retener lagrimas que de nada sirven ya. El rostro de ella se ilumina, se eleva por un segundo pensando en que ya es hora de despertar. El sol de alba así lo indica. El segundo se extiende por una eternidad, hasta que él le dice, “Lo peor de todo, no es que hayas estado en nuestra cama con él. Lo que nunca te voy a perdonar, es que me obligues a olvidarte y a olvidar todo lo que me hizo tan feliz” Y con eso le da la espalda y la deja. Tal vez para siempre.
“maldito”, murmura ella, “ni ese ultimo poco de dignidad fue capaz de dejarme” Mira su cama, y mira hacia las montañas. El sol no ha salido lo suficiente como para impedir de que ella se meta bajo las frazadas y cierre sus ojos. Y tal vez así, algún día, logre despertar.

Texto agregado el 02-02-2005, y leído por 117 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
05-02-2005 Me gusto colega, saludos. peinpot
03-02-2005 Me ha gustado mucho, y tambien me ha sorprendido, yo estaba de parte de ella, pero claro al haber traición la cosa cambia, dos victimas de un error. elisatab
02-02-2005 bonito texto... revisa la escritura porque hay algunos errores, uno que otro acento, nada más... me impresiona la buena representación de los sentimientos de ella y de los detalles al observarlo, me gusta... bravo.**** negrafotocromatica
 
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