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Inicio / Cuenteros Locales / NatalieNa / Recuerdos de un verano de 1492

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El sol brillaba en los cielos de Granada y como siempre los pájaros piaron una melodía agradable. No era una mañana diferente de otras pero algo en el aire de los campos verdes cambió. Por ahí decía la gente que empieza una nueva vida. Mi padre salió muy temprano a la mañana. Mi madre ya estaba haciendo los equipajes. Yo, como siempre estaba esperando en la puerta de mi casa a que pase David, el hijo del panadero. Todas las mañanas me traía dos hogazas de pan, uno era el pan dulce que me hacía con sus propias manos. Para mí era un buen pretexto para verlo.
Hoy no llegó. Ya era bastante tarde y se acercaba la hora del almuerzo. Mi madre me pidió que le ayudara con los equipajes.
"¿Adónde nos vamos?" Le pregunté con la esperanza de recibir una respuesta que me complazca.
"Silencio, hija. No preguntes más."
"Pero, ¿porque nos tenemos que ir? ¿Y nuestros amigos?"
"Tus amigos, hija, en muy poco tiempo ya dejarán de serlo." Me miró con los ojos llenos de lágrimas. "Mejor termina de empacar. No tenemos mucho tiempo, no me hagas perderlo con tus preguntas."

A las doce y media exactamente, entró mi padre a la casa. Habló muy largamente con mi madre y ella se puso a llorar. Mi padre le secó las lágrimas con su pañuelo blanco y le besó la frente.
"No te preocupes, mi querida. Vamos a iniciar una nueva vida, en otro lugar. Vamos a ser felices. Es mejor estar lejos y no muerto."
"Sí Abraham, tienes razón. Pero, nuestra vida, los recuerdos… ¿Y Rebeca? Ya tiene edad para casarse… si nos vamos, puede que pase mucho tiempo y ella perderá la posibilidad de formar una casa, una familia. Ninguna familia normal aceptaría una nuera así y ella tampoco, tú lo sabes. Un amor así es muy difícil de olvidar."
"Sí Sara, tienes razón. No sé que decirte. Espero que Dios nos ayude."

A la hora del almuerzo mi padre me dio las noticias. A las diez nos vamos de la casa para siempre. Ya es un hecho. Junto con otras cuatro familias nos vamos hasta Málaga y si Dios quiere viajaremos hasta Algeciras para luego llegar a Marruecos.
La noticia era peor que un puñal en el corazón. No entendí las razones por las cuales tenía que perder mi vida y nadie me lo explicó. En aquel tiempo pensé que mis padres me debían una explicación. Les seguí igual, sin pedir explicaciones a nada y sin llorar ni una sola lágrima aún que el dolor era demasiado para mí.

A las cinco de la tarde lo vi a David. Paró en la esquina de la otra casa, observando la mía. Me vio, sé que me vio porque tenía la mirada posada en mí durante unos minutos. No levanté mi mano para saludarlo. Él tampoco lo hizo. Un niño de cinco años se cruzó en su camino y él le dio una nota. David me señalo con el dedo y el niño vino corriendo hacia mí y me la entregó. Le estaba dando una última mirada hacia David, pero él ya no estaba.

"Mi rosa
Te veo a las seis en punto al lado del
árbol gigante. Es muy importante
que vengas. Sí no llegas hasta
las siete me iré de ahí antes que lleguen
los gitanos.
Te espero ansioso
Te amo,
David"

Mi rosa… me llama así desde el primer día en que me vio. Recolectó una rosa roja y me la puso en el pelo. Dijo que una flor tan bella no tiene porque perderse entre tantas otras. "Merece tener un lugar especial. " me dijo.
No sabía si sería lo correcto ir a verlo, pero no podía irme de España sin despedirme de él.
A las seis de la tarde me esperó al lado del árbol gigante. Tenía en la mano una rosa roja. Como siempre, roja. Me vio y corrió hacia a mí.
"Mi princesa… Pensé que ya no te vería." Me abrazó como si fuera la última vez que me vería. "Mi amor…" susurró y me abrazo más fuerte aún. Éste árbol que era testigo de nuestro amor, de las palabras de cariño y de los besos que nos dimos, nos tapó con sus brazos enormes.
"David, nos vamos."
"Si. Lo sé."
Pude escuchar sus suspiros de llanto. Sus ojos negros se llenaron de lágrimas que se negaban a derramarse. Puso la flor en mi cabello y acaricio mi cara, con la ternura de una despedida.
"¿Ya lo sabes? ¿Cómo?"
"Me encargué de todo. Vais a poder llegar hasta Marruecos sin correr ningún tipo de riesgos."
"Pero, David, ¿Por qué nos tenemos que ir con tanta prisa? No entiendo nada. Todos lloran, nadie quiere dejar la casa… ¿Por qué nos vamos?" Me puse a llorar porque sabía que el viaje se está acercando.
"Porque corremos peligro." Dijo y sacó un pañuelo para secar mis lágrimas. "Es peligroso para nosotros quedarnos. ¿Entiendes?" No. No entendí la razón de esa partida, pero nadie me explicó nada.
"¿Por qué?"
"No me preguntes más porque no te voy a contar. Hay cosas que es mejor no saber." Hubo un momento de silencio. No pude mirarle en los ojos. "Quiero que me prometes algo… "dijo-
"¿Qué?"
"Que te olvidarás de mí."
"¡No!"
"Mi amor, por favor. No me hagas esto. Sabes que si las cosas no hubieran sucedido como sucedieron me casaría contigo…te haría mi esposa."
"¿Por qué no vienes conmigo? Me estas abandonando."
"No mi amor. No te acompaño porque no puedo."
"¿Por qué no? Tú me prometiste. Creí en tu amor, creí en ti."
"Por favor, no me culpes. Yo te amo y tú lo sabes. Si te estoy pidiendo lo que te pido es porque no quiero que destruyas tu vida."
Me puse a llorar y no pude contenerme. Parecía que mi vida había dado un giro. Mis sueños están por disiparse y yo no puedo hacer nada por cambiarlos.
"¡A ver si por fin entiendes que mi vida está a tu lado!"

***
A las diez en punto se reunieron las familias al lado de los carruajes. Los equipajes ocupaban poco lugar y todos estaban dispuestos a dejar todo e iniciar una nueva vida. Mi madre me miró. Yo sé que ella me entendía.
Sabía que ya no lo vería nunca más y sabía también que es cuestión de tiempo. A partir del momento en que crucemos el mar, ya no seremos los mismos. Solo la vida sabe lo que nos espera y a mi no me queda otra que aceptar todo en silencio.
La voz de mi madre rompió el silencio. "Rebeca, hija, llegó David."
Ahí estaba, con una canasta llena de pan y con una rosa en la mano. Me miró con los ojos arrepentidos. Quise correr hacia él y abrazarlo, decirle que no estoy enojada con él, que lo amo y que quiero tenerlo a mi lado, pero por mis padres no pude.
Se acercó a mis padres. Entregó la canasta a mi madre y le beso la frente.
"Señores, ustedes son testigos de mi amor por su hija." Dijo silenciosamente, cuidándose a que no lo escuchen las otras familias. "La respeto. Por eso les pido que la cuiden. Que no pase su vida, recordando un amor imposible; les pido que no dejen de buscarle un marido…"
Traté de pensar pero no pude entender la razón y el porque hizo lo que hizo.
"David, hijo…" dijo mi madre, "¿Por qué no viajas con nosotros?"
"No puedo señora. La panadería de mi padre es muy conocida. Si nos vamos nos descubren. Quiero primero que viajen ustedes, que estarán bien en un lugar seguro."
No supe en aquel momento si amarlo u odiarlo, pero sabía que mi primer y único amor era y siempre sería él.
"David," dijo mi padre. "Esperaré un año a partir de hoy. Si no llegas, le buscaré un marido a Rebeca."
Sus ojos se llenaron de lágrimas. "Les buscaré." Me miró y se acercó a mí. "Nunca te olvidaré, mi rosa." Me susurró al oído y puso la flor en mi cabello, como siempre hacía. "Os voy a buscar, os alcanzo un día si Dios quiere. Te voy a recordar en cada paso que haga." Respiró profundo. "Volveré a por ti. Te lo juro."

***

El camino hasta Marruecos era largo y agotado. Los días pasaron muy lentamente y el dolor creció cada vez peor. Dos familias decidieron seguir a Argel cuando llegamos a Málaga. Mi padre insistió seguir hasta Marruecos porque así le prometió a David.
En el mar me puse mal. Tenía fiebre y temblé de frío. Parecía que el mar nunca se acaba, como un día me lo dijo David cuando prometió llevarme a conocer el mar. "En el mar se acaban las ilusiones." Me dijo- le pregunte por qué y él solo me contestó en un beso y dijo que el mar es el secreto más grande porque es un mundo entero que el hombre no puede conocer.

Los meses pasaron como una vida entera. Mis padres decidieron instalarse en Casablanca. Un día tras otro y la vida seguía su ritmo. Por mucho que intenté olvidarlo no pude. Su recuerdo, su rostro, todo era parte de mi. Los paisajes de mi tierra querida me perseguían en los sueños, en las mañanas cuando despertaba oliendo el olor del pan que había horneado mi madre y me acordé del olor que mostraba David el día que se despidió de mí.
Recordaba los días en los cuales pasaba horas mirándolo en su trabajo. Cada masa y pan fueron amasados con amor, cada galletita fue sumergida con cariño en la miel acompañados de su voz cuando cantaba leyendas sobre gente desconocida, amores imposibles e historias tristes de marineros que no volvían a los brazos de sus amores… Me acordaba de los amaneceres dorados, en las mañanas tibias de primavera. Me acordaba…

En Marruecos, en la ciudad de Casablanca, conocimos otras familias judías que se fueron de España por lo que pasó. Los hombres siempre decían que nos expulsaron de España porque no quisimos cambiar nuestra religión. Mi padre siempre decía que no se trataba de odio sino de algo que ellos pensaron como correcto. "A caso, Rabí Moshe, ¿usted aceptaría que su hijo se case con una mujer cristiana?"
"¡Claro que no!" dijo a gritos.
"¿Por qué? Es una mujer como cualquier otra."
"Pero no es judía. Es pecadora."
"¿Pecadora? No, Rabí Moshe, es una mujer que nació en una familia cristiana. Es buena hija si decide ser una buena creadora de Dios."
"¿Qué Dios?"
"El mismo que usted considera su Dios."
"Don Abraham, las cosas que dice…"
"Son verdades, Rabí, cada persona cree en algo. Los reyes creen que la sociedad formada solo por cristianos y musulmanes es mejor."
"¿Y lo dice así? ¿A caso no perdió todo al dejar la casa?"
Mi padre me miró una sola vez y le contestó al Rabí. "Perdí mas de lo que se imagina."

Un año ya estaba por pasar. El mismo año en que prometió David regresar. No volvió, me olvidó. Pensé en que tal vez nunca llegó a Marruecos.
Sé que mi padre ya está hablando de la posibilidad de que me case con el hijo del rabino, Isaac. Parece que la esperanza de mi padre está por desaparecer. Hace mucho tiempo que viene el Rabí a nuestra casa a observar nuestra humilde fortuna. Mi padre no dice nada, pero yo sé de sus intenciones. Sé que duda de David; un día hasta le escuché decir a mi madre que cree que David ya no vendrá y que talvez sea mejor no perder el tiempo y organizar todo antes que pase mi oportunidad de ser feliz.
Me negaba a creer en sus palabras pero al pasar los días dudaba del momento en que aparezca. Lo amaba más solo por tenerlo lejos de mí, pero no pude seguir esperándole tanto como hice hasta hoy. Mi padre le juró a David que le va a esperar un año, y éste año está por terminar en una semana.

Esa semana fue un infierno para mí. Pasé las horas mirando a través de la ventana. A mis oídos llegó el rezo de la mezquita, los cielos oscurecieron y unas estrellas me bailaban ante el humo de la noche. Así pasé las noches, desvelando por éste amor, sufriendo por recordarlo.

Al día siguiente en el mercado le ayudé a mi madre a escoger las verduras frescas para el sábado.
Mientras escogía los tomates para cocinar escuché la voz estrangulada de mi madre llamándome. Su mirada quedó posada en el aire mirando algo que no pude ver. Agarró mi mano como si fuera a caerse y yo sin darme cuenta que tengo el bolso en las manos, le apoyé la espalda con mis dos manos.
"¿Qué te pasa, madre?"
Puso su mano cariñosa en mi mejilla y una lágrima cayó en ella. Seguí su mirada y vi lo que vio ella. Un hombre joven paró en su lugar mirándola.
" Es David…" me dijo. "Es él…"
No sabía si me ilusionaba en verlo o si estaba ahí mirándonos. Se acercó a nosotras. Sus ojos negros eran tan conocidos para mí que casi me puse a llorar al verlo.
"Es él…" dijo mi madre y apoyó mi brazo. "Es él…" se acercó a nosotras. Estaba tan cerca de mí que podía tocarlo, escuchar sus suspiros y ver sus ojos. Tan cerca estaba de mí.
"Rebeca…" le escuché decir, pero después ya no me acordaba de nada.

***
En un momento, mi vida dio un giro. En un rato cambió todo. Justo cuando pensé que está todo perdido para mi, apareció David.
Durante una semana entera escuché las historias de David. Las noches en el desierto de Marruecos, el frío de las tardes lluviosas, el calor del verano y las ciudades desconocidas en que en ellas no pudo encontrar la paz. Las mujeres andaluzas en España y los recuerdos del amor que sintió por mí cada vez que se acercaba una gitana hacia él para ofrecerle amor. Contó historias sobre el mar que no ha dejado de mostrar su enojo hacia el viento y las historias sobre las poesías que escribieron los guerreros españoles para sus amadas de la tierra de España. Me contó historias de otros, de personas que le ayudaron en el camino, historias que recordaba con detalles porque le estuve escuchando, recordando, amando.

El sábado de esa semana fue el día de nuestra boda. Muy temprano en la mañana me despertó mi madre. Me puso la ropa más fina que guardaba para ese día. Conocidos de mis padres, conocidos de la familia de David, gente del barrio e incluso los vecinos marroquíes llegaron al festejo con dulces y regalos para nosotros. Una vecina musulmana me pintó las manos con una mezcla de plantas y dijo que era para la buena suerte. Otras vecinas bailaban al ritmo andaluz que tocaba mi padre con unos amigos. Era el día más feliz de mi vida y nadie pudo en contra de la felicidad que llenó la casa.
No lo vi a David hasta que me hicieron pasar al cuarto principal. Estaba ahí con una sonrisa y un brillo en los ojos. Me miró con calma, sintió la felicidad que sentía yo al verlo en la casa.
Nos casamos en el patio de mi casa. La música, la alegría, la gente y el hombre que amo. Solo me hacía falta el árbol gigante donde por primera vez juramos nuestro amor. Espero que éste árbol sepa de la alegría de esas dos almas que se unieron al celebrar su amor.
Recuerdo que sobre éste árbol, grabé mi nombre al lado del de David. Me gustaría volver a éste árbol solamente para poder contarle lo muy feliz que soy, pero me conformo con saber que talvez el viento lleve mis recuerdos hacia el árbol para contarle mis secretos. Talvez escuchará el árbol mis palpitaciones de alegría y felicidad y nos bendiga hoy como hizo aquel día, el de la partida. Hoy sé que aquel día fue un día bendito.

Y así fue que en el año 1493 me casé con el único hombre que amé en mi vida. Lejos de Granada, pero cerca del lugar donde para mí se inició una nueva vida. Y de nuevo se llena mi vida de colores. Hoy es nuestra hija que espera a la puerta de la casa a que pase su padre con dos hogazas de pan hechas por sus propias manos.
Nunca olvidaré a mi tierra, donde algún día bailé, canté, reí y amé.




© Natalie Najshomov, diciembre - enero de 2004 – 2005.

Texto agregado el 23-03-2005, y leído por 229 visitantes. (13 votos)


Lectores Opinan
28-07-2008 Una historia reflexiva muy bien contada. Tiene todos los elementos del dolor humano. En el centro dos adolescentes que sufren sin entender lo que el mundo arrincona para destruirlo con las dos manos. Espana, tan negros recuerdos nos trae esta nacion. algun dia se repetira la historia, para entonces sabremos conocer esas senales que anuncian la destruccion. Mi querida amiga, tiene talento para escribir, teje la trama con habilidad sencilla pero asombrosa por la manera en que los personajes, sus necesidas, su fe, su futuro, su casa salen a flote dejando escuchar su grito, su denuncia. me gusto el perfume de la rosa, lo senti , fragancia exquisita en tu hermosa cabellera. Y el arbol, sera un roble? No lo se. Alli volveras algun dia... el arbol es eterno, raiz que mantiene y alimenta la fronda, el follaje, Y da fruto comestible, sabroso , como tu palabra. Me gusto. panchin
24-07-2005 Entre 1492 y 1493 ocurría esta maravillosa historia que habla de la patria que habito y de los ancestros de mi sangre que cruelmente fueron expulsados de lo que también eran sus tierras.Poco más de 500 años después ,una hija del pueblo judío y una hija de conversos se encontraron por casualidad,cada una narró sus emociones en una página de cuenteros y quiso el destino que hablasen de lo mismo y decidieron ser madre e hija antes de conocer que mutuamente le escribieron al año 1492 y al dolor de la expulsión.Gracias a Dios triunfó el amor sobre el destierro.Nati,eres maravillosa y una gran escritora.Envidio a la mujer que sufrió los dolores de parto para traerte al mundo.Eres una bendición de Jesús y de Yaved.Shalom malecun.***** Gadeira
08-04-2005 Te agradezco el que me hayas acercado a tu texto. No dejes de hacerlo en el futuro. He disfrutado si cabe la palabra cuando el núcleo de la narración es la triste historia de la Inquisición y de la expulsión de los judíos de España. Joven como eres escribes tan bien que da envidia. Envidia sana que se traduce en aplausos y estrellas. Shalom Yvette NINIVE
04-04-2005 Es una conmovedora historia que, por fortuna, tuvo un final feliz, el que contrasta con el que por desgracia sufrieron miles de perseguidos judíos en esa época y casi 500 años después. Me parece muy bien contada, con diálogos certeros y mantiene una estructura progresiva, o sea que avanza de menos a más. El final no es sorprendente, se anticipa un poco antes de finalizar la historia, pero por la forma en la que está escrita sólo refuerza la belleza innerente a la historia. Felicidades y 5 ***** tobegio
31-03-2005 Algùn dìa dije que tenìas talento, me gusta tu estilo, la magia que le das a tus trabajos, que provoca en el lector una proyecciòn hacia tu mundo creado. cotto
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