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Inicio / Cuenteros Locales / nazareno / ponele la firma (un testimonio sobre la discriminacion a las prostitutas)

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Ponele la firma El problema comenzó por una simple firma. Es decir que ella me dejara de hablar y que mis vecinos me miraran feo se debió todo a una firma. Eran tres o cuatro, no recuerdo bien, la gorda del 1B, el viejo arruinado del 3C, el estudiante de medicina del 1 A, alguno más y mi novia. Colocaron una planilla con varias firmas una debajo de la otra y me dijeron después de alguna imperativa explicación que firme. Y mientras mi cabeza iba y venía en acto de negación las caras de todos estos tipos y de mi novia se iban deformando a la mejor tonalidad de odio y deseo homicida, especialmente la de mi novia, y ya pude predecir en esa mirada brillosa con venitas rojas reventando hacia el iris todo lo que acontecería al cerrar la puerta del departamento y entrar en esa intimidad que permitió que como mínimo me puteara. Sí, desde hijo de puta descarado a malparido fracasado pajero mi novia recorrió todo el dialecto de insultos para terminar con un quiebre de codo y un dedo como fuck you haciendo reverencia así al idioma internacional por si me quedaba alguna duda de que haberme negado a firmar era flor de cagada. Yo que tengo esa maldita manía de plantarme en mis decisiones y defenderlas con tenedores, uñas, dientes y cualquier verborragia que suene mas o menos coherente empecé a defenderme y justificar el por qué de mi negación a firmar. Pero bueno si alguna vez esa sarta de sanatas que uso siempre y que la venta de celulares me aportó como técnica me sirvió para algo esta vez no. No hubo casa ni por aquí ni por allá ni citando a Marquez y sus putas tristes evitaron que terminara caminando por las calles oscuras de barrio Martin. Ni hablar del dolor causa del chichón en pleno proceso de inflamación que el arte de arrojarme la plancha de mi novia dejó en el lado derecho de mi cabeza, justo detrás de la oreja. Así que caminé por algunas calles con las manos en los bolsillos y llegué al parque Urquiza dónde me senté en un banco a meditar. Sentía por un lado el dolor agudo penetrante y filoso del impacto de la plancha en mi cabeza, por otro sentía frío, parece que mi novia se había puesto de acuerdo con algún tipo de ventilador universal que había empezado a soplar ni bien salí del edificio, pero me sentía bien, bien en el alma por así decir, en cierta forma fiel a una causa justa. Yo qué carajos tengo que ver si pienso diferente al resto de mis vecinos, qué carajos tengo yo que hacer si no me molestan que circulen hombres las veinticuatro horas del día hacia el 4to D. Que de las ventanas del 4to D se escapan algunos ruidos extraños por no decir jadeos de tanto en tanto no lo voy a negar pero eso me ha sucedido desde que me he embarcado en esta maratón de alquilar departamentos. Los edificios son modernos conventillos donde seguro alguna vez escuchaste algo de más y tarde o temprano uno se entera quién es promiscuo, quién mira mucha televisión, quién sopapea a sus niños y cuál de los inquilinos es más expresivo a la hora del amor. Además yo pienso que esta tal Sonia es una mujer más y que si la vida la llevó a ejercer esa actividad tan no sé, donde hay que poner tanto el cuerpo y romperse el culo trabajando literalmente, es cosa de ella. Además uno la ve a la mañana salir con esa bolsita del pan y los ojos ojerosos tristes de tanto cuerpearla que te enternece y la verdad que yo dejo de lado algunos sonidos anacrónicos que su depto gime algunas veces por día. Además camina como arrastrando los pies, tiene los cabellos largos enredados, sufridos, usa los pantalones gastados, erosionados por la dureza de la vida, apolillados, carcomidos, amoldados, contorsionados, ajustados de tal forma que sus curvas de la cadera se manifiestan al mejor estilo oda al culo perfecto por así decir. Volviendo a releer lo que escribí creo que me salió el animal instintual de adentro. Pero volviendo al tema, pobre piba, cuando toda esa sarta de arpías y mi novia (que Dios la guarde) me pusieron esa planilla en frente cuya cabecera rezaba vaya a saber cuantas pavadas pro moral y ética panfletaria de tinte religioso puritano, me dio asco y para ser sincero lo primero que me pregunté fue ¿estos tipos no cogen? Y miré a la gorda, al viejo, al estudiante, y si, y miré a mi novia, y bueno en realidad no eran aquellos nuestros mas apasionados tiempos, es verdad, pero tampoco para que se ponga como perro viejo que no coge ni deja coger como reza el dicho vulgar que me enseñó mi primo. Y más cuando este acto copulatorio es el sustento económico de una existencia. Una existencia como anhelos, deseos, un corazón que late cada día, unos dulces ojos que sueñan con un mundo mejor y bueno pensaba y pensaba y pensaba y cuando me puse a autoobservarme y me di cuenta que había entrado en una especie de delirio descontextuado, descontextuado para el frío de ese parque es decir, dije Bobi, no podés dormir acá Así que caminé de vuelta a mi departamento tratando de construir algún argumento convincente que no promueva el planeo ni de planchas ni de platos u ni de otros objetos contundentes. Pensé que tal vez debería inventar algo así como que mi abuela, la que mi novia nunca conoció, tuvo que sustentar muchos años su vida con el cuerpo para no morirse de hambre y que en cierta forma gracias a esa actividad no tan convencional yo existo. Pero ya pude tener una visión de la mirada de mi novia con un ojo entrecerrado y el otro bien abierto y lleno de bilis en cuya comisura convergería el labio fruncido como expresión de Tomátelas o te rompo los cuernos Así qué dado ya por vencido con el tema de argumentos convincentes que solo servían para vender celulares me dispuse a irme a dormir a donde todos los hombres van después de que son hechados de sus casas. A lo de mamá. Una cuadra de reflexión me bastó para darme cuenta que flor de mamaza era esta del 4to D y terminé comprando algunos sandwichitos, una coca, un tofi y mascullando bajito como silvando me fui para mi edificio y ponele nomás la firma que ya sabés donde dormí esa noche.

se agradecen comentarios por mas insignificantes que parezcan, todo suma, me dijo un mendigo que no rechazaba las monedas de 5 centavos

Texto agregado el 09-02-2005, y leído por 250 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
10-02-2005 Bien, nazareno, tiene ese estilo que denominamos "relato costumbrista" y bastante creíble. Claro, como una confidencia. Bien, repito, y yo le aclaro que, en su lugar, a la novia le doy una patada en el culo poruqe ¿quién pagaba el alquiler...? Mis saludos, claro. guy
 
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