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La escasa luz del atardecer iluminaba el despacho, el general Ramos encendió una lámpara, observó detenidamente el retrato del generalísimo y hojeó durante un rato los informes de los fusilados el día anterior.

- Bien, ahora explíqueme de nuevo la historia teniente – el teniente Sampedro encendió un cigarrillo y le ofreció cortésmente otro a su general.
- Como usted ya sabe, mi general, el guerrillero Arnau ha sido eliminado, pero el paradero del sargento Elías, a quien usted encomendó la misión, sigue en paradero desconocido.
- Sí, eso ya lo sé.
- Tras mi investigación he procurado reconstruir los pasos de Elías y Arnau para intentar desentrañar el misterio de su desaparición, y llegado a la siguiente conclusión.
- Explíquemela detalladamente teniente, le escucho.
- Como usted ya sabe, Elías inició su búsqueda tras un chivatazo de un joven de la localidad de Falset y marchó con la guardia para poder seguirle el rastro. Arnau escapó junto con dos compañeros siguiendo la orilla del río Siurana y se refugió en una cabaña situada a varios kilómetros al norte. Un agente nuestro en Vinebre interceptó un mensaje de Arnau que iba destinado a un compañero suyo de dicha localidad, lo que permitió conocer su paradero, e inmediatamente se puso en contacto con Elías. Pero este sabía que si marchaba directamente a la zona lo más probable es que Arnau, que conocía muy bien el terreno, escaparía nada más detectar su presencia y probablemente le perdería la pista, de modo que ideó un plan para que fuese el mismo Arnau el que le encontrase.
- Suena interesante, prosiga.
- Se reunió con el agente en Garcia, el cual había capturado a diversos guerrilleros, entre ellos el destinatario del mensaje que fue obligado a colaborar bajo la amenaza de asesinar a su mujer y sus hijos. Tras contactar con él, Arnau inmediatamente marchó hacia Vinebre sin tener ni la más remota idea de nada.
- Pero, ¿cómo es posible, qué clase de cebo atrajo su presencia a Vienebre a sabiendas del riesgo que corría?
- Esa es la pieza que me faltaba del rompecabezas, cuando hablé con el agente que interceptó el mensaje me explicó que el guerrillero capturado colaboró fielmente, y a cambio de que no se matara a su mujer e hijos no dudó ni un momento en traicionar a su compañero. Este se encontró con Arnau y le explicó que en Vinebre se había instalado un tal José Aragón.
- ¿José Aragón?
- Sí, al parecer este hombre había sido al inicio de la guerra un republicano convencido, pero en cuanto nuestra victoria se aproximaba se pasó a nuestro bando, delató a más 50 rojos y se ganó el favor del general Yagüe.
- Una alimaña, detesto a los traidores, pero hay que reconocer que a veces son muy útiles.
- Pues uno de esos delatados era el hermano de Arnau, un joven de 16 años que nunca había empuñado un fusil, y José lo delató simplemente por una vieja rencilla con su familia. El joven fue fusilado, y Arnau juró que se vengaría.
- Ahora lo entiendo, entonces Arnau se dirigió a Vinebre para ajustar cuentas con José.
- Exacto, y así Elías con la ayuda del traidor le prepararó la trampa, pues José Aragón hace más de un año que vive en Teruel. Se le indicó a Arnau la residencia de José, decidió entrar por la noche y matarlo. Así, Elías, que para no levantar sospechas no había traído ni un solo guardia civil, encomendó a tres ciudadanos fieles que esperaran a Arnau en la casa y lo mataran en cuanto entrara. Elías se oculto en una casa vecina, pues era muy importante que Arnau no le viese.
- Entonces, Arnau entró en la casa y los tres hombres lo mataron…
- En efecto.
- Pero, ¿Qué pasó con Elías?
- Lo que le voy a contar puede considerarse una grave acusación mi señor, pero escuche las razones de mi atrevimiento. Elías era un traidor.
- ¿¡Cómo!?
- No logré localizar a ninguno de los tres hombres, pero me enteré que antes de empezar la guerra Arnau y Elías eran amigos, pero rompieron su amistad cuando la novia de Elías murió en un accidente de coche conducido por Arnau, que según algunas fuentes iba bebido, él nunca le perdonó esto e hizo responsable a Arnau de su muerte. Por este motivo considero que Elías quería aprovechar la ocasión para matarlo, es una especie de venganza. Pero usted se preguntará que tiene que ver esto con que Elías sea un traidor, pues aquí viene mi verdadero descubrimiento. Elías no era de los nuestros mi señor, su verdadero nombre era Carles Caballé. Al finalizar la guerra, ayudado por alguien a quien no hemos localizado de la administración militar, falsificó unos papeles, que permitieron identificarle como Elías Hernández, guardia civil de Navarra, quien había muerto meses antes a manos de los rojos, y además poseía un documento falso sobre su traspaso de Navarra a Tarragona. Aquí le entrego los documentos y la ficha de defunción del verdadero Elías.
- ¡Dios mio! No me lo puedo creer.
- Parece ser que en cuanto cumplió su misión descubrió que alguien había encontrado la hoja de defunción de Elías Hernández, y temeroso de que le descubrieran decidió escapar a Francia.
- El bueno de Elías, un hombre de suma inteligencia y de gran disciplina, nos ha tomado el pelo a todos. Las pruebas son evidentes, me causa enorme dolor. Ha hecho usted un trabajo formidable Sampedro, le hablaré de usted a la jefatura superior, tenga por seguro que será condecorado y ascendido.
- Muchas gracias mi general, sólo cumplía con mi deber.
- Bien, ha sido un día agotador y duro para todos, retírese a descansar, lo merece.
- Sí señor, que pase una buena tarde – Sampedro se levantó de la silla, se cuadró y con un firme y convencido “arriba España” se despidió del general
- Una última cosa teniente.
- Dígame.
- ¿Dónde está el cadáver de Arnau?
- Debido a un error fue enterrado en una fosa común junto con el resto de fusilados.
- Bueno, no es un mal lugar para pudrirse.

Los porrazos en la puerta despertaron al reflejo del rocío que iluminaba con la habitual fuerza matutina la mosquitera de la ventana de Sampedro, alertado por la fuerza con la que picaban se apresuró a abrirla.

- ¿Teniente Sampedro?
- Sí, yo mismo, ¿qué sucede?
- Traigo orden de detenerle.
- ¿De detenerme?
- Ha sido acusado de traición.
- Su historia casi me convence teniente – el general Ramos asomó su maltrecho rostro por el pasillo – pero esta mañana he recibido un correo que me ha hecho ver la verdadera historia.
- ¿Y cuál es la verdadera historia general?
- Lo que me ha contado es cierto, la trampa de Elías, el agente y los documentos falsificados de Elías, son ciertos, salvo en dos aspectos. En primer lugar he descubierto que el agente que interceptó el mensaje de Arnau fue usted. Lo inventó, hizo creer a Elías que atraería a Arnau, usted preparó la trampa porque quería matar a Elías. Le convenció para que fuese a Vinebre sin guardias y vestido de paisano, preparó la trama junto con un supuesto “preso” que fue siempre su cómplice y no un traidor. Pues Arnau nunca estuvo en Vinebre. Logró con gran astucia que fuese el mismo Elías el que preparara su muerte al ordenar a aquellos tres hombres que mataran al primero que entrase en la casa. Elías esperó en un cobertizo durante horas, al no recibir noticia de la muerte de Arnau temió que éste hubiese descubierto la trampa y la hubiese eludido, incluso matado a sus verdugos, de modo que se dirigió a la casa para comprobar la situación, y fue así como aquellos tres mandados lo mataron por equivocación. Usted sabía que Elías no tendría la suficiente paciencia como para esperar tantas horas. Al descubrir que habían matado a Elías, les convenció para que dijeran que habían matado a Arnau y se las apaño para que su cadáver fuese enterrado en una fosa junto con los cinco fusilados de esa noche.
- Cierto es mi general, ¿cómo lo ha sabido?
- He recibido un informe antiguo con el texto del delator de Arnau, no huyó hacia el norte de Falset sino a Tivissa, desde un primer momento se engañó a Elías. Después miré quien era el agente destinado en Vinebre, y resultó ser usted. Casualmente fue usted el que envió la carta a Elías avisándole de chivatazo también, y así inició su ardid. Partiendo de esta nueva información he reconstruido la historia a partir de su explicación.
- Me asombra mi general, tiene usted madrea de detective.
- Pero hay algo que no entiendo, las falsificaciones de Elías son ciertas pero él no era un traidor, ¿cómo encaja esto en la historia?
- ¿Recuerda lo que le expliqué de un tal José Aragón? Me lo inventé, el que delató a 50 republicanos fue Elías, así se ganó el favor del general Yagüe y éste le permitió hacer ese cambio de identidad.
- Lo debí imaginar, pero antes de detenerle Sampedro, su traición me pesa más que la supuesta de Elías, usted es un hombre “limpio”, ¿Por qué lo ha hecho? ¿Por qué motivo ha traicionado a su patria ayudando a un rojo si usted de de los nuestros?
- El verdadero nombre de Arnau era Vicente Sampedro, mi hermano. Y como puede deducir Elías delató a mi otro hermano, aquel joven de 16 años que nunca había hecho daño a nadie y que tenía toda la vida por delante. Supongo que comprenderá por qué lo hice.
- Le comprendo, pero mi deber como soldado es detenerle.
- No le culpo, moriré con la conciencia tranquila.




Texto agregado el 19-03-2005, y leído por 114 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
29-09-2005 jony este cuento está muy currado 5* a ver si cuelgas algún cuento sobre constantinopla... marduk
06-04-2005 Orale!!! Bueno realmente... --Vincho--
 
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