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Es casi la hora del toque de queda. Francisco ha descubierto que no le quedan cigarrillos, Su madre le ruega que espere hasta el día siguiente. Él no hace caso, argumenta que no le pasará nada.

La madre rearma una vez más el lecho de su hijo en un ritual que no perdona fechas ni distracciones, sacude el polvo de los muebles, reordena los libros en la posición original y entre cada acción que ejecuta, suspira hondo y fija sus ojos en un lugar indeterminado, acaso el único sitio posible para buscar respuestas a esa angustia, que de tanto portarla sobre sus hombros hasta se le ha hecho cruelmente necesaria. Han transcurrido treinta y dos años. Él no regresó jamás pero ella aún aguarda con su oído atento al girar de la llave en la puerta y luego los pasos alborotados de ese muchacho travieso que se perdió en las sombras. Eso no sucede pero ella no se rinde. Acaso no lo haga nunca. No llora porque su espíritu está desconcertado, Su hijo es un no muerto y un no vivo, esa nueva entidad fundada por seres voluntariosos aplicados a un imperativo ciego, Son los que no llegaron, los que se esfumaron en el tiempo y sólo sobreviven gracias a una descolorida fotografía, a la memoria y a una esperanza tan descolorida como aquel retrato. Es este uno de esos cientos de casos que no fueron denunciados, acaso por temor a sentenciar esos cálidos recuerdos a una muerte oficial, cosmética, desgarradora. El corazón de una madre no se conforma con eso…

Un destacamento vigila las calles. Son todos jóvenes reclutas a los que el golpe militar sorprendió en la trinchera equivocada. Hasta hace poco traviesos muchachos urdiendo juegos y entretenciones, ahora sus manos tersas aprisionan un fusil que es sólo la infinitesimal porción del oscuro poder que comienza a aposentarse en el territorio. Es la hora del toque de queda y no se escucha nada más que el respirar agitado de esos mozalbetes y uno que otro ladrido quebrantando el espeso silencio.
De pronto, un grupo de hombres aparece a lo lejos. Aparentan ser personas de trabajo rezagadas en alguna actividad. Cada uno de ellos carga su bolso.
-¡Alto!- grita el capitán y los individuos asustados corren sin hacer caso a la orden. El militar ordena con voz bronca: -¡Disparen!
Se escucha el chasquido de los fusiles al accionarse su mecanismo y uno que otro carraspeo nervioso.
-¡Fuegoooo! –ordena el capitán y un espantoso trueno sibilino se desplaza veloz en la penumbra reverberando a su paso por los recovecos de la triste calle para impactar en el blanco lejano. Cuatro cuerpos se desploman como muñecos de trapo sin alcanzar a emitir ni un gemido.
-Súbanlos a la camioneta- ordena el capitán. Los mismos soldados que antes habían disparado, ahora arrastran los cuerpos ensangrentados y los arrojan en el fondo del vehículo. Súbitamente, uno de los jóvenes lanza un grito que luego se deshace en desgarradores sollozos: Ha reconocido a su padre entre esos guiñapos de carne inerte.

-Yo no te maté papito, Yo no te maté- repite en interminable letanía como queriendo sacudirse de una culpa que ya se aposentó en su mente, destruyendo su razón y su existencia plena. Encerrado en su cuarto, el hombre, un cincuentón de aspecto triste, repite una y otra vez la misma frase.
-No -dice el doctor, mirando a través del vidrio a ese ser patético- no fuiste tú, ni esa ráfaga traidora, fue el sistema...el mismo que acabó contigo.
Y se aleja, moviendo tristemente su cabeza. El loco continúa con su letanía…

Dos historias robadas a unos labios temblorosos que aún se niegan a creer lo que están diciendo. historias vividas, reales, de esas que hacen decir a algunos: -“yo nunca me imaginé que…” y a otros: -“para que nunca más”. Yo sólo se las cuento…











Texto agregado el 11-04-2005, y leído por 342 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
14-04-2005 Conmovedor leer esto. Mis estrellas entrelineas
12-04-2005 Con tanta ficción que hay por ahí desperdigada, no sé si la realidad puede superarle, pero tiene el poder de conmover, porque... la realidad no devuelve a las personas como cuando se termina el libro, o la película... Impactante. Un abrazo. neus_de_juan
11-04-2005 y pensar q estas historias nada tienen de ficticio anemona
11-04-2005 Gui, como siempre, una historia intensa y bien relatada, de momentos tristes y tan parecidos de un país a otro. Mis estrellas llorosas por esas víctimas de sistemas asesinos. Magda gmmagdalena
11-04-2005 Tus historias son memorables!!! Shou
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