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“Hay pequeñas luces en el mundo,
son más livianas que el aire y más fuertes que el miedo.
En contraparte existen otras luces,
que solo apagan y opacan a las primeras,
son luces negras, de funeral, de incienso.
Uno debe elegir cual quiere ser y a quien quiere
iluminar”

Y en la carretera sólo había oscuridad hasta que ella se sentó a mi lado.
Observamos al viejo mundo enmudecer a 120 Km. por hora.
Pensamos en la civilización muerta cuando vimos aquel gato muerto en la ruta.
Dejamos de ser parte de la sociedad cuando nos detuvimos en un claro.
De corazón sentimos que era el mejor lugar para nosotros, quiero decir, éramos gente especial, muuuuy especiales, amantes de la naturaleza, el hombre en su estado más puro.
Éramos tan especiales.

El primer día fue todo bien, amábamos a todos los árboles y ella les puso nombres,
era algo así como:
- “Ese se llama Pablo... y aquel es Luca....y el mas grande, ese que parece un pija, ese se va a llamar Nerón”
En realidad no encontré la conexión entre Neron y un árbol con forma de pija, aunque no me importo mucho.
Yo solo le di nombre a uno, aunque no lo recuerdo.
No era un árbol muy especial aquel árbol, solo parecíaun árbol y nada más que un árbol.
Pero a la noche, después de cojer, los mosquitos se volvieron criminales y me dieron ganas de mear pero no había baño.
El segundo día olíamos mal, al tercer día odiábamos aquel claro.
En la cuarta noche subimos al auto y nos marchamos.
Nunca mas supe ni de Pablo o Luca o Neron el árbol con forma de pija.

Encontramos un hotel de carretera, era barato y sucio.
El tipo que nos atendió parecía cargar con todas las pestes del mundo y estaba pálido y flaco. Era solo un hombre feo como la mayoría de los hombres y yo tampoco soy una maravilla, arreglamos un precio bastante aceptable y nos dio la llave.
Nos quedamos con el cuarto 23 y el numero no me dijo nada de nada, de todas formas no soy de jugar y ahora tenia cosas mas urgentes, como esa mujer tirada en la cama, semi desnuda y semi vivida.
Nos besamos y entramos a la ducha, fue una bendición.
sentí su cuerpo contra el mío, el agua caliente, el aroma del jabón,
¡Dios mío la civilización al fin!, ¡Chau mierda naturalista!
Hicimos el amor toda la noche en una cama de verdad, sobre sabanas medianamente limpias.
Y ella gimió y yo también, y estábamos transpirados y la habitación olía a sexo y terminamos de nuevo en la ducha, con el vapor y la fricción de las pieles.

En la mañana llamamos para pedir servicio de habitación.
No era mucho el dinero que teníamos pero era una buena manera de gastarlo.
Sin embargo nadie contesto, solo “Tut, Tut, Tut” y ruido blanco de fondo.
Ella aun estaba en la cama, medio despierta, media dormida, y respiraba como solo lo hacen las mujeres hermosas, despacio, despacio, sin ronquidos ni nada, me sentí un tipo con suerte.
Me vestí y salí de la habitación, iría yo mismo por el desayuno, después de todo estaba solo a unos 10 metros de la cocina del hotel. Entre y me plante en el mostrador, nadie apareció, aplaudí y silbe.
Nada.
“Mierda” – pensé - “donde carajo esta ese boludo apestado, son las 12:35, quiero creer que no esta durmiendo”
Camine de un lado a otro del comedor, moví algunas sillas, sacudí mis zapatos con fuerza contra el piso de madera, patee un mesa y tire un florero contra una pared que estallo y desprendió un fuerte olor a flores muertas. Nada paso, nadie salio.
Me acerque al mostrador nuevamente, había una pequeña puerta de esas tipo película de cowboy, la moví y chillo mal, me dolieron los dientes.
Abrí la puertecita y entre, luego camine hacia la parte interna de la cocina, no olía demasiado bien, parece que alguien se había olvidado de meter la comida en la heladera.
La mesada estaba llena de cacharros sucios y las moscas volavan de un lado a otro, cogiendo y zumbando, casi como yo, aunque no vuelo aun.
Detrás de las sartenes y coladores colgados algo se balanceaba, no mucho, pero si lo suficiente como para que me sobresaltara, grite en susurros:
- “¡Hola! ¡Hola! ¡Hay alguien la puta madre! ¡Hola! ¡Hola!”
No hubo respuesta, ni siquiera salio un mísero gato, solo el silencio, las moscas, yo y lo que fuera que se balanceaba.
Me canse de todo el rollo, me harte. Asustado, ¡Si!, pero ya esta, estaba hasta las bolas de tanto misterio barato, di la vuelta de aquel mostrador decidido a enfrentarme a lo que carajo fuera que balanceaba, esquive una olla que de todas maneras escupió los restos de Dios sabrá que comida y me golpee el pie con una escoba, insulte de forma creativa y ya no me importaba un carajo, sea lo que sea que había lo iba a golpear hasta dejarlo mas estupido de lo que era, lo iba a agarrar y...
...¡Mierda!...
Me quede congelado, me obligue a retroceder unos metros, me di tiempo a que la imagen tomara sentido en mi cerebro y respire, jadee, cerré los ojos y los abrí, me maree y vomite como un poseso.

Estaba ahí, finalmente lo había encontrado aunque ya nada podría hacer con el, me tendría que meter mis quejas en el culo, en fin, de todas maneras todo lo que me estaba alterando hacia solo unos minutos se había ido junto con aquel vomito mal oliente.
(mas para las moscas pensé)
El dueño de aquel hotelucho (que era el mismo que nos dio la habitación y que seguramente también haría de cocinero) se había colgado, la lengua le caía hacia un costado, el cuerpo flácido y los ojos desorbitados.
Es poco lo que se de primeros auxilios, lo único que se me ocurrió fue tomarle el pulso.
Estaba helado, era una perdida de tiempo y no, no tenia pulso, estaba bien muerto.
¡Mierda! pensé de nuevo, que situación más particular, quiero decir, ayer me dio las llaves de la habitación y hoy es nada más que un cuerpo balanceándose en una cocina llena de moscas.
Es innegable que ese viaje a la cocina fue algo original, no era mucho pero al menos era consolador.
Mire a un costado y vi una bolsa de papel, tenia facturas, probé una y estaba bastante bien.
Después volví con el muerto y le saque la cartera, tenia 30 pesos y algunas monedas.
Deje las monedas y tire la billetera a un balde con agua, el muerto siguió con su inquietante balanceo, yo estaba ocupado, agarre la bolsa con facturas y al salir del mostrador vacié la caja registradora.

Al llegar a la habitación ella ya estaba vestida y mirando la tele, le di las facturas y me beso el cachete derecho, desayunamos tranquilos, miramos los dibujos animados y tomamos unas cervezas que habíamos traído la noche anterior.
A las tres de la tarde le dije que debíamos seguir viaje, ella junto todo en un bolso y salimos hacia el garaje, el coche estaba tan feo como había sido siempre, ella subió, yo también, puse marcha atrás y nos reencontramos con la ruta y la expectativa de “¿hacia donde vamos ahora?”
No lo sabíamos y como el auto quedo mirando hacia el sur hacia allá fuimos, a mitad de camino me pregunto si le había pagado al idiota aquel del hotel.
Le conté toda la historia, incluso lo del incremento en nuestras reservas monetarias, sonrió, me abrazo y prendió un cigarrillo. Prendí la radio y estaba sonando Clapton con su “Cocaine”, decidí que vivir mi vida no estaba tan mal.

Paso un mes y pico, finalmente el dinero se acabo y con el, los hoteles y la nafta.
Dejamos el coche al costado de la ruta y caminamos hasta una estación de servicio.
Con las últimas monedas tomamos un café y fumamos un cigarrillo que encontré en la puerta de entrada.
Ella dijo: “Voy al baño” yo me quede con el cigarrillo y la espere.
Me dormí sentado en la silla, cuando desperté tenia babeada la manga de la camisa y ella aun no había vuelto.
Le pregunte a la camarera si la había visto, me dijo que si, que estaba haciendo dedo en la ruta y se fue con el viejo Orlando que justo pasaba por allí, de eso hacia mas o menos media hora.
- “El viejo Orlando, puede creerlo usted, ese viejo no se como aun sigue vivo y todavía con ganas de meter su viborita arrugada en algún lado, pero mire usted...”
No me moleste en preguntar quien carajo era el viejo Orlando, sabia que ella tenía un buen culo y ningún hombre por más viejo que sea deja de notar esas cosas.
detrás mío, en la barra, todos los camioneros y paisanos se cagaron de risa.
Supongo que de no ser yo el que se encontraba en esa situación también lo habría encontrado gracioso.

Dormí en la ruta no se cuanto tiempo, agradecí cuando llovió, quiero decir olía a rata muerta atascada en la tubería, olía a pobre, olía a perdedor y lo era, desde cualquier punto de vista posible.
Pedí trabajo en muchos lugares, en campos y estaciones de servicio, nadie me aceptaba y en todas las estancias me largaban los perros o me disparaban, la hospitalidad del campo me resultaba un tanto jodida para mi salud.
No se cual de todos aquellos días empecé a sentirme débil, me caí al costado de la banquina y ya no me pude parar, estaba flaco y anímico, vi los camiones avanzar en posición horizontal por la ruta y las gotas de lluvia se metían en mi nariz, creo que me dormí o me desmaye cuando un escarabajo repto por mi parpado derecho.

Seguí con mi lamento y mi mugre, comí pasto y vomite nada, grite solo y grite más solo aun y una noche intente nuevamente lo de las estancias.
Me prepare para correr al primer indicio de perros o disparos y continué adentrándome allí, solo veía una luz débil, lejos, lejos.
Comencé a temblar, presentía los perros y los disparos y las risas de todos los paisanos hijos de puta, pero no pasaba nada, ahora ya veía una especie de porche y la luz provenía de un farol en la puerta.
Y llegue a la entrada, leí un cartel al costado de la puerta, decía “La inocente”, no sabia que hacer. ¿Y si golpeaba y salía un tipo con escopeta e ignorancia y me volaba la cabeza? ¿habría perros esperando detrás de la puerta? ¡Dios mío dame una señal!
¿Y si todo esto era una alucinación?
Era en vano, era lo mismo, los perros o los paisanos con armas, tenia hambre, estaba sucio y casi muerto. No tenia que perder ni que ganar y Dios no me dio ninguna señal nunca de todas formas.
Golpee la puerta, una vez, dos veces, pensé en irme, de hecho me di vuelta y empecé a caminar, pero me volví una vez más ¡Dios porque a mí! y la puerta se abrió y me dije:
“¡¡Oh mierda me va a matar!!” y corrí, corrí, corrí.
El mundo atrás, el miedo por delante, rápido, agitado, asustado.
Estaba escapando, si, escapando, ¿de que? no se, pero escapaba.
Unos metros después tropecé y no supe más.

A la mañana me encontraba en una cama, la cabeza me dolía como la peor resaca del mundo o todas las resacas de mi reserva privada juntas. Alrededor mío había caballos y todo olía a bosta, me toque la frente y descubrí que estaba vendado, comencé a hilvanar los hechos, buscaba encontrar un sentido y también, porque no, olvidarme del miedo que me daba no saber que mierda pasaba.
- “Hola amigo”
¿Quien carajo era?, mire hacia mi derecha y me dio una puntada en la cabeza que casi me deja en knockout, me quede quieto y espere que ese (fuera un tipo o fuera la muerte) apareciera en mi campo visual.
- “He chamigo, como esta usted, ¡Pero que golpazo se dio che! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!”
Era un viejo, tenia boina blanca y bigotes.
- “Donde estoy jefe y que mierda me paso en la cabeza”
- “¿Pero no te acordas che?, te caíste y te diste esa cabezota contra un palenque, agradece que te vendamos y bueno, que tenes la cabeza esa mas dura que la mierda”
No lo dude, yo era un estupido en estado normal, como me encontraba todo era posible, este pensamiento me llevo al siguiente punto.
- “Tengo hambre jefe, por favor déme cualquier cosa, yo le prometo que se lo pago con trabajo”
- “Pero no hay problema che, ahora te traigo algo y depuse hablamos de como me lo pagas”
Se alejo, tenia puestas bombachas de campo y alpargatas, era viejo pero tenia ojos de comadreja, de todas formas podría haber andado en bolas, yo lo único que quería era comer y tomar algo, después todo lo demás, mucho después.

Para la tarde ya estaba mejor y el viejo volvió.
Se llamaba Cirilo Lopez, había vivido toda su vida en el campo y pensaba morir allí, no tenía hijos y su única compañía era su mucama, su mujer había muerto hacia tres años atrás y ya no le interesaba mezclarse con ninguna más
- “Todas quieren lo mismo, plata y plata, yo me rompí el culo en esta campo al igual que mis padres que están enterrados justamente detrás de este establo, si señor, y no se lo pienso dejar a ninguna puta oportunista, no señor”
Todo esto me lo contaba mientras yo devoraba un puchero grasoso con un vaso de vino, sin embargo había algo que no me serraba en este viejo, ósea lo miraba y parecía el típico viejo de campo, bueno, hospitalario, pero si profundizaba me encontraba con esos ojos de viscacha terrorista, como una especie de veneno implícito, de censura del alma.
Deje de pensar en eso, el se fue y yo me dormí una siesta.
Al caer la noche volvió y finalmente arreglamos la forma de pagar aquel favor.
- “Te voy a dar a laburo pibe, tenes que cortar toda la leña que esta amontonada allá, ¿vez?”
- “No ahí problema jefe”
- “Y no te preocupes por la plata, te voy a pagar bien si laburas bien”
- “Listo”
Pero si lo había, ese viejo no me cerraba, sin embargo yo necesitaba plata y de todas formas el me había ayudado, al otro día me despertó a las cinco de la madrugada y me entrego un hacha, lo odie a el, al hacha y a la leña amontonada. Mierda de horarios de campo torturadores e insensibles, ¡Mierda! a todos los putos gallos en el gallinero.
Camine estupido y dormido hasta la pila de leña, comencé con eso y resulto bastante liberador las primeras dos horas, luego era solo otra tarea repetitiva a la que daba lugar a que mi mente incordiosa empezara a joder, a preguntarme cosas que no tenían respuestas, cosas que no quería cuestionar, detalles intrínsicos de días pasados.
Cinco horas estuve hachando leña. cinco horas perdidas en un acto primitivo, cinco horas y mis brazos estaban gritando “¡BASTA!”. Del viejo, ni noticias.
“Mierda” dije y me senté, observe la pila, era intimidadora pero cuando volví mi cabeza caí en la cuenta de que era insignificante al lado de lo que quedaba, el favor de la ayuda estaba ya por demás pago, mas vale que me pagara bien, me sentía como un pedazo de mierda, me sentía harto de las reglas de la sociedad, harto, harto, ¡Harto de todo!
El trabajo dignifica, dijo algún hijo de mil puta que seguramente nunca trabajo de una mierda, el trabajo te consume, diría yo, el hombre no esta hecho para trabajar, para repetir todos los días el mismo horario, la misma rutina, el mismo cansancio, no, para nada, el hombre esta echo para vagabundear, aprender, reconocerse y tal vez algún día lleno de conocimientos y buenas historias, golpeado por la vida y en pie aun, establecerse en algún lado, con una buena mujer, un buen gato y ventanas que dan al patio, pero trabajar, no.
Mi viejo trabajo toda su vida, desde los ocho años, era monagillo, se mudo de ciudad por un trabajo mejor, amo a su mujer y se rompió el alma por construir su casa con sus manos y cuando logro todo, cuando finalmente algún gerente del banco central decidió que ya lo habían exprimido lo suficiente, lo jubilaron. Y la vida, que cuando quiere tiene un humor de los mas cínico, ¿que le dio?, seguramente cualquiera diría, “Pero claro, con la casa, la mujer y ahora una jubilación bien paga ¡a descansar viejo!”
Pero no, lo que le dio fue un infarto cerebral que lo dejo con el cerebro agujereado y camina despacio y sabe que al final, lo mejor de su vida fueron todos esos años trabajando, todos esos años de prestado, todos esos días repetidos y lánguidos.
La vida es algo peculiar, nunca piensa en lo que necesitamos, solo nos da lo que tiene a mano.
En fin, trabajar es una mierda y la sociedad ha elevado el trabajo casi a una divinidad obligatoria, supongo que de no ser así, nadie lo haría.
Y la guita, es guita, en realidad la gente no necesita tanta para vivir, pero claro, nos bombardean desde la tele y en la calle, nos dicen todo el tiempo todo lo que necesitamos para ser felices, que no se que mierda de aparato para adelgazar, que no se que carajo de esa licuadora súper fácil de manejar, que cual de todas las putas toallitas son mas femeninas, mentiras y guita y mas mentiras.
Y la gente se lo traga, el mundo se asfixia en tanta mierda innecesaria y la gente lo ignora, y un día te cagas muriendo y te das cuenta que todo lo que hiciste fue generar mas guita para alguien que esta mas arriba y vos... bueno, vos ni siquiera fuiste a Cancún.
La sociedad es nada más que eso, una jaula de mentiras y engaños, un placebo de seguriada falsa y una coraza de negaciones para un mundo blindado.
En fin, el hacha, yo, ocho horas estuve, me tire al pasto y me quede allí, hasta que vino el viejo.
Primero miro a un lado y observo toda la montaña de leña que quedaba por cortar, después miro la que yo ya había cortado y finalmente me miro a mí, tirado en el suelo y transpirado por demás. Dijo:
- “Muy bien che, pero que muy, muy bien, ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!”
- “Gracias jefe, le quisiera pedir algo mas si no es mucha molestia”
- “Pero si desime, decime”
- “Necesitaría darme un baño, vio, estoy echo una mugre y honestamente, ni yo me soporto”
- “Pero si che, porque no lo dijiste antes, mira subí allá, donde esta el molino y tírate en el estanque, también vas a encontrar una caja de cartón, abrila que adentro ahí una pastilla de jabón”
- “Gracias jefe, si no le molesta entonces me voy para allá”
Me saludo y se fue adentro, yo por mi parte me metí en el estanque, estaba helado y la pastilla de jabón me raspaba mal, que se le va a hacer, peor era la mugre y la ruta y el hambre.
Cuando termine eran las 10 de la noche, casi no llego al establo del sueño que tenia, lo logre, una ves mas logre algo, con esto en mente me dormí y no soñé con nada en absoluto.

Era el tercer día que yo estaba en la estancia aunque no pude acostumbrarme para nada a los horarios del campo, seguía odiando todo al levantarme pero se me pasaba mas rápido, la comida había mejorado, no mucho pero si un poco y el vino siguió siendo ácido de baterías. Pero me sentía mejor, sentía como mi cuerpo se iba recuperando, sentía la fuerza volver en mis brazos, sentía que de nuevo era un ser humano.
El viejo se aparecía todos los días más o menos a las tres horas después de que yo hubiera comenzado el trabajo, traía una botella de vino y se sentaba en una silla destartalada al costado del establo. De tanto en tanto me convidaba un trago del pico o me pasaba un tronco, pero sobre todas las cosas hablaba, y todos los días mientras cortaba leña y lo escuchaba terminaba cayendo en el mismo tema.
Como se cojia a la mucama.
Era sorprendente escucharlo, el tipo tendría unos 60 y pico de años, pero según lo que decía, la pija le funcionaba tan bien como a un pibe de 20 años y siempre hacia algo distinto con la mucama, sentí que si yo llegaba a los 50 con tantas ganas de cojer y buscarle la vuelta al rollo seria un viejo muy afortunado, pero en realidad lo dudaba mucho.
En fin, yo seguía reventándome con el hacha y la leña y el viejo con sus historias. Decía cosas como:
- “Le hice chuparme la pija, pero ella es bien puta, le encanta, le encanta y después, después le metí un dedo en el culo, y también le encanta, le encataaa...”
Y se excitaba mientras lo contaba, yo evitaba mirarlo a la cara, presentía que comenzaría a reírme y no podría parar.
A la noche del quinto día, comencé a pensar mucho en la mucama, no en el viejo, en la mucama, la imaginaba con las piernas abiertas, agachada con su uniforme y sin ropa interior, veía sus labios de frutilla, sus ojos de gato y continuaba con la parte en que yo entraba y ella tendría que obedecerme, quiero decir, en mi mente yo era el dueño, no el viejo, y ella se revolcaba con migo, era Mi mucama y era hermosa y me deseaba.
Me dormí instantáneamente pero no hubo caso, termine soñando con vacas que me sacaban la lengua.
Mierda de subconsciente desobediente y altanero.

Sin embargo al otro día seguía con todo esto de la mucama en mente, necesitaba aunque sea verla, suponía que si tenía una imagen de ella aunque sea podría soñarla o minimamente hacerme una paja. Espere a que el viejo se valla después de despertarme y deje el hacha junto a la pila de leña, bordee toda la estancia hasta llegar a la ventana lateral, pero mierda de suerte estaba oculta detrás de las persianas, continué hasta llegar a la otra la que daba al norte de la estancia, de repente un dolor terrible me ataco desde el pie hasta los sesos, en el afán de no gritar me mordí con fuerza el brazo y despacio salí del sector en el cual algo me ataco, por dentro me escuchaba decir cosas como:
¡PERO LA RECONTRAREPUTISIMAMADRE QUE LO RECONTRAREPARIO!
etc, etc, etc.
Intente ver que era lo que me había pasado, pero eran las 5:30 de la madrugada y la luz crepuscular no me permitía ver un carajo, ¡Al carajo con todos lo poetas que tanto lloran por la puta luz crepuscular! ahí estaba yo, con un dolor sordo que latía en mi pie, arrinconado contra la pared de una estancia e intentando verle las tetas o el culo a una mucama que probablemente estaba echa mierda, vieja y desdentada.
Era una ruina, era menos que cualquier hombre, era un idiota con delirios de artista.
Una luz, a la mierda con el dolor, ella estaba allí, ahora la iba a ver, al carajo con todo lo demás, necesitaba verla, necesitaba que mi fantasía entrara en este mundo real.
Levante despacio la cabeza por el borde de la ventana, despacio, respirando a gatas, estaba de espaldas, era bastante petisa pero no era gorda y si, tenia su uniforme puesto.
Levante aun mas la cabeza, ella seguía de espaldas pero las piernas eran (¿flacas?) raras, aunque por lo menos no eran viejas.
Ahora estaba rezando, un milagrito nada mas que se de vuelta, quiero verle la cara, por favor Dios, ¡Por favor!
Comenzó a girarse, despacio, tenia no se que en las manos (¿Ropa?) y se estaba girando, pero había algo en mi espalda, otra ves el dolor, como millones de cuchillos clavándose, era mucho pero quería ver su cara, no pude, era demasiado, me tire al suelo, me revolqué, el dolor era mas y mas fuerte, subía por mi espalda, me estaba agarrando el pecho, ¡Que mierda era eso! me fui, despacio, en cuatro patas con el dolor en todo el cuerpo, sin gritar, con lo que sea montado en mi espalda y sin su rostro.
Cuando me encontré fuera del alcance de la estancia me incorpore y corrí hacia la pila de leña, allí, me saque la remera para encontrar la causa de ese dolor hijadeputamente inoportuno, eran millones, estaban enfurecidas, eran hormigas negras y subían desde mis zapatos, yo era el gigante idiota que seguramente había acabado con su hormiguero, yo era descomunal y ellas daban su vida por quitarme la mía.
Estaban llegando a mi rostro, era demasiado corrí al grito de - - “¡MIEEEEEEEEEEEEEEEEEEERDAAAAAAAAAAAAAA!” y me zambullí en el estanque del molino.
Me quede hasta que el dolor se volvió algo estable, me sentí triste hasta el infinito, no vi la cara de la mucama y destroce un hogar de hormigas “Inútil” dijo mi mente y tenia razón.
Al rato estaba cortando leña con toda la ropa mojada y el cuerpo lleno de ronchas.
El viejo vino como siempre con su botella y comenzó con el relato de la orgía del día de la fecha, esa vez no lo escuche, le pedí que me dejara ir a dormir que no me sentía bien.
El me miro extrañado pero me dijo que valla que no había problema.
dormí todo el puto día y soñé con viejas que lloraban en un funeral, yo era una especie de acecino en masa pero solo de hormigas.

Era el séptimo día, quería cobrar he irme a la mierda, ya estaba harto de la leña y la mugre del establo, no soportaba un día mas de historias del viejo, a la mierda con todo eso y la mierda con la cara de la mucama.
Vino el viejo y vino la botella que esta ves llego repetidas veces a mi boca, lo escuche todo, cada detalle mientras mi espalda se desvivía, lo escuche hasta que termine con la puta pila de leña y después me sente a su lado y lo seguí escuchando.
- “...no sabes como le gusta que le chupe las tetas, ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!”
- “¡Y la cara que pone! y grita, si señor, grita como una, como una ¡Gran puta! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!”
- “...pero por algo le pago ¿no? ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!”
Cuando la botella de vino murió y yo tenia los sesos podridos de escucharlo le pregunte algo que tenia en la cabeza desde la noche de las hormigas acecinas, en realidad fue solo un comentario al margen pero no esperaba la respuesta.
- “Cuantos años tiene esta chica jefe”
y me dijo:
- “Pues... mhmmm... haber... mhmmm, mas o menos me parece que debe tener unos 15 años, o 14, la verdad no me acuerdo bien che, pero mas o menos viste...”
No dije mas, me aleje en silencio y junte mis cosas, al otro día le pedí que me pagar la semana de trabajo, que me tenía que ir.
- “Bueno, bueno guri, no hay problema che, aguardame acá que voy hasta el pueblo a buscar efectivo”
Me senté en un tronco y espere, a la media hora vi las luces de la camioneta en la ruta y detrás las luces de un patrullero, ese viejo hijo de puta y degenerado me quería hacer meter en cana.
Salte el alambra para huir por la parte de atrás de la estancia, cuando de repente se abrió la puerta que daba al patio.
- “¡HE! ¡HE! ¡ADONDE VA USTED! ¡PARATE AAHÍCARAJO! ¡PARATE O TE CAGO DE UN TIRO! ¡PARATE TE DIGO HIJO DE PUTAAAAAA!
La vi, finalmente ese era el rostro de la mucama y también era el rostro de una niña, no tendría mas de 12 años, no tenia nada que ver con ninguna fantasía mía, era algo terrible pensar en todo lo que pensé, pensar en todo lo que el viejo le hacia a esa niña, pensar que yo lo escuche, inmutable, aburrido, viejo hijo de puta, basura de tres por cuatro y yo escuchándolo, tomando vino con el, pobre ella, pobre yo, pobre el mundo fuera de control y libido.
Era todo tan terrible y tan triste, tan, tan, tan triste.
Y nunca sentí nada peor que ella mirándome.
Tenía una escopeta recortada y me apuntaba decidida.
Tenia todo el derecho del mundo de matarme y matar al mundo, tenia sobradas razones para odiar y matar, yo no valía y ni una sospecha, ni una duda, me tendría que haber disparado, pero en cambio me dio tiempo de pensar, entro en control el instinto de supervivencia, yo lo conozco, es cobarde y tiene un millón de mañas y esa parte de mi decía que no debía dejar que ella me matara o que el viejo me agarrara, seguir era la respuesta, siempre seguir, siempre hacia ningún lado, siempre con la estupidez a cuesta y la suerte en fuga, seguir, seguir, seguir y seguir.
Me frene en seco, una escopeta es una escopeta, y la pendeja parecía saber manejarla, era una situación extraña, sentía lastima por ella, violada, usada, ignorante, aislada y al mismo tiempo le temía.
Intente hablar, llegar a un entendimiento muto le dije:
- “Mira calmate, calmate, baja la escopeta y calmate”
- “¡QUÉDESE QUIETO LE DIGO! ¡QUÉDESE QUIETO O DISPARO!”
- “Yo soy el que corto la leña toda la semana, el que dormía en el establo, no te asustes”
- “¡¡QUE SE QUEDE QUIETO HIJO DE PUTA HIJO DE PUTA HIJO DE PUTAAAA!!”
La policía ya avanzaba por la entrada de tierra de la estancia, no quedaba tiempo. Empecé a gritar pero sin dejar de mirarla a los ojos.
- “¡MIRA NECESITO SALIR RÁPIDO DE ACÁ PORQUE EL VIEJO HIJO DE PUTA DE TU PATRÓN ME QUIERE METER EN CANA PARA NO PAGARME! ¡ENTENDES! ¡¡ENTENDES!!
¡VOS SABES QUE ES UNA MIERDA, YA ME CONTÓ COMO TE COGE Y TE TOCA! ¡VENI CONMIGO! ¡YO TE PUEDO LLEVAR A EL PUEBLO, HABLAR CON ALGÚN JUEZ, NO SE ALGO! ¡¡PERO AHORA, NO HAY TIEMPO!!”
Ahora temblaba y movía el arma de un lado a otro, pensé que no había sido una buena idea decirle nada, sentí de corazón que me iba a cagar de un tiro.
- “¡¡¡¡¡¡QUE SE QUEDE QUIETO O DISPAROQUESEQUEDEQUITOODISPAROQUESEQUEDEQUIETOODISPARODIDIDIDSPARRRO!!!!!!”
Era al pedo, estaba en shock, no se si por el arma o la situación o lo que le dije, estaba histérica y yo nervioso. La policía había llegado, era ahora o nunca, me tire sobre el alambrado hacia los trigales y lo escuche, como de muy lejos, un solo disparo, sentí cien millones de abejas picándome el culo, sentí todas las patadas en el culo de mi viejo en una sola, sentí sabor a cobre en la boca.
Dolor infinito, dolor de pobre con perdigones en el culo, dolor de dolores históricos, dolor de color gris metalizado, dolor y al suelo, de jeta al piso, con los alambres de púa cortando mi salto glorioso a la semi libertad.
Finalmente la policía, detrás mío, hablando y ella gritando y el viejo, bueno, aun viejo e hijo de puta, yo estaba en el séptimo circulo de los infiernos de dolores en el culo, asombrosamente no había casi sangre, pero se me bajo la presión, comencé con eso de sudar frió, gire la cabeza y vomite, el policía espero a que yo terminara y puso sus zapatos horribles en el vomito, después lo poso delicadamente en mi cara.
No olía bien para nada pero por lo menos era mi vomito, a continuación me desmaye con los gritos de la pendeja diciendo.
- “¡¡HAY PATRÓN, PATRÓN ME DIO MIEDO Y DISPARE!! ¡¡PATRÓN NO ME MANDE PRESA POR FAVOR ES QUE TENIA TANTA CARA DE MALO Y DISPARE!! ¡¡HAY PATRÓN PATRÓN NO ME META PRESA POR FAVOR!! ¡¡NO ME META PRESA PATRÓN!! ¡¡NO PATRÓN!!...”

Desperté en un hospital, olía como todos los hospitales a muerte y reparaciones, una enfermera me dijo que no me moviera, que ya me habían sacado todos los perdigones del culo pero igual la piel había quedado sensible y se mantendría así por un par de semanas o más.
Le sonreí a y me corto el rostro, igual era fea, que se valla a la mierda ella y su ausencia de sonrisas, no las necesitaba, estaba vivo, con el culo lastimado pero vivo.
Le pedí un vaso de agua, se rió y se fue, no entendí cual era el chiste así que agarre un cuadrito entupido que había al costado de la cama y lo estampe contra el suelo. Se dio vuelta y me miro como para acecinarme, esta bien, era la idea, vino hasta mí y me hablo al oído, una especie de secreto que no me interesaba en absoluto.
- “Sos el hijoputa mas mierda que he conocido, ya me dijo el pobre viejo lo que le habías echo a la niña de la estancia, así que si me volves a pedir algo juro que te meto 20 termómetros en ese culo agujerado que tenes hijoputa de mierda, estamos en claro ¿he?”
No dije nada, pero supongo que mi mirada de imbecil sorprendido basto, aunque no era sorpresa de miedo, era sorpresa de, que carajo le pasa al puto mundo.
A la hora del almuerzo recibí nada, y en la merienda vino el vaso de agua, a la noche gelatina y a dormir. Era como en la ruta, solo y jodido, hambre y confusión. La enfermera volvió cada vez (ósea con el agua y la gelatina) a mi alrededor había varias camas pero estaban vacías, yo era el único al que tenían allí aunque por la actitud daría igual que no hubiera estado. Intente dormir, no podía, tenia hambre y me dolía el culo, llame a la enfermera hasta hartarme, la respuesta fue que me serraron la puerta. “Al carajo con esto” dije, y me levante como pude, dolía casi tanto como cuando disparo aquella niña, lo soporte, transpiraba y me mordía los labios, mierda, mierda, mierda, llegue al baño y mee, me habían dejado una chata pero no pensaba usarla, tal vez a los 80, tal vez no. Salí, volvió el dolor y el sudor, ahora sangre del labio, demasiada presión, vi la ventana, corrí las cortinas, hermosa noche, hermosa herida.
Volví junto a la cama, levante la mesita de luz, me acerque a la ventana y arroje la mesita de luz. Me detuve, mire hacia la puerta de entrada, un minutos, dos minutos, diez minutos, el aire puro entraba por la ventana herida, el aire del jodido mundo que se le había negado al perdedor estaba en esa ventana, el perdedor en el hospital con el aire débil de los enfermos y los sin hogar y los amantes de la muerte.
El aire sabia que no importaba nada, ni el hospital ni la muerte ni yo, yo sabia que necesitaba al aire, no al hospital, no a la muerte.
Volví a la cama, chupe el bol de la gelatina, asco de mierda transparente institucional, me vestí, dolió cada movimiento, mejor, mas despierto, mas vivo, los muertos no lloran porque ya no sangra el cuerpo.
La puerta cerrada, silencio, silencio aterrador de hospital clausurado, pasado de fracasos, no nacen niños hoy aunque tal vez un viejo muera, nunca se sabe, nunca se espera.
Quince minutos, nadie, nada, me fui.
Respire todo el camino hacia la ruta saboreándolo, comida del alma, comida de vida, chau a los muertos aun vivos, chau confusiones con olor a anestesia, chau a la enfermera que me odiaba por las razones equivocadas.
Me adentre en la ruta, me dolía, temía que se me desataran los puntos, pero no, solo era el dolor diciéndome “Estate quieto chico” pero no podía y el dolor lo sabia y por eso jodia, humor de entidades, jodas cósmicas de Dios, Ja, Ja, Ja, hablando con el culo jodido, Ja, Ja, Ja, solo en la noche con la ruta esperándome, Ja, Ja, Ja, pobre infeliz intentado escapar de los hospitales, de la policía, de las estancias, de la mala fortuna.
Y queriendo el cielo, deseando la paz, anhelando el amor, aunque siempre solo al final.
Y un cigarrillo que no es compañía, y una botella que lo intenta pero no llega, ninguna posibilidad de cambiar las reglas del juego. Solo un poco de aire para no escapar al otro patio.
Lamentos mudos.
Lagrimas anónimas evaporándose en la ruta.
Gritando solo una vez más.
Caí en la banquina como aquella vez, me daba asco mi misma persona, llorando y gritando, el dolor era una excusa. Era lastima, lastima de toda la inocencia muerta y violada, lastima de las buenas intenciones destrozadas sin nacer, lastima de mi mismo intentando vivir pero sin entenderlo, lastima todas ellas que me dejaron o me lastimaron, lastima yo que las herí con palabras bobas, lastima Jesús muriendo en la cruz por nosotros.
Me mordí un dedo, hasta que sangro, hasta que me pedí por favor que parara y volví a la ruta ignorándome por completo.
Llegue a un cruce, me tomo un minuto decidir que camino tomar, eso era fácil, sin direcciones, cualquiera era buena.
Hacia adelante, lo hice, durante no se cuanto tiempo y recibí al dolor, al sudor, al miedo, y a la euforia, que mas puede pedir un hombre que estar acompañado de amigos fieles.
(Fieles castigadores, santos jubilados, paro de angeles produce embotellamiento en Sarmiento y Esmeralda ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!)
Me adentre en un maizal, comí algunos, verdes, duros, pero ¡Que mierda! ¡en el hospital me iban a matar de hambre o con el culo lleno de supositorios!
Silbe una canción de mi infancia, no recuerdo el nombre (aunque creo que nunca lo supe) el maíz me ocultaba y me abrigaba, la tierra olía bien, no estaba tan mal, de echo me sentía bien por primera vez en semanas. Olvide el dolor y el hambre, algo surgirá o no, era superfluo a todo eso, era un hombre con esperanzas, pequeñas pero firmes y estaba en paz, no me debía nada ni le debía nada a Dios y el exilio había terminado.
Buscaría un hogar, por lo menos por un tiempo o para siempre.
Me acomode en la tierra, la misma que me había odiado y protegido durante varios años, la misma que me llevaría de este mundo algún día.
Dormí, con la cara hacia el cielo, iluminado por la luna, iluminado por algo mágico,
sentía que todos los días que vinieran serian días que valían la pena vivir.
Sentí que mi condena podía ser bendición.
Y ame la noche.
Y al ver una vez mas las estrellas me desbarranque hacia los recuerdos, mi padre estaba allí, todo los bueno en mi también, y recitaba aquel viejo verso con el que me entrego a este mundo bobo.

“Hay pequeñas luces en el mundo,
son más livianas que el aire y más fuertes que el miedo.
En contraparte existen otras luces,
que solo apagan y opacan a las primeras,
son luces negras, de funeral, de incienso.
Uno debe elegir cual quiere ser y a quien quiere
iluminar”

Era tiempo de elegir...













Texto agregado el 01-04-2005, y leído por 283 visitantes. (0 votos)


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