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		<title>reconcomiosapiens en loscuentos.net</title>
		<link>/cuentos/local/reconcomiosapiens/</link>
		<description><![CDATA[Mientras que mis tentÃ¡culos se enredan excitados, su posiciÃ³n cambia entre mis brazos. Es extraÃ±o, no siento placer al mover mis tentÃ¡culos, mas bien parece que ellos se excitan con lo que hago yo. Como si sus centros nerviosos partieran de mis brazos, mis brazos que se alimentan de lo que deseo con mis ojos. Ella, obnubilada por las hormonas que emanan mis escamas, se siente segura dentro de mis brazos. No es una vÃ­ctima mÃ¡s, por que jamÃ¡s he tenido vÃ­ctimas. No es mi primer vÃ­ctima, porque no me nace deshacerla. Es mi primer amor, el que perdÃ­ por venderme, por ofrecer mi alma para tenerla. Ahora y gracias a mis dones, los dones que un demonio puede tener despuÃ©s de haber perdido, he vuelto a ganar, ella ha vuelto a ser mÃ­a, toda mÃ­a.


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		<language>es-es</language>
		
		<item>
			<title><![CDATA[Maniacopolis]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/116/116273/</link>
			<description><![CDATA[Carmen Luc&iacute;a y Alfredo dormitan apaciblemente en su habitaci&oacute;n. Un vidrio roto en la cocina hace abrir los ojos asustados de Carmen Luc&iacute;a. Con la respiraci&oacute;n contenida y la tensi&oacute;n, que hace pegar su cabeza con fuerza a la almohada; intenta descifrar ese ruido como parte de un sue&ntilde;o que no recuerda. Su atenci&oacute;n se centra en un posible ruido que pueda escuchar... pero no vuelve a escuchar nada. Cierra de nuevo sus ojos con desconfianza, sin perder cuidado. Un nuevo ruido hace que brinque de la almohada. Temerosa mira a su esposo dudando si debe despertarlo o no. Lo empuja levemente y le susurra al o&iacute;do con voz temblorosa...

-  Alfredo o&iacute; algo en la cocina.....

A lo que &eacute;l responde con un mugido. Vuelve a o&iacute;r algo menos fuerte y se decide a bajar sola. Coloca en sus pies las sandalias sin agacharse, sin perder de vista la puerta de entrada de su habitaci&oacute;n. Lentamente se desplaza hacia la puerta y sin dejar crujir el entablado del piso, extiende su mano hacia la perilla de la puerta, rot&aacute;ndola con todo el cuidado que su nerviosismo le permite. Paulatinamente, la puerta se abre y en la oscuridad se ve brillar los ojos de Carmen, que los mantiene totalmente abiertos, arrugando su frente. Asoma temerosa su rostro por la esquina de la puerta y no ve nada. Gira r&aacute;pido y sus ojos encuentran en la oscuridad la penumbra de la escalera vac&iacute;a. Sus pasos descienden sobre la escalera hasta encontrar el recibidor. Se detiene y piensa a donde ir primero. Decide ir donde escuch&oacute; el primer ruido, la cocina. Su mano se posa sobre el marco de la puerta y luego entra ella dispuesta a encontrarse con alguien o algo. No ve nada m&aacute;s que los vidrios en el suelo y la ventana rota. Percibe que algo r&aacute;pido cruza a su espalda y ella p&aacute;lida resuelve voltear a mirar sin encontrarse con nada. Asoma su cabeza y voltea hacia el lado de donde sali&oacute; la sombra; el fondo es oscuro pero no advierte movimiento. Lentamente gira hacia el lado opuesto y de repente una silueta se abalanza sobre ella que intenta gritar sin lograrlo... 

Brinca de debajo de las cobijas sobresaltada y respirando agitada. Sus ojos miran a todos los rincones de su habitaci&oacute;n y se tranquiliza al descubrir que no era m&aacute;s que un sue&ntilde;o. Decide de nuevo acomodarse para dormir y un ruido de una lata en la calle y el ladrido de un perro, la hace escudarse bajo sus cobijas y permanecer con los ojos abiertos. 

El caf&eacute; humeante tiembla sobre una bandeja al lado de unas tostadas. Vemos a Carmen Luc&iacute;a dirigi&eacute;ndose con el desayuno hacia Alfredo, que lee el peri&oacute;dico. Sus ojos muestran la mala noche que pas&oacute;. Se sienta al lado opuesto de Alfredo, que sin prestarle atenci&oacute;n se decide a darle el primer sorbo al caf&eacute;.

- Pase muy mala noche... - dice Carmen a lo que responde Alfredo con un sonido gutural - &iexcl;Hummm!

Ella lo mira asumiendo el poco cuidado que le ofrece y contin&uacute;a hablando...  - Debe ser el susto que siempre me da salir al centro. 

Los ojos de Alfredo se asoman sobre el peri&oacute;dico y con una mueca de desaprobaci&oacute;n vuelve a retomar su lectura. Ella lo percibe e intenta explicar...

- Es que por esta &eacute;poca de crisis siempre la cosa se pone m&aacute;s fea. - y prosigue sin obtener respuesta alguna - afortunadamente s&oacute;lo es cada mes que me toca ir.

Detr&aacute;s del peri&oacute;dico un ruido de tostada mordida, la interrumpe. La mirada de Carmen comprende que es s&oacute;lo la tostada y no hay ninguna intenci&oacute;n de sabotaje en el hecho. 

- No se por qu&eacute;, siempre me mandan a la sede del centro... yo tambi&eacute;n puedo ser atendida por un m&eacute;dico del sur o de chapinero, pero &iquest;en el centro?...

El silencio invade el comedor, s&oacute;lo los crujidos de las tostadas y el sorbo del caf&eacute; hace menos mon&oacute;tona la situaci&oacute;n. 

Alfredo se levanta, toma las llaves que reposan sobre la mesa, se dirige hacia su esposa y con su boca contra&iacute;da le da un beso en la frente y simult&aacute;neamente, deja un billete de cinco mil pesos. Ella expone su frente con los ojos cerrados y luego toma un sorbo de caf&eacute;. La voz de Alfredo se pierde con el sonido de la puerta al cerrarse - Nos vemos en la noche...

Ella mira hacia la puerta y muestra una leve sonrisa en sus labios. 

La luz que se refleja sobre la fotograf&iacute;a antigua de matrimonio, en la pared sin pintar, se apaga, y por la puerta sale Carmen Luc&iacute;a, con su abrigo gris, su bolso negro en el brazo izquierdo y una sombrilla sostenida en su mano derecha.  Cierra la puerta con los tres seguros y avanza, no sin antes observar de lado a lado de la calle. Sus pasos apresurados corren por la calle del barrio. Asustadiza siempre mira hacia atr&aacute;s al escuchar cualquier ruido. Un hombre que grita - Pescadoooo.. 

La tensi&oacute;n crece al desembocar a una zona comercial. Aumenta la cantidad de personas y sus gritos de venta la asustan aun m&aacute;s. Intenta refugiarse detr&aacute;s de su cartera cubriendo su rostro y camina r&aacute;pidamente, evitando el choque con las personas que se cruzan para vender sus mercanc&iacute;as. Sobre el pavimento ve acercarse la buseta que afanosamente buscaba, entre la calle abarrotada de veh&iacute;culos. Presurosa, pero torpe, logra subir los pelda&ntilde;os de la buseta y se sienta diciendo - Ya le pago se&ntilde;or.

Apresurada saca el dinero del peque&ntilde;o monedero que tiene entre la cartera negra y le pide al se&ntilde;or que se encuentra detr&aacute;s de la silla del conductor que le alargue el dinero. Una vez ubicada en la silla que ha escogido, respira tranquila, coloca la sombrilla entre sus piernas, aprision&aacute;ndola y se abraza a su bolso. Su mirada se pierde en las l&iacute;neas blancas de la calle, que act&uacute;an hipn&oacute;ticas y poco a poco se va adormeciendo. El movimiento de la silla a su lado, la despierta sobresaltada y descubre que un se&ntilde;or algo grueso, de bigote, se ha acomodado en ella. Lo estudia por un momento y al hacerse una idea de &eacute;l, se vuelve a calmar y  de nuevo mira las l&iacute;neas de la calle. El cansancio de la noche anterior la duerme. Un movimiento brusco del veh&iacute;culo la despierta y con asombro mira a lado y lado del lugar. Al cerciorarse de que todo continuaba en su lugar, se calma y dirige su mirada hacia la ventana. Nota que la ventana de la silla, al frente de ella, es abierta con brusquedad por una mano gruesa. Se asoma levemente hacia el lado de la silla de enfrente y observa como un tubo de escaso calibre se asoma t&iacute;midamente por la ventana. Sus pensamientos la asaltan como un torbellino. La buseta se detiene por acci&oacute;n de un sem&aacute;foro. Sus ojos fijos y totalmente abiertos no se despegan de lo que a ella le parece la punta de un rev&oacute;lver. Gira pausadamente su mirada a las personas que se encuentran paradas al costado de la calle. Identifica entre ellas a una anciana, aparentemente acompa&ntilde;ada por su hija madura; un hombre de chaqueta carmelita; una joven con cuadernos en la mano y prendas ajustadas al cuerpo; un hombre de lentes que fuma un cigarrillo; un carretero que empuja duraznos chilenos; un lotero que habla con una mujer, que vende tirantes invisibles para mujer en la puerta de una cafeter&iacute;a. De repente un sonido seco y un peque&ntilde;o destello sale de la punta de lo que supone ella es un rev&oacute;lver; el hombre de chaqueta cae al piso aparatosamente, mientras el veh&iacute;culo avanza con lentitud. Parece no poder abrir m&aacute;s los ojos. Se desliza en su silla, intentando ocultarse del sujeto de la silla de enfrente. Piensa que quiz&aacute;s el hombre se ha dado cuenta y su respiraci&oacute;n se agita aun m&aacute;s. Voltea a mirar, casi de soslayo, a su vecino de asiento, el cual parece no percatarse de lo sucedido. Escurrida tiembla de pensar que alguien se asome por encima de la silla. Furtivamente mira la silla que da hacia la ventana y ve el hombro de un hombre. Peque&ntilde;as gotas brillan en su rostro. De nuevo decide mirar a su vecino para cerciorarse que de verdad no se ha dado cuenta de lo sucedido. El hombre siente la mirada que lo traspasa y voltea a observarla interrogante. La mujer r&aacute;pidamente esquiva la mirada y disimula mirando hacia la ventana. El hombre luego de unos segundos de inspecci&oacute;n, coloca su postura habitual. Carmen no parece creer lo que experimenta y menos que sea ella, la &uacute;nica que se ha dado cuenta. Decide averiguar con voz temblorosa si su vecino de verdad no se ha dado por enterado. 

- Disculpe se&ntilde;or...

El gira con mirada insensible -  &iquest;Usted se ha dado cuenta?

El hombre frunce el entrecejo, extra&ntilde;ado.

Ella p&aacute;lida y sin poder articular palabra, produciendo solo monos&iacute;labos sin sentido, se&ntilde;ala con su dedo pulgar nerviosamente hacia la ventana, mientras el hombre pasa de extra&ntilde;eza a no querer saber nada del asunto; se reacomoda en la silla alej&aacute;ndose un poco e intentando ignorarla. Ella prefiere no proseguir. Al girar hacia adelante se fija que entre el espacio de las dos sillas, un ojo la penetra con una mirada congelante. Con una inhalaci&oacute;n que le produce un sonido gutural agudo y sordo, se hunde en el coj&iacute;n de la silla. El sudor es m&aacute;s abundante y fr&iacute;o. Observa como una mano gruesa se asoma pausada y decidida sobre la silla de adelante. Siente como si esa mano se posara sobre ella y no sobre la silla. Parece escurrirse aun m&aacute;s, a pesar de que sus rodillas han tenido que subir por el espaldar de la silla de enfrente. Su coraz&oacute;n late a todo galope y su respiraci&oacute;n es precipitada. Ve asomar muy lentamente la punta de lo que ella piensa es el silenciador de una pistola. Enclaustrada, sin salida, arruga la tela de la silla con sus manos, mientras que el hombre empieza a asomarse paulatinamente, sobre el espaldar de  la silla. Ella cierra los ojos y abre su boca para mejorar, en vano, su respiraci&oacute;n, pero a&uacute;n con los ojos cerrados, lo ve. No aguanta m&aacute;s y, en una exhalaci&oacute;n de aire fuerte y potente, cae en un s&uacute;bito vac&iacute;o oscuro y tranquilo.


La buseta sobre la cuneta espera. Una ambulancia se abre paso a gritos. Un pasajero nervioso da su versi&oacute;n a un periodista que lo interroga.

- No se que pas&oacute;, la se&ntilde;ora iba dormida a mi lado junto a la ventana, cuando de pronto dio un grito y se desmay&oacute; sobre la silla cay&eacute;ndose al piso, ah&iacute; fue cuando la buseta fren&oacute; en seco y todo el mundo me volte&oacute; a mirar. Entonces yo les dije que hab&iacute;a sido la se&ntilde;ora que se encontraba debajo de la silla de ese ni&ntilde;o que se baja de la buseta. Entre todos la sacamos y  luego un agente dijo que estaba muerta. Yo no se que le paso... parece un ataque al mango. Yo me asuste, porque pense que me iban a echar encima el mu&ntilde;eco...

En ese momento un ni&ntilde;o guiado por su madre, baja de la buseta, mientras juguetea con un rev&oacute;lver pl&aacute;stico.
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2005-06-21</dc:date>
			<pubDate>Tue, 21 Jun 2005 23:33:13 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La cita]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/116/116276/</link>
			<description><![CDATA[El silencio inunda un pasillo que finaliza con una puerta de madera de dos hojas. La puerta se abre abruptamente; el silencio es roto por el vociferante estruendo de la multitud que sale del sal&oacute;n. Al fondo un hombre solo, extiende una vara plegable que utiliza como gu&iacute;a para caminar, la aprisiona entre el cuerpo y su antebrazo mientras que recoge de su escritorio tres libros. Agarra con su mano izquierda el extremo pl&aacute;stico de la vara y avanza. A la mitad del pasillo, su camino es interrumpido por una estudiante que lo interroga.

- Doctor Angel, quisiera hacerle una consulta.

- D&iacute;game se&ntilde;orita Ram&iacute;rez, en que la puedo ayudar.

- &iquest;Usted c&oacute;mo hace para saber con quien habla?

- La pr&aacute;ctica se&ntilde;orita... &iquest;Esa era la consulta que quer&iacute;a formularme?

- Nooo, perd&oacute;n... S&iacute; Zen&oacute;n de Citio dec&iacute;a que el ser humano ten&iacute;a que independizarse del mundo exterior, &iquest;tambi&eacute;n se refer&iacute;a a tener que vivir en completa soledad, sin contacto alguno que entorpeciera el desarrollo de la felicidad?

- El s&oacute;lo expone su punto de vista de como vivir la vida. No especialmente a &quot;independizarse del mundo exterior&quot;, m&aacute;s bien a practicar la virtud, es decir, su voluntad, la voluntad humana sobre las pasiones mundanas. Si quiere conseguir m&aacute;s informaci&oacute;n sobre &eacute;l, busque tambi&eacute;n a Crisipo, puede encontrar m&aacute;s informaci&oacute;n.

- Gracias Doctor Angel.

La se&ntilde;orita Ram&iacute;rez lo ve alejarse con una intensa mirada de admiraci&oacute;n en sus ojos. 

Arturo Angel camina parsimoniosamente, a la velocidad que su ceguera le permite. Atraviesa calles llenas de gente desprevenida y despreocupada que corre con todo el af&aacute;n a sus espaldas.  Al llegar a su casa, rutinariamente saca su llave del bolsillo interno de su saco de pa&ntilde;o, introduce la parte dentada en la cerradura y gira tres veces hasta lograr que la hoja de la puerta ceda. Sube por las escaleras con la habilidad que los a&ntilde;os le han regalado. De nuevo otra llave es introducida y otra puerta es abierta. El bast&oacute;n es recostado en el perchero; la gabardina que colgaba de su antebrazo, sobre el sof&aacute;, seguida por el saco de pa&ntilde;o habano; los zapatos recostados cuidadosamente al lado de la poltrona, para evitar accidentes. El fog&oacute;n a base de gas es abierto y sobre el un recipiente de metal. Sus pasos lo gu&iacute;an hasta el escritorio que siempre ocupa, despu&eacute;s de una ardua jornada de trabajo; sobre el escritorio, la fotograf&iacute;a de Jenny, su difunta esposa, que siempre acaricia sin poder verla; una m&aacute;quina de escribir el &quot;dialecto&quot; braille; un &quot;l&aacute;piz&quot; para escritura braille y libros, todos en escritura braille, algunos de escritura tradicional se apilan en la repisa al lado de una peque&ntilde;a escultura de &quot;El Quijote&quot;. Se acomoda en una crujiente silla, que  por su desvencijamiento, muestra lo trajinado de su uso cotidiano. Su dedo se extiende sin mover la cabeza para referenciar su intenci&oacute;n. Se posa sobre una tecla de un moderno equipo de sonido, accionando la funci&oacute;n de CD. El silencio es roto por una voz aguda de opera que armoniza con los movimientos mesurados de Arturo Angel. La plenitud de la calma inunda los cuatros sentidos agudizados por la falta de la vista. El sosiego es roto por un estrepitoso ruido; el tel&eacute;fono replica. Arturo despliega su cuerpo hacia el lugar que &eacute;l conoce como el dispuesto para ese aparato inoportuno. 

- Al&oacute;!!

Una voz dulce descubre una mujer del otro lado de la l&iacute;nea.

- &iquest;Disculpe se&ntilde;or, por favor, Jenny?

- &iquest;Jenny?

- Si se&ntilde;or...!

- No se&ntilde;orita, ella ya no vive aqu&iacute;.

- &iquest;Ya no vive ahi?.... ah…, usted podr&iacute;a decirme a &iquest;d&oacute;nde podr&iacute;a encontrarla?

- No, a ella ya no se le puede encontrar m&aacute;s.

- &iquest;C&oacute;mo as&iacute;?

- &iexcl;Si!, lo que pasa es que ella muri&oacute;.

- &iquest;Qu&eacute;? &iquest;Ha muerto?? &iexcl;No puede ser...!

- Si, lastimosamente es as&iacute;.

- Y.... &iquest;usted qui&eacute;n es?

- &iquest;Yo?...Soy su viudo, Arturo.

- Hay que pena, no sab&iacute;a que ella se hab&iacute;a casado. Disculpe mi imprudencia.... &iquest;Arturo?

- Si, Arturo, no se preocupe.

- Y... &iquest;hace cuanto muri&oacute;?


- Hace ocho meses. Disculpe, &iquest;usted qui&eacute;n es?

- A si, mi nombre es Angela, soy amiga de Jenny, desde que era una ni&ntilde;a. Ten&iacute;a muchas ganas de saludarla y saber como estaba. La &uacute;ltima vez que supe de ella fue casualmente hace ocho meses...         ... yyyymmm, &iquest;c&oacute;mo muri&oacute;?

- Bueno, ella padec&iacute;a de un fuerte dolor abdominal que antes sent&iacute;a muy leve y que fue aumentando con el tiempo; se mando revisar por un m&eacute;dico y le descubrieron c&aacute;ncer.....   Pero... ella ya lo sab&iacute;a antes de morir, &iquest;nunca le coment&oacute;?

- La verdad, no, nunca me dijo que estaba enferma.

- Pues, a pesar de todos los esfuerzos m&eacute;dicos y quimioterapias, no se pudo hacer mayor cosa por que estaba muy avanzada la enfermedad.

- Aaay, noooo, me imagino lo que tuvo que sufrir Jenny....

- La verdad fue un tiempo muy dif&iacute;cil, entre dolores y salidas al hospital con todos los percances que se sufre con el tratamiento de la quimioterapia, en fin... - Arturo da un suspiro de nostalgia y resignaci&oacute;n.

- &iquest;Tambi&eacute;n para usted debi&oacute; ser muy duro...?

- Yo me ocup&eacute; de cumplir lo mejor que pude con todas sus necesidades, permanec&iacute; el mayor tiempo posible a su lado, al igual que su hermana y su madre que muy seguido ven&iacute;an a visitarla,....  pero la verdad en esos momentos, y puede sonar algo cruel, yo prefer&iacute;a que se muriera y no que siguiera sufriendo de esa manera...

- Si, es muy duro ver sufrir a un ser cercano y querido...

- Si, ella era muy especial para m&iacute;...

- Disc&uacute;lpeme Arturo, me gustar&iacute;a saber m&aacute;s de ella, pero la verdad es que cuento con un tiempo muy limitado por mis actividades. Me gustar&iacute;a volver a charlar con usted, si es posible, tal vez volver a llamarlo si no le molesta....

- Claro, no se preocupe, puede llamar cuando usted quiera...  Angela.

- Muchas gracias, Arturo.... entonces yo le vuelvo a llamar, gracias...

- Que est&eacute; muy bien...

Arturo cuelga el auricular, sus pensamientos lo vuelven a inundar, y el recuerdo de Jenny, tan cercano todav&iacute;a, humedece en un hilo su mejilla.

Recupera s&uacute;bitamente el tiempo presente, y sus dedos temblorosos comienzan a moverse vertiginosamente sobre el teclado de la maquina de escribir.

Tres d&iacute;as despu&eacute;s, de nuevo sus pasos guiados por su lazarillo de metal, se confunden con los de los estudiantes, a los que ense&ntilde;a filosof&iacute;a. Se encamina taciturnamente por las calles una y otra vez recorridas. Antes de llegar a su residencia, entra, como era costumbre los mi&eacute;rcoles, en el supermercado, siendo saludado por Don Ramiro, el tendero.

- Don Ramiro, &iquest;c&oacute;mo le ha ido?

Se&ntilde;or Arturo, &iquest;c&oacute;mo est&aacute; usted?

- &iquest;Qu&eacute; me cuenta? &iquest;C&oacute;mo le va con las ventas?

- Ah&iacute; bien, para no preocuparlo. &iquest;Viene a hacer su mercadito?

- Si se&ntilde;or, &iquest;Los tomates est&aacute;n en el mismo lugar, Don Ramiro?

- Si se&ntilde;or, todo esta en su sitio, siga y escoja, sin compromiso.

Arturo avanza a los anaqueles ya conocidos por &eacute;l. Escoge los v&iacute;veres que por lo general lleva para su alimentaci&oacute;n. Mientras recoge de un anaquel inferior, dos libras de papa, escucha la misma voz que el d&iacute;a anterior hab&iacute;a o&iacute;do por la l&iacute;nea telef&oacute;nica.

- Tranquilo, yo estoy contigo...

Una voz muy leve que se mezclaba con los muchos ruidos de la calle y el interior del almac&eacute;n; no estaba dirigida a &eacute;l, lo sab&iacute;a, iba sonando con los conocidos altos y bajos de alguien que va pasando a su lado. Pens&oacute;: - &iquest;Ser&aacute; &Aacute;ngela? Esa voz es inconfundible. 

Por la falta de la vista, su o&iacute;do hab&iacute;a logrado efectuar las funciones de reconocimiento que antes ejerc&iacute;a con el ojo en un cien por ciento.

- No, no voy a preguntar si es ella. Tal vez se desilusione al saber que yo soy un inv&aacute;lido.

Se sonroj&oacute;, al descubrir dentro de &eacute;l, un hondo y escondido inter&eacute;s hacia ella. Su bochorno se transforma en resentimiento hacia &eacute;l, por caer de nuevo en la trampa de la verg&uuml;enza de verse ciego y el temor de no ser aceptado. Sin perder tiempo se acerca a Don Ramiro.

- Don Ramiro, &iquest;La persona que acaba de salir, c&oacute;mo es?
- &iquest;La persona que acaba de salir?

- Si, la que acaba de salir.

Don Ramiro, lo mira extra&ntilde;ado, pero al recordar el comportamiento que era normal en Arturo le responde sin titubeos.

- Bueno, era un se&ntilde;or como de setenta a&ntilde;os. Antes de que usted entrara tuvo un ataque de tos, que me asust&oacute;, pense que se me iba a morir aqu&iacute; adentro.

La sorpresa invadi&oacute; a Arturo.

- &iquest;Un anciano? &iquest;Est&aacute; seguro?

- Si claro.... &iquest;Qui&eacute;n pensaba que hab&iacute;a sido?

- &iquest;No era una mujer?

- No, era un hombre.

- &iquest;Seguro?

- Si, claro, muy seguro.

Arturo se incorpora sorprendido y reanuda su labor, frente a los anaqueles.


Dos d&iacute;as despu&eacute;s, luego de llevar casi dos horas escribiendo un libro de su autor&iacute;a, en escritura braille, el sonido estrepitoso del tel&eacute;fono, le volvi&oacute; a inquietar. R&aacute;pidamente extiende su brazo sobre el auricular y lo coloca en su o&iacute;do. 

- Al&oacute;.

- &iquest;Arturo?

- Si, &iquest;&Aacute;ngela?

- Si, soy yo. Me descubri&oacute; r&aacute;pido.

- Si, es que tengo buena memoria auditiva.

- Ah, y... &iquest;C&oacute;mo est&aacute;?

- Bien, bien, muchas gracias....  &iquest;y Usted?

- Bien, gracias. Que pena volverlo a molestar. Espero que no lo interrumpa.

- Noooo, tranquila. S&oacute;lo estaba escribiendo, nada m&aacute;s.

- &iquest;Escribiendo? &iquest;Y que est&aacute; escribiendo?

- Un libro de filosof&iacute;a.

- Ah, usted es fil&oacute;sofo.

- Bueno fil&oacute;sofo, propiamente dicho, no. Soy profesional en el estudio de la filosof&iacute;a de todos los tiempos que es distinto.

- Ah, &iquest;un estudioso de la filosof&iacute;a?

- Si, mejor as&iacute;.

- Jenny debi&oacute; estar muy orgullosa de ser su esposa, &iquest;no?

- Ella fue un importante apoyo para m&iacute;.

- &iquest;Y me imagino que usted para ella tambi&eacute;n? Recuerdo que era muy insegura. Fui v&iacute;ctima de uno de sus ataques de histeria.

- Bueno, yo creo que en un convenio para compartir la mayor&iacute;a del tiempo con una persona, los dos entregan y reciben por igual. Ella me dio todo el apoyo para que yo saliera adelante y yo, con toda modestia, ayude a reafirmar su car&aacute;cter y tambi&eacute;n llegu&eacute; a apoyarla en sus estudios.

- &iquest;Ustedes fueron muy felices entonces?

- Nunca me arrepiento de haberla conocido. Ella fue lo mejor que me ha podido pasar. Ella era mi motivaci&oacute;n para vivir.

- ch&eacute;vere que la quieran a una as&iacute;. Y... &iquest;Qu&eacute; ha pasado despu&eacute;s de la muerte de Jenny?

- &iquest;Qu&eacute; ha pasado? 

- Si, &iquest;ha encontrado a otra persona?

- &iquest;Una mujer?

- Si, una novia.

- No, la verdad es que no me quedaron muchas ganas de buscar otra que reemplazara a Jenny.

- Bueno, no como para que la reemplace a ella, sino  por compa&ntilde;&iacute;a.

- No, la verdad es que no he tenido oportunidad alguna de conocer a alguien que me interese.

- Pero eso no quiere decir que no exista alguien que le pueda interesar

- No, yo creo que si llegar&aacute; alguien a interesarme, existir&aacute; un lazo tan fuerte que inevitablemente yo deba aceptar... estoy consciente de eso.

- &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a interesarle Arturo?

- No se, tal vez dependa m&aacute;s bien de, a qui&eacute;n podr&iacute;a yo interesarle.

- Y &iquest;por qu&eacute; duda que le pueda interesar a alguien? Yo con s&oacute;lo o&iacute;rte, pienso que eres una persona muy interesante.

Arturo siente como un calor inc&oacute;modo le recorre de los pies a la cabeza.

- He…, Bueno... Muchas gracias.

- No, en serio.

- Bueno, t&uacute;... tambi&eacute;n me pareces muy interesante - Una sonrisilla nerviosa Arturo escucha de parte de Angela.

- Je je, He…, yyy... &iquest;has pensado, despu&eacute;s de todo este tiempo de estar sumido en tus actividades, disponer algunos minutos para conocer a alguien?

- Bueno, sin querer, lo estoy haciendo contigo...

Un silencio corto estremece a Arturo.

- Sabes, yo te vuelvo a llamar. La verdad es que me gustar&iacute;a conocerte mucho mejor, &iquest;te parece?

- Claro, cuando t&uacute; quieras.

- Bueno, entonces hasta una nueva oportunidad.

- Hasta luego.

- Chao.

Se congela por un minuto en esa posici&oacute;n. Arturo no se hab&iacute;a percatado del sudor fr&iacute;o que corr&iacute;a por su frente y espalda. Como un choque fuerte, llega a &eacute;l el recuerdo de su invalidez, y lo que es peor, del desconocimiento de Angela. Siente como la impotencia lo acongoja. Piensa olvidarlo, se relaja y sus dedos, paulatinamente su acostumbrada movilidad.

El d&iacute;a siguiente, al recorrer las habituales calles, algo extra&ntilde;o lo inquieta. La voz reposada de Angela, casi como un susurro, lo hace estremecer. 

- Mi mano esta sobre ti...

De nuevo intenta ubicar la fuente, siguiendo el tono que el viento le trae. Siente la presencia de la fuente a un paso de &eacute;l, est&aacute;tica. Despliega su brazo, mientras que un hilo de voz se le escapa.

- &iquest;&Aacute;ngela...?

En seguida, la voz de un hombre de algo m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, le responde.

- Disculpe, esta equivocado.

- Ah, perd&oacute;n.

Arturo aturdido por haberse dejado llevar por su sentido de o&iacute;do que &uacute;ltimamente le ha enga&ntilde;ado, se aleja r&aacute;pidamente. Despu&eacute;s de avanzar unos dos o tres metros, un chirriar de llantas suena a sus espaldas y el sonido mon&oacute;tono de la calle, es estrepitosamente roto por gritos. &Eacute;l, asustado se aleja del lugar.


Al d&iacute;a siguiente, al ir sentado de un bus, de vuelta a su vivienda, el viento  le lleva una nueva desaz&oacute;n. El susurro de nuevo de la voz de Angela, lo despierta abruptamente de un leve adormecimiento que ten&iacute;a.

- No Tengas miedo.....

El susurro esta tan cerca de Arturo, que inseguro por sus continuos errores, se somete a su miedo y evita exteriorizar cualquier sentimiento de inquietud. Adem&aacute;s la proximidad de Angela y su desconocimiento de la falta de vista de Arturo lo amarro m&aacute;s a su postura firme.

Ese mismo d&iacute;a, en la tarde, sentado frente a su escritorio y en su labor cotidiano, una nueva llamada lo intriga. 

- Al&oacute;.

- Hola Arturo, &iquest;c&oacute;mo estas?

- Hola, Angela

- Tal vez te parezca muy pronto, pero la verdad es que no pude aguantar las ganas de saludarte otra vez.

- No te preocupes. Yo tambi&eacute;n deseaba escucharte de nuevo.

- &iquest;De verdad?

- Si, es extra&ntilde;o y hace mucho tiempo no lo sent&iacute;a, pero contigo, siento haberte conocido desde antes.

- Bueno, la verdad es que tal vez si nos conocemos.

- &iquest;C&oacute;mo? 

- Si, tu relaci&oacute;n y la m&iacute;a con Jenny, pudo haber hecho, al menos, rozarnos en alg&uacute;n momento.

- Si, tal vez tengas raz&oacute;n.

- &iquest;Sabes algo?

- &iquest;Qu&eacute;?

- Me gustar&iacute;a que nos vi&eacute;ramos hoy.

El miedo a esa posible circunstancia, hace temblar a Arturo, que confundido responde con monos&iacute;labos.

- Este.... Bue....  Es qu&eacute;....

- Tranquilo. S&oacute;lo nos vamos a conocer, el tiempo dir&aacute; que puede suceder.

Arturo calla, intentado recuperar las fuerzas que le hab&iacute;an dejado.

- A mi tambi&eacute;n me gustar&iacute;a conocerte, pero &iquest;no te parece que es muy pronto?

- &iquest;Pronto, para conocernos?  Pero tu conoces gente a diario, &iquest;qu&eacute; tiene de malo que conozcas a alguien m&aacute;s?

- Si, tienes toda la raz&oacute;n...

De nuevo un silencio se cuela entre los dos.

- Bueno, esta bien. Dime tu, &iquest;adonde y a que horas?

- &iquest;Conoces la Plaza Lourdes, frente a la iglesia de Lourdes?
- Si, claro, all&iacute; nos casamos con Jenny.

- Que casualidad... &iquest;me imagino que no hay inconveniente por eso?

- Nooooo, esta bien all&aacute;, y &iquest;a qu&eacute; horas?

- &iquest;Te parece bien a las ocho?

- &iquest;A las ocho de las noche?

- Si a las ocho de la noche.

- Pues, s&iacute;.

- Listo, entonces nos vemos all&aacute;, &iquest;bueno?

- Si claro.

- Hasta la noche Arturo.

- Hasta la noche.


La decisi&oacute;n estaba tomada. El sonido regular del aparato lo despert&oacute; a la realidad. Estaba paralizado. No sab&iacute;a si hab&iacute;a procedido correctamente o era un error.

- &iquest;Que hice?.....
...&iquest;Qu&eacute; voy a hacer? Muy posiblemente ella al saber que soy ciego, me va a dejar y yo no estoy dispuesto a un dolor para el que cre&iacute; estar curado. Pero si no lo hago, tal vez nunca sabr&iacute;a que pudo haber pasado. Adem&aacute;s yo no soy as&iacute;. Siempre me he enfrentado a mis miedos y la mayor&iacute;a de veces he salido adelante. Si Jenny me oyera se reir&iacute;a de mi; ella siempre me apoyo en lo que yo me propon&iacute;a, en esta ocasi&oacute;n ella tambi&eacute;n estar&iacute;a conmigo y se que est&aacute; conmigo. Listo, ya no m&aacute;s. Est&aacute; decidido, voy a ir.

Arturo verifica el tiempo en su reloj de pulso, con la yema de sus dedos - &iexcl;Ya son las siete! &iexcl;Apenas tengo una hora para llegar!

Apresurado tropieza con las cosas que sabe, est&aacute;n ah&iacute;. Recoge del sof&aacute; el saco de pa&ntilde;o y la gabardina. Del ropero cercano a la puerta saca el bast&oacute;n lazarillo y se enfrenta a su destino.

Sus pasos apurados lo llevan de la Troncal de la Caracas hacia la trece. Su miedo le hace chocar contra otras personas en la calle. Una vez alcanzada la trece cruza la sesenta y tres hacia la otra acera. Se detiene a esperar a cruzar la trece, mientras que consulta su reloj con sus dedos - &iexcl;No puede ser!   &iexcl;Ya son las ocho!
Imprudentemente cruza la calle. Un veh&iacute;culo frena haciendo chirriar sus llantas y el bast&oacute;n lazarillo vuela por los aires.

Arturo se encuentra parado entre una grupo de gente que lo rodea - &iexcl;Puedo ver! &iexcl;Puedo ver!

Perdido sin saber que ha pasado. Todos los all&iacute; presentes observan hacia el suelo, Arturo sigue las miradas y descubre detr&aacute;s de &eacute;l, a &eacute;l mismo en el pavimento. Un hombre grita - No tuve la culpa, el sali&oacute; y no pude frenar.

Impetuosos, los acontecimientos cabalgan a su alrededor como estampida. Sus sentidos ahora est&aacute;n embotados a tal punto que la alegr&iacute;a de volver a ver se empa&ntilde;a con el reconocer que all&iacute; parado, s&oacute;lo ha presenciado su propia muerte. En su confusi&oacute;n no acierta a o&iacute;r la tenue voz de Angela, que le llama.

- Arturo....   &iquest;Arturo.....?

Arturo gira sobre sus talones y tras de &eacute;l, un mujer absolutamente hermosa, vestida de negro, lo observa con ojos de compasi&oacute;n.

-	Eres cumplido Arturo. Soy Angela vengo por ti.
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2005-06-21</dc:date>
			<pubDate>Tue, 21 Jun 2005 23:58:44 UTC</pubDate>
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			<title><![CDATA[La clave]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/116/116278/</link>
			<description><![CDATA[Un joven corre asustado por un pasillo desocupado. Sus pasos rechinan por el embaldosado y el caucho de sus zapatillas. Intenta abrir puertas que sucesivamente desfilan por las paredes, hasta que logra abrir una. La deja entreabierta y se esconde detr&aacute;s de ella. Intenta serenar su apretada respiraci&oacute;n, mientras se concentra en los ruidos que del pasillo llegan. Oye otro chirriar de embaldosado mientras aprieta con su mano derecha un globo h&uacute;medamente inflado. Su sudor se hace m&aacute;s copioso. Siente como el sonido irritante de pasos se va acercando intercalado con el ruido de las perillas al intentar abrirlas. Presiente ser delatado por su respiraci&oacute;n, que aumenta con cada paso e intenta suavizarlo apretando los labios. Los pasos ya est&aacute;n ah&iacute; y sabe que el perseguidor se encuentra pr&aacute;cticamente detr&aacute;s de &eacute;l. Abre m&aacute;s los ojos y de un brinco arroja el globo de caucho lleno de agua, con los ojos cerrados. 

Su objetivo fue alcanzado mientras que el eco de sus carcajadas se hace o&iacute;r por todo el pasillo. Su bombardeado amigo escurre el agua de su cara, circunstancia que es aprovechada para intentar escapar. Al lograr el pasillo corre y siente como una bolsa se estrella en su espalda empapando la camisa. Las carcajadas se hacen m&aacute;s sonoras y jadeando los dos intentan recuperar aire colocando sus manos sobre las rodillas. Se miran. El eco del jadeo es roto por otro de una voz sonora y gruesa.

- Se&ntilde;or Alvarez y se&ntilde;or Arias....
...as&iacute; que son ustedes los que perturban la disciplina del plantel.

Ellos asombrados no atinan a articular palabra mientras la mirada del Director los traspasa. 

- &iquest;No tienen nada que decir en su defensa se&ntilde;ores?
 
Se miran con una mueca nerviosa y bajan la cabeza.

- Muy bien...   p&iacute;danle a la aseadora que les preste un trapero, limpian este desorden y pasan por la rector&iacute;a para enviarle una nota a sus padres, que deber&aacute;n traer firmada.


Los j&oacute;venes emprenden la carrera por el pasillo, mientras son seguidos por la mirada inquisitiva del Director Pinz&oacute;n.

- Sin correr...

Cambian su trote a pasos lentos, desapareciendo.



Suena el timbre del colegio que se encuentra adosado en una de las paredes junto al nombre de la instituci&oacute;n. En un segundo el patio desocupado es inundado por una cantidad incontable de muchachos. Los dos castigados son los &uacute;ltimos en salir. 

-Me quedaron tres bombas por llenar de agua para ma&ntilde;ana.

- Yo ya no tengo ni una, pero esta tarde me aprovisiono de algunas en la tienda. Je je je je...

Cruzan las rejas que hacen de puertas y se encaminan por una calle casi desocupada de autos, arrojando cada uno la nota del director hecha bola a la  calle.

- Estuve navegando ayer por estrellanet y pude bajar el programa de Igno. 
- Y &iquest;para qu&eacute; sirve?

- Pues mientras que usted navega ese programa se mantiene abierto y puede hablar y ver a la gente que navega en la misma p&aacute;gina que usted.

- Huyyy tan bacano...

- Uno tiene que poner nombre, edad y lo que hace. Yo dije que me llamaba Giorgio, que tenia 23 a&ntilde;os y que estudiaba medicina en la ponti. Adem&aacute;s usted escoge un dibujo para que sea usted en el programa y todo el mundo lo reconozca.

- En estrellanet?

- Si hombre, deje de estar en programas de juego que eso no le da nada. Mejor m&eacute;tase en p&aacute;ginas interesantes como la Fuerza A&eacute;rea de Estados Unidos o el Pent&aacute;gono. Hay harto por ver y usted lo &uacute;nico que hace es jugar.

- &iexcl;Y si me gusta! Yo ya soy experto en varios y usted no me puede ganar. 

- Si ve, ya no tiene ni con quien jugar, despi&eacute;rtese de ese brutismo en que anda.

- Que va...               ...Oiga, &iquest;quiere investigar algo m&aacute;s emocionante?

- Usted que va a saber.

- &iquest;Que no? Mire... Mi hermano me cont&oacute; que en la universidad donde el estudia hay un grupo escondido de gente y ha o&iacute;do que ellos tiene una p&aacute;gina en Internet que da miedo. El dijo que no era bueno meterse en esa p&aacute;gina, por que terminaba siendo parte de una secta sat&aacute;nica.

- &iquest;Por Internet van a saber que es uno el que se mete en su p&aacute;gina? Me imagino que se tiene que dar datos o algo para que sepan que es uno.

- Yo no s&eacute;, lo &uacute;nico que s&eacute; es que uno tiene que ser miembro de Yujuu para entrar. Pero usted tiene que activar en la parte final de la p&aacute;gina de inscripciones un bot&oacute;n rojo y entra en la p&aacute;gina de la secta.

- Su hermano esta loco &iquest;o es usted?

- &iquest;No me cree?? H&aacute;gale y ver&aacute;.

- No hermano, nos vemos ma&ntilde;ana.

- Listo. Nos vemos.


Los dos cogen caminos independientes al llegar a una esquina y se pierden a lo lejos. Esteban abre la puerta de su casa, arroja la maleta sobre la silla del sof&aacute; y grita hacia lo alto de la escalera...

- Mariela qui&acute;hubo.

- Que m&aacute;s Esteban. Ya le sirvo la comida que estoy planchando.

- Oiga &iquest;mi pap&aacute; est&aacute;?

- No. Dijo que llegaba por la noche, que ten&iacute;a un negocio que hacer por all&aacute; con el se&ntilde;or V&eacute;lez.

Sin dejar de mirar hacia arriba y con paso discreto se acerca a una puerta que se encuentra al fondo del corredor. Al cruzar el umbral la cierra con cuidado y le pone seguro. Se acomoda en la silla frente a un escritorio sobre el cual se encuentra un computador que prende sigilosamente. Una vez prendido inicia el proceso de conexi&oacute;n a Internet. Ya dentro de la red mundial busca la p&aacute;gina de Yuju&uacute; . Al abrir el sitio Yuju&uacute; oprime con el mouse sobre un banner que dice INSCR&Iacute;BASE AQUI. Un barrido de arriba a bajo en la pantalla hace aparecer algunos requerimientos de informaci&oacute;n para lograr suscribirse. El no coloca su nombre, sino el de su hermano mayor. Nombres: Marlon; Apellidos: Arias Mel&eacute;ndez; Edad: 21 a&ntilde;os; Ocupaci&oacute;n: Estudiante; Direcci&oacute;n: Cra. 21 No 51 - 03; Code Zip: 57; Tel&eacute;fono: 810 2453; Fax: 810 2453; E-mail: marlon@estrellanet.com. Luego de escribir sus datos tecle&oacute; sobre un cuadro que inscrib&iacute;a la palabra en ingles &quot;Send&quot;. En un nuevo barrido de la pantalla apareci&oacute; El texto &quot;Gracias por suscribirse a Yuju&uacute;. Con su suscripci&oacute;n tendr&aacute; acceso a un sin n&uacute;mero de actividades que Yuju&uacute; ha preparado para usted. &quot;&iexcl;Divi&eacute;rtase..!&quot;

Moviendo con su mouse, Esteban busca la parte final de la p&aacute;gina de suscripci&oacute;n y encuentra en el v&eacute;rtice inferior izquierdo un bot&oacute;n rojo sin ninguna inscripci&oacute;n o texto que indicara su procedencia o destino. Sus ojos iluminados por la pantalla brillan completamente abiertos mientras que, a sabiendas de su soledad en la habitaci&oacute;n, rebotan espor&aacute;dicamente entre la puerta y la pantalla. Su dedo oprime el bot&oacute;n izquierdo del mouse sobre el bot&oacute;n rojo de la pantalla y el brillo inunda la cara de Esteban haci&eacute;ndolo cerrar los ojos. Al oscurecerse su rostro, sus ojos se abren lentamente, temiendo lo encontrado en el computador. La p&aacute;gina que muestra el computador es en su fondo negra, algunos elementos en movimiento de color rojo asemejan llamas y en los v&eacute;rtices superiores encuentra dos estrellas de cinco puntas invertidas girando sobre su eje. Sobre estas estructuras un texto en blanco que Esteban lee casi susurrando. 

&quot;El que acceda a esta p&aacute;gina tema por su futuro. El que pretenda brincar la llama tendr&aacute; que asumir ser quemado por ella. El que entre a la hermandad encontrar&aacute; un saludo caluroso y miles de favores conseguir&aacute;&quot; 

Esteban humedece sus labios mientras que los dedos de la mano derecha se rozan constantemente mostrando inseguridad en continuar. Sin pensarlo m&aacute;s se abalanza sobre el mouse y teclea sobre un espacio en blanco con una frase que indica &quot;tecle&eacute; su clave&quot;. Sus dedos temblorosos escriben &quot;Natas&quot;. La voz de Mariela interrumpe la meditaci&oacute;n de Esteban sobre la clave - Esteban, ya esta servido, baje a almorzar.

Su mirada se dirige hacia la puerta cerrada y luego se desv&iacute;a sobre la clave. Su dedo tembloroso, indeciso tiembla en el mouse. Un nuevo grito le hace estremecer - Estebaaan..

Sin perder m&aacute;s tiempo teclea sobre la palabra &quot;Enviar&quot; y luego aparece un nueva pantalla en negro y con un texto blanco que Esteban susurra - &quot;Miembro de la nueva creaci&oacute;n, Listo para determinar en tu pr&oacute;jimo las ense&ntilde;anzas del maestro de la oscuridad&quot;

Luego m&aacute;s abajo lee: - &quot;Pr&oacute;xima reuni&oacute;n Sal&oacute;n Oval Centro Regional de Bogot&aacute;. Ma&ntilde;ana recibir&aacute; la informaci&oacute;n completa de dicha reuni&oacute;n, mientras tanto encomi&eacute;ndese a la oscuridad eterna&quot;

R&aacute;pidamente cierra la p&aacute;gina y apaga el computador. Sin hacer ning&uacute;n tipo de ruido abre la puerta y se cerciora de no haber nadie en el pasillo bajo la escalera. Al observar el vacio, le da la espalda para evitar sonido alguno al volver a cerrar la puerta. Al darse la vuelta descubre en la puerta de entrada a su hermano Marlon que lo observa con mirada acusadora - Usted que estaba haciendo ah&iacute;. Ya sabe que mi pap&aacute; le tiene prohibido entrar a su oficina. 

- No yo... s&oacute;lo estaba cerrando porque lo vi abierto y quer&iacute;a evitar la tentaci&oacute;n.

- Si, como no. Lo hac&iacute;a despacio y sin hacer ruido para no molestar a los zancudos, &iquest;no?

- Noooo, sino que si me ven cerrando la puerta muchos pensar&iacute;an que estaba adentro, por eso no quer&iacute;a hacer ruido.

- Hujummm!!!

Marlon asciende a saltos la escalera mientras que Esteban lo ve subir. Esteban respira aliviado y sale para el comedor. 

Al d&iacute;a siguiente Esteban sale de su casa con la maleta en la espalda rumbo al colegio. Se detiene en una esquina en donde era costumbre encontrarse con el bus escolar de Amanda. A lo lejos divisa su inminente llegada y la mirada furtiva de la ni&ntilde;a que s&oacute;lo conoce de vista. En el arribo obligado del veh&iacute;culo por acci&oacute;n de un pare, &eacute;l descubre tras la misma ventanilla el rostro suave de Amanda con una sonrisilla, acompa&ntilde;ada de las sonrisas socarronas de sus amigas que le rodean siempre mirando a Esteban. Ella aprovecha la peque&ntilde;a abertura de la ventanilla para, como siempre, arrojar un papelillo hacia Esteban, que lo recoge del suelo y se dispone a leerlo, mientras su mirada ve desaparecer el bus tras la esquina que marca el final del agradable encuentro.

Estando all&iacute; de pie, intentando leer la letra dispareja en el que descubre haber sido escrito con el veh&iacute;culo en movimiento, sinti&oacute; un dedo que le golpe&oacute; el hombro. Al voltear a ver, se encontr&oacute;, con un joven algo mayor que &eacute;l, de incipiente bigote, con la mirada casi perdida, totalmente vestido de negro y una camiseta que mostraba una estrella de cinco puntas invertida igual a las encontradas en la p&aacute;gina de la secta que hab&iacute;a visto ayer; en su mano izquierda un sobre de manila. 

- Oiga llave, &iquest;usted conoce a la familia Arias? Me dijeron que era por aqu&iacute; cerca.

- &iexcl;Heee...! Claro... Claro... ellos viven en la segunda casa de aqu&iacute; para all&aacute;.

- Listo, gracias.

Esteban, casi sospechando para quien era dirigido ese sobre, intenta esconderse y prestar vigilancia a los pasos de ese joven. Una vez detr&aacute;s del muro de la casa de la esquina, observa como su hermano alcanza a salir unos dos metros de la puerta cuando es interceptado por el joven con el sobre. Mira como el joven le formula una pregunta y el asiente con la cabeza, le hace otra pregunta a la que el responde asintiendo y se&ntilde;al&aacute;ndose hacia el mismo con su dedo &iacute;ndice. El joven le entrega el sobre que llevaba y le parece gesticular algo a lo que responde su hermano moviendo la cabeza en signo de negaci&oacute;n. El joven se levanta en puntas de pies para alcanzar la estatura de su hermano y le puntillea sobre el hombro con su dedo, casi gritando, luego se aleja. Su hermano, sorprendido lo ve alejarse y observa el sobre que ha recibido, lo abre curioso y al observar lo que conten&iacute;a, avanza hacia una papelera de la calle y lo arroja all&iacute; sin detenerse. Esteban espera a que su hermano se aleje y corre r&aacute;pidamente a la canastilla de basura para recuperar el contenido del sobre. Extiende una cartilla cuya portada es totalmente negra y en cuyo fondo se dibuja una estrella de cinco puntas invertida, la guarda sin perder tiempo dentro de su mochila y de nuevo acelera el paso.

El timbre ha sonado y los estudiantes ya se encuentran sentados en sus respectivos puestos; la profesora intenta cerrar la puerta cuando es interrumpida abruptamente por la mano de Esteban que se cuela con una sonrisa c&oacute;mplice a la que la profesora responde con el movimiento afirmativo de la cabeza. Ella inicia la clase, mientras que Esteban se acomoda en una silla de las &uacute;ltimas, al lado de Camilo que le muestra por debajo de la silla un paquete enorme de globos; Esteban choca su frente con la palma de su mano comunic&aacute;ndole a Camilo el olvido. Sin hacer ruido corre su silla al lado de Camilo, abre su maleta mientras que susurrando le informa lo investigado en internet el d&iacute;a anterior - Ayer me met&iacute; en donde usted me dijo... Saca de ella la cartilla negra y se la pasa a Camilo que con los ojos muy abiertos la recibe casi tembloroso. Apenas la ojea cuando son interrumpidos por la profesora.

- Arias y Alvarez, parece que sus m&uacute;ltiples ocupaciones no les permite prestarme atenci&oacute;n. Se&ntilde;or arias, tras de que llega tarde, llega a interrumpir la atenci&oacute;n de su compa&ntilde;ero.

Evitando ser descubierto por la profesora Camilo desliza cuidadosamente la cartilla entre su maleta.

- &iquest;Me podr&iacute;as informar qu&eacute; actividad les parece m&aacute;s importante que saber la respuesta de un factor com&uacute;n m&uacute;ltiplo??

Ninguno acierta a contestar - Podr&iacute;a volver a su puesto se&ntilde;or Arias... no... Mejor cambie de silla con Margarita. Gracias.

A la hora de recreo Esteban  y Camilo se re&uacute;nen en uno de los rincones solitarios del patio. Camilo saca de entre su saco colegial, la cartilla negra y los dos acurrucados se disponen a leerla. Camilo toma la palabra siguiendo las l&iacute;neas de la cartilla.

- Listo. P&oacute;ngale cuidado a lo que dice: &quot;El que trae la luz, astro de la ma&ntilde;ana, Lucifer. Adversario shatan. El dios de este mundo, Belceb&uacute;, Belial. Angel despreciado por su magnificencia, aliado con los esp&iacute;ritus que atormentan al hombre y con los demonios del desierto. &quot;

Los dos se miraron mientras que Esteban se mord&iacute;a los labios. Fueron de nuevo sumergidos en la lectura por la fuerza de la curiosidad. Observaron como despu&eacute;s de encontrar este texto se discriminaban las jerarqu&iacute;as del infierno. Cada uno de los demonios con nombre propio. Figuras extra&ntilde;as que no ten&iacute;an sentido para ellos. Describ&iacute;a a continuaci&oacute;n la forma para hacer un pacto con el Diablo, le&iacute;do casi susurrando y con voz tr&eacute;mula por Camilo - &quot;Para lograr pactar con el diablo...&quot;

Asustado cierra violentamente la cartilla y pega literalmente sus ojos con los de Esteban, que cubre la mitad de su rostro con las dos manos - Sabe qu&eacute; hermano, no lea m&aacute;s eso... mejor mire la p&aacute;gina de atr&aacute;s para ver que dice.

Al abrir la &uacute;ltima p&aacute;gina, vieron como un papelillo se deslizaba hasta caer a sus pies. Esteban lo levanto y se dispuso a leer el contenido - &quot;&iexcl;Bienvenido NATAS!...&quot;

Lentamente levanta la mirada hacia Camilo - Yo puse la palabra NATAS como clave en la p&aacute;gina de la secta.

- &iquest;Natas?... y &iquest;por qu&eacute; NATAS?

- Pues como era sat&aacute;nica la p&aacute;gina, pense en poner un nombre que vi en una pel&iacute;cula gringa de pandillas que pintaban en la pared y que dec&iacute;an que al leerlo de para tras dec&iacute;a SATAN.

- Huyy hermano usted esta loco, ahora lo van a llamar as&iacute;...

- A mi no, a mi hermano.

- &iquest;A su hermano?

- No ve que puse su nombre y no el m&iacute;o. 

- Srrrrhhhhhh.... ...bueno y &iquest;qu&eacute; m&aacute;s dice???

- Bueno... &quot;Fecha de Iniciaci&oacute;n: 19 de febrero del 2000&quot;

- Es hoy... y &iquest;a que horas?

- &quot;Hora: 4 pm.... Lugar: Sal&oacute;n oval Centro Regional de Bogot&aacute;&quot;

- Es cerca al barrio.

Los dos con una mirada que delataba sus intenciones, fueron interrumpidos por el sonido del timbre de entrada, se levantaron y salieron corriendo a su sal&oacute;n.

Ya en la tarde los dos se reunieron en la esquina de la casa de Esteban y partieron hacia su conocido destino. Escondidos tras la ventana de una tienda, mientras simulaban tomar un refresco, observaban detenidamente la entrada del llamado Sal&oacute;n Oval en el Centro Regional de Bogot&aacute;. Entre el gent&iacute;o que a esa hora recorr&iacute;a el gran Centro Comercial, era casi imposible reconocer la entrada fortuita y disimulada de los integrantes de tal secta. Al terminar el refresco y no haber obtenido ning&uacute;n resultado favorable en su observaci&oacute;n, los dos decidieron acercarse cuidadosamente a la puerta de ese Sal&oacute;n. Ya frente a la puerta la encontraron entre abierta. Esteban decidi&oacute; asomarse por entre ese espacio mientras Camilo vigilaba. Los ojos de Esteban no pod&iacute;an abrirse m&aacute;s al encontrar en el fondo del muro de ese sal&oacute;n, un enorme pa&ntilde;o negro del que pend&iacute;a una estrella amarilla invertida, de cinco puntas. Todos los integrantes estaban cubiertos por t&uacute;nicas negras, cuyas capuchas no dejaban ver sus rostros. Sus manos se extendieron hacia arriba y con palabras extra&ntilde;as, iniciaron un c&aacute;ntico que lo estremeci&oacute; a&uacute;n m&aacute;s. El hombre parado frente a la audiencia de miembros de la secta, pronunci&oacute; palabras en espa&ntilde;ol que dejaron perplejo a Esteban. 

- El gran insulto acometido hacia a ti, oh gran maestro del averno, nosotros, tus fieles sirvientes, lo vamos a castigar y tu magnificente nombre quedar&aacute; lavado con la sangre del que se hace llamar: NATAS. 

Los ojos de Esteban casi llegan a extremo de salirse de sus &oacute;rbitas y su boca seca y muy abierta jadeaba incesantemente. No se dio cuenta de haber sido descubierto hasta que vio un rostro interrumpir el camino de su mirada. Con un r&aacute;pido aliento de susto record&oacute; que pod&iacute;a correr, se voltio empujando a Camilo y los dos desaparecieron del sitio. 

Agotados los dos en la esquina de la casa de Esteban, tomaron sus rodillas para mejorar la respiraci&oacute;n. Esteban intuitivamente gir&oacute; la cabeza hacia la entrada de su casa y descubri&oacute; que frente a ella, pasando la calle, dos sujetos de vestiduras m&aacute;s formales que la del muchacho mensajero, pero a&uacute;n de negro montaban guardia. La sorpresa fue tan grande que a empellones hizo esconder a Camilo detr&aacute;s del muro, mientras que Camilo le repet&iacute;a - &iquest;Qu&eacute;?... &iquest;qu&eacute;...? &iquest;Qu&eacute;...?

Luego sus rostros humedecidos de sudor vuelven a aparecer, con sus labios ligeramente despegados y secos - &iquest;Ser&aacute;n de la Secta?

- Est&aacute;n de negro y miran disimuladamente hacia su casa. &iexcl;Yo creo que si..!

- &iquest;Qu&eacute; hacemos...?

- &iquest;Esperamos a que se vayan..?

- Ellos no se van a ir sin encontrarse con mi hermano.

- &iquest;Entonces....?

- Tal vez mi hermano ya lleg&oacute; a la casa antes de que ellos llegaran.

- &iquest;Y como vamos a saber que lleg&oacute;?

Esteban lo mira, a lo que responde Camilo con una mirada de sorpresa y negando con la cabeza - Creo que nos va a tocar ir a ver.

De la esquina salen los dos silbando con las manos en los bolsillos y pateando piedras, para disimular su llegada. Sus pasos son seguidos por las miradas fr&iacute;as de los hombres. Una vez frente a la casa los dos miran con el rabillo de sus ojos para verificar que los hombres no se han movido y arrancan a correr hasta internarse en la casa. Ya dentro de ella se asoman a escondidas por entre las cortinas - Esp&eacute;reme aqu&iacute; mientras que yo miro si est&aacute; mi hermano.

- Listo.-

Esteban vuelve a bajar por las escaleras a tropezones y cae al lado de Camilo. 

- No ha llegado. &iquest;Todav&iacute;a siguen ah&iacute;?

- No se han movido para nada. &iquest;Y ahora qu&eacute;?

- Hoy es mi&eacute;rcoles, &eacute;l llega a las 4 de la tarde, casi siempre.

-&iquest;Entonces lo esperamos a que llegue?

- Yo creo que &eacute;l llega a la entrada y esos tipos lo agarran y se lo llevan.

- &iquest;Y entonces..?

- Nos toco ir al paradero donde &eacute;l se baja.

- &iquest;Y volver a salir donde est&aacute;n esos tipos?

- &iquest;Y qu&eacute; hacemos? &iquest;Dejar que se lo lleven entonces?
- Hay Dios, &iquest;por qu&eacute; me met&iacute; en esto?

- Ya no chille y camine

- Pero nos toca coger por atr&aacute;s para confundirlos.

- Espere saco el bal&oacute;n de f&uacute;tbol para disimular m&aacute;s.

- Listo, listo.

Una vez Esteban tiene el bal&oacute;n bajo su brazo los dos se deciden a salir. Caminan calmados sin mirar a los hombres, mientras que Esteban rebota el bal&oacute;n contra el piso.

Al alcanzar la esquina se cercioran de no ser seguidos y atraviesan el barrio r&aacute;pidamente. Antes de llegar al sitio se ocultan tras una pared y esperan a que Marlon arribe, siempre atentos a la posible llegada de los hombres de negro.

Tras esperar por uno 15 minutos, Esteban ve parar una buseta que rutinariamente era utilizada por su hermano. 

- Ya lleg&oacute;, &iexcl;camine!

Al alcanzar a su hermano a pocos pasos de donde se hab&iacute;a bajado, Esteban lo toma por el brazo y lo hala.

- &iquest;Qu&eacute; le pasa??

Marlon se zafa bruscamente de las manos de su hermano.

- No hable, esc&oacute;ndase r&aacute;pido con nosotros.

- &iquest;Qu&eacute;..? &iquest;A que est&aacute;n jugando..?

Antes de que Esteban pudiera responder, queda pasmado al ver como los hombres de negro, se encontraban a escasos 15 metros de donde estaban. Paralizados observan como avanzan hasta ellos decididos. Empujados por el miedo agarran con fuerza a Marlon que tambi&eacute;n se ha dado cuenta de la cercan&iacute;a y asecho de esos hombres y sin comprender, emprende la huida guiado por su hermano y su amigo. La correr&iacute;a los lleva hasta una calle principal. Ya en la esquina en donde un sem&aacute;foro los detiene, siente los fat&iacute;dicos pasos muy cerca a ellos. Al enfrentar a trompicones los autom&oacute;viles, logran salvar la avenida y colarse entre una oportuna buseta. Asomados por las ventanillas de &eacute;sta, ven como los hombres los despiden con una mirada de impotencia y desconcierto. Sin perderlos de vista Marlon interroga - &iquest;Qu&eacute; fue eso...? &iquest;Por qu&eacute; nos persiguen esos tipos..?

- Bueno... &iquest;qui&eacute;n va a pagar los pasajes..? - de nuevo la atenci&oacute;n es desviada por la b&uacute;squeda de dinero entre los tres.

- Ya le pagamos se&ntilde;or... (Dirigi&eacute;ndose a Esteban y Camilo) &iquest;Cu&aacute;nto tienen ustedes?

Camilo saca de sus bolsillos unas monedas. Esteban sigue absorto en los hombres que a esas alturas hab&iacute;an tomado ya un taxi para continuar la persecuci&oacute;n. 

- No se&ntilde;or, nosotros nos bajamos aqu&iacute;.

Marlon con el dinero en su mano junto con Camilo, lo miran intrigados, mientras Esteban se arroja sin que la buseta se detenga. De nuevo son empujados, sin comprender el suscitado comportamiento de Esteban, que escondido detr&aacute;s de las ventanas de una cafeter&iacute;a cercana, pide que lo sigan. Una vez all&iacute; Esteban aclara su comportamiento.

- &iquest;Si ven ese taxi que viene all&iacute;...?

-&iquest;El amarillo...?

- Hay como cinco y todos son amarillos, idiota... &iquest;Cu&aacute;l...?

- Ese que viene detr&aacute;s del cami&oacute;n.

- &iquest;Qu&eacute; pasa con &eacute;l?

- Ah&iacute; vienen los tipos esos.

Los tres clavan sus ojos en los vidrios de autom&oacute;vil que empieza a estacionarse detr&aacute;s del cami&oacute;n, esperando el sem&aacute;foro. Son testigos de como los hombres salen agitados del taxi y se dirigen inquietos a la buseta en donde los vieron subirse. 

- Tenemos que salir de aqu&iacute;.

Mientras los hombres atropelladamente ingresan a la buseta, ellos escapan por la pared que da a la avenida, que provoca el cruce y el sem&aacute;foro. Corren con todas sus energ&iacute;as sin mirar atr&aacute;s. Esteban, Marlon y despu&eacute;s Camilo, alcanzan la otra esquina y cuidadosamente se asoman para verificar. Los hombres bajan de la buseta mientras que el conductor les responde con injurias que ellos no alcanzan a o&iacute;r; miran para un lado y miran para el otro sin encontrar rastro de ellos. Esteban, Marlon y Camilo respiran aliviados, sentados con su espalda contra la pared. 

- Ahora s&iacute;... &iquest;por qu&eacute; huimos de esa gente?

- &iquest;Se acuerda del tipo que fue a la casa y le entrego un sobre de manila?

- Sssi, si. El tipo me insulto porque yo no sabia de que me estaba hablando... &iquest;pero qu&eacute; tiene qu&eacute; ver &eacute;l en todo esto??

- &iquest;Usted vio el sobre y lo que ten&iacute;a adentro, no?

- Si, ten&iacute;a una cartilla negra con una estrella al rev&eacute;s.

- Bueno, &iquest;y se acuerda cuando me vio cerrar la puerta de la oficina de mi pap&aacute;?

- Si, &iquest;que estaba haciendo adentro??

- Camilo me hab&iacute;a contado de una p&aacute;gina de internet que era de satanismo que se ingresaba por yuhu&uacute;, pero necesitaba poner un nombre y puse el suyo. Creo que eso lo inscribi&oacute; a usted en la secta sat&aacute;nica que maneja esa p&aacute;gina, ahora lo llaman Natas y lo quieren matar.

- &iquest;Qu&eacute;? Est&uacute;pido, imb&eacute;cil, c&oacute;mo se le ocurre jugar con eso. Espere que lleguemos a la casa y le cuente a mi pap&aacute; haber como le va, pendejo.

- Bueno, ahora lo importante es salir de esto. No podemos volver a su casa, porque all&aacute; deben estar esos hombres - dice Camilo.

- &iquest;Y entonces que hacemos?

- No s&eacute;; lo &uacute;nico que sabemos es que se re&uacute;nen en el Sal&oacute;n Oval de Centro Regional, pero nada m&aacute;s. No sabemos qui&eacute;nes son.

- Pues vamos y usted les explica que no tenemos nada que ver con ellos y que no queremos pertenecer a ellos y ya.

- No creo que sea tan f&aacute;cil - dice Camilo mientras consume el poco calcio que le queda de los dedos.

- Oiga, Camilo vamos a su casa y all&iacute; pensamos, &iquest;listo?

- Pues s&iacute;, camine a ver.

Los tres se levantan no sin antes revisar la calle donde se perdieron los tipos y verificar que no se encontraban all&iacute;. Casi frente a la casa de Camilo, los tres que miran de un lado a otro intentan introducirse. La mam&aacute; le sale al paso a Camilo, antes de que el lograr&aacute; abrir la puerta con su llave - &iquest;Qu&eacute; son las horas de llegar, d&oacute;nde andaba? Hace media hora unos amigos suyos est&aacute;n aqu&iacute; esper&aacute;ndolo.

Los tres se voltean a ver sorprendidos. Esteban y Marlon, se esconden detr&aacute;s del muro, mientras que Camilo intenta asomar su mirada por detr&aacute;s del cuerpo de su mam&aacute;. Esteban desliza lentamente su cabeza por la ventana que da a la calle y descubre figuras de personas dentro, todas vestidas de negro. En ese momento la mam&aacute; es empujada hacia adentro, por una mano con un guante negro y Camilo a su vez es sujeto del brazo por otro igual, mientras &eacute;ste patalea y grita. A la par Esteban y Marlon gritan con Camilo que los ve con los ojos muy abiertos, igual que su boca, mientras que es halado hacia adentro. Esteban y Marlon ven perdido a Camilo y no tienen m&aacute;s remedio que correr y olvidarlo. Al alcanzar la esquina descubren que de la casa de Camilo han salido otros dos hombres de negro que corren tras ellos. De nuevo se encuentran con el coraz&oacute;n en la boca. Est&aacute;n pr&oacute;ximos a alcanzar la avenida principal, pero al cruzar la esquina se frenan al observar las siluetas de dos hombres de negro, que se encuentran al otro extremo de la cuadra, d&aacute;ndoles la espalda a ellos. La parada es tan s&uacute;bita que resbalan y caen en el cemento. Los hombres se giran lentamente hacia ellos. Esteban y Marlon intentan levantarse y devolverse, mientras los otros dos hombres salen de la esquina. Est&aacute;n acorralados. Esteban observa que los primeros hombres de negro se asombran al descubrir a los otros dos del otro lado; en medio Esteban y Marlon. Los primeros empiezan una carrera hacia ellos; los otros, al ver esa reacci&oacute;n, tambi&eacute;n aceleran sus pasos hacia los j&oacute;venes, que yacen tirados en el suelo. Esteban mira de un lado a otro, al igual que Marlon, intentando calcular cual de los dos grupos, llega primero a ellos. Era inminente; estaban perdidos; Esteban cierra los ojos e intempestivamente son halados del sitio e introducidos dentro de una camioneta, que arranca sin espera. Marlon y Esteban miran hacia atr&aacute;s y observan a los cuatro hombres, enfrent&aacute;ndose entre ellos. Al girar y encontrarse con los sujetos que les salvaron de una segura muerte, descubren que ellos tambi&eacute;n est&aacute;n vestidos de negro. 

- Lo que nos faltaba - Marlon susurra al o&iacute;do de Esteban.

Esteban los mira y recuerda la escena que acababa de pasar. Los cuatro hombres a punto de echarles mano. Intenta recordar detalles, mientras que discute consigo mismo - Los hombres que primero nos descubren en la avenida se asustan al ver a los otros dos hombres. - mientras que por su mente pasan las im&aacute;genes de los hombres corriendo hacia ellos. No trabajan juntos. &iquest;Ser&aacute;n de diferente secta? &iquest;Pelean por unos nuevos integrantes? - su cerebro recuerda a los primeros hombres y descubre en sus camisetas las estrellas invertidas, mientras que los otros dos, los que salieron de la casa de Camilo no las tienen.

Esteban observa de nuevo la indumentaria de sus captores y descubre que ellos no la tienen tampoco. Su concentraci&oacute;n es rota por la frenada s&uacute;bita del veh&iacute;culo, en el que se transportaban. Los hombres los levantan de las sillas de la camioneta y los introducen en una casa, en alg&uacute;n sitio de la ciudad. Una vez dentro, son recibidos sorpresivamente por Camilo y su mam&aacute;, que corren hacia ellos. 

- &iquest;Que pasa? &iquest;No les han hecho nada a ustedes?

Esteban es interrumpido por una voz gruesa, que sale del interior de la habitaci&oacute;n, con aspecto de sala.

- Si&eacute;ntense, por favor.

Los cuatro se sientan en el sof&aacute;, que est&aacute; frente al hombre que ha hablado - &iquest;Supongo que ya saben qu&eacute; hacemos aqu&iacute;?

Los tres muchachos se miran entre s&iacute;, sin comprender. El hombre parece leer sus miradas - Muy bien. Sabemos que Marlon Arias Mel&eacute;ndez ingres&oacute; a la p&aacute;gina de la secta, a la una treinta de la tarde, del d&iacute;a 18 de febrero. Ahora, me podr&iacute;an explicar, &iquest;por qu&eacute; se metieron en esa secta sat&aacute;nica?

Marlon, Esteban y Camilo se observan inquietos. El hombre los vuelve a descubrir - Nosotros somos de la polic&iacute;a. Pertenecemos al grupo para desmantelar cualquier secta con tendencia sat&aacute;nica y que cuyo principio sea da&ntilde;ar a la ciudadan&iacute;a. En otras palabras, venimos a ayudarlos.

Por fin respiran aliviados - Ahora s&iacute;, &iquest;por qu&eacute; se metieron a la secta sat&aacute;nica?

- Bueno, fui yo - dice Esteban - y utilic&eacute; el nombre de mi hermano, para poder ingresar. S&oacute;lo lo hice por curiosidad.

- Ustedes deben aprender que hay cosas con las que no se puede jugar...      ...Los hemos estado siguiendo desde que intervinimos la p&aacute;gina en internet, para dar con los cabecillas de la secta. Ya descubrimos que ustedes no pertenecen a dicha Secta. Ahora queremos que nos ayuden a dar con los cabecillas.

- Ah, no. Ya no m&aacute;s. Es suficiente con ser perseguido y tener que correr, para que no nos maten - Asustado se niega Marlon.

- No van a correr peligro. S&oacute;lo nos van a mostrar el camino para dar con esos criminales. Tenemos a los dos hombres que los estaban siguiendo, pero no han querido decir nada por miedo. S&oacute;lo nos quedan ustedes tres para poder capturarlos.

Los tres se miran intentando encontrar apoyo entre ellos mismos - Si no quieren, no los vamos a obligar, pero no podemos garantizarles que puedan llegar a su casa sanos y salvos. 

Tiempo m&aacute;s tarde Marlon y Esteban caminan hacia su casa y observan que no se encuentra ninguna persona frente a su casa y contin&uacute;an. Antes de entrar, son asaltados por hombres que les cubren las cabezas con bolsas de tela negra. Son alzados e introducidos a un autom&oacute;vil, que arranca r&aacute;pidamente.

Esteban se encuentra acostado, atado y todav&iacute;a con la capucha puesta. Alguien quita de su cabeza la bolsa que lo enceguec&iacute;a. Al abrir los ojos descubre a su lado a Marlon tambi&eacute;n amarrado. Varios hombres con t&uacute;nicas negras, salen de entre las puertas, que se encuentran a sus pies. Es un cuarto negro, iluminado por cinco velas negras, dos en la cabecera, otras dos en el centro de sus cuerpos y una a sus pies, dibujando una estrella invertida. A la cabecera de la improvisada cama de madera a la que est&aacute;n atados, un hombre asume el mando del grupo, iniciando una serie de c&aacute;nticos en un idioma extra&ntilde;o. Luego descubre su cabeza, tirando su capucha hacia atr&aacute;s - Estos hombres han manchado el nombre de la gran secta, que brinda sus servicios al maestro de la oscuridad. Ahora su nombre lavar&aacute; la ofensa proferida a Satan&aacute;s, dios del mundo y nuestro. 

Otro hombre cubierto por una t&uacute;nica negra sale de entre las sombras . Descubre su rostro antes los asustados j&oacute;venes. – muy bien muchachos, era importante saber que no hab&iacute;an hablando con la polic&iacute;a. Ahora que estamos seguros ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil el sacrificio. 

Marlon sorprendido reconoce el rostro y la voz, era el polic&iacute;a, ahora estaba seguro que no lo era.

De entre su capa el hombre saca una daga con varias curvas y mango labrado con extra&ntilde;as figuras. La iza, amenazando con lanzarla hacia el pecho de los j&oacute;venes amarrados. Esteban cierra los ojos, mientras que sus poros sudan copiosamente, esperando el golpe mortal. 
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2005-06-22</dc:date>
			<pubDate>Wed, 22 Jun 2005 00:00:44 UTC</pubDate>
		</item>
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			<title><![CDATA[Un minuto]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/116/116279/</link>
			<description><![CDATA[Su mano descend&iacute;a tan sutilmente de mi hombro al brazo y volv&iacute;a de nuevo a subir, una y otra vez; y entonces comprend&iacute; sin ver, mientras mi hermana intentaba en vano mantener conexi&oacute;n con mi atenci&oacute;n, que ella flu&iacute;a dentro sobre mi como lo hacia mi sangre. La sent&iacute;a tan dentro de mi, sin que ella con ese simple detalle se diese cuenta, que alcance a sorprenderme con el comp&aacute;s de mi coraz&oacute;n al ritmo del suyo.

Estaba all&iacute; a mi lado. Su mano al rededor del pliegue de mi brazo flexionado y la derecha sublime, construyendo un poema con mi sangre, con mi carne viva. Era extra&ntilde;o, antes la observaba y he de confesar que me concentraba en ella, la miraba profundamente, como aquella vez que pude ver tras la bruma de la cotidianidad su entrega sencilla y sin miramientos, afianzada su mano a un cuchar&oacute;n de palo y con ese cadencioso movimiento que la hace celestial, ella imbuida en la cotidianidad y yo mir&aacute;ndola, asaltando ese momento suyo de privacidad, de autocofidencia, con un escalofr&iacute;o en mi espalda descubriendo su entereza de madre, de esposa. O en aquella otra ocasi&oacute;n, que la vi hermosa volar en contraste con el azul intenso del cielo, ese cielo que siempre se me antojaba simple, ahora con ella completo, perfecto. Alguna otra vez me concentre en el movimiento r&iacute;tmico de sus om&oacute;platos mientras operaba la mec&aacute;nica que le exig&iacute;a el arrastrar un trapo h&uacute;medo por el piso, concentrada y luego inquieta por descubrir mi presencia sorpresiva tras de ella, la sent&iacute; observarme sobre su hombro disimuladamente y sin ninguna pretensi&oacute;n de orgullo, continuaba con su tarea que de observarla a diario, se hacia tan com&uacute;n a su peque&ntilde;o cuerpo. Muchas sesiones de observaci&oacute;n fueron agredidas furtivamente por ideas que galopaban con fieros caballos salvajes sobre mi pensamiento sin piedad, que ten&iacute;a que liberarse de alguna manera sobre una hoja de papel. Muchos leen revistas sentados sobre el inodoro, yo escrib&iacute;a sobre ella.

La observe tantas veces y tan minuciosamente que ahora estando ella parada a mi lado con su suave tela cubriendo su tersa piel y con mis ojos intentando simular una atenci&oacute;n sobre los de mi hermana que no deja de parlotear, en ese momento que no duro m&aacute;s de un minuto sin verla, la descubr&iacute; como era, como alguna vez en un sue&ntilde;o quise verla, pero la recuerdo en el sue&ntilde;o usando mis ojos y descubriendo de ella su luminiscencia. Era real, era un sentimiento y as&iacute; es ahora, que no la veo, la sensaci&oacute;n de seguridad de tenerla y adem&aacute;s de tenerla, de que ella sienta que es agradable el sentirse m&iacute;a. Ese simple detalle en el que concentre todos mis sentidos, me devolvieron a la realidad que siempre me es esquiva cuando pretendo sentirla, la que aparece tan de repente que he llegado a pensar que de no ser as&iacute; no ser&iacute;a tan especial. Momentos como este me hace descubrir que con ella he adquirido un sentido especial, algo que me comunica m&aacute;s que con su conciencia, con su naturaleza. Estamos tan conectados que a pesar de ella no sentirlo, por que no creo que ella me vea como yo a ella, somos uno. Es su entrega, es todo de ella, creo que sobre ella podr&iacute;a cavilar tanto tiempo que creo que el tiempo me traspasa. &iquest;Cu&aacute;nto tiempo he perdido intentando simular atenci&oacute;n a mi hermana? Este ha sido un pensamiento de un minuto de intentos de robarme la atenci&oacute;n que siempre le entrego a ella. &iquest;Qu&eacute; dice mi hermana?


-	Te preguntar&aacute;s Dar&iacute;o por qu&eacute; ella me ha escogido a m&iacute; para que te diga la verdad. No se atrev&iacute;a a ser ella la que se enfrentara a esa mirada distra&iacute;da que tienes. Yo acced&iacute; pero le exig&iacute; que estuviera presente, que me acompa&ntilde;ara, por que a pesar de que no sean sus palabras las que te entrar en raz&oacute;n, ella ten&iacute;a que hacerle frente a al situaci&oacute;n. Tu sabes Dar&iacute;o, las cosas pasan por que tiene que pasar, tu sabes, el amor acabo, ella se cans&oacute; de ser ti sirvienta Dar&iacute;o y debo decirte, aunque suene odioso, que yo te lo advert&iacute;. Ella no quiere seguir contigo, &iquest;lo comprendes Dar&iacute;o? &iquest;Por que sonr&iacute;es? Pero ponme atenci&oacute;n Dar&iacute;o.
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2005-06-22</dc:date>
			<pubDate>Wed, 22 Jun 2005 00:02:07 UTC</pubDate>
		</item>
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			<title><![CDATA[Las hadas muertas]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/116/116281/</link>
			<description><![CDATA[Ah&iacute; viene mi abuela. Lo supe por que siempre que se va la luz, son sus alpargatas las que rompen el silencio en el que quedamos sumidos y es el destello de su vela la que nos abre de nuevo los ojos. Alcanzo a ver en la penumbra con el rabillo del ojo, las negras intenciones de Gilberto de esconderse como de costumbre y saltar sobre mi abuela para descargarle un gran susto. Me descubro negando con la cabeza y sonriendo. Se que va a pasar, el brincar&aacute; y como siempre mi abuela ya se habr&aacute; quitado sus cajas de dientes y abrir&aacute; sus ojos de la forma descomunal como lo sabe hacer y sorpresivamente antes de que Gilberto pueda hacer alg&uacute;n gemido, ella le mostrar&aacute; su cara de muerto  y el saldr&aacute; trasquilado. &iquest;Ven? Ah&iacute; est&aacute;n los dos. No se por qu&eacute; lo hace &eacute;l, creo que le gusta esa cara que hace mi abuela. A mi me gusta saber que mi abuela, a pesar de sus a&ntilde;os, todav&iacute;a sigue siendo tan sorprendente como cuando era ni&ntilde;o. Esa forma tan suya de ser es la que me ha hecho a mi ser lo que soy, m&aacute;s que la cascarita de ganao de mi pap&aacute;. Ah, mi abuela. Luego reposa la vela temblorosamente sobre la mesa mientras siguen sus carcajadas acompasando las nuestras, saca del bolsillo de su delantal el par de cajas y se las acomoda en su gran boca de nuevo. Ahora si es mi abuela, la bonachona. Por todo esto me encanta que se vaya la luz, es un anhelo, cada noche y como es tan com&uacute;n en esta regi&oacute;n, Dios me hace el milagrito bien seguido. Luego arrastra pesadamente sin querer que yo le ayude, su mecedora desde su habitaci&oacute;n hasta el pasillo y se acomoda, no sin antes recoger el tejido de crochet que siempre termina en carpetas que inundan todas las mesas de la casa. Ella las cambia cada ochos d&iacute;as, tiene cientos de ellas. Es graciosa la forma en la que se ve sentada sobre su silla, casi siempre con media enagua por fuera, sin la menor verg&uuml;enza. Todos nos acomodamos con la ruana bien envuelta, esperando la pregunta que sabemos que va hacer: &iquest;quieren que les cuente un cuento? La primera que pone el grito en el cielo es Clarita que con un &quot;si&quot; muy agudo esconde los nuestros, muy emocionada. Mi abuela  y su sonrisa se mecen tranquilamente mientras que sus &iacute;ndices luchan entre si entretejiendo, luego de pronto para su labor y se inclina hacia nosotros abriendo sus ojotes.

-	Por all&aacute; por el a&ntilde;o de 1949, hacia el mes de mayo, toda la regi&oacute;n ven&iacute;a siendo azotada por el miedo. Nadie sal&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de las 6 de la tarde. Todos corr&iacute;an rapidit&iacute;co para sus ranchos a guarecerse. Yo ten&iacute;a como unos 28 a&ntilde;os, su pap&aacute; todav&iacute;a no hab&iacute;a nacido y sus dos t&iacute;os eran bien chiquiticos. Yo ya hab&iacute;a quedado viuda del pap&aacute; de ellos y estaba solita con mis dos chinos prendidos de la falda. Eso si, como ya saben me toc&oacute; bien duro para sacar a esos gu&aacute;mbitos adelante. Eso me tocaba moler como ninguna por ah&iacute; en la vereda. Bien temprano me levantaba yo y recog&iacute;a los huevos de las cuatro gallinas que ten&iacute;amos, solo pon&iacute;an tres, a veces ninguna. Luego me envolv&iacute;a la ruana y sal&iacute;a a exprimirle la ubre a la To&ntilde;a que para esa hora estaba arrancando el pasto del pedacito de tierra que ten&iacute;amos. Era bien temprano por que todav&iacute;a estaba oscuro; luego de sacarle la leche al animal, me pon&iacute;a yo en la tarea de guardarla en las botellitas que me tra&iacute;a Lucho para luego yo venderla. Me atornillaba bien apretado el sombrero y sal&iacute;a con mi canastita y adentro, las botellas para ir a venderlas al pueblo, dejando desayuno listo y parte del almuerzo preparado. Me gastaba en venderlas una hora exacta,  porque siempre do&ntilde;a Odilia la de la farmacia, sabia que yo pasaba bien temprano por la leche; luego don Cipriano el carpintero y as&iacute; como a ocho personas, cuando la To&ntilde;a se portaba bien. Cuando yo volv&iacute;a los verriondos chinos ya estaban llen&aacute;ndose de tierra las costillas. Yo entraba y servia el chocolatito que volv&iacute;a a calentar  y las arepas con su buen pedazo de queso. Entonces luego de dejar bien   taqueados a los hijos, los sacaba caminando hasta donde mi comadre Consuelo  y all&aacute; se los dejaba, mientras yo me iba a trabajar a la casa de la se&ntilde;ora Carmenza toda la tarde. Cuando volv&iacute;a, recog&iacute;a a los chinos, sin almorzar porque la comadre no me les daba ni un caldo y me los llevaba pal rancho pa&#039; que llenaran tantico el buche. En tantas andanzas que me tocaban, escuche decir a don Jerem&iacute;as que por ah&iacute; andaban diciendo que hab&iacute;an visto muy seguido en la noche a un perro negro que se paseaba por all&aacute; por la quebrada , hacia el lado de cascadita. Que Don Jos&eacute; se lo hab&iacute;a encontrado de frente hacia como dos noches y que el condenado perro la hab&iacute;a mirado y le hab&iacute;an brillado los ojos colorados que tenia. Dec&iacute;a que era el perro mas grande que hab&iacute;a atisbado y que cuando pudo recobrar el aliento supo para que le serv&iacute;an las patas. Y no fue solo Don Jos&eacute; el que lo  vio tambi&eacute;n fue la vieja Sonia, la encargada de la hacienda mayor. Yo se que no deber&iacute;a pero me dio un fresco , la historia esta, que a ella se le hab&iacute;a mandado encima el berraco perro y la vieja con sus alpargatas y las enaguas arremangadas al pescuezo corr&iacute;a como nunca jamas le hab&iacute;a tocado hacerlo. La pobre vieja dizque corr&iacute;a y volteaba a ver al bendito perro y con cada mirada ella lo ve&iacute;a mas grande. Y cuando se vio perdida se tiro al suelo  y se cubri&oacute; la cabeza con los brazos, esperando lo peor, pero cuando  levant&oacute; la cabeza no hab&iacute;a nada. Igual no le importo y agarro de nuevo sus enaguas y se fue cono alma que lleva el diablo, bueno, casi de verdad se la lleva.
-	Yo no cre&iacute;a esas vainas pero igual me daba mucho miedo, que no hay que creer en las brujas pero que las hay las hay. Preciso uno de esos d&iacute;as la se&ntilde;ora Carmenza le dio una infecci&oacute;n estomacal y me toco acompa&ntilde;arla y darle ag&uuml;itas de hierbas y calditos para que  medio se sintiera bien. Me cogi&oacute; la noche ahora tenia que caminar hasta donde mi comadre, atravesando el camino donde dec&iacute;an se la pasaba el perro negro. Que mas pod&iacute;a hacer, ten&iacute;a que recoger mis chinos. Entonces de nuevo me atornille el sombrero, me cubr&iacute; con la ruana y me dispuse a salir.
-	Eso yo caminaba con una tembladera. Yo que me burlaba de la vieja Sonia y ahora me tocaba a m&iacute; la  carraqueadera. Caminando vi a lo lejos dos lucecitas rojas, la luna estaba bien redonda arriba iluminaba todo pero esa parte del camino estaba bien oscura; aparec&iacute;an y desaparec&iacute;an sin moverse yo que los  vi a lo lejos empece a caminar mas despacio pero no me detuve. Ol&iacute;a bien raro, un olor fuerte que nunca hab&iacute;a sentido solo o&iacute;a mi respiraci&oacute;n agitada pero mis pies no se deten&iacute;an. No se porque como a dos metros pude ver la forma del perro que me miraba acercarme con los ojos bien abiertos. Empece a arrastrar las alpargatas pero no me deten&iacute;a pensaba pasar por un ladito y hacerme la que no lo hab&iacute;a visto. El bendito perro me miraba fijamente y no se porqu&eacute; empez&oacute; a jadear como si fuera conocida. As&iacute; hac&iacute;an los perros de Don Jaime cuando en las madrugadas me ve&iacute;an acercarme al cercado , me miraban y luego jadeaban porque sab&iacute;an quien era yo, entonces pense que este seguro era uno de los perros de Don Jaime ; pero yo todav&iacute;a estaba lejos del rancho, como iba a estar por aqu&iacute; el perro de don Jaime. Adem&aacute;s este era negro muy negro, no se ve&iacute;a bien de lo negro. Pense que pod&iacute;a ser un perro callejero nada m&aacute;s y que la luz de la luna era la que la hac&iacute;a brillar de esa manera sus ojos. Camin&eacute; despacito, por si las moscas, no fuera que de verdad sea el diablo y por confiada terminara llev&aacute;ndome. Ya pasando por su lado vi como el perro, jadeando se acercaba a mi, pero no corr&iacute;, camine despacitico y el bandido perro empez&oacute; a caminar a mi lado. Me mord&iacute;a el labio inferior  y me llene de fuerzas. Segu&iacute; mi paso pausado pero ese animal segu&iacute;a all&iacute; a mi lado. Aligeraba el paso y &eacute;l tambi&eacute;n lo hac&iacute;a al tiempo. Sent&iacute;a que me le&iacute;a el pensamiento. Intente con la valent&iacute;a que me sal&iacute;a del corpi&ntilde;o, bajar con la mirada para enfrentarme a sus ojos rojos, inmutables mientras que caminaba a mi lado. Era seguro que no era cualquier perro de por ah&iacute;, estaba junto a mi por alguna raz&oacute;n y esos ojos coloraos no eran nada angelicales. Mis a&ntilde;os y lo duro que la vida hab&iacute;a sido para mi, no me hizo cobarde. As&iacute; que, me detuve y con palabras entre cortadas le dije:

-	De parte de Dios o de parte del diablo.

-	Y esperando que el perro me hablara cerr&eacute; los ojos y me concentre a escuchar. No o&iacute; nada. Entonces, sin abrirlos dije - &iquest;qu&eacute; quiere de m&iacute;? Y todav&iacute;a pas&oacute; m&aacute;s tiempo sin oirse una sola palabra. Decid&iacute; abrir los ojos y dirig&iacute; mi mirada hac&iacute;a donde por &uacute;ltima vez hab&iacute;a visto al perro. Cuando pude enfocar, vi los pies de un hombre. Era pulcro, sus zapatos brillaban en la oscuridad en la que estabamos. Y sus pantalones eran limpios, no parec&iacute;a que fuera llegado de alg&uacute;n sitio cercano de por ah&iacute;. Hasta los hacendados m&aacute;s ricos que vest&iacute;an ropas caras se empolvaban con los areneros que se forman en estos caminos. Pero este no, estaba limpio, sin un peque&ntilde;o grano de polvo sobre su tela. Sub&iacute; t&iacute;midamente la mirada y pude reconocer un cintur&oacute;n de un material tan extra&ntilde;o que dur&eacute; un tiempo en reconocer que era como el cuero, pero era un cuero de un animal extra&ntilde;o. No parec&iacute;a el cuero que us&aacute;bamos por  ah&iacute; en la regi&oacute;n. Una camisa que no mostraba tener ni los botones que mostraban las camisas de los mercaderes de la plaza. Una chaqueta de un material que nunca hab&iacute;a visto. Luego pude verme reflejada en sus ojos profundos, oscuros y l&aacute;nguidos. Me miraba y todav&iacute;a me parec&iacute;a que estaba jadeando. No me asuste, la verdad esperaba algo mucho m&aacute;s espantoso. Sino fuera por que el presente fuera el mism&iacute;simo diablo, lo ver&iacute;a como un gal&aacute;n de esos que s&oacute;lo ven las se&ntilde;oritas hijas de las matronas de las haciendas. Hab&iacute;a en &eacute;l una belleza nada com&uacute;n. Su piel era parejita, no ten&iacute;a ni una sola marca. Sus ojos medio rasgados y sus labios gruesos y carnosos. Mi miedo parec&iacute;a transformarse en gusto, este pensamiento me sobresalto. &iquest;Estaba entrando en el juego del diablo? &iquest;Acaso su poder se filtraba m&aacute;s all&aacute; de mis propias sensaciones? Entonces el hablo - &iquest;C&oacute;mo te llamas? 

Era la pregunta menos esperada en ese momento, el diablo con todo su poder frente a mi y s&oacute;lo me pregunta que &iquest;c&oacute;mo me llamo?, luego el dijo - No soy el diablo, soy un simple demonio - Otra vez me dejo asombrada, sin decir una palabra el sab&iacute;a que estaba pensando y me dijo - s&oacute;lo es uno de los poderes que tengo de muchos otros como el de cambiar de forma sin tanto esc&aacute;ndalo. Evitando que se me adelantara le dispare una pregunta - si ese es uno de sus poderes deber&iacute;a saber como me llamo.

-	Claro que lo se, pero hab&iacute;a cre&iacute;do que era la &uacute;nica forma de poder escuchar tu voz, aunque no lo creas tus ideas suenan como tu voz pero es mucho m&aacute;s arm&oacute;nica tu voz.

Pense - no hablare m&aacute;s, as&iacute; solo podr&aacute; saber de mi a trav&eacute;s de la forma que menos le gusta. Tiene todos los poderes que quiera tener, pero no tendr&aacute; el poder para llenarse de gusto con mi voz. El dijo - Eres muy valiente, aun sabiendo que soy un demonio intentas retarme con tus pensamientos, pues bien, creo que es una reacci&oacute;n obvia y por ser la primera vez que me aventuro a hablar con un mortal, la dejar&eacute; pasar as&iacute; nada m&aacute;s. Muy bien Ernestina, se todo de ti y creo que este conocimiento es el que me ha hecho deshacerme de todo lo que me imped&iacute;a hablar con un mortal. Debo decirte que el que se sincere de esta forma con un humano como tu, est&aacute; condenado a sufrir las inclemencias del infierno de los demonios, ya te podr&aacute;s imaginar como es. Exacto, es as&iacute; como lo has pensado. No quiero ser m&aacute;s el que tiene el poder sobre los dem&aacute;s. Eso s&oacute;lo me ha dejado soledad, y de tanto convivir con humanos he adquirido la necesidad de compa&ntilde;&iacute;a. Al comienzo, cuando empece en este menester siempre viv&iacute;a feliz de ver las caras de sorpresa de los simples mortales, mis administrados. El miedo s&oacute;lo se puede compartir aqu&iacute;, en la tierra. Es un nuevo producto que empez&oacute; a regir desde el siglo XVIII, el de intentar rectificar caminos, evitando que los humanos llegaran al infierno. Se que no es lo que piensa todo el mundo, que somos nosotros los encargados de arrastrar las almas hasta el infierno para su castigo. No, no es as&iacute;. Empezamos con lo que muchos denominaron leyendas, que a&uacute;n ahora todav&iacute;a existen. Pero vendr&aacute; el tiempo en el que ya ni las leyendas puedan surtir efecto para evitar su ca&iacute;da y el miedo vendr&aacute; de ustedes. Pero bueno, ese no es el tema. Algunos otros demonios se dedicaron a permitir, a trav&eacute;s de ustedes mismos la llegada al infierno. La verdad es que cuando llego el siglo XVII, el infierno estaba abarrotado de almas y no cab&iacute;a una m&aacute;s, ni exist&iacute;a demonio que permitiera el castigo necesario para que las almas se arrepintieran de sus delitos. Entonces en el siglo XVIII nos toc&oacute; evitar que llegar&aacute;n, lo que ha hecho para este siglo que el infierno sea nada m&aacute;s que una burla. Muchos se imaginan que es un sitio donde pueden hacer lo que quieran, que tendr&aacute;n lo que ellos han llamado las mujeres diablas que son m&aacute;s voraces que las mujeres de la vida f&aacute;cil de aqu&iacute;. Mi encargo era asustar tanto a mis administrados, que ellos mismos reversaran los caminos de delito y volvieran a la v&iacute;a correcta. Empece con un hombre que pretend&iacute;a enrolarse en las filas del ej&eacute;rcito alem&aacute;n. Luego a una mujer que quer&iacute;a castigar la infidelidad de su hombre arranc&aacute;ndole lo que para ella era suyo. Ahora me asignaron un territorio en donde al parecer quiere nacer uno de los frentes de la violencia que dentro de diez a&ntilde;os se har&aacute; incontenible. Ese al que t&uacute; llamas Don Jos&eacute; va  a ser el cabecilla de la violencia de esta regi&oacute;n. La verdad me canse de todo esto. Si queremos evitar la sobre poblaci&oacute;n de almas en el infierno y a la final se queda todo en un intento, por que los benditos hombre siempre tan tercos terminan cayendo en el abismo. Y si soy claro esto no es lo que de verdad me ha hecho cambiar de idea. 

Su voz flu&iacute;a a mi como si fuese un manantial claro que me traspasaba. Era extra&ntilde;o, ese hombre que se supon&iacute;a ten&iacute;a el poder de un demonio, ahora sacaba de lo m&aacute;s interno de &eacute;l, la sensaci&oacute;n celestial de la sinceridad y se sent&iacute;a como eso, un ave negra y chillona cambiada a un &aacute;ngel azul y brillante. - La verdad es que he observado al hombre y su esencia desde que me han enviado aqu&iacute;. Esa facultad de asustarse, el miedo del que soy yo el due&ntilde;o, ese miedo los hace recapacitar, el miedo es la vara que castiga y corrige el camino. El miedo a pesar de hacerles sentir d&eacute;biles, cada vez los hace mejores. Eso a lo que t&uacute; llamas tentaciones que repites cada vez m&aacute;s en semana santa leyendo ese libro que llaman Biblia, esas tentaciones no son m&aacute;s que el miedo que aquel hombre tuvo que sufrir para encaminar sus pasos, para saber cual era el camino. &iquest;Lo ves? Puedo yo ser m&aacute;s poderoso, pero son ustedes los &uacute;nicos que pueden ser mejores. &iquest;C&oacute;mo crees que puedo yo ser mejor?, asustando a alguien hasta la muerte, no lo creo. Quiero eso, quiero sentir miedo, quiero temer mi muerte, quiero correr de mi, dejar todo atr&aacute;s de mi y tener la ilusi&oacute;n de que alg&uacute;n d&iacute;a podr&eacute; tener algo m&iacute;o, que sea mi esfuerzo, que sea lo que yo quiera.

Mientras que este hombre me hablaba as&iacute; y yo lo observaba boquiabierta, pensaba, ha aprendido m&aacute;s de lo que pueda aprender un hombre en un mill&oacute;n de a&ntilde;os. Pero es un demonio y ha cambiado mi miedo a la confianza de ser a la que se le descubre un secreto que a nadie m&aacute;s se le ha develado. Yo, Ernestina, humilde, pobre y sin ning&uacute;n futuro estaba parada frente a un demonio que sent&iacute;a lastima de si mismo. Algo pens&eacute; que no estaba bien y el me dijo - si, tienes toda la raz&oacute;n de dudar. Al fin y al cabo soy un demonio y es mi misi&oacute;n hacer confiar a la gente para que despu&eacute;s caiga dentro de su confianza y pague por su debilidad. Pero ahora no es lo que hago y pensar&aacute;s, si no es lo que hace entonces &iquest;por qu&eacute; ninguno de los que dice &eacute;l que vendr&aacute;n a castigarlo ha llegado a dictar su sentencia sobre nosotros? Existe una escala de poder en el infierno, al comienzo siendo un simple demonio con los mismos poderes que hoy tengo delante de ti, ten&iacute;a que ser vigilado por un superior, ahora despu&eacute;s de cumplir muchas misiones, yo soy un superior y puedo cumplir misiones sin que las cabezas teman que soy infiel. Eso es una ventaja, pero s&oacute;lo me ha servido para sentirme cada vez peor. 

Luego mi miro a los ojos con ese negro intenso de los suyos y me dijo - Ernestina, ya no puedo m&aacute;s, no quiero ser m&aacute;s el demonio que pretende cambiar vidas sin hacer nada por la propia. &iquest;Entiendes? Quiero ser simple, quiero ser un humano como tu.

Sus manos subieron lentamente a la cabeza mientras que parec&iacute;a buscar en el suelo un lugar para acurrucarse. &iquest;Cu&aacute;nto tiempo ha trascurrido hasta ahora? No tengo idea pero creo que no pasa de la media hora. El esta sentado all&iacute; a la vera del camino y yo aferrada a mi ruana no sab&iacute;a que hacer. Sent&iacute; compasi&oacute;n de &eacute;l. Cre&iacute; que era sincera su intenci&oacute;n de conversi&oacute;n y como dec&iacute;a el padre en la iglesia, s&iacute; pueden cambiar el camino de alguno que lo ha perdido es deber de todo cristiano corregirlo. Y es as&iacute; como extend&iacute; mi mano hacia su hombro y me arrodille a su costado intentando acompa&ntilde;arlo en su dolor. No era un llanto, era un silencio desgarrador, un silencio que nunca podr&eacute; describir, un silencio que nunca m&aacute;s volv&iacute; a sentir. 

Le promet&iacute; con mi voz, que cada d&iacute;a volver&iacute;a a verle sin falta. Que yo har&iacute;a por &eacute;l lo que estuviera a mi alcance para que lograra convertirse en un humano. Mientras que caminaba de nuevo hacia la casa de la comadre, pensaba en la sonrisa que me regalo cuando me desped&iacute; de &eacute;l. No era la de un demonio. Sent&iacute;a una atracci&oacute;n especial por aquel hombre y cre&iacute;a que era la oportunidad que me estaba dando de ser diferente a todas las que yo conoc&iacute;a. Llegue con una mirada diferente por que cuando me vio la comadre me dijo - Pero que la trae tan contenta, si le brillan esos ojos como dos velas en plena noche sin viento. Que &iquest;se mejor&oacute; la patrona o es que encontr&oacute; un hombre por el camino? Esa &uacute;ltima frase de la comadre me estremeci&oacute; y le dije que no era nada, que no deb&iacute;a preocuparse y me observ&oacute; como con la mirada de aquella que sabe lo que me hab&iacute;a pasado y me sent&iacute; desnuda, luego me dijo algo que no pude olvidar - Recuerde comadre, el que es nunca dejar&aacute; de serlo. Y me entrego a mis hijos. Mi comadre dici&eacute;ndome eso, era extra&ntilde;o, como si supiera con quien hab&iacute;a hablado esa misma noche. Mientras que caminaba con los hijos, observe la luna y descubr&iacute; que iba ahora m&aacute;s temprano que lo que sospechaba y record&eacute; a aquel demonio que parec&iacute;a haberme dado un regalo. 

Al d&iacute;a siguiente, despu&eacute;s del trabajo, lo vi a lo lejos recostado sobre un guayabo, esper&aacute;ndome. Y sigui&oacute; habl&aacute;ndome de sus intenciones de dejar la vida a la que se hab&iacute;a restringido hasta ese tiempo. Intent&oacute; disimular su poder de telepat&iacute;a y me convenci&oacute;. Cada cosa que dec&iacute;a se acomodaba tan sospechosamente y preciso en el instante en que lo sent&iacute;a el cambiaba r&aacute;pidamente, cada vez que suced&iacute;a eso, ten&iacute;a la idea de que era demasiado evidente o era muy estupido, el s&oacute;lo me miraba con una sonrisa y me dec&iacute;a - a pesar de ser una campesina sin educaci&oacute;n, tienes la inteligencia que muchos de los doctores de la regi&oacute;n, envidiar&iacute;an. 

Estos acercamientos se sucedieron cada d&iacute;a. Yo los aceptaba con la intenci&oacute;n de convertirlo a un cat&oacute;lico, claro empezando por transformarlo en hombre. Un d&iacute;a me pregunt&oacute; - &iquest;tu crees que no creo en Dios? Si yo soy lo que soy por &eacute;l. No existe en el infierno m&aacute;s creyente en Dios que el mismo diablo, y es por sus movimientos que los hombres se arriman m&aacute;s a Dios. Esa mala fama no es gratis. &iquest;Recuerdas a judas? &iquest;Aquel que muchos dices “traicion&oacute;” a su maestro? No hac&iacute;a m&aacute;s que verificar las profec&iacute;as y cumplir con los encargos de Dios. &iquest;Qu&eacute; hubiera sido de Jes&uacute;s s&iacute; ese hombre no lo hubiera traicionado? &iquest;Crees que la soberan&iacute;a espiritual de la ahora goza no ha sido fruto del trabajo y el sacrificio de nosotros los que traicionamos? Lo mir&eacute; mientras sosten&iacute;a la Biblia en mis manos. 

- No quiero m&aacute;s eso – me dijo si quitarme sus ojos de encima – Siento la enorme necesidad de liberarme de todo esto. As&iacute; no lo quieras, asumo tu idea de que yo soy el demonio que no sabes nada de su historia. No necesitas acercarme a mi realidad por que yo la tengo cada d&iacute;a muy presente. Ay&uacute;dame a alejarme de todo. No pienses que me convertir&aacute;s en un ateo, piensa que me liberar&aacute;s de todo lo que para ti es necesario. Ser&eacute; un hombre y no se como me desprender&eacute; de todo esto, no se si alguien ha logrado liberarse, pero yo lo har&eacute; as&iacute; desaparezca en el intento. 

Sentado frente a mi, iluminados por la tenue luz de la luna, pude reconocer su necesidad de llanto de sus ojos estre&ntilde;idos. No hab&iacute;a sudor, ni una gota de agua dentro de &eacute;l. Su cuerpo que no exist&iacute;a, quer&iacute;a sufrirlo. Sab&iacute;a yo que a pesar de que era demonio, su palabra no val&iacute;a, pero de verlo tan sencillo, tan sereno y a la vez tan decidido, no dude en sus palabras. – &iquest;Sabe que deber&iacute;a hacer? Ac&eacute;rquese a la iglesia y desp&iacute;dase. 

-	&iquest;La iglesia? All&aacute; yo ya he estado.

-	Pero no lo ha hecho pensando en Dios como su jefe, el que gobierna sus acciones finales.

-	Si lo he hecho – me dijo- aunque siempre lo hice pensando en hacer mis actividades, intentando tentar a curas, a mujeres que se dec&iacute;an cat&oacute;licas y observando a otros que se sientan con descaro frente a las im&aacute;genes que adoran sin recordar los pecados cometidos varios minutos antes. 

-	Ahora debe hacerlo por usted, entr&eacute;guese a la idea de abandono. D&iacute;gale con su pensamiento que ya no pertenece a su grupo, que ahora es libre.

-	Bien, lo har&eacute;.

-	Yo misma le seguir&eacute; hasta la entrada de lejos. No quiero que los del pueblo piensen que estoy con un hombre diferente al Parmenio, mi difunto esposo.

Al otro d&iacute;a fui temprano a la plaza y simule desde la puerta estar comprando frutas, frente a la plaza que en el otro extremo dejaba ver la entrada a la iglesia. Al levantar la mirada, despu&eacute;s de escoger algunas naranjas, pude descubrir su figura de pie, en todo el centro de la plaza, observ&aacute;ndome. Me incomod&oacute; por que no se apartaba de mi, me intente ocultar detr&aacute;s de un racimo de pl&aacute;tano sin dejar de observarlo. Agacho la mirada y me dio la espalda, camin&oacute; lentamente hacia la entrada de la iglesia y lo traspaso sin detenerse. Dej&eacute; todas las frutas en su puesto y me encamin&eacute; con paso r&aacute;pido hacia la iglesia. Al pararme frente a la puerta me detuve, me quede un tiempo all&iacute;. Sent&iacute; tras m&iacute;o la llegada de un grupo de se&ntilde;oras que sin querer me terminaron empujando al interior. Cuando me vi por fin sin la compa&ntilde;&iacute;a de esas desagradables se&ntilde;oras del pueblo caminando muy despacio, busqu&eacute; la figura del hombre que se supon&iacute;a deber&iacute;a estar en frente del altar, pero no lo vi all&iacute;. Pase&eacute; mi mirada sobre todos los que estaban en la iglesia pero a el no lo encontr&eacute;. De repente sent&iacute; tras su voz susurr&aacute;ndome al o&iacute;do – te esperaba. Me gire pero no lo vi. Empec&eacute; a sentir miedo all&iacute; de pie y mientras recuperaba la visi&oacute;n del altar, lo vi salir detr&aacute;s de unas de las columnas, mir&aacute;ndome y caminando hacia el altar. Lo vi pararse en frente y quedarse all&iacute;. Pense que podr&iacute;a ayudarle con mis pensamientos. – adelante, incl&iacute;nese, muestre que le tiene respeto, d&iacute;gale que usted reconoce su poder y que esta decidido, a trav&eacute;s de ese poder, convertirse en un hombre. 

Lo vi arrodillarse mostrando con algo de duda y permaneci&oacute; arrodillado durante alg&uacute;n tiempo, el suficiente para descubrirme a mi de pie y observada por las personas que me rodeaban. Decid&iacute; sentarme en una de las bancas y esperar a que saliera. 

El hombre se levant&oacute; despu&eacute;s de permanecer un rato all&iacute; y luego camin&oacute; hacia mi. Justo cuando iba a mi lado desvi&oacute; su mirada y prosigui&oacute; sin detenerse, segu&iacute; mirando hac&iacute;a adelante, pero no pude esperar mucho y decid&iacute; voltearme. Ya no estaba, no hab&iacute;a nadie tras de mi. Las personas que me observaban ya no estaban. Sal&iacute; corriendo de la iglesia mirando para todas partes.

Esa noche no me dijo nada, hablamos de muchas cosas diferentes. Al final de nuestra reuni&oacute;n s&oacute;lo atino a decir - Estoy mucho m&aacute;s cerca a ti. Yo baje mi mirada y sal&iacute; corriendo de all&iacute;.

Pasaron muchos d&iacute;as de espera y noches de intentos y cada uno de ellos hacia crecer en mi la idea de verlo. Pensaba que tal vez estaba siendo manejada por alg&uacute;n tipo d maleficio que el demonio me estaba haciendo, pero el mismo me dijo que cualquier demonio s&oacute;lo pod&iacute;a personificar un humano, m&aacute;s no ten&iacute;a poder para influenciar sus acciones ni pensamientos. Ojal&aacute; eso no haya sido una mentira. Lo ve&iacute;a y me sent&iacute;a tan bien reflejada en sus ojos, me sonre&iacute;a y pensaba que era a m&iacute; a la &uacute;nica que pod&iacute;a sonre&iacute;rle. Lo ve&iacute;a sentado en la oscuridad de la noche y sent&iacute;a que sus manos me tocaban, aunque jamas tuvo la intenci&oacute;n de hacerlo.

Un d&iacute;a me dijo - Ayer te vi en la plaza central del pueblo.

-	&iquest;Me vio? &iquest;c&oacute;mo? &iquest;por qu&eacute;?
-	Te vi con tu canasta y tus botellas de leche, te hable, te toque.

Lo mire con los ojos muy abiertos y no pude decir nada, ni si quiera pude cerrar mi boca. El p&aacute;nico me invadi&oacute;.

-	No te asustes Ernestina. Mis intensiones no van m&aacute;s all&aacute; que de sentirme vivo a trav&eacute;s de ti.
-	&iquest;y c&oacute;mo hace eso?
-	Ayer fui el hombre que casi la atropella con su cicla. Antes de ayer fui la vieja que te confundi&oacute; con su nieta. Lo he hecho desde el primer d&iacute;a que te vi y ahora es tan necesario. Disc&uacute;lpame, se que no te agrada pero no quiero hacerte da&ntilde;o, mis trabajos no deben durar m&aacute;s de tres d&iacute;as y tu no eres uno de ellos.

Al otro d&iacute;a, mientras caminaba hasta el pueblo y record&eacute; sus palabras. Sonre&iacute;a, me emocionaba la idea de que el estuviera detr&aacute;s de cualquiera con el que me cruzara. Ese d&iacute;a creo que todos pensaban que me hab&iacute;a vuelto loca. Salude, sonre&iacute;, hable con cada uno de ellos. Lo ve&iacute;a a &eacute;l hasta en las palomas de la plaza, en todos los que se me acercaban. En la noche el no me dijo nada.

Un d&iacute;a me dijo - ayer te robe un beso

Adem&aacute;s de mirarlo con los ojos como un plat&oacute;n, me puse como un tomate, el sonri&oacute;.

-fui uno de tus hijos. Los besas en la frente al dejarlos donde tu comadre. Aproveche que Lucho se dedicaba a correr tras las gallinas en el corral y me aparec&iacute;, corriendo el riesgo de ser descubierto. Recib&iacute; tu beso cerrando los ojos, sin embargo vi como tus labios se acercaban, rosados, tersos, brillantes. Que bien hueles Ernestina y tus manos son suaves. C&oacute;mo me hubiera gustado que me llenaras la cara de besos.

Al otro d&iacute;a cuando vi a mis hijos, los levante uno a uno del suelo y los abrace. Llene de tantos besos como caricias les cab&iacute;a en el cuerpo. Los ame el triple. No me arrepiento, a pesar de que pueda sonar medio pervertido.

Un d&iacute;a el me dijo - Ayer te acaricie.

Yo le sonre&iacute; descaradamente.

-	Ayer fui agua y memorice tus poros, fui viento y cont&eacute; cada uno de tus cabellos, fui arena y bese tus pies.

Al otro d&iacute;a sent&iacute; cada cosa, cada detalle sobre mi piel. El viento, El agua hasta la que tome, la humedad de la To&ntilde;a, la neblina de la madrugada, todo. El me hizo descubrir la vida en un solo d&iacute;a.

Una noche, mientras me hablaba de un tal Mussolini, la noche se torno silenciosa y extra&ntilde;a. No o&iacute;amos ni el chirriar de las chicharras. El me mir&oacute; y no hab&iacute;a visto tanto p&aacute;nico reflejado en sus ojos. Luego de entre los matorrales, luces se acercaban hacia nosotros. Eran muchos perros negros con ojos brillantes. Me sent&iacute; perdida y el s&ograve;lo atin&oacute; a esconder su caraentre las manos. Uno de ellos empezo a sonar como a hojarasca bajo los pies y como intentando levantarse, empez&oacute; a crecer, hasta llegar a tres metros del suelo y luego comenz&oacute; a bajar. Se convirti&oacute; en otro tipo, mucho m&aacute;s bajito que el primero y con ojos saltones. Volte&oacute; a mirar al demonio que permaneci&ograve; inm&oacute;vil. Le dijo – Ya he perdido la pr&aacute;ctica en esto. Usted sabe que hago aqu&iacute; y sabe por qu&eacute; tomo esta forma y hablo en esta lengua. Sabe cu&aacute;l es su destino y el de ella. Pero antes le voy a decir lo que espera saber. Si, ella llego a amarlo. Si, hubiera dado lo que fuera por que usted consiguiera ser quien quer&iacute;a ser. Si, hubiera permanecido a su lado toda la vida. Y usted Ernestina, si, el la ama como nunca a nadie a odiado. La ama y la amar&aacute;. Usted le dio lo que &eacute;l quer&iacute;a tener. No necesitaba nada m&aacute;s, pero en el furor de su emoci&oacute;n, olvid&oacute; que nadie escapa a mi mano. Ahora usted y &eacute;l ver&aacute;n en pocos minutos como su futuro cambia. Contra usted, Ernestina, no puedo hacer nada, ya ni nos teme, pero si contra el. Sabe como se llama? Iscarel, tiene titulo noble en el reino. Recuerde muy bien su nombre, por que s&ograve;lo con el lo podr&aacute; reconocer. Ser&aacute; lo que quer&iacute;a ser, hombre, pero con cierto detallito que lo limitar&aacute;. No ser&aacute; nada f&aacute;cil, hombre y ciego, y en un sitio muy lejano de aqu&iacute;. No, todav&iacute;a falta algo m&aacute;s, ser&aacute; hombre ciego y no recordar&aacute; nada, pero s&iacute; llega a escuchar su nombre de labios suyos, y este es mi toque rom&aacute;ntico, volver&aacute; a saber ui&eacute;n es y recobrar&aacute; el amor que hoy esta perdiendo, con lamisma intensidad que ahora.

Y luego se ri&oacute; de una forma que invadi&oacute; sin piedad toda la monta&ntilde;a, tan fuerte que los ojos de Iscarel, perdidos en un adios silencioso, se desvanecieron. Luego, asustada, desperte en mi cama, junto a mis hijos y era la misma hora de la acostumbrada levantada de cada ma&ntilde;ana.

Yo que era el que al parecer estaba m&aacute;s despierto, con la ventaja de ser el mayor del grupo y tener la mente abierta, le pregunte a mi abuela – &iquest;Y te fuiste a buscarlo?

Ella me mir&oacute; y me dijo – No

-	&iquest;Por qu&eacute;?

-	Por que ten&iacute;a dos hijos que cuidar

-	Pero… abuela, &iquest;no estabas enamorada?

-	&iquest;Enamorada? Claro, pero no arriesgar&iacute;a lo que ten&iacute;a en ese momento por ir a buscar a alguien que merec&iacute;a ser castigado.

-	Abuela, pense que har&iacute;as algo por &eacute;l.

-	Pues, eso deb&iacute; hacer, si.

-	&iquest;Y por qu&eacute; no lo hiciste?

-	Mire mijo, usted solo lo va a saber, hab&iacute;a quedado embarazada

-	&iquest;Qu&eacute;?

-	Si de su pap&aacute;, otro demonio igual. Ten&iacute;a que salir igualito a su pap&aacute;, que bien bandido me hizo sufrir y todav&iacute;a sobre el hecho me deja un chino que, siendo el menor, desde muy chiquito me sac&oacute; canas.

-	Volvi&oacute; la luz y me decubr&iacute; boquiabierto y rodeado por ni&ntilde;os dormidos. Mi padre, que hab&iacute;a subido me encontr&oacute; all&iacute; atolondrado y me dijo –que le pasa mijo?

No le dije nada, s&ograve;lo lo mire sorprendido, incapaz de reconocer a mi padre como hijo de un demonio. Y yo, &iquest;yo que era? El hijo de otro demonio como dijo la abuela. Mi padre se me qued&oacute; mirando y se echo a reir – la abuela ya le cont&oacute; la historia del demonio. Me la cont&oacute; y los personajes eran mis hermanos. Creo que ya no tiene edad para escuchar los cuentos de la abuela. S&oacute;lo falta que ella le cuente la historia de las hadas muertas.
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2005-06-22</dc:date>
			<pubDate>Wed, 22 Jun 2005 00:03:25 UTC</pubDate>
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			<title><![CDATA[En silencio]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/124/124417/</link>
			<description><![CDATA[Que extra&ntilde;o el d&iacute;a de hoy. En la ma&ntilde;ana al prender el radio no son&oacute; y pens&eacute; que  posiblemente no hab&iacute;a luz. Pero a&uacute;n sin despercudirme de sue&ntilde;o los ojos, pude ver cegado por el sol, que los n&uacute;meros de la hora se manten&iacute;an titilando en el centro los dos puntos que lo separaban, Se da&ntilde;o este aparato me dije. A&uacute;n as&iacute; recog&iacute; el reguero, no intente borrar del piso esa enorme mancha que qued&oacute; de la faena de anoche y sal&iacute;. En el camino, hipnotizado por mis pensamientos, recorr&iacute; varias cuadras sin darme cuenta que la calle estaba entumecidamente silenciosa tal vez guardando el respeto por mis meditaciones que galopaban fren&eacute;ticas. Frente a mi no se tropez&oacute; la misma anciana que caminaba apretadamente todos los d&iacute;as con su canasto del mercado del d&iacute;a, ni me alter&oacute; el aturdidor grito del vendedor de peri&oacute;dicos como casi todos los d&iacute;as. 

Absorto se arremolinaba mi cerebro en torno a ella esta ma&ntilde;ana, Lo debe estar pasando mal, me dec&iacute;a, Ya se debe haber enterado de mi decisi&oacute;n y muy seguramente no le habr&aacute; gustado. Cosa que no soporto es que me ponga en una absurda disyuntiva, siempre dejando por delante lo que le conviene. Pero esta vez, a diferencia de las otras se jodi&oacute;, o mejor la jod&iacute;. Aun aturdido por mi pensamiento entro por inercia al edificio parlament donde laboro, Jos&eacute; parece no haberme visto y yo igual no lo salude. Tom&eacute; el ascensor y oprim&iacute; espont&aacute;neamente el bot&oacute;n que me dirige al penthouse donde esta mi oficina. Rosita lleg&oacute; con el caf&eacute; de la ma&ntilde;ana pero antes de avanzar tres pasos y al levantar su mirada del borde del posillo hacia mi, dio la vuelta y se fue, no la llam&eacute;, creo que era l&oacute;gica su actitud frente a los hechos. Permanec&iacute; sentado all&iacute; no s&eacute; cuento tiempo, pero fue el suficiente para regodearme de mi decisi&oacute;n. Creo que durante el tiempo que estuve sentado en mi escritorio esboc&eacute; una sonrisa de satisfacci&oacute;n eterna. 

Es s&oacute;lo una firma, me dijo ella, pero yo s&eacute; que si lo hubiera firmado, ella hubiera salido ganando. No, le dije y de un iracundo manotazo al escritorio recogi&oacute; el documento y se fue, gritando mientras que se desvanec&iacute;a su voz, Ya ver&aacute;s, me dijo, esto lo har&aacute;s a la buenas o las malas Ernesto, ya te llamar&aacute; mi abogado, fue lo &uacute;ltimo que le escuche. Por rutina me encamin&eacute; hacia los cub&iacute;culos de los empleados y camin&eacute; silencioso. El silencio de nuevo, no sent&iacute;a teclados pulsar, no hab&iacute;an voces charlando, absoluto silencio en una hora en la que todos se reun&iacute;an en torno de la greca para su caf&eacute; matinal. Al llegar a la cafeter&iacute;a improvisada del piso, todos estaban all&iacute;, pero en silencio, pensativos con sus ojos en la nada y la temblorosa tasa de caf&eacute; pegada a los labios, todos igual sin percatarse de mi presencia, igual pens&eacute;, Es l&oacute;gico frente a los hechos. 

Mientras que me devolv&iacute;a a mi escritorio pensaba en la tortuosa tarde de ayer, sintiendo el hervir de mi sangre en las venas, Est&uacute;pida mujer, me dije, conmigo no conseguir&aacute; nada, y dise&ntilde;&eacute; varios caminos de salida para aquella molestia de la ma&ntilde;ana de ayer. Cada uno de ellos adornado con imprecaciones dedicados exclusivamente para ella, Est&uacute;pida mujer, de nuevo pens&eacute;, No es un alivi&oacute; ahora, como lo fue hace unos d&iacute;as, el haberme separado de ella. De nada sirvi&oacute; y ella, con por obra de Maquiavelo muy acorde a ella, me hab&iacute;a envuelto de nuevo en sus macabros deseos. Era gracioso, esa cualidad fue la que se acerc&oacute; a ella, ahora ese defecto es el que me separa. Nunca pens&eacute; que lo usar&iacute;a contra mi. Tal vez nunca me am&oacute; y eso ahora ya no importaba. No com&iacute; nada en todo el d&iacute;a, tampoco sent&iacute; hambre, no fue nadie a preguntarme y tampoco me llam&oacute; rosita por el tel&eacute;fono. Nada paso, absolutamente nada. Un d&iacute;a consumido en la silla de mi escritorio sonriendo. Sab&iacute;a decisi&oacute;n la que tome ayer, no hab&iacute;a otro camino, Pobre est&uacute;pida mujer, pens&eacute;, debe estarse revolcando de la ira. Tanto pens&eacute; en eso y fue tan grato este pensamiento que mi satisfacci&oacute;n me empujo a dar una fuerte carcajada en silencio, llor&eacute; de la dicha. 
Hoy sal&iacute; temprano. Me dirijo a mi casa caminando, recogiendo mis pasos, devolvi&eacute;ndome. Tal como lo pens&eacute;, all&iacute; estaban todos, parados frente a la puerta de mi apartamento acompa&ntilde;ados por la polic&iacute;a. Rogelio proyectaba la tristeza como un escudo a las preguntas, Carmenza, mi querid&iacute;sima mucama, lloraba desconsolada sujetando el pa&ntilde;uelo muy cerca de su nariz, y ella, la est&uacute;pida mujer, magnetizada por mi cad&aacute;ver que yac&iacute;a indemne bajo la sabana blanca. Creo que era l&oacute;gica su actitud frente a los hechos.
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2005-07-22</dc:date>
			<pubDate>Fri, 22 Jul 2005 18:28:30 UTC</pubDate>
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			<title><![CDATA[nazareno urbano]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/125/125211/</link>
			<description><![CDATA[Diario “El Corro”
Viernes 25 de marzo de 2005 , 6:15 a.m.
Bogot&aacute; D. C.

Hoy, hacia las 6:15 de la madrugada, la polic&iacute;a encontr&oacute; a un hombre arrastrando un enorme tronco en forma de cruz, s&oacute;lo cubierto por una sucia sabana enrollada precariamente a la cintura. El sujeto presentaba laceraciones por todo su cuerpo, en especial el costado izquierdo en donde se alcanzaban a ver las costillas en carne viva. Esas laceraciones al parecer, hechas con un l&aacute;tigo antiguo, de los que tiene peque&ntilde;os ganchos en forma de anzuelos cuyo objetivo es engarzarse y levantar la piel. Dentro del espesor de la cabellera, larga y enredada, se encontr&oacute; una rama de espinas dise&ntilde;ada para dar la apariencia de corona que vulner&oacute; la piel de la victima y dibuj&oacute; en su rostro grandes chorros de sangre ya coagulada,  que inund&oacute; los lacrimales de sus ojos intensamente rojos. La cruz esta adosada a su espalda a trav&eacute;s de numerosas cadenas que terminan en ganchos incrustados con sevicia en la piel, tal vez el objetivo de tal artificio era evitar que el plagiado desechara la cruz y la mantuviera firme en su recorrido por la calle s&eacute;ptima. El hombre de aproximadamente unos 33 a&ntilde;os de edad, presentaba gran perdida de sangre, taquicardia, desnutrici&oacute;n y conmoci&oacute;n general que se representaba en peque&ntilde;as convulsiones. Luego de desengancharlo de la pesada cruz, el sujeto fue remitido de car&aacute;cter urgente a la Cl&iacute;nica Los M&aacute;rtires, muy cercana al sitio en donde se encontr&oacute; y en donde muri&oacute; poco despu&eacute;s. El rastro de sangre deja ver que su periplo por la carrera s&eacute;ptima comenz&oacute; a la altura de la 72 y termin&oacute; en la 53. Pudo ser dejado all&iacute; por un veh&iacute;culo a&uacute;n no identificado, pero que por la magnitud de la cruz que cargaba, bien podr&iacute;a deducirse era una camioneta o furgoneta. El individuo que, luego se supo, respond&iacute;a al nombre de Felipe Jaramillo S&aacute;enz, natural de la ciudad de Bogot&aacute;, dos meses atr&aacute;s fue visto por &uacute;ltima vez abordado su veh&iacute;culo, un mercedes Benz E 320 y del que nunca se encontr&oacute; pista. 

El hecho se le atribuye a un peque&ntilde;o grupo fan&aacute;tico que al parecer ven en Herodes al Mes&iacute;as prometido por Dios. Este grupo asegura que por ser Dios el todo poderoso, no enviar&iacute;a a un simple hombre a la tierra sin tener m&aacute;s poder que cualquier hombre. Dios no pondr&iacute;a a su hijo a padecer la ignominia de algunos pocos que ni siquiera se dar&iacute;an por enterados de que su muerte los salva, - Salvarnos de que? Dir&iacute;an, si despu&eacute;s de muerto la lucha por sobrevivir sigue siendo la misma. Salvarnos de nosotros mismos? Pero si todav&iacute;a en estos tiempos nos seguimos matando, de nada sirvi&oacute; el sacrificio?. (texto extractado del libro logustum,  escrituras sagradas para los Herodianos)- 

Al parecer este hecho no es el &uacute;nico que se haya registrado. Cada s&aacute;bado, despu&eacute;s de la Semana Santa que celebra el mundo cristiano, un hombre de 33 a&ntilde;os es ajusticiado por esta secta, - en conmemoraci&oacute;n de la fecha que liber&oacute; al hombre de la mansedumbre y los proyecto como un ser con poder de reunirse y trabajar por su destino. – (testimonio ofrecido a este medio a trav&eacute;s de una carta an&oacute;nima y de la que s&oacute;lo extractamos esta frase).
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2005-07-25</dc:date>
			<pubDate>Mon, 25 Jul 2005 23:34:34 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Para donde vamos, Latinoamericanos]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/130/130303/</link>
			<description><![CDATA[No se si el generoso lector de estas l&iacute;neas, alguna vez, durante su tiempo escolar, tuvo a fuerza que tropezar con el libro del uruguayo Eduardo Galeano, Las venas abiertas de Am&eacute;rica Latina, en la mayor&iacute;a de ocasiones, ofrecido como lectura obligatoria, que determina un desinter&eacute;s general en una edad prematura para comprenderlo. Pensando de manera optimista, asumir&eacute; que como latinos que somos y con las posibles ansias de entrar al poco conocido mundo de los intelectuales con un buen comienzo que se palpa en la participaci&oacute;n en esta p&aacute;gina, nuestros ojos (y me incluyo) se tropezaron alguna vez con sus l&iacute;neas y para refrescar sus ideas, me tomo el atrevimiento de reproducir algunas que me llaman la atenci&oacute;n, no sin antes aclarar que este libro tuvo su primera edici&oacute;n en 1971, cosa que va a colaci&oacute;n luego de una peque&ntilde;a conclusi&oacute;n:
...

“Josu&eacute; de Castro declara: “Yo, que he recibido un premio internacional de paz, pienso que, infelizmente, no hay otra soluci&oacute;n que la violencia para Am&eacute;rica Latina”. Ciento veinte millones de ni&ntilde;os se agitan en el centro de esta tormenta.

...

Todo esto viene a que el subdesarrollo ha permitido la falta de conocimiento de algunos m&eacute;todos de planificaci&oacute;n. El autor analiza de donde viene ese inter&eacute;s de la consabida planificaci&oacute;n familiar y devela que, como transcribe en su libro las palabras de Josu&eacute; de Castro, el exceso de poblaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina desembocar&aacute; en  REVOLUCI&Oacute;N. Una revoluci&oacute;n que para nada le conviene a la gran potencia que ha manejado los hilos de Am&eacute;rica Latina desde lo econ&oacute;mico hasta lo pol&iacute;tico, d&aacute;ndole garant&iacute;as a algunos de nuestros (cortos de vista) pol&iacute;ticos que han vendido leyes por puestos en otros estamentos mundiales. Ese temor de una posible revoluci&oacute;n por sobrepoblaci&oacute;n, determina entonces que planeen un m&eacute;todo para evitar la sobre poblaci&oacute;n y as&iacute; la revoluci&oacute;n. 

...

“Los Estado Unidos no sufren, fronteras adentro, el problema de la explosi&oacute;n de la natalidad, pero se preocupan como nadie por difundir e imponer, en los cuatro puntos cardinales, la planificaci&oacute;n familiar. No s&oacute;lo el gobierno; tambi&eacute;n Rockefeller y la Fundaci&oacute;n Ford padecen pesadillas con millones de ni&ntilde;os que avanzan, como langostas, desde los horizontes del tercer mundo.”

...

El mismo autor se aventura a declarar que este m&eacute;todo es matar al posible revolucionario que se levantar&aacute; contra la fuerza opresora, todo gracias a que son muchos los que sufrir&aacute;n las penurias del hambre, y que es ella misma, el hambre, la que empujar&aacute; a buscar un bienestar. 

...

“En Am&eacute;rica Latina  resulta m&aacute;s higi&eacute;nico y eficaz matar los guerrilleros en los &uacute;teros que en las sierras o en las calles”

...

En este punto debo aclarar que no soy comunista, que no estoy alentando a alg&uacute;n lector desprevenido a que vea en mi intenci&oacute;n la de convertirlo a guerrillero y para dilucidar sobre este punto, debo decir, seg&uacute;n mi propio pensamiento, que la guerrilla que conozco, se ha venido alimentando de lo poco que ha recibido de los Estados Unidos y que por ese poco conocimiento, ha descubierto que su lucha de a&ntilde;os, puede direccionarse hac&iacute;a la capacidad de conseguir, a trav&eacute;s del miedo, recursos para una vida placentera, a la que han renunciado sus otros compatriotas, por dejarse consumir por un sistema no inventado por ellos mismos y al que est&aacute;n totalmente sometidos. Ella, la guerrilla, se ha convertido es un poder m&aacute;s que quiere someter a trav&eacute;s del terror. Volviendo al tema, este hecho que ha denunciado Galeano, podemos palparlo actualmente. Transcribir&eacute;, para el conocimiento de lector, un art&iacute;culo publicado en la p&aacute;gina http://www.vidahumana.org/news/poblacion_dic98.html muy concordante con el tema expuesto:

Am&eacute;rica Latina -- la poblaci&oacute;n del continente est&aacute; envejeciendo
El pasado 3 de diciembre, El Nuevo Herald, un diario en espa&ntilde;ol de Miami, public&oacute; un art&iacute;culo del periodista argentino Andr&eacute;s Oppenheimer con el interesante t&iacute;tulo: &quot;Am&eacute;rica Latina se est&aacute; poniendo vieja&quot;. El autor afirma que seg&uacute;n &quot;el Departamento del Censo de Estados Unidos, el n&uacute;mero de latinoamericanos mayores de 60 a&ntilde;os se duplicar&aacute; para el 2025&quot;. Y luego a&ntilde;ade: &quot;En algunos pa&iacute;ses que est&aacute;n envejeciendo a un ritmo acelerado, como Cuba y Chile, habr&aacute; m&aacute;s gente mayor de 60 a&ntilde;os que j&oacute;venes menores de 15 a&ntilde;os para esa fecha&quot;.
&iquest;A qu&eacute; se debe este peligroso envejecimiento? Oppenheimer explica que &quot;la poblaci&oacute;n actual de Am&eacute;rica Latina vive casi veinte a&ntilde;os m&aacute;s y tiene la mitad de los hijos que ten&iacute;a en la d&eacute;cada de los 60, seg&uacute;n un estudio similar dado a conocer recientemente por la Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL).&quot; El autor cita a Juan Chackiel, jefe del departamento de demograf&iacute;a de la CEPAL, quien afirma: &quot;Habr&aacute; menos gente joven para ocuparse de las personas de edad&quot;. En efecto, cuando una sociedad envejece durante un tiempo considerable, la pir&aacute;mide poblacional se invierte: la base, compuesta de gente joven en la fuerza laboral y pagando impuestos, se hace m&aacute;s peque&ntilde;a que la c&uacute;spide, compuesta de gente mayor de 65 a&ntilde;os, por lo general ya retirada. Los problemas socioecon&oacute;micos que surgen son evidentes.
El art&iacute;culo de Oppenheimer, sin embargo, no explica el porqu&eacute; las familias latinoamericanas tienen ahora la mitad de los hijos que las de los a&ntilde;os 60. Nos permitimos responder a ese interrogante: el ya mencionado fen&oacute;meno se debe a las intensas campa&ntilde;as de control demogr&aacute;fico, que se llevan a cabo por medio de anticonceptivos (de los cuales los principales son abortivos) y de la esterilizaci&oacute;n, a veces practicada de forma coactiva. Entre las instituciones que apoyan o han apoyado estas campa&ntilde;as se encuentran ciertos organismos de las Naciones Unidas (ONU), la Federaci&oacute;n Internacional de Planificaci&oacute;n de la Familia (IPPF) y la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID).


Con esto podemos concluir, que otro ardid del que hemos sido v&iacute;ctimas, se ha consumado sin el menor conocimiento de serlo. Si alguna vez, hemos visto con rabia, que lo que en otros pa&iacute;ses es com&uacute;n, como la educaci&oacute;n hac&iacute;a una investigaci&oacute;n y crecimiento social, en el nuestro es s&oacute;lo un sue&ntilde;o. Esta trampa, esta telara&ntilde;a que han tejido a nuestro alrededor para apaciguarnos y dormirnos sin ver m&aacute;s all&aacute; de nuestros propias narices, cada vez nos apreta m&aacute;s y llegaremos a ser tan pocos que entregaremos con los brazos arriba, toda la riqueza que s&oacute;lo en nuestros pa&iacute;ses latinoamericanos existe, riqueza que tambi&eacute;n la constituye nuestros cerebros latinoamericanos, que actualmente son los &uacute;nicos en todo el mundo a los que le damos la caracter&iacute;stica de fugados.
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2005-08-12</dc:date>
			<pubDate>Fri, 12 Aug 2005 19:46:26 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El mejor anticonceptivo, el hambre]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/131/131595/</link>
			<description><![CDATA[Despu&eacute;s de leer la reflexi&oacute;n pasada, me qued&oacute; la duda de los embarazos prematuros que son el “boom” del momento. Anteriormente, en nuestro pa&iacute;ses latinoamericanos, cuando todo depend&iacute;a m&aacute;s del trabajo del latino y no de las tendencias que imponen los grandes pol&iacute;ticos de la potencia mundial, cualquiera pod&iacute;a sufrir el que apareciera sin planificaci&oacute;n, un nuevo miembro de la familia, si es que se le puede llamar a eso “sufrimiento”, pues nunca pensaron que se pod&iacute;a dejar de tener hijos, ellos simplemente llegaban seg&uacute;n la voluntad de Dios y si El lo dispon&iacute;a as&iacute;, era bien recibido, era un don. Antes no exist&iacute;a la planificaci&oacute;n familiar, podemos corroborarlos en nuestra misma familia, que en tiempos pasados, pudo bien ser los dos padres y alrededor de 12 hijos. Familias enormes que poblaron peque&ntilde;os lugar que, gracias a ese aporte humano, se consolidan en ciudades. Esa era la historia de todo el mundo, as&iacute; se pobl&oacute; Europa, as&iacute; tambi&eacute;n lo vemos en las historia de Estados Unidos. 

...

Especialistas aseguran que un tercio de las mujeres j&oacute;venes en Latinoam&eacute;rica tiene embarazos no deseados antes de cumplir los 20 a&ntilde;os

Art&iacute;culo de http://www.soloellas.com/may05/sobresalud/pildoras_rechazada.asp

...

Hoy, que nos sorprendemos de ver una ni&ntilde;a de 15 a&ntilde;os embarazada (y debo agregar, un ni&ntilde;o de 16 a&ntilde;os tambi&eacute;n), antes las familias siempre empezaban as&iacute;, con mujeres j&oacute;venes que conformaban las sagas, los grandes grupos familiares que por el n&uacute;mero, sab&iacute;an los pobladores, iban a terminar siendo uno de los poder del pueblo, porque a mayor mano de obra, mayor producci&oacute;n y por consiguiente, mayor ganancia.

Ahora, en nuestros tiempos, es un esc&aacute;ndalo ver a una ni&ntilde;a embarazada. Nos preguntamos si es que no hemos sido eficientes en la informaci&oacute;n de la llamada Planificaci&oacute;n familiar. Pienso que eso no depende de un sistema humano creado para evitar ese tipo de embarazos, sencillamente es la naturaleza. A pasado por centurias, con la diferencia de que antes no era un indecencia. 

Hoy, tanta gente procreada en ese modo, ha derivado en el poco espacio para el trabajo. Muchos sufren hoy la falta de trabajo por la gran cantidad de oferta y la poca demanda. Pero, &iquest;de qu&eacute; depende esta demanda? Un factor muy importante en estos tiempos, es la comercializaci&oacute;n con pa&iacute;ses extranjeros. El nivel de riqueza de un pa&iacute;s se mide en el PIB y en sus niveles de exportaci&oacute;n de productos. Am&eacute;rica Latina depende de la aceptaci&oacute;n que da c&oacute;mo veredicto la gran potencia. Aqu&iacute; aparece el hambre y nos damos cuenta, que por m&aacute;s que nos rompamos el lomo, nunca alcanzaremos los niveles de vida que tiene USA. Otra cosa que lo demuestra, es el nivel de explotaci&oacute;n y el requerimiento de la mano de obra latina en pa&iacute;ses desarrollados. Pero se debe aclarar que son trabajos simples, meseros, alba&ntilde;iles, soldados rasos etc. Cargos que ya los c&oacute;modos ciudadanos estadounidenses o de cualquier pa&iacute;s de estos, no quieren ejercer. Son muy pocos los que llegan a ejercer cargos como m&eacute;dicos o pol&iacute;ticos.

Una ni&ntilde;a embarazada tiene que resistir todo esto. Cuando tiene el beb&eacute;, la peque&ntilde;a familia afronta el reto de solventar gastos que nunca pasaron por su cabeza. Se sufre en Am&eacute;rica Latina, como no se sufre en EEUU. Lo que queda es la desilusi&oacute;n de la llegada de un beb&eacute; que s&oacute;lo deber&iacute;a ser alegr&iacute;a. Trabajar a brazo partido para alcanzar precariamente a cubrir las necesidades del nuevo miembro.  Esa situaci&oacute;n desemboca en no querer tener m&aacute;s hijos. Si la ni&ntilde;a ha corrido con suerte, tendr&aacute; a su lado el apoyo de su joven c&oacute;nyuge durante un determinado tiempo, la mayor&iacute;a de ocasiones el o ella, exhaustos de una relaci&oacute;n que antepone obligatoriamente lo material (situaci&oacute;n dada por los niveles de pobreza de nuestros pa&iacute;ses), terminan separ&aacute;ndose con la esperanza conciliadora de encontrar en su vida otra persona que cubra esas necesidades b&aacute;sicas de cari&ntilde;o y compa&ntilde;&iacute;a. Pero no podr&aacute;n volver a pensar en un hijo. Si pensamos que una familia esta constituida generalmente por cinco miembros y que cada uno de los v&aacute;stagos,  cubran la cuota de tres hijos m&aacute;s, el crecimiento en el n&uacute;mero de familiares es geom&eacute;trica. Pero no sucede as&iacute;, por cada hijo nacido durante las d&eacute;cadas del los 60&acute;s y los 70&acute;s, que promediando ser&aacute;n tres, hoy, por cada hijo se cuenta con al menos uno. Es una tendencia que, vislumbrando el futuro que se presenta a&uacute;n m&aacute;s ca&oacute;tico, podr&aacute; encaminarse a ver como problema tener hijos. Algunos dir&aacute;n en los pr&oacute;ximos tiempos (lo actualmente podemos decir nosotros) “si no puedo sostenerme econ&oacute;micamente yo s&oacute;lo, como puedo pensar en una familia”. 

Esta es la &eacute;poca del comienzo de la decadencia. S&oacute;lo nos falta esperar que se ingenia la gran potencia para solventar su futuro descalabro financiero, cuando no pueda acudir a sus arcas inmersas en el trabajo latino, por falta del recurso humano que anteriormente serv&iacute;a para hacerla grande.
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2005-08-17</dc:date>
			<pubDate>Wed, 17 Aug 2005 22:38:17 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El susurro del monte azul&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/233/233671/</link>
			<description><![CDATA[El vapor fr&iacute;o sube por la falda occidente de la monta&ntilde;a. Todo el hermoso paisaje verde queda oculto por la espesura de vaho de Dios que cubre con su velo blanco toda la frescura del verde natural. Escasos rayos hieren sin compasi&oacute;n la niebla imponente que no parece sufrir por los enviones que arremete el sol sobre su densidad. Poco a poco ese vapor helado sede por el calor del d&iacute;a y deja al descubierto el verde de encanto que dispone una campi&ntilde;a del Tolima. 

La abuela contempla todo el proceso desde su silla mecedora en el balc&oacute;n de la casa. Cada ma&ntilde;ana no se deja ganar por el amanecer y observa cada uno de los cambios del panorama. Sabe perfectamente desde el d&iacute;a anterior si al amanecer del siguiente, la niebla invadir&aacute; todo o solo la parte baja del monte azul. Cada movimiento de los diferentes sistemas del paisaje ella lo registra, desde el aletear de una lib&eacute;lula hasta el cambio de color de una hoja de cualquier planta de las que rodean nuestra peque&ntilde;a casa amarilla con naranja. 

Algunas veces, cuando el sue&ntilde;o parece perderse desde la puerta hacia la ventana, yo la observo sin moverme. La veo mecerse con tanta tranquilidad que puedo compaginar perfectamente cada recuerdo de sus consejos y ense&ntilde;anzas con ese momento especial de plenitud. Su voz cadenciosa juega con el movimiento de su silla, su voz y su expresi&oacute;n dulce. Se ve tan tranquila y tan satisfecha que me hace caer en el sopor del sue&ntilde;o tempranero. 

Despu&eacute;s de acomodarme mi sombrero, el que mi t&iacute;a Berenice me regalo especialmente para mi, de ala bien ancha para evitar quemarme m&aacute;s el rostro y coger un color mas oscuro que el que tengo de nacida, salgo al peque&ntilde;o huerto a revisar los frutos de las hortalizas que cultivo. Mi abuela, creo que lo sabes, sabe que yo s&eacute; que me observa desde la ventana, que me acomoda al cambio del clima como si yo fuera esa peque&ntilde;a lib&eacute;lula que se pierde por la ca&ntilde;ada, me hace parte del todo el sistema, pero m&aacute;s que el resto, porque cuando me observa, sonr&iacute;e. Tal vez esa sonrisa sea el encanto de verse reflejada en m&iacute;. Estas tareas que para cualquiera pueden ser dif&iacute;ciles como alguna vez una ni&ntilde;a rosada de la ciudad me dijo – mi madre no me deja ni recoger un papel que se me haya ca&iacute;do -, para mi es tan simple porque siempre lo he hecho. Desde beb&eacute; acompa&ntilde;aba a la abuela al cultivo y ella me ense&ntilde;aba despacio, “como debe ser cualquier proceso” dec&iacute;a ella. Yo gateaba desde el maizal hasta los &aacute;rboles frutales. Crec&iacute; viendo y acariciando cada fruto de cada planta que mi abuela sembraba. Sent&iacute; su vida palpitando en mis manos. Cada uno de esos frutos estaba conmigo desde ese enorme paisaje del monte azul, todo manejado con la sabidur&iacute;a de mi abuela en su balc&oacute;n. 

Un d&iacute;a decid&iacute; confesarme con mi abuela. Me le acerque despacio desde el portal de su habitaci&oacute;n hasta su pedestal que se mec&iacute;a con el ritmo de la madrugada. 

Abuela – Ella apenas movi&oacute; su garganta para advertirme que me prestaba atenci&oacute;n. 

Me quede un segundo en silencio intentado definir de alguna forma la expresi&oacute;n que ella ten&iacute;a y que no me dirig&iacute;a a m&iacute;.

Abuela los vegetales me hablan – ella continuo viendo hacia la falda de la monta&ntilde;a con esa sonrisa de satisfacci&oacute;n que siempre mostraba en su rostro mientras yo la observaba en silencio.

Ayer me hablaron las zanahorias, o por lo menos eso cre&iacute;. Sent&iacute; que se mov&iacute;an desde sus tallos como intent&aacute;ndose liberar de su cadena a la tierra – continu&eacute; hablando buscando el mismo punto que ella observaba, miraba alternativamente a sus ojos y al horizonte que ellos cubr&iacute;an y no pude localizarlo, ten&iacute;a la mirada fija pero no ve&iacute;a nada o tal vez todo a la vez. 

“El viento gira y se devuelve, luego vuelve a empezar y cada grano, cada insecto se acomoda a comenzar de nuevo” – Me dijo y pens&eacute; que no era un buen momento para hablarle. 

Observe desde el extremo del huerto que da a la casa las zanahorias que el d&iacute;a anterior me hab&iacute;an hablado y las vi moverse entre la tierra.  Preocupada mire hacia donde sale el sol y luego hacia donde se oculta y me cerciore de estar sola. “se esta volviendo loca”, me dijo Matilde cuando le cont&eacute; lo que pasaba y volvi&oacute; a mirar hacia la profesora. Entend&iacute; que esto era solo m&iacute;o.  Estando parada me preguntaba si avanzar o volver a casa y no trabajar ese d&iacute;a, con una pala en la mano y un canasto en la otra y mi enorme sombrero cubri&eacute;ndome del sol. Me decid&iacute;. Mientras enterraba mi pala para mover la tierra escuchaba a las zanahorias cantar todas a una sola voz. Tal vez por que no les respond&iacute; la ma&ntilde;ana de ayer, hoy no quieren verme. “&iquest;y que le dijeron?” me pregunto Matilde a la hora del recreo y le dije – “&iquest;para qu&eacute; quiere saber si no me creer&aacute;?, me mir&oacute; con esos ojos de culpabilidad y de curiosidad, intentando ocultar su incredulidad en un falso arrepentimiento. Las zanahorias ahora eran quienes me ignoraban, tal vez ofendidas por no responderles cuando me preguntaron. Estando all&iacute; quieta con la pala medio enterrar y los ojos clavados en las zanahorias, estudiaba las posibilidades y me pareci&oacute; muy l&oacute;gico que una planta hablara, al fin y al cabo es un ser vivo, de alguna manera se deben comunicar por lo menos entre ellas. No se por qu&eacute;, pero algo me empujo a ver a mi abuela meci&eacute;ndose desde el balc&oacute;n y la vi asintiendo con la cabeza, tal vez era su movimiento para poderse impulsar en la mecedora, pero me pareci&oacute; claro y revelador. De nuevo las observe y pretend&iacute; descubrir alg&uacute;n hecho que siempre ha estado all&iacute; y que yo como un simple mortal no me hab&iacute;a percatado. A&uacute;n as&iacute; no fui capaz de descubrir algo, no hab&iacute;a alguna energ&iacute;a extra&ntilde;a flotando sobre las legumbres que les diera la posibilidad de manejar su movimiento, a pesar de que entrecerr&eacute; los ojos hasta el l&iacute;mite y program&eacute; mi cerebro para ver la m&aacute;gica gama oculta de colores ultravioleta de la que habl&oacute; el profesor, que tampoco vi. Que desilusi&oacute;n, mi abuela debe tener m&aacute;s poderes de los que cualquiera pueda adquirir sentado en un huerto y con verduras hasta las orejas. Mire hac&iacute;a el cielo y me quede viendo a las nubes construir figuras que cualquiera interpretar&iacute;a diferente y dije – As&iacute; debe ser la vida- y fue cuando sucedi&oacute;. Escuche esa min&uacute;scula vocecita que llegaba a mis o&iacute;dos dirigidos al orbe y mis ojos no pudieron abrirse m&aacute;s. Dirig&iacute; lentamente la cabeza hac&iacute;a el suelo y note que nada hab&iacute;a cambiado, todo correspond&iacute;a a su ubicaci&oacute;n original. Buscaba con mis ojos como hab&iacute;a sido incapaz ayer de hacerlo cuando la escuche por primera vez y pens&eacute; que hab&iacute;an sido las zanahorias. Ahora llegaba la idea de que tal vez me equivoque, no era una zanahoria, tal vez un nomo o un peque&ntilde;o enano que viviera dentro de la tierra y me deje invadir por el terror y fue el terror el que me hizo ver un movimiento extra&ntilde;o de las verduras. Sent&iacute; una gran desilusi&oacute;n, de cualquier forma guardaba una esperanza de que fueran las verduras las que me hablaran, ahora solo pienso que tal vez fue el viento jugueteando entre los juncos del arroyo. Pero volvi&oacute; y ese peque&ntilde;o susurro nac&iacute;a muy cerca de mi, entre todo ese matorral que soportaba mi peso. Decid&iacute; hablar – No comprendo lo que me dice – pronunciado con una voz nerviosa y nada segura de ser escuchada. 
Entonces casi como una peque&ntilde;a brisa que choca con el espacio vac&iacute;o de un junco reson&oacute; en mis o&iacute;dos esa vocecita como si fuera un grito y mire hacia el cielo un instante. Comprob&eacute; que lo que la voz me susurraba era cierto, una enorme nube empezaba a cubrir el sol, lenta, con calma, como si cada movimiento tuviera que ver con un mandato improvisado. Si, esa voz me advirti&oacute; ese m&iacute;nimo cambio en el ambiente y fue maravilloso. 

Entonces quise escuchar m&aacute;s y aplique todos mis sentidos concentrados a observar con los ojos cerrados. Hilos de vientos tej&iacute;an en el aire frases separadas, era toda una colcha de retazos de aquellas que hac&iacute;a la t&iacute;a Berenice. All&iacute; con los ojos cerrados pude ver miles de colores que navegaban por el cielo, unos mas agudos otros mas graves. No eran las zanahorias las que me hablaron, pero si participaron de la conversaci&oacute;n. Esa imperceptible imperfecci&oacute;n de una de ella marcaba el paso del viento sobre ella y un nuevo y revelador susurro llegaba hacia mi. 

Me levant&eacute; a&uacute;n con los ojos cerrados y camin&eacute; viendo cada cosa del paisaje. Ve&iacute;a las zanahorias, cada una de ellas, pude ver dentro de ellas, esa savia que recorr&iacute;a en conductos cada espacio de su interior y c&oacute;mo una de ellas perd&iacute;a el fluido y se marchitaba lentamente. Por fuera era perfecta, m&aacute;s grande que las dem&aacute;s y comprend&iacute; que es la madurez en una zanahoria. Ella all&iacute; sobre el suelo, estaba dispuesta a ser recogida y llevada para su funci&oacute;n final, ser parte de la savia de otra especie. 

Eso mismo observe en cada una de las otras hortalizas. La vida misma haciendo presencia en una nueva vida, con el &iacute;mpetu de un r&iacute;o dentro de ella. Cada vegetal, desde el pasto que amortigua el paso de mis pies sobre ellos, hasta el &aacute;rbol gigante estacionado en el centro del pastizal. Vi a las piedras entrando en la orquesta con esa estructura imperturbable, ofreciendo sonidos graves a toda la revelaci&oacute;n de la ma&ntilde;ana, los insectos que sobrevolaban con el agudo ulular de sus alas hacia las notas agudas de la sinfon&iacute;a natural, la hoja que cae del &aacute;rbol, la hierva intentado recuperar su estado normal despu&eacute;s de servir de alfombra a mis pies desnudos, los p&eacute;talos, las espinas, los peque&ntilde;os cabellos de los tallos, cada una de las orugas que suben por ellos, las hormigas, todo participaba en la construcci&oacute;n de su futuro. 

Esos delgados hilos de viento bordeando cada uno de ellos era una palabra, una frase que se convert&iacute;a en un dialogo conmigo. Supe la edad de cada ser viviente a mi alrededor, la cantidad de vida que su cuerpo puede albergar, la fuerza que le da esa vida, lo supe todo, estando de pie y caminando sobre sonidos.

Abr&iacute; mis ojos y observe el sol naciente sobre mi horizonte, el formidable astro que act&uacute;a como impulsor de toda vida que me rodeaba y tambi&eacute;n sobre la m&iacute;a.  No lo hab&iacute;a pensado, pero sab&iacute;a que a partir de esa ma&ntilde;ana ya no ser&iacute;a la misma. Comprend&iacute; la respuesta de mi abuela.

Pasado un tiempo desde aquel d&iacute;a de luces y sonidos, me quise observar con los ojos de antes, aquellos que s&oacute;lo ve&iacute;an a la abuela sonriente mecerse cada amanecer y las hortalizas inm&oacute;viles en el suelo y reconoc&iacute; mis propios cambios. 

En la escuela me siento en la &uacute;ltima silla, la primera vez que lo hice, vi como Matilde frunc&iacute;a el ce&ntilde;o desde tres filas adelante m&iacute;o extra&ntilde;ada por mi arrebato. Ese mismo d&iacute;a recib&iacute; un rega&ntilde;o de mi profesora por dormir en clase. Caminaba sonriente, la verdad creo que sonre&iacute; todo el tiempo, desde que me levante de la cama hasta cuando llegue, incluso creo que lo hice dormida. Matilde de nuevo me miraba extra&ntilde;ada abrazando sus cuadernos y dejando que el viento jugueteara con los cabellos largos y desordenados que bordeaban su sombrero. No me quito los ojos durante todo el camino.

Ya no necesitaba madrugar tanto para cuidar de mi huerto. Sab&iacute;a el momento oportuno de cada proceso, desde el riego hasta el cultivo. El separar una hortaliza en el tiempo ideal, desata una horda de sonidos de agradecimiento. Toda la naturaleza conectada entre s&iacute;, siente cada movimiento. 

Hoy quise acompa&ntilde;ar a mi abuela en su balc&oacute;n. Arrastre hasta ella una silla mecedora carcomida por el tiempo. La brisa desataba las cortinas y su velo rozaba tiernamente la figura de abuela mientras me acercaba a ella. Acomode mi silla cubriendo el movimiento vehemente de las cortinas y me mec&iacute; al mismo comp&aacute;s de mi abuela. Ella sonre&iacute;a como siempre con sus peque&ntilde;os ojos escondidos en las miles de arrugas de su cara. All&iacute; estuvimos sentadas contemplando el futuro por la ventana. 

Te ha llegado muy temprano Mariela-, me dijo – aunque pens&aacute;ndolo bien siempre o&iacute; el futuro pero no le quise poner cuidado. Mi realidad era muy diferente a la tuya en ese momento. Ten&iacute;a hermanos que perturbaban la serenidad de la charla del viento. T&uacute; siempre te has concentrado en ese huerto y tu disposici&oacute;n siempre ha sido la mejor. Creo que no es que te haya sorprendido temprano, es que t&uacute; ten&iacute;as el o&iacute;do para escucharlo – y finaliz&oacute; esa frase sin mover sus labios. Ella que tanto tiempo hab&iacute;a descubierto este proceso ahora era parte de &eacute;l. 

Las dos all&iacute; sentadas, meciendo la realidad para descifrar el ma&ntilde;ana del que habla el viento en el brumoso monte azul.
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2006-09-01</dc:date>
			<pubDate>Fri, 01 Sep 2006 17:47:29 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Tsunamor]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/267/267785/</link>
			<description><![CDATA[El mar te observa all&iacute;, sentada sobre la playa, maravillosa, magn&eacute;tica en tu bikini fucsia y sus l&aacute;nguidos tent&aacute;culos infructuosamente se estirar intentado tocar tu piel. Su propia fuerza, su propio peso le contrae sin lograr siquiera acercarse y no le queda m&aacute;s que intentar impulsarse un poco m&aacute;s, estirar un poco m&aacute;s, un poco m&aacute;s que la &uacute;ltima vez. Ruge y llora al no lograr besarte y con m&aacute;s fuerza se vuelve a impulsar. Su ira produce espuma que queda flotando sobre la orilla, su ira cada vez m&aacute;s intensa, sumerge ba&ntilde;istas, embota tiburones, inunda islas, gira submarinos, hunde nav&iacute;os y por m&aacute;s que lo intenta nunca logra tocar tu piel. Su masa l&iacute;quida se contrae entonces y arremete con toda sus fuerzas sobre la playa, te arrastra, te consume, ya eres suya, todo tu cuerpo esta dentro de &eacute;l y luego de reclamar lo suyo, vuelve la tranquilidad. Nada ha cambiado, solo el amor ha logrado su meta y se consume en el fondo del mar.]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2007-02-02</dc:date>
			<pubDate>Fri, 02 Feb 2007 17:44:45 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La espera y la promesa]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/267/267871/</link>
			<description><![CDATA[La espera me va carcomiendo cada vez m&aacute;s y tu ausencia se convierte en un hueco enorme en donde cada vez m&aacute;s me faltas.

Veremos si llegan los besos cuando nos encontremos.

&iquest;Sabes que suceder&aacute;? &iquest;Cuando nos encontremos? 

Yo creo dos cosas: se levantar&aacute;n muros que nos har&aacute;n pensar si es correcto encontrarnos as&iacute;, si vali&oacute; el esfuerzo, si no nos sentimos defraudados o veremos tan claras nuestras razones de estar all&iacute; sentados, uno frente al otro con todas las ganas intactas y corriendo para deshacernos en amores. 

Si fuera estad&iacute;sta dir&iacute;a que lo m&aacute;s normal ser&iacute;a lo primero, pero si sucediera lo segundo, estar&iacute;amos irremisiblemente en problemas.

Perdidos el uno en el otro y as&iacute; a pesar de no querer perder lo que ya tenemos, el mismo amor nos exigir&aacute; unirnos. 

&iquest;Ese ser&aacute; nuestro destino, estar&iacute;as dispuesta a sufrirlo? &iquest;Segura de perder lo que ya tienes?

Preg&uacute;ntatelo ahora cuando tienes tus cinco sentidos sin el verdadero embotamiento del amor.
Hazte promesas antes de dejarte llevar por el coraz&oacute;n, prom&eacute;tete caminar sobre la tierra cuando sientas que t&uacute; misma flotas, por que cuando te avasalle el amor no podr&aacute;s reaccionar, perder&aacute;s tus sentidos y con toda culpa te dejar&aacute;s arrastrar a m&iacute;.
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2007-02-02</dc:date>
			<pubDate>Fri, 02 Feb 2007 23:14:27 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El sabor del sexo]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/314/314976/</link>
			<description><![CDATA[Autores: Iv&aacute;n Ren&eacute;, Carolina P&eacute;rez, John Sarabia   
Ella recibe ese l&iacute;quido acuoso sobre su piel de porcelana y una gota se desliza sobre su mejilla hasta los encarnados labios, refrescando un poco el fuego abrasador que estaba consumiendo su cuerpo hac&iacute;a varios minutos. 
El hormigueo de la gota resbal&aacute;ndose por sus labios le hace sentir la necesidad de probarla. Los m&uacute;sculos de la lengua se contraen formando una lanza carnosa que sale t&iacute;mida entre las celdas de su boca y ataca ansiosa a la gota. Su sabor entre &aacute;cido y amargo atiza los carbones de su memoria, incendiando de nuevo el recuerdo del hombre de al lado que le clava la mirada desde la mesa iluminada por un tenue haz de luz que guinda sobre su cabeza. Ese era el suyo, aquel que detiene la copa insinuando una invitaci&oacute;n a su mesa.
Un par de copas encima y la necesidad de hacer de esa noche una excitante aventura la empujan a aceptar el apasionante reto. Estrechan sus manos concretando el acuerdo mudo de hacer de sus cuerpos un alimento ef&iacute;mero.
El bolso se resbala por su brazo chocando contra el suelo entablado de aquel sitio viejo y se inclina para recogerlo con un movimiento delicado y felino. Es all&iacute;, en ese momento, donde recibe el l&iacute;quido en su rostro, all&iacute; mismo donde saborea la gota en sus labios. Quer&iacute;a devor&aacute;rselo aquella noche y con el disparo en la cabeza del hombre alcanz&oacute; a saborearlo. Sinti&oacute; la lujuria de mil neuronas pensando en sexo.]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2007-10-04</dc:date>
			<pubDate>Thu, 04 Oct 2007 22:33:19 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La murcielagosis]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/354/354133/</link>
			<description><![CDATA[LA MURCIELAGOSIS

Escrito por: Julio Arenas

Re escrito en colectivo por: Iv&aacute;n Ren&eacute; Le&oacute;n
Jhon Jairo Sarabia
Carolina P&eacute;rez


“A diferencia de Gregorio, despert&eacute; siendo murci&eacute;lago. Lo supe porque al abrir los ojos, hace dos minutos, luchaba a&uacute;n medio dormido por desterrar mis dientes de tu cuello. Ahora todo est&aacute; rojo de sangre y no me acuerdo de nada”

Te veo a mi lado, y si no fuera por tus heridas, pensar&iacute;a que todav&iacute;a duermes. A&uacute;n en mi embotamiento intento descifrar los rastros sobre las s&aacute;banas que llegan hasta mis manos, mis manos que ya no parecen las mismas. En medio de la sangre seca enormes pelos gruesos parecen haberse incrustado en mi piel.

La sed recorre las entra&ntilde;as de mi garganta, y aquella sangre maloliente que se cuela a mi nariz ya no me parece un plato apetecido. Entonces, intento levantarme, recorro el mar de sangre bordeando tu bello cuerpo, y veo tras de m&iacute; unas huellas detestables de tres dedos que hacen tambalear mi pesado cuerpo.

A&uacute;n trastornado, y con los ojos enmara&ntilde;ados de l&aacute;grimas viejas y razones perdidas, reconozco dentro de las penumbras de la habitaci&oacute;n las notas musicales que surgen del viejo tocadiscos; parece como si hubiese dado vueltas toda la noche, repitiendo la misma canci&oacute;n, esa melod&iacute;a suave, con voz triste, que acompa&ntilde;a la nostalgia de un pasado que no recuerdo.

Cuando intento mantener el equilibrio con mis d&eacute;biles patas, tropiezo con un viejo mueble que se encuentra derrumbado en medio de la habitaci&oacute;n. La fotograf&iacute;a donde estamos t&uacute; y yo abrazados, sonriendo, tiene los cristales rotos, esparcidos por el suelo. Trato de succionar recuerdos de aqu&eacute;l retrato, pero cuando lo levanto con mis largos y finos dedos, la imagen se desagarra como lo han hecho todos.

Ahora pienso que puedo rearmar la historia. Tantos objetos en desorden, esos platos sobre la mesa, la cena a medio probar, los cubiertos incompletos –falta un cuchillo-, el florero con el agua derramada, y los p&eacute;talos abandonados sobre el tapete, procuran darme piezas de un rompecabezas que desconozco.

Veo tus p&aacute;rpados cerrados que insin&uacute;an silenciosos el sue&ntilde;o incipiente. &iexcl;Ay mi vida, no entiendo qu&eacute; pas&oacute;! Voy al ba&ntilde;o en busca del agua que calmar&aacute; mi angustia. Mis pupilas se agigantan al verme frente al espejo roto, pues asombrado encuentro mi piel el&aacute;stica y oscura, cuerpo de animal nocturno, con dientes sobresalientes.

Amor, &iquest;habr&eacute; entrado en el terreno de la locura? No s&eacute; qu&eacute; ha pasado. No recuerdo pociones en la cena, o una bruja que me haya regalado una maldici&oacute;n. Mi mente es un mar enredado de supuestos que s&oacute;lo me llevan a laberintos m&aacute;s confusos.

Repica el tel&eacute;fono al fondo de la habitaci&oacute;n. Logro llegar a &eacute;l &aacute;gilmente pese a mis torpes movimientos, pero mi mirada se desv&iacute;a antes de contestar la llamada: una carta al lado del tel&eacute;fono me habla. Letras desconocidas: “Amor...&iquest;cu&aacute;ndo nos permitir&aacute;n estar juntos?...”. Y entonces, se apodera de m&iacute; aquella furia tan familiar que me hace creer que ya la he sentido antes.

El llamado apremiante a la puerta me arranca de las miles de posibilidades que construyo sin dar con una l&oacute;gica que me satisfaga. Salgo al encuentro con tu cuerpo desnudo y rojo. Miro hacia la puerta donde retumban fuertes golpes, ahora, acompa&ntilde;ados de gritos.

Mis puntiagudas y grandes orejas perciben todo a mi alrededor, murmullos lejanos, curiosas voces traspasan el cristal de la ventana aterrizando en su interior.

Es la polic&iacute;a, se habr&aacute;n enterado. Veo la ventana como mi &uacute;nica salida. No me gustan las alturas.

“Me toc&oacute; volar sin ensayar, pero no te preocupes: no me pasar&aacute; nada, ya ver&aacute;s. Estas cosas ni siquiera hay que aprenderlas, al contacto con el viento, sin usar siquiera mi voluntad, se extender&aacute;n mis alas, y podr&eacute; flotar en el aire como una paloma peque&ntilde;a y tranquila. Ac&aacute; vienen, y yo me voy. Tal vez sientas fr&iacute;o si abro la ventana, pero debo hacerlo. Todo saldr&aacute; bien, ya ver&aacute;s. &iexcl;Uff! Aqu&iacute; estoy, parado y feliz en mi ventana, como un p&aacute;jaro divino. Como un murci&eacute;lago. &iexcl;Dios, esto es alto! All&aacute; voy; a ver...”
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2008-05-23</dc:date>
			<pubDate>Fri, 23 May 2008 21:58:31 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[VAMPIHUMAFAUNIBURUS]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/354/354134/</link>
			<description><![CDATA[VAMPIHUMAFAUNIBURUS

Idea original de Jhon Jairo Sanabria 
Escrito por: Carolina P&eacute;rez e Iv&aacute;n Ren&eacute; Le&oacute;n 


Capitulo Uno:
DEL ANIMALEJO TERCO

&iexcl;Despert&oacute;!, aqu&eacute;l exquisito olor de las galletas alert&oacute; sus sentidos elev&aacute;ndolos a su m&aacute;xima potencia, sus orejas puntiagudas y largas buscaron sonido alguno que le dijera a cu&aacute;nta distancia estaba esa bandeja de galletas, sus ojos fr&iacute;os y oscuros r&aacute;pidamente tomaron forma al abrir sus p&aacute;rpados. Sus alas colosales en adem&aacute;n de desemperezarse se estiraron hasta hacer traquear su gordo y peque&ntilde;o cuerpo. El olor ven&iacute;a de una aldea cercana, pues hac&iacute;a media hora una mujer de rizos negros y cintura de avispa, se concentraba en cada uno de sus ingredientes para que las galletas de chocolate y fresas cogieran el sabor exigente que ella buscaba.

Maravillado por el dulce olor de las galletas el bicho extra&ntilde;o estaba dispuesto a salir de aquella cueva engorrosa que siempre permanec&iacute;a en tinieblas, pero record&oacute; por breves instantes que &eacute;sa, su pl&aacute;cida celda nocturna no era s&oacute;lo de &eacute;l, all&iacute; tambi&eacute;n se encontraban sus cofrades. 

Baj&oacute; la mirada, a veces, cuando dorm&iacute;a se olvidaba de lo que era, pero no olvidaba las infinitas ganas de huir de all&iacute;. Retomando el olor de las galletas dese&oacute; inmensamente clavar sus colmillos peque&ntilde;os pero punzantes en el chocolate que las recubr&iacute;a. Un chillido ensordecedor de uno de sus colegas devolvi&oacute; sus pensamientos para quedar de nuevo en la cueva.

Era un chillido de burla, risillas que lo atormentaban. Sus compa&ntilde;eros de guarida con piel oscura y el&aacute;stica movi&eacute;ndose &aacute;giles se amontonaron en grupitos. Aqu&eacute;l peque&ntilde;o vampiro desagradable sabia que era &eacute;l el tema favorito de ellos. A&uacute;n as&iacute; poco o nada le importaba.

Se asom&oacute; hacia la luz y el campo iluminado. Los rayos del sol dejaron ver su piel extra&ntilde;a, arrugada y blanca, era un vampiro albino que no le tem&iacute;a a los rayos UV del astro sol. No le afectaba. Su extrema palidez era la burla constante de sus acompa&ntilde;antes. Primera vez en que un vampiro fuese tan feo y abstracto, tan descolorido e ins&iacute;pido. Caminaba extra&ntilde;o, con sus patas abiertas pero con toque elegante como si fuese un caballero del reino.

Justamente al pie de la cueva hab&iacute;a una flor de Aranzu, aquella planta de p&eacute;talos tricolores que abarcaban m&aacute;s de tres metros, en d&oacute;nde &eacute;l cada ma&ntilde;ana se refrescaba con su n&eacute;ctar, pues esa era su otra diferencia, nunca se complic&oacute; la vida robando la sangre de animales y humanos. Su apetito voraz lo impulsaba diariamente a meterle los colmillos a lo primero que se le apareciera como cena.

Y hab&iacute;a probado las sopas que robaba de las aldeas, tambi&eacute;n el tabaco, manjar para &eacute;l eran las gotas del roc&iacute;o y sus favoritas eran las termitas como postre. Cada cosa con olor le llamaba la atenci&oacute;n y si era susceptible de chupar, no lo dudaba y arremet&iacute;a contra el objeto. Incluso una vez, pretendi&oacute; morder el oro, lastim&aacute;ndose levemente uno de sus colmillos pero aprendi&oacute; que hay cosas que no se dejar&aacute;n comer.

El chupatodo blancuzco dej&oacute; de lado las risas y la cueva, y emprendi&oacute; decidido su camino para cumplir con su objetivo, desde hace 36 de sus 100 a&ntilde;os se la hab&iacute;a pasado buscando esposa, y no era f&aacute;cil pues el vampiro result&oacute; exigente y terco. No le convenc&iacute;an las esclavas de piel tersa y rostro armonioso, tampoco las ni&ntilde;as inocentes de la aldea que observaba a escondidas tras las ramas, menos las mujeres con cuerpos definidos y a veces sudorosas. Y  las ancianas s&oacute;lo le provocaban tristeza.  Tampoco estaba interesado en seres m&aacute;gicos, y menos en las de su especie, que ya eran raza en extinci&oacute;n. No se dejaba ver de ellas, de ninguna clase, pues cualquiera siempre se asustaba al verlo.

Transit&oacute; todo el d&iacute;a entre el campo espeso. Era aventurero. Se escond&iacute;a una y otra vez para que nadie lo divisara. Esa tarde en el reino de Frost el clima cambi&oacute; r&aacute;pidamente, aparecieron nubes negras que avecinaban lluvias fuertes. Ya ten&iacute;a hambre otra vez, pues hab&iacute;a almorzado al medio d&iacute;a huevos de Dons, aves medianas con ojos saltones que ten&iacute;an sus nidos por debajo de la tierra.

La tormenta se fue acercando gota a gota cayendo sobre el reino y este pobre vampiro desagradable empez&oacute; a sentir fr&iacute;o, nada le cubr&iacute;a su cuerpo gordinfl&oacute;n. Cay&oacute; la noche y empez&oacute; a pensar qu&eacute; hacer para descansar un poco.

A 200 metros, cerca de un castillo gigante, logr&oacute; ver con su poca vista, un frondoso &aacute;rbol bien cuidado en cuyas ramas hab&iacute;an cientos de flores blancas diminutas, parec&iacute;a un buen refugio moment&aacute;neo. Corri&oacute; angustiado por que le dol&iacute;an las gotas de agua sobre su piel, abri&oacute; a&uacute;n m&aacute;s sus patas para apresurarse y en su af&aacute;n logr&oacute; llegar all&iacute; en menos de 17 segundos. Respiraba vertiginosamente y su pulso de dos corazones parec&iacute;a reventar. Se agarr&oacute; del tronco grueso del &aacute;rbol para sostenerse. Justo cuando lo toc&oacute;, su nariz percibi&oacute; el delicado y apetitoso olor de la savia, era como un eco que subliminalmente le llamaba. A&uacute;n sin lograr estabilizarse, con ansia trep&oacute; &aacute;rbol arriba y estando entrometido entre sus ramas su alborotado est&oacute;mago le clam&oacute; a gritos un peque&ntilde;o mordisco. Sin pensarlo dos veces, enterr&oacute; sus colmillos en el tronco.


Capitulo Dos:
DEL &Aacute;RBOL INSATISFECHO 

Entonces el &aacute;rbol se estremeci&oacute; como si hubiera llegado el momento esperado por siglos y explot&oacute; como un globo lleno de pedos. La corteza de aquel &aacute;rbol robusto empez&oacute; a encogerse y a cambiar de color. Las hojas que lo hac&iacute;an frondoso ahora ca&iacute;an hasta dejarlo desnudo, incluso de una de sus ramas salieron despedidos por el aire los polluelos que all&iacute; anidaban. Sus entra&ntilde;as le&ntilde;osas fueron tomando la forma flexible de los m&uacute;sculos y los conductos que transportaban la savia, se transformaron en venas y arterias con sangre caliente y burbujeante.

El &aacute;rbol que antes permaneci&oacute; inm&oacute;vil por mucho tiempo, ahora adquir&iacute;a el movimiento de un cuerpo humano joven. La memoria guardada en lo surcos de su tronco se repleg&oacute; hac&iacute;a la cabeza conformando as&iacute; parte de su cerebro.

Su primer recuerdo le trajo el aroma de aquella mujer que pasaba horas enteras sentada sobre sus ramas entonando canciones melanc&oacute;licas. Supo entonces que ese olor le creaba la necesidad de ser hombre, d&aacute;ndole vida a todo el deseo guardado en su cuerpo fibroso. El nuevo miembro viril se ha despertado. 

&Eacute;l Ve&iacute;a tan claro el aroma como si fuera un sendero iluminado por un rayo de luna que lo impulsaba a satisfacer sus ansias de poseerla. Atraves&oacute; el jard&iacute;n y llegando al muro del castillo intent&oacute; trepar pues cre&iacute;a que ten&iacute;a la capacidad de hacerlo. Cay&oacute; y estando tendido sobre los jazmines el dolor le hizo comprender que hab&iacute;a cosas que no pod&iacute;a hacer. 

 Busc&oacute; por instinto opciones para entrar a castillo, hall&oacute; una puerta en madera entrecerrada y a su lado izquierdo unos escalones empedrados por los que subi&oacute; cuidadosamente.


Capitulo Tres:
DE LA PRINCESA SOLITARIA

Ahora que ha llegado el olor es mas intenso. Avanza con los ojos cerrados casi flotando hacia el interior de la habitaci&oacute;n de su princesa. La habitaci&oacute;n se muestra extremadamente candorosa, cursi e infantil, dise&ntilde;os de corazones adornan las paredes. Pesadas estanter&iacute;as adosadas sostiene en el aire a mu&ntilde;ecos de todas las especies, colores y tama&ntilde;os. Almohadas por el suelo sobre tapetes brillantes, cortinas de mil colores. Tanta candidez hace pensar que la due&ntilde;a, por que innegablemente era mujer, es una peque&ntilde;a ni&ntilde;a de graciosos rizos con el color del sol, con robustos vestidos de finas telas y un rostro carnoso y rosado. Un dibujo totalmente diferente a lo que su memoria le&ntilde;osa le mostraba. Aquella ni&ntilde;a debe reposar su cuerpo de &aacute;ngel sobre la cama que ocupa el espacio central de la habitaci&oacute;n. Una cama de cedro con hermosos pilares hacia el cielo tallados a mano y sosteniendo desde la parte mas alta linos que penden sobre ellos. Es de suponer que la habitante de esa abullonada cama tan especialmente formada era los ojos de todo el reino.

El no ha descubierto nada de esto por que ha seguido con los ojos cerrados el aroma que lo atrae hasta ella, junto a su cama. Cuando se siente cerca abre sus ojos y descubre a una mujer totalmente cubierta desde su cuello hasta sus pies con gruesas cobijas. Apenas sus dos flacas manos se asoman sobre el borde del edred&oacute;n y un gorro rid&iacute;culo de forma muy extra&ntilde;a adorna la cabeza de esa mujer. No era esa ni&ntilde;a de delicados rizos color del oro, es una mujer ya y su rostro parece contener una mueca como sonrisa que se ha petrificado. Ella es absolutamente fea. Hasta se puede imaginar lo que ocultan las cobijas de lino, un cuerpo flaco, fl&aacute;cido, huesudo. Unos pies largos y unas manos casi desarmables. Ausente de todo atributo que pudiera darle la esperanza de ser amada. Su entorno no hace m&aacute;s que mostrar a una mujer decidida a vegetar con los recuerdos de una infancia feliz por miedo a enfrentarse a un mundo despiadado que se le ofrece con esa belleza que para ella ha sido negada con crueldad. 

El la observa embotado por el perfume de su cuerpo que en realidad no es nada especial. Su aroma no es hermoso, no produce sue&ntilde;os de bienestar ni es tan embriagador como para convertirla a ella en la doncella que todos, incluyendo sus padres, esperaban que fuera. Era un aroma normal de un cuerpo sudoroso que duerme. Incluso para la nariz m&aacute;s refinada podr&iacute;a descubrirse alg&uacute;n matiz de hedor, sin embargo &eacute;l sigue all&iacute; observ&aacute;ndola dormir junto a su cama, aspirando ese perfume que emanaba de su cuerpo. No era por la pureza de su aliento o por lo excelso del aroma, es por que era el olor que mas recordaba, el que quedo impregnado en sus hojas cuando esa huesuda mano arranca de &eacute;l sus frutos o cuando su vestido se enredaba y sus enjutas piernas se rozaban por sus ramas dejando parte de su piel sobre la corteza.

Sus manos se tensaron. Sobre sus brazos los m&uacute;sculos sobresalieron y algunas venas ensancharon su cause. Su cien palpitaba, sus ojos casi desorbitados con peque&ntilde;as venas alimentando su necesidad de ella. Sin medir consecuencias se abalanz&oacute; sobre el lecho de la dormida a la que hizo rodar hasta el suelo. La mujer sorprendida lo mira como si quisiera arrancar con un grito ese aliento agitado del hombre. Pero lo observa, era tan extra&ntilde;o ese momento, casi como un sue&ntilde;o. Ten&iacute;a un hombre tan cerca como siempre lo hab&iacute;a so&ntilde;ado. Ella sobre &eacute;l sintiendo la pasi&oacute;n que punzaba quemante sobre su huesuda ingle. Fue entonces cuando esa expresi&oacute;n de miedo cambio y una sonrisa de dientes descarrilados se asom&oacute; por su torcida boca, aderezando ese menjurje de su rostro con arrugas en cada espacio. Era su ocasi&oacute;n, la oportunidad de su vida, la que nunca se volver&aacute; a repetir. Este era el momento y ten&iacute;a que aprovecharlo. 

Sus manos se mov&iacute;an veloces sobre el cuerpo del hombre. Le recorri&oacute; vorazmente hasta en los espacios que el mismo todav&iacute;a no se hab&iacute;a descubierto. Era sofocante, su boca, su lengua, parec&iacute;a querer saciar de golpe esa hambre de hombre que la consum&iacute;a represada durante tiempos prehist&oacute;ricos como una maldici&oacute;n. Sobre la piel del hombre comenzaron a aparecer moretones de mordiscos y peque&ntilde;os hilos de sangre recorrieron sus costados. Intentando zafarse de ella la empujo de los hombros hac&iacute;a abajo, lo que ella interpret&oacute; como una invitaci&oacute;n y nuevos umbrales de dolor colmaron al hombre que enardecido se irgui&oacute; y casi transformado con dos enormes colmillos en su boca se abalanz&oacute; sobre el cuello de la princesa propin&aacute;ndole una certera herida que ella agradeci&oacute; con una grito de placer. La mujer con sus cabellos alborotados y su camis&oacute;n manchado de sangre, se levant&oacute; con una horrible risa contagiosa de satisfacci&oacute;n y trastabillo unos pasos hacia atr&aacute;s hasta dar con la chimenea que detuvo su ca&iacute;da. 

Lo miraba todav&iacute;a enajenada, hambrienta, parec&iacute;a un animal amenazante que comenzaba su org&iacute;a de sangre. &Eacute;l, lleno de miedo al verla, intento retroceder torpemente sobre el suelo con su cara llena de p&aacute;nico y cuando sinti&oacute; que la mujer decidida iba a caerle de nuevo a iniciar su faena, la vio detenerse de golpe como si sufriera de un ataque. Extra&ntilde;os movimientos convulsivos la sacud&iacute;an fuertemente hasta elevarla del suelo y una luz brillante que ilumin&oacute; su interior encegueci&oacute; los ojos del aliviado hombre. En la oscuridad de sus ojos encandelillados sinti&oacute; un fuerte terremoto, ruidos que no pod&iacute;a descifrar, cristales que se despedazaban y ca&iacute;an cerca de &eacute;l y luego as&iacute; como apareci&oacute; se fue, un silencio de cementerio. Al recuperar la visi&oacute;n pudo comprobar que estaba atrapado en la ra&iacute;z de una enorme Ceiba que hab&iacute;a aparecido all&iacute; mismo, en la habitaci&oacute;n rid&iacute;cula de la insaciable princesa. Enormes ramas lo aprisionaban en un rinc&oacute;n y no pod&iacute;a escapar. 

Al pasar el tiempo el castillo fue abandonado. Durante los primeros d&iacute;as despu&eacute;s de que apareciera aquel &aacute;rbol gigante, un hedor invadi&oacute; todo el reino. Todos dec&iacute;an que proven&iacute;a de la extra&ntilde;a flor que brotaba de sus ramas. Era tan penetrarte que nadie lo soport&oacute; y abandonaron sus casas a la mano de Dios. En un rinc&oacute;n escondido se encuentra el esqueleto de un hombre que sirvi&oacute; de abono a la misma Ceiba. Sus ramas se extendieron y oscurecieron toda la poblaci&oacute;n. Se apoder&oacute; con avidez de todo el reino. S&oacute;lo un extra&ntilde;o vampiro albino parec&iacute;a deleitarse del jugo amargo y pest&iacute;fero de sus frutos. 
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2008-05-23</dc:date>
			<pubDate>Fri, 23 May 2008 22:02:03 UTC</pubDate>
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			<title><![CDATA[Designio]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/354/354137/</link>
			<description><![CDATA[DESIGNIO

A&ntilde;o: 2007
Ganador concurso Bogot&aacute;: Historias paralelas

Solo pasaba por all&iacute; como cualquier ciudadano, caminaba desprevenido por la calle sin empedrar del barrio. Desde lejos pude ver a la vieja parada como una estatua, Jos&eacute;,  esper&aacute;ndome al final del camino como si fuera nuestro punto de encuentro. Detr&aacute;s de ella los toldos gitanos que regalaban su polvo al viento, brillando por los rayos penetrantes del sol al oriente. Muchos de ellos caminaban afanados destemplando cada tramo del cuero que los protegi&oacute; la noche anterior. Las mujeres con ollas muy viejas y golpeadas corr&iacute;an con el agua que pudieron sacar del r&iacute;o Fucha y los ancianos prendiendo el fuego. Algunos otros con instrumentos tocaban esos ritmos raros de ellos, los ni&ntilde;os corr&iacute;an unos detr&aacute;s de los otros. 

Ese es mi camino desde hace un a&ntilde;o, que llegue del campo por los problemas con los liberales. Ahora cada ma&ntilde;ana tengo que caminar esta trocha, hasta la carreta que me lleve del barrio San Crist&oacute;bal al norte de Bogot&aacute;, al acueducto. All&iacute; trabajo gracias a Don Vicente, el se&ntilde;or que contrat&oacute; a Bertilda mi mujer para los oficios de su casa. El nos ha apoyado mucho desde que llegamos a la capital. El trabajo en el acueducto es duro pero as&iacute; podemos sobrevivir con los dos chinos que Dios nos di&oacute;. 

Cada vez me acerco m&aacute;s a ella que espera como si fuera un encuentro planeado por siglos. Ten&iacute;a sus brazos cruzados, estaba encorvaba y colgaba de sus hombros una extra&ntilde;a ruana vieja. No se parece a la ruana que yo llevo, Arqu&iacute;medes. S&iacute;, es de lana como todas, pero lo que la hace rara es su forma, no tiene el agujero por donde sacar la cabeza. Ella mete la ruana por debajo de sus dos brazos cruzados y cuelga sobre su falda de flores que llega hasta el piso. Les tengo miedo a los gitanos, Jos&eacute;. Mi abuela me contaba que la t&iacute;a Berenice que no conoc&iacute;, la mato un gitano. Le hizo un rezo en un idioma raro y se fue chupando, chupando, hasta que se seco. Se dicen muchas cosas de los gitanos, que adivinan el futuro, que tienen maleficios, yo prefer&iacute;a no tener nada con ellos. 

Ella segu&iacute;a all&iacute; parada mir&aacute;ndome como si fuera yo el que llega tarde a una cita que no recuerdo. Se ve que guarda mucho polvo del tiempo entre las arrugas de su frente. Empiezo a caminar lento sin querer cuando estoy cerca de ella, soy v&iacute;ctima de ese poder magn&eacute;tico del que tanto he escuchado. Ya cuando estoy frente a ella me detengo mientras me mira directo a los ojos, mueve su mand&iacute;bula como masticando tabaco, ese es su olor, Arqu&iacute;medes. Extiende su mano hac&iacute;a mi sin dejar de mirarme. Yo la miro sin saber que quiere. 
–	Tu mano – me dice con ese acento arrastrado que tienen y como dormido, dejo mi mano con la palma hac&iacute;a arriba sobre la suya. Siento lo &aacute;spero de sus callos, mientras baja su mirada a mi mano.
–	Te voy a decir el futuro y me das una moneda. 
–	Moneda no tengo – le dije.  
–	Un d&iacute;a fat&iacute;dico para ti compa&ntilde;ero el de hoy. Sentir&aacute;s la muerte persigui&eacute;ndote por entre t&uacute;neles oscuros. Al final podr&aacute;s ver la luz, pero no es tu salvaci&oacute;n chico, la muerte te espera al final. Dame una moneda. 

No se por qu&eacute; me detuve, no se por qu&eacute; le di mi mano, ahora me arrepiento y lo peor es que no era capaz de arrancarla de sus manos y menos de dejar de mirarla asustado. Ella me ha dicho que hoy me muero, como si me dijera que voy a cambiar de trabajo o que me subir&aacute;n el sueldo. Es mi &uacute;ltimo d&iacute;a y segu&iacute;a ah&iacute; de frente a ella con mi mano hundida dentro de una lavaza pegajosa que me jala, que se come mi brazo. Vi&eacute;ndome muerto del miedo ella, hace una mueca diab&oacute;lica, acerca su cabeza hac&iacute;a m&iacute; y escupe esa saliva verde sobre mi mano. Pasaron por mi cabeza como caballos desbocados im&aacute;genes de un sue&ntilde;o que he tenido todos los d&iacute;as hace un a&ntilde;o y el p&aacute;nico me asalt&oacute; Jos&eacute;. De un brinco me desprend&iacute; de ella y corr&iacute; como loco, como queriendo huir de sus palabras que siguen latiendo todav&iacute;a en mi sien. 

Hoy me muero, hoy es mi &uacute;ltimo d&iacute;a, eso me ha dicho la gitana vieja. 
–	Usted es medio pendejo &iquest;cierto Roberto? – me dice Arqu&iacute;medes – Esa vieja lo que quer&iacute;a era asustarlo para sacarle plata y casi cae, menos mal que es cobarde. La cobard&iacute;a lo salvo de perder unas monedas Roberto.  
–	No, lo dijo la gitana vieja, ellas no se equivocan, acu&eacute;rdese de mi t&iacute;a Berenice, hoy es mi &uacute;ltimo d&iacute;a, hoy me muero, miren como tengo la mano. 
–	Deje de pensar en eso, ya me tiene cardiaco con ese cuento. – dice Jos&eacute; – Mejor l&aacute;vese la mano, no puedo creer que todav&iacute;a la tenga as&iacute;.


…


Parece que va a llover, no se ve despejado el cerro de Monserrate. Yo camino con Arqu&iacute;medes y Jos&eacute; sobre la s&eacute;ptima hacia la 19. 
–	&iquest;Que toca hacer hoy?
–	Usted esta en las nubes Roberto, &iquest;no ve que vamos para las alcantarillas hoy? – Jos&eacute; baja su cabeza, busc&aacute;ndome la mirada – Hoy nos toca revisar las alcantarillas que se construyeron el a&ntilde;o pasado.

Hemos llegado sobre la tapa de la s&eacute;ptima con 19. Jos&eacute;, que era el m&aacute;s antiguo, clava de un solo golpe el pico en unos de los agujeros de la tapa y la saca de un empuj&oacute;n. &Eacute;l es el primero que baja, lo sigo yo y luego Arqu&iacute;medes. Es muy oscuro aqu&iacute; abajo, a pesar del chorro de luz que entra por el agujero. El olor es insoportable. Antes que construyeran estas alcantarillas no hab&iacute;an tantas ratas, ahora vienen a vivir y a morir aqu&iacute;, entre la mierda y el agua podrida. 
–	Despu&eacute;s de una hora ya no se siente el olor, – dice Arqu&iacute;medes – que trabajo tan mugre este. La idea aqu&iacute; abajo es buscar grietas sobre las paredes. Prenda la linterna de su casco. Yo fui el que le dijo al viejo Obdulio que comprara estos cascos de miner&iacute;a, son muy buenos para trabajar aqu&iacute; abajo, antes nos tocaba buscar con la linterna en la mano, as&iacute; se complica la cosa. El viejo me dijo “Caray chivato, se le ha pegado la sabidur&iacute;a del cient&iacute;fico de Siracusa.” Qui&eacute;n sabe qui&eacute;n ser&aacute; la vieja Siracusa esa –. 

Lo &uacute;nico complicado de este trabajo es el olor y la humedad. Se me mete el agua por entre estos zapatos viejos que uso. Tengo que caminar sigui&eacute;ndolos a ellos, Jos&eacute; busca arriba y hac&iacute;a el lado izquierdo del tubo, Arqu&iacute;medes el lado derecho, yo tengo que buscar fugas sobre el agua negra, sobre la que flota lo m&aacute;s asqueroso que se pueda pensar. Me imagino que al nuevo siempre le toca as&iacute;. 
–	Busque burbujas Roberto, eso quiere decir que hay una fuga. Igual no se puede permanecer mucho tiempo entre estos tubos, s&oacute;lo se pueden recorrer seis cuadras, hasta la s&eacute;ptima con trece donde queda la otra tapa, por que dicen que de estos desperdicios se produce un gas que no se ve y que enloquece al que lo respire por mucho tiempo.  

Este olor me recuerda a la gitana vieja esa, me recuerda que hoy es mi d&iacute;a final y tener que caminar hasta la trece, ese n&uacute;mero no trae sino mala suerte. Si no estuviera con ellos, creo que no lograr&iacute;a permanecer solo aqu&iacute; abajo.

En los silencios del trabajo s&oacute;lo se escucha nuestra respiraci&oacute;n, ni un sonido del mundo exterior llega aqu&iacute; abajo. Ya no se siente tan fuerte el olor.
–	Estamos debajo de la tapa de la trece con s&eacute;ptima – Dice Jos&eacute; que sube por las varillas y corre a pulso la tapa. 
–	&iquest;Qu&eacute; horas son Jos&eacute;? 
–	Ya faltan quince minutos para las dos de la tarde Roberto. 
–	Se oye mucho ruido afuera, la gente grita 
–	Eso es por que salimos de un silencio como este y cualquier ruido nos parece un bochinche – Jos&eacute; lo dice mientras escala las varillas hasta alcanzar la calle y lo sigue Arqu&iacute;medes. 
No alcanza a llegar a la &uacute;ltima varilla cuando del exterior un cuerpo cae sobre &eacute;l y los dos caen al fondo muy cerca de m&iacute; que alcanzo a esquivarlos. La luz del sol titila hasta perderse ensombreciendo todo el interior. Son cuerpos los que cuelgan del agujero, muchos hombres muertos cubren la luz. Mi linterna ilumina el rostro de uno de ellos que ha quedado aplastado bajo el tumulto. No puedo reconocer la forma de su cara, parece ser una mezcla de carne molida y sangre. La sangre salpica a chorros el cuerpo del hombre que cay&oacute; y sobre Arqu&iacute;medes. No se que pasa, &iquest;qu&eacute; esta pasando? Es la muerte, la muerte me busca y empieza a seguirme desde el n&uacute;mero trece de esta avenida. Estoy aqu&iacute; perdido en este agujero y la muerte cuelga de arriba con sus manos extendi&eacute;ndose hac&iacute;a mi. Este es mi fin, es lo que dijo la gitana. 

El hormigueo del agua sobre mis manos me hace ver que estoy sentado en el charco. Arqu&iacute;medes se queja debajo del muerto. Al moverlo veo que es Jos&eacute; el que cay&oacute; de arriba, no por su cara en carne y sangre, es por el uniforme que tiene la insignia del acueducto de Bogot&aacute;. Arqu&iacute;medes esta boca arriba dentro del agua que corre por la alcantarilla. Su pierna tiene una posici&oacute;n extra&ntilde;a, una posici&oacute;n imposible, la rodilla da al lado opuesto de su estado normal. 
–	Arqu&iacute;medes su pierna.
–	Si Roberto, me duele mucho la pierna.
–	Dios m&iacute;o &iquest;qu&eacute; es esto? &iquest;Se da cuenta Arqu&iacute;medes? Esa vieja no dec&iacute;a mentiras, se esta cumpliendo lo que dijo, la muerte me va a perseguir por entre estos t&uacute;neles hasta matarme.
–	Usted es medio pendejo &iquest;cierto Roberto?, mire a Jos&eacute;, el ya esta muerto, m&iacute;reme a mi, yo tengo la pierna jodida y usted que no tiene ni una herida se queja como una ni&ntilde;ita de que la muerte lo persigue, mucho huev&oacute;n. Arriba paso algo, un accidente, tal vez se estrell&oacute; con un carro que ven&iacute;a r&aacute;pido me imagino, ese era el temor de siempre sobre la s&eacute;ptima que se meten carros y como no saben manejarlos todav&iacute;a pues pasan estas cosas. Roberto me duele mucho esta pierna, ll&eacute;veme hasta la Plaza de Bol&iacute;var. 
–	No se por d&oacute;nde es la Plaza de Bol&iacute;var.
–	No lloriquee Roberto, tenga huevas, yo le digo por donde ir.


…


Lo arrastr&eacute; hasta donde &eacute;l me dijo, su quejido en eco se escuchaba a lo largo de las alcantarillas como el lamento de un fantasma. El agua que ven&iacute;a de sur, de la plaza de Bol&iacute;var estaba cargada de sangre. 
–	Mire Arqu&iacute;medes el agua, esta cubierta de sangre 
–	&iquest;C&oacute;mo logra distinguir la sangre del agua con esa linterna? Es imposible, sigamos. 
Era sangre, lo sab&iacute;a y creo que Arqu&iacute;medes tambi&eacute;n, pero no lo aceptaba. Seg&uacute;n &eacute;l, estamos cerca de la Plaza. En el fondo un ruido agudo crec&iacute;a y una masa negra cambiaba de forma y r&aacute;pidamente se acercaba. La cola de la luz de mi linterna no lograba distinguir que era. 
–	La muerte, ah&iacute; viene la muerte.
Un chillido desconocido aumentaba el volumen a medida que se acerca. Miles de ratas pasaron sobre nosotros, corr&iacute;an despavoridas de sur a norte por las alcantarillas como un solo cuerpo. 
–	Roberto algo esta pasando arriba, algo grave 
–	&iquest;Que otra cosa sino la muerte busc&aacute;ndome? 
–	Esto no es por usted, algo m&aacute;s pasa, algo grande, nunca hab&iacute;a pasado algo as&iacute;.
Llegamos sobre la alcantarilla de la Plaza de Bol&iacute;var. Subo hasta la tapa y la levanto un poco. El humo invad&iacute;a la plaza. Cerca de la tapa varios cuerpos de hombres se quejaban aun vivos mientras su sangre escurr&iacute;a por los desag&uuml;es. M&aacute;s all&aacute; se ve&iacute;an m&aacute;s cuerpos, todos apelmazados  sobre el suelo como una fosa com&uacute;n. En los espacios que dejaba el humo se pod&iacute;a ver al fondo llamas. La Catedral Primada no parece haber sido da&ntilde;ada.

–	Hay fuego sobre los edificios, hay muchos muertos en la plaza y personas disparando no se a que, tal vez se defienden de la muerte Arqu&iacute;medes, la muerte arras&oacute; con todo y por mi culpa, no deb&iacute; parar con la gitana, deb&iacute; esquivarla, todos esos muertos son por mi.
–	Roberto recuerde lo que le dijo exactamente la gitana.
–	Ella dijo que la muerte me perseguir&iacute;a por entre t&uacute;neles oscuros y que yo ver&iacute;a la luz pero que la muerte estaba al otro lado esper&aacute;ndome.

Todo quedo en silencio, el lamento del agua y el de Arqu&iacute;medes se perd&iacute;an entre el miedo y la incertidumbre. As&iacute; paso mucho tiempo. Las luces de las linternas empezaron a parpadear hasta agotarse, la oscuridad invadi&oacute; toda la alcantarilla. 
–	&iquest;Qu&eacute; hora es? 
–	Me imagino que las tres y media m&aacute;s o menos. No puede ser Roberto, esto no puede ser cierto, como puede existir la muerte as&iacute; 
–	Lo ve, es cierto, todo esto es por mi, seguir&aacute; todo esto hasta que yo me entregue a la muerte, hasta que me lleve a m&iacute;, as&iacute; dejar&aacute; de matar.
–	Es una locura esto, no puede ser cierto, tal vez ya permanecimos mucho tiempo aqu&iacute; abajo y el gas nos ha enloquecido.
–	Si usted se asoma ver&aacute; lo mismo que yo, esta pasando como lo dijo la vieja y lo &uacute;nico que me queda es salir a enfrentarla. 
–	Hoy &iacute;bamos a salir con Clemencia – Me dice Arqu&iacute;medes – lo hab&iacute;amos planeado hace un mes. &Iacute;bamos a celebrar los cuatro a&ntilde;os de matrimonio. Esta ma&ntilde;ana la abrace como nunca antes lo hab&iacute;a hecho y ella me dijo – No me abrace as&iacute; que parece que se estuviera despidiendo – La amo, nunca antes lo hab&iacute;a sentido as&iacute; y no pienso despedirme as&iacute; de mi esposa, no pienso dejarla as&iacute; nada m&aacute;s.
–	Perd&oacute;neme, todo esto es mi culpa.
–	No diga pendejadas, que esto no es por su culpa. Creo que lo mejor ser&aacute; esperar un tiempo. Nada entrar&aacute; y no hay forma de que nos saquen de aqu&iacute;. 


…


Un rumor lejano se hac&iacute;a cada vez m&aacute;s cierto. La lluvia hab&iacute;a llegado. Peque&ntilde;as gotas salpicaban del exterior. Tengo los pies helados y estoy cansado de permanecer sentado sobre este charco. No dejo de pensar en la forma que la muerte piensa quitarme la vida. Tal vez ser&eacute; presa de sus dientes, me despedazar&aacute;, moler&aacute; mis huesos y mi carne. Tal vez me desangre sin poder evitarlo, mi sangre como la de los dem&aacute;s se escapar&aacute; de mi y morir&eacute;. Algo doloroso me espera eso es innegable. Por m&aacute;s que rezo y rezo cada segundo tengo la certidumbre de que no tiene sentido. El designio ya esta trazado, soy un instrumento de los deseos de Dios y la muerte es su guerrero. Me busca en la ciudad entera, ha destrozado la vida de muchos pensando que soy yo y no me ha encontrado. Sabe que estoy debajo de la tierra y cree que me escondo de ella. Ha pedido ayuda. El aguacero que ahora cae empieza a aumentar el raudal del agua sobre nosotros.  Igual si no escapo morir&eacute; aqu&iacute; tal y como ella lo quiere. Es inteligente lo se. Su aliento nauseabundo, sus ojos de fuego. Alguna forma tengo que encontrar para escapar de ella. Es rid&iacute;culo, ser&iacute;a imposible escapar de la muerte, nadie hasta el momento ha podido escapar. 
En este punto entiendo su posici&oacute;n. Una orden es una orden. Pero yo no puedo ni podr&eacute; contra mi mismo, contra mis temores. 

–	Que no hay forma de que nos saquen de aqu&iacute; – le dije a Arqu&iacute;medes – La lluvia es la forma de que nos saquen. No demora en subir el nivel del agua aqu&iacute; dentro. Creo que no hay otra cosa que hacer, voy a salir.
–	Tal vez se equivoque Roberto. Pero si las cosas est&aacute;n como usted dice, lo m&aacute;s seguro es que a usted lo maten afuera. 
–	Pero si nos quedamos aqu&iacute; f&aacute;cilmente moriremos ahogados. 
De nuevo la nada, ese silencio acusador que palpita sin compasi&oacute;n, que grita y me aturde, mil voces se&ntilde;al&aacute;ndome. No hay nada que hacer ahora, ya nada importa. 
–	Se por qu&eacute; me persigue, por que esta aqu&iacute;.
–	&iquest;qui&eacute;n?
–	La muerte, se por qu&eacute; me persigue.
–	&iquest;por qu&eacute;?
–	Hace un a&ntilde;o, antes de venir a Bogot&aacute;, yo pertenec&iacute;a a un grupo que eliminaba seguidores liberales. La verdad no he disparado contra nadie, no he tenido ning&uacute;n cristiano en mi conciencia. Un d&iacute;a unos gringos y varios del grupo se reunieron y me seleccionaron como parte de una estrategia para eliminar a un pez gordo de los liberales. Conmigo hab&iacute;a otro campesino que era muy extra&ntilde;o. Los dos ten&iacute;amos la misi&oacute;n de contactar, en nombre de los gringos, a los amigos m&aacute;s cercanos del personaje y convencerlos con dinero para que nos lo pusiera en bandeja de oro y poderlo matar. As&iacute; conoc&iacute; a un Doctor Mendoza al que comprometimos a exponerlo m&aacute;s adelante en frente nuestro para darle. Pero un d&iacute;a so&ntilde;&eacute; que corr&iacute;a entre t&uacute;neles y que una sombra enorme ven&iacute;a tras de m&iacute;. Me asuste tanto y ten&iacute;a tanto miedo con lo del personaje que decid&iacute; huir,  escapar y quedarme con otro nombre aqu&iacute; en Bogot&aacute;. La vieja gitana ley&oacute; en mi mano lo que yo hab&iacute;a so&ntilde;ado y presagi&oacute; que el d&iacute;a era hoy. Creo que ellos siguen con la idea de asesinar a uno grande de los liberales. Por eso pienso que me persigue, me persigue desde hace un a&ntilde;o en sue&ntilde;os y es el d&iacute;a de hoy cuando se hace real. 
–	Nunca lo hubiera imaginado Roberto o como se llame.
–	Esta es la &uacute;nica soluci&oacute;n, tengo que entregarme, darle lo que quiere para que no destroce m&aacute;s la ciudad.

Sub&iacute; por las escalinatas de la alcantarilla hac&iacute;a la tapa. Desde arriba pod&iacute;a ver la lluvia golpeando el rostro de Arqu&iacute;medes, que me segu&iacute;a con la mirada. Corr&iacute; la tapa como pude y sub&iacute; a la plaza pisando la sangre y las tripas de los cuerpos desechos sobre el suelo. La lluvia ca&iacute;a sin descanso. Camine hasta el centro de la plaza y me detuve. 

Este es mi &uacute;ltimo d&iacute;a, el d&iacute;a que he aceptado mi suerte, el que libero mi culpa y la entrego al enorme monstruo justiciero de Dios que esper&oacute; pacientemente y me tortur&oacute; en sue&ntilde;os para hacer su v&iacute;ctima hoy 9 de abril de 1948.

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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2008-05-23</dc:date>
			<pubDate>Fri, 23 May 2008 22:06:28 UTC</pubDate>
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			<title><![CDATA[El mejor regalo]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/354/354138/</link>
			<description><![CDATA[EL MEJOR REGALO

Referente Hist&oacute;rico

Fray Domingo de las Casas vino como misionero a Am&eacute;rica en 1533. Se uni&oacute; al conquistador Gonzalo Jim&eacute;nez de Quesada y fue el encargado de realizar la misa con la que se fundo Santa Fe de Bogot&aacute;, en 1538. En 1539 regres&oacute; a Espa&ntilde;a, muy enfermo, y muri&oacute; en Sevilla unos a&ntilde;os despu&eacute;s.

A&ntilde;o de creaci&oacute;n: 2007
Ganador del concurso Bogot&aacute;: Historias Paralelas
Querida Rosalina:
A&uacute;n recuerdo que te debo algo. Ese d&iacute;a que me dijiste que me dar&iacute;as el regalo que nunca nadie m&aacute;s me dar&iacute;a y me tomaste de la mano y me hiciste correr por las calles inundadas del barrio como dos ni&ntilde;os. Te recuerdo a mi lado apret&aacute;ndome la mano con tus ojos llenitos de emoci&oacute;n y tu sonrisa que despierta duendes y hadas, all&iacute; parados los dos viendo pasar ese enorme barco de madera que ol&iacute;a a mar, con sus grandes velas ondeando con el viento de la noche, aferradas inseguras al m&aacute;stil. Sus peque&ntilde;as ventanas por los costados que parec&iacute;an ser ocupadas por rostros de hombres recios y marchitos por la sal del oc&eacute;ano. Su ancla oxidada y carcomida por las profundidades de miles de oc&eacute;anos. El color p&uacute;rpura que emerg&iacute;a de su interior, sus amarres, sus barriles, sus poleas de todos lo tama&ntilde;os. Esa enorme mole cruzando rauda por los congelados mares de asfalto de nuestra ciudad Bogot&aacute;. 
Era una enorme procesi&oacute;n. Detr&aacute;s de &eacute;l parec&iacute;a venir el cura del veinte de julio con un enorme Cristo sangrante, sostenido por muchos feligreses y las pla&ntilde;ideras detr&aacute;s cantando letan&iacute;as y sollozando por el Dios hecho hombre. A lo lejos, como una visi&oacute;n, el cura balancea ese enorme cop&oacute;n con incienso, que va dejando una estela de humo y aroma. 
Una enorme fiesta con muchos ni&ntilde;os alzados en hombros por sus padres con peque&ntilde;as banderas rojo amarillas agit&aacute;ndolas entre carcajada y carcajada. Miles de festones cayendo del cielo de tantos colores que brillaban como polvo de estrellas. Tanta luz te hac&iacute;a ver como un &aacute;ngel. Esa avidez tuya de mirar sin parpadear para no perderte ni un segundo del acto, con tus labios entre abiertos sonriendo y tu peque&ntilde;a lengua t&iacute;midamente asom&aacute;ndose. Eras un &aacute;ngel que me regalo el mejor de mis recuerdos, el que me mantiene vivo a pesar de mis sufrimientos. De tanto alimentarme de &eacute;l he acabo por a&ntilde;orarlo, por desear vivirlo de nuevo. Tal vez s&oacute;lo fue un sue&ntilde;o de mi senil memoria, tal vez ni siquiera existas, seguir&aacute;s siendo un &aacute;ngel de los miles que aparecen para estas &eacute;pocas de desolaci&oacute;n y conformismo. Pero se que es posible que s&iacute; existas porque no s&oacute;lo tengo de ti ese recuerdo, tambi&eacute;n te recuerdo tomando mi mano y tu brazo rodeando mi cintura, mientras que gir&aacute;bamos sobre la pista al son del manisero. O en aquellos ocasos que busc&aacute;bamos las praderas de la sabana para recostarnos, tu rostro manchando de luz naranja y tus labios sosteniendo un sol que se fund&iacute;a en ellos. Corr&iacute;as por el entablado crujiente de la casa, abanicando tu enorme falda y tus suaves carcajadas que me llenaban de gozo.  
Esta enorme deuda de felicidad que he venido recogiendo cada d&iacute;a, cada noche, durante mis &uacute;ltimos a&ntilde;os, me ha llevado a escribirte esta carta a&uacute;n en contra del temblor implacable de mis manos. Este agradecimiento que crece con el recuerdo me ha dejando una enorme sensaci&oacute;n de culpa que he querido subsanar hoy. No s&oacute;lo te escribo para decirte que no te he olvidado, tambi&eacute;n quiero decirte que la deuda que hoy quiero pagarte ha estado presente y a&uacute;n m&aacute;s estos d&iacute;as que de tu sonrisa me he alimentado. 
Me he molido los sesos pensando la mejor manera de pagarte con un imperecedero regalo que pueda hacerte. Para eso he recurrido a mis &aacute;lbumes de escritos. Dentro de ellos he buscando uno por uno el mejor que pudiera ser tan simple como el que tu me diste, pero a la vez tan memorable.  Quiz&aacute;s lo &uacute;nico que no recuerdo es c&oacute;mo te alejaste, c&oacute;mo te perd&iacute;, por qu&eacute; ahora en estos momentos no estas conmigo. Mi larga experiencia me dice que es lo mejor, los acabados no nos podr&iacute;amos ayudar. Pero sin estar presente me has ayudado y de tanta b&uacute;squeda he dado con el mejor regalo que nunca nadie, en ning&uacute;n lugar del mundo, te pueda dar. Te adjunto a esta carta los escritos que hice de este extra&ntilde;o descubrimiento:
“Cuando era ni&ntilde;o y recorr&iacute;a las calles de la Candelaria en Bogot&aacute; de la mano de mi padre, vi a un hombre sentado en la esquina de la Catedral Primada. Era un anciano que parec&iacute;a haber sido dejado all&iacute; con la construcci&oacute;n de la catedral. Mi curiosidad de ni&ntilde;o me llev&oacute; a concentrar imprudentemente mi mirada en &eacute;l. El hombre cuando se percat&oacute; que le miraba, me sonri&oacute; y me gui&ntilde;&oacute; el ojo. Luego vi como se alejaba sentado en su banco sin quitarme la mirada. Al pasar el tiempo y siendo un poco mayor, alguna circunstancia de la vida, como ir a la biblioteca Luis &aacute;ngel Arango en mis &eacute;pocas escolares, me llev&oacute; de nuevo por esa esquina. El recuerdo de ni&ntilde;o volvi&oacute; ahora de adolescente y busqu&eacute; al anciano de la Catedral Primada. A&uacute;n segu&iacute;a all&iacute;, sentado sobre su butaca, mirando pasar gente, sin siquiera estirar su mano para pedir limosna. Debajo del balc&oacute;n de la Casa del Florero me plante a mirarlo, sorprendido de verlo tal y como lo hab&iacute;a dejando nueve a&ntilde;os atr&aacute;s. De nuevo una sonrisa, un gui&ntilde;o y me alej&eacute;. 
Pas&oacute; el tiempo y en la universidad tuve que volver al sector para comprar mis materiales de trabajo en donde do&ntilde;a Pepa, muy cerca de la Escuela de Artes Esc&eacute;nicas. En esa ocasi&oacute;n mi deseo de saber si podr&iacute;a volver a verlo me hizo caminar hac&iacute;a la plaza de Bol&iacute;var y de nuevo lo encontr&eacute; all&iacute;, sentado en su butaca como si el tiempo no pasara. Fue tan poderoso mi descubrimiento de tantos a&ntilde;os que me obligue a buscar alguien m&aacute;s que lo hubiera visto, pero nadie de mis conocidos o de las personas a quienes libremente me atrev&iacute; a preguntar lo recordaba. Me di cuenta que un viejo sentado en una iglesia no es una imagen que perdure por mucho tiempo en la cabeza de alguien. M&aacute;s &eacute;ste en particular segu&iacute;a sentado en la misma esquina de la Catedral Primada que parec&iacute;a estar all&iacute; por siglos. Intent&eacute; recopilar im&aacute;genes de las m&aacute;s antiguas, en la Biblioteca Luis &Aacute;ngel, en la Hemeroteca Central, en las paredes de tantos sitios de la ciudad, inundados de recuerdos como la helader&iacute;a de la avenida de las Am&eacute;ricas o en el asadero de las 65 con tercera. En cada imagen de la Catedral Primada, en la misma esquina, un hombre anciano yac&iacute;a sentado en la misma posici&oacute;n. Eso me sorprendi&oacute;, claro en las im&aacute;genes de 1890 no se pod&iacute;a observar muy bien que fuera la misma persona, tanto como no se ve&iacute;a bien que fuera la misma en una imagen de estos d&iacute;as. Pero cabe la idea de que siempre, cada d&iacute;a de la historia de Bogot&aacute;, un hombre estuviera sentado en el mismo sitio en cada diferente &eacute;poca. 
Con esa idea quise enfrentar al anciano. Cuando de nuevo pasaba frente al almac&eacute;n T&iacute;a sobre la s&eacute;ptima, cerca de la Casa del Florero, un temor legendario invadi&oacute; todo mi cuerpo. Sent&iacute; como cada c&eacute;lula de mi cuerpo se mov&iacute;a sin poderla controlar, mis manos sudaban sin lograr contenerlas y mi boca salivaba en abundancia, pero mec&aacute;nicamente avanzaba sin detenerme. Ya frente a &eacute;l no pude articular palabra. Me miraba sonriente desde el &aacute;ngulo que le dejaba su silla y mi altura delante de &eacute;l. No se molesto ni siquiera en levantarse. S&oacute;lo me miraba con sus labios en arco estirados. 
Me arrodill&eacute; ante &eacute;l s&oacute;lo por estar a su altura para hablar. Le cont&eacute; mi historia desde el d&iacute;a que lo vi por primera vez, mi b&uacute;squeda de &eacute;l por los diferentes libros y fotograf&iacute;as y mi idea de que &eacute;l ha estado cada segundo sentado junto a la Catedral Primada de Bogot&aacute; desde su creaci&oacute;n. Me miro sin dejar de sonre&iacute;r, sin siquiera cambiar su rostro para referenciar que lo que le hab&iacute;a dicho era una absoluta e incoherente locura. 
–	Desde mucho antes – me contest&oacute;
–	&iquest;Antes? – le pregunt&eacute; sin poder llevar mi pensamiento a un momento anterior a la construcci&oacute;n de la Catedral. Toda esa informaci&oacute;n volaba por mi cabeza luego de haberla almacenado durante la investigaci&oacute;n exhaustiva que hab&iacute;a ejecutado, todo para descubrirlo a &eacute;l. – Pero fue Fray Juan de los Barrios quien por iniciativa propia llev&oacute; a cuestas bloques de varias canteras y as&iacute; anim&oacute; a los dem&aacute;s habitantes a llevar piedras para su construcci&oacute;n en forma de cruz en 1572. Anterior a eso fue construida la misma catedral con piedras de tan mala manera que se derrumb&oacute; antes de ser inaugurada en 1560. Pero antes no hab&iacute;a nada, solo la capilla en la &eacute;poca de descubrimiento.
–	Exactamente – me dijo el anciano casi sin mover la boca.
&iquest;Desde el descubrimiento? Pens&eacute; sin decirlo. El tipo me est&aacute; enga&ntilde;ando o sencillamente me temi&oacute; como a un loco peligroso que dice estupideces y al que es mejor enredar para perderlo m&aacute;s y dejarlo ir devan&aacute;ndose los sesos sin riesgo. Mientras que en mi cabeza se clavaban como flechas con curare estas ideas, no dej&eacute; de mirarlo y el de sonre&iacute;rme.
-	&iquest;Cree que estoy loco? 
-	Si le digo que no, el que pensar&aacute; que estoy loco ser&aacute; usted. Pero tengo que decir la verdad, no.
-	Entonces &iquest;usted ha sido testigo de cada evento que ha contribuido a construir la historia de Bogot&aacute;, aqu&iacute; sentado justo al lado de la Catedral? – le pregunt&eacute;
-	Desde que lleg&oacute; Quezada, que se rob&oacute; las monedas de oro que se hab&iacute;an dispuesto para la construcci&oacute;n de la primer catedral. Hasta la &uacute;ltima marcha del ej&eacute;rcito el 7 de agosto de este a&ntilde;o. 
-	Lo sab&iacute;a, si era as&iacute;. La primera vez que lo intu&iacute; cre&iacute; que la idea era descabellada, pero ahora que me lo confirma me siento mucho mejor. Pero usted habr&aacute; vivido tantas cosas aqu&iacute; &iquest;De qu&eacute; eventos hist&oacute;ricos ha sido testigo, estando sentado aqu&iacute;?
-	Vi morir a Tisquesusa en la plaza central; vi nacer el mercado que dur&oacute; mucho tiempo; a Bol&iacute;var y a Santander cabalgando con su ej&eacute;rcito; la construcci&oacute;n del Capitolio Nacional lo que ahora es el Congreso; vi el crecimiento y modernizaci&oacute;n del ejercito en cada marcha; Vi incendiar edificios y morir mucha gente en el bogotazo; vi la toma del palacio de justicia y el estallido del tanque; he visto mil marchas, algunas con muertos, he conocido a cada presidente; el avance del transporte, el cambio del idioma hablado y el de la moda a&ntilde;o tras a&ntilde;o. 
Con el pasar del tiempo me daba cuenta que mi curiosidad estaba d&aacute;ndole a esa charla un matiz de entrevista de periodista. 
-	&iquest;Qui&eacute;n es usted?
-	S&oacute;lo soy un anciano que ha estado aqu&iacute; desde la venida de los espa&ntilde;oles. 
-	&iquest;Por qu&eacute; no ha muerto?
-	No lo se. Pas&oacute; el tiempo y permanec&iacute; sentado aqu&iacute;. El &uacute;nico que ha venido a hablar conmigo ha sido su merced. La gente se acostumbra a ver al anciano sentado en la catedral y no le presta atenci&oacute;n por que sencillamente es una molestia de la que se tiene que huir. 
-	&iquest;pero sucedi&oacute; algo, como un castigo a algo que usted haya hecho para que lo condenaran a permanecer aqu&iacute; sentado por siempre?
-	No recuerdo, pero si fuera algo de lo que yo me tuviera que arrepentir lo recordar&iacute;a. Entonces mi respuesta ser&iacute;a no. No paso nada, s&oacute;lo llegue aqu&iacute;, me sent&eacute; al lado de una capilla de paja a pedir limosna y ya. He permanecido aqu&iacute; de la misma manera siempre.
-	&iquest;y su ropa, que hace con su ropa?
-	Me la regalan. S&oacute;lo viene la gente y me da sin preguntar. Es f&aacute;cil dar sin saber m&aacute;s. Tal vez se piensa inconcientemente que si se sabe la vida de quien recibe una limosna, posiblemente habr&iacute;a arrepentimiento de haberla dado.
-	&iquest;Y la comida? &iquest;Usted come?
-	Si. Sencillamente como. Es un acto que no pienso. Solo como. No se si lo compro o me lo regalan. Solo como.
-	&iquest;Duerme?
-	Si. Solo duermo tal y como como.
-	&iquest;Pero de tanto tiempo de vida, debe haber alguna ense&ntilde;anza que s&oacute;lo se pueda adquirir estando sentado aqu&iacute; sin nada m&aacute;s que hacer?
-	Tal vez lo &uacute;nico que puedo decir es que es el viento, la luna, la lluvia, las monta&ntilde;as y los hombres los que han construido lo que ahora son y ahora es mucho mejor que antes. Est&aacute; ciudad es la m&aacute;xima expresi&oacute;n de la dominaci&oacute;n de la naturaleza. Antes esto era selva, ahora es dep&oacute;sito de recuerdos, costumbres y deseos.

Quise permanecer m&aacute;s tiempo all&iacute; junto a &eacute;l, pero no supe que m&aacute;s preguntar. Quer&iacute;a verlo comer y durante mucho tiempo a escondidas lo observe a la hora del almuerzo y nunca lo vi levantarse y comer. Quise adem&aacute;s ver cu&aacute;ndo se fuera a dormir, pero hac&iacute;a las 9 de la noche, el sitio se volv&iacute;a peligroso y ten&iacute;a que salir volado. 
No pude corroborar nada de lo que me hab&iacute;a dicho. Sus conocimientos no iban m&aacute;s all&aacute; de lo conocido. A pesar de hablar con &eacute;l me qued&oacute; la duda de que hubiera sido de verdad el anciano que ha visto la historia de Bogot&aacute;.”

Eso es todo Rosalinda, cada palabra que has le&iacute;do en estos manuscritos es real. Ojal&aacute; hayas sentido la sorpresa que yo mismo experimente cuando lo descubr&iacute;. Eres t&uacute; la segunda y &uacute;nica persona que lo sabe. 
Con esto espero haber pagado con creces la felicidad que me has otorgado por tanto tiempo. Por mi parte debo decir que me siento satisfecho y sin culpa alguna sobre mi cabeza. 
Quien te extra&ntilde;a y nunca te olvida,

Domingo.

La mujer dobla de nuevo la carta y los pliegos de texto escritos a mano y los deja sobre la mesa de noche, junto a la vela que ilumina la habitaci&oacute;n. Luego con su mano acaricia la cabeza color ceniza del hombre que se encuentra en la cama frente a ella. 
-	Duerma ya viejo Fraile que de tanto trabajar le han llegado pesados a&ntilde;os de desvar&iacute;o.
El m&eacute;dico que hab&iacute;a escuchado la lectura le sonri&oacute; desde la sombra y permaneci&oacute; de pie.
-	Es usted muy dulce con &eacute;l, a pesar de la locura que lo aqueja en sus &uacute;ltimos d&iacute;as.
-	Si doctor, &eacute;l fue muy especial, no s&oacute;lo porque haya viajado tanto y haya acabado acompa&ntilde;ando a los conquistadores y a Don Gonzalo Jim&eacute;nez de Quesada, sino por que siempre fue muy amable. &iquest;Ha escuchado las cosas que escribi&oacute;? Una catedral en el nuevo mundo, en la Am&eacute;rica, no creo que la reina llegue a tanto. Una ciudad llamada Bogot&aacute;, un hombre llamado Bol&iacute;var. Esa cantidad de palabras que no conozco, tal vez palabras de ind&iacute;genas con los que tanto habl&oacute;, todo es parte de su locura de anciano. La creaci&oacute;n de aquella capilla ha sido el hecho que le ha marcado la vida. Lo que m&aacute;s me agrada es que me vea como la mujer que le brind&oacute; felicidad en el lecho de muerte junto este puerto.  
-	S&iacute;, han sido muy buenos sus cuidados. Fray Domingo de las Casas lo merece por ser el predicador m&aacute;s entusiasta en el nuevo reino de Espa&ntilde;a. 
-	No ser&iacute;a prudente que se supiese que el padre sufri&oacute; en su muerte de esta locura vergonzosa. Esta carta debe ser destruida, &iquest;no cree usted?
-	De acuerdo Rosalina.

La mujer prende fuego a los papeles y los deposita sobre el plato mientras los ve consumir. Acomoda las mantas sobre el cuerpo del anciano y de un soplido apaga la vela. La oscuridad vuelve a dominarlo todo.
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2008-05-23</dc:date>
			<pubDate>Fri, 23 May 2008 22:12:48 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Sin ti]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/383/383929/</link>
			<description><![CDATA[En la ma&ntilde;ana de un s&aacute;bado lluvioso, desnudo me levante de la cama y parado s&oacute;lo en la sala decid&iacute; salir a ver desde afuera todo el espacio que tengo para estar sin ti. Me gustar&iacute;a quedarme afuera, pero tras de mi se abr&iacute;a un espacio mayor sin ti. No estas en todos los sitios que te necesito y no te busco. Igual da, esta tristeza no me deja imaginar como ser&iacute;a si te tuviera.]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2008-12-12</dc:date>
			<pubDate>Fri, 12 Dec 2008 16:59:26 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Carabela&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409841/</link>
			<description><![CDATA[Como la quilla de un viejo gale&oacute;n
Navego con mi nariz tu cuerpo
Mis velas despliego a ojos cerrados
Seducidas por tus gemidos vientos

Tus olas arremeten
Me arrastran hac&iacute;a el remolino de tu encierro
Mis amarres se desbocan
El m&aacute;stil repunta en el cielo

Por tu masa l&iacute;quida devorado
La cascada de tu deseo
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:13:06 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[sin nombre&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409842/</link>
			<description><![CDATA[Cargo la poes&iacute;a
Cad&aacute;ver desarmado
Costal de huesos
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:14:16 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[sin nombre&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409844/</link>
			<description><![CDATA[Tendida sobre el piano
Se entrega la poes&iacute;a
Sus piernas 
Temblorosos acordes del infierno

Sordo salivo hambriento
Me descoyunta
Me arranca 
Me bebe

Sobre mis restos
El piano canta
Mis entra&ntilde;as esparcidas
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:14:55 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[sin nombre&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409845/</link>
			<description><![CDATA[Para no escribirte
Arranco mis dedos con los dientes
No por huirte
Por encontrarte
Mi savia camina sobre renglones 
Vampiros voraces  se sacian
Mientras desangro
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:15:43 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[sin nombre&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409846/</link>
			<description><![CDATA[Ira infecunda
Viola la p&aacute;gina en blanco
Con su semental de grafito

Negro esperma mancha la corteza
Garabatos: signos flotando en l&iacute;quido embrional

Rompe la fuente
Riega el blanco
La hoja pare su prematuro cansancio
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:16:27 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Poes&iacute;a&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409847/</link>
			<description><![CDATA[Carne en la boca de un perro ah&iacute;to
Se pudre en el &uacute;ltimo plato sin lavar
Rama de m&aacute;s que pende del nido
Rastro seco del caracol
Ya no es y nunca ser&aacute;
De mi boca sin gloria
La luz del invidente
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:17:21 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Descomposici&oacute;n&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409848/</link>
			<description><![CDATA[Si por inspirarme
Debo vender mi alma
Que el diablo muera de hambre
Que grandes piedras
Se apoderen de mis coyuntas
Tieso sobre mi silla
Retar&eacute; inm&oacute;vil su olvido
Que mis piernas partidas en tres
No encuentren forma de arrodillarme
Ante sus arrogantes bondades 
No ser&eacute; de su gusto 
Que importa
Retorcido 
Mi cuerpo
Ser&aacute; poes&iacute;a en descomposici&oacute;n
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:18:12 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Reencarnaci&oacute;n&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409849/</link>
			<description><![CDATA[Voraz sol canicular
De que vale este &aacute;rbol
Si bajo la sombra
Ning&uacute;n mosquito me enciende
Que me derrita sobre el c&eacute;sped
Babas que fermenten
Sangre que abone
Mi reencarnaci&oacute;n
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:18:51 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Chicle&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409850/</link>
			<description><![CDATA[Desde hace un rato
Con sus muelas azufradas
El diablo juega conmigo
H&uacute;medo hervido
Me contraigo
Me estiro
Cr&aacute;neos entre dientes
Pies en las enc&iacute;as
Me infla al cielo
De un soplido 
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:19:56 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Poema I&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409851/</link>
			<description><![CDATA[Sepultado vivo
Dejo mis u&ntilde;as en su corteza
Reducido a la muerte
Me despojo de mi escrito

Boca arriba cae
El aserr&iacute;n de lo que sobra
Que no hace menos
Que la poes&iacute;a que rasgo

Solo escasas onzas de aire
Para terminar en est&eacute;ntores
El &uacute;ltimo rengl&oacute;n
Con el dedo de hueso ro&iacute;do
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:21:07 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[sin nombre&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409852/</link>
			<description><![CDATA[No denigro de sus efectos
Si de ellos termino siendo servidor
Reniego de su abandono
De su desinter&eacute;s de hacer de m&iacute;
La carne viva de su hambre

Sigo servido
En el plato blanco
Al lado de sus ojos
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:22:12 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Arte po&eacute;tica&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409853/</link>
			<description><![CDATA[La poes&iacute;a me deja en el rabo de su ojo
Es su espalda lo que me muestra
Aunque sin que ella lo sepa
Dentro de mi ya esta
Rompo mis huesos
Rasgo mis venas
Lo que salga
Puede ser
Poes&iacute;a
]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:23:00 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Madrugada&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409857/</link>
			<description><![CDATA[En el letargo de la madrugada sus ojos se abrieron intempestivamente. Presagiaba como cada ma&ntilde;ana, su temor de haber olvidado marcar el tiempo del &uacute;ltimo sue&ntilde;o. Se incorpor&oacute; en su cama buscando a tientas el aparato que grita siempre a la misma hora. Pero parec&iacute;a escapar de su alcance. Intent&oacute; entonces buscar la posici&oacute;n acostumbrada del peque&ntilde;o obturador de la l&aacute;mpara. Sus dedos tropezaron con otros objetos que no hac&iacute;an click. Prefiri&oacute; escapar del laberinto sus cobijas dej&aacute;ndose rodar por la cama hasta el fr&iacute;o suelo. El golpe lo despert&oacute; en su cama al tiempo que su radio reloj marcaba las 5 30 de la ma&ntilde;ana.]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:27:49 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El taller&reg;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/409/409858/</link>
			<description><![CDATA[Ofuscado Carlos, mec&aacute;nico en ciernes, escucha el discurso t&eacute;cnico y acertado que el nuevo emp&iacute;rico le presenta.  Antonio, enarbolando la llave francesa como una batuta, organiza la m&eacute;trica de sus palabras como un director de orquesta. Carlos mira el bigote de Antonio derramarse sobre su labio inferior con el odio de aquel que sabe que no tiene tantos conocimientos como el que lo interpela. Tomando en cuenta que &eacute;l mismo ha egresado de la academia m&aacute;s encumbrada en la preparaci&oacute;n de t&eacute;cnicos pr&aacute;cticos entrenados en la reparaci&oacute;n de motores a gasolina. Claro, el viejo babeante como piensa Carlos, no ha ido a ninguna universidad. Su mirada se acerca a los labios de Antonio, el cubierto por ese pelo alambreo y al delgado y h&uacute;medo, esperando ver escapar alguna gota de saliva de entre todas las sonoras letras que componen el l&aacute;tigo sobre la ignorancia de Carlos.  Antonio no se equivoca en su presentaci&oacute;n. Cada detalle fielmente descrito, abre cada vez una herida sobre los miles de conocimientos faltantes en la memoria del orgulloso Carlos. Los brazos cruzados en el pecho esconden la tensi&oacute;n superficial de la piel en sus manos. Sobre los ojos de Carlos, el peso del orgullo herido ha arqueado su ce&ntilde;o. Dios sabe que si Carlos tuviera que gastarle tiempo a la reparaci&oacute;n del motor de viejo Simca abandonado al fondo de taller, el veh&iacute;culo s&oacute;lo podr&iacute;a ser rescatado como chatarra. Abelardo desde la esquina de su oficina de gerente, lo ve revolcarse dentro de su enorme ego, es testigo del odio de Carlos por tener que ser parte de la instrucci&oacute;n de alguien sin preparaci&oacute;n. Lo &uacute;nico que atina a decirle es – hey Carlos siga barriendo. ]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-06-18</dc:date>
			<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 22:30:08 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Robinson en la ciudad]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/434/434271/</link>
			<description><![CDATA[Determin&eacute; el punto de exploraci&oacute;n algo alejado de mi sitio de habitaci&oacute;n rutinario. Este lugar suger&iacute;a un riesgo sustentado en la fuerza f&iacute;sica. No recuerdo desde que tiempo ha permanecido all&iacute; este enorme bloque blanco cuadrangular que esconde mi objetivo a explorar. S&eacute; que en algo contribu&iacute; para que esa enorme y pesada mole ocupara ese sitio y gracias a estar tanto tiempo all&iacute;, tras de su bloqueo puede haber un tesoro guardado. Creo que es el territorio m&aacute;s alejado al que me he arriesgado antes a explorar. He tenido &aacute;reas en donde el esfuerzo ha sido en vano. Los cercos se han enraizado a tal profundidad, que deshacerlos requiere tiempo y paciencia. Pero en esta nueva exploraci&oacute;n la escaza fuerza que me queda, ser&aacute; suficiente para el &eacute;xito, a pesar de esta penumbra infinita en la que me encuentro. 

Desde hace un tiempo he perdido la orientaci&oacute;n. No s&eacute; en qu&eacute; d&iacute;a me encuentro. La oscuridad que lo inunda todo, me ha dado una nueva incapacidad de visi&oacute;n interior. No s&eacute; si es el hambre, la falta de energ&iacute;a en mi cuerpo, este olor a mierda y a orina que me embota, pero no recuerdo el nombre de ese bloque blanco, estoy seguro que tiene uno. Tiene una puerta, la he abierto antes. Su interior est&aacute; vac&iacute;o, yo mismo lo he vaciado poco a poco. Y por m&aacute;s que me esfuerzo con este estre&ntilde;imiento de recuerdos no logro dar con su nombre. Con tozudez intento descubrirlo en mi mente tan n&iacute;tido como antes, imponente con la luz de su interior desde la esquina de la cocina. S&iacute;, no me equivoco, la zona en donde se encuentra es la cocina.  Un avance. Me veo borroso subiendo, &iquest;c&oacute;mo se llaman?...  escaleras cargando acuestas su pesada estructura sobre mi espalda, aunque ahora no podr&iacute;a determinar exactamente su peso. 

&iquest;Qu&eacute; tanto he perdido en esta noche eterna? tal vez por mi debilidad, s&iacute;ntoma de mi inanici&oacute;n. Deber&iacute;a hacer un balance de las cosas que he perdido y de las que todav&iacute;a tengo en la cabeza. De lo primero que me acuerdo es de este aparato que cargo como un ancla sujeta a una antigua vida agitada. &iquest;C&oacute;mo se llama? Ten&iacute;a un brillo que parpadeaba acompasado por un sonido. Lo veo y veo la cara de Yesenia. As&iacute; es su nombre, una bella mujer joven, nace en mi la sensaci&oacute;n que mucho menor que yo. Pero no s&eacute; porque la recuerdo con este aparato. La recuerdo mir&aacute;ndome y acerc&aacute;ndoseme. Clavando sus ojos verdes sobre los m&iacute;os -&iquest;C&oacute;mo son los m&iacute;os? -  dici&eacute;ndome algo as&iacute; como - &iquest;Por qu&eacute; no contestas tu celular?... Celular… &iquest;Celular? 
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-12-04</dc:date>
			<pubDate>Fri, 04 Dec 2009 00:13:31 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Ciclistas 1]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/434/434272/</link>
			<description><![CDATA[La carretera se extend&iacute;a como una lengua de perro aplastada por el peso del sol. Los gases que hierven sobre el asfalto distorsionan la perspectiva del horizonte. Pedro prefer&iacute;a esta carretera por que era de la menos transitada por autom&oacute;viles que pueden acelerar de forma tr&aacute;gica su estrellato en el ciclismo. Sergio hace unos minutos ve&iacute;a tan lejano la forma en que el pavimento se curvaba como un tobog&aacute;n por el que ten&iacute;a que trepar en sus delgadas ruedas. Ahora era inminente. Su recuerdo compartido de las viejas panaderas que usaban hace unos a&ntilde;os para trepar, gruesas gotas humedec&iacute;an el rastro negro de las ruedas dibujado por el esfuerzo al resbalar sobre la diminuta pedrisca. Ahora las bicicletas son livianas, sus cuerpos  delgados de gruesas piernas sin el abrigo de la ruana y el sombrero. 
Un cami&oacute;n trepa sin problemas lento sobre sus saltarines ejes. Pedro y Sergio lo ven pasar parsimonioso a su lado. El azul del tanque de gasolina, la chica met&aacute;lica recostada sobre sus nalgas, las luces que ametrallan con su resplandor, la placa amarilla de Funza.  La carpa arremangada por correas deja ver tablas chocando entre s&iacute;. Una caja enorme lentamente rebaza las tablas y se aproxima a la orilla del planch&oacute;n del cami&oacute;n. Pedro lo ve amenazador, es cuesti&oacute;n de segundos para que se estrelle con el pavimento. Sergio piensa que lo est&aacute;n previendo el conductor y su ayudante, no demorar&aacute;n en parar en la cima para volver a empujarla dentro. Pero el cami&oacute;n segu&iacute;a revotando entre las ondulaciones de la carretera y con cada una de ellas la caja se acercaba al abismo. Junto cuando el desvencijado cami&oacute;n despunta sobre la pendiente, la caja vence su umbral y cae al pavimento. Las peque&ntilde;as piedras ruedan bajo su peso y la inclinaci&oacute;n hace que la caja acelere contra los dos ciclistas que se encuentran a la mitad de la c&uacute;spide. 
Pedro en un instante dibuja un mapa de su recorrido y descubre que su trayectoria va directamente a ellos. Sin dar una voz de alerta se abre a la derecha, desestimando el riesgo de la maniobra por la ausencia de otros automotores, a lo que Sergio no pudo responder. Su cuerpo se eleva en la forma de una argolla. La caja pasa debajo mientras que &eacute;l  vuela por los aires junto con la rueda ovalada de su cicla. En la ca&iacute;da no avanza, m&aacute;s bien retrocede unos cent&iacute;metros. Su nalga izquierda rompe la licra multicolor al besar el suelo. Luego su codo en finos hilos deja piel sobre algunas piedras y su casco por la parte trasera choca tres cuartos a la izquierda de la l&iacute;nea blanca. La inercia lo arrastra unos cuantos tramos m&aacute;s hasta parar sobre el escaso prado de la ladera, muy cerca al punto en donde la caja encontr&oacute; el final de su senda.
Todo lo ha visto Pedro. Hab&iacute;a alcanzado a frenar y a apoyar su pie, a calcula cada golpe y los posibles da&ntilde;os sin una sola mueca. Recostado sobre el sill&iacute;n deja rodar la cicla hasta el cuerpo de Sergio. Lo ve quejarse del dolor, en su frente hay una mezcla rosa de sangre y sudor. Intenta ayudarlo a levantar por el brazo menos lacerado hasta que Sergio alcanza su posici&oacute;n vertical normal. Sobre su hombro observa la caja que lo barri&oacute;. La palidez de su cara se acent&uacute;a y sus ojos abiertos al extremo se quedan pegados a la madera. Es un ata&uacute;d como para un hombre de dos metros. Los dos miraron, uno m&aacute;s sorprendido que el otro. Una gigantesca mano ha quedado expuesta acariciando inm&oacute;vil el prado que se mece por el viento. 
Pedro, sin decir una palabra de su intenci&oacute;n, se acerca al ata&uacute;d y arranca de un jal&oacute;n la tapa que cubre el cuerpo. La mano que estaba expuesta cae y rebota. Dentro de la caja varios juegos separados de brazos, piernas, pies, manos, cabezas y torsos yacen sin dolor uno sobre otro. 
Silencioso el cami&oacute;n lleg&oacute; hasta ellos que absortos no dejaban de observar el contenido del ata&uacute;d. Del cami&oacute;n bajan tres hombres armados que apuntan hacia los ciclistas y descargan tres r&aacute;fagas que atraviesan sus cuerpos. Luego el m&aacute;s quemado por el sol desenfunda su machete y procura llenar los vacios de la caja.
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-12-04</dc:date>
			<pubDate>Fri, 04 Dec 2009 00:16:01 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Ciclistas 2]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/434/434273/</link>
			<description><![CDATA[
-	Sergio, es temprano todav&iacute;a pero ser&aacute; mejor que aceleremos porque quiero llegar a descansar.
-	Ya va Pedrito, ya va. Tengo los huesos desarmados, hoy me acostado m&aacute;s que otros d&iacute;as. 
-	Cada d&iacute;a se queja m&aacute;s y eso que es m&aacute;s joven que yo. H&aacute;gale con fuerza, pedalee m&aacute;s r&aacute;pido, levante el trasero de la silla e imp&uacute;lsese para que vayamos a la par, por aqu&iacute; no paso mucho carro, por eso es que me gusta venir por este lado. 
-	Si, ya s&eacute;, ya s&eacute;. A m&iacute; no me gusta tanto por tanta pendiente. Mire adelante, ya estamos cerca a la pr&oacute;xima. Ver algo tan empinado me produce un vacio en el est&oacute;mago. 
Pedro se impuls&oacute; con fuerza, seguido a un paso menos vigoroso por Sergio.
-	Dele hombre… as&iacute; no va a lograr subir r&aacute;pido. Levante ese culo.
-	Ya lo alcanzo, ya lo alcanzo.
Al acelerar logra ponerse detr&aacute;s de Pedro y coger el ritmo que &eacute;l llevaba.
-	No se vaya a salir Sergio, ah&iacute; viene un cami&oacute;n.
-	El primero que veo por estos lares. 
El cami&oacute;n lentamente los rebaza, ellos no dejan de balancear la cicla con cada pedalazo.
-	Mire Pedro, parece que se fuera a caer esa caja del cami&oacute;n. 
-	No parece, se va a caer, toca andar con cuidado porque si se rueda nos va a llevar con  ella. 
-	No creo, esos tipos del cami&oacute;n deben estar pendientes de esa caja. Seguro van a parar cuando ya no est&eacute; forzado el cami&oacute;n y la acomodar&aacute;n al fondo de nuevo.
Sin m&aacute;s resistencia bajo su peso, la caja se desliza en un brinco del veh&iacute;culo y cae al pavimento rodando directamente hac&iacute;a ellos.
-	Toca esquivarla Sergio, no viene nada m&aacute;s, se nos viene de frente.
-	&iquest;Qu&eacute;? 
La caja choca con la cicla de Sergio y lo hace volar. Pedro mira como golpea su cuerpo sobre el pavimento y se desliza muy cerca a la caja.
-	&iquest;C&oacute;mo se siente Sergio?
-	Hombre ahora si me duelen todos los huesos. Siento algo sobre mi frente.
-	Es una cortada, tiene sangre, no mucha. Esa flojera mire a donde lo dej&oacute;.
-	Ya no es hora de reproches Pedrito, ay&uacute;deme a levantarme m&aacute;s bien.
-	Venga apoyase en mi brazo, tiene un rasp&oacute;n en la pierna, se le rompi&oacute; el bicicletero. 
-	Me siento como Lucho Herrera en la giro de Italia &iquest;se acuerda? Cuando segu&iacute;a pedaleando con el calz&oacute;n rasgado.
-	El sigui&oacute;, no creo que usted lo haga.
-	Malparida caja, &iquest;D&oacute;nde qued&oacute;? – gira sobre su hombro busc&aacute;ndola – Mire Pedrito, parece un ata&uacute;d y como para un tipo de dos metros.
-	Es un ata&uacute;d, &iquest;no ve? Hay una mano saliendo de la caja y es enorme.
-	Venga acerqu&eacute;monos y miremos quien es el finado.
-	Toca destapar la caja, espere yo lo hago, en su estado no lo puede hacer.
-	Tranquilo que no fue tan grave, solo raspones - Pedro arranca la tapa – Hay jueputa, mire esta maravilla.
-	Que cantidad de manos, piernas, cabezas, son como ocho cristianos en esta caja. Muchos hijueputas.
-	&iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a haber hecho esto? Ahora si me enferm&eacute; de verdad.
-	No ser&iacute;a raro que fuera uno de esos grupos que cobran plata para no matar, estos como que no ten&iacute;an la plata.
Una voz a su espalda grita – Quietos sapos, quien les dijo que destaparan esa caja.
Pedro y Sergio giraron hac&iacute;a la voz y descubrieron el cami&oacute;n del que hab&iacute;a ca&iacute;do el cuerpo, tres hombres apunt&aacute;ndoles con rifles autom&aacute;ticos y vestidos de camuflado.
-	Muy de malas ustedes, &iquest;si ven? Hacer deporte puede ser perjudicial para la salud.
Las r&aacute;fagas sonaron junto con las carcajadas mientras que los cuerpos ca&iacute;an sin vida al pavimento.
-	Toc&oacute; rellenar esta caja. Espere hago la vuelta en dos tres peinadas. La caja aguanta otros dos m&aacute;s.
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-12-04</dc:date>
			<pubDate>Fri, 04 Dec 2009 00:17:51 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Ciclistas 3]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/434/434274/</link>
			<description><![CDATA[
Se lo dije al Carpacho, mire atr&aacute;s, la caja como que se cay&oacute;. Mir&oacute; por el espejo y luego hizo esa mueca que acostumbra cuando tiene que rehacer lo que ha quedado mal hecho. Seguro se cay&oacute; en la subida dice el Turco. Record&eacute; entonces a los dos ciclistas. No ser&iacute;a raro que los aplastara, que buen espect&aacute;culo ese. El Carpacho es el m&aacute;s sangre negra del grupo. Este puede descoyuntar un brazo de un jal&oacute;n. Sabe muy bien c&oacute;mo hacerlo. Lo hace tan bien que hasta el paciente puede no sentir dolor. Si, lo admiro. Quisiera ser como &eacute;l. Todo el mundo lo respeta. La Sonia no hace m&aacute;s que dejarse comer de &eacute;l s&oacute;lo por el privilegio de decir que es la mujer del Carpacho.  Alg&uacute;n d&iacute;a me lo bajo a escondidas y tomo su papel de sangre negra. Eso es poder dentro del grupo, alg&uacute;n d&iacute;a. 
El Carpacho hizo sonar los frenos de aire y de un cabrillazo le dio la vuelta a la pecosa. Este cami&oacute;n parece ser sus piernas. Lo maneja a ojo cerrado. El turco dice que seguro esos pirobos habr&iacute;an ca&iacute;do al abismo, con ciclistas y todo. Ese turco es una risa. Se cree el m&aacute;s pecora pero no alcanza ni a aguatero. Me da risa su cara de malo, sacando ese ment&oacute;n como Popeye. Para m&iacute; que esa cicatriz en el ojo se la hizo el mismo. Bueno, eso tambi&eacute;n es muy hijueputa. Yo prefiero hac&eacute;rsela a otro que mi mismo. 
Seguro fue un espect&aacute;culo ver como esa caja se estrellaba con esos ciclistas. Verlos volar por el aire y caer al abismo. Ser&iacute;a una suerte que la caja cayera con ellos.  Ya no habr&iacute;a que ir a enterrarla a la loma. Yo se que el Carpacho prefiere hacer la fosa. El hombre tiene su fe. Cree que es mala suerte no darle cristiana sepultura a los mu&ntilde;ecos. De otro los deja ah&iacute;, tirados en la calle. Igual no pasan muchos por aqu&iacute;. El carpacho me golpea la cabeza, -  mucho huev&oacute;n -  me dice. &iquest;No vio los ciclistas? &iquest;Qu&eacute; tal si los malparidos se salvan? Seguro van a dar a la polic&iacute;a. Ellos vieron la pecosa, seguro cogieron la placa. Toca llegarles y si est&aacute;n vivos, rociarlos. No hay de otra. 
Que me los deje a m&iacute;, la mordelona no se saci&oacute; con los otros. Ya me volv&iacute; un experto para descuartizar de un solo tajo. Pobres huevones, les vamos a caer. Por maricas, yo de ellos me piso rapiditico. M&iacute;relos, parados frente a la caja. Como que solo se aporre&oacute; uno. El m&aacute;s chino. El Carpacho apag&oacute; el motor desde que el cami&oacute;n se descolg&oacute; por la loma. Este Carpacho si sabe hacer las cosas. Abri&oacute; la puerta pasito y se baj&oacute; enca&ntilde;onando a los huevones. Quietos sapos – les dijo, le sali&oacute; esa voz ronca que usa para asustar a los difuntos – Qui&eacute;n les dijo que destaparan esa caja. Los huevones quedaron como un papel, c&oacute;mo me gusta ver esas caras que saben que les lleg&oacute; la hora. No hay ni por qu&eacute; preocuparse, ninguno podr&iacute;a cargar un fierro dentro de esos calzones ajustados que llevan. El m&aacute;s cucho se ve que es el m&aacute;s bravo. Igual se le enfr&iacute;a. 
El Carpacho tiene su humor, seguro hubiera clasificado para ser un cuentachistes de esos de los s&aacute;bados… &iquest;qu&eacute;?... no me acuerdo. Muchos de malas – les dijo - &iquest;si ven? Hacer deporte puede ser perjudicial para la salud. Y luego los rociamos mientras nos re&iacute;amos. Cuando estamos rociando me gusta ver la cara de los que me acompa&ntilde;an. La del turco es la que me gusta ver m&aacute;s, saca esa quijada y se le ven los dientes amarillos mordi&eacute;ndose el labio. El Carpacho apenas pesta&ntilde;ea – que me mira huev&oacute;n – me dice con la mirada. Yo soy contento rociando, creo que nac&iacute; para esto. Los mu&ntilde;ecos caen tan bacano al suelo, es un espect&aacute;culo. 
Ahora le toco el turno a la mordelona. Toc&oacute; rellenar esta caja – le digo al Carpacho - espere hago la vuelta en dos tres peinadas. La caja aguanta otros dos m&aacute;s. Soy un experto despresando pollos, pienso, ya s&eacute; que voy a hacer si llego a cucho.
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			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2009-12-04</dc:date>
			<pubDate>Fri, 04 Dec 2009 00:19:53 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[BUSINESS ARE BUSINESS]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/455/455359/</link>
			<description><![CDATA[La miraba a ella. Sus labios formaban dos perfectos mont&iacute;culos que sobresal&iacute;an del rostro desafiantes, sus ojos con orlas de negras pesta&ntilde;as flotantes, su cabello rojo emancipado y un fin&iacute;simo vello carmes&iacute; en la piel. Realmente hermosa. Fueron dos minutos mientras el sem&aacute;foro deshac&iacute;a el rojo. Sin m&aacute;s distracci&oacute;n dispar&oacute; un proyectil en su frente. ]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2010-06-09</dc:date>
			<pubDate>Wed, 09 Jun 2010 02:00:57 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[FRAGOR]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/455/455360/</link>
			<description><![CDATA[Una mano sujeta su cabello. Elizabeth no evita el grito. La otra la atrae hac&iacute;a atr&aacute;s del hombro. Sus m&uacute;sculos se contraen. La nariz, los ojos y las cejas construyen surcos empapados por peque&ntilde;as gotas. Clava sus u&ntilde;as en la tela, la aprisiona. En la lucha libera un fuerte clamor espont&aacute;neo: &iexcl;M&aacute;s, amor m&aacute;s! ]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2010-06-09</dc:date>
			<pubDate>Wed, 09 Jun 2010 02:01:59 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[LA ETIQUETA]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/455/455361/</link>
			<description><![CDATA[Fashion wear. 100% algod&oacute;n. Talla/size: M&eacute;xico EG; USA XL; Espa&ntilde;a 44; Colombia/Chile XL; Francia/Italia 44. Modelo/Style 54670. -Lavar a mano con jab&oacute;n suave. Hand wash with a soft soap. -No usar blanqueador. Do not bleach. -No retorcer. Do not wring. -Secar en la sombra. Dry in shane. -No usar plancha. Do not iron.  Lee mientras muerde el jugoso cuello.]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2010-06-09</dc:date>
			<pubDate>Wed, 09 Jun 2010 02:04:04 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La tortura de la eternidad]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/621/621686/</link>
			<description><![CDATA[Ahora que entro en esta oscura noche 
Siento miedo de perder tu cabello 
T&uacute; temes aplastar el rizo 
Pones a volar tu cabello en aire perdido de la habitaci&oacute;n 
Sin intenci&oacute;n el ej&eacute;rcito de hilos de cabello se proyecta a mi rostro
Se clavan en mi memoria 
Rompen la muralla de la inconsciencia
Conquistan otros recuerdos del d&iacute;a que se repliegan hasta el olvido
Haci&eacute;ndose eternos tus cabellos
Perpetu&aacute;ndose en el territorio voluntarioso de mi mente
Hasta hacerlo sumiso
Hasta volverlo suyo
Yo me pierdo en mil sensaciones de aromas, piqui&ntilde;as y caricias de tus cabellos sobre mi cara 
Y t&uacute; cantas victoria con&nbsp;tus&nbsp;ronquidos]]></description>
			<dc:creator>reconcomiosapiens</dc:creator>
			<dc:date>2024-12-20</dc:date>
			<pubDate>Fri, 20 Dec 2024 22:47:42 UTC</pubDate>
		</item>
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