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En el momento más inesperado llega el cambio. Es como si fuera nuestra vida un juguete en manos de Dios. Cuando más nos encontramos desesperados, llega la salvación de un lugar desconocido. Así fue que nací yo. U otros. Pero igual, todo cambia en un solo momento. El nacimiento de un nuevo ser.

Mi historia comienza más allá en un recuerdo: Cayó una estrella.

Días tras días tratamos de entender la razón de nuestra existencia. ¿Por qué estamos aquí? ¿Para que sirvo yo? Si igual nadie me tiene confianza… Y nadie me cuenta secretos porque aún soy muy pequeña para entender… Por el momento me tiene que bastar el hecho que vivo. El resto llegará con el tiempo.

A veces miramos la luna en noches desveladas y no logramos definirla. Como niña miraba la luna y traté de encontrar algún sentido a su existencia. ¿Para que nos servía? Recuerdo hoy, que como niña pasaba horas mirando el cielo azul oscuro y me preguntaba si no era negro. Miraba la luna y pensé en su figura, si era casi redonda o completamente redonda. Hasta le dibujé un rostro sonriente, ojos tristes y un color especial que es un blanco incomparable. Ahora sé que su rostro sonriente no era más que un gesto de la propia luna, que se burlaba en el pesar de los demás. Es muy fácil hacerlo cuando eres una luna. Los seres humanos tienen que vivir acá abajo, después de todo, no nos podemos permitir ese lujo de estar colgados en el cielo, mirando a todos y reír de todas las estupideces que hacemos.

Recuerdo que miraba las estrellas. Nunca entendí que son. ¿Era una luz o algo parecido a una lámpara? ¿Es algo que fue creado por Dios o simplemente apareció en el cielo así como así? Pasaba los minutos contando las estrellas. Nunca pude contar más que algunas, porque ya entonces perdía la cuenta de cuales sí contaba y cuales no. Me dijo mi mamá un día que la estrella es un alma y que cada vez que se prende una estrella y la veo tiritar, muere un alma y nace otro nuevo. Y yo me pregunto ¿Alma de quién? De mi abuela, de mi tío, de la vecina que ya no sale todas las mañanas a pasear con su perro, del señor anciano que me sonreía con los ojos cansados. ¿Y el que acaba de nacer? ¿El nuevo naciente? ¿Tal vez un alma pequeña que apenas está produciendo sus primeras voces? Y ahora al recapacitarlo de nuevo ¿Quién murió cuando nací yo?

«Las estrellas te guardan», me dijo mi mamá «y entre ellas te mira tu abuelita. Así que ve todo lo que haces, si te comportas mal me lo viene a decir» Y así fue que pasé mis años de niñez, temiendo que mi abuela contará todos mis hechos a mi madre. Incluso le advertí a mi hermanita (susurrándole, por si escucha la abuela) que no diga cosas malas que la podrían comprometer porque la abuelita cuenta todo a mamá cuando vuelve del trabajo. Un día hasta le hablé a mi abuelita, pidiéndole que mi mamita ya no llore más, sin saber que por mi abuela lloraba mi madre.

La inocencia duró poco. Ya no temía de mi abuela. Entendí que ni siquiera me ha escuchado, porque no me regaló las cosas que le pedí tantas veces. ¿Por qué no cumple? Es que le estaba pidiendo un hermanito. Mamá me dijo que los niños buenos llegan desde el cielo. ¿Y la abuela, que está tan cerca a Dios no puede pedir uno para mí?

Por las malas entendí que uno no puede tener todo en ésta vida. Así que tengo que conformarme con una sola hermana.

Ahora, cuando más me alejo de la niñez, tengo aclaradas algunas cosas. Mi corta vida aún me está enseñando las vías reales de la existencia. Si antes pensé que el mundo estaba lleno de bondad, ahora suelo a pensar diferente. En los momentos de ingenuidad me destrozaron el alma y me lo dejaron lleno de cicatrices. Igual hoy sigo con una sonrisa porque aunque en ésta vida seamos aves de paso, es importante vivir feliz. Igual algún día me convertiré en una estrella.

Por la buena entendí que por la buena senda voy a seguir. Nunca me van a perseguir las malas lenguas porque así quiero creer, que no hay nada que justifique las malas lenguas. Y si me van a perseguir aún, no van a tener un lugar guardado en la manta del cielo. Mi aura siempre será más grande que la de ellas, porque una de las grandezas es saber renunciar y callar cuando todos a tu alrededor gritan.

Y aunque soy nada más que un juguete en manos de Dios, soy un juguete feliz. Mis juguetes nunca cambiaron el gesto de su cara plástica, siempre me miraban con la misma mirada fija que me asustaba y la misma sonrisa irritante de los imbéciles.

Por eso los tiré.




© Natalie Najshomov, febrero de 2005

Texto agregado el 04-03-2005, y leído por 178 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
14-05-2007 Interesante jlrd10
28-08-2005 Es un monólogo, un contarte a tí misma para no olvidarte que estás ahí aún. En cuanto al aspecto literario, salvo algunas pequeñas pegas, que entiendo que devienen de que no eres castellano-parlante, por lo demás muy bien. robin05
11-08-2005 Es maravilloso! 5***** Escribes bien bello. Se tu gran dificultar para escribir en Español. Un beso. poetaloco
07-03-2005 Hermoso relato ....desde ojos niño a los de juventud...tu texto tiene la sabiduria fresca de las flores en primavera...te deja una sensación muy dulce en el corazón. Felicitaciones! sebastiana
07-03-2005 has escrito algo muy bello ,muy agradable de leer. minina
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