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Inicio / Cuenteros Locales / La_columna / EDUCAR (de la Columna de los Lunes de carloel22) por Graju

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Desde que el homínido alcanzó la categoría de hombre, la función de educar se hizo inherente a éste.
También otros animales educan en prole, quizás nos atraigan la atención los más evolucionados dentro del reino animal por sus concordancias con nosotros.
Los chimpancés se esmeran enseñando a sus hijos diversos tipos de códigos de comportamiento para con el resto del grupo familiar. Actitudes de sumisión ante los padres o ante el líder de la manada, desparasitación, abrazos, juegos incruentos, defensa y ataque, búsqueda de alimentos, etc.
El hombre educa al hombre, pero también la observación de la naturaleza educa; desde tiempos en los que el ser humano dependía de la caza básicamente, emulando su sagacidad, su fiereza, su destreza para camuflarse, su paciencia, etc., hasta hoy, que enviamos a nuestros hijos a colegios y universidades y lo que en nuestras casas, con mayor o menor fortuna y tiempo, les podamos transmitir.
La educación fuera del hogar es básicamente competitiva. Se prepara a los hijos para que puedan competir en conocimientos con otros y conseguir de este modo medrar en la sociedad, asegurarse un fututo laboral y económico que les permita cierto desahogo, cuando no escalar a las capas sociales más elevadas, no siempre mediando un comportamiento ético y moral.
A la pregunta de cuál sería la materia prima más preciada del planeta, muchos responderán que el petróleo, otros dirían que el oro o los diamantes, el uranio.
¿Quién piensa que es el propio hombre esa materia prima? Pienso que pocos, a decir por la inversión que gobiernos y multinacionales dedican.
Los hombres poseemos la materia gris y la conciencia, con ellas se puede crear, nada menos, y la creación no tiene límites como potencia de desarrollo.
Considerando esto último, podría realizarse un profundo cambio respecto a la EDUCACIÓN.
Los hombres encargados de proporcionarla, maestros, profesores, catedráticos y doctores, con evaluaciones periódicas, procederían de una selección muy esmerada, tanto por sus conocimientos como por su ética y pedagogía. Serían los nuevos líderes de una sociedad que enfatizase más en el ser humano que en las cosas que pueda poseer, por lo que su reconocimiento social y económico estaría a la altura de esas circunstancias.
Sería un hecho la clasificación del alumnado en las distintas aulas tras previa evaluación de las características personales.
Así, se formarían aulas con seres semejantes en inteligencia, docilidad y ética personal como hecho preferencial, dejando que la edad quedase en segundo término.
Lo que conllevaría que los educadores fuesen especialistas para cada grupo evolutivo y de ese modo se reduciría en gran medida el complejo de inferioridad que se genera en los menos dotados de inteligencia, causa de intentos de superación frustrados y desaprovechamiento de mentes muy capaces en áreas que no son las típicamente intelectuales o memorísticas.
Materias como el conocimiento del psiquismo de las distintas sexualidades, la crianza de los hijos, el conocimiento de sí mismo, la conquista de la paz interna como meta fundamental humana, la estrecha relación del hombre con la naturaleza, la solidaridad de hecho, y otras que surgirían, serían decisivas.
La educación en los hogares podría tener menos tinte posesivo sobre los hijos, a la vez que se les enriquecería compartiéndolos con otros familiares y amigos (“En un mundo feliz”, de Aldous Huxley).
En el tiempo y medida apropiados a cada caso, darían ocasión a una educación familiar con más variedad de conceptos y creencias, lo que abundaría en un menor individualismo y haría de los hijos seres con mayor proyección universalista.
Lo expuesto es un esbozo a vuelapluma, sin duda perfectible y aumentable en conceptos más amplios y renovadores, dentro de la educación de quienes, en no demasiado tiempo, modelarán el nuevo entorno social para hacer de este planeta un hogar más feliz.
Es un esbozo, un deseo, una utopía.


Juan Antonio Torrijo Latorre
Valencia, 28 de marzo de 2005.

Texto agregado el 28-03-2005, y leído por 334 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
29-03-2005 Un tema muy complicado, pero que mucho, ahora se aboga por todo lo contrario a lo que tú aportas, y habría que verlo para saber si tendría éxito, integración con daños colaterales a personas con capacidad o todo lo contrario, tu teoría se aparta de lo "politicamente correcto" pero da en la diana. barrasus
29-03-2005 Curioso que llamemos utopía a lo que debieran ser objetivos. Excelente escrito, nada que ver con la LOGSE Nomecreona
28-03-2005 Otra columna perfecta, con todo lo que es posible hacer y no se hace. Como bien expresa Máximo el maestro es el interior pero a veces nos olvidamos de ello. Un fuerte abrazo y mis estrellas Juan. carloel22
28-03-2005 Amigo, le andan borrando comentarios a su excelente columna, iba a comentarla por la mañana y tenía siete comentarios, ahora tiene solo cinco y uno repetido, o sea solo cuatro. Fíjese que existe por allí alguna manito de color carbón o censura del ministerio de educación, lo que se le han olvidado de borrar son los votos, se olvidaron de borrar dos, allí le dejo cinco estrellas mas pues se la merece. Un abrazo cristobal
28-03-2005 La profundidad expresiva de este ensayo, donde plasmas a la perfección lo inherente a ese peldaño en el crecimiento del hombre que es la educación, da pie para recalcar lo importante del educador, en la faceta que fuese. Concurro con otros que me han precedido en el comentario, que no es una utopía, ya que, como recalca Islero, el primer educador está dentro de uno mismo. Buen pensamiento Juan. Extraordinario. rodrigo
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