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Inicio / Cuenteros Locales / golem / HABITACIONES QUE GIRAN A LA IZQUIERDA.

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Se veían correr las ratas por aquel pasillo con la libertad del viento, los nidos se conformaban por el alimento de sus ideas, sus bienes fueron reducidos a un cúmulo de hojas impresas con letras ajenas, con vivencias y recuerdos que fueron obtenidos en la vieja librería de su padre, de alimento solo había, como desde hace muchos años, cáscaras de manzana, los platos sucios conformaban una alfombra sin igual; Amanda, la anciana enfermera ya no realizaba el quehacer, era solo un punto mas del palpable estrés, la atmósfera repugnante se había convertido en un estilo de vida para aquella loca cuyo veneno se infiltraba por las venas de su señora, la vieja desquiciada y por el ser de Amanda también.

Los barrotes de seguridad se estrujaban entre las manos de Raquel, tiempo atrás su padre noto que serían de gran ayuda para el raro humor de su hija que ya desde aquellos años se notaba en las míseras pupilas de aquel ser.

- Agua, vida, sueño, ser, dioses, amada, amado.-
- Señorita Raquel, tiene que descanzar-
- Amada, observada conmigo las estrellas, Amanda, desde ayer giran en sentido contrario.-
- Si señorita las veo.-
- Tienes que sentirlas, como el aire que gira sobre nuestros cuerpos, como la luz que nos calcina, no vasta con verlas.-

Frases vanas y una conversación sin sentido se escuchaban desde el roído sillón, el vaso de cristal cortado que Amanda llevaba en las manos empezó a vibrar, la voz se convirtió en un martirio, era una voz de mezzosoprano que retumbaba en los oídos y que jugaba a la vez también con los cristales, le fantasma de la desesperación rondaba por aquella anciana.

- Lilí ha muerto.-
- ¿Quién es Lilí.-
- Prepara un café para sus amigas.-

Una rata cubierta de pulgas reposaba en el regazo de Raquel, su pequeño cuerpo se estrujaba en las manos, sus dientes repletos de rabia enmarcaba el diminuto rostro. – Señorita tiene una rata en las manos.- una sonrisa brillante acompañó el girar de sus ojos, - Te digo que prepares un café para sus amigas.-

El primer cuento que ensució la mente de Raquel fue el flautista de Hamelín, sus líneas leídas viajaban como una piedra en el abismo, caían, seguían y no se detenían, su padre se lo había regalado en el sexto cumpleaños, desde aquel día su afición por la lectura se hizo patente y cada semana esperaba con ansiedad el libro que su padre le llevaba a casa, el primero cuento que ganó un concurso para ella trataba de una señora rata que daba consejos a los animales del bosque, hizo patente un gran recurso para la descripción de aquel bosque y esperaban de ella un futuro prometedor en las letras cuando ella contaba apenas con 13 años.

-Has de traer también galletas para el café-

La enfermera temblaba por aquella rata, su aberración hacia aquellos animales le venia desde muchos años atrás

–Enseguida las traeré-
- José amor mío, muerto, vivo aún dormido-

José había sido el amor de su vida, un joven apuesto y con mucha preparación, su gusto por la literatura era un fuerte vínculo, la boda estaba planeada para finales de Noviembre, todo corría como miel sobre hojuelas pero una mofa sobre el artículo que se había escrito con tanto esmero para la ceremonia religiosa causó una ruptura inmediata, el orgullo pesaba tanto como sus planes a futuro, inició en ella un temor a escribir y fue entonces cuando de sus manos no volvió a nacer algún ser.


En el armario se encontraban algunos somníferos, medicamentos caducos y un final inesperado para Raquel, cianuro, la mente de aquella sierva abordó bromas tétricas pero eficaces.
Amanda recorrió toda la cocina en busca de café, un frasco mal cerrado contenía los últimos señuelos de aquella semilla, la vajilla reluciente y la charola de plata se vistieron para aquella gran gala.

-L'amour est enfant de bohème,
il n'a jamais connu de loi;
si tu ne m'aimes pas, je t'aime;
mais si je t'aime,
prends garde à toi!-

Por el cuarto retumbaban las notas de Carmen, bella opera, Raquel soñaba en un teatro interpretando un fragmento de la opera y siendo aplaudida por un millar de gente entre los que se encontraba José.

-¿Tienes ya el vestido?-
-Listo señora, y aquí esta el café-

La rata ya muerta fue depuesta sobre la mesa al centro de la habitación que desde hacia tiempo giraba al igual que las estrellas, galletas espolvoreadas de cianuro se repartieron entre Raquel, la ya muerta Lilí y Amanda, el veneno monto sobre los tres cuerpos, un final perfecto para la escritora desquiciada, para la enfermera aburrida y para la confirmación de la muerte ya ancestral del pequeño roedor, singular habitante de la casa. Cuando los estragos del Cianuro jugaron con el ser de Raquel solo tomó la brillante pluma que no se le separaba y escribió con tenues letras la palabra José.

Texto agregado el 17-02-2005, y leído por 134 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
19-02-2005 Logras un buen nivel en el perfil del personaje alucinado, desquiciado; sin embargo no capto el vínculo entre José y la rata muerta. Además, en la realidad sobrevivir "muchos años" con cáscaras de manzana pues resulta imposible. En un cuento no tiene que ser verdad, tiene que ser creíble y para ello tendrías que darle alguna condición mágica. Sería de más impacto una rata putrefacta que una cubierta de pulgas, que no comen cadáver. En fin, me parece muy buen intento. Te dejo unas estrellas. tobegio
17-02-2005 Obsesivo y oscuro relato... Me gusta ese aspecto de las personas, bordeando la locura, y tu lo has plasmado a la perfección. Mi enhorabuena. Efecto_Placebo
 
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