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La policía de Tonalá no es muy diferente de las policías del resto del país. Quizá en número sí, pero esto no es sino un factor de forma, no de fondo. Todos sabemos qué significa el fondo del cuerpo policiaco nacional. Cualquier institución judicial que se nombre sería incapaz, en estos momentos, de demostrar que todos sus elementos, sin excepción aún del más insignificante de ellos, son íntegramente honestos. En Tonalá hace algunos años podían presumir acaso de un comportamiento mediano en cuanto a esta cuestión. Pero eso fue en tiempos de Marcelo Arenas, el hombre mosca. Le decían así porque "ah, cómo cagaba el plato". Expresión popular, entiéndase por ello. Con el otrora ejemplar desempeño de una administración pública que quiere quedar como la mejor del estado. Quizás lo fue. Quién sabe. Pero todo tiene un precio. Y el del manejo del gobierno de Arenas se tradujo en el disgusto de algunos hombres. Los hombres verdes, los del billullu, aquellos que no quieren aceptar que la democratización de las instituciones necesita de su colaboración, no de su grilla. Antonio Orduña era uno de ellos. Comandante de la policía estatal, estuvo durante años como encargado de la dependencia en Guadalajara, para luego ocupar la misma oficina en Tonalá. Y el hueso es mordelón, dicen por ahí. A tal grado que quiso asegurar su continuidad chantajeando a algunos de sus otrora compinches hombres verdes. Pero Orduña era como los toros que se lanzan al matadero, enérgico y lleno del impulso brutal del momento, mas no de la sangre fría calculadora. En cierta ocasión tuve oportunidad de hablar con él. Reflejaba la imagen de un hombre de principios que ha conducido su vida con inteligencia, pero en realidad era cuestión de tiempo y de tenderle algunas trampillas retóricas para hacerlo vacilar. No era constante, ciertamente. Y para algunos negocios se necesita constancia. Él no la tuvo, y por eso fue eliminado en agosto del año pasado. Su inconstancia era inadmisible para los verdes. Hay que reconocerle, sin embargo, que fue él el principal auspiciante de los negocios "grandes" a su retorno a Tonalá. Para mandar sí tenía don. Aprovechándolo al cien por ciento, echó a Marcelo Arenas de los círculos financieros municipales para atraerse el apoyo de la nueva camada. Jaime Alcántar y Pablo Mejía, que habrían de desempeñar el papel de alcalde y síndico municipales en el ayuntamiento entrante, eran parte de esa nueva camada. Pero no eran todos. Los negociadores entraron al terreno al mismo tiempo y es aquí cuando ingresa Juan Pulido, nuestro hombre- no héroe, que en un pueblo rascuache como éste seguramente no los hay- a la historia. A Juan lo conocí hace once años, y las circunstancias del encuentro me las reservo. Solamente diré que en once años Juan no había cambiado ni una sola arruga, ni una sola frase, ni una sola postura. Me pareció siempre estar tratando con un muñeco que hablaba en instantes como por arte de magia. Pero el día que habló y me contó todo acerca de lo que yo estoy contando, me reproché y dí gracias a que el tiempo que se pasaba callado lo aprovechaba preparándose para decir cosas importantes.

Texto agregado el 29-03-2005, y leído por 70 visitantes. (0 votos)


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