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El punto es que me tenés como un niño buscando a alguien perdido en alguna ciudad donde no hay teléfono y el teléfono al que llamo buscándolo no existe, suena pero no suena, yo escucho las líneas del tono pero en realidad no hay tono porque nada suena en ningún lado, y supongo que vos estás sentada y el teléfono que no existe suena y suena y suena y vos tenés tantas lágrimas en la boca que ni siquiera te dan ganas de inventar una voz y decirme hola o no me llamés más o seguí llamándome que la melodía de que me recuerdes acompaña mi soledad, pero no, no atendés, y yo del otro lado llamo a un teléfono que no existe y siento pasar a través de quién yo sería una serie de identidades que empiezan siempre con un enamorado, un rompe huevos, un rencoroso y un ahora que me conteste o no te llamo más. En realidad siento que ya te conozco, creo que ya se que esperar de esta partida de ajedrez que hace un tiempo empezamos y a lo mejor esto de que yo juegue siempre con las blancas me gusta, me gusta la soledad de tus negros peones, las lágrimas de tu reina y para qué mentirte, también las curvas de tus alfiles y la delicadeza de algunos rasgos de tu torre. Me gusta imaginarte sentada, al lado de un teléfono que no existe, desnuda, pura, suave, estrellada, bañándote en el azul de un cielo sin nubes, sin luna, aunque también sé que sos capaz de ahogar en tu vacíos a quién una mañana se te cruce y te mire o te bese tus labios y te prometa con su mirada algún orgasmo en particular y llevártelo a la cama será solo una cuestión de dejarte invitar o invitarlo.

Las espinas también hacen a la rosa.

Entonces despojándome de algunas capas de piel, de algunas líneas, de algunos ojos y voces, me puedo sentar prender un cigarro, la tele o la radio y mirar por la ventana, darte un beso en los labios, en los párpados, abrazarte, tenerte entre mis brazos divagando por el mundo y morirme de la risa de esos agujeros que tiene el cielo que se llaman estrellas y por supuesto de las calles, los puestos de diarios, los colectivos, las ojotas y de un cirro como un viento que atraviesa la vida con un candy de un peso en la mano.

Texto agregado el 04-02-2005, y leído por 115 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
04-02-2005 Excelente, me gustó la parte en que se autodescribe. Aniuxa
 
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