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Inicio / Cuenteros Locales / La_Columna / El bosque, la esperanza y los monstruos (de mi columna sabatina por Moebiux)

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Acabo de ver “El bosque” (The village), la última película de M. Night Shyamalan, el director de “El sexto sentido” o “Señales”. Para los que no la hayáis visto, os cuento brevemente (sin desvelaros el final por supuesto) que la película trata sobre una comunidad estadounidense del siglo XIX que vive rodeado de un bosque que jamás atraviesan porque allí moran los “Aquellos que nunca nombramos”, una especie de monstruos que se mantienen en las lindes del bosque y que atemorizan a los habitantes de la aldea. Más allá está la ciudad, lugar que los más veteranos del lugar repudian por ser un nido de gente perversa.

Pero un buen día, uno de los habitantes hiere a un joven de la aldea. Para salvarse este joven necesita de medicamentos que le curen la infección. La única manera de conseguirlos es atravesar ese temido bosque y llegar a la ciudad. Su prometida, una joven ciega de inusual valor, quiere hacerlo. El padre de la joven, miembro del consejo que regula a la aldea, entiende que no puede impedírselo, que el amor que siente la joven es demasiado fuerte, y que si el prometido muere, se habrá cometido un crimen en la aldea, mancillando el espíritu que la creó: mantener la esperanza y la inocencia.

No os voy a contar qué sucede a partir de aquí, pero sí que la película versa sobre lo ya dicho: la posibilidad de mantener la esperanza y la inocencia. Deseo este que no es nuevo, puesto que a lo largo de la historia ha habido –y habrá- intentos de constituir y construir lugares utópicos, islas en medio del caos que supone la vida entre los hombres.

De hecho, buena parte de las ideas políticas actuales nacen o se desarrollan a partir de ideales que buscan crear una sociedad perfecta. Desde Tomás Moro y su “Utopía”, pasando por el socialismo utópico o el científico marxista, hasta llegar al anarquismo; desde también, aunque pueda asombrar, el fascio italiano o el nazismo, que también buscaban la perfección, aunque en este caso desde el cinismo, el menosprecio a la vida; desde el liberalismo de Adam Smith, que defendía la autorregulación del mercado para generar riqueza entre los pueblos; y también desde ciertos movimientos ecologistas que propugnan el retorno a la naturaleza, pasando por todo tipo de sectas religiosas cristianas o no, el deseo de crear una sociedad intacta, indemne a nuestras imperfecciones como humanos, ha bañado –cuando no preñado- nuestro ideario político, social y religioso (¿qué si no es el Cielo, sino la máxima expresión de ese deseo?).

Algunos de estos intentos pueden provocar sonrisas de condescendencia. Otros, todavía conservan un poso de capacidad de inflamarnos el espíritu. Algunos, nos causan simplemente horror. Y unos cuantos, estupor o perplejidad, extrañeza.

Pero... ¿cuál sería la posición exacta ante este fenómeno? ¿Hemos de considerar la búsqueda de la armonía social perfecta como algo inalcanzable, pero comprensible? ¿Hemos de resignarnos a ir avanzando lentamente en las mejoras de nuestra sociedad sin aspirar a cambios realmente importantes? ¿Es una condición humana inevitable eso de querer construir utopías? Y si es inevitable, ¿es bueno o malo?

Por supuesto, una parte de nosotros dirá inmediatamente: “Hombre, desear la mejor de las sociedades es positivo, ¡siempre es positivo! Por eso vamos avanzando, ¿no?” Pero otra nos avisará: “¿Acaso no es perverso crear una sociedad perfecta? ¿Acaso por eso todos los intentos fracasan, porque niegan la condición humana y pretenden negar a la naturaleza?”

Y, pensando en la respuesta a estas preguntas, lo único que se me ocurre es que no tengo La Respuesta Definitiva. Sí, ya sé, puede ser frustrante esto de que te hagan leer un texto que te plantea preguntas para no decirte la respuesta, ya... Pero es que quizá –e insisto en lo de quizá- todos estemos más en el medio de esas dos posturas: por una lado nos encantaría vivir en un mundo agradable, celestial, pero por otro pocos de nosotros confiamos en que se puedan limar todas las asperezas que se crean en la vida entre las personas.

Y eso no quiere decir que haya que ser pesimista, o cínico, no, no. Al admitir las imperfecciones de la vida humana, admitimos también las nuestras. Y ser conscientes de nuestros defectos no tiene por qué significar que nos rendimos o que nos negamos a mejorar nada, sino que es el primer paso para asumir que la maravilla de la vida reside quizá en ese asombroso cruce de características diferentes que nos rodean y que nos forman. Nuestras imperfecciones son siempre nuestra particularidad. Sin individuos, no hay sociedad que merezca la pena virvirse. Es más, es imposible que exista, al igual que sin minúsculos granos de arena, insignificantes cada uno en sí mismo, no existiría playa alguna.

Quizá, en resumen, sea cuestión de adentrarse en el bosque no para enfrentarse a los monstruos, sino para aprender a convivir con ellos. Y no preocuparse demasiado por si nos acompañará la esperanza y la inocencia, porque siempre aparecerán de una manera u otra mientas haya seres humanos. Los monstruos, al fin y al cabo, los creamos nosotros para que nos acompañen en el viaje, como a Ulises en su retorno a Ítaca.

Texto agregado el 26-02-2005, y leído por 1177 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
04-02-2007 Yo también vi la peli, me gustó mucho tu reflexión sobre ella. Un saludo. rnahimla
02-03-2005 Magnífico tu texto-ensayo. Lo firmo sin quitar ni poner una palabra. Te felicito por lo bien que está. Ruth
28-02-2005 Buena columna. Y si hubieras dado respuestas, creería que eres un monstruo de esos que habitan el bosque :) Las respuestas están en nosotros mismos, lo bueno es que alguien plantee estos temas. Las disimilitudes entre los individuos es el gran desafío para la convivencia. Allí es donde se plantea la tolerancia y la comprensión, la empatía y el exceso de condescendencia. En fin, que cada uno hace su composición de lugar y se arroja a vivir. La película no vale nada. La vida sí lo vale. ¿La utopía de un mundo perfecto? Es buena si en su búsqueda nos hacemos planteamientos que deriven en una mejor convivencia entre los hombres. Un abrazo. NEUS_de_juan
28-02-2005 Es preciosa la reflexión. Mis estrellitas y un beso. Maira. maira
27-02-2005 Una excelente columna. Es importante que todos hagamos algo para mantener la esperanza y la inocencia. Un saludo y mis *****estrellas. Eulba
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