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Inicio / Cuenteros Locales / La_columna / El monstruo dormido y las ganas de convivir (de mi columna sabatina, por Moebiux)

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El otro día supe de un experimento que realizaron en una universidad inglesa hace ya más de veinte años. Se trataba de estudiar el comportamiento de un puñado de estudiantes a los que encerraron en el sótano de la universidad reproduciendo una cárcel. Todos eran estudiantes normales y corrientes, pero allí unos tenían asignado el papel de carceleros y otros de presos.

Pues bien, el experimento tuvieron que interrumpirlo al cabo de una semana. En ese breve lapso de tiempo, los estudiantes carceleros comenzaron a cometer brutalidades contra los “presos”, a humillarlos, a maltratarlos, al estilo de las imágenes que hemos visto de las cárceles yankies en Irak. Y los estudiantes presos, lejos de rebelarse, caían en una profunda apatía, depresión, que les hizo perder su dignidad.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de este experimento? En apariencia, en un primer momento, podríamos pensar aquello de que el hombre es un lobo para el hombre, que en realidad llevamos una bestia dentro y que sólo en una sociedad con roles fuertemente establecidos nos comportamos civilizadamente.

Pero se da la casualidad que estos estudiantes fueron sumergidos en un entorno con un rol fuertemente establecido, es decir, no era una isla salvaje sin control alguno, sino una cárcel donde cada uno tenía bien claro qué papel le tocaba. Y ahí tenemos una clave: era una cárcel, un lugar donde, de entrada, la mayoría ha sido despojada de algo fundamental para la dignidad del ser humano, la libertad. Y al resto se le dio un uniforme y un poder prácticamente ilimitado sobre el otro, sobre el preso.

De todas formas, reconozco que cuando supe de este experimento estuve días dándole vueltas... ¿Se puede sacar algo positivo de esta experiencia? ¿En serio? No dejaba de recorrerme cierto escalofrío por la columna al saber que gente normal pueda ser capaz, en un entorno determinado, de las mayores brutalidades. Es como descubrir que tenemos un monstruo dormido dentro...

Pero pensando y pensando, me vino a la memoria otra cosa que leí meses atrás. Se trataba de otro experimento, mucho más reciente, esta vez en Nueva York. El profesor conminó a sus estudiantes a que fueran al Metro en una hora punta y que se dirigieran a cualquier pasajero que estuviera sentado para pedirle, con todo el morro del mundo, que les cediera el asiento. ¿Cómo respondería la gente al ver que un joven estudiante, sin síntoma alguno de estar enfermo y sin minusvalía física que lo justificase, le pidiese el asiento, así, sin más?

Pues bien, lo interesante del experimento se trasladó rápidamente a los jóvenes que lo realizaban y no a los pasajeros, porque estos cedían gentilmente su asiento. En cambio, los estudiantes, al ir a pedir el asiento, notaban unas molestias físicas que llegaban al mareo y la náusea. Es decir, como existe la norma de ceder el asiento a quien lo necesita –y ellos no lo necesitaban, porque podían ir perfectamente de pie-, estos estudiantes literalmente enfermaban llevados por el sentimiento de culpa, de estar “violando” una norma de convivencia que no hace falta que esté plasmada en ninguna ley.

Así que encontré un hilo que me llevaba otra vez al tema de los roles que se establecen en una sociedad. Porque el experimento en el Metro demuestra que somos capaces de establecer reglas del juego que nos permitan vivir y respetarnos. Y aunque sea tan sólo algo anecdótico, es una prueba de que en nosotros anida –en un entorno natural- un ser humano que tiene ganas de vivir, y no sólo un monstruo que espera agazapado su oportunidad para saciarse.

Depende de nosotros y de nuestro entorno qué lado desarrollaremos, si el doctor Jeckill o mister Hyde. Pero el experimento de la cárcel, si algo deja claro, es que no necesitamos de un sistema opresivo y opresor, porque un sistema así, lejos de aplacar la fiera, la despierta, la alimenta. No comparto la opinión de los que dicen que si no estuviera penalizado, todos nos dedicaríamos a robar y a matar. No estoy de acuerdo porque, en primer lugar, quien suele defender eso lo hace para justificar un estado policial. Y, en segundo lugar, porque el experimento del metro nos cuenta que, en realidad, lo que hoy son leyes escritas nacieron, seguramente, de una norma verbal aceptada por todos. Al menos por todos aquellos que queremos convivir en paz con los demás. Que, pese a quien pese, sigue siendo la mayoría.

Eso sí, mientras el monstruo duerma... ¿O no existe monstruo?


Texto agregado el 09-04-2005, y leído por 668 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
20-04-2005 Con tu columna y el comentario de La Santa... he echao un buen rato; la cosa es que le doy más la razón a ella; también creo que nuestras actitudes son mas complicadas que simplemente adquirir este o aquel rol... Saludos. nomecreona
10-04-2005 Poco queda para decir después de santacannabis, quien con maestría ha desmenuzado desde el conocimiento investigativo y académico tus conceptos. Sólo me animo a trasladar mi visión de cómo las sociedades avanzan en su comportamiento ético. Las conductas se aprenden por imitación, pero es necesario una valoración de cada una de ellas, su trascendencia, tanto para sí mismo como para los demás, sus consecuencias, lo que deja de positivo o negativo dentro de cada uno, desde lo más objetivo que es la acción, hasta lo subjetivo que es el pensamiento, el sentimiento, el impulso. Me pongo dentro de tu pensamiento y de tu postura, y veo coherente tu análisis, y pienso que si estas experiencias fueran a posteriores puestas en marcha de estos análisis y su trascendencia, sería muy positivo para los niños y adolescentes que están "maleables" al aprendizaje de otra forma de convivencia. Un avance ético horizontal y masivo. Pero ¡ojo! si los padres no nos ponemos en concordancia con este avance, de poco valdrá el esfuerzo pedagógico. Un abrazo. neus_de_juan
09-04-2005 A mi entender somos mayoría los pacíficos y minoría quienes se sienten bien con el abuso a los demás. Idealmente sería muy hermoso para esta mayoría convivir sin estado policial, pero mientras queden en esa misma mayoría restos de ira y violencia, los violentos pueden en cualquier momento sintonizar con ella y contagiarlos: guerras, en el hogar, en la escuela, en el estadio... El medio y las circunstancias mandan sobre las personas en un alto grado. Muy buena tu columna, Pedro. Un abrazo. graju
09-04-2005 Muy interesante Moe. Mis ***** estrellas para tí. Eulba
09-04-2005 Recuerda que en un 85% soy socióloga, así que puedo decirte que la escenificación de los roles, no es un método muy aprobado para probar absolutamente nada. Ni siquiera la sociología interpretativa los toma demasiado en cuenta, dado que suponen escenificaciones de "tipos ideales" en un entorno no natural. Es decir, los estudiantes asumieron roles preconcebidos ajenos totalmente a su conducta social de rutina. Esto demuestra que a veces tenemos más introyectados los roles por su "deber ser" que pos su "ser" y por supuesto y aquí coincido plenamente contigo, que a la autoridad le conviene reforzar y sostener estos estadíos de "opresores y oprimidos" para continuar con un estado de derecho coercitivo y represor. El segundo ejemplo que pones, no habla tanto de roles como de conducta humana. Esto es lo que se denomina "ejercicios de ruptura" Aquí habría que valorar que el sujeto 1, que es quien pide el asiento, posee toda la carga asimilada y valorada de lo que implica pedir un asiento en el metro, mientras que para el otro, sólo significará sorpresa y desconcierto en un margen muy corto de acción, en el que responder "sí" o "no" no lleva detrás una reflexión tan profunda como la que hizo el estudiante. Yo no estoy de acuerdo en ningún experimento de este tipo, porque si bien pueden prestarse a una reflexión como la que tú has hecho, me parece que sociológicamente pierden de vista algo fundamental: El contexto. "El hombre es él y su circunstancia" y en estos casos estamos descontextualizando las acciones de el entorno. El asunto de los roles es cada día más complejo en la medida en que las sociedad son más complejas. No jugamos uno, sino distintos roles y desgraciadamente, a veces nos vemos obligados a ser un remix Jeckyllhyderesco. Por otra parte, el sistema represor el principal impulsor de lo "bueno" y lo "malo" lo "punible" y lo "permitido" como una guillotina que se cierne sobre nosotros y unos quedan de tal o cual lado. En fin... hoy amanecí con ganas de rollo y se me quedan muchas cosas en el tintero. La culpa es tuya por pedirme que te comente la columna. Debo decir que con la reflexión final estoy de acuerdo con el matiz suscrito arriba. Besos y me excedí con mi largo comentario. Lo siento!!! santacannabis
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