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Se dice que en el bosque que queda entre los cerros y el mar hay una cueva donde se esconde un tesoro de Reyes. Esto se supo hace dos semanas en mi pueblo, pueblo pequeño al sur de una montaña nevada, montaña donde se almacenan los muertos.
El último muerto enterrado exactamente al lado del árbol más viejo, comentó antes de partir que en ese bosque, que nadie conocía, estaba el dicho tesoro y que contenía piedras preciosas, monedas de oro, joyas y la felicidad eterna.
Yo al igual que el resto de la gente pensé que la felicidad eterna estaba referida a las joyas, pero cuando llegué al cofre me di cuenta que no... Les contaré como pasó todo.

A las 8 de la mañana salí de mi hogar y partí al almacén donde yo trabajo, está en toda la esquina unas cuadras más arriba. Cuando llegué y me instalé detrás del mesón, la señora Clara llegó muy alterada y me dijo:

- Don Jaime no sabe lo que pasó. Se acuerda del joven Ramiro, el que estaba enfermo.
- Sí, sí ¿Qué pasó con él?
-Ay don Jaime, acaba de estirar la pata don Jaime, yo no lo podía creer, y era tan jovencito. Por eso yo siempre le digo a mi hija: "mijita, cuídate que cualquier día te podís morir"
-Señora Clara, ¿me puede decir por qué está tan agitada?
-Sshh por todo lo que caminé pues, pero bueno déjeme contarle lo que pasó

Sentó su gran cuerpo en un banquillo, sacó un pañuelo blanco con flores y se secó la frente. Luego me miró fijo y me pidió que me acercara a ella, después me dijo casi en un susurro:

-La esposa del difunto me contó que el joven Ramiro sabía de un tesoro que hay en el pueblo

Yo no creyéndole alejé mi oreja de su boca y la miré incrédulo.

- Sra. Clara eso es imposible, aquí no hay nadie que pueda guardar un tesoro. Y si lo hubiera tenido ya todo el pueblo se enteraría.
- Pero Don Jaime si es la pura verdad, dijo que estaba en un bosque que se encontraba entre la montaña y el mar
- Sra. Clara aquí no hay ningún bosque... Deben ser puros cuentos, yo creo que el Ramiro estaba alucinando, y creo que es lo más probable ya que estaba a punto de morir. ¿No cree usted?
- Yo no sé don Jaime, pero yo creo que es verdad. Yo que soy más vieja conozco hartas historias de este pueblo ¿sabe? me sé todo lo que pasa y lo que no. Y recuerdo que alguna vez en mi vida me contaron que en este pueblo hubieron reyes. La esposa del Ramiro, que en paz descanse, dijo que era un tesoro de la realeza.
-Mire señora Clara, a lo mejor hay un tesoro, alo mejor no. Pero a mi esas cosas no me importan. Ya tengo todo lo que quiero.
-Don Jaime, míreme fijo a los ojos y dígame si no le gustaría tener el doble de lo que tiene y además la felicidad eterna.

Sacándose los gruesos lentes me mostró sus pequeños ojos llenos de arrugas, yo poniéndome un poco nervioso no pude decirlo.

-Ja, yo sabía don Jaime, a quien no le gustaría tener todo eso, shuu imagínese todo lo que haría yo con eso. Me iría de este pueblo tan mugroso y me iría a la ciudad. Pondría una tienda y me dedicaría a vender.
-Señora Clara, sabe que, están llegando clientes así que le pido que me deje trabajar, no creo en lo del tesoro. Y si fuera verdad, le reitero, no me interesa.

Luego de escucharme se levantó indignada, arregló su gran vestido floreado y caminó sin mirar atrás.

Yo me pasé pensando en lo que me había contado la Sra. Clara y como tenía tantas dudas fui a la casa del padre de Ramiro, que era amigo mío de hace años.

- Hola José, ¿cómo estas? Lamento mucho lo de tu hijo, si pudiera hacer algo por ti sólo dímelo.
- Hola Jaime, sí que puedes hacer algo por mi. Ven siéntate aquí. Mi hijo, me dijo que había un tesoro en el pueblo y que era un tesoro de reyes, que contenía joyas, doblones de oro y la felicidad eterna. Yo quería pedirte que me ayudaras a buscar el tesoro, si lo encontramos lo repartimos mitad y mitad. ¿Qué te parece?
-José, yo no sé... ¿estás seguro que es verdad? Yo te ayudaría a buscarlo, ¿pero si no lo encontramos? ¿o si otro lo encuentra primero? sería mucho tiempo perdido
- Pero, si los únicos que lo sabemos somos tú, mi familia y yo.
-Es que la señora Clara ya me llegó con la noticia, y tú sabes como vuelan los rumores cuando ella los sabe.
-Esa señora, no encuentro el día en que se marche lejos de este pueblo, pero bueno, busquémoslo, no perdemos nada.
-Muy bien, juntémonos mañana en la roca verde que hay en la playa.

Me fui a mi casa y me quedé pensando toda la noche en eso, no pude pegar ni un ojo. A la mañana siguiente partí al lugar del encuentro y encontré a José con dos palas, un papel y un perro.

-José, veo que llegas temprano
-Sí, no me podía aguantar. ¿Estás listo? Vamos

Y así comenzamos a caminar, hasta llegar a la falda de la montaña, la subimos y cuando pudimos descansar, José me mostró el mapa y me indicó donde nos teníamos que poner y esperar hasta el atardecer. Yo le pregunté que por qué hasta el atardecer, y el me contestó que era porque cuando el sol tocaba las aguas del mar, se abría un árbol. Justo el árbol donde está enterrado Ramiro.
Seguimos caminando hasta llegar al cementerio no declarado y nos sentamos a esperar. Yo jugaba con el perro que era muy cariñoso. Era un pastor alemán inmenso, con un pelaje precioso. Cuando José me apretó el brazo dejé de mirar al perro y me fijé en el sol, estaba tocando el mar.
Instintivamente nos levantamos y miramos el árbol, que comenzó a crujir, le aparecieron grietas en el tronco, y una raya blanca justo en la mitad. El árbol se abrió y comenzó a llorar savia. Nos miramos sorprendidos y el perro entró corriendo a la cueva que había en el árbol, le siguió José con las palas y yo miré el mapa y me metí. Cuando miré hacia atrás el árbol ya estaba cerrado y nosotros estábamos en un bosque con árboles sin hojas que se mecían con el viento. Estos árboles tenían signos, eran extraños. Yo toqué un árbol y de inmediato le nacieron hojas verdes y el signo brotó de su tronco. Yo lo tomé y lo miré, era dorado, como bañado en oro y estaba caliente. Lo guardé en mi bolsillo y seguí caminando. Toqué todos los árboles que estaban a la orilla del camino, pero sólo me llevé 5 figuras que luego mostré a José que seguía adelante.

-José, paremos, quiero saber a donde tenemos que ir.
-Muy bien

Nos sentamos y yo estiré el mapa con ambas manos, puse las figuras encima y como por arte de magia se ordenaron en el mapa. Formando un camino que tenía pequeñas instrucciones.
Las seguimos y terminamos frente a una fuente, que era la última figura que había encontrado. Volví a estirar el mapa y las figuras salieron de él y se zambulleron dentro de la fuente que se tornó roja. Vomitó un cofre de madera, con un candado oxidado y viejo. No costó abrirlo por su estado. Cuando iba a abrir el cofre escuché pasos y me di cuenta de que era la gente del pueblo que había encontrado la forma de llegar hasta aquí. Miré asustado a José y el perro se puso bravo. Nos levantamos y empezamos a correr tratando de buscar la salida de nuevo, pero nuestros pies se pegaron al suelo que se empezó a mover solo en distintas direcciones hasta que nos arrojó fuera de ese bosque. Terminamos sobre la tumba de Ramiro con el cofre en brazos y el corazón en la mano. Pero al igual que nosotros la gente del pueblo también fue expulsada de allí.
No saben la pelea que se armó, todos querían el tesoro, todos querían la felicidad eterna. Muchos hombres se lastimaron y otros murieron. Fue una catástrofe. Yo que soy un tanto pacifista los hice callar y me dirigí enojado a ellos:

-¿Creen que esto está bien? ¿Qué piensan que hacen? Yo abriré el cofre y repartiré lo que haya adentro, porque o si no seguirán peleando hasta dejar al pueblo sin gente.

El silencio se hizo el único ruido. Me arrodillé dejando el cofre en el suelo y lo abrí con cuidado. Una luz nos cegó a todos y todos terminamos en ese mismo bosque. Cada uno estaba encerrado en un árbol transparente, donde estaban sus sueños hechos realidad. Todos reían y se emocionaban al ver lo que estaba pasando. Todos menos yo, que estaba al lado de la fuente contemplando todo lo que pasaba. Me quedé ahí, sentado, inmóvil hasta que noté cambios en la gente. Abrí bien los ojos y me di cuenta de que estaban envejeciendo. La Señora Clara que también estaba allí se veía mucho más vieja y los demás también. Yo me miré en el agua y me di cuenta de que seguía igual. Tome un poco de agua en una fuente que tenía conmigo y la lleve donde José para que viera su reflejo, pero estaba tan feliz con lo que tenía que ni siquiera me vio. Estaban todos en su mundo, hasta el perro. Y yo... Solo... Creo que era el que estaba más encerrado.
Me di cuenta de que de sus espaldas salían ramas rojas, como si fueran canales que llegaban a la fuente, esta fuente se tornaba más roja.
Al darme cuenta de que los estaban secando tomé las figuras que se habían vuelto a guardar en mi bolsillo y las lancé. Al estrellarse contra el suelo afloró de él, una mujer vestida con túnicas de color lila y rojo. Me miró y me dijo:

-¿Por qué me arrojaste así? ¿No estás feliz? ¿Por qué no haces como el resto de los demás y vas por tus sueños que están justo en ese árbol de allá?
- Porque yo ya tengo mis sueños cumplidos y no deseo nada más. Escucha... ¿me podrías sacar de aquí?
- No... De aquí nadie sale, bueno, yo solamente. Yo soy la que trae gente a este bosque lleno de felicidad. Si tú quisieras salir tendrías que ser como yo.
- ¿Puedo serlo?
- ¡Claro que no! a menos que me des tu sangre y así podrás volver a tu mundo, pero me tendrás que traer personas a este bosque para que yo pueda ocupar su sangre en mi fuente. Sin esa sangre este bosque no sería lo que es ¿sabes? Me costó mucho mantenerlo como está. Y ahora con tu sangre se pondrá mucho más bonito.

Cerré los ojos y asentí con la cabeza. Ella se metió por ti boca como si fuera el aire que respiro y sentí como me secaba por dentro. Fue algo asqueroso. Luego salió por mi nariz con un vaso chiquitito, en donde, según ella, tenía toda mi sangre guardada.
Inclinó el vaso sobre la fuente derramando la sangre. Se demoró casi una hora en derramar toda la sangre del vaso, ya que este guardaba mucha más de la que me imaginaba.
Me miró fijo y movió sus brazos y desperté en mi cama. Toqué mi cuerpo, mi cara, y me convencí de que fue todo un sueño... pero luego miré mis manos y tenía marcadas dos figuras de las que había encontrado. Estas figuras eran una serpiente y una fuente.


Y es así como hasta el día de hoy llevo gente al bosque para que la fuente siga manteniendo el bosque con vida. Es bastante divertido, se conoce a mucha gente, aunque sea por un corto tiempo.
Al día siguiente me encontré a Ramiro caminando tranquilamente y ahí entendí todo...

Texto agregado el 20-03-2005, y leído por 119 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
23-03-2005 Ta bkn!!!! me encanto...fue genial...valio la pena leer tanto rato jajaja...cuidate kta, sigue escribiendo así. Chau ^^ freya
 
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