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		<title>sduv31 en loscuentos.net</title>
		<link>/cuentos/local/sduv31/</link>
		<description><![CDATA[...de todas formas, creo que lo que uno se inventa es mΓ‘s real que lo que a uno le pasa. al fin y al cabo, lo que a uno le pasa no deja de ser un accidente

ray loriga - lo peor de todo]]></description>
		<language>es-es</language>
		
		<item>
			<title><![CDATA[Mientras Hu&iacute;as]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/150/15099/</link>
			<description><![CDATA[Si, es cierto.   Cabalgu&eacute; un buen tramo m&aacute;s en ti desde que me lo prohibiste.  No s&eacute; por qu&eacute; te jode tanto que vagabunde&eacute; por tus sue&ntilde;os. &iquest;Es acaso por aquel d&iacute;a en que me top&eacute; conmigo mismo?  Al principio fue dif&iacute;cil reconocerme porque andaba vestido de ni&ntilde;o pero cuando me puse a cantar algo de U2  el ni&ntilde;o volte&oacute; a mirarme desde dentro de ti y entonces lo supe.   Hoy no fuiste a Marketing y creo que ya volaste.    Necesitas como un veinte para el parcial y tu cuaderno est&aacute; lleno de dibujos.   Nunca me dejaste dibujar nada en &eacute;l.   Cuando reci&eacute;n me ve&iacute;as pensabas que estaba demasiado alegre como para ser alguien que valiera la pena conocer.    Seguiste dibujando mientras yo entraba a clase de &Eacute;tica y descubr&iacute;a una carpeta vac&iacute;a junto a ti.    &iquest;Recuerdas que nos sent&aacute;bamos en c&iacute;rculo para que todos pudi&eacute;ramos hablar de lo que hab&iacute;amos le&iacute;do?   Para ti leer a Camus y a Sartr&eacute; era como para mi padre leer el diario.   Dabas una opini&oacute;n al comienzo de la clase y luego Sergio ya no te preguntaba m&aacute;s y pod&iacute;as seguir dibujando.  Yo sol&iacute;a espiar de reojo tus dibujos hasta el d&iacute;a en que lo descubriste y me mandaste a la mierda.    No me qued&oacute; m&aacute;s que hacer grupo solo.     Luego de eso no nos vimos hasta que me romp&iacute; la cabeza y t&uacute; eras la &uacute;nica que estaba cerca.   Era una de esas ma&ntilde;anas grises en que la mayor&iacute;a se queda en casa.  Pero no t&uacute;.  Tampoco yo.  Nos gustan las ma&ntilde;anas grises.   As&iacute; que all&iacute; estabas.   Tuviste que dejar tu libro y tu silencio en la banca y acercarte a la mancha de sangre que dejaba mi cabeza inconsciente.   Yo no supe nada.    Despert&eacute; en una camilla que se mov&iacute;a hacia la Cl&iacute;nica San Pablo.    Me aguant&eacute; la aguja entrando veintid&oacute;s veces a mi cabeza.  Nunca me ha hecho efecto la anestesia. Me dejaron salir esa misma noche. Pregunt&eacute; c&oacute;mo hab&iacute;a llegado a la cl&iacute;nica y me dieron una hoja de registro firmada por la se&ntilde;orita Cora:  un personaje de un cuento de Cort&aacute;zar.   Eso  me quit&oacute; una o dos semanas de sue&ntilde;o.    Jalamos casi todo ese ciclo.   T&uacute; por tus dibujos y yo porque en la semana de finales no hice m&aacute;s que leer acerca de la se&ntilde;orita Cora:  enfermera de un hospital imaginario de Cort&aacute;zar.   Luego Renzo me dijo que hab&iacute;as sido t&uacute;.   En verano llevamos Fotograf&iacute;a General.   Te tom&eacute; una foto y cuando te la mostr&eacute; me volviste a gritar.   Como pens&eacute; que ya se estaba haciendo costumbre tambi&eacute;n yo me puse a gritarte como un loco y a destruir tu foto.   T&uacute; me diste un palmazo en los once puntos y saliste del cuarto oscuro.   Ya despu&eacute;s de eso no vino nada mejor para los dos.    Un d&iacute;a dejaste tu cuaderno en una banca y yo andaba cerca.   Lo abr&iacute;.   En la p&aacute;gina del medio hab&iacute;as dibujado la clase de &eacute;tica vista desde tu carpeta.   La reconoc&iacute; porque mi vista era la misma cuando me sentaba junto a ti a espiar tus dibujos.   Claro que despu&eacute;s del incidente tuve que mudarme al otro lado del c&iacute;rculo de discusi&oacute;n.   Frente a ti descubr&iacute; que ten&iacute;as los pies blancos y quietos como si te los hubieran hecho de m&aacute;rmol.    Decid&iacute; dejar tu cuaderno en paz.   Volviste del ba&ntilde;o con el pelo mojado dejando un camino de gotas fr&iacute;as tras de ti.   Esa noche te segu&iacute; en mi bicicleta y conoc&iacute; la parte de afuera de tu casa.   Luego me com&iacute; un helado azul en el Laritza que queda cerca.   No recuerdo el sabor pero era bastante fuerte.   La se&ntilde;orita Cora termin&oacute; enamor&aacute;ndose de Pablo &iquest;sabes? Luego vino todo eso de las complicaciones con la operaci&oacute;n y ....  &iquest;No te ha provocado detener a alguien en la calle e invitarle un caf&eacute;?   Ayer Marco te cay&oacute;.  Eso me dijo Renzo.    No me dijo que dijiste pero supuse que ya andabas con &eacute;l.   T&uacute; sabes,   es de esos tipos que te gustan...  anda sin zapatos por la universidad,   manda al diablo la case de &Eacute;tica y se va a leer Sartr&eacute; al jard&iacute;n y nosotros lo miramos desde la clase,  envidi&aacute;ndolo un poco quiz&aacute;s.    Yo me tengo prohibido leer a Sartr&eacute;.   Creo que soy demasiado depresivo como para andar con libros que son verdaderas inyecciones de cianuro.     Me tom&eacute; un caf&eacute; con Renzo y le pregunt&eacute; si hab&iacute;a le&iacute;do La se&ntilde;orita Cora.   Me dijo que no y entonces se me quitaron las ganas de preguntarle por ti  y de contarle todo el rollo.   Esa noche me fui a comer otro helado azul pero me dijeron que el color hab&iacute;a sido un exceso en el colorante y que ya lo hab&iacute;an corregido.    Les pregunt&eacute; que si no podr&iacute;an equivocarse de nuevo ma&ntilde;ana  Oiga  le dije a un heladero - &iquest;y no cree usted que ma&ntilde;ana puedan equivocarse de nuevo? Usted sabe.. nada tiene que ser como debe de ser... &iquest;me comprende verdad?  Es decir, nada deb...  - OIGA AMIGO  interrumpi&oacute; el heladero  nos equivocamos y ya.  El gerente vino y nos hizo un l&iacute;o enorme por lo del helado azul.  &iquest;Esta bien? - pregunt&oacute; &eacute;l, tratando de callarme  Es solo que a veces es bueno saber que las cosas pueden ser diferentes  dije.   El heladero me mir&oacute; sin contestar y sigui&oacute; limpiado las vitrinas.    -  T&uacute; sabes  le dije  la se&ntilde;orita Cora se enamor&oacute; de su paciente de diecis&eacute;is a&ntilde;os y yo creo que Dios no deber&iacute;a molestarse si a mi se me ocurre fijarme en Jimena.    Al diablo con el gerente y el maldito colorante  dije -  Yo no leo a Sartr&eacute; ni me ando quitando los zapatos en la universidad.  Jam&aacute;s he fumado marihuana y no s&eacute; que diablos es el comunismo pero tengo derecho a comerme un helado azul cuantas veces se me de la gana y t&uacute; tienes un cerebro que te puede decir cuando est&aacute; bien equivocarse.    - Dios y su condenado mundo perfecto me ponen de malas  .   Eso fue todo lo que dije y me largu&eacute; de la helader&iacute;a.     Creo que el empleado ya llevaba rato sin escucharme.   Me sent&iacute; bastante idiota.   Luego de eso camin&eacute; hacia la universidad.  Ten&iacute;amos examen de An&aacute;lisis del Discurso Literario.   Llegu&eacute; tarde por todo el rollo ese de la helader&iacute;a pero igual me dejaron entrar.  S&eacute; que te hicieron un l&iacute;o terrible cuando no encontraron tu examen junto con el resto.  Tienes una letra casi indescifrable.    Cuando tocaste la puerta de mi casa apenas si acababa de  terminar de leerlo.    Creo que siempre supiste que tu examen iba a desaparecer.    Tal vez lo imaginaste mientras respond&iacute;as la pregunta cuatro.   Tal vez lo deseaste al releerla.   Yo creo que lo supiste desde el momento en que Rosella escribi&oacute; sobre la pizarra la pregunta cuatro.   Volviste a tocar mi puerta.   He venido por mi examen   fue lo &uacute;nico que dijiste.    Yo estir&eacute; la hoja de papel sobre tu mano.   Te diste media vuelta y te vi desaparecer al doblar la esquina de mi casa.   Me tir&eacute; en la cama.  La luz de las cinco de la tarde,  indecisa,  suave,  llena de ruido de &aacute;rboles se colaba por mi ventana.   De alg&uacute;n modo dej&eacute; de preocuparme por Marco y sus libros de Sartr&eacute;.    La se&ntilde;orita Cora de tu pregunta cuatro se atragantaba de helados azules y eso me bast&oacute; para poder dormir tranquilo esa tarde. 
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-10-19</dc:date>
			<pubDate>Sun, 19 Oct 2003 12:18:33 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La primera travesura]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/151/15100/</link>
			<description><![CDATA[

Habiendo terminado de crear todos los rostros del mundo, Dios, los tom&oacute; entre sus manos y los llev&oacute; hasta donde estaban las almas, las cuales, desde hac&iacute;a d&iacute;as esperaban ansiosas por ellos.   No cont&oacute; Dios, con que en el camino el Diablo lo har&iacute;a tropezar y que todos los rostros, ya clasificados, volar&iacute;an en desorden por los aires. Tampoco cont&oacute; con que las almas, presas de le euforia, se abalanzar&iacute;an sobre los rostros m&aacute;s bonitos arrebat&aacute;ndoselos unas a otras.   El Diablo no paraba de re&iacute;r mientras Dios miraba at&oacute;nito como las almas m&aacute;s &aacute;giles tomaban bellos rostros dejando el resto para las almas distra&iacute;das,  las d&eacute;biles, las t&iacute;midas, las que estaban leyendo y no se dieron cuenta, o las que simplemente dorm&iacute;an.   Dios lloraba desesperado, mas el problema mayor vino despu&eacute;s.   Las almas &aacute;giles, demasiado entusiasmadas con sus rostros perfectos no prestaban atenci&oacute;n a las dem&aacute;s;  otras tantas, en demas&iacute;a vulnerables a la belleza empezaron a olvidarse de conocer lo que hab&iacute;a bajo aquellas extra&ntilde;as m&aacute;scaras y otras m&aacute;s se refugiaron en las cuevas asustadas de tanta confusi&oacute;n.   Fue as&iacute; que esa primera raza, reacia a agruparse, empez&oacute; a extinguirse de a pocos y fue as&iacute; tambi&eacute;n, que lleg&oacute; el d&iacute;a en que Dios viendo que no hab&iacute;a m&aacute;s remedio, invent&oacute; el amor, antes de huir avergonzado por lo que acababa de hacer.


]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-10-19</dc:date>
			<pubDate>Sun, 19 Oct 2003 12:21:55 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La ciudad]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/151/15101/</link>
			<description><![CDATA[Me vine hasta ac&aacute; porque me dijeron que necesitaban un constructor de sue&ntilde;os y por aqu&eacute;l entonces, &eacute;se era mi oficio.  Cuando llegu&eacute; al lugar no encontr&eacute; nada.  Ni un solo &aacute;rbol.  Ni siquiera moscas.  La &uacute;nica forma de darse cuenta de que se hab&iacute;a dejado el camino y que se hab&iacute;a llegado a algo era clavar la mirada en la tierra y descubrir que &eacute;sta hab&iacute;a cambiado de color bruscamente.  Pero nada m&aacute;s.  As&iacute; que despu&eacute;s de descansar un poco sobre la tierra seca del pamp&oacute;n tom&eacute; mis herramientas y decid&iacute; volver.

- Espera  dijo la tierra  fui yo quien te llam&eacute;.
- &iquest;Y cu&aacute;l es tu sue&ntilde;o?  pregunt&eacute;
- Ser ciudad
- Va a demorar  le dije
- Ya lo s&eacute;  contest&oacute;

Tom&eacute; entonces una manta que tra&iacute;a en mi mochila.  La extend&iacute; apoyando dos de las esquinas en unos palos largos que tra&iacute;a siempre conmigo para este mismo prop&oacute;sito.  Me sent&eacute; dentro de mi d&eacute;bil guarida.  Saqu&eacute; una manzana, un peque&ntilde;o cuchillo y me puse a esperar a los dem&aacute;s.


]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-10-19</dc:date>
			<pubDate>Sun, 19 Oct 2003 12:23:24 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un drag&oacute;n azul]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/151/15102/</link>
			<description><![CDATA[
Hab&iacute;a comprado una cocacola, una bolsa de pan y estaba leyendo unos cuentos de Ray Loriga que acababa de bajar de su web.  Pens&eacute; que mientras le&iacute;a alguien se acercar&iacute;a a conversar pero no fue as&iacute;.  Si alguien hubiera preguntado algo me las hubiera ingeniado para retenerlo hasta el amanecer.  Era medianoche, sal&iacute;a mucha gente del supermercado con litros y litros de licor y litros y litros de amigos pero nadie parec&iacute;a darse cuenta de que yo no ten&iacute;a litros y litros de licor o de amigos y se iban.   Estaba leyendo y me ca&iacute;an bien todos los personajes que ten&iacute;an algo por qu&eacute; llorar o sentirse como leones de circo.  Esa tarde Carmen llam&oacute; desde Lima para explicarme que hab&iacute;an vendido mi carro.  Yo lo hab&iacute;a comprado cuando ten&iacute;a veintid&oacute;s (ahora tengo veintiseis).  Era uno de esos dogdes grandes que te llevan de aqu&iacute; a M&eacute;xico sin chistar y para mi eso era m&aacute;s que cualquier cosa.   La gente nos ve&iacute;a y nos imaginaba llegando lejos.  Solo que no fue as&iacute;.  Me quebr&eacute; una pierna, luego a &eacute;l se le quebr&oacute; en dos el radiador y no hubo m&eacute;dico o mec&aacute;nico capaz de arreglarnos.  Desde entonces anduvimos separados.   Aveces so&ntilde;aba que &iacute;bamos por carretera hasta Ticlio pero otras veces tambi&eacute;n so&ntilde;aba que era un drag&oacute;n azul  y que me hab&iacute;an mandado a matarlo.  Ya saben como los sue&ntilde;os cambian todo.  Le dije a Carmen que lo de la venta estaba bien por mi, pero me fui por diez cervezas al supermercado.  Amaba ese carro.  Solo que en verdad no era un carro sino una chica preciosa de ojos marrones que tambi&eacute;n hubiese llegado conmigo a M&eacute;xico sin chistar.  Y no fue Carmen quien llam&oacute; porque en realidad Carmen no existe.  Tampoco fue llamada telef&oacute;nica sino email.  Y no hab&iacute;a un dodge azul m&aacute;s rodando en la carretera nuevamente sino un par de ojos marrones que volv&iacute;an a apostarle a los caballos y no al m&iacute;o.  Fue entonces que me fui por diez o mil cervezas. Al final da lo mismo porque tuve que conformarse con novecientas noventainueve menos que era lo que ayer pod&iacute;an pagar mis monedas.   Una cerveza te puede durar cinco o diez minutos y tambi&eacute;n hay meses en que uno no bebe nada pero hay otras en que no te puedes pasar diez segundos sobrio antes de empezar a gritar o a poner la m&uacute;sica alta.  Puede que mi caballo no ganara todas las carreras pero igual mucha gente le apostaba.   Era como en la historia de ese jinete que siempre volteaba la mirada a las tribunas para saludar a su chica.  Ahora ya no recuerdo si lo vi en las noticias o en una pel&iacute;cula.   Mi caballo no ganaba todas las carreras pero a la gente le gustaba m&aacute;s vernos voltear la mirada que cruzar la meta. Supongo que eso no era suficiente para salvarlo de convertirse en embutido.   No grit&eacute; ni corri.  Entr&eacute; al chat y todo el mundo confundi&oacute; mi historia policial con columna social.  Dijeron que les parec&iacute;a bien.   Fue como tener asma y ninguna farmacia de turno.   Hubo un mediod&iacute;a en que la chica de los ojos marrones durmi&oacute; a mi lado sobre una colina y cuando despert&eacute; el mundo eran algo tan f&aacute;cil de entender como dos mas dos.   Ahora el mundo me es tan f&aacute;cil de entender como dos relojes de arena mas dos ranas.  Cambia la luz a amarillo.  No puedo leer en mi apartamento porque todos los focos se han quemado y la verdad no he tenido fuerzas para subir a cambiarlos.   Si alguien se hubiese acercado a preguntar algo me las hubiese ingeniado para retenerlo hasta el amanecer. Solo que como ya dije.  Nadie pregunt&oacute; nada.  Y me fui a casa.

]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-10-19</dc:date>
			<pubDate>Sun, 19 Oct 2003 12:28:03 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Chicles]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/151/15104/</link>
			<description><![CDATA[Entr&eacute; al ba&ntilde;o y la encontr&eacute; quit&aacute;ndose las pantimedias. Me mir&oacute; y sigui&oacute; haci&eacute;ndolo como si mi presencia no le molestara en lo m&aacute;s m&iacute;nimo. Nunca me gust&oacute; que me viera as&iacute;, como alguien inofensivo. Hab&iacute;amos tomado bastante, y la verdad es que en ese momento ninguno lo tom&oacute; de forma maliciosa, total, solo se estaba quitando las pantimedias y aunque yo nunca, y se los juro, nunca me hubiera atrevido siquiera a mirarla con malicia, me molest&oacute; que ella lo supiera, no se porqu&eacute;, supongo que porque soy un chico &iquest;no? ...y debi&oacute; darle verg&uuml;enza, es decir, no soy un cura ni un gay, pero ella me sonri&oacute; y sigui&oacute; quit&aacute;ndose las pantimedias de lo m&aacute;s normal. Luego las meti&oacute; en una de las gavetas del ba&ntilde;o, me dio un beso en la mejilla y sali&oacute; a la sala a seguir bailando. Lo del beso fue el colmo, es decir si Carlos o Andr&eacute; hubieran entrado los hubiera sacado del ba&ntilde;o corriendo pero entro yo y como si nada y Mada tiene unas piernas que lo dejan a uno con la sensaci&oacute;n de querer bailar lambada y de masticar un bubbaloo...y no s&eacute;, ella me mira y se sonr&iacute;e y sigue con lo de las pantimedias, que se me quit&oacute; la borrachera y me qued&eacute; mudo porque francamente es para eso, para quedarse mudo. Y yo se que Carlos o Andr&eacute; se hubieran mandado con alguna de sus brutalidades...si, ya los puedo ver con la boca estiradasa sorbiendo saliva con un ruido estruendoso y la mirada clavada en la lambada...digo....en las piernas de Mada, pero yo me qued&eacute; mudo y de repente ella hubiera preferido que yo le dijera algo a que me quedara sin voz. Pero termin&oacute; con lo de las pantimedias y se larg&oacute; a seguir bailando, y ni siquiera me dice vamos a bailar ni nada, me da un beso en la mejilla como si yo fuera la abuelita y me dej&oacute; sin borrachera, y sin lambada. Francamente - le digo a Jorge - no se puede - acomp&aacute;&ntilde;ame a comprar un bubbaloo - y &eacute;l preguntando que por qu&eacute; quer&iacute;a bubbaloo, que &eacute;l ten&iacute;a chiclets Adams, y es que me lo llev&eacute; como a cinco cuadras de la casa a buscar el bubbaloo, porque ya no venden y no pod&iacute;a quedarme con los chiclets Adams porque eso si era como ver como se quitaba las pantis la profesora de historia, en cambio Mada era como un bubbaloo, porque el bubbaloo es as&iacute; tan, no s&eacute;, provoca morderlo y no es que me provoque morder a Mada, bueno en realidad si pero...la cosa es que al fin encontramos bubbaloo y me compr&eacute; la caja completa, que ven&iacute;an cincuenta bubbaloos y Jorge, que ya de paso me ten&iacute;a aburrido con sus chiclets Adams se qued&oacute; cojudo cuando me vio salir de la tienda con la caja de bubbaloos y tuve que ponerme a explicarle todo este rollo de que los bubbaloos me hac&iacute;an recordar a Mada y la verdad yo creo que no me entendi&oacute; un carajo porque sigui&oacute; comi&eacute;ndose sus chiclets Adams y yo me lo imaginaba sentado sobre su cama viendo como la profesora de historia se quitaba las pantis y francamente me daba una cosa que me met&iacute;a los bubbaloos de tres en tres a la boca. 
Regresamos a la casa y nos quedamos sentados en el jard&iacute;n de afuera - &iquest;Te acuerdas Jorge - esa vez que me dijiste que Gabriel le hab&iacute;a contado a Mada que yo me mor&iacute;a por ella? - &iquest;te acuerdas?. Jorge me mir&oacute; y se sonri&oacute; - si me acuerdo - dijo - &iquest;y por qu&eacute; te r&iacute;es? - le dije - porque francamente...&iquest;de qu&eacute; se re&iacute;a?...digo yo... porque es la fiesta de graduaci&oacute;n &#039;mano, en mi casa y Mada que viene y se quita las pantis y me hace caminar cinco cuadras por unos bubbaloos y le pregunto a Jorge que si se acuerda de eso y se r&iacute;e, es que no tiene perd&oacute;n. - &iquest;t&uacute; estabas all&iacute; cuando &eacute;l le cont&oacute; no? - y le pregunt&eacute; as&iacute; como haci&eacute;ndome el desinteresado porque, francamente, se burlan de uno y...- Si, yo estaba all&iacute; - y claro que me acordaba que &eacute;l hab&iacute;a estado all&iacute;, pero no me atrev&iacute;a a hacer la pregunta as&iacute; que la hizo &eacute;l: &iquest;quieres saber que nos dijo Mada cuando le contamos? - y claro que quer&iacute;a saber maldito pinche cabr&oacute;n - porque realmente eso son, primeramente, &iquest;qui&eacute;n les dio derecho de declararse por mi?... y encima &iquest;c&oacute;mo demonios le habr&aacute;n dicho ...ya me los imagino -...Mada...quien te gusta? b&aacute;sico, seguro que eso le hab&iacute;an preguntado y luego: - Porque nosotros conocemos alguien a quien le gustas...y claro que era yo, quien mas iba a ser si Gabriel y Jorge eran mis &uacute;nicos amigos y &#039;ta mare cada vez que me acuerdo...pinches cabrones, claro que quer&iacute;a saber que les hab&iacute;a dicho ella, al menos eso me deb&iacute;an no? - pero no te molestes...mira...pero no te ofendas - nos dijo...&iquest;sabes c&oacute;mo nos dijo? - y claro que no sab&iacute;a pues carajo si yo no hab&iacute;a estado all&iacute;, en mi propia declaraci&oacute;n. - Nos dijo que ten&iacute;a un perrito de peluche que era igualito a ti..- La verdad yo nunca he visto un perrito de peluche que se parezca a ti hermano - pero ella nos dijo as&iacute; y Gabriel dijo que mejor no le pregunt&aacute;bamos mas - Sabes Alex... hay perritos de peluche que son bien graciosos, mi hermana tiene uno que cuando le jalabas la cola mov&iacute;a la pata, se lo trajo mi mama de Miami, es bien gracioso, te lo voy a traer alg&uacute;n d&iacute;a para que lo veas hermano, le jalas la cola y vieras como mueve la pata. 
Sub&iacute; las escaleras y entr&eacute; a la sala, el ruido era infernal y hab&iacute;an apagado todas las luces. Aun as&iacute; pude ver a Mada sentada en el sill&oacute;n del rinc&oacute;n. Me sent&eacute; junto a ella y sent&iacute; que mas nada importaba. Cuando la mujer que te hace comprar una caja de bubbaloos a las tres de la ma&ntilde;ana te compara con su perro de peluche todo ha terminado, - realmente Mada - &iquest;te recuerdo a tu perro de peluche? - as&iacute; le dije - de frente - mira Mada no me importa si tienes un perro de peluche que mueve la pata cuando le jalas la cola pero a mi no me vas a comparar con ning&uacute;n pinche perro. - as&iacute; le dije, en serio, y creo que segu&iacute; por media hora mas hasta que me di cuenta de que estaba dormida. Me qued&eacute; mir&aacute;ndola mucho rato, luego, revis&eacute; la caja de chicles y vi que solo quedaban tres. Me los met&iacute; a la boca, los mastiqu&eacute; por unos cinco minutos, saqu&eacute; la masa pegajosa de mi boca y se la pegu&eacute; en la cabeza. Me fui a dormir y en la madrugada me dieron ganas de tener cola para poder moverla. 
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-10-19</dc:date>
			<pubDate>Sun, 19 Oct 2003 13:21:11 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Talvez el teniente no tenga raz&oacute;n]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/163/16348/</link>
			<description><![CDATA[                     A los que se hunden con sus barcos



- &iquest;Vamos a morir todos?  pregunt&oacute; el soldado ya sin tratar de parecer valiente y la voz se le resquebraj&oacute; como destrozada por una granada. 
- Vamos a morir todos.  sentenci&oacute; el teniente  los aviones bombardear&aacute;n toda esta zona en un par de minutos, de nada vale correr.   
El soldado mir&oacute; hacia el cielo y le pareci&oacute; distinguir unos puntitos negros que iban acerc&aacute;ndose desde lejos.  Dej&oacute; su fusil a un lado, su mochila, su casco y comenz&oacute; a correr en direcci&oacute;n opuesta a aquellos puntos en el cielo. Sin preguntar nada. Sin pedir permiso por primera vez.  Sin mirar hacia atr&aacute;s.   Esquivando &aacute;rboles. Acrescentando la velocidad a cada paso, gritando por dentro y pensando en que talvez el teniente no tiene raz&oacute;n.  No puede tener raz&oacute;n.  A esta hora su perro est&aacute; mirando por la ventana, esper&aacute;ndolo.  No va a comprender nada y va a continuar en su espera infinita hasta que el coraz&oacute;n se le reseque.  Entonces se convertir&aacute; en un perro malo y comenzar&aacute; a morder a los ni&ntilde;os.  Acelera m&aacute;s sus saltos.  Tiene miedo y los &aacute;rboles le golpean los brazos a tropezones pero en ese momento solo piensa en Mateo cachorro, Mateo de dos meses, Mateo comiendo arroz, Mateo persiguiendo lib&eacute;lulas,  Mateo dormido y luego, Mateo triste. Mateo malo. Mateo mordiendo gente.  El teniente debe estar equivocado se dice y sin embargo la tierra ha temblado porque una primera bomba ha ca&iacute;do y entonces tambi&eacute;n ha sentido miedo por &eacute;l.  Miedo del fuego.  El soldado corre m&aacute;s r&aacute;pido y las piernas se les descompasan como un reloj que atrasa.  Tropieza y ahora el motor de los aviones se escucha claramente.  &Eacute;l sigue creyendo que el teniente, adem&aacute;s de muerto ya, est&aacute; equivocado.  En alg&uacute;n momento el sonido de las bombas se har&aacute; lejano y llegar&aacute; a la colina que dejaron atr&aacute;s el d&iacute;a anterior.  - Hay un perro esperando y no va a haber forma de pedirle que se baje de esa ventana  teniente.  Tengo que correr  se dice y ahora las bombas caen delante de &eacute;l.  Delante y atr&aacute;s y a los lados tambi&eacute;n y millones de perros est&aacute;n mordiendo personas en la cabeza del soldado que est&aacute; llorando.  Llorando por los ojos y por el cuerpo rasgado por las ramas.  Llorando entre una lluvia de fuego y metal. Llorando intocable en su escape glorioso hacia la esperanza.   


Hey you! Don&acute;t tell me there&acute;s no hope at all !!
(HEY YOU  Pink Floyd)
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-02</dc:date>
			<pubDate>Sun, 02 Nov 2003 14:15:59 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[A veces dueles como el hambre de un mendigo]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/173/17316/</link>
			<description><![CDATA[Hoy Dios te visti&oacute; de pan.   Eran como las seis de la tarde y la gente estaba anaranjada
Hoy despertaste y saliste a caminar por las calles con el alma tibia
              
          El problema ha sido que &eacute;sta ma&ntilde;ana,  justo &eacute;sta ma&ntilde;ana
ha habido demasiado mendigo hambriento frente a la Catedral
No s&eacute; que tan peligroso sea que descubras que suelen desprenderse 
migas de amor cuando caminas.   
Pero vamos... &iquest;es que en verdad no lo sabes?

A veces dueles como el hambre de un mendigo.  Te  lo digo por si alguna vez alguien se te queda mirando y no sabes por qu&eacute;.  Llevas una procesi&oacute;n de flores y sue&ntilde;os tras de ti.   Los muertos se han puesto de pie y los ni&ntilde;os han dejado de jugar con las palomas al sentir que la plaza se llenaba de paz.   


Hoy Dios te visti&oacute; de pan pero nadie ha tenido una raz&oacute;n para detenerte y te has ido...
te has ido
ha empezado a llover 
y entonces Lima ha sido un ni&ntilde;o hu&eacute;rfano llorando

A veces cuando la ciudad te mira
dueles como el hambre de un mendigo
Como un pan faltante en el est&oacute;mago,  como un abuelo sin abuela,  como un cuaderno sin lapicero
Y t&uacute;,  pensando en vaya a saber que cosa
                                       sigues caminando
 
Te detienes a veces cuando conversamos y yo.... 
(ya dejando todo eso de las met&aacute;foras)
hablo contigo
Y me dices que nadie te ha escrito un poema 
y yo...
me doy vuelta a mirar el camino de donde vienes
.
.

y veo un jard&iacute;n de muertos 
manchando de esperanza
las baldosas de la ciudad



a    C,  
que no se sabe due&ntilde;a de poema alguno
y a C (nuevamente)
.........por esperarlo
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-15</dc:date>
			<pubDate>Sat, 15 Nov 2003 22:28:31 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[&iquest;Por qu&eacute; no tumbamos las paredes y dejamos de hablar cosas raras?]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/173/17318/</link>
			<description><![CDATA[Todo empez&oacute; con esas ganas que me dieron de darte un abrazo y que me curases como esos animales que se llevan los males de la gente triste o enferma.  Lo que pasa es que ayer so&ntilde;&eacute; con hombres crueles y dejaron sus espadas sembradas en mi cuello.    S&eacute; que te tomar&iacute;a bastante sacarlas todas pero tampoco era como para no intentarlo y ponernos a hablar de recuerdos &iquest;verdad?  Ya s&eacute; que no es tu culpa.

Todo continu&oacute; con esas ganas que me dieron de olerte y olvidarme de todo como cuando el fr&iacute;o de una ola te aleja de tu mente y te acerca a la realidad.    Dejar de pensar en vainas y empezar a sentir el mar sin compararlo con nada.    Pero en cambio nos pusimos a hablar de libros y se nos olvid&oacute; que hab&iacute;amos venido a llorar sobre nuestros desiertos.   Yo sobre el tuyo y t&uacute; sobre el m&iacute;o.  &iquest;En qu&eacute; parte del camino lo olvidamos?  Hubiera sido preferible que me clavaras el cuchillo de la mantequilla en la mano.   Entonces hubi&eacute;ramos recordado que todos tenemos sangre corriendo por las venas.    

Y al final,  pasamos por abril, mayo y junio conoci&eacute;ndonos poco,  hablando bastante.    Y en nuestras casas, sobre nuestras almohadas comprend&iacute;amos que en el silencio las historias igual se cuentan.    Entonces lleg&oacute; julio... no s&eacute; si t&uacute; tambi&eacute;n lo notaste.   Ya pasaron cuatro meses desde aquel d&iacute;a en qu&eacute; te vi en el techo pensando en vaya a saber que cosa y estabas triste en medio de tanta gente feliz.     Recuerdo entonces que quise acercarme a preguntar que te pasaba.    Luego vino abril , mayo y me contaste que te gustaba pinkfloyd y entonces quise preguntarte can you show me where it hurts?  Pero al final nada.  

Y ayer me acost&eacute; a dormir y me qued&eacute; pensando en qu&eacute; tal vez construimos las paredes sin querer.  As&iacute; que pens&eacute; en decirte para intentar tumbarlas.   No s&eacute; d&oacute;nde dejamos los martillos y los cinceles pero estoy seguro que tras escarbar un poco entre junio aparecer&aacute;n.    Quiz&aacute;s sea bastante tarde pero que va....  a Julio a&uacute;n le quedan seis d&iacute;as.  
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			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-15</dc:date>
			<pubDate>Sat, 15 Nov 2003 22:30:14 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Incendiar el colegio]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/173/17319/</link>
			<description><![CDATA[A Alain no le import&oacute; mucho ver su cuaderno de poes&iacute;as hecho mierda en el suelo del sal&oacute;n. 
- Es como un dejav&uacute; -  me dijo mientras sal&iacute;a del sal&oacute;n  adem&aacute;s,  escribo hasta el culo.  
En realidad escrib&iacute;a mejor que nadie y por eso tuve que partirle la boca a Iv&aacute;n de un pu&ntilde;etazo.   Luego me cayeron encima los dem&aacute;s.   Alain ya estaba demasiado lejos para escuchar los golpes.  Me lo encontr&eacute; luego por las pistas de atletismo y jam&aacute;s se dio cuenta de todo el polvo y las manchas de sangre en mi camisa.   
- Fue como un dejav&uacute;  dijo nuevamente  como si yo no hubiera comprendido lo que quiso decir la primera vez   Adem&aacute;s, esta vez doli&oacute; menos  agreg&oacute; mientras nos deten&iacute;amos.   
Nos sentamos en las tribunas del campo de f&uacute;tbol.  No hab&iacute;a nadie cerca.  A lo lejos los patios de primaria y secundaria estaban repletos de gente,  algunos ni&ntilde;os compraban helados en el kiosco del campo pero luego se iban sin mirarnos. 
- En momentos como &eacute;ste me gustar&iacute;a ser fumador  dijo-  &iquest;Dime que no le vendr&iacute;a bien un cigarro a esta escena? 
- No s&eacute; nada de cigarros  dije. - tampoco fumo -  Pero creo que a esta escena le vendr&iacute;a bien que incendiemos el colegio con todos dentro  y luego nos larg&aacute;semos a caminar por Lima. 
Nos quedamos callados mientras so&ntilde;&aacute;bamos con esa idea.   Nos re&iacute;amos en silencio.
- &iquest;Laura tendr&iacute;a que incendiarse tambi&eacute;n?  pregunt&oacute; finalmente Alain
- &iquest;Crees que quiera acompa&ntilde;arnos?  pregunt&eacute; yo
Alain se qued&oacute; callado.  Luego solt&oacute; una piedrita que ten&iacute;a en la mano y dijo  Me jode cuando dices las cosas de frente.  - &iquest;crees que quiera acompa&ntilde;arnos?  dijo imit&aacute;ndome ir&oacute;nicamente.   Estaba molesto
- Creo que vamos a tener que incendiar el colegio con Laura adentro  dije.  Est&aacute;s demasiado jodido. Cuando escribiste el primer cuaderno de poes&iacute;as estuvo bien.    Pero llevas ya casi...
- Tres.   Ya s&eacute;  dijo para que parara de hablar.
- Tienes que decidir si quieres ser el pr&oacute;ximo Vallejo o el maldito ser viviente que detenga a Laura a mitad del patio y le diga. OYE!.. &iquest;qu&eacute; no ves que te amo?
Alain se tir&oacute; al suelo de la risa  OYE!.. &iquest;qu&eacute; no ves que te amo?  dijo imit&aacute;ndome nuevamente.    OYE!! &iquest;que no ves que te amo?  -  jajaja.   
Luego de eso nos quedamos callados.    Creo que est&aacute;bamos un poco molestos el uno con el otro y cuando eso suced&iacute;a nos qued&aacute;bamos callados hasta que se nos pasaba.   
Son&oacute; el timbre de fin de recreo y nos echamos a caminar hacia el sal&oacute;n.    Ten&iacute;amos clase de historia.   En realidad ten&iacute;amos examen de historia y yo no hab&iacute;a estudiado nada.    Alain s&iacute;,  sin embargo yo no estaba de humos para pedirle un resumen de la Revoluci&oacute;n Francesa mientras camin&aacute;bamos.    
-  Fue en 1789  dijo Alain.  Hizo una pausa y luego empez&oacute; a decirme un mill&oacute;n de cosas acerca de Robes Pierre y Mar&iacute;a Antonieta decapitada ante la mirada de miles de franceses hambrientos.    Habl&oacute; de Versalles y de los bailes tan seguro que me pregunt&eacute; si realmente todo eso lo le&iacute;a del libro de Historia o lo inventaba.    Sigui&oacute; hablando mientras camin&aacute;bamos por los pabellones hasta que clavados en las carpetas,   sacamos lapiceros y hojas.   El profesor a&uacute;n no llegaba.   Me puse a dibujar algo en la carpeta.    Laura volte&oacute; y pidi&oacute; un lapicero.   Alain le dio uno.   Laura lo tom&oacute;.   Alain volte&oacute; a mirarme y sonre&iacute;mos en silencio un poco ya resignados a lo triste y rid&iacute;culo de tener que tragarse todo.
Alain recogi&oacute; una hoja de su cuaderno de poes&iacute;a destrozado.  Estaba junto a su carpeta llena de barro y escupitajos.   Una enorme huella de zapato tapaba parte del dibujo al pie de la hoja.   Alain estir&oacute; la hoja hasta mi carpeta y me dijo  Ah&iacute; te dejo mi &uacute;ltimo poema. Luego de eso dio dos golpecitos en la espalda de Laura.     Ella regres&oacute; a mirarlo.
- Marco y yo vamos a incendiar el colegio ma&ntilde;ana... &iquest;vienes con nosotros?  
- Claro  dijo Laura  y regres&oacute; la vista a su examen mientras el profesor escrib&iacute;a en la pizarra el n&uacute;mero uno,  un punto,  el gui&oacute;n y  luego la pregunta:  &iquest;c&oacute;mo muri&oacute; Mar&iacute;a Antonieta? todo en letras tristes y delgadas.
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			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-15</dc:date>
			<pubDate>Sat, 15 Nov 2003 22:43:15 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Los can&iacute;bales y t&uacute;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/176/17673/</link>
			<description><![CDATA[
Hay dos cosas que te puedo asegurar.  La primera es que nunca ser&eacute; bueno para matar p&aacute;jaros.  La segunda no te va a gustar tanto como la primera.  Mira, puede que exista quien dibuje vacas mas bonitas que las mias pero nadie jam&aacute;s imaginar&aacute; vacas tan bonitas como las mias.  Vacas que vuelan y vacas que hablan entre ellas.   No te molestes.  Siempre dices que desv&iacute;o el tema y me pongo a hablar de cosas que no vienen al caso.  Yo pienso que por lo menos las vacas nos van a mantener lejos de los cuchillos.  Los cuchillos no son buenos.  Eso lo aprendimos en el campamento que hicimos para semana santa.  Siempre hac&iacute;amos campamentos para semana santa y siempre hab&iacute;an estrellas fugaces, latas de frejoles, amigos y galletas salpicadas de arena o bichitos.  Ves?  Ese es otro de los problemas.  A mi los bichitos no me importan mucho, pero t&uacute; los matas si se posan en tus galletas y yo no puedo evitar odiarte.   Despu&eacute;s por la noche sue&ntilde;o que t&uacute;, el bichito, yo y el resto de amigos estamos en la fogata  bebiendo de lo m&aacute;s lindo. Para entonces t&uacute; y el bicho ya son amigos del alma y entonces al d&iacute;a siguiente amanezco de buen humor.  Regresar a la ciudad nunca me ha molestado mucho porque todos nos quedamos en la primera casa (que por lo general es la de Ana) y preparamos comida y jugo para que la realidad  nos vaya entrando de a pocos.  Cuando sea grande mi casa ser&aacute; un campamento indio y siempre habr&aacute; lugar para alguien m&aacute;s.  No te molestes si me escapo de clase.  Escuchar consejos me da tanto miedo como jugar a la ruleta rusa.   Para m&iacute; los can&iacute;bales saben muy bien lo que est&aacute;n haciendo.  Los can&iacute;bales y t&uacute;.  Hoy ya me cans&eacute; de que te sigas comiendo mi alma.  Como te dec&iacute;a.  Hay dos cosas que te puedo asegurar. La primera es que nunca ser&eacute; bueno para matar p&aacute;jaros. La segunda es que hoy me voy y me llevo conmigo las estrellas fugaces, las latas de frejoles, los amigos y las galletas salpicadas de arena y de bichitos que beben cerveza en mis sue&ntilde;os.

]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-19</dc:date>
			<pubDate>Wed, 19 Nov 2003 16:28:07 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Esta noche no hay ladrones]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/179/17921/</link>
			<description><![CDATA[
- Perd&oacute;neme!  dijo el ladr&oacute;n 
- Solo lo pides porque ahora soy yo quien tiene el arma  dijo el borracho
- Bueno, es cierto, pero igual perd&oacute;neme  suplic&oacute; nervioso el infeliz
- Ponte de pie carajo  dijo el borracho  aqu&iacute; nadie va a matar a nadie. Hoy vas a  beber conmigo hasta que vomites la &uacute;ltima de tus desgracias.  
- &iquest;C&oacute;mo dice se&ntilde;or?  pregunt&oacute; el ladr&oacute;n mientras trataba de incorporarse
- Ya o&iacute;ste  dijo el borracho a la vez que empezaba a caminar de vuelta al bar  Hoy con lo &uacute;nico que vas a volver a tu casa es con mi triste historia en los bolsillos.
- Mi esposa me va a matar  dijo el ladr&oacute;n
El borracho detuvo el paso y se dio vuelta hasta tener nuevamente la mirada y el miedo de su reh&eacute;n.
- Eso no importa  dijo mientras guardaba el arma en el bolsillo y comenzaba a reir  Usted va a estar tan borracho... que la paliza le va a saber a gloria.



]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-21</dc:date>
			<pubDate>Fri, 21 Nov 2003 23:35:14 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Lo que yo quer&iacute;a]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/179/17927/</link>
			<description><![CDATA[Yo no quer&iacute;a escribir cuentos
Yo lo &uacute;nico que quer&iacute;a era conocerte
Conocerte y criar pollos
Despu&eacute;s se complic&oacute; todo
Siempre se complica
Todos pensaron que criar pollos era est&uacute;pido
Entonces tuve que escribir cuentos
Para que entendieras mis porqu&eacute;s
Pero que conste...
Yo solo quer&iacute;a conocerte
Ah claro
Y criar pollos
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-22</dc:date>
			<pubDate>Sat, 22 Nov 2003 01:52:24 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Summertime]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/179/17962/</link>
			<description><![CDATA[&iquest;Alguna vez has puesto el disco de Janis catorce veces? Pues entonces no me digas que sabes como me siento.  Tengo tanta culpa como el veneno en la boca de un ni&ntilde;o.  El otro muchacho escribe mariposas por Dios! - le salen de los dedos!  Tu lo has visto! Le salen junto con unicornios y nubes   &iquest;Que pod&iacute;a hacer yo?  Yo tambi&eacute;n quer&iacute;a escribirte un &aacute;rbol enorme para que trepes en &eacute;l como cuando eras chiquita... quer&iacute;a escribirte una ballena blanca que te llevase despacito al Mediterr&aacute;neo.  No puedo escribirte porquer&iacute;as.  No para ti.  Pero llegu&eacute; y ya era tarde pues te hab&iacute;as ido en uno de sus pegasos.  Yo me estaba sintiendo tan idiota porque ayer te dije que te largues de casa.  Hasta los ni&ntilde;os se asustaron de los gritos y entonces ya no han querido nacer. Ahora son un fuego quem&aacute;ndome en el vientre.   La casa tambi&eacute;n desapareci&oacute; y en cambio qued&oacute; la nada.. si exacto.. como en aquella pel&iacute;cula.  El muchacho escribe flamengos, helados de seis bolas, s&aacute;banas bonitas!... a mi en cambio se me enredan las ideas y en la desesperaci&oacute;n me arranco el coraz&oacute;n, el est&oacute;mago o el pulm&oacute;n y te los pongo entre las manos. Ya entonces se hace l&oacute;gico que salgas corriendo del espanto.  No creas que no lo s&eacute;.   Como comprender&aacute;s no puedo quedarme esperando a que vuelvas.  Gracias a Dios ayer decidimos regar el jard&iacute;n y entonces he visto el camino de lodo que han dejado al salir.  La ballena blanca y el &aacute;rbol enorme se vienen conmigo.  Vamos a buscarte. 

]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-22</dc:date>
			<pubDate>Sat, 22 Nov 2003 16:16:31 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Make me real today]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/179/17998/</link>
			<description><![CDATA[Escoger&eacute; el dedo m&aacute;s bonito de tu pie y le llover&eacute; con besos.  Luego har&eacute; lo mismo con los otros nueve para que no se sientan mal y te dejen coja.  Yo s&eacute; que no es una promesa muy her&oacute;ica pero igual lo har&eacute;.  En compensaci&oacute;n a eso mandar&eacute; a que borren la palabra miedo de tu casa.   Luego me ir&eacute; al bosque por unas horas para que no digan que te ahogo pero en cambio estar&eacute; recogiendo girasoles y piedritas para fabricarte un mes de diciembre perfecto que reclamar&aacute;s en caso de incendio.  Conocer&eacute; a tus hermanos y al perro que no tuviste.  Pasear&eacute; por la calle donde lloraste y te contar&eacute; un chiste para que te olvides de lo otro.   Te dar&eacute; mil razones para re&iacute;r y te las podr&aacute;s gastar en un solo d&iacute;a pues me podr&aacute;s pedir m&aacute;s despu&eacute;s.  No todo ser&aacute; color de pantera rosa, est&aacute; claro, pero jam&aacute;s confundir&eacute; tu nombre con otro.   Te dibujar&eacute; unos pollitos alrededor del ombligo mientras cantas tus canciones favoritas.  Dibujar&eacute; vacas, puerquitos y una casa pobre... es decir... toda la granja y terminar&eacute; mi pintura con un sol que cubrir&aacute; por completo tu seno izquierdo.  Finalmente me acercar&eacute; despacio y te pondr&eacute; un beso en la boca.   Yo a cambio solo te pido que creas mi historia y que no me digas que no se puede.  Ya s&eacute; que est&aacute;s lejos pero a&uacute;n asi ser&iacute;a lindo si te dejas besar el pie.  D&eacute;jame que dibuje mis pollitos, la granja y el sol.  Y d&eacute;jamme, por favor,  que te bese.  Dame vida hoy.  Ma&ntilde;ana puedes olvidarme si quieres.

]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-23</dc:date>
			<pubDate>Sun, 23 Nov 2003 05:27:56 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Mi vuelo hacia ti]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/182/18267/</link>
			<description><![CDATA[

Te pongo el dedo en la nariz y te pregunto c&oacute;mo te llamas. Te pongo la mano en el coraz&oacute;n y lo apreto suavemente. Si no es real entonces expl&iacute;came con puntos y comas &iquest;qu&eacute; cuernos hace este agujero en el pecho? Despu&eacute;s de unos d&iacute;as te llamo por tu nombre y despiertas sob&aacute;ndote los ojos.  Archijodidamente, el sue&ntilde;o contin&uacute;a con las mismas paredes y banda sonora de ranas y estrellas.  La zapatilla de cristal te est&aacute; calzando demasiado bien y te asusta, ya lo s&eacute;.  Ahora imag&iacute;nate como me siento yo que no soy el pr&iacute;ncipe sino el que te la est&aacute; probando. Ya no hay espacio para mi en la carabela que zarpa este mes a tu pa&iacute;s. En la cubierta todos est&aacute;n cantando muy contentos. Hablan de ti. Yo tendr&eacute; que ir so&ntilde;ando. 

-Pap&aacute;, no me pegues las alas con cera que es de d&iacute;a y el oc&eacute;ano es enorme. 
-Mam&aacute;, bailaremos juntos de nuevo pero esp&eacute;rame un poco m&aacute;s.

&iquest;Qu&eacute; d&iacute;a es hoy? &iquest;Lunes, Lunedi, Montag, Monday, Segunda-feira? Los grandes dijeron que todo era igual pero no lo es. Lunes es cerca de ti, Segunda-feira es lejos de ti. &iquest;C&oacute;mo va a ser igual? Te cre&iacute; ver desde una c&aacute;psula antigermen pero igual se me ha colado tu respiraci&oacute;n por las arterias menores. Te pongo el dedo en el dedo y somos dos ET. Te pongo el dedo en la cabecita y la balanceo. Te toco s&oacute;lo de mentira y juego a que es verdad. Me dura unas horas, luego se me gasta y no te alcanzo ni con mil cuentos. &iquest;Te gustan las granadillas o las peras? &iquest;Te gusta el arroz? A mi me encanta ponerle zanahorias, pimientos y besos. Puedes quitarle las zanahorias y los pimientos si no te gustan, pero los besos no. Todo parece indicar que hacerme amigo de la pata de tu cama y de las hormigas de tu casa no va a ayudar en nada. Me empiezo a sentir como la chica de los ojos de perro azul. Creo que a&uacute;n no comprendes que se trata de ti. Es como en la pel&iacute;cula del ni&ntilde;o que solo ten&iacute;a que creer.. &iquest;como cu&aacute;l?...pues esa... la misma del otro cuento que tambi&eacute;n era para ti. La carabela llegar&aacute; y todos ser&aacute;n felices liliputienses viviendo en tus orillas y hendiduras. Quer&iacute;a que te gustase mi cuento. En realidad quer&iacute;a que supieras que no es un cuento. Ni &eacute;ste ni el otro de los helados azules. Ni el del pedazo de tierra que sue&ntilde;a con ser ciudad, ni el del drag&oacute;n, ni el de Janis, ni el de tus dedos. Tampoco son cuentos los de mi compadre vinizio y su gota de agua que no sabe nadar, ni los tres segundos de rithza, ni la do&ntilde;a de migu, ni la salamandra de danielnavarro, ni los locos insectos de andes, ni el pobre diablo de falcon, ni los rayos de blanquita, ni la pesadilla de damiano, ni la pizarra de cao, ni el Evaristo de mcavalieri, ni el amor imposible de atreides, ni el c&oacute;mplice de El_Galo, ni las tontas cartas de amor de etal1ydemas, ni los haikus de mac, ni los microcuentos de AnaCecilia, ni el pan de jab&oacute;n de hache, ni la fimosis de barrasus,  ni la inundaci&oacute;n de sendero. Aqu&iacute; todo es tan real como asomarse a la primavera cual marmota y pum! toparse por fin contigo andando a saltos en esta colina de palabras. Es por eso, dulce cataclismo, que ahora me vas a contar con pimienta y pasas qu&eacute; es lo que te gusta comer y qu&eacute; pel&iacute;cula quieres ver este fin de semana. &iquest;Canci&oacute;n o un cuento para dormir? Ser&aacute; preciso saber si te gusta caminar o te acostumbrar&aacute;s a mirar la ciudad sentada sobre mis hombros. Dime por favor que cuadro colgar&iacute;as en la pared y en que lugar dejas tiradas tus cosas cuando llegas de casa. Necesito que lo enumeres todo con mucho detalle pues poblar&eacute; mis d&iacute;as de ti hasta aterrizar.  Olv&iacute;date de la lindo que escribes y d&iacute;melo todo en forma de invent&aacute;rio farmace&uacute;tico.   Si no te huelo me perder&eacute; en el camino.  Cuando finalmente llegue a ti, te tocar&eacute; la nariz, recu&eacute;rdalo porque esa ser&aacute; la se&ntilde;al. Te tocar&eacute; la nariz y te preguntar&eacute; como te llamas. Entonces, empezaremos todo de nuevo y arreglaremos esta mala sintaxis del mundo que nos ha parido separados.  

- Pap&aacute;... gracias por coserme las alas al cuerpo.
- Mam&aacute;, bailaremos juntos de nuevo el vals de las l&aacute;grimas alegres, lo prometo. S&oacute;lo esp&eacute;rame un poco m&aacute;s.  ]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-26</dc:date>
			<pubDate>Wed, 26 Nov 2003 12:44:41 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Sintomatolog&iacute;a 2]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/182/18278/</link>
			<description><![CDATA[- Doctor, me duele la ciudad
- Qu&eacute; diablos es lo que ha dicho?
- Ver&aacute;.. no me refiero a la ciudad en que vivimos sino a la que tengo dentro
- Usted tiene dentro una ciudad?
- Si, le explico, en realidad es esta misma que pisamos solo que se rige por otros factores.
- Expl&iacute;queme m&aacute;s
- Bueno, recuerda la lluvia de hace unos d&iacute;as cuando murieron congelados los mendigos de la Plaza?  
- Fue terrible, lo recuerdo,  era mi&eacute;rcoles.
- Si, pues, a eso es a lo que me refiero.. la lluvia de la ciudad de adentro no ha parado y se me siguen muriendo los mendigos.
- Entiendo, entiendo. - dec&iacute;a el m&eacute;dico mientras ve&iacute;a como el traje blanco, el escrit&oacute;rio, el estetosc&oacute;pio, el martillito de los reflejos y todo el consult&oacute;rio se le comenzaba a llenar de la lluvia y de los cad&aacute;veres congelados que le sal&iacute;an al paciente de los poros. 


]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-26</dc:date>
			<pubDate>Wed, 26 Nov 2003 16:12:30 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Sintomatolog&iacute;a tres]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/182/18283/</link>
			<description><![CDATA[
- Doctor, y estas pastillas cada cuanto me las tomo?
- Cada vez que te venga el dolor
Se fue entonces Pierre comi&eacute;ndose los antidepresivos cual lentejas de colores.
Diez minutos despu&eacute;s lo encontraron tirado en la esquina muerto de alegr&iacute;a.

]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-26</dc:date>
			<pubDate>Wed, 26 Nov 2003 17:03:51 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[YUJUUUUU!!!]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/183/18372/</link>
			<description><![CDATA[&iquest;Te cuento algo? Yo no quer&iacute;a ser Felipito. Felipito con sus dudas. Felipito con sus complejos.  Felipito descubri&eacute;ndo a Muriel en el parque y corriendo hacia ella emocionado s&oacute;lo para darse cuenta de que no se atreve, de que le falla el llanero solitario interior,  de que se  le imantan las zapatillas hacia abajo,  de que es el primer argentinito con autoestima small-size.  Yo lo que quer&iacute;a era ir a la misma escuela que &eacute;l y tener una carpeta cerca.  As&iacute;, un d&iacute;a feliz le dir&iacute;a para jugar a los cowboys que se van por el desfiladero y desde un rinc&oacute;n bang! bang! liquidan a todos los bandidos y  yujuuuuuu!! &iquest;No?  Pasar&iacute;a  que con el tiempo me ganar&iacute;a su confianza, sus silencios y terminar&iacute;a dici&eacute;ndole.. mir&aacute; ch&eacute;.. si la bonita de Muriel seguro que tambi&eacute;n se muere por ti.  Si  s&oacute;s un tipo re simp&aacute;tico! Anda Felipe.. hazlo por el llanero.   Habl&aacute;le ch&eacute;.   Y entonces &eacute;l, cojonudamente feliz, se va con la convicci&oacute;n montada sobre un caballo a recoger a Muriel.  Eso era lo que yo queria!  Pero noooooo.  A mi fue a quien le toc&oacute; ser Felipito!  Felipito con sus dudas.  Felipito con sus complejos.  Felipito descubri&eacute;ndote y corriendo hacia ti s&oacute;lo para darse cuenta de que no se atreve, de que le falla el llanero solitario interior.  J&aacute;.  Mira, la verdad la verdad, en el fondo a mi me gusta ser Felipito.  Me encanta ser Felipito! Con mis dudas, con mis complejos.  Todo con la &uacute;nica excepci&oacute;n de que el yo-no-felipito no ha ido a mi escuela y no le han dado una carpeta cerca.  Tampoco me ha dicho  hey! vamos a jugar a los cowboys que van hasta el desfiladero y desde all&iacute; bang! bang! matamos a todos los bandidos! yujuuuuu!  No ha estado ahi para ganarse mi confianza y mis silencios ni me ha dicho.. mir&aacute; ch&eacute;, si la bonita de Muriel seguro que tambi&eacute;n se muere por ti. Si sos un tipo re simp&aacute;tico!  Anda Felipe.. hazlo por el llanero.  Habl&aacute;le ch&eacute;.  No ha sido as&iacute; &iquest;ves?  Entonces pasa que ahora s&oacute;lo llego hasta ti,  hasta tu banca, me pongo rojo rojo de verguenza, de rabia, de impotencia, de que linda que s&oacute;s, de amor mir&aacute;me, de no llanero-solitario, de c&oacute;lera, de desesperaci&oacute;n,  de dame tu mano. Diablos! Diablos! Me doy la vuelta, camino dos pasitos alej&aacute;ndome de ti, me detengo, te vuelvo a mirar, y me duele, y me sigo alejando, que ya me voy, sin desfiladero, sin bandidos, sin bang! bang! sin llanero solitario, sin caballo, sin yujuuuuuu!. 







A Quino por crear a Felipe

A Felipe por ser Felipe

A Vinizio, porque le dieron una carpeta cerca y me dijo
anda ch&eacute; habl&aacute;le, si s&oacute;s un tipo resimp&aacute;tico

y a mi Muriel que no se llama Muriel
por el miedo de no tenerla


]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-11-27</dc:date>
			<pubDate>Thu, 27 Nov 2003 10:33:44 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Medianoche]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/192/19259/</link>
			<description><![CDATA[Te imagino dormir, que no es lo mismo que verte dormir.   En imaginarte dormir se me escapan las fuerzas como un globo pinchado.   Verte dormir ser&iacute;a mas parecido a enchufarme al tomacorriente.  Te imagino en una cama que no conozco y en el esfuerzo de construir las patas y las tablas se me caen el sudor y las l&aacute;grimas.  Entro despacio para no despertar a las hormigas y a tu familia y estar desviando trenes y transatl&aacute;nticos para otros pa&iacute;ses me tiene de puntillas.

Te imagino dormir y es tan diferente a verte dormir y descrubir caramba, que uno tambi&eacute;n se qued&oacute; dormido envenenado de tu sue&ntilde;o .   No es asi.    Cuando te imagino dormir el veneno tengo que invent&aacute;rmelo yo.   Preparlo yo. Inyect&aacute;rmelo yo.  Y darme cuenta al fin y al cabo de que soy un farmace&uacute;tico mediocre.  De que la droga es mala.  De que lo &uacute;nico que hace es bulto en mis venas. De que me caigo al suelo como un drogadicto enga&ntilde;ado.

Te imagino dormir y me recuesto a tu lado.  Me canso de rebotar en tu cama para que me percibas.  Al cabo desisto.   Me dedico a mirarte, para lo cual tambi&eacute;n me gasto otro mill&oacute;n de unicornios.   Poni&eacute;ndo la mano aqui, imaginando donde acaba tu hombro, donde comienza tu cuello,  que tan tibio es tu pecho.   

Te imagino dormir y finalmente me duermo tambi&eacute;n.  Pensando o so&ntilde;ando que tal vez ma&ntilde;ana cuando despierte,  estar&aacute;s ya caminando,  desayun&aacute;ndote el mundo.  Y yo,   no tendr&eacute; que imaginarte dormida,  ni montar unicornios, ni inyectarme mi ant&iacute;doto liviano, ni deviar transatl&aacute;nticos, ni brincar imperceptible sobre tu cama.  Recuperar&eacute; mis fuerzas, mis piernas, mi amor pr&oacute;pio, bajar&eacute; de mi cama sonriente, lavar&eacute; mi cara y de reojo mirar&eacute; al mundo para advertirle una vez m&aacute;s que yo tambi&eacute;n,  me lo voy a desayunar. 




]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-12-06</dc:date>
			<pubDate>Sat, 06 Dec 2003 23:17:41 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Obituario]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/194/19422/</link>
			<description><![CDATA[...para Manuel, muerto de pena a los veinticinco.


No s&eacute; si han escuchado esta canci&oacute;n que se llama Paloma.  Es de Andr&eacute;s Calamaro y empieza diciendo algo de irse a volar de a dos con un solo paraca&iacute;das... Ah! Olv&iacute;denlo.  No ayuda  mucho si ya la escucharon porque todav&iacute;a no la han escuchado cantada por mi amigo Manuel.   Hasta ahora eso ha sido regalo mio y de otros pocos que estuvieron cerca en aquellos dias en que &eacute;l andaba en el dif&iacute;cil oficio de vomitar corazones.  En realidad Manuel es un tipo genial y la cantar&iacute;a encantado para ustedes.  A&uacute;n si no los conoce.  Lamentablemente ahora va a ser un poco dif&iacute;cil que pase eso  &iquest;saben?   Es 8 de diciembre y me acaban de decir que ha muerto. 

Cuando lo conoc&iacute;, ya ten&iacute;a un par de balas alojadas en el pecho pero no era para preocuparse.  Ahora me pregunto con rabia por qu&eacute; nunca conversamos de ello.   Me sentaba a su costado y &eacute;l cog&iacute;a mi guitarra y se ponia a tocar Paloma.  Bueno... tal vez Cr&iacute;menes Perfectos, Resumen de Noticias o si se le antojaba De la ausencia y de ti que fue la que me cant&oacute; cuando sal&iacute; del pa&iacute;s.  Cantaba miles de canciones pero escuchando el  LA menor de Paloma fue que  me di cuenta que &eacute;l tambi&eacute;n hab&iacute;a sido afinado para vivir dos veces por d&iacute;a. 

Por las noches gritaba y beb&iacute;a como un loco o tal vez un poco m&aacute;s y entonces nadie hubiese dejado de jurar que Manuel era un perfecto RE mayor.  Juntos se nos hac&iacute;a casi imposible estar deprimidos, es cierto, pero que no los enga&ntilde;e la risa que eso es solo el arcoiris de lluvias pasadas.  La verdad al fin y al cabo es que su coraz&oacute;n estaba hecho de dos soldaditos tristes enfrent&aacute;ndose a uno alegre.  Las matem&aacute;ticas dicen que este &uacute;ltimo casi siempre perd&iacute;a la batalla.   

V&aacute;yase a la mierda se&ntilde;or cura que yo no  estoy diciendo esto con pena.  Pena de ustedes que no lloran!  Pena de ustedes que no gritan ni se les llenan los dedos y la garganta de marcas.  Pena de mi que no me enamoro en cada  esquina!  Pena de nosotros que vivimos esperando y no jugando. Oye Manuel! Apuesto que a ti tambi&eacute;n te hubiese gustado despertar temprano un d&iacute;a para ir por la bajada Balta caminando entre la neblina lime&ntilde;a hasta el mar.  Siempre falta tiempo lo s&eacute;.  Ahora lo que me van a faltar son cuentos para convencer al mundo de que la fiebre de tu virus se le ha curado.

Cabr&oacute;n... te tirabas del &uacute;ltimo piso del edificio y todos te seguiamos el ejemplo felices.  Nos sac&aacute;bamos la mierda claro.. pero c&oacute;mo aprend&iacute;amos con esas ca&iacute;das y c&oacute;mo chup&aacute;bamos despu&eacute;s record&aacute;ndolas y prometi&eacute;ndonos m&aacute;s.   Transformaste nuestro pan de cada d&iacute;a en cerveza y creo que hasta a Dios le pareci&oacute; bien porque al rato se nos un&iacute;a.  Me pidi&oacute; que te dijera que le ca&iacute;as muy bien.  Me olvid&eacute;.

Estar confundido era tu &uacute;nica certeza y eso tuve que cogerlo como modus vivendi para mi porque descubri que as&iacute; la vida se hab&iacute;a enamorado perdidamente de ti.   Vamos a volar - dec&iacute;amos.. y los grandes nos amenazaban.. - No sean idiotas! se van morir.. pero que chucha.. igual nos &iacute;bamos porque le cre&iacute;amos m&aacute;s a las canciones.

Te enamorabas de la venus de Boticelli, luego de Media Ver&oacute;nica y despu&eacute;s de alguna chica de la universidad tan linda como las dos primeras. Venias corriendo a cont&aacute;rmelo.  Yo me iba feliz convencido de que ellas se iban a bajar de su cuadro, canci&oacute;n o clase s&oacute;lo para darse un paseo contigo.  T&uacute; no te lo cre&iacute;as tan f&aacute;cil y te ibas a incendiar el mundo.  

Ahora, echado en mi cama con la noticia de tu muerte gote&aacute;ndome desde el cielo me pregunto... qu&eacute; casa estar&aacute;s dejando sin hijos, qu&eacute; esposa sin sonrisa,  qu&eacute; guitarra sin llanto.  Comprender&aacute;s que es dif&iacute;cil no mandarte rot&uacute;ndamente al carajo.   Fernando y yo ya hab&iacute;amos planeado todo para de aqu&iacute; a unos a&ntilde;os.  Un viaje con los hijos y ellas tres que iban a ser igual de borrachas y sonrientes que nosotros.

De momento todos estamos un poco presas del p&aacute;nico pues es diciembre y has muerto de pena a tus  veinticinco.  Yo no sab&iacute;a que se pod&iacute;a.. pens&eacute; que eso s&oacute;lo le pasaba a los pajaritos, pero ya ves.. se aprende algo nuevo cada d&iacute;a.   &iquest; O ser&aacute; que eras p&aacute;jaro?  

Ahora p&aacute;rate de una vez de esa tumba por Dios que me da escalofr&iacute;os.  Ya llor&eacute; bastante por hoy.   P&aacute;rate te digo que eres el maldito ave fenix renaciendo mas bello de sus cenizas.  Ponte de pie y dime que vas conmigo a la bajada Balta de ma&ntilde;ana.  Mira como est&aacute; llorando ella que te espera en la pr&oacute;xima esquina!  Mira como estoy llorando yo!  Abre los ojos para que lluevan nuevamente de alegr&iacute;a.  Toma mi guitarra, anda, toca algo Manuel,  Mira! te presento a mi novia!  Ves que si existen!   mira esta nueva canci&oacute;n!  Vamos a sacar los acordes para tocarla!  Rec&iacute;tame de nuevo el Credo de Mario para acordarnos que no hay que creer en generales ni en las nalgas de miss universo.  Anda hermano, ya d&eacute;jate de cosas y abre los ojos que me estoy desesperando.. dame un abrazo que hace tiempo que nunca.  Anda Manuel.  C&aacute;ntanos Paloma que ya todos est&aacute;n sentados mirandote encantados. Vamos Manuel.   Respira.  Palpita.  Parpadea. Brilla!  Anda.
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-12-08</dc:date>
			<pubDate>Mon, 08 Dec 2003 15:53:46 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Sintomatolog&iacute;a Celeste]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/194/19477/</link>
			<description><![CDATA[


Siento que todo me duele doctor.   Yo pens&eacute; que usted hab&iacute;a dicho que la vacuna era definitiva pero ya ve,  estoy volando en fiebre.  Pues claro que he seguido las instrucciones! Imag&iacute;nese! Desde aquella &uacute;ltima vez que dej&eacute; caer el coraz&oacute;n a la acera qued&eacute; bien advertido.  Ya no era cosa de andarse con bromas.  Ni que fuera idiota!   Ya le digo que tom&eacute; las precauciones debidas tal cual me lo detall&oacute;.  Nada de decir lo primero que se piensa.   Nada de creer que todo es posible.   Imprim&iacute; un letrero bien grande sobre mi cama.   No me diga que he dejado escapar algo.   Soy yo quien se va a morir!  No tiene gracia!.   Estoy volando en fiebre.   Dej&eacute; alguna ventana abierta.  Tal vez fue ayer martes... no lo s&eacute;.   Si! Ya s&eacute; que no deb&iacute;a pero cuando amanec&iacute; ella ya estaba dentro de casa.  Estaba sentada al borde de la ventana toda celeste de fr&iacute;o.   La met&iacute; en mi cama y la cubr&iacute; de colchas.  Dorm&iacute; con ella y ahora me duele todo el cuerpo doctor.  Tal vez la abrac&eacute;, no lo s&eacute;! No me lo pregunte.  Ya no me diga de nuevo que soy un idiota.  Ya s&eacute; que no deb&iacute;a.   Tengo fr&iacute;o.   Ella se ha ido por la misma ventana que entr&oacute;.  Ahora soy yo quien est&aacute; celeste.  Soy yo quien se va a morir.  Pare de gritarme!.

]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-12-08</dc:date>
			<pubDate>Mon, 08 Dec 2003 23:06:12 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Copi&oacute;n !]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/195/19562/</link>
			<description><![CDATA[Siempre que me pongo a escribir tengo m&uacute;sica en las orejas y siempre quiero poner una de las frases de lo que estoy escuchando.  Ahora mismo ya iba a comenzar el cuento diciendo  sospecho que hoy empiezo a ser canci&oacute;n... ta ra ra r&aacute;...  y tengo la impresi&oacute;n de que ser&eacute; tu sol si logro ser tu canci&oacute;n   Pero sucede que eso no es m&iacute;o! noooOOoooo! Eso lo invent&oacute; Silvio Rodr&iacute;guez.  Me autorega&ntilde;o y presiono la flechita que borra, hasta que la p&aacute;gina queda nuevamente desierta.  Conc&eacute;ntrate Pierre! - pienso - Algo tuyo tiene que nacer! - Pero Silvio sigue cantando y me parece tan fant&aacute;stico que diga que ser&aacute; una canci&oacute;n si seca un llanto! que se me escurren los dedos de los nervios y pongo la frase nuevamente en la pantalla.  Ya sin pretender cuentos ni nada.  Solo para verla escrita. Solo para mirarla una y otra vez y sonreir feliz.  Aunque no tenga ning&uacute;n pinche escrito.  Aunque me quede sin sus benditas estrellas.  



]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-12-09</dc:date>
			<pubDate>Tue, 09 Dec 2003 15:14:01 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Big-Bang-Burbuja]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/196/19644/</link>
			<description><![CDATA[&iquest;Has visto a un ni&ntilde;o abri&eacute;ndole la mano al vuelo de una burbuja?  &iquest;Te has dado cuenta como se le dilatan los ojotes pues el pobre est&aacute; convencido de que la bolita de jab&oacute;n se apoyar&aacute; suavemente en su palma como si fuese una hoja de &aacute;rbol o un trompo girando?  El tontuelo cree que podr&aacute; mirarla por varios minutos y caminarle con el dedo por todos los rincones!. Y no s&oacute;lo eso! Claro que no!  Adem&aacute;s, se cree capaz de llev&aacute;rsela corriendo a su hermanita m&aacute;s peque&ntilde;a para mostr&aacute;rsela;  guard&aacute;rsela en la mochila y soltarla en el colegio dejando boquiabierto hasta al m&aacute;s sabandija de la clase.  J&aacute;. No es para re&iacute;rse.  As&iacute; te mir&eacute; yo cuando te conoc&iacute; hace poco m&aacute;s de un mes.  Caramba!  Que feliz se me hab&iacute;a puesto el aparato respiratorio por haberte encontrado andando por ah&iacute;. Pens&eacute; que una burbuja que hab&iacute;a volado por veinticinco a&ntilde;os y segu&iacute;a con tan lindos colores ser&iacute;a una perfecta raz&oacute;n para ponerle freno de mano al mundo y dedicarse a sonre&iacute;r.   Y fue precisamente eso lo que hice. Par&eacute; lo que estaba haciendo y estir&eacute; mi mano hacia tu vuelo.  Como un ni&ntilde;o.  Exactamente con la misma dilataci&oacute;n de ojos y con los mismos planes.  Exacta e inocentemente igual.

&iquest;Sabes cu&aacute;les son las graciosas diferencias de todo este asunto?  El ni&ntilde;o, al ver que la burbuja explota llen&aacute;ndole la carita de agua, pone esa expresi&oacute;n de sorpresa haciendo una enorme O con la boca.  Despu&eacute;s, mira a su mam&aacute; que a su costado le sostiene el vasito, y se r&iacute;en juntos.  Mete el tubito nuevamente al vaso, le da vueltas,  lo saca y con un soplo inventa diez mas lindas que la anterior!   De las gotitas que le salpicaron a la cara ya ni se acuerda.   T&uacute; en cambio no te hiciste gotitas.  Garija! Tu big-bang fue un poquito diferente.  Te abriste como una magnolia y aparecieron trapecistas,  unicornios, soldaditos de plomo,  filarm&oacute;nicas,  cuentacuentos,  desfiles de locos,   familias enteras de caracoles!  Yo no pod&iacute;a creer lo que estaba pasando y segu&iacute;a observando como todas esas mariposas,  nogales,  besos,  abuelitos y ratones se me iban colando adentro.  Fue una cosa gracios&iacute;sima que dur&oacute; semanas!  No bien acababa de instalarse una tribu de tus indiecitos en mi hombro ven&iacute;an un par de tus gar&uacute;as tomadas de la mano a lloverme sobre la testa!  AAAAA!!  Tambi&eacute;n hab&iacute;an abejas de miel y carreras de monociclos.  Ya ni dorm&iacute;a bien mirando todo el nuevo planeta que me hab&iacute;a nacido sobre el pellejo.  Estaba encantado con tantos pies y patas camin&aacute;ndome encima.  

Y bueno, te sigo contando.   Un d&iacute;a de estos uno de los indiecitos (al parecer uno de los m&aacute;s j&oacute;venes) intent&oacute; clavar su tienda en mi pecho con unas enormes estacas de madera que hab&iacute;a hecho.   De la punzada despert&eacute; gritando a mitad de la madrugada.   Se arm&oacute; semejante l&iacute;o en la tribu que al rato todos los caracoles, trapecistas, abuelitos y otros bichos ya estaban discutiendo sobre la situaci&oacute;n en medio de mi pecho.   Se supon&iacute;a que no nos &iacute;bamos a quedar - dijo el jefe indiecito y los caracoles concordaron en que eso era lo que ellos tambi&eacute;n hab&iacute;an entendido desde un comienzo.   Los soldaditos de plomo protestaron y dijeron que a ellos les hab&iacute;a gustado el lugar.  Todos estaban muy preocupados con la situaci&oacute;n.  Los bares y plazas se llenaron.  Los de los monociclos se empezaron a dar de pedradas con los nogales y yo de tanta tristeza y desesperaci&oacute;n me qued&eacute; dormido.    

Desde aquel dia me cubr&iacute; la ciudad con ropa negra para que no te dieras cuenta del desastre ocasionado.  De esa forma pudimos y podemos seguir ley&eacute;ndonos los cuentos tranquilos,  darle a las clases de portugu&eacute;s,  al libro que me mandas a retazos, a los te odio, las caras de duda existencial y a los shhhhhh garijo!  T&uacute; no pareces percibir el l&iacute;o y sigues estallando en alquimistas chistosos, estrellas de mar y abrazos.  Tal vez te das cuenta y no lo puedes evitar.   Es la naturaleza de tu big-bang-burbuja &iquest;verdad?

Hoy me fui al cine como te cont&eacute; y chill&eacute; como un chango con una pel&iacute;cula est&uacute;pida en la que todos se enamoran.  Cuando llegu&eacute; al cybercaf&eacute; ya estaban por cerrar.  Y Cerraron.  Claro, conmigo dentro.  As&iacute; que termin&eacute; a las cinco de la ma&ntilde;ana escuchando a Vinicius de Mor&atilde;es y a Tom Jobbin cantar Tristeza mientras yo bailaba en medio de las computadoras.  Si, exacto, como un loquito.  Creo que tienes un poco de raz&oacute;n.   Tambi&eacute;n cant&eacute; O Sole Mio y me destru&iacute; cuatro veces con los veintis&eacute;is minutos de  Un hada un cisne.   Claro que no las conoces todas.. por eso te las mand&eacute; en un disco que espero te llegue en unas horas junto a otros cosas que escog&iacute; para hacerte sonre&iacute;r.  Ya s&eacute; que te dije que te iba a mandar p&aacute;jaros pero eso fue solo mantener la incoherencia de este sue&ntilde;o de Bu&ntilde;uel.  La verdad Mar&iacute;a Jos&eacute;, hasta donde yo s&eacute;,  no hay p&aacute;jaros que atraviesen el Atl&aacute;ntico.   Lo que s&iacute; existe (y es una confirmaci&oacute;n de que todo es posible como dijiste) es un se&ntilde;or que viene y recoge sonriente de mis manos el sobre que prepar&eacute; y te lo lleva de Rio hasta Madrid tan r&aacute;pido que me deja despeinado.  Estoy rogando que te guste pues ayer que te vi triste comet&iacute; la estupidez de prometerte que sonreir&iacute;as hoy.   Qu&eacute; tonto!.  

Lo jodido del asunto (que espero podamos dejar de lado) es que ese paquetito es una confirmaci&oacute;n de que soy tu amigo y de que existo, de que camino, de que sonr&iacute;o y miro con ojos marrones, de que tengo un metro setenta y nueve de huesos que me sostienen cuando el alma se va de parranda, de que soy mas que un grupo de cuentos de bajo calibre.

Bueno ya.  Ac&aacute; los caracoles, indiecitos,  trapecistas y el resto de bichos que hoy han estado de parranda te mandan a decir que se sienten b&aacute;rbaramente orgullosos de ser tus hijitos.  Se han pasado toda la noche conmigo y hemos bailado, cantado, bebido y re&iacute;do en nombre de tus veintis&eacute;is a&ntilde;os, como Dios manda.  

Yo por mi parte, y ya para finalizar, s&oacute;lo tengo que sonre&iacute;r y gritar.  El mundo que sali&oacute; de ti y que me ha venido a visitar me ha llenado de chispas los d&iacute;as.  De si se van a ir o a quedar no me quiero preocupar ahora.  Fue el big-bang-burbuja. Yo no estaba advertido y estir&eacute; la mano como un ni&ntilde;o.   Inocentemente.  Como cuando era canijo... o garijo.  Ahora, habr&aacute; que atenerse a las consecuencias nom&aacute;s y talvez pedirle encarecidamente al se&ntilde;or Bu&ntilde;uel que se ponga los calzones al rev&eacute;s y nos invente un final andaluz.  &iquest;Qu&eacute; te parece?




]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-12-10</dc:date>
			<pubDate>Wed, 10 Dec 2003 06:02:46 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Las ranas]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/200/20071/</link>
			<description><![CDATA[

Hab&iacute;as dibujado ni&ntilde;os cabalgando sobre nubes de crayola.  Fue por eso que me detuve a mirar tu puerta.  Al ver los dibujitos record&eacute; todo el tiempo que llevaba viajando y dej&eacute; caer lo que tra&iacute;a en los brazos.  Muerto de cansancio me empec&eacute; a sentir en un lugar lleno de camas.  Las otras puertas por donde pasaba ten&iacute;an muchas l&iacute;neas que no lograba comprender.  Algunas eran realmente bonitas, t&uacute; tambi&eacute;n las has visto.  Quiero decir que hab&iacute;an escogido los colores exactos pero ver&aacute;s, despu&eacute;s de unos minutos sent&iacute;a que no ten&iacute;a nada m&iacute;o ah&iacute; y segu&iacute;a caminando.  Tus dibujos me mojaron las zapatillas.  Fue por eso que me no pude dar un paso mas y guarad&aacute;ndome el miedo al bolsillo me puse a tocar la puerta.   

Cuando abriste no me preguntaste qu&eacute; buscaba ni revisaste mi mochila como suelen hacer.  S&oacute;lo te me quedaste mirando con esos ojos de lluvia que tienes. Yo no pod&iacute;a creer que fueras como de mi edad y que me estuvieras dejando entrar al cuarto.  Tom&eacute; una ducha en tu ba&ntilde;era mientras t&uacute; me contabas cosas gritando.  Ten&iacute;as muchas ganas de hablar.  Cuando sal&iacute; del ba&ntilde;o ya &eacute;ramos amigos y jugamos sobre la cama con algunos juguetes que sacaste del armario. Tambi&eacute;n revisamos todo lo que yo tra&iacute;a en la mochila.  Ten&iacute;a cosas que ya hab&iacute;a olvidado y te regal&eacute; las que m&aacute;s te gustaron.  Las pon&iacute;as feliz sobre tus mesas y paredes.   Yo estaba sinti&eacute;ndome nervioso de que fueras tan bonita pero trataba de fingir que no para no arruinar la diversi&oacute;n.   Ese primer d&iacute;a nos quedamos dormidos sin darnos cuenta y al d&iacute;a siguiente ya nos pareci&oacute; tan natural estar ah&iacute;, juntos, que ninguno de los dos dijo nada de irse o &aacute;ndate.   En cambio nos dimos una sonrisa enorme de bienvenida y seguimos la vida en la habitaci&oacute;n sin firmar pactos ni nada. 

Me di cuenta de que a eso del mediod&iacute;a te quedas dormida sin raz&oacute;n alguna.  Decid&iacute; entonces que era buena hora de ponerse a cocinar y a escuchar m&uacute;sica.  - Hay algunas ranas aqu&iacute;  recuerdo haber pensado la primera vez que vi un par escondi&eacute;ndose atr&aacute;s del espejo.  No le di mucha importancia, de hecho,  me caus&oacute; una sonrisa el gracioso verde de su piel tan bonita y escurridiza.  Como a eso de las tres de la tarde te levantas con mucha hambre.  Por suerte te ha gustado la comida que preparo y te comes hasta el &uacute;ltimo grano de arroz.  Yo de alegr&iacute;a me pongo a cantar y despu&eacute;s resulta que t&uacute; tambi&eacute;n hab&iacute;as o&iacute;do las mismas canciones y nos caemos para atr&aacute;s del asombro.   Mira all&aacute; hay otra!  Ah.. ya d&eacute;jalo.. ya se meti&oacute; atr&aacute;s de la cocina. 
 
Ayer pegamos las orejas a las paredes y hemos descubierto que hay personas en las otras habitaciones de este pasadizo. Al parecer tambi&eacute;n est&aacute;n teni&eacute;ndo visitas de algunas ranas.  Te pusiste a darle golpecitos a las paredes y del otro lado te contestaban.  Parecias muy divertida y yo tambi&eacute;n me reia.  De tanta risa nos quedamos dormidos.  Es mi parte favorita pues es invierno y tu respiraci&oacute;n se cola por todas las s&aacute;banas poni&eacute;ndolas tibias.  Al amanecer tres ranas nos miraban desde la mesita de noche y otras dos desde el tocadiscos.   Que raro ha sido &iquest;no?  

Siempre andamos inventando cosas para pasarnos el dia contentos.  Como cuando saco las t&eacute;mperas y te pinto aunque te escapes. O como aquella vez en que despert&eacute; y te estabas muriendo de la risa porque hab&iacute;as cometido la travesura de sacar todas las latas de cerveza que ten&iacute;as. Bebimos tanto que terminamos llam&aacute;ndonos de formas inexplicables. Le dimos un poco a las ranas pero no querian las tontas!  Hac&iacute;an negaci&oacute;n con la cabeza y la pata.  A veces son cosas rid&iacute;culas las que inventamos pero igual  terminamos en el suelo de la risa o pegados al techo de la desesperaci&oacute;n.  

Por ratos he pensado que todo eso no ha ayuda mucho pues se nos han trepado todas las ranas a las paredes. Yo no sab&iacute;a que eran como las moscas que no se caen pero ya las ves. Est&aacute;n hasta en el techo y desde ac&aacute;, echados en la cama, las vemos a todas como si fuesen constelaciones. Ellas tambi&eacute;n est&aacute;n un poco asustadas. Claro, no tanto como nosotros. Por debajo de las cobijas, tu mano me ha convertido en piano los dedos y yo quisiera saber que no lo has hecho s&oacute;lo por los nervios de tener aqu&iacute; los bichos estos. Al fin y al cabo somos solo desconocidos. Mira! all&aacute; en la esquina una est&aacute; caminando encima de las otras. J&aacute;. Ya te est&aacute;s riendo. 

Yo creo que esta es una escena bonita vista desde afuera. Desde ac&aacute; adentro, es terrible y tengo ganas de salir corriendo contigo a un lugar normal, a una habitaci&oacute;n sin ranas. Anoche dormimos abrazados por primera vez. No s&eacute; si fuiste t&uacute; o yo quien lo sugiri&oacute; pero al menos por un momento nos olvidamos de ellas. Yo me qued&eacute; despierto un poco m&aacute;s y escuch&eacute; que algunas que dorm&iacute;an en el techo cayeron sobre la cama. T&uacute; estabas so&ntilde;ando muy profundo pero igual sentiste el desorden y me abrazaste un poco m&aacute;s cerca hasta que nuestras rodillas se tocaron. Yo me qued&eacute; quieto como mordido por una cobra. 

Por la ma&ntilde;ana junto con el desayuno nos seguimos trayendo las historias a la cama. Tu me cuentas de cuando eras un puzzle y no te sab&iacute;an armar y yo te cuento de cuando com&iacute;a pastillas de colores. Siempre re&iacute;mos mucho. Miramos de reojo a las ranas, y disimulando no percibirlo, re&iacute;mos mucho de nuevo. Lo cierto, al fin y al cabo, es que d&iacute;a a d&iacute;a est&aacute;n reproduci&eacute;ndose como si nada les importase. 

Cuando duermes yo me levanto, las espanto con el pie y busco como loco debajo de la cama, por la ventana, atr&aacute;s del armario y en los huecos de los ratones... una salida, una pared f&aacute;cil de derrumbar, un pasaje secreto para escaparnos y llevarte a un lugar mas feliz, m&aacute;s parecido a ti. Despu&eacute;s vuelvo a la cama sin soluciones, desesperado. Al rato recuerdo en que a&uacute;n no he buscado en tal o cual lugar y me duermo m&aacute;s tranquilo de saber que a&uacute;n hay esperanzas. 

De una de las otras habitaciones ya no hemos escuchado mas voces.  Solo bichos saltanto y haciendo ruidos.   Un jarr&oacute;n cayendo talvez.  Paramos de dar golpecitos para no descubir lo que ya parece evidente.

No he querido que te des cuenta pero ahora ya est&aacute;n tambi&eacute;n en el piso. Tendremos que ir por tus cosas antes de que ya no sea posible andar hasta el armario. Esta debe haber sido una habitaci&oacute;n de ni&ntilde;os - pienso - la ventana que mira al jard&iacute;n est&aacute; enrejada. Ya no recuerdo el d&iacute;a en que entr&eacute; aqu&iacute;. Parece que fue desde siempre. 

Esta noche la cosa ya est&aacute; insostenible. Las ranas est&aacute;n como agua al nivel de la cama y est&aacute;n haciendo ruidos horribles pues se mueren ahogadas y aplastadas. Nos hemos quedado al medio abrazados rezando o cantando. Cierra los ojos - pienso mientras veo como una rana se te empieza a subir al pie y siento a la vez dos en mi entrepierna. No es nuestra culpa - pienso - No es nuestra culpa - gritas y te pones a llorar.  Te suelto, me sacudo todas las ranas y empiezo a embestir las paredes torpemente, hundi&eacute;ndome y pisando bichos. Tumbo el armario, intento doblar las rejas de la ventana pero nada resulta y tengo miedo de que las ranas nos hagan algo.  Ahora tambi&eacute;n t&uacute; de has dado cuenta de la gravedad y entonces vienes a darle de patadas a las paredes. Ya somos dos y la pared lo siente.  Ante nuestra incr&eacute;dula mirada  se empiaza a caer pedazos como si estuviera enferma de lepra.  El mundo exterior se empieza a revelar y aparecen colinas.  Los rayos de sol se colan como agua llena de pescaditos. Un golpe m&aacute;s y vemos un &aacute;rbol.  Seguimos  hasta que por fin el hueco es suficiente, salimos corriendo y entonces es como si por primera vez respir&aacute;semos.  Las l&aacute;grimas se secan con el viento.  De las otras habitaciones se asoman y sacan las manos por las rejas gritando como locos de alegr&iacute;a.  Algunos solo aplauden pero la mayor&iacute;a ya empieza a darle de patadas a sus paredes que tambi&eacute;n est&aacute;n llenas de lepra.

Ahora libre te echas a correr muerta de la risa y yo te miro esperando hasta que ya est&aacute; bueno de ventaja.   Despu&eacute;s te persigo entre decenas de chicos que no creen todav&iacute;a su libertad. Tambi&eacute;n est&aacute;n los que cre&iacute;amos que hab&iacute;an muerto almorzados por las ranas!  T&uacute; los miras y chocamos las palmas con todos al cruzarnos.  A los segundos te alcanzo y nos caemos al pasto.  Viene un loquito y nos llena de besos, luego se va a corriendo.   Tu respiraci&oacute;n est&aacute; agitada.  Sonries y yo siento que es como si te viera por primera vez.  Se me hace incontenible el espacio.  Me acerco hasta que lo &uacute;nico que me queda de ti es la respiraci&oacute;n.  Algo dolorosamente h&uacute;medo se posa sobre mi como una mariposa y entro en un dulce desmayo.  Con los segundos y mientras escucho risas y paredes cayendo todo se comienza a diluir velozmente hasta acabar en un grito que estalla en mil pedazos dentro de mi madrugada.  Sobre mi cama. De rodillas.  Sudando. A miles de kilometros de ti.  Despierto.

Toda la luz ha desaprecido pero de pronto comprendo el sue&ntilde;o de un solo golpe.  Las ranas especialmente.  Las ranas y las paredes con lepra.  A&uacute;n son las cinco de la madrugada pero me pongo el pantal&oacute;n y salgo a la calle.  Pienso al cerrar la puerta, pienso en el elevador y confirmo de nuevo lo de las ranas y las paredes esas a las que les tememos.   Ya no me da miedo so&ntilde;ar.  De hecho la palabra so&ntilde;ar me parece exagerada y mal inventada.   Ma&ntilde;ana cuando te levantes te contar&eacute; todo y t&uacute; tambi&eacute;n comprender&aacute;s  que esto no es m&aacute;s que un asunto de ranas y de paredes llenas de lepra.  Basta agarrarlas a patadas con todas nuestras fuerzas &iquest;ves?.  Ya casi no puedo esperar a que levantes para cont&aacute;rtelo.

Saltando encima de los muritos de no estacionar me voy a la esquina donde venden jugos y pido ese al que le ponen de todas las frutas y adem&aacute;s huevos y leche y qu&eacute; s&eacute; yo.    De un solo sorbo me lo acabo y el empleado que me mira absorto pregunta.  Va a tener un d&iacute;a agitado?
- Tal vez m&aacute;s de uno  respondo feliz - Acabo de creerme un sue&ntilde;o y ahora tengo que hacer que el mundo se lo crea tambi&eacute;n.



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			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2003-12-14</dc:date>
			<pubDate>Sun, 14 Dec 2003 23:04:48 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Manojo de a&ntilde;itos]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/243/24307/</link>
			<description><![CDATA[&iquest;Sabes a qu&eacute; se me parecen tus veintinueve a&ntilde;os Rithza?  A un ni&ntilde;o bajando tamarindos a pedradas.  No s&eacute; porqu&eacute; hace dos minutos me parec&iacute;a una met&aacute;fora digna y respetable.  Al tercer minuto ya me ha parecido est&uacute;pida.   &iquest;Y sabes qu&eacute; es lo que la hace est&uacute;pida?   Que tus veintinueve a&ntilde;os no s&oacute;lo se me parecen al ni&ntilde;o, o a sus ganas de clavarle el hambre a la peque&ntilde;a semilla o a su buena punter&iacute;a.  Tus veintinueve se me parecen tambi&eacute;n al tamarindo,  terriblemente ofendido con los acontecimientos, y dispuesto a esquivar todo lo que quiere tra&eacute;rselo abajo.  Que se joda el ni&ntilde;o que a mi me gusta estar aqu&iacute;.  A eso se me parecen. 

Tus pies cansados veintinueve veces y luego una mas,  tus veintinueve corazones cruzando veintinueve calles que no querias cruzar.  Tu sonrisa que se cansa convirti&eacute;ndose en un techito a dos aguas.   Tu empesinarte en ser t&uacute; por sobre todas las cosas, no solo una,  sino muchas veces.   Veintinueve tigres.   Veintinueve besos.  

Me parece que desde un rinc&oacute;n Mafalda y Miguelito te mir&aacute;n comerte un chupete mientras corres presurosa a dar clases en la universidad.   &iquest;Recuerdas esa tira?  la vida no deber&iacute;a sacarlo a uno de la ni&ntilde;ez sin antes conseguirle un buen espacio en la juventud   Dime Rithza.  &iquest;Qu&eacute; diablos les ense&ntilde;as a tus alumnos si a&uacute;n no terminas de comprenderlo todo?   &iquest;Qu&eacute; les dir&aacute;s el d&iacute;a que alguno se atreva a preguntar sobre los ex&aacute;menes que t&uacute; tambi&eacute;n reprobaste?   

Cuando era chiquito yo pensaba que hab&iacute;a algo asi como etapas.  Esas que nos ense&ntilde;aron en la escuela... ni&ntilde;ez, adolescencia, jueventud, etc&eacute;tera.  Luego me di cuenta de que nada hac&iacute;a sentido &iquest;ves?.   A mi la adolescencia me vino reci&eacute;n a los veinte cuando me cay&oacute; como un yunque el amor y para entonces ya hab&iacute;a sido adulto hac&iacute;a a&ntilde;os cuando tuve que quedarme quietecito viendo como mis pap&aacute;s se separaban.   

Ahora a ti te ponen por delante este 2 y este 9. Este 9 que se ha hecho muy amigo del 3 que se viene.  Y t&uacute; con tu carita de profesora quieres hacerte la valentona y a mi en cambio me dan mas ganas de cogerte de los brazos y darte vueltas en el aire.  Tirarte sobre algodones de az&uacute;car.   Ir a los carros chocones.   Hacerte olvidar de que alguna vez aprendiste que hay un verbo llamado amar e irnos a ver los caballeros del zoodiaco mientras tragamos todo lo que hay en la refrigeradora.   Y finalmente echarnos a dormir sabiendo que tenemos una amistad de ni&ntilde;itos.   De tamarindos y canicas.  De correr y atrapar.  De caernos al suelo y re&iacute;rnos en vez de limpiarnos.   De trepar los girasoles gigantes que inventas.    De montar los dragones que amaestro.   De, es medianoche en Rio pero a&uacute;n son las nueve en Ecuador y a&uacute;n no se termina tu cumplea&ntilde;os.  De a&uacute;n te puedo dar un bonito regalo.  De toma &aacute;brelo.  De Feliz cumplea&ntilde;os peque&ntilde;a. Te quiero mucho.
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2004-01-26</dc:date>
			<pubDate>Mon, 26 Jan 2004 23:46:45 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El color del sol]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/291/29186/</link>
			<description><![CDATA[Imagino que a todos los generales les cuesta justificar sus guerras.   Yo jam&aacute;s me subir&iacute;a a un tanque ni sembrar&iacute;a una mina; pero ayer seis ni&ntilde;as me dijeron - no - y sent&iacute; que ten&iacute;a una bandera por defender.  Fueron todo un terrible batall&oacute;n de fusilamiento y ninguna de las balas era de salva.  A la que m&aacute;s me gustaba se lo ped&iacute; dos veces y como se asust&oacute; de que a&uacute;n estuviera vivo me dio con todo lo que ten&iacute;a.  Hay dias en que se escuchan tarolas y trompetas dentro del cuerpo y ya no queda m&aacute;s que ponerse las botas.  Noches en que tu cama se volver&aacute; un &uacute;tero.  Tus s&aacute;banas placenta.  Tu almohada cord&oacute;n umbilical.   Dias de renacer. Como cuando a karate kid le pegaron los calaveras o cuando un hongo rosado creci&oacute; sobre Hiroshima matando a todos sus habitantes y sus respectivos sue&ntilde;os de arroz y tsunamis.  No s&eacute; si fueron seis o siete chicas; talvez fueron ocho, pero todas dijeron que no y algo dentro de mi dijo  basta .  Luego apagaron la m&uacute;sica y tuvimos que irnos sin medallas ni risas.  Yo queria caminar pero me perdi.  A Fernando no le hizo mucha gracia estar perdido en un pa&iacute;s que no era el suyo asi que tom&oacute; un taxi.  Me pareci&oacute; razonable. Yo segu&iacute; por donde se me hac&iacute;a mas l&oacute;gico y termin&eacute; llegando al cementerio Jo&atilde;o Baptista.   Entonces supe que aveces estar perdido es mejor que saber d&oacute;nde se est&aacute;.  Al final resulta que el cementerio quedaba cerca de casa.  Pas&eacute; por un t&uacute;nel tan iluminado y hermoso como Paris.  Volteaba a mirar atr&aacute;s mio a cada segundo por si el perro de Akira Kurosawa me estaba siguiendo.   Luego pas&eacute; por un edificio de esos enormes que tienen el nombre de la calle en letras de metal.  Le arranque la letra que me recordaba a la chica que se hab&iacute;a puesto a leer en el pub irland&eacute;s.  Era un bloquecito de metal vacio por dentro.  Lo iba mirando mientras recordaba un ladrillo, focos, letreros de publicidad de helados, tejas de las casas, un angelito de yeso, un burrito de madera de esos que ponen para que no se estacionen y otras cosas que alguna vez le rob&eacute; a las calles de Lima en noches de borrachera.  Record&eacute; tambi&eacute;n que todos nos re&iacute;amos de esas historias y record&eacute; tambi&eacute;n cuando alguien que estudiaba psicologia dijo que talvez robaba para llenar un vac&iacute;o y yo me qued&eacute; con una mueca que se desarmaba como un viejo monumento sin sentido. Volvi. Puse la letra de metal en su lugar y el edificio volvi&oacute; a llamarse Eduardo Campos.  Una magnolia no puede abrirse veinte veces al dia y una abeja que te pica morir&aacute; instantes despu&eacute;s.  Me refiero a que hay d&iacute;as en que uno tiene que volver a nacer.  Como cuando Sandro dijo que Ximena era una puta y a mi se me acab&oacute; toda la cobard&iacute;a escolar y nos agarramos a trompadas.  O como ayer, cuando... una, dos tres, cuatro, cinco, seis bocas me dijeron no y me fui a dormir pregunt&aacute;ndome si as&iacute; como yo empezaba a cambiar el sol alg&uacute;n d&iacute;a podr&iacute;a brillar con un color diferente.]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2004-03-06</dc:date>
			<pubDate>Sat, 06 Mar 2004 21:41:05 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El equipaje de los muertos]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/298/29874/</link>
			<description><![CDATA[A las v&iacute;ctimas del atentado de esta ma&ntilde;ana en Madrid


Yo quer&iacute;a empezar mandando a toda su gente a la mierda; pero eso ser&iacute;a una versi&oacute;n miniatura de lo que ustedes hicieron y esto ya no da para meterle mas p&oacute;lvora.   No recuerdo bien cuando fue que comprend&iacute; con rabia que nunca ser&iacute;a un superh&eacute;roe y que los problemas del mundo no los resolver&iacute;a saltando por los edificios colgado de telara&ntilde;as.  Sin embargo,  eso no tiene nada que ver con decorar un tren con dinamita y matar a m&aacute;s de ciento ochenta personas sembradas con sabe Dios que hermosos planes de vida.

No vengo a hacerme el listo.  Solo tengo veinticinco a&ntilde;os y a decir verdad aun soy de esos chicos que salen los viernes por la noche y al dia siguiente se pasan el d&iacute;a en cama leyendo.  Aunque &iquest;saben qu&eacute;? talvez por eso mismo es que puedo saber con la m&aacute;s absoluta certeza que ning&uacute;n libro o idea, por mas vieja o bien contada que est&eacute;,  te puede llevar a matar una persona.  Si eso sucede,  la muerte ser&aacute; tuya, el cad&aacute;ver tuyo, la culpa tuya y de nadie m&aacute;s.   No te despistes.  Somos nosotros quienes habitamos esta madeja de pa&iacute;ses,  el resto es solo escen&aacute;rio.   Asi que hazme el favor y no me muestres orgulloso tus planos ni me cites dioses mientras nosotros buscamos un espacio para cavar mas f&eacute;retros en este viejo cementerio.  No me pongas delante tu barriga con hambre ni tu cruz como bandera de guerra.  He visto muchas otras y aunque casi todas querian llorar,  la mayor&iacute;a se guardaba al bolsillo el rev&oacute;lver y las balas.

Ahora ya la tarde va cayendo.  Los peri&oacute;dicos en los que qued&oacute; impreso su rid&iacute;culo y atroz espect&aacute;culo ser&aacute;n utilizados ma&ntilde;ana por los mismos hijos de la tierra para envolver verduras, secar charcos, rellenar la vajilla para mudarse fuera de este mundo a otra galaxia.   A mi la rabia se me secar&aacute; como lava volc&aacute;nica.  Y como ni a Madrid ni a nadie le gusta vivir con miedo lo tiraremos al tacho de la basura y seguiremos el camino que hoy se angul&oacute; cinco grados m&aacute;s arriba.

Solo que antes de irnos de este lugar,  nos arrancharemos el oro de los muertos.   Como lobos hambrientos nos disputaremos todos los sue&ntilde;os que quedaron por cumplir y los sumaremos a los propios.   Los besos que quedaron por dar y los hijos que ya nunca ser&aacute;n paridos nos los llevamos para darlos y parirlos bajo nuestros cielos.  Los lugares que faltaban conocer ser&aacute;n a&ntilde;adidos a tus viajes y a los mios;  y los perdones que deb&iacute;an ser pedidos los pediremos nosotros.   Pisaremos mas fuerte para que asi la tierra no se salga de su &oacute;rbita nost&aacute;lgica del peso que se le fue hoy.  Nuestras risas se ampliar&aacute;n para cubrir las faltantes.  Cuando tengamos que gritar gritaremos dos veces y donde tengamos que sembrar un eucalipto, sembraremos tres o cuatro.  El d&iacute;a que nos rompan el coraz&oacute;n lo repararemos con los pedazos que recogimos hoy para abrirlo nuevamente.   Y finalmente tacharemos el odio de nuestro presupuesto nacional. 

Que a ellos Dios les d&eacute; la bienvenida.
Y que el humo de hoy,  nuble para siempre cuales quiera que sean las est&uacute;pidas razones que llevan a alguien a pensar que es justificable acabar con la vida de una persona.  O de 192.  
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2004-03-11</dc:date>
			<pubDate>Thu, 11 Mar 2004 21:47:34 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Exit Sonata Adolescente]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/366/36669/</link>
			<description><![CDATA[Todos tus fines de semana empiezan con un par de ojos que te gustan.  No sabes como vas a hacer para explicarle a la chica del bus que puedes contarle las mil y una noche hasta que se duerma.  Eres tan aburrido como todos.  Vas por una cerveza y de pronto ya te has tomado tres de la marca que no te gusta. Tienes que hacer algo porque es viernes y est&aacute;s en el pa&iacute;s de la fiesta; pero a ti en cambio solo se te ocurre pensar en lo que tendr&iacute;as si hubieras marcado astronauta en vez de jardinero en el test de personalidad.   Aprendiste a partirte de la risa y entonces ya nadie supo recetarte las calles correctas. - Ahora ya vamos a divertirnos - dicen.  Caminan por la avenida en grupo.  Te sientes como en manada y no te gusta que todos griten como lobos porque sabes bien que pasada la medianoche no ser&aacute;n mas que b&uacute;falos en p&aacute;nico.   Bailar&aacute;s nuevamente Tempo Perdido y las otras canciones de Renato.  Terminar&aacute;s tirado en el sill&oacute;n pensando en que diablos har&iacute;a &eacute;l los fines de semana.  Llevar a Baudelaire y a Rimbaud en el bolsillo del jean solo te hace sentir como Pecos Bill en una guerra qu&iacute;mica.   Los lanzas a un tacho de basura y sabes que ahora ya no te perdonar&aacute;n.  Ninguno de los bandos te quiere de su lado.  Ni los malos ni los peores.  Ni Dios.   Ahora solo te queda rezarte a ti mismo y esperar que tu propia fe atraiga al menos ratones.  Las velas rojas no te durar&aacute;n hasta que el tel&eacute;fono suene.  Ten&iacute;as grabado un video de unas ni&ntilde;as vestidas de abejas que bailaban sobre una colina. Y era un video muy alegre hasta que contaron que el vocalista se hab&iacute;a suicidado.  Te  han ense&ntilde;ado demasiado bien a enga&ntilde;ar la maquinita detectora de mentiras.   Sabes aguantarte la c&oacute;lera y la cojera.  Sabes palpitar setenta veces por segundo si te observan.   Sabes morirte nueve veces por noche sin hacer bulla.  

Eres tan hermoso como un gato callejero y todas las amigas de tus padres se mor&iacute;an por ti.  Las hijas y sus mu&ntilde;ecas tambi&eacute;n.  Luego alguien te mostr&oacute; el espejo equivocado y te crecieron cachos y garras que no ten&iacute;as.   No sabes como vas a hacer para decirle que sabes convertir un ombligo en un lago artificial y que no suene est&uacute;pido.  Lo que pides es un tanque de guerra inmenso para que as&iacute; todos quieran ser de tu bando.   Te hiciste amigo de las lombrices y ya no quisiste pescar.   A una chica se le peg&oacute; una servilleta al zapato y se la pisaste para quit&aacute;rsela.  Ella te sonri&oacute; pero te dijo que eras demasiado bueno para andar de su lado.  Alguien le hab&iacute;a ido con el chisme de las lombrices.   Decidiste entonces quemar todos tus dibujos bonitos pero cuando los buscaste alguien los hab&iacute;a escondido y supiste entonces que ibas a seguir siendo t&uacute; por unos siglos m&aacute;s.  

A las cuatro ya no soportas nada y puedes matar a alguien que intenta ligarse una chica mientras baila Ramones.   Pagas la cuenta y te tiras al sill&oacute;n.  Los de seguridad te miran feo y t&uacute; los mandas a parir desgracias para ver si te arman bronca y los golpes te distraen de la confusi&oacute;n.   Sales del lugar.  Son las cinco.  Vas al supermercado, te compras un porta-jabones y la cajera te mira raro.   Te echas a la cama.   No sabes como vas a hacer para explicar esta noche y todas las noches desde tus catorce.  Tu futuro bajar&aacute; del barco y querr&aacute;s poder explicarle todo pero sabes que no lo recordar&aacute;s.   Le dir&aacute;s - Tengo algo para ti - pero habr&aacute;s perdido la llave de la gaveta.   Querr&aacute;s decirle  yo sal&iacute;a los viernes y era un asco  pero habr&aacute;s olvidado los detalles y la descripci&oacute;n general ser&aacute; tan divertida que no te creer&aacute;.  Le querr&aacute;s ense&ntilde;ar las marcas pero ya se te habr&aacute;n borrado.  Apoyas la cabeza en la almohada.  Est&aacute;s casi dormido.   Ahora lo &uacute;nico que pides es que alguien est&eacute; apretando el bot&oacute;n de record.  Que alguien se acuerde de todo.  Que todos tus amigos perdidos te est&eacute;n sacando fotos preciosas en blanco y negro.  O que el mundo entero te vea como en uno de esos videos que grababas.   Pero esta vez contigo saltando del puente.  

]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2004-04-28</dc:date>
			<pubDate>Wed, 28 Apr 2004 19:57:35 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El indeseable]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/543/54388/</link>
			<description><![CDATA[
Deben ser las diez de la ma&ntilde;ana.  Calculo eso porque la intensa luz amarilla que entra por mi ventana ya perdi&oacute; el color celeste escalofr&iacute;o que la acompa&ntilde;a de seis a ocho.   A mi me fascina el amanecer pero no saben que alivio saber que ya sean como las diez.  Con suerte, al tomar el desayuno, no me topar&eacute; con mis padres que a estas horas ya deben estar camino al trabajo.  &Uacute;ltimamente ya no me soportan.  Y no es que yo sea una especie de sujeto indeseable.  La verdad es que mi &uacute;nico problema es no haber salido nunca de su casa.  En este mismo cuarto dorm&iacute;a cuando ten&iacute;a un mes de nacido.  Esta es la misma cama que meaba a los ocho a&ntilde;os, la misma ventana llena de stickers de h&eacute;roes de televisi&oacute;n que ya no admiro, la misma vista a las casas de mil vecinos que uno a uno se fueron largando de aqu&iacute;.   A mi todo esto no me parece algo tan horrible;  sin embargo, por las miradas de pap&aacute; y mam&aacute; me he dado cuenta que para ellos vengo a ser poco menos que uno de esos gusanos  verdes del choclo.  Y esto &uacute;ltimo del gusano lo digo por supuesto utilizando palabras ajenas.  Tengo mucha simpat&iacute;a por esos insectos y en realidad por cualquier tipo de bicho inofensivo.  Cuando era ni&ntilde;o y a&uacute;n me rodeaban de la admiraci&oacute;n y esperanza de la familia, enloquec&iacute;a al ver que hab&iacute;an regresado del mercado con media docena de choclos.  Los colocaba sobre la mesa y comenzaba a despellejarlos entre las protestas de mi madre que dec&iacute;a que no eran sino para el domingo.   No importaba.  Una a una iban volando por los aires pancas y cabellos rubios hacia el suelo de la cocina.  Y finalmente, ah&iacute; estaba.   Escondido entre dos hileras de dientes blancos y lechosos.   Tan verde como un loro en un concurso de canarios.   Un gusanito.   Preparaba una caja de zapatos y lo alfombraba con las pancas.   Colocaba el gusano, le tiraba doscientos mil granos de lo que hab&iacute;a sido su casa y luego lo cubr&iacute;a con la madeja de cabellos para que no se escapara tan f&aacute;cilmente.  Nunca supe si el gusano se la pasaba bien pero lo que si recuerdo es que nunca me duraron m&aacute;s de tres d&iacute;as.  Un d&iacute;a regresaba y por mas que buscaba entre los granos, pancas y pelos,  el bicho ya no estaba all&iacute;.  Tal vez tendr&iacute;a algo pendiente y se largaba.   Supongo que mis padres piensan que yo tambi&eacute;n deber&iacute;a tener algo pendiente.  Ya saben, esa inquietud tan peculiar en los chicos de mi edad que sue&ntilde;an tantas cosas.   No es que yo sea un sujeto indeseable.  Por lo menos no m&aacute;s que un gusanito.  Aveces me pongo a pensar en algo que me motive a salir de aqu&iacute;.  De ver&aacute;s que lo intento.  Sin embargo,  hasta ahora no se me ha ocurrido nada que tenga sentido o que por lo menos me guste.  La verdad por ahora lo &uacute;nico que espero es que cuando despierte sean ya las diez de la ma&ntilde;ana.  Me encanta el amanecer.  Aquel celeste tan puro y fr&iacute;o en verdad me fascina, pero no saben que alivio despertarse y sentir que ya son las diez de la ma&ntilde;ana y que mi desayuno deber estar enfri&aacute;ndose solitario en la mesa del comedor.  
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2004-08-27</dc:date>
			<pubDate>Fri, 27 Aug 2004 14:54:44 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Viernes comienza con V]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/547/54739/</link>
			<description><![CDATA[No tienen que dec&iacute;rmelo.  Yo s&eacute; que hubiese podido contarle alguna cosa interesante o hasta inventarla;  pero de veras que ah&iacute;, sentado sobre el saliente de cemento y con la m&uacute;sica alta ya no se me ocurr&iacute;a nada. Ella se hab&iacute;a puesto a cantar So lonely a mi costado y me hac&iacute;a con sus manos un micr&oacute;fono para que yo la acompa&ntilde;ara.  S&eacute; que parece inventado que hayan puesto justo esa canci&oacute;n pero no les miento.  En el Sargento ponen muchas canciones antiguas y de pronto se mandan una que te hace acordar a cuando eras como del tama&ntilde;o del Principito.   Le pregunt&eacute; su nombre y  ten&iacute;a uno de esos que ya de por si duelen sin importar el due&ntilde;o. Yo no podr&iacute;a no enamorarme de alguien que se llame Vanessa. O tal vez si. No lo s&eacute;. No lo podr&iacute;a decir a ciencia cierta pero tengo como la sensaci&oacute;n de un durazno dentro cuando lo escucho.  Tal vez tiene algo que ver con la letra v.  Hab&iacute;a un chico que la estaba esperando parado frente a nosotros.  Tenia gracia la cosa.  Ella estaba con &eacute;l pero por algo que no pregunt&eacute; no quer&iacute;a ni verle y se hab&iacute;a puesto a cantar conmigo.  El Sargento es el bar mas inspirador que conozco.  Debe ser porque parece una casa gigante.  Una especie de cuento de Hansel y Grettel de cerveza.  Y adem&aacute;s hay mil fotos de los Beatles, Morrison, Hendrix y algunas bandas nacionales que se separaron como Avisp&oacute;n Verde.  

El chico nos segu&iacute;a mirando y ya me odiaba como para partirme el cerebro con la caja registradora. Yo andaba pensando que Sting debe ser un sujeto de lo mejor. Uno no puede inventar una canci&oacute;n donde dice mil veces so lonely y luego salir por ah&iacute; atropellando perros o desalojando inquilinos.  Bueno, por lo menos eso es lo que yo creo. El chico estaba parado frente a nosotros como esperando a que abra el banco. Me pareci&oacute; bastante bizarro.  Pens&eacute; que tendr&iacute;a alguna gracia escribirle a Kubrick para que alg&uacute;n lo incluya en alguna escena.   Luego me acord&eacute; que Stanley muri&oacute; hace unos a&ntilde;os y me puse triste y luego tambi&eacute;n me acord&eacute; de Shanon Hoon que tambi&eacute;n se muri&oacute; y de pronto me acord&eacute; de todos estos t&iacute;os que se han muerto tan j&oacute;venes. Ella entrelazaba sus deditos y me hacia un micr&oacute;fono perfecto y yo le cog&iacute;a la mano y cantaba i feel lo lo lo.. low low low  i feel loou I feel loou. Ya saben como es esa canci&oacute;n.   Pero de ver&aacute;s que ya no se me ocurr&iacute;a nada.  No soy ning&uacute;n as con las chicas y adem&aacute;s casi nunca se me acercaban as&iacute; de la nada.  Luego vino Manuel que estaba en el otro ambiente con Fernando y Ricardo y me pregunt&oacute; que qui&eacute;n era ella y yo le dije que la acababa de conocer y debo haber puesto una cara de feriado tan grande que Manuel se fue cantando como si nunca hubiera venido.  Yo s&eacute; que mis amigos jam&aacute;s me robar&iacute;an a la chica pero igual no s&eacute; porque me entr&oacute; el miedo de que vinieran a rob&aacute;rmela todos juntos.  No tiene nada que ver cono nada pero es as&iacute; la cosa.  Eso lo dijo Charly. 

Antes de ir al Sargento hab&iacute;amos tenido que pasar por la comisaria para sacar a un t&iacute;o que hab&iacute;a bebido mil millones de cervezas y luego se hab&iacute;a tra&iacute;do las de Judas con un polic&iacute;a. Cuento esto porque creo que todo se junta en un mismo saco.  Eso lo explicaron en Magnolia cuando llovieron los sapos y no se me ha olvidado nunca.  Si me dices que hoy a Mar&iacute;a se le volaron los papeles en el medio de la Plaza Mayor de Madrid porque el abril pasado estuve respirando demasiado tiempo en su direcci&oacute;n te lo creer&eacute;.  No es que sea un tarado pero pienso que tiene que ver en algo.  El taxista corr&iacute;a como si hubiese acabado de matar a Dios y entonces Ricardo le dijo que ser&iacute;a muy ch&eacute;vere si lleg&aacute;bamos vivos. El t&iacute;o se puso a correr m&aacute;s.  La gente no escucha.  Lo &uacute;nico que quieren todos es poner su firma en tu camisa. Hasta tiene un poco de l&oacute;gica. Cuando uno se va a morir se da cuenta que la mitad de las chicas son mas monas que un espacio vac&iacute;o.  Ricardo se hab&iacute;a enamorado de una ni&ntilde;a que estaba en la parte de las mesas y que hab&iacute;a dicho algo como que respirar no era tan importante como perder el aliento.  Fernando se hab&iacute;a encontrado con un viejo amigo al que le dec&iacute;amos mala suerte.  No por nada sino porque realmente ten&iacute;a muy mala suerte el pobre. 

En verdad creo que tengo algo con las palabras con v si luego les sigue una n.  Veneno, Venus, Viviana. Despu&eacute;s que le pregunt&eacute; el nombre y todo, ella pregunt&oacute; por el m&iacute;o.  Tuve que repet&iacute;rselo dos veces. Nunca lo entienden a la primera. Es por eso que aveces se me da por decir que me llamo Pablo o algo as&iacute; un poco mas normal. Nada que tenga que repetir o deletrear. Adem&aacute;s me llamo como todos lo piratas de las caricaturas y como la termita que se com&iacute;a los muebles de Porky.   Ver&aacute;n, eso no es muy buen curriculum para un nombre.  Si yo fuera chica jam&aacute;s me acercar&iacute;a a alguien con mi nombre.  En serio, me dar&iacute;a como miedo.  Ella parec&iacute;a estar contenta con el suyo.   

Cuando se acab&oacute; la canci&oacute;n nos quedamos sentados (el mengano segu&iacute;a all&iacute; parado, mir&aacute;ndonos).  Ya sab&iacute;amos que no se nos iba a ocurrir nada pero igual creo que nos daba pena o verg&uuml;enza irnos.  En verdad que siempre andaba pensando en que andarse sin t&aacute;cticas era como que lo mejor pero luego me acordaba que hay muchos mas argumentando lo contrario y tienen pruebas contundentes.  Hasta tienen sus facultadas de Marketing y todo.  Ella se empez&oacute; a mirar con el t&iacute;o y como que se empezaron a reconciliar o algo as&iacute;. No me pregunten. A lo mejor era su hermano y yo alucino.  Cuando por fin se me ocurri&oacute; algo la chica so lonely se par&oacute; y se fue.  No es que me hubiese hecho ilusi&oacute;n pero fue una cosa muy radical.  Luego se me anduvo escondiendo. Era extra&ntilde;o. Tal vez fue por el nombre. &iquest;ven?  Cosas de Volc&aacute;n, Viento, Vendaval.   El Sargento tiene muchos espacios y hasta hay algunos donde no hay gente y puedes sentarte solito y quedarte mirando un p&oacute;ster de Lennon por horas.  Al volver a la zona de las mesas Ricardo estaba intentando ser el manager de una banda con nombre de los sesentas y Fernando estaba parado al lado del ba&ntilde;o de mujeres que ten&iacute;a una fila muy graciosa.  Tal vez no lo era tanto, pero cuando te tomas tres cervezas muchas cosas est&uacute;pidas y hasta tristes se ponen tan graciosas que es imposible no re&iacute;rse.

Le dije a Manuel  vamos a pelear  No es que yo sea muy pele&oacute;n. De hecho cualquiera de ustedes me podr&iacute;a tumbar de un golpe pero ten&iacute;a ganas de jugar a la lucha libre.  Manuel se hab&iacute;a pensado que era broma porque se lo vine diciendo toda la noche.  Nos ca&iacute;mos al suelo.  Algunos voltearon a mirar y hubo un poco de esc&aacute;ndalo.   Tal vez so lonely tambi&eacute;n lo vio. La verdad ya no me importaba mucho.  Aunque si.  Acordamos que ya era hora de irnos.  Viernes es una palabra peligrosa.  Virginia, Vino, Vacuna,  Palabras peligrosas.  Todos los fines de semana dec&iacute;amos que beber&iacute;amos hasta el amanecer pero era una promesa de la cual casi nunca nos acord&aacute;bamos.  Salimos todos juntos.  Cuando estuvimos afuera me separ&eacute; del grupo y comenc&eacute; a caminar en direcci&oacute;n opuesta a ellos. No recuerdo exactamente porque lo hice. De pronto era como verlos relucientes en armaduras de metal azul y yo me sent&iacute;a un poco mas como el Quijote. A todo el mundo le gusta el Quijote y hasta se compran estatuillas de bronce y las ponen sobre el escritorio, orgullosos.  Yo pienso que serlo no debe haber sido muy divertido.  Por lo menos no todo el tiempo. Siento que la &uacute;nica pregunta de mi examen es sobre la parte del libro que no le&iacute;. Pegarle a un molino de viento con una espada vieja puede parecerte una bonita escena pero te puedo asegurar que no lo es.  Puedo contarte mil historias como esta y hac&eacute;rtelas tan divertidas que te querr&aacute;s venir conmigo todos los viernes; y sin embargo creo que deber&iacute;as saber que no todos las abejas pican y no todos los corazones aprendieron del mercurio la rara pero indispensable habilidad de hacerse mierda y volverse a armar.  

                               * * *


A Fer, Ricardo y Manuel... por estos dias.
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2004-08-30</dc:date>
			<pubDate>Mon, 30 Aug 2004 16:30:52 UTC</pubDate>
		</item>
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			<title><![CDATA[C&oacute;mo ganar un mill&oacute;n de d&oacute;lares]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/765/76584/</link>
			<description><![CDATA[Miren, es cierto que yo ni le conoc&iacute;a al sujeto, pero no por eso dejaba de sentir una horrible tristeza al imaginarlo en casa acomodando con vehemencia filas y filas de sanguchitos y empanaditas para su bonita reuni&oacute;n de cumplea&ntilde;os;  y ver a esa vieja, a esa infame mujer,  compr&aacute;ndole el libro m&aacute;s horrible de todo nuestro stock.   Si uno lo pensaba por mucho tiempo era verdaderamente para ir a tirarse del morro m&aacute;s cercano.  Es una burrada que a uno le puedan  joder la fiesta as&iacute; tan impunemente.  Planearte una broma vaya y pase, pero arruinarte el cumplea&ntilde;os precisamente con el regalo es una salvajada tan grande como llevar de invitado un caim&aacute;n negro y pretender sentarlo a la mesa con todos solo porque le has puesto un smokin.

Tendr&iacute;a que haberse tratado de alguien verdaderamente despreciable para merecer aquello justo el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os. Uno de esos sujetos que van al cine a ver Corre Lola Corre y cuando salen piensan que los han estafado porque la pel&iacute;cula dura solo una hora.  Les da lo mismo si la trama estuvo buena o no.  Igual van a despotricar contra el boletero, el gerente y la madre que los pari&oacute; exigiendo su otra hora de diversi&oacute;n.  Me refiero a uno de esos cabrones de antolog&iacute;a con los que uno anda cruz&aacute;ndose todo el tiempo.  Ten&iacute;a que ser, porque de otra forma no era justo que se le estuviera arrimando uno de esos libros a la cabecera de la cama.  Y ni se diga que no tenemos variedad ac&aacute; en la librer&iacute;a.  Hasta una de esas ediciones de quinientos crucigramas hubiese estado mejor.  As&iacute; por lo menos uno se puede entretener cuando est&aacute; solito en casa.   Pero &iexcl;aquello! &iexcl;Aqu&eacute;l libro!  Vaya.  Pobre hombre.

Como si fuera poca cosa, la mujer que estaba escogi&eacute;ndole el regalo era tan grande como una pila de colchones y se desplazaba entre los estantes como un maldito tsunami.  Nos pon&iacute;a nerviosos.  Les cuento todo para que vean la dimensi&oacute;n del asunto.  El pobre Pedro ten&iacute;a que pararse a cada momento de su banquito a recoger los libros que ella iba empujando con el traste.  Lo que yo digo es que hay gordas con gracia como las muchachas de Botero y hay otras como esta que van derribando el mundo al pasar.   No se puede culpar a las calor&iacute;as.  Aunque sea dif&iacute;cil de imaginar una chica de doscientos kilos puede ser de lo m&aacute;s graciosa.  Yo por ejemplo invitar&iacute;a a bailar a la Monalisa de Botero antes que a la de De Vinci. 

La mujer llevaba una media hora hoje&aacute;ndolo todo y Pedro ya hab&iacute;a recogido la librer&iacute;a entera del suelo.  Eran las nueve de la noche.   Lo recuerdo porque a esa hora acaba mi turno en la librer&iacute;a.  No s&eacute; por qu&eacute; no me fui en vez de quedarme a hacer las de Sarita Colonia.  Como que tengo genes de samaritano.  O de idiota,  pero el hecho es que nunca he podido evitar meter las narices en las felicidades ajenas.  All&aacute; lo que piensen ustedes.  Yo siempre seguir&eacute; creyendo que los caracoles agradecen infinitamente que se les ayude a cruzar la vereda de divide un jard&iacute;n de otro.   Mi abuela gritaba  &iexcl;Ah muchacho! &iexcl;D&eacute;jalos que crucen solos! &iexcl;Es su gusto andar as&iacute;!  Pero yo ya hab&iacute;a sacado mis c&aacute;lculos y con su velocidad y la cantidad de gente entrando y saliendo de mi casa las probabilidades que ten&iacute;a el caracol de llegar entero al otro lado eran de una en nohayforma.   Me resultaba imposible evitar cogerlo del caparaz&oacute;n y ponerlo del otro lado.  Luego me quedaba pensando en que talvez mi abuela ten&iacute;a raz&oacute;n.   
 
&iquest;Qu&eacute; rayos me importaban a mi aqu&eacute;l sujeto, su amiga y el bendito regalo?   Estaba ya con la mochila a punto de salir.  Iba al cine con Lorena.  No s&eacute; si es importante contar esto pero la cosa es que yo estaba rechinando de alegr&iacute;a porque Lorena me gustaba mucho y llevaba cosa de diez a&ntilde;os invit&aacute;ndola a salir.  No saben lo feliz que estaba enrumb&aacute;ndome a mi encuentro en el preciso instante en que la vieja se acerc&oacute; a Pedro y dijo - Necesito escoger un libro para un amigo -.  Par&eacute; la oreja.   Siempre me da curiosidad ver lo que la gente compra.  Si una chica que me gusta entra a la librer&iacute;a yo ando sigui&eacute;ndole todo el rato con la mirada para ver qu&eacute; es lo que escoge.  Soy un mani&aacute;tico insoportable.  Si viniese la misma Madonna y se pusiese a hojear un libro de dietas juro que le empezar&iacute;a a tirar clips o algo por el estilo.  Me conozco bien.  Ten&iacute;a que haberme largado.  Ten&iacute;a qu&eacute;.   Pero me qued&eacute; a hacer mala sangre. - &iquest;Qu&eacute; les parece este?  pregunt&oacute; la se&ntilde;ora mientras nos chantaba un libro en las narices con tal convicci&oacute;n que parec&iacute;a Mois&eacute;s bajando del Sina&iacute; con las tablas sagradas.  

Aqu&eacute;l libro hab&iacute;a llegado apenas esa semana.  Trajeron doscientas copias porque, seg&uacute;n dijo el proveedor, era un libro maravilloso.  Daba rabia no mas ver como lo dec&iacute;a.  Maravilloso.  Se notaba que era porque les hab&iacute;a dado una burrada de plata.  Los trajeron hasta con un estantito propio.  Un mueblecito de madera con bordes dorados (una cosa muy repugnante como todas las cosas que tienen bordes dorados).   Por cierto que cierta vez me regalaron un reloj de pared con una l&iacute;nea de aluminio amarilla alrededor y como en casa se necesitaba el reloj no hubo m&aacute;s remedio que colgarlo, no sin antes despojarlo a punta de alicatazos de su franja dorada.   Ya se imaginar&aacute;n como se puso la persona que lo hab&iacute;a regalado cuando vio el aparato sin el lujoso bordecillo.  Despu&eacute;s de una diplom&aacute;tica discusi&oacute;n acerca de las cosas doradas se trep&oacute; a una silla y sali&oacute; indignad&iacute;simo de casa llev&aacute;ndose bajo el brazo nuestro reloj.  Nos sentimos apenados porque ya nos hab&iacute;amos acostumbrado a ver la hora.  Por eso digo que a veces la gente no entiende que a uno no le gustan las cosas doradas.

Bueno, pero les estaba hablando del estante del libro.  El borde dorado no era lo m&aacute;s detestable del mueble.  En lo que vendr&iacute;a a ser el respaldar (que miraba directamente hacia el mostrador, atendido por m&iacute; o por Pedro seg&uacute;n el turno) estaba impresa la horrorosa cara del autor.  El tipo ten&iacute;a tanto color sobre la cara que hubiera ganado el primer premio en un concurso de vitrales.  Desde el d&iacute;a en que instalaron el dichoso estantito con las doscientas copias encima anduve de malas.   Cuando un cliente se le acercaba yo ya le empezaba a tratar mal.  Ver&aacute;n, nuestra librer&iacute;a tiene aquellos focos con regulador de intensidad. Cuando alguien abr&iacute;a el libro yo le bajaba la luz y les dec&iacute;a que eran fallas causadas por el cine que estaban construyendo en el segundo piso.  No hab&iacute;a tal construcci&oacute;n pero la gente anda crey&eacute;ndose todo lo que uno le suelta as&iacute; que a veces vale la pena probar.   Int&eacute;ntenlo.  

- Es un buen libro, se&ntilde;ora  dijo Pedro.  A lo que ella respondi&oacute; con la orgullosa nariz erguida casi hasta tocarse los omoplatos  Si, ya lo s&eacute;.  Me lo han recomendado much&iacute;simo.  Y luego agreg&oacute;   La verdad,  s&oacute;lo tengo un poco de duda porque necesito un libro para hombre y no s&eacute; si este sea apropiado para un hombre como de treinta y pocos a&ntilde;os &iquest;Usted que piensa? .  Dej&eacute; caer mi mochila y supe que el cine y Lorena iban a tener que esperar.    Por favor alguien podr&iacute;a explicarme &iquest;c&oacute;mo rayos es un libro para un hombre como de treinta y pocos a&ntilde;os?  Juro que casi le atizo con la enciclopedia brit&aacute;nica en el parietal.   La secci&oacute;n de libros para hombres de treinta a cuarenta a&ntilde;os esta all&iacute; se&ntilde;ora, entre la de abuelos ortodoxos y la de ni&ntilde;os talla seis .  &iexcl;La vieja se las tra&iacute;a todas!  Decid&iacute; quedarme.  Ten&iacute;a que haber forma de impedir tama&ntilde;a barbaridad.  Talvez piensen que exager&eacute; pero la verdad es que a mi gusto el asunto era grav&iacute;simo.  Adem&aacute;s me lo tom&eacute; a lo personal porque record&eacute; a esos amigos de mis padres (&iexcl;c&oacute;mo los odiaba!) que ven&iacute;an a mi fiesta de ocho a&ntilde;os y me tra&iacute;an una camisita porque yaerestodounhombrecito.  &iquest;Pero qu&eacute; carajo les pasaba?  &iexcl;Una camisa a un ni&ntilde;o de ocho a&ntilde;os!  Eso solo puede venir un salvaje.  Y lo peor es que son los mismos que cuando cumples diecis&eacute;is vienen y te regalan un cond&oacute;n.  Los mismos que dan electrodom&eacute;sticos en el d&iacute;a de la madre.  Cabrones de concurso,  de puro pedigree.  Ni me pongan uno delante.

Me fui a recorrer todos los estantes y en dos segundos estuve nuevamente parado frente a Pedro y a la se&ntilde;ora con un mont&oacute;n de libros entre los brazos.  Estaba dispuesto a morir fusilado con tal que la vieja escogiera otro.  Como les dije, soy un tipo insoportable  &iquest;Qu&eacute; tal este?  pregunt&eacute; mostr&aacute;ndole una antolog&iacute;a de cuentos de Ribeyro.   La se&ntilde;ora puso cara de haber comido muchos mariscos.   No conoc&iacute;a el libro y al parecer la cara de Julio Ram&oacute;n no le parec&iacute;a como para regalo.   Ver&aacute;  dijo  Mire nom&aacute;s esa portada, &iquest;c&oacute;mo voy a llevar eso a una fiesta? .  Tuve que contenerme para no pedir una intravenosa de cianuro all&iacute; mismo.  Creo que mi siguiente intento fue con La N&aacute;usea.  No crean que fue a prop&oacute;sito.  En serio me hab&iacute;a gustado aquel libro  Usted me est&aacute; tomando el pelo  dijo la vieja mir&aacute;ndome ofendida hasta la &uacute;ltima v&eacute;rtebra  &iquest;Pero c&oacute;mo se supone que yo regale un libro con ese nombre?  &iquest;Est&aacute; usted loco? .  Pedro aguantaba la risa.  Yo estaba al borde del climaterio.   

Segu&iacute; intentando disuadirla con tanto libro se me pon&iacute;a por delante.  Recorriendo estantes fui de poes&iacute;as a ensayos,  de Macondo a Babilonia, de heraldos a cronopios pero nada parec&iacute;a remediar aquella horrible mueca de ni&ntilde;a terca.  Cuanto m&aacute;s libro yo le mostraba m&aacute;s apretaba entre sus infranqueables dedos aqu&eacute;l asqueroso ejemplar.    Cuando estuve a punto de mostrarle unos recetarios de cocina tailandesa (se me estaban agotando las posibilidades) Pedro puso su mano sobre mi hombro.  Olv&iacute;dalo  me dijo, casi solidariz&aacute;ndose con mi indignaci&oacute;n  la se&ntilde;ora se va a llevar aqu&eacute;l. 
Hay veces que a la gente no se le puede hacer entender lo repugnantes que pueden ser las cosas con bordecitos dorados,   Se va a llevar el libro  dijo Pedro y no hubo m&aacute;s nada que hacer.  La vieja hab&iacute;a entrado nada m&aacute;s que a derrumbarnos la librer&iacute;a entera con el rabo.  Ven&iacute;a por aqu&eacute;l libro y no iba  a salir con otro que no fuera ese.    Yo estaba hecho una betarraga de puro odio.   Para colmo eran ya como las nueve treinta y Lorena con seguridad se habr&iacute;a vuelto a casa y tardar&iacute;a diez a&ntilde;os m&aacute;s en darme otra cita.   Talvez veinte.    A un hombre le iban a joder la fiesta esa noche y habr&iacute;an mil ni&ntilde;os recibiendo camisas en su cumplea&ntilde;os de ocho a&ntilde;os,  dos mil madres estrenando licuadoras,  un mill&oacute;n de abuelas amontonando mantitas e infinitas f&aacute;bricas empaquetando m&aacute;s camisas, licuadoras y mantitas.   

- Para regalo, por favor  dijo la vieja mientras me extend&iacute;a el libro y se&ntilde;alaba con el me&ntilde;ique un papel de regalo rojo adornado con bastoncitos dorados (sin duda, el m&aacute;s horrible de todos los que ten&iacute;amos).   Yo creo que no fue casualidad que tuviera un alicate a la mano justo cuando se me puso delante el dichoso reloj del que les habl&eacute; antes.  No podr&iacute;a haber sido casualidad.    Para regalo  dijo la vieja y solt&oacute; el libro entre mis manos antes de irse a derrumbar mas cosas.  No pudo haber sido casualidad tambi&eacute;n esta vez.  No pudo serlo porque la vieja ya no me estaba mirando y s&oacute;lo qued&aacute;bamos el libro y yo.  Pedro estaba atendiendo a otro cliente muy lejos del mostrador.  S&oacute;lo el libro, yo y tantos otros libros.  Cientos de libros,  tan parecidos en grosor,  peso y tama&ntilde;o.   Yo y un trozo de papel regalo.   

Lo tuve listo en dos segundos.  Se lo puse entre las manos y apenas la vieja tuvo el paquetito sali&oacute; como si se le fuese a enfriar.   Me dio esa impresi&oacute;n.   Ni siquiera lo mir&oacute;.   Afuera la esperaba un mercedes amarillo.  El chofer le sonri&oacute; como si no hubiese demorado m&aacute;s que un minuto.  Cerr&oacute; la puerta tras ella y al instante el  carro se perd&iacute;a en una calle cualquiera.   Levant&eacute; mi mochila del suelo, me desped&iacute; de Pedro y sal&iacute; disparado a ver si Lorena a&uacute;n me esperaba en el cine.

No estaba.  Hay gente a la que no le gustan las cosas doradas y hay otros a los que no les gusta esperar.  Es comprensible.  Entr&eacute; a ver la pel&iacute;cula.  Hab&iacute;a que celebrar la haza&ntilde;a.  Por cierto que era una pel&iacute;cula muy tonta en que una especie de marsupial gigante invade la ciudad.   No puedo negar sin embargo que estaba divertida.  Ya ni me acordaba de la vieja derribamundos.   Era una pel&iacute;cula tonta pero al menos uno pod&iacute;a divertirse, como con los libros de crucigramas.   El bicho no parec&iacute;a tener la culpa de nada pero estaba m&aacute;s hambriento que una termita y como era enorme lo destru&iacute;a todo.  Me ca&iacute;a bien el monstruo.  Ten&iacute;a aspecto simp&aacute;tico.  A los diez minutos de comenzada la pel&iacute;cula ya hab&iacute;a armado un relajo alucinante en la ciudad.   Luego un grupo de jets hab&iacute;an logrado matarlo con una especie de lanzallamas gigante.  El pobre animal hab&iacute;a quedado patas arriba en medio de la calle echando humo de su pelaje chamuscado.   La gente estaba celebrando como loca de la alegr&iacute;a alrededor.   Lo gracioso fue que aquel bicho ten&iacute;a mam&aacute;.  En todas estas pel&iacute;culas siempre el bicho tiene una mam&aacute;.  &iquest;No se han dado cuenta?  La se&ntilde;ora madre, que por cierto estaba bastante m&aacute;s grandecita que el hijo, se apareci&oacute; con cara de querer comerse a toda la gente.   Estaba tan entretenido que ni siquiera me di cuenta que mi tel&eacute;fono estaba sonando.  La bestia hac&iacute;a much&iacute;simo ruido y la gente que hab&iacute;a estado celebrando alrededor de la cr&iacute;a muerta ahora corr&iacute;a despavorida.  Era una pel&iacute;cula divertid&iacute;sima y apenas estaba por la mitad.   El tel&eacute;fono volvi&oacute; a sonar.   Fue desagradable tener que dejar la pel&iacute;cula justo en ese momento porque la mam&aacute; ya empezaba a devorar lo que se pon&iacute;a delante.  Los tel&eacute;fonos celulares son probablemente la peor invenci&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.   De una bomba at&oacute;mica hasta tienes posibilidad de escapar pero si cargas un tel&eacute;fono celular a mano no hay infeliz que no te pueda ubicar a mitad de una buena pel&iacute;cula y decirte que vayas inmediatamente a la librer&iacute;a.  

No crean que no sospechaba de que se trataba.  &iquest;Conocen las leyes de Murphy?  Si una tostada con mermelada se cae, pueden estar seguros que va a caer del lado de la mermelada.   No hab&iacute;a pierde.  Ya me imaginaba a la vieja entrando a la librer&iacute;a hecha un castillo de fuegos artificiales  y llevando el regalo cambiado entre las manos.  Despotricar&iacute;a primero contra el buen Pedro hasta que al pobre se le cayeran las orejas;  luego vendr&iacute;a el gerente, y la vieja estar&iacute;a agitando el libro entre las manos y gritando que era una desfachatez,  qu&eacute; clase de librer&iacute;a era esa,  seguro que ha sido el otro jovencito, el loco, &eacute;l ha sido, &iexcl;que desfachatez!, y entonces mi abuela habr&iacute;a tenido raz&oacute;n y me llamar&iacute;an justo en el momento en que la mam&aacute; marsupial est&aacute; a punto de comerse la ciudad entera y a mi no me quedar&iacute;a nada m&aacute;s que si se&ntilde;or, claro, voy para all&aacute;,  y salir del cine, disculpen, con permiso y comenzar a correr hacia la librer&iacute;a. 

Presten atenci&oacute;n a esto.  Para probar su ley, Murphy pens&oacute; que como todos los gatos caen siempre de pie ser&iacute;a buena idea atar la tostada con mermelada al lomo de un gato (la mermelada mirando hacia arriba) y lanzarlos al aire.  A ver cu&aacute;l ley prevalec&iacute;a.  Lo que sucedi&oacute; fue que el gato se las ingeni&oacute; para comerse la tostada en el camino,  caer sobre sus cuatro patas y salir huyendo ante la mirada at&oacute;nita de Murphy.  Con esto pudo formular otras dos de sus leyes.  Primera: Si algo tiene la m&aacute;s m&iacute;nima posibilidad de salir mal,  va a salir mal.  Segunda: No importa cuan mal creas que va a salir algo, siempre va a salir peor de lo que cre&iacute;as.   A lo que me refiero es a que cuando llegu&eacute; a la librer&iacute;a no s&oacute;lo estaba la vieja injuriando contra Pedro y mi jefe sino tambi&eacute;n el se&ntilde;or destinatario del regalo, que al parecer estaba tan furioso como la vieja.   Los rodeaban, adem&aacute;s,  algunos invitados de la fiesta bien trajeados; y por supuesto,  unos pocos notengonadamasquehacer que junto a los dem&aacute;s ya empezaban a reclamar mi presencia entre gritos y antorchas.  Qu&eacute; se habr&aacute; cre&iacute;do -. 

 &iexcl;Ese es el jovencito!  grit&oacute; la vieja apunt&aacute;ndome con su horrible dedo de veinticuatro kilates a la par que toda su corte volteaba a mirarme.   Es &eacute;l quien cambi&oacute; tu regalo  dijo  dirigi&eacute;ndose a quien intu&iacute; era el cumplimentado.  Un sujeto de apariencia joven vestido como si fuese el gerente general de la v&iacute;a l&aacute;ctea.   Ac&eacute;rcate  dijo mi jefe amablemente mientras me hac&iacute;a avanzar hacia &eacute;l abri&eacute;ndome paso entre algunos invitados que me miraban con rabia.  &iquest;Por qu&eacute; rayos no le hago caso a mi abuela? &iquest;Por qu&eacute; ayudar a los caracoles a cruzar la vereda? Ten&iacute;a que haberme largado cuando eran las nueve. Ten&iacute;a que haberme largado cuando Lorena a&uacute;n estaba esper&aacute;ndome en el cine moviendo el piececito impacientemente.  &iquest;Por qu&eacute; rayos tengo que tirarle clips a Madonna si se pone a hojear un libro de dietas?    Esta se&ntilde;ora dice que  escogi&oacute; un libro y que t&uacute; le envolviste otro .  Lo peor es que uno lo hace por los ni&ntilde;os que reciben camisitas en su cumplea&ntilde;os y por el buen hombre arreglando filas y filas de sanguchitos y empanadas y luego resulta que jam&aacute;s hubo filas de sanguchitos ni de empanadas porque el  sujeto es efectivamente uno de esos cabrones de antolog&iacute;a que regalan licuadoras el d&iacute;a de la madre y que ahora te interrumpe y grita  &iexcl;Mire esto se&ntilde;or!  extendiendo ante las narices de mi jefe un libro azul con el dibujo de un peque&ntilde;o pr&iacute;ncipe en la portada  &iexcl;Lo cambi&oacute; por un libro para ni&ntilde;os! .  Entonces todos te odian exponencialmente mientras tu miras la mano de la vieja sujetando el libro que ella quer&iacute;a, el libro del estante de borde dorado y  todos los dem&aacute;s tambi&eacute;n llevan uno en la mano:  los invitados,  Pedro,  tu jefe,  Lorena, Murphy  y hasta tu abuela dici&eacute;ndote que dejes a los caracoles en paz.  Lo est&aacute;s mirando y  se multiplican en tu cabeza libros que ense&ntilde;an cosas; c&oacute;mo arreglar un volkswagen,  c&oacute;mo tocar la flauta,  c&oacute;mo tejer chompas, c&oacute;mo disecar un insecto;  y te preguntas - aqu&iacute; comienza el horror - c&oacute;mo es que en los mismos estantitos aparecieron luego manuales minuciosos del c&oacute;mo ser feliz, de c&oacute;mo criar a tus hijos,  manuales exact&iacute;simos de c&oacute;mo rezar,  de como escribir un cuento, de c&oacute;mo limpiarte el culo, de c&oacute;mo ser exacta y archijodidamente feliz.  Debe haber sido una equivocaci&oacute;n  dice alguien que intenta defenderte pero t&uacute; est&aacute;s pensando en hombres escribiendo rutas invariables para vidas perfectas y te preguntas quienes son estos hombres y porqu&eacute; tienen m&aacute;s autoridad que bob esponja o la pantera rosa para dar seminarios de felicidad, &iquest;qui&eacute;n es &eacute;ste tipo con cara de vitral?  &iexcl;Ninguna equivocaci&oacute;n! - grita la mujer. &iquest;Y si fueran personas malas? Personas malas muy malas o tan s&oacute;lo personas equivocadas. Terriblemente equivocadas y solas.  Una simple confusi&oacute;n se&ntilde;ora - dice Pedro  Personas que creen que la felicidad es una casa gigante y el tenedor a la izquierda del plato. - Yo dej&eacute; el libro junto con otros  agrega Pedro - es muy probable que &eacute;l los haya confundido sin querer - Personas que hablan de c&oacute;mo conseguir un mill&oacute;n de d&oacute;lares, de c&oacute;mo conseguir un mill&oacute;n de amigos, pero sobre todo de c&oacute;mo conseguir un mill&oacute;n de d&oacute;lares y ser as&iacute; archijodidamente felices. - S&iacute; se&ntilde;ora, un simple error  dice mi jefe tan amablemente que la vieja ya se empieza a calmar y hasta a sonre&iacute;r avergonzada.   Sin duda una confusi&oacute;n  aceptan todos que ya empiezan a perdonarme y a re&iacute;rse y a llevarse el libro cortes&iacute;a de la librer&iacute;a por la molestia, no faltaba m&aacute;s, hasta que dos minutos despu&eacute;s todos est&aacute;n sonriendo, perdon&aacute;ndome mil veces y  palme&aacute;ndome la espalda como a un ni&ntilde;o que yaescasitodounhombrecito; pero entonces ya es demasiado tarde, terriblemente tarde porque yo sigo pensando en el libro y en que al abrirlo aparecer&aacute; un mapa de la alegr&iacute;a ilustrado con cornucopias,  con llaveros de cadenitas doradas,  con prendedores para corbatas,  con relojes pesados,  coronas de reyes,  altares de iglesias tan brillantes como papeles de cigarrillos,  reyes midas,  aros de hasta que la muerte nos separe,  manecillas de relojes;  y es demasiado, demasiado para no olvidarse del perd&oacute;n general y ponerse a gritar desesperado que no es una equivocaci&oacute;n,  que no es ninguna equivocaci&oacute;n,  y continuar gritando ante el espanto de todos - que lo cambiaste a prop&oacute;sito -, que lo cambiaste porque la felicidad podr&aacute; ser celeste o hasta violeta pero nunca dorada,  que se puede ense&ntilde;ar a arreglar un volkswagen pero no a conducirlo hasta el s&eacute;ptimo cielo,  y sobretodo que el principito no es un libro para ni&ntilde;os ni el amor una separata de &aacute;lgebra,  que lo cambiaste y lo cambiar&iacute;as mil veces m&aacute;s porque no quieres ver el cuerpo de caracoles chancados ni tampoco ver que le regalen una mantita a tu abuela  y seguir gritando y gritando hasta ponerte rojos los ojos, abrirte camino entre la gente y salir a la calle a&uacute;n gritando y pensando en todos los ni&ntilde;os que en ese preciso momento est&aacute;n despedazando el papel de regalo de una caja que no contiene nada m&aacute;s que una camisita.  Una triste camisita.  
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			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2004-12-29</dc:date>
			<pubDate>Wed, 29 Dec 2004 20:47:48 UTC</pubDate>
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			<title><![CDATA[Munch]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/778/77848/</link>
			<description><![CDATA[Ni siquiera s&eacute; por qu&eacute; rayos llevo la guitarra, pap&aacute;.  Cuando estamos sentados en el jard&iacute;n y por fin me dan ganas de ponerme a tocar estoy con tanta, tant&iacute;sima cerveza encima y esa estupidez pseudo zombi que nos coge en invierno que ya de lo &uacute;nico que me acuerdo es de esas infames canciones que se aprenden en el colegio.  Baladitas y dem&aacute;s pacharacadas de fogata.  Prefiero no tocar nada. Francamente, no puedo salir por ah&iacute; cantando m&uacute;sica de karaoke como si la vida se tratara de ir haciendo feliz a la gente.  Todos me quedan mirando y me dicen, ya pues Pablo, toca algo y yo me quedo como en una nube, acord&aacute;ndome s&oacute;lo de una canci&oacute;n que he tocado mil veces y que para colmo - ahora que lo medito - tiene una letra estupid&iacute;sima.  Y en ese momento, viejo, es como una revelaci&oacute;n, una sensaci&oacute;n de que todo est&aacute; fuera de su lugar.  Como en ese programa de la dimensi&oacute;n desconocida. Y  ya a lo &uacute;nico que atino es a no moverme, no hablar, no tocar nada.  Debe ser entonces que ya nadie comprende lo que hago. Y no es lo &uacute;nico.  Ojal&aacute; lo de la guitarra fuera lo &uacute;nico.   Toda la noche parece un chiste cruel, un laberinto, un boceto del infierno.   Claro, luego es f&aacute;cil mirarme como si fuera un subnormal, pero la verdad es que primero aparece Andrea y luego lo del pollo,  las bandejas de sanguchitos, Iv&aacute;n tocando con mi guitarra una canci&oacute;n est&uacute;pida y la verdad es que no es tan simple pap&aacute;.   No creo que nadie entienda que al final una avalancha no es m&aacute;s que un copo de nieve llamando a sus amigos, ni siquiera t&uacute; viejo, son esas cosas que uno no puede explicar,  pero ya que insistes, al final lo mismo da si te lo cuento o no,   que noche de mierda,  no s&eacute; si valdr&aacute; la pena, igual tenemos que esperar a que salgan los dem&aacute;s de emergencias.   Vamos por el comienzo.

Andrea se ba&ntilde;a.  Andrea se pone su chompa celeste. Andrea entra y le da un beso a la mam&aacute; de Mart&iacute;n - Muack  Querido, esta ni&ntilde;a est&aacute; cada vez m&aacute;s bonita  por aqu&iacute; mu&ntilde;eca, te acompa&ntilde;o hasta el jard&iacute;n, ah&iacute; est&aacute;n los chicos.  Andrea entra y  Chic - Muack  Munch.  Distribuye besos.  A m&iacute; nunca me toca el munch, viejo.  Es decir, ahora.  Al principio me tocaba &iquest;sabes?  Eso es lo terrible.  Nos hicimos muy amigos y un d&iacute;a as&iacute; sin previo aviso ya solo me toc&oacute; el chic.  El chic est&aacute; bien si eres un koala o un beb&eacute; rosado y pel&oacute;n.  Pero si andas de plena entrada en esto de tener veinte lo &uacute;ltimo que quieres es el chic.  No te r&iacute;as hombre.  Es tan denigrante como esos besos de manual que pasan casi esquiv&aacute;ndote el cachete.  Super polite. Que no me vengan con vainas.  Preferir&iacute;a que me diera la mano.  Ser&iacute;a mas sano.  Algo pas&oacute; viejo.  Algo debe haber pasado porque dej&oacute; de tocarme lo que me correspond&iacute;a.  Ni el munch ni nada.  &iquest;Hay derecho?  Por cierto que se robaron aquel cuadro de Munch.  No s&eacute; si supiste. Del mism&iacute;simo museo viejo.  Se robaron  El grito.  Se robaron el grito.  Humm. Si pues, suena raro.  Pero bueno, te sigo contando.  Cuando llega esta mengana se me garabatea la pizarrita de planes y ver&aacute;s, m&aacute;s o menos por ah&iacute; es que comienzo a comportarme como un energ&uacute;meno.  No te adelantes.  Yo ahora tampoco comprendo bien que tiene ver con lo de la guitarra y estar en la salita de emergencias esperando a que el buen Iv&aacute;n se reponga del ataque de asma pero d&eacute;jame que te cuente todo y ya luego entender&aacute;s un poco.  Entenderemos digo. &iquest;En que iba?  Ah si, eso.  Lleg&oacute; Andrea a la reuni&oacute;n y lo que sucede es que la veo entrar toda celeste como un helado gigante y a uno le da un escalofr&iacute;o intenso.  Como cuando miras las paredes color turquesa del hospital y preferir&iacute;as estar en casa. &iquest;No te pasa?   Todo el lugar se convierte en una jeringa gigante, olor a alcohol, a s&aacute;banas blancas, a pasillos.  Y en cambio, pap&aacute;, ella aparece y es como si no hubiese tenido ni siquiera que escoger entre la chompa celeste y la blanca.  Todo tan simple, como mirar el reloj y decir - son las nueve - en vez de vivir desarmando los engranajes.  Yo me complico viejo.  Definitivamente  uno puede continuar pein&aacute;ndose y comiendo naranjas sin que importen las canciones, las chompas celestes o el grito.  A mi no s&eacute; que rayos me pasa  &iquest;Entiendes algo? La verdad cuando trato de explicarlo coherentemente me parece que no estoy cont&aacute;ndolo tal como es.  

Andrea entra y tutti il mundi,  tudo mundo,  tout le monde  jala una silla a su costado. Hay que verlo. Un despliegue log&iacute;stico alucinante que no se ve ni en la Microsoft. Yo en cambio me ba&ntilde;o y ah&iacute; est&aacute;n mis quinientos polos viejos mir&aacute;ndome desde el ropero.  Hasta que ya, cualquiera, que rayos.  Y despu&eacute;s, media hora con el rin rin, raj&aacute;ndome de fr&iacute;o en la puerta de Mart&iacute;n. Rin rin. Nada.  &iexcl;Rin Rin Rin!  Como una hora y el guachim&aacute;n mir&aacute;ndome de reojo. - Hola Pablo  Hola se&ntilde;ora - &iexcl;Hijo pero que cabellos traes!  dijo la vieja. - &iexcl;Pareces bandolero!  Bandolero. &iexcl;Aj&aacute;!  Esta es nueva. Todas estas t&iacute;as creen si llevas el pelo largo es porque est&aacute;s sin trabajo o algo. Tienes melena y ya te tratan de indigente, te ofrecen marihuana por la calle, te hablan del Che Guevara.  &iquest;Por qu&eacute; me salen con esas cosas viejo?  Francamente es para dejar el regalo en la puerta y regresarse a casa a ver el documental de los salmones en el national geographic.  - Si no es por el pelo largo me daba hipotermia en su puerta  desgraciada.   No, claro que no se lo dije.  Me hubiera gustado, pero la t&iacute;a est&aacute; tan fea que hasta da pena no sonre&iacute;rle con todas las muelas  Pasa est&aacute;n en el jard&iacute;n  me dice. Y bueno, no s&eacute; si te acuerdas, t&uacute; ya has ido a la casa de Mart&iacute;n, hay que atravesar toda la sala que es enorme y llena de espejos hasta que  cuando por fin uno sale al jard&iacute;n de la piscina hay como un kil&oacute;metro para llegar a las mesas y todos te ven desde lejos y te van reconociendo, desnudando y pregunt&aacute;ndose para que carajo habr&aacute;s tra&iacute;do la guitarra.   Todo eso se siente pap&aacute; y la verdad me da un p&aacute;nico esc&eacute;nico y de los nervios voy estrell&aacute;ndome contra todo lo que hay.   De entrada nom&aacute;s le doy a la mesa y una cerveza se cae.  La recojo rapid&iacute;simo y le encorcho el dedo.  Pero ya se agit&oacute;.  Comienza a erupcionar y a salirse la espuma.   Todo el mundo est&aacute; mir&aacute;ndome el dedo tapando el volc&aacute;n helado de cebada.  &iquest;Ves a lo que me refiero?   Lo saco.  Poc.  La cosa no para all&iacute;.  Va gote&aacute;ndome el &iacute;ndice izquierdo.  Croc, le chanco el pie a alguien.  Una chica en sandalias.  Ya me odia tanto.   Todos ya me odian.  Sigo saludando, roj&iacute;simo. Avanzando r&aacute;pido, casi huyendo hacia una silla vac&iacute;a.  Cachete Mariana, abrazo Iv&aacute;n, cachete Paola.  A Claudia no le atino bien.  Me acerco y...  viejo  escucha esto - es para jubilarse a los treinta.  Nos equivocamos de lado.  &iexcl;Ches..!  Derecha izquierda derecha izquierda.  Ten&iacute;as que verlo.  Directo a la trompita.   Su novio ya me quer&iacute;a arrojar al alambrado el&eacute;ctrico.  En ese instante estoy a punto de darme la vuelta y largarme. Todos se est&aacute;n partiendo en dos de la risa y es como estarme viendo de afuera apunt&aacute;ndome con el dedo y ri&eacute;ndome tambi&eacute;n.  Paco me jala  a una silla a su costado mientras se termina de despanzar y comienza  a decirme que por qu&eacute; no llegaba, que la fiesta estaba aburrida.  &iquest;Por qu&eacute; dicen esas cosas pap&aacute;?   En ese momento no es gracioso.  En serio.  Si me quedo es porque Andrea a&uacute;n no ha llegado.  Si, ya s&eacute; que lo cont&eacute; antes pero en verdad ella lleg&oacute; despu&eacute;s que yo.   No tiene importancia viejo.   La verdad a cualquier hora de la noche es como si Andrea acabase de llegar o como si no estuviese porque todos la extra&ntilde;an y le alcanzan &iquest;vino? &iquest;cerveza? &iquest;un sanguchito de pollo?.  A m&iacute; tambi&eacute;n, pero es diferente pap&aacute;. Apenas empieza la fiesta y ya quiero largarme.  Estoy en mi rinc&oacute;n junto a la piscina,  sentado con mi guitarra y con el fr&iacute;o col&aacute;ndoseme directo al cerebro. Un zombie. Paco que me sigue hablando mil y una de sus pendejadas y yo me quedo pensando en la hora en que llegue Andrea y que empiece con la repartici&oacute;n de besos.  Talvez esta vez me toque el munch.  Talvez esta noche  sea una reivindicaci&oacute;n.  Qui&eacute;n sabe.   Voy por un vasito de agua.  &iquest;Te traigo uno?   Bueno. 

Luego de eso me qued&eacute; tirado en mi silla mirando al resto y escuchando a Paco.  Paco no es mal chico,   yo no he dicho eso viejo  pero el muchacho carece de cualquier tipo de servicio aduanero entre el cerebro y la lengua.  Lo suelta todo.  Un chico inteligente, claro, pero con m&aacute;s problemas que un libro de &aacute;lgebra.  Me sali&oacute; con una cosa que francamente,  es para quedarse calvo de solo o&iacute;rlo.  Ya ver&aacute;s.  Me dice:  - Tengo algo que contarte - y yo ni le doy cuerda.  Ya le conozco el tipo de historias raras con que siempre sale.  Me quedo mirando la puerta a ver si llega Andrea.  Me hago el desinteresado jalando las cuerdas a la guitarra. Le voy siguiendo el bajo a las canciones que van poniendo.  Pank Pank.   &Eacute;l sigue igual, que el pollo, el pollo y adem&aacute;s lo cuenta como un chiste y uno ya no sabe si re&iacute;rse o ponerse a llorar.   Total que Andrea no llega y Paco va hablando mientras yo sigo pank pank y as&iacute; como quien no quiere me voy enterando que Lucas, su hermano peque&ntilde;o, tiene un pollo.  No de juguete viejo - un pollo de verdad de esos que se comen estofados. Ya sabes,  el padre es criador de gallos de pelea y el pobre Lucas, cinco a&ntilde;itos,  a&uacute;n no se da cuenta de la bestia que tiene por ejemplo y le admira y copia  todo.   Obviamente no le dejan jugar con los gallos.   Ya se sabe que esos bichos de pronto se ponen como locos y se arma el relajo.  Lucas se ha pasado los cumplea&ntilde;os pidiendo que le regalen un gallito.  El viejo acab&oacute; por cansarse y lo enga&ntilde;&oacute; con un pollo.  Y Lucas es un angelito que come arvejas si le dices que son caramelos. Hab&iacute;a que verle lo feliz que andaba con su polli-gallo.  Claro, te suena conocida la historia porque eso fue ya el mes pasado. Lo horrible es lo que le ha pasado al pollo hoy por la tarde, justo antes de la fiesta.  Ay se&ntilde;or, pobre pollo.  Y lo peor que Andrea que no llegaba y todos segu&iacute;an hablando del trabajo y ator&aacute;ndose de sanguchitos.  Oye viejo a ti no te pasa estar en un lugar y de pronto decirte en letras may&uacute;sculas &iquest;Qu&eacute; carajo hago con esta gente?  Yo ya ni quer&iacute;a escuchar la historia porque cuando Paco se pone a re&iacute;rse as&iacute; como loco es que va a contar algo feo.  Al comienzo ten&iacute;a gracia la situaci&oacute;n del pollito. &Iacute;bamos a casa de Paco y de pronto aparec&iacute;a Lucas arrastrando una pita.  Al final de la pita, el bicho atado por el cogote. Todos ya est&aacute;bamos advertidos de no llamarle pollo sino gallo. Las chicas se mor&iacute;an de la ternura. Al mes el pollo ya le llegaba a la rodilla.  Unos veinte cent&iacute;metros y estaba m&aacute;s feo que nunca.  Era como que andaba en la adolescencia av&iacute;cola.   Una pinta de estar extraviado y aterrado. Lucas no es ning&uacute;n tonto pap&aacute;, pero &eacute;l realmente cree que tiene un gallo de pelea de campeonato.    Cuando le vio de buen tama&ntilde;o se puso a entrenarlo.  No te r&iacute;as viejo. Es una cosa muy horrible.  El pollo andaba sin comprender nada.  Lucas lo agarraba del pecho y lo balanceaba de atr&aacute;s hacia delante acerc&aacute;ndolo a otros pollos. Los animalitos se quedaban sin saber que diablos estaba sucediendo.  Pero Lucas es constante pap&aacute; y no se rinde. Sigue agita que agita su bicho y luego lo suelta y lo corretea por horas en los arenales. &Eacute;l alucina que est&aacute; entrenando al mismo Caballero Carmelo  Debe haber visto a su padre.  Realmente lamentable.  Y se pone peor.  No s&eacute; ni para qu&eacute; lo cuento pero bueno, la verdad esto tambi&eacute;n tuvo que ver con esto.  Hoy por la ma&ntilde;ana sale andando Lucas con su pollo bajo el brazo.  Orgullos&iacute;simo porque al bicho ya le sali&oacute; cresta y un par de penachos rojizos.   Fue a cruzarse por casa de los Saldarriaga.  Los galleros.  Ya te imaginar&aacute;s lo que se viene.  Francamente pap&aacute;.  No hay derecho.  Mira que pudo haber ido a parar a otro lugar pero justo donde los salvajes esos.  La familia entera  una tribu de j&iacute;baros.  No hay justicia se&ntilde;or.  En ese momento yo ya no quiero escuchar la historia viejo - Voy al ba&ntilde;o  le digo a Paco, pero Paco me retiene del brazo y me obliga a escucharlo.  Pank Pank.  Lucas va pasando con su pollo y dos de de los Saldarriaga est&aacute;n afuera jugando a los penales  Qu&eacute; traes ah&iacute;  le preguntan.  - Mi gallo - dice Lucas mostr&aacute;ndoselos.  Eso no es gallo  le dice Pocho  &iexcl;Eso es un pollo! y empiezan a re&iacute;rse salvajemente.   Lucas se pone roj&iacute;simo pap&aacute;.  Es un chico orgulloso y entonces todo se va al diablo porque no logra contenerse, siente que las l&aacute;grimas se le suben y en un &uacute;ltimo instante de rabia les grita -  &iexcl;Mi gallo descalabra a cualquiera de los tuyos!  y entonces los hermanos Saldarriaga dejan de re&iacute;rse y ya todo se va al ultrainfierno pap&aacute;.  Paco muere de la risa cont&aacute;ndomelo y yo siento clarito el p&aacute;nico del pollo al percibir que los bracitos de Lucas tiemblan alrededor de su piel de gallina.  Es casi como estar ah&iacute; mismo porque exactamente en ese momento veo que la puerta de la sala de Mart&iacute;n se abre y aparece Andrea celest&iacute;sima, llegando, sonriendo, caminando hacia nosotros como los hermanos Saldarriaga hacia Lucas, y yo s&eacute; exactamente lo que pasa en ese momento por el coraz&oacute;n del pollo viejo porque en ese instante yo soy el pollo.

Andrea sonr&iacute;e y nos saluda con la mano desde el umbral del jard&iacute;n.  Como si no fuese suficiente tormento la muy salvaje camina tan despacio que es como si viniera arriada por una pandilla de caracoles.  Es imposible vivir as&iacute; viejo.  La misma sensaci&oacute;n de cuando la enfermera te frota cari&ntilde;osamente el culito con alcohol antes de la inyecci&oacute;n  &iexcl;Hola chicos!  dice y todos responden &iexcl;Hola! tan sincronizaditos que ya parece que estuvi&eacute;semos en un programa de tv.  Una cosa muy horrible.  Luego de eso va, le zampa un beso de felizcumplea&ntilde;os a Mart&iacute;n y empieza con su pasarela del chic muack munch.   En eso me acuerdo de esos concursos de perritos donde el juez va pasando sin detenerse y apuntando con el dedo a los escogidos.  No debe ser bueno para la autoestima de los perros.  De hecho se dan cuenta de lo que est&aacute; pasando.   &iquest;No crees?   Y lo peor es que ni siquiera se puede estar tranquilo con Paco al lado.   Jode y jode por seguir con la fabulosa historia del pollo que finalmente lleg&oacute; Andrea me chant&oacute; el beso y ni me di cuenta si era el chic el muack o el munch.   &iexcl;Santa pollada viejo!   Es para irse a internar all&iacute; mismito. Para completar la escena Andrea agarra y se sienta entre Paco y yo, nos palmetea las piernas y  como quien pregunta la hora dice as&iacute; mismito - &iquest;Qu&eacute; tal chicos? -  Juro que casi le salgo con todo el rollo de la chompa celeste y el polli-gallo.   No se le puede preguntar cosas as&iacute; a la gente si no quieren que uno comience a gritar como loco.   Despu&eacute;s coge mi guitarra y se pone a darle golpecitos a las cuerdas como si fuera un piano.  Ni siquiera la coge como deber&iacute;a viejo.  Se la pone sobre las piernas y le empieza a llover con la yema de los dedos.   Nos  quedamos mir&aacute;ndola.    Tengo una historia divertid&iacute;sima  dice Paco.      

Tuve que pararme  en el acto y largarme a buscar un sanguchito.   Si me quedaba escuchando la historia del pollo por segunda vez mientras Andrea tocaba el piano con mi guitarra iba a cometer una barbaridad.  Pero oye esto viejo.  Iba caminando tan tranquilo y al pasar junto a la chica que pis&eacute; casualmente al llegar a la fiesta la muy desgraciada escondi&oacute; los pies bajo la silla y me mir&oacute; con odio.  &iexcl;Ni siquiera estaba cruzando cerca de ella!   Francamente no le perdonan nada a uno.     Me dieron ganas de comerme mil sanguchitos.  La mam&aacute; de Mart&iacute;n ser&aacute; una salvaje hablando pero hace los mejores sanguchitos del mundo.   Por eso digo que a veces la gente te llama bandolero y uno le perdona nada m&aacute;s porque saben hacer sanguchitos.  No hay porque guardar rencor a las personas por m&aacute;s salvajes que sean.  Ni siquiera estaba cruzando cerca de ella viejo.   Oye &iquest;ser&aacute; que ya podemos entrar a ver a Iv&aacute;n?  Bueno, esperemos a que nos avisen.  Sigo entonces.

Normalmente hay una bandeja con los sanguchitos de pollo con apio y otra con los de pollo con durazno.   D&eacute;jame contarte todo pap&aacute;.  Esto tambi&eacute;n es importante.  Mira, la de los que tienen durazno es amarilla y la de los del apio es color crema.  Ha sido as&iacute; desde siempre.  Si un d&iacute;a faltan los dichosos sanguchitos el mundo se detiene viejo.  Una bandeja amarilla para los de durazno y una color crema para los de apio.   As&iacute; de simple.  Pues a que no adivinas.   Exacto se&ntilde;or.   Al parecer a la familia le est&aacute; yendo bien.  Han de haber botado esas bandejas pl&aacute;sticas.  Los sanguchitos estaban sobre una lujosa fuente de cristal en forma de hoja.   Era algo terriblemente surrealista pap&aacute;.  Uno se acostumbra a ver las cosas de una forma y de pronto s&aacute;cate.    Me acerqu&eacute; desesperado a examinar la situaci&oacute;n.   Ya sabes que yo odio el apio.  Cuando dec&iacute;a que los sanguchitos eran fant&aacute;sticos me refer&iacute;a obviamente a los de pollo con durazno.   He escuchado a Paco decir que los de pollo con apio son igual de buenos pero la verdad no lo s&eacute; por experiencia propia. Ya sabes que odio el apio.   &iquest;C&oacute;mo rayos se supon&iacute;a que uno adivinara cuales eran los que ten&iacute;an durazno?   Me fui por un vaso bien lleno de cerveza.  Luego volv&iacute; y me qued&eacute; mirando la fuente de cristal con la monta&ntilde;a de sanguchitos.  Era algo horrible.  &iexcl;Exactamente viejo!  Como en el cuadro de Munch. Un grito. Le daba un sorbo a la cerveza y no lo pod&iacute;a comprender.  Luego de meditarlo tom&eacute; uno al azar y lo abr&iacute;.  En ese momento me pareci&oacute; una idea razonable.   Pollo con apio, viejo.   Pollo con apio.   Lo cerr&eacute; y lo dej&eacute; a un costado de la fuente.   Luego todo sucedi&oacute; casi como una cadena.  No podr&iacute;a explicarlo porque en ese momento ya no solo pensaba en el apio y el durazno sino tambi&eacute;n en el chic el muack y el munch todos confundidos en una sola bandeja cuando Paco estaba con lo del santo pollo y vino Andrea a darme un beso sin que yo pudiera decir a ciencia cierta si se trataba de uno de apio o de durazno.  Bueno, t&uacute; entiendes.
Empec&eacute; a abrir un sanguche tras otro. En ese momento me pareci&oacute; una buena idea pap&aacute;.   Los examinaba y luego los amontonaba a un lado de la fuente.  Todos con apio  &iexcl;Ni uno solo con durazno!  Es verdad,  perd&iacute; el control.  Dicen que segu&iacute; examinando sanguchitos hasta que la monta&ntilde;a que hab&iacute;a hecho era ya casi tan grande como la de la fuente.  La gente exagera pap&aacute;.  Debe haber sido apenas el sanguche n&uacute;mero doce el que me toc&oacute; de durazno.   Ni me daba cuenta lo que suced&iacute;a alrededor.  La mam&aacute; de Mart&iacute;n me estaba observando con la boca bien abierta.  Le pareci&oacute; demasiado surrealista lo que vio.  No pude explicarle lo de la fuente amarilla y la color crema y lo necesarias que eran.  Ni siquiera me dej&oacute; comerme el sanguchito.   Me lo quit&oacute; cuando ya iba camino a mi boca y se fue llev&aacute;ndose la fuente completa   No dijo nada.  Tan s&oacute;lo me mir&oacute; como si acabara de incendiarle la casa o algo as&iacute;. Lo peor es que justo antes de irse me ech&oacute; el ojo inquisidor directamente a la melena.  &iexcl;No miento viejo!  Estoy segur&iacute;simo.  Dime  &iquest;a qu&eacute; rayos viene eso?   Era casi como si le echara la culpa a mi pelo de lo que yo hiciera.   Uno quiere  perdonar a la gente pero a veces te miran la cabeza como si fuera un rev&oacute;lver y ya no es tan f&aacute;cil.  Mira pap&aacute;, ah&iacute; salen de emergencias con Iv&aacute;n.   Lo est&aacute;n llevando a una habitaci&oacute;n.   &iquest;Te parece que yo deber&iacute;a entrar?  Esperemos que salga el resto.  Igual ya estoy por terminar.  

Ya despu&eacute;s de la verg&uuml;enza de los sanguchitos comprender&aacute;s que qued&eacute; m&aacute;s desmoralizado que nunca.     Me fui a sentar junto al barril de cerveza y estuve bebiendo como un b&aacute;rbaro.   Realmente parece que a la gente no le cuesta mucho trabajo pas&aacute;rsela bien y no acabo de entender porqu&eacute; no me sucede igual.   Los chicos se paran y cogen un sanguchito cualquiera.  Ni siquiera se dan cuenta que la fuente ya no es la misma del a&ntilde;o pasado.   Es sorprendente.   Yo hasta me quiero parar y felicitarlos.  Est&aacute;n all&iacute; en sus sillas d&aacute;ndose de besos y no parecen estar pregunt&aacute;ndose si chic muack munch o la rotund&iacute;sima trinidad.    Juro que lo intento pero es imposible no sentir los pedacitos de apio.   No era as&iacute; viejo.   Antes yo com&iacute;a lo que fuera y cantaba todas las canciones del mundo y todos me adoraban.  Era la &eacute;poca en que Paco no era tan bestia contando historias y Andrea ven&iacute;a y me pon&iacute;a un munch cada vez que yo andaba cerca; y entonces era todo tan diferente. Tan diferente porque el munch era algo que me aterrizaba sobre la cara como un cargamento de comida cayendo en medio del &Aacute;frica y eso era suficiente para cantar la discograf&iacute;a entera de los Hombres G y no sentirme est&uacute;pido.   Luego nos hicimos muy amigos y dej&oacute; de pasar todo eso.  Bueno, eso de lo de muy amigos me lo dijo alguien.  Yo no acabo de comprender que tiene que ver una cosa con la otra.   S&oacute;lo s&eacute; que un d&iacute;a me empezaron a besar con besos que parec&iacute;an letreros de prohibido y todo se puso complicado.  
Al rato Paco se me uni&oacute; al lado del barril de cerveza y rog&oacute; una y otra vez con que le dejase terminar su horrible historia a lo cual me negu&eacute; rotundamente   Seguimos tomando hasta que del barrilito no sali&oacute; m&aacute;s que espuma.  Debe haber sido ya bastante tarde porque todos estaban lo suficientemente borrachos como para correr a tirarse al lado de la piscina a conversar.   Yo tambi&eacute;n fui y me ech&eacute; al lado de Andrea.  Me hab&iacute;a guardado un lugar por eso de que somos muy amigos.  Francamente no entiendo nada del asunto.   Tirado en el pasto uno puede o&iacute;r a todos los bichos haciendo sus tareas nocturnas.   Paco vino y se nos estacion&oacute; al medio.    Mi gallo descalabra a cualquiera de los tuyos  dijo -  &iquest;All&iacute; me qued&eacute; verdad?-    Yo estaba demasiado mal como para intentar callarlo y Andrea andaba distra&iacute;da con un caracol que hab&iacute;a encontrado as&iacute; que Paco sigui&oacute; cont&aacute;ndomelo lo del pollo.   Es verdaderamente horrible.   Lucas entra a casa de los Saldarriaga y mientras lleva bien apretado su bicho ve decenas de peque&ntilde;os calabozos con gallos de todos los colores y tama&ntilde;os.  El animalito est&aacute; temblando y es como si Lucas estuviese descubriendo el porqu&eacute; del miedo mientras mira todos esos p&aacute;jaros enormes y ruidosos  Escoge uno  dice Pocho.   Lucas ya est&aacute; con los ojos empa&ntilde;ados.  &iexcl;Tiene s&oacute;lo cinco a&ntilde;itos pap&aacute;!  Oculta la mirada, se&ntilde;ala a cualquier lugar y cuando quiere darse cuenta de a donde est&aacute; apuntando con su dedo ve a Pocho sacando de su jaula un gallo absurdamente grande y rojizo.  Entonces, entonces es como si por primera vez comprendiera que lo que tiene entre las manos es un peque&ntilde;o pollito.  Dime si no es una santa salvajada toda la situaci&oacute;n.   El gallo de los Saldarriaga ya est&aacute; en el suelo cacareando y dando vueltas.  Pocho lo agarra toscamente de las alas, del pecho, de donde sea y el gallo empieza a picar y a hacer ruidos terribles  &iexcl;Ya pues! Suelta a tu gallito  gritan los Saldarriaga.   Lucas se come las l&aacute;grimas y los mocos y comienza a bajar a su pollo lentamente sin saber ya porqu&eacute;.   Ni siquiera tiene tiempo de pensarlo una segunda vez.  Pocho le da un empuj&oacute;n al pollo y este va a parar justo sobre el gallo que no tarda medio segundo en repartirle cientos de picotazos y patadas.   - &iquest;c&oacute;mo diablos sabes todo esto?  le pregunto a Paco.  Porque francamente pap&aacute;, lo cuentan tan barrocamente que ya parece que uno est&aacute; sintiendo sobre el pellejo la masacre del pobre bicho.  Te lo est&aacute;s inventando -  le digo.  - Mi viejo hab&iacute;a salido a buscar a Lucas  dice  &Eacute;l nos cont&oacute; todo.  Entr&oacute; justo a tiempo para evitar que acabaran con la vida del pobre animal.   A Lucas no le dur&oacute; mucho el aguante y al segundo ya estaba gritando y llorando mientras su pollo corre, se cae, se levanta y vuelve a correr.  Entonces fue que el viejo entr&oacute;.   Al parecer el pollo va a estar bien.  Eso dijo el veterinario.  Pero lo han vendado m&aacute;s que a la momia juanita.  No se puede mover mucho. -

Es gracioso que justo en ese momento alguien levante mi guitarra y me diga  Ya pues Pablo, t&oacute;cate algo - mientras todos se sientan y se que me quedan mirando sonrientes.  Es gracioso pap&aacute;, porque estoy pensando en el pollo vendado y resulta tan c&oacute;mico escuchar a alguien  pidi&eacute;ndome una canci&oacute;n que he tocado mil veces antes y que ahora que lo pienso tiene una letra estupid&iacute;sima, que ya es como si no quedara m&aacute;s que re&iacute;rse.  Pero eso es s&oacute;lo al comienzo, porque s&oacute;lo un instante despu&eacute;s siento como si algo le pusiera freno de mano a la noche y todo se concentra en un segundo.  Entonces la situaci&oacute;n pierde la gracia.   Se enredan las cosas en mi cabeza y es como estar en la dimensi&oacute;n desconocida viendo a Paco re&iacute;rse del pollo, a Andrea jugar con un caracol d&aacute;ndole millones de besitos munch, a Lucas llorando, a la mam&aacute; de Mart&iacute;n observ&aacute;ndome la melena y finalmente ver al buen Iv&aacute;n con su sonrisa de un mill&oacute;n de amigos, tan campechano como siempre, coger mi guitarra entre sus manos de levantador de dos mil kilos y ponerse a tocar una balada barat&iacute;sima de esas que todo el mundo se sabe.  Y talvez no es su culpa.  &iexcl;Qu&eacute; va a ser su culpa!   Iv&aacute;n s&oacute;lo quiere cantar y pas&aacute;rsela bien.  S&eacute; que no es su culpa viejo, pero Paco se est&aacute; riendo demasiado, todos est&aacute;n cantando la est&uacute;pida canci&oacute;n y Andrea est&aacute; tan celeste que yo no puedo dejar de pensar en el pollo recibiendo picotazos y de pronto, no s&eacute; ni c&oacute;mo, estoy mirando a Iv&aacute;n y sintiendo que no hay nada m&aacute;s horrible en el mundo que estar alli prescenciando como un fulano con una camiseta a punto de explotar coge mi guitarra y toca una canci&oacute;n tan infame como esa.   No es su culpa viejo  pero Iv&aacute;n est&aacute; tocando la guitarra con tanta fuerza que es  como si estuviese d&aacute;ndole de picotazos.  Y viejo, ni siquiera es una canci&oacute;n r&aacute;pida, pero &eacute;l ya se siente Jimmy Page y entonces es inevitable que toda la noche aterrice en ese momento,  todo viejo, desde mis polos deste&ntilde;idos hasta los caracoles,  todos los copos de nieve junt&aacute;ndose en una gran avalancha que soy yo,  que le salto encima y lo empujo hacia la piscina  ya sin pensar en nada,   cayendo al agua helada,  sin pensar en absolutamente nada.

Mira pap&aacute;,  no pongas esa cara.  No te preocupes por estas cosas m&iacute;as.  De todas formas yo sab&iacute;a que nadie iba a entender.  Hey mira, ah&iacute; ya vienen saliendo.  Parece que ya nos vamos.   S&oacute;lo te quer&iacute;a decir que no es tan simple todo el asunto.  Yo ni siquiera sab&iacute;a que el pobre Iv&aacute;n era asm&aacute;tico y que cuando ca&iacute;mos a la piscina, bueno...   Entiendo perfectamente que ahora los dem&aacute;s me vean como si fuera un subnormal.  Cuando nos sacaron de la piscina empapad&iacute;simos Andrea estaba mir&aacute;ndome con unos ojos de pregunta que realmente me daba m&aacute;s fr&iacute;o.  Quer&iacute;a poder explicarlo todo.  Pero era dif&iacute;cil.  Ahora est&aacute;n molestos conmigo y yo no puedo decir nada al respecto.   Lo entiendo &iquest;sabes?  Entiendo que piensen que estoy demente.  Pero uno no lo hace de puro loco.   No s&eacute;.   Ya nada es simple, viejo.   En alg&uacute;n momento dej&oacute; de serlo y ahora me veo haciendo barbaridades que luego no s&eacute; explicar.  Antes yo com&iacute;a apio y cantaba todas las canciones.  T&uacute; eres testigo.  Pero eso era en la &eacute;poca en que Paco no era tan salvaje contando historias; y era esencialmente en la &eacute;poca en que  Andrea ven&iacute;a corriendo y me posaba un munch cada vez que yo andaba cerca.  Entonces era todo tan diferente.  Tan explicable.  Ahora en cambio abro el diario y de lo primero que me entero es de que se han robado una pintura,  El grito,  y la expresi&oacute;n de esa mujer tom&aacute;ndose la cara con una mueca de espanto terrible, esa expresi&oacute;n de horror, de incomprensi&oacute;n,  de locura es como el resumen de todo el jodido universo.   All&aacute; viene Iv&aacute;n con los dem&aacute;s.  Parece que ya est&aacute; bien.  &iquest;No te parece?   Yo creo que mejor te espero en casa.  Va a ser mejor as&iacute;. No vernos por unos d&iacute;as.  Diles que lo lamento mucho.  Toma, dale su chompa a Andrea.  A&uacute;n est&aacute; un poco mojada.  Te dejo las llaves junto a la ventana de mi cuarto.  Claro, donde siempre.   No te hagas tarde viejo.  Hoy pasan el documental de los salmones nuevamente.  Tienes que ver como nadan contra la corriente como si les hubiera dado algo.   Es realmente surrealista.   Oye viejo, en serio, diles que no fue mi intenci&oacute;n joder la fiesta,  es s&oacute;lo que...  bueno.... nada,  mejor no les digas nada.


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			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-01-06</dc:date>
			<pubDate>Thu, 06 Jan 2005 13:23:49 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Cuentos de seis patas (1)]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/781/78132/</link>
			<description><![CDATA[Y la hormiga dijo
- Anda ara&ntilde;a, c&oacute;meme de una buena vez que tengo cosas que hacer
A lo que la ofuscada ara&ntilde;a respondi&oacute;
- Hormiga, si te como me dar&aacute; m&aacute;s hambre puesto que &iexcl;eres muy peque&ntilde;a!
Ambas se observaban muy conflictuadas
- Ah caray  dijo la hormiga rasc&aacute;ndose la cabeza - Te entiendo, pero yo tengo cosas que hacer.  
- Puedo dejarte ir  cedi&oacute; la ara&ntilde;a  si me prometes volver cuando necesite un entrem&eacute;s.
- Claro que si - acept&oacute; la hormiga
- Hasta pronto ara&ntilde;a
- Ve por la sombra hormiga

Los insectos son seres muy diplom&aacute;ticos y saben resolver sus conflictos con facilidad.   No hacen guerra ni andan compr&aacute;ndole cuadernos de caligraf&iacute;a Palmer a sus hijos.  
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			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-01-07</dc:date>
			<pubDate>Fri, 07 Jan 2005 16:37:45 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Es la misma vaina]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/781/78133/</link>
			<description><![CDATA[Lo que m&aacute;s me gusta de Carito es que con ella no se puede hablar de pol&iacute;tica.  La pobre es una bestia en este tipo de cosas y termina hablando barbaridades cuando quiere aparentar que domina el tema.  A mi no me interesa particularmente hablar de pol&iacute;tica, pero para ella es casi analfabetismo el no estar al tanto de la situaci&oacute;n.  Ese trauma que tiene es culpa de los energ&uacute;menos de la facultad de periodismo.  La ponen nerviosa con sus debates y la pobre tiene que andar todo el d&iacute;a en busca de noticias.  Estoy seguro que se pasa la noche entera viendo el programa de Hildebrandt nada m&aacute;s que para tener de que hablar y no quedarse muda cuando conversa con nosotros.  Creo que Carito est&aacute; un poco como  medio enamorada de m&iacute;.  Es por eso que se esfuerza tanto con lo de las noticias.  Yo la veo venir desde lejos acerc&aacute;ndose a nuestra mesa y siempre tiene la misma expresi&oacute;n. Sus lindas pupilas negras arrinconadas en la esquina derecha de los ojos y el labio inferior apretujado entre los dientes como si quisiera recordar algo.  Se sienta a mi costado y me da un beso en la mejilla.  Huele como si no hubiera hecho mas que alimentarse de caramelos de lim&oacute;n desde que naci&oacute;.  Es todo tan bonito.  Pero no pasan ni unos segundos y ya empieza inquietarse, a mover la pierna de un lado a otro y a imitar el galopar de un caballo loco con sus deditos sobre la mesa.  Se queda muda.  Yo les veo las caras al resto y les ruego que por favor no la torturen de nuevo.  Pero para ellos es pseudorg&aacute;smico el placer de ver como una chica de arquitectura pretende quitarles su papel de ide&oacute;logos pol&iacute;ticos y otras extravagancias que ellos juran ser.  M&aacute;s aun cuando llega el momento de decir el nombre de alg&uacute;n ministro o general del ej&eacute;rcito todos hinchan los ojos y preparan sus o&iacute;dos para ser los primeros en re&iacute;r cuando equivoque una letra.  Esperan que diga Hermoza Lagos en vez de Hermoza R&iacute;os o Mauriat en vez de Mahuad.   Mejor a&uacute;n si se manda una argumentaci&oacute;n en pro de la paz y que no importa Tiwinza si se la llevan los ecuatorianos o nos la quedamos nosotros.  Ella parece una ni&ntilde;a preocupada porque la van a jalar en su examen de pol&iacute;gonos.   Hasta le empiezan a sudar las manos y yo trato y trato de desviar el tema pero es imposible, a ellos les encanta torturarla.  Carito no lo sabe.  Piensa que es su obligaci&oacute;n contestarles y se queda all&iacute; hasta que termina su interrogatorio y podemos conversar de otras cosas.  Entonces reci&eacute;n puede mirarme con sus ojos de pepa de sand&iacute;a y sonre&iacute;rme como si acabara de ganar los cien metros planos por m&iacute;.   Y yo la envuelvo con uno de mis brazos, siento su amor y su olor a caramelo de lim&oacute;n y pienso en que realmente no me importa un tamarindo si los ecuatorianos se quedan con Tiwinza o con la v&iacute;a l&aacute;ctea en cuesti&oacute;n.]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-01-07</dc:date>
			<pubDate>Fri, 07 Jan 2005 16:41:21 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[This side up]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/837/83763/</link>
			<description><![CDATA[Estoy tirado de brazos abiertos, sobre el colch&oacute;n, al medio de mi sala vac&iacute;a. Es s&aacute;bado y seg&uacute;n puedo recordar ayer di una fiesta de inauguraci&oacute;n en esta nueva casa.  Hay decenas de chapitas de cerveza consteladas sobre el parquet.  Las chapas y el colch&oacute;n son lo &uacute;nico que existe en mi sala.  Sobre el colch&oacute;n estoy yo, de brazos abiertos.   Estoy tratando de pensar en c&oacute;mo hacer para que los se&ntilde;ores de la mudanza se desv&iacute;en y nunca lleguen aqu&iacute; con los muebles.   Tampoco quiero el televisor ni esos  horribles cuadros.   He llamado a la compa&ntilde;&iacute;a y me han dicho que no pueden quedarse con mis cosas.  Les he pedido por favor que le pregunten a los se&ntilde;ores que cargan si quieren quedarse con mis cosas.   Juro que lo he pedido por favor.  Me han dicho que no es parte de su pol&iacute;tica hacer eso.  

Estoy imaginando al cami&oacute;n de mudanzas viajando con los paquetes por las principales avenidas de Lima a plena luz del mediod&iacute;a.  La gente de los otros carros podr&aacute; distinguir la cabecera de mi cama llena de tontos stickers, sin embargo para ellos solo ser&aacute; una cabecera m&aacute;s de una cama cualquiera.  La gente de los otros carros ver&aacute;n mis cajas de libros, el viejo armario y la bicicleta anaranjada pero para ellos solo ser&aacute;n una caja, un armario, una vieja bicicleta y nada m&aacute;s.   Estoy tirado sobre el colch&oacute;n pensando en todo ese pasado volviendo hacia mi a ochenta kil&oacute;metros por hora, como uno de esos amigos insoportables que nunca se largan.  He vuelto a llamar a la compa&ntilde;&iacute;a y les he pedido que lo dejen todo abandonado en alguna parte.  Han pensado que estoy tom&aacute;ndoles el pelo y se han portado muy mal conmigo. Les he dicho que me rasco con su maldito dec&aacute;logo.  Me han colgado el tel&eacute;fono.  Sospecho que no por eso dejar&aacute;n de traer todo hasta aqu&iacute;.  

Ayer invit&eacute; a algunos amigos a que conocieran la nueva casa.  Todos est&aacute;bamos tirados sobre  los colchones que era lo &uacute;nico que hab&iacute;a podido traer adelante.  A nadie se le ocurri&oacute; preguntar por las sillas o el espejo.  Pas&aacute;bamos las cervezas y las beb&iacute;amos.  Nos mir&aacute;bamos y asent&iacute;amos con la cabeza.  Sonre&iacute;amos.  Nadie hablaba de las sillas o de los muebles o del tonto espejo.  Preguntaban por Alicia que a&uacute;n no llegaba pero no preguntaban por el espejo.  Ahora absolutamente todo viene en camino dentro de ese cami&oacute;n de mudanza y estoy pregunt&aacute;ndome si en realidad hace falta.

He salido de casa y me he ido a esconder a una esquina desde donde puedo ver la puerta del edificio.   Los hombres dijeron que llegar&iacute;an a la una de la tarde.  Faltan unos cuatro minutos para eso.  He estado jugando con unas piedritas.   El cami&oacute;n se acaba de estacionar frente a mi casa.   Son dos hombres.  Uno lleva unos papeles en la mano, el otro toca el timbre.  Despu&eacute;s de un rato parecen preocupados y vuelven a meter el dedo en el timbre, esta vez con m&aacute;s fuerza.  Estoy en la esquina mirando esas cajas que yo mismo sell&eacute;.   Hay una que tiene unas cartas y unas fotos que me ponen la mar de triste.  Est&aacute; la bicicleta con la que voy hasta la laguna de los patos a ponerme triste y est&aacute; tambi&eacute;n mi enorme cama triste.   Los hombres parecen confirmar el n&uacute;mero de la casa en sus papeles y vuelven a tocar mi timbre.   Estoy pensando en que pronto se aburrir&aacute;n y dejar&aacute;n de tocar.  Probablemente ma&ntilde;ana vuelvan, pero entonces volver&eacute; a esperarlos en la esquina.   Alg&uacute;n d&iacute;a se aburrir&aacute;n y se llevaran todas esas horribles cosas a alg&uacute;n lugar muy lejos de aqu&iacute;.  Estoy contando con eso.  
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			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-02-04</dc:date>
			<pubDate>Fri, 04 Feb 2005 20:17:39 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Contando cuervos]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/840/84098/</link>
			<description><![CDATA[Los domingos por la tarde la autopista se esfuma bajo mis zapatillas rojas. Puedo asegurarte que no es ni la mitad de divertido que cuando lo ve&iacute;amos en lo del coyote y el correcaminos. La cantidad de canciones que haya bailado el s&aacute;bado, o el n&uacute;mero de botellas que hab&iacute;a sobre la mesa o si me sub&iacute; a una moto que corr&iacute;a m&aacute;s que cualquier carcajada, son detalles que no debes tomar en cuenta. Ahora que no est&aacute;s, amanezco con la impresi&oacute;n de que por la noche asesin&eacute; a alguien o de que alguien me asesin&oacute; a mi. Puedo bailar con la chica mas linda de la ciudad o puedo formar un batall&oacute;n de amigos y pasearnos como reyes por calles oscuras que desembocan al alba. Puedo hacer lo que sea para que el s&aacute;bado me deje tan acelerado como si tuviera un maldito Concorde entre las piernas pero nunca conseguir&eacute; dar el gran salto hasta el lunes. No sin antes irme de narices con todo y papeles, amigos, botellas, y chicas al gran pantano fr&iacute;o del domingo por la tarde. 

Al amanecer me ato la s&aacute;bana a alguna parte del cuerpo y me asomo a la refrigeradora unas veintis&eacute;is veces antes de aceptar que ya no queda ni un solo frasco, pomo, lata, t&aacute;per o chisguete con vitaminas. Mi hermana sale muy temprano. Se asoma a mi cuarto y me dice adi&oacute;s o algo por el estilo. Nunca dice a que hora piensa volver ni en que punto de la ciudad estar&aacute;. Presiento que no volver&aacute; a tiempo. S&oacute;lo hay una cosa casi tan letal como los domingos por la tarde y eso es al anochecer cuando comienza la pendiente y todos los cuervos del mundo se posan en mis ventanas. Puedo ver las caricaturas en la tele y eso retardar&aacute; los sucesos pero de cualquier forma empezar&aacute;n a comerse puertas y ventanas antes que consiga dormirme o siquiera empezar a rezar, lo cual de todas formas ser&iacute;a in&uacute;til porque hasta un ni&ntilde;o sabe que Dios no va a tomarse la molestia un s&eacute;ptimo d&iacute;a.

Desde que no est&aacute;s, muchas cosas me parecen tristes. Cosas que antes sol&iacute;an ser buenas, como o&iacute;r la corneta de los heladeros pasando por mi calle. Ahora podr&iacute;a ponerme a llorar de s&oacute;lo escucharla y los vecinos dir&aacute;n que est&aacute;n anunciando mi sentencia de muerte. Los domingos por la tarde le abro la puerta a los mormones y los escucho hablar de Dios con tal de no quedarme solo. Los domingos puede venir a visitarme el diablo y le abrir&eacute; la puerta y le invitar&eacute; galletas.

A veces vienen unas ni&ntilde;as a venderme limonada. La limonada nunca tiene suficiente az&uacute;car o entonces tiene demasiada az&uacute;car. Siempre compro m&aacute;s de cinco vasos. Como las ni&ntilde;as son muy peque&ntilde;as y no pueden cargar m&aacute;s de un vaso por vez tienen que regresar varias veces. A veces soy muy cruel y les compro ocho o diez vasos. Les digo que tengo muchos invitados. Cada vez que llegan est&aacute;n m&aacute;s felices que antes. Podr&iacute;a pasarme el domingo llenando la casa de vasos de limonada pero luego a las ni&ntilde;as se les acaban los limones o sus pap&aacute;s las mandan a dormir y entonces vuelven a chillar los cuervos.

Los domingos por la tarde me acuerdo de todas las canciones. Canciones como Piano Man o Angie. Canciones que no me gustan pero que lamentablemente alguien invent&oacute; y ahora est&aacute;n all&iacute; para recordarme que t&uacute; no est&aacute;s y que s&oacute;lo tengo una lista milenaria de gritos y acordes.

Cualquier domingo podr&iacute;a ser el fin del mundo y no me extra&ntilde;ar&iacute;a. Los domingos puedes venir y dejar&eacute; que me pintes con t&eacute;mperas o que me peines como m&aacute;s te guste. Puedes hablarme de cosas aburridas o simplemente quedarte dormida y so&ntilde;ar lo que quieras. Los domingos puedes traer dos maderos, clavos y un martillo y dejar&eacute; que me conviertas en una leyenda. 

Supongo que crees que exagero. Espero que entiendas que lo de los cuervos es s&oacute;lo una forma de sentirlo. La verdad es que a lo mucho un par de palomas se posan sobre los cables de luz frente a mi ventana; sin embargo, no deber&iacute;as subestimar el canto de una paloma y pensar que no puede ponerte tan triste como una canci&oacute;n de los rolling stones. Tampoco pensar que dos ni&ntilde;as cargando limonada traen en sus manos menos felicidad que todo disneylandia.

Como recordar&aacute;s tu tambi&eacute;n, no siempre fue as&iacute;. Me refiero a cuando est&aacute;bamos juntos. Los domingos bajaba por las calles hasta tu casa de perro y buganvillas. Tir&aacute;bamos tu zapato a la pista y esper&aacute;bamos que los carros no lo chancasen y eso nos causaba mucha risa. Te parecer&aacute; est&uacute;pido pero de eso es de lo que m&aacute;s me acuerdo. Tambi&eacute;n de la luz solar reflejada en el suelo de tu sala y de tus besos antiguos con sabor a c&iacute;rculo.

Pero es como si eso hubiese sido otro d&iacute;a, con otro nombre y no este malsano gotear de minutos que me taladra las ganas.

Porque lo que ahora queda no es ya un d&iacute;a sino un cad&aacute;ver abandonado, un cr&aacute;neo y varias v&eacute;rtebras de un d&iacute;a muerto que se llena de cuervos y se convierte en un polvo que ciega los ojos y que obstruye puertas y venas, un desierto con miles de granos de arena llamados Sahara, el hueco de una estrella extinta, una nada que insiste en visitarme cada siete d&iacute;as, cincuenta y dos veces al a&ntilde;o, por sabe Dios cuanto tiempo m&aacute;s, sin que yo pueda hacer algo, lo que sea, cualquier cosa maldita sea, para evitarlo y no quedarme aqu&iacute;, contando cuervos.



Domingo
04.36 pm




]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-02-06</dc:date>
			<pubDate>Sun, 06 Feb 2005 19:59:03 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Firme sobre la l&iacute;nea punteada]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/853/85307/</link>
			<description><![CDATA[La cosa es as&iacute; de simple:  Es viernes y tengo dieciocho soles y cincuenta centavos conmigo.  Eso es todo lo que tengo.  Los he contado una y otra vez.  Est&aacute; el billete de diez soles con la cara del aviador nacional que se fue de cresta hacia la base enemiga.  Luego hay una moneda de dos, seis de un sol y una peque&ntilde;a de cincuenta centavos que parece falsa.  No hay m&aacute;s.  Sin embargo, con eso puedo comprar dos cervezas grandes en alg&uacute;n bar de la ciudad.   Talvez no en uno muy decente pero eso me tiene sin cuidado y espero que a vosotros tambi&eacute;n.   

Contin&uacute;o.

Todo en mi cuarto est&aacute; anaranjado por el sol, que a estas horas de la tarde, ya decidi&oacute; incendiar los edificios de mi lado de la ciudad.  Dadas dichas circunstancias atmosf&eacute;ricas, las monedas y el billete que est&aacute;n regados sobre mi escritorio tienen la apariencia de islotes de oro sobre una laguna de lava.  El billete de diez es verde pero no se nota.   Tambi&eacute;n se ve anaranjado.  El sol es un rey midas toc&aacute;ndolo todo aqu&iacute; en casa y las cosas m&aacute;s feas se convierten en animales fant&aacute;sticos al tornasolarse.  Los libros de la biblioteca brillan tanto que no podr&iacute;an contener otra cosa que no fuese la explicaci&oacute;n del mundo o el diario privado de Dios.   Mis lapiceros son ahora lanzas de luz capaces de atravesarle las alas a mis peores recuerdos.  Mi jean un traje de superh&eacute;roe.   Mi cabeza un feroz nido de rayos.  Y al centro de todo este mundo de fuego,  las monedas y el billete,  flotando sobre la poligonal laguna de lava.

A lo que iba, queridos amigos, es a que semejante visi&oacute;n me ha revelado (talvez sin el fuego dentro de casa no lo hubiese notado) que en ese billete y esas monedas,  vive furiosa como una gema rodeada de rocas, la palabra posibilidad.  Y en este preciso momento la palabra posibilidad es la m&aacute;s hermosa y anaranjada de todo el diccionario.  En los filamentos de esos dieciocho soles y cincuenta centavos est&aacute; poseso como un demonio el rumbo salvaje de esta noche de viernes capaz de llevarme a la lucidez de la locura o a la madriguera del insomnio.

Ahora bien.  

No quiero ir a beberme esas cervezas solo.  Precisamente en este instante estoy revisando una lista de nombres cuidadosamente.  No quiero ponerme a beber solo, pero  tampoco quiero terminar chocando vasos con alguien que me hable de autom&oacute;viles o de gente famosa.   Estoy pasando mi dedo sobre ustedes y estoy siendo un real hijo de puta descart&aacute;ndolos y seleccion&aacute;ndolos.  

Espero que entiendan que no se trata de nada personal y s&iacute; del hecho de no querer mandar a la mierda una vez m&aacute;s mi noche de viernes hablando de engrapadores,  de ropa o de los pa&iacute;ses que hemos visitado.    Tampoco ir&eacute; para notar si se han hecho un peinado nuevo o si le abrieron un hueco m&aacute;s a su cintur&oacute;n.   No quiero o&iacute;r de planes de ahorro ni de pastillas para el dolor de cabeza y gritar&eacute; como un desadaptado si me sueltan frases tipo a que no sabes que me compr&eacute;.

La noche est&aacute; aqu&iacute;.  La noche es una perla negra que nos llama.  Estoy colocando todos los islotes de fuego en mi bolsillo.  Meto mi mano y los apreso fuertemente sintiendo que la velocidad del mundo est&aacute; contenida en ellos.  En un momento abrir&eacute; la puerta de mi casa, bajar&eacute; las escaleras y saldr&eacute; andando.   Llegar&eacute; al bar.  Pedir&eacute; la primera cerveza y ENTONCES, mientras escucho la m&uacute;sica de todas las fiestas del mundo y veo a la gente recorriendo las maravillosas venas de esta ciudad,  me quedar&eacute; esperando a que aparezcan bajo el umbral del bar,  m&aacute;s bellos que nunca, a inundarme con sus verdaderas pupilas,  a hablarme con sus verdaderas voces de kaleidosc&oacute;pio.  A hablarme en un idioma virgen y loco de sus sue&ntilde;os de cuadernos,  de todas las cosas que realmente importan y que precisamente por su naturaleza salvaje s&oacute;lo pueden ser explicadas con palabras rid&iacute;culas  fugaces  inaudibles.





...................................................



La decisi&oacute;n es vuestra
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-02-12</dc:date>
			<pubDate>Sat, 12 Feb 2005 14:15:21 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Por favor no]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/899/89958/</link>
			<description><![CDATA[
Estoy en cama y atravieso la m&aacute;s cruenta resaca de mi vida.  Si pidieran mi opini&oacute;n m&eacute;dica les asegurar&iacute;a que ochocientas mil abejas est&aacute;n fornicando desquiciadamente dentro de mi cerebro.   No quiero recordar nada.  No quiero saber nada.   Me duele parpadear.   Mi m&aacute;s ambicioso proyecto por ahora consiste en llegar con vida a la cocina,  inocularme un vaso de agua y volver a mi cama.  Voy arrastrando mi miserable existencia por la sala.  Los muebles y las mesitas son las paredes de Cronos y yo soy el maldito minotauro derrotado.   Me duelen los f&eacute;mures, me duelen los pelos y el pellejo se me cae a pedazos manchando el parquet de casa.  Soy s&oacute;lo la vieja c&aacute;scara del cuerpo que ayer ten&iacute;a,  sin embargo; conservo una &uacute;ltima esperanza.   Si consigo beber ese vaso de agua y retornar a mi cama sin alg&uacute;n imprevisto, podr&eacute; morir dignamente  sin molestar a nadie.   Contin&uacute;o arrastr&aacute;ndome.  Cuando abro la puerta de la cocina descubro que all&iacute; dentro est&aacute;n mi hermano y su noviecita discutiendo  por algo.  Avanzo y trato de no prestarles mucha atenci&oacute;n.  Cuando digo discutiendo me refiero a que ponen voz de beb&eacute; y se reclaman tonter&iacute;as.  Tratando de que no se me disloque el codo alzo mi brazo muy lentamente hasta la repisa de donde saco un vaso. Acto seguido me derrumbo sobre lavatorio, abro la llave y la lenta cascada va llen&aacute;ndolo.   Mi hermano y C&iacute;a. contin&uacute;an su chirriante afrenta a mis espaldas.  Me esfuerzo en no escuchar lo que dicen e imploro al cielo que esto termine antes de que decida matarlos.  Finalmente tengo mi agua.  Doy la vuelta y avanzo trapeando el suelo con las medias.  Ellos siguen berreando.  Trato de imaginar que son un artefacto malogrado de la cocina y sigo mi camino.  Faltan apenas dos metros para salir de esa &oacute;pera infernal.   Camino tan r&aacute;pido como puedo y trato de no escuchar la voz de la chica que est&aacute; diciendo algo sobre su nombre.   Su nombre es Raquel,  pero por lo que oigo no le ha gustado nada que mi hermano la llame as&iacute; y blasfema furiosa por su descuido.  &iexcl;Ya sabes que no me gusta!  dice.  Luego de un peque&ntilde;o intercambio de muecas y susurros mi hermano se disculpa como si llamarla por su nombre fuese una especie de rutinario simplismo que desprimaveriza el infinito amor que se profesan. - Est&aacute; bien   dice estirando la trompa hacia ella como un chancho y acto seguido, entonando la voz como si se tratase de un mu&ntilde;eco de pl&aacute;stico, comienza a llamarla en formas inimaginables:  diminutivos del mundo animal, t&iacute;tulos mon&aacute;rquicos, palabras rimantes, entre otros impronunciables sonidos de un abominable ritual de apareamiento.  Al terminar, se miran como si acabasen de interpretar la mejor versi&oacute;n de Romeo y Julieta,  sonr&iacute;en y se salpican los ojos, las narices y dem&aacute;s partes del rostro con ruidosos besos.  De camino a mi cuarto hay una ventana realmente grande que ocho pisos abajo da a la calle.   Estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano para seguir caminando y no lanzarme por all&iacute;.
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-03-03</dc:date>
			<pubDate>Thu, 03 Mar 2005 17:28:19 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[As when we were little]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/993/99325/</link>
			<description><![CDATA[(este cuento es para Melina que usa los calzones por arriba del pantal&oacute;n y que hoy cumple 24 dias de nacida (convertir de a&ntilde;os-hormiga a a&ntilde;os hombre). Se lo escrib&iacute; para su cumple del a&ntilde;o pasado pero como era un chico muy t&iacute;mido no se lo di.  jajajaja bueno ahi va.


AS WHEN WE WERE LITTLE

Escoge una canci&oacute;n que te haga pensar en lo mejor que hayas tenido.  Now start to remember.  

Cuando t&uacute; eras a little girl te parec&iacute;as a mi cuando yo era a little boy.  Me parece que es por eso que ahora vamos mir&aacute;ndonos por el rabo del ojo.  Como reconoci&eacute;ndonos de otro planeta.  Como si - ya que diablos - mas vale tarde que en las historias de alg&uacute;n perdedor que no sepa contarlo bien.  No est&eacute;s tan segura de que me perdon&eacute; el haber faltado a todas tus fiestas.  Especialmente de aquellas &eacute;pocas cuando te trajeron de regalo puras mentiras y vestidos que m&aacute;s parec&iacute;an seguros de castidad modernos.  

Piensa en tu enorme jard&iacute;n.  Tu jard&iacute;n que nos pon&iacute;a felices porque siempre hab&iacute;an p&aacute;jaros y aunque no lo ve&iacute;amos, Holden estaba cuid&aacute;ndonos por ah&iacute;, escondido entre el centeno. Fue por eso que no nos ca&iacute;mos al mundo de las mariposas que te com&iacute;an formalmente.  Deber&iacute;amos agradecerlo pues mas all&aacute; todos los p&aacute;jaros de Gabriel se han estrellado contra el piso.  Es el exceso de calor dicen pero ya sabemos que ha sido culpa del obstinado silencio de nuestro Dios heroin&oacute;mano.  

Te perdiste de cuando me gradu&eacute; de la escuela y de cuando mi pecho fue un ca&ntilde;&oacute;n en el que todos los turistas del mundo quer&iacute;an estar.  Se sacaban boletos con semanas de anticipaci&oacute;n.  Yo me perd&iacute; de cuando te cambi&oacute; el color de ojos y no supiste como utilizar tu nueva magia. Yo te hubiese ense&ntilde;ado.  Tus padres enviaban muchas cartas a mi casa y a la de los dem&aacute;s chicos del grupo para que te vayamos a visitar.  Dec&iacute;an  era mejor cuando estaba con ustedes  pero las cartas llegaban a las direcciones equivocadas y entonces algunos amigos te tocaban buenos y algunos malos.  Luego pasaron por las noticias de las seis que hab&iacute;as atiborrado la casa de discos y casettes buscando los mensajes ocultos que se o&iacute;an (lo de escucharlos al rev&eacute;s era solo un rumor que se corri&oacute;).  Yo se lo comuniqu&eacute; a los otros que de paso tambi&eacute;n hab&iacute;an visto el noticiario e hicimos lo mismo.  Tenemos ya el informe listo olvidado en alg&uacute;n lugar.   Yo pensaba Well share the same room.  Y as&iacute; todo va a estar bien.  Todos estuvimos de acuerdo aquella vez. 

No s&eacute; si te vaya a gustar saber esto pero debo contarte que el chico del bus, el de la tienda y el del colegio era siempre el mismo.  Seg&uacute;n nos cont&oacute; despu&eacute;s &eacute;l mismo, hab&iacute;a tenido la facilidad de cambiarse la cara junto con la ropa y te andaba persiguiendo.  Al principio s&oacute;lo para molestarte y luego porque se le hizo dif&iacute;cil dejarlo.   Ha sido el &uacute;ltimo en dejar de creer que volver&iacute;as.  Se suicid&oacute; cuando te llevaron y dos d&iacute;as despu&eacute;s apareci&oacute; mas nuevo que nunca.   Le dijimos que lo esper&aacute;bamos reci&eacute;n al tercer d&iacute;a.  &Eacute;l nos cont&oacute; que cuando lleg&oacute; al cielo Jes&uacute;s le hab&iacute;a armado la bronca a su padre y anduvo ense&ntilde;ado algunos trucos a todo el mundo.  &Eacute;l hab&iacute;a escogido el de la resurrecci&oacute;n y el de contar buenas historias subliminales.   Que inteligente &iquest;no? 

No supimos por donde comenzar a buscarte.   El cami&oacute;n que te llev&oacute; corr&iacute;a sobre rieles el&eacute;ctricos y nosotros a&uacute;n no termin&aacute;bamos de aprender a montar bicicleta.  De d&iacute;a te busc&aacute;bamos.  Hubiera sido ideal ir juntos pero nos hab&iacute;an matriculado en escuelas diferentes.  Luego por las noches alguien ven&iacute;a y nos ensuciaba la ropa que pon&iacute;amos a secar al cordel.  Al d&iacute;a siguiente no nos dejaban entrar a ning&uacute;n lugar de lo impresentables que est&aacute;bamos.  De diversas maneras la b&uacute;squeda se hizo terriblemente exhaustiva y un d&iacute;a alguien que estaba muy borracho dijo que nunca hab&iacute;as existido.   

Era mucha responsabilidad eso de la felicidad para nosotros.   La esperanza es la mochila mas grande.  Todos prefieren llevar las latas de at&uacute;n o los mantos de dormir.  Hasta la nostalgia era mas liviana. La idea de volverte un invento era maravillosa.   Aquella noche nadie dijo nada pero todos supimos que era lo &uacute;nico que nos quedaba.   De pronto ya ibas perdiendo tu edad,  tu nombre,  tus apellidos y te iba quedando solo que te hac&iacute;a parecer una bonita hada.   El chico se olvid&oacute; de todos sus trucos,  las ni&ntilde;as empezaron a seguir los consejos de sus madres. A todas sin excepci&oacute;n les partieron el coraz&oacute;n a gritos dejando s&oacute;lo pedazos irreconciliables.  Y yo, me consegu&iacute; un trabajo decente donde me dijeron que a&uacute;n pod&iacute;a llevar mi disfraz siempre y cuando no me lo creyera todo el tiempo. 

La verdad, pens&eacute; que ser&iacute;a mas dif&iacute;cil esto de adaptarse a estas nuevas cosas.  Al chico le va un poco peor.  A&uacute;n lo veo algunas noches.   Sucede que a veces se le olvida que ya no sabe resucitar y se sigue suicidando.  Entonces me llaman para que lo recoja en el hospital.  A los otros los veo por la calle. Nos esquivamos.  Ya imaginar&aacute;s.  Les va bien siempre y cuando no se acuerden de nada de las cosas de antes.   

El problema se presenta ahora que te veo caminando por aqu&iacute; en la ciudad.  Como si siempre hubieses estado y hubiese sido s&oacute;lo mala suerte no encontrarnos.  Te empiezo a seguir por la calle y has de pensar que estoy loco o que soy uno de esos maleantes de la calle que roban carteras.  Voy tratando de recordar en donde guard&eacute; el tel&eacute;fono de los otros y en si habr&aacute;n ya cambiado de casa.  &iquest;Que dir&aacute;n al saberlo? Yo s&eacute; que t&uacute; si te acuerdas porque eras la que nos parchaba las rodillas.  No te culpar&eacute; si prefieres no reconocerme e irte a servir el t&eacute; a casa.  Es rara esta realidad sobria en la que no rimamos; sin embargo, no te culpar&eacute; si no me reconoces.  

Yo quisiera que ya tuvieras la canci&oacute;n en la cabeza.  La canci&oacute;n que te hace pensar en lo mejor que nunca has tenido.   Ir a decirle al chico que se suicida que mejor le ense&ntilde;amos alg&uacute;n nuevo truco.  Buscar a Lucas que a estas horas suele salir de la universidad.   Zoa debe estar paseando a Mar&iacute;a en el parque como cada mi&eacute;rcoles.  Estoy seguro que pudo recordar donde viven todos.  Estoy seguro.  Ya entonces, si te parece, le pondr&iacute;amos el stop a esta falsa &oacute;pera. STOP.  Y nos ir&iacute;amos andando por sobre colinas,  a  fundar nuevamente  tu olvidado imperio de besos y canciones.    
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-04-13</dc:date>
			<pubDate>Wed, 13 Apr 2005 23:18:19 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Caer era algo importante]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/102/102808/</link>
			<description><![CDATA[Muy por el contrario a lo que en el grupo sol&iacute;amos creer, lanzarse por una ventana, no es una actividad del todo saludable.   Ayer organizamos una fiesta en casa.  Una verdadera fiesta.   Avanzada la noche, cuando ya hab&iacute;amos bebido bastante y yo comenzaba a pensar en esas cosas maravillosas que saben pensar las personas cuando han bebido bastante y que le est&aacute;n vetadas de concebir o siquiera recordar a alguien sobrio (raz&oacute;n por la cual no puedo referirme a ellas ahora),  me sent&eacute; en el umbral de mi enorme ventanal de calle con una pierna hacia adentro y otra hacia afuera de tal modo que parec&iacute;a que estaba montando un caballo de cemento.  A mi derecha yo limitaba con la m&uacute;sica y el grupo bailando.  A mi izquierda estaba  la ciudad con sus luces y unos metros abajo pod&iacute;a ver  el jard&iacute;n con los simp&aacute;ticos autos de mis vecinos.  Mi pierna pendulaba sobre ellos como en un reloj.  Al cabo de un rato dije que me iba a lanzar.  

Fue una escena muy inspiradora.  Ahora no recuerdo bien por qu&eacute;,  pero de alguna forma mi propuesta era algo simb&oacute;lico e importante que puso a la gente de muy buen &aacute;nimo.  Los muchachos del grupo asent&iacute;an con la cabeza no sin dejar de advertirme que tuviese cuidado.  M en cambio, distante como una estrella atra&iacute;da hacia un agujero negro,  sumergi&oacute; la mirada en su vaso de cerveza y dijo que no me iba a lanzar y que me bajara de una vez de la maldita ventana.  

Supongo que todos ya sab&iacute;amos que yo realmente no me iba a lanzar por la maldita ventana pero por alguna raz&oacute;n M se empe&ntilde;aba en hacerlo notar.  Era extra&ntilde;o.  Normalmente si alguien del grupo dec&iacute;a que quer&iacute;a ser bombero nosotros le prend&iacute;amos fuego a nuestras casas.  Si otro dec&iacute;a  Vamos a volar  todos pregunt&aacute;bamos - &iquest;Hacia d&oacute;nde? -.  Era nuestra forma de estar vivos.   A M sin embargo parec&iacute;a ya no hacerle mucha gracia esa situaci&oacute;n.  Se nos estaba escapando velozmente.   Finalmente agreg&oacute;  Es rid&iacute;culo. Ya no estamos para estas huevadas -.  

No es que a mi me gustase mucho andar lanz&aacute;ndome por las ventanas pero me importaba mucho M,  as&iacute; que cuando termin&oacute; de decir todo eso yo supe que ten&iacute;a que hacer algo para que su coraz&oacute;n recuperara la &oacute;rbita del grupo. Y entonces, lo m&aacute;s l&oacute;gico me pareci&oacute; pasar la pierna al otro lado del umbral y dejarme caer, como en aquella canci&oacute;n.  En ese momento caer era una palabra buena y ni todos los libros del mundo ten&iacute;an tanto sentido como lo que yo iba a hacer.  Ahora no puedo recordar porqu&eacute;, pero al soltar mis manos del umbral yo sent&iacute;a que era parte de lo &uacute;nico que val&iacute;a la pena en el mundo y que s&oacute;lo cayendo pod&iacute;amos recuperar a M a ese c&iacute;rculo.
						  
   Y 
     en 
      ton
        ces
          c
          a
           &iacute;.

Es verdad que apenas vivo en el nivel n&uacute;mero dos pero debo advertirles que pese a lo que sostengan las leyes b&aacute;sicas de la matem&aacute;tica,  un balazo en el cerebro es tan da&ntilde;ino como dos.  Aterric&eacute; como un mu&ntilde;eco relleno de rocas sobre un auto blanco.   Con el golpe se activ&oacute; la alarma y en medio de mi confusi&oacute;n y el dolor tuve que subir corriendo a casa para que el vecino no saliera a maldecirme por su auto abollado.  Algunos amigos hab&iacute;an bajado corriendo las  escaleras a ver si mis huesos segu&iacute;an en su lugar habitual.   Yo,  que ya ven&iacute;a subiendo,  les dije que no hab&iacute;a sido nada.  M  permanec&iacute;a en la misma silla.  Era una estrella de hielo.  Me apresur&eacute; a ver su reacci&oacute;n y vi que apretaba los pu&ntilde;os y miraba hacia el suelo.  Al tenerme delante nuevamente  se levant&oacute; y sin mirarme se larg&oacute; de casa.  Entonces yo tambi&eacute;n me fui a la cama y supongo que los pocos invitados que restaban no tardaron m&aacute;s de diez minutos en irse.  Hoy amanec&iacute; con unos moretones bastante mediocres en algunas partes del cuerpo.  

Hay un chiste muy bueno que comienza diciendo:  &iquest;Cu&aacute;l es la diferencia entre caer de un segundo piso y caer de un veinteavo piso?  Pues cuando caes de un veinteavo piso gritas gritas gritas y luego te mueres.   Cuando caes de un segundo piso simplemente caes, les dices a los invitados que no ha sido nada, te vas a la cama,  sientes que la borrachera desaparece y cuando tratas de recordar porqu&eacute; te lanzaste - nada viene a tu mente. Sabes que lo hiciste por algo maravilloso pero es como si esa noci&oacute;n le perteneciese a otro mundo en cuya atm&oacute;sfera tu memoria no puede nadar, y es sobre todo como si comprendieras a M, y como si los del grupo ya no estuvieran all&iacute;, como si nadie quisiera ser bombero ni ninguno de ustedes realmente supiera volar. Y entonces es que aparecen las razones para gritar gritar gritar y las razones para que caer de un veinteavo piso suene como una idea mejor.  

No s&eacute; porque tengo la impresi&oacute;n que era un buen chiste.   Talvez yo no lo s&eacute; contar bien.
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-04-30</dc:date>
			<pubDate>Sat, 30 Apr 2005 04:25:32 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[it is so fun to be an alcoholic]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/113/113589/</link>
			<description><![CDATA[
es tan divertido ser un alcoh&oacute;lico y llevar vidrios rotos en el es&oacute;fago
y es m&aacute;s divertido aun ser un alcoh&oacute;lico
y caminar por Pardo como si fuese Quilca
y sentir que Lima es una ciudad maravillosa
aunque no tenga estrellas
aunque no me dejen entrar al ba&ntilde;o de mc donalds
aunque shes got a ticket to ride
 
es tan divertido ser un alcoh&oacute;lico y caerse
como se caen las aves de M&aacute;ncora dentro de una ola
y nacen dos segundos despu&eacute;s con un pez en el pico
cuando uno ya las cre&iacute;a muertas

its so fun to be an alcoholic
y que la palabra mapa est&eacute; presa en una manicomio 
junto con los cuadrados, las horas
y la muerte - en su celda de agua

es tan divertido hablarle a tu gato, 
o besar a tu madre
dormirse en un parque
robarse una estatua
 
it is so fun to understand
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-06-11</dc:date>
			<pubDate>Sat, 11 Jun 2005 23:16:54 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[&Aacute;brele la puerta a pap&aacute;]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/113/113592/</link>
			<description><![CDATA[- &iexcl;Abre la puerta que ya lleg&oacute; mi pap&aacute;!  grit&oacute; mi hermana desde su cuarto y yo despert&eacute; sobresaltado.
- &iexcl;ohhh rayos!  dije, mientras desde mi cama asomaba la cabeza y ve&iacute;a la sala.  &iexcl;Pero este lugar est&aacute; como si le hubiese ca&iacute;do un maldito meteorito! -
Cynthia insist&iacute;a  &iexcl;Mi pap&aacute; est&aacute; tocando el timbre desde hace rato! &iexcl;Abre la puerta!
Y yo recordaba la fiesta. 
Recordaba por ejemplo que de un rato a otro hubo gente que no conoc&iacute;amos y que se pasaban las cervezas y dejaban caer porquer&iacute;as al suelo.
Mi hermana no dejaba de insistir con lo de mi padre. 
Y yo ve&iacute;a la casa.
- No puedo abrirle - le dije  &iexcl;hay miles de botellas regadas por el suelo!
- Va a ser peor si no le abres - dijo
Mi pap&aacute; tocaba el timbre muchas veces. Vive en otra ciudad y viene a visitarnos de cuando en cuando para ver si no hemos acabado con nuestras vidas. 
Le dije a mi hermana  Ayer tu amiga Isabel me dijo muchas cosas  
- &iquest;Qu&eacute; cosas?  pregunt&oacute; mi hermana desde su cama
- &iexcl;Rayos! Me dec&iacute;a que yo era su modelo a seguir y que me adoraba y cada dos segundos nos &iacute;bamos a mi cuarto a programar la m&uacute;sica.
- &iquest;Y su enamorado? - 
- &iexcl;Rayos! Su enamorado. Ya lo puedes imaginar - dije
Mi padre tocaba el timbre y yo me lo proyectaba con sus maletas afuera del departamento.
- &iexcl;Oye!  grit&oacute; mi hermana  &iquest;Ya abriste la puerta?
- &iexcl;No puedo abrirle! &iexcl;Hay miles de botellas regadas en el suelo! &iquest;No comprendes?
Hubo silencio por unos segundos.
- &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s te dijo Isabel?
- &iexcl;Dec&iacute;a muchas cosas locas!  dije  Dec&iacute;a que todos los hombres eran unos salvajes y luego me tocaba el cabello. Met&iacute;a sus dedos dentro. T&uacute; sabes, dentro de los rulos, era medio pornogr&aacute;fica la cosa. 
- &iexcl;Rayos! - dijo mi hermana
(Utiliz&aacute;bamos mucho la palabra rayos. Pens&aacute;bamos que expresaba bastantes cosas)
Camin&eacute; hacia la puerta y vi la sala y la cocina
- &iexcl;Esto es un antro Cynthia! &iexcl;Mi pap&aacute; no puede ver esto!
Todo lo dec&iacute;a junto a la puerta de modo que igual pap&aacute; pod&iacute;a escucharlo y ya deber&iacute;a tener una buena idea de lo que hab&iacute;amos hecho con su casa. Yo ten&iacute;a la mano en la manija a punto de abrirle.
- &Aacute;breme hijo  dijo mi pap&aacute;
- &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s te dec&iacute;a Isabel?  pregunt&oacute; mi hermana
- Dec&iacute;a muchas cosas! &iexcl;Cosas muy locas!
- &iexcl;Salvaje! Isabel tiene un bot&oacute;n de autodestrucci&oacute;n cuando bebe! &iexcl;No puedes tomarle en serio! - dijo
- &iexcl;&Aacute;branme hijos!  insisti&oacute; mi pap&aacute;
- &iexcl;&Aacute;brele maldici&oacute;n!  dijo mi hermana
Yo ten&iacute;a la llave en la manija y pod&iacute;a escuchar a pap&aacute; tras la puerta. 
Miraba las botellas de cerveza tiradas sobre el suelo. Estaban dispuestas de una forma graciosa. Como si fueran personas que se hab&iacute;a quedado a dormir.
- &iexcl;Tu amiga se puso mi nariz de claun! - dije
Pap&aacute; se hab&iacute;a colgado del timbre
- &iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o esperas para abrirle la puerta?  pregunt&oacute; mi hermana. Hab&iacute;a salido de su cuarto y me miraba desde el pasadizo.
- Se puso mi nariz de claun y me tocaba el cabello - insist&iacute;
- &iexcl;&iexcl;Esta huevona!!  dijo mi hermana - &iquest;Y su enamorado?
- &iexcl;Hijo abre la puerta! - Insist&iacute;a mi pap&aacute;  No voy a matarlos si han hecho una fiesta.
- Mi pap&aacute; dice que no va a matarnos - dije
- Lo estoy escuchando  dijo mi hermana  &Aacute;brele la puerta de una buena vez
- Abre la puerta hijo  
- Tu amiga Isabel es muy graciosa
- &iexcl;No puedes tomarle en serio cuando tiene tanta cerveza encima!  dijo mi hermana
- &iquest;Te acuerdas de los chicos de la calle que invit&eacute; a subir?  pregunt&eacute;
- Claro que me acuerdo
- Me miraron como si acabara de regalarles un Ferrari. Dijeron que no mucha gente los invitaba a entrar a sus fiestas. 
Pap&aacute; se puso a darle cabezazos a la puerta
- Mi pap&aacute; est&aacute; muy loco. Le est&aacute; dando cabezazos a la puerta. - dije
- 
- Isabel se puso mi nariz de claun y luego me pregunt&oacute; que por qu&eacute; hab&iacute;a dejado entrar a esos chicos
- &iquest;Y por qu&eacute; dejaste entrar a esos chicos?  pregunt&oacute; mi hermana  
- Por qu&eacute; no mucha gente los invitaba a entrar a sus fiestas.  respond&iacute;.  A mi me gustar&iacute;a que me invitaran a pasar a mas fiestas.
- &iquest;Y qu&eacute; dijo Isabel?
- Isabel se puso mi nariz de claun y me pregunt&oacute; que como se usaba y yo le dije que s&oacute;lo hab&iacute;a que pon&eacute;rsela y exagerar un poco.
- &iquest;C&oacute;mo exagerar? 
- Pues ya sabes. Hay que llevar hasta el l&iacute;mite una actitud de tal modo que se vuelva graciosa. 
- &iquest;Ah?
- Pues eso - dije
- &iquest;Y que hizo Isabel?
- Creo que intentaba imitar el sonido de un gato
- &iquest;Qu&eacute;?
- Si pero no le sal&iacute;a bien.
- &iquest;Y luego?
- Luego dej&oacute; lo del gato y me olfate&oacute;. 
- &iexcl;!La muy zorra!!  grit&oacute; mi hermana
- Al rato entr&oacute; su enamorado y la vio all&iacute; conmigo &iquest;C&oacute;mo se llama?
-!Jorge! 
- Bueno &eacute;l. No le hizo mucha gracia el asunto y se la llev&oacute; del brazo

Tras la puerta mi pap&aacute; parec&iacute;a haberse calmado. En eso son&oacute; el tel&eacute;fono.
Mi hermana y yo miramos el aparato sobre su mesita. Levant&eacute; el auricular y dije al&oacute;.

- &iquest;Qui&eacute;n es? - pregunt&oacute; mi hermana
- Es mi pap&aacute;. 
- &iquest;Qu&eacute; acaso no est&aacute; en la puerta?
- Si, all&iacute; est&aacute; y ahora est&aacute; llamando de su celular.
- &iquest;Qu&eacute; dice?
- Dice que le abramos la puerta

Mir&eacute; hacia el suelo. Hab&iacute;a un libro de autoayuda tirado junto a una silla. No ten&iacute;a la tapa y se ve&iacute;a la lista de cap&iacute;tulos. El primero dec&iacute;a as&iacute; Usted puede aprender a ser una persona normal.

Gir&eacute; la perilla y al despejar la puerta vi a mi pap&aacute; con sus maletas.  Estaba un poco despeinado. No es su culpa. Viaja toda la noche y cuando uno llega a la agencia nunca sale agua de los ca&ntilde;os.   

- Hola hijo  dijo mientras apoyaba sus cosas en el suelo.
- Hola pap&aacute;  dije, y luego mi hermana tambi&eacute;n dijo  &iexcl;Hola pap&aacute;!.   Nos abrazamos emotivamente. Luego pap&aacute; sac&oacute; de su malet&iacute;n una torta que nos hab&iacute;a mandado mi abuela y nos sentamos a desayunar.   

- Han tenido una fiesta ayer  dijo mientras con dos dedos extra&iacute;a un durazno de la cobertura de miel de la torta.

Mi hermana le dio un sorbo a su jugo de papaya - Si, pero nada espectacular  dijo. 

- Nada espectacular - confirm&eacute; yo y con la mano derecha correg&iacute; cari&ntilde;osamente un mech&oacute;n de pelos que le ca&iacute;an por la frente.   
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-06-11</dc:date>
			<pubDate>Sat, 11 Jun 2005 23:20:22 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Y uno o dos meteoritos]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/125/125240/</link>
			<description><![CDATA[Que har&iacute;an si su ciudad
Fuese la cabeza de un f&oacute;sforo en llamas
Y los perros estuviesen comiendo vidrio
Y los p&aacute;jaros
Tuvieran cara de ir a matar a alguien
Que har&iacute;an
Si todas las radios
Sintonizaran malos recuerdos
Y en la TV 
Se anunciara a todo color
Que el amor no existe
Que el amor no existe
Que es lunes y
Que el amor no existe

Que har&iacute;an entonces
Si les dieran
Una hoja de papel
Un lapicero
Y no tuvieran manos
Ni mucho menos
Ganas de escribir
O de pintar
O de cantar
Porque al fin y al cabo
Dante se muri&oacute; solo
Y en cien a&ntilde;os
Nadie sabr&aacute; quien era yo
O quien eras t&uacute;
Ni porqu&eacute; mesa  sue&ntilde;o  perro
Eran una sola palabra
Cuando c a m i n a b a s

Que har&aacute;n maldita sea
Cuando la palabra fin
Llueva sobre todo lo que comen
Y les nazcan goteras
En la garganta, en el est&oacute;mago
En la columna
Tan Invertebrada
Como el Parten&oacute;n hecho mierda
En una guerra que no era suya

Que har&aacute;s esta noche
Cuando me canse de todo
Y me suba a una estrella 
Que tenga vista a tu cuarto
Y lance palabras que
Se vuelvan piedras de fuego
Al cruzar tu atm&oacute;sfera

Que har&aacute;s cuando descubras
Que no soy igual a todos
Pero que tambi&eacute;n tengo 
Trampas sembradas por toda la piel
Y te har&eacute; da&ntilde;o con mis ojos
Y te har&eacute; da&ntilde;o con mi cabello
Y te har&eacute; da&ntilde;o  con mi luz

Que har&aacute;s entonces
Cuando despu&eacute;s de la batalla
Te pida perd&oacute;n arrodillado sobre mi infancia
Y te diga en serio que te amo
A pesar de este olor a quemado
A pesar de Dios

Que har&aacute;n me pregunto
Que har&aacute;n ustedes 
Cuando conozcan por fin el gran incendio
Y se descubran
Hechos de madera

Que har&aacute;n
Cuando alguien los tome de la mano
Y los acerque lentamente
A la cabellera luminosa
Que es el centro de todo
Y la &uacute;nica soluci&oacute;n posible
A una ciudad que no es m&aacute;s 
Que un hombre en su cuarto
D&aacute;ndose un abrazo
Mientras en la calle
Cae la noche
Y uno o dos meteoritos.
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-07-26</dc:date>
			<pubDate>Tue, 26 Jul 2005 03:05:04 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Alguien por favor s&uacute;bale el volumen a la radio]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/126/126758/</link>
			<description><![CDATA[Ya no soporto al pan
Que desde hace tres d&iacute;as 
Se hace el dormido sobre la mesa
sin que nadie se lo coma
Ni soporto que mi coraz&oacute;n
Tan parecido a mi cocina 
Sea un desierto desprovisto de aves de carro&ntilde;a
dispuestas a ocultar a la muerte       en sus est&oacute;magos
Podr&iacute;a buscar  dicen mis amigos
(y no son malos amigos)
Podr&iacute;a tomarle la mano a cualquiera
Porque al fin y al cabo 	tengo buenos discos
Y s&eacute; cuales son las calles mas bonitas de esta ciudad

Pero no es que se trate de eso  pienso
(Y en el fondo tambi&eacute;n lo saben ellos)
Ni tampoco de dejar de ser azul
Porque el amarillo y el morado
Han salido de la misma caja de disfraces

Se trata creo
De estar completo
Como el pan cuando se lo comen
O como un desierto en cuyo arena
Forman un c&iacute;rculo las sombras de los p&aacute;jaros

Supongo que alguien tendr&iacute;a que explicarme c&oacute;mo
A mi s&oacute;lo se me ha ocurrido poner disco tras disco
Y entonces John dice
me siento mal, apreciar&iacute;a que est&eacute;s cerca
Y Andr&eacute;s pregunta cuanto falta para llegar
                                     A CUALQUIER LUGAR?

Y yo apoyado en la ventana
Miro mi planeta naranja    Tan grande
            Y rezo tu nombre 
            Que a&uacute;n no se escribir ni pronunciar
            Y espero a que suene el timbre o el tel&eacute;fono

Pero eso no ha servido de nada - ni una sola vez -
Despu&eacute;s de tanto minuto masticado
Y entre tanto
   entre tanto
Ya no me es tan f&aacute;cil burlarme de los cementerios
Ya no comprendo del todo a los ni&ntilde;os
Y s&eacute; que en poco tiempo
Me olvidar&eacute; de c&oacute;mo escribir poemas

No resisto m&aacute;s este cuarto
Ni su maldita vocaci&oacute;n de c&aacute;mara de gas
Odio mi guitarra
Y Odio mis libros - esa tribu de plantas carn&iacute;voras 
Que me ha servido tanto como un par de alas de metal -

Podr&iacute;a incendiarlos  dicen mis amigos
                        (y no son malos amigos)
Podr&iacute;a cantar y comprarme un castillo
Porque conozco el lugar exacto d&oacute;nde te duele
Y tambi&eacute;n puedo imitar la letra de los doctores

Pero no creo que sea suficiente
Con ense&ntilde;arle modales a un tigre
Que de d&iacute;a se deja acariciar
Y de noche sue&ntilde;a con el olor de tu cuello

Se trata       creo
De que apuntes con algo
Tu lugar en este confuso mapa de
                       d&iacute;as  segundos y al fin a&ntilde;os
O bien vengas
Con la llave de tu risa
Con la llave de tu pupila
Con la llave de tu rampa h&uacute;meda
A abrir esta jaula de barrotes transparentes

Alguien tendria que explicarte c&oacute;mo
A ti,  seg&uacute;n parece
s&oacute;lo se te ocurre mirar por la ventana 
Mirando tu planeta naranja
Mientras rezas mi nombre
            que a&uacute;n no sabes ni escribir ni pronunciar
Y esperas 
quien sabe d&oacute;nde
quien sabe d&oacute;nde
quien sabe d&oacute;nde
quien sabe d&oacute;nde
quien sabe d&oacute;nde
quien sabe d&oacute;nde
quien sabe d&oacute;nde
quien sabe d&oacute;nde
quien sabe d&oacute;nde
quien sabe d&oacute;nde 
quien sabe d&oacute;nde 
quien sabe d&oacute;nde 

a que suene el timbre
                 o el tel&eacute;fono

]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-07-31</dc:date>
			<pubDate>Sun, 31 Jul 2005 01:53:26 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[sur le fil]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/131/131176/</link>
			<description><![CDATA[a lo mejor el sol es solamente una gran piedra caliente
y no el enorme incendio suspendido que yo veo
a lo mejor la m&uacute;sica son s&oacute;lo huecos y ondas
a lo mejor Lima es una ciudad horrible 
a lo mejor t&uacute;
a lo mejor eres s&oacute;lo otro ser humano
y no una magnolia naci&eacute;ndome en el pecho
cada vez que te veo

pero ni el sol parece s&oacute;lo una piedra caliente
ni la m&uacute;sica parece ser s&oacute;lo huecos y ondas

desde que te sue&ntilde;o
el sol es como un pez dorado  - aleteando contra un universo
que lucha salvajemente por mantenernos a oscuras -
y la m&uacute;sica       
es gente animales &aacute;rboles y piedras
fundando una nueva galaxia entre mi coraz&oacute;n
y mi h&iacute;gado que renace

ahora que cada uno de mis pasos
son como gotas llovi&eacute;ndole,
Lima es la ciudad escogida y en ella
todas las otras ciudades del mundo
son peque&ntilde;os barrios apenas distantes
unidos por caminos de &aacute;rboles

ahora que has venido
y puedo o&iacute;r con los dedos
y bailar con los ojos
y comer con el coraz&oacute;n

no hay ni una sola part&iacute;cula del mundo que no haya aprendido a cantar
y todo lo que es negro y oscuro y feo descansa ya
en la enorme barriga de ese pez amarillo
que era s&oacute;lo una piedra caliente
cuando no estabas aqu&iacute;

]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-08-16</dc:date>
			<pubDate>Tue, 16 Aug 2005 17:55:16 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[The four seasons bubblegum symphony]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/133/133202/</link>
			<description><![CDATA[ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil si este verano
adem&aacute;s de los chicles sobre el cemento
no se derritiera tambi&eacute;n la ciudad como un chicle
ni se masticara a la gente como un chicle
y por cierto que tambi&eacute;n
ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil si este invierno
adem&aacute;s de los chicles pegados bajo las mesas
no se endurecieran las calles
ni se olvidara a la gente
en cualquier lugar de esta puta ciudad
como un chicle
y cuando lleguen abril y mayo
ser&iacute;a bueno si este lugar improvisara de una vez    un oto&ntilde;o
para que caigan las hojas de los &aacute;rboles como en todo el mundo
y no los corazones amarillos de mis amigos      nuevamente
ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil si esta primavera
si por fin esta primavera         se deja de tanta publicidad
y llega aut&eacute;ntica y desnuda
para que sea de verdad como un chicle
y luego como un globo
]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-08-23</dc:date>
			<pubDate>Tue, 23 Aug 2005 05:39:52 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Uuuuuuuuuuuu]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/138/138538/</link>
			<description><![CDATA[Todos los d&iacute;as yo me levantaba a las ocho de la ma&ntilde;ana cuando el despertador sonaba y ya no hab&iacute;a nadie en casa.  Luego arrastraba mis medias hasta la cocina,  prend&iacute;a la terma, cog&iacute;a un pl&aacute;tano y me lo ven&iacute;a comiendo de regreso a mi cama donde dorm&iacute;a otra hora m&aacute;s.  Lo del pl&aacute;tano lo hab&iacute;a aprendido de H, el gran H, mi t&iacute;o.  Me dijo  Perro (as&iacute; me llamaba &eacute;l),  es como si la digesti&oacute;n, el metabolismo t&uacute; sabes, como si el pl&aacute;tano fuera activando las cosas desde adentro,   sin angustia,  cero shock.  Lo prob&eacute; por unos d&iacute;as y cuando le volv&iacute; a ver le dije  Perro (yo tambi&eacute;n lo llamaba as&iacute;), esto deber&iacute;as patentarlo  le dije  me refiero a que no s&oacute;lo funciona con el pl&aacute;tano sino con el pan o cualquier cosa por el estilo.  Vencer la angustia del amanecer  le dije  probablemente esto sea mas grande que la penicilina o el  tel&eacute;fono m&oacute;vil -. El dijo  captaste la idea muchacho  y me palme&oacute; la espalda igual que cuando aprend&iacute; a contar chistes de burros y a bailar el rock,  ambas tambi&eacute;n ense&ntilde;anzas suyas que me ayudaron a sobrevivir en los duros tiempos de la escuela.  Desde entonces no hab&iacute;a podido dejar ni lo de los chistes, ni el rock, ni lo del pl&aacute;tano.  Supongo que parece que me hab&iacute;an inculcado los h&aacute;bitos de un orangut&aacute;n, pero la verdad es que s&oacute;lo &eacute;ramos dos chicos a los que no los volv&iacute;a locos la idea de levantarse temprano.  

Mi t&iacute;a en cambio dec&iacute;a que para levantarse a las ocho s&oacute;lo una verdadera cucaracha necesitaba un despertador.   Yo no me ve&iacute;a a mi mismo como una cucaracha as&iacute; que supon&iacute;a que ella estaba equivocada y  le dec&iacute;a  T&iacute;a,  &iquest;sabes como se llama la tercera canci&oacute;n del disco Revolver de los Beatles?   Y ella dec&iacute;a que no sab&iacute;a.   Entonces yo le mostraba el disco indic&aacute;ndole la canci&oacute;n  S&oacute;lo estoy durmiendo  Y ella dec&iacute;a - &iquest;C&oacute;mo?  Y yo le dec&iacute;a  Ese es el nombre de la canci&oacute;n S&oacute;lo estoy durmiendo  y por algo el Revolver no es uno de los discos m&aacute;s famosos de los Beatles t&iacute;a, &iquest;Me comprendes? -  Ella me miraba convencida de que en alg&uacute;n momento yo hab&iacute;a tomado el rumbo equivocado y que definitivamente personas como H., su hermano menor, hab&iacute;an sido las culpables.   Finalmente se iba por donde hab&iacute;a venido.  Supongo que en el fondo entend&iacute;a algo.  

Aquel d&iacute;a sin embargo cuando el despertador son&oacute; yo ya estaba despierto.   Sab&iacute;a que aquel iba a ser un d&iacute;a diferente.  Era una sensaci&oacute;n que no llegaba a ser tan brutal como la de amanecer convertido en un insecto al igual que el pobre Gregor Samsa en La Metamorfosis, pero que era casi una idea, un olor, un jodido presentimiento,  como el de Santiago Nassar sinti&eacute;ndose por completo salpicado de cagada de p&aacute;jaros la ma&ntilde;ana del d&iacute;a en que lo iban a matar.  No era que me fuesen a matar ni mucho menos.  Me refiero a que en Lima por lo menos - &iquest;qui&eacute;n co&ntilde;o iba a tomarse la molestia de matar a un tipo como yo? -.   Pero alguna pastrulada iba a suceder, de eso estaba seguro,  porque eran las siete y media de la ma&ntilde;ana y yo me hab&iacute;a cagado en las ense&ntilde;anzas del gran H.  Olvid&eacute; el pl&aacute;tano,  lanc&eacute; la frazada lejos sintiendo como cada part&iacute;cula de mi cuerpo me maldec&iacute;a por hacerle semejante putada s&oacute;lo por un poco de dinero.  

Sentado sobre mi cama,  cog&iacute;a una cadenita dorada entre mis manos y me preguntaba cu&aacute;nto podr&iacute;an darme por eso.   Era el &uacute;nico objeto de valor que hab&iacute;a encontrado despu&eacute;s de que yo mismo hab&iacute;a dejado mi cuarto como si una tribu de rastas hubiese estado buscando en mis cajones la &uacute;ltima porci&oacute;n de marihuana que quedaba en el mundo.  Entonces me pareci&oacute;, demonios,  no s&eacute; como llegu&eacute; a eso pero pens&eacute; o sent&iacute;  que aquella escena era como uno de esos comerciales de prevenci&oacute;n contra las drogas.  El desorden, la falta de dinero, la cadenita.   Y  record&eacute; que en esos comerciales,  por lo menos en las que yo hab&iacute;a visto,  siempre pasaban cosas muy horribles y me puse paranoico.   As&iacute; que justo antes de salir del cuarto, justo antes de salir me detuve frente al espejo y  me dije  T&uacute; no eres un pastrulo como Gonzalo.  Adem&aacute;s, es s&oacute;lo una cadenita - y finalmente para darme &aacute;nimos prend&iacute; la radio y me puse a mover la cabeza mientras me vest&iacute;a y cantaba aquella vieja canci&oacute;n de Instrucci&oacute;n C&iacute;vica:

&eacute;l siempre dice
la paz ya pas&oacute; de moda
tu tu ru
dejemos que tiren la bomba
para ver que pasa
mmm

Cuando sal&iacute; del cuarto ya ni mi t&iacute;a ni Sandra estaban en casa.   Mi familia se levanta absurdamente temprano porque sus centros de trabajo quedan en el jodido culo de Lima, en extremos diferentes.  La casa por la ma&ntilde;ana es un verdadero mercado y yo soy el &uacute;nico que no se entera de nada.  Sandra, mi prima,  trabaja en la sala de emergencias de un hospital.   Fue la primera de su promoci&oacute;n y adem&aacute;s es muy guapa pero le han dicho que lo primero que har&aacute; es levantarse muy temprano y venir a cortar tiritas de gasa y esparadrapo.  A mi t&iacute;a no le va mejor.   Trabaja en esa farmacia donde los &uacute;nicos productos que se venden son jeringas, condones y alguno que otro pa&ntilde;al para un ni&ntilde;o cag&oacute;n.  Por alguna raz&oacute;n el due&ntilde;o de la farmacia del infierno necesita que mi t&iacute;a est&eacute; all&iacute; cuando no se han levantado ni los perros.  

Cuando se fueron descubr&iacute; que mi hermana era la &uacute;nica que quedaba en casa.

- Cynthia  grit&eacute;.  Alzaba la voz porque supuse que estaba durmiendo.  
- &iquest;Qu&eacute;eeeee?  - respondi&oacute;.  Ya se hab&iacute;a levantado y estaba en el ba&ntilde;o lav&aacute;ndose las manos.  Le gusta mucho lavarse las manos y le da muchas vueltas al jab&oacute;n hasta que sale un mont&oacute;n de espuma.
- &iquest;Sabes cu&aacute;nto puede valer una cadena de oro?  pregunt&eacute;.   Pod&iacute;a escuchar el chorro de agua cayendo sobre sus manos y el jab&oacute;n girando entre ellas.  Nunca paraba.
- &iquest;Por qu&eacute;?  pregunt&oacute;  &iquest;Acaso vas a comenzar a vender tus cosas?  dijo y lo que en realidad estaba diciendo era todos ustedes, malditos escritores y drogadictos (para ella ambas palabras ven&iacute;an siendo una especie de sin&oacute;nimos) tarde o temprano empiezan a vender sus cosas.
- S&oacute;lo una cadenita  dije  &iquest;sabes cu&aacute;nto me pueden dar por ella?
- Pues no s&eacute;.  Pero seguro que no es mucho.
- &iquest;Cu&aacute;nto es eso?  pregunt&eacute; - &iquest;Me alcanzar&aacute; para un s&aacute;ndwich?  
Se asom&oacute; a mi cuarto con las manos todas llenas de espuma.  Era verdaderamente espeluznante.  - &iquest;Vas a cambiar una cadena de oro por un s&aacute;ndwich?  pregunt&oacute;.
- Entonces est&aacute;s diciendo que vale m&aacute;s que un s&aacute;ndwich  le dije
- Pues claro que vale m&aacute;s que un s&aacute;ndwich, salvaje.
- Entonces no deber&iacute;as haber dicho que no ten&iacute;as ni idea  dije
- Bestia -  dijo y se fue a seguir lav&aacute;ndose las manos por otro par de minutos.


Mi est&oacute;mago era como un balde vac&iacute;o y mientras el &oacute;mnibus avanzaba por la ciudad yo iba pensando en lo primero que har&iacute;a al tener el dinero de la cadena.  &iquest;Cu&aacute;nto podr&iacute;a ser?  Cincuenta, talvez cuarenta soles.   Aceptar&iacute;a veinte.  Comprar&iacute;a uno de esos enrollados &aacute;rabes de carne de cordero y me ir&iacute;a a trabajar.   El &oacute;mnibus avanzaba r&aacute;pido pero a&uacute;n est&aacute;bamos lejos de Miraflores.  Atraves&aacute;bamos Surco Viejo.  No hac&iacute;a m&aacute;s de una semana que hab&iacute;a pasado por all&iacute; y hab&iacute;a visto a un perro escarbando en la basura.  Aquel d&iacute;a pens&eacute; los perros est&aacute;n comiendo vidrio y luego escrib&iacute; algo con esa frase y me dije soy un farsante, yo s&eacute; que ese perro no est&aacute; comiendo vidrios pero luego pens&eacute; la poes&iacute;a de alg&uacute;n modo vuelve la mierda menos pat&eacute;tica y termin&eacute; el poema.   Ahora tambi&eacute;n hab&iacute;a un perro escarbando en la basura pero no sent&iacute; que estuviese comiendo vidrio ni mucho menos.  En la radio sonaba una canci&oacute;n de los ochentas.   Recordaba a H.  Toda la m&uacute;sica de los ochentas me hac&iacute;a recordar a H.  Men at work,  Dire Straits.   Pegu&eacute; la cabeza a la ventana.  Money for nothing and the chicks for free.  En alg&uacute;n momento hab&iacute;a cambiado todo.  A H ya no lo ve&iacute;amos m&aacute;s por casa y yo ten&iacute;a que vender una cadena para desayunar.  

Ahora el &oacute;mnibus avanzaba por Av. Larco.  Cuando uno escucha m&uacute;sica todo el d&iacute;a la ciudad termina pareci&eacute;ndose a las canciones,  d&iacute;as enteros parecidos a una canci&oacute;n.  Av. Larco de Fr&aacute;gil.  Pens&eacute;  El Per&uacute; en los a&ntilde;os ochenta.  Yo era muy ni&ntilde;o.  Soda Stereo, Los Prisioneros,  Charly.  - Bajo en Shell por favor  le dije al cobrador.  El sol brillaba sobre Miraflores.  Todos esos jardines y esos cubos de granito donde la gente se sentaba.  La gente parec&iacute;a siempre m&aacute;s feliz en Miraflores.  Llevaba la cadenita en el bolsillo de la casaca.  La apretaba con los dedos.  &iquest;Cu&aacute;nto podr&iacute;an darme por esta cosa?  Era importante no dejarse timar.  Tengo cara de bueno  pensaba - pero mi cadena vale algo.  Lo s&eacute;.   No jueguen con Carlitos Way.  Observen mis lentes amarillos.  Toquen mi cabello hasta los pies.  

Por fin llegu&eacute; al gran edificio azul.  De noche era una discoteca gay y de d&iacute;a la gente vend&iacute;a y compraba oro.   Supongo que no son negocios parecidos pero por lo menos no era como esa iglesia del centro que termin&oacute; convertida en un cine porno.   Hab&iacute;a entrado un par de veces a sacar a Karen del Downtown.   Ese era el nombre que ten&iacute;a el lugar por las noches.  No era como que cualquiera te pudiese agarrar el culo.  Supongo que era como una discoteca cualquiera a excepci&oacute;n de que hab&iacute;an chicos besando a otros chicos y chicas besando a otras chicas y luego como a las dos de la ma&ntilde;ana sub&iacute;an a una especie de escenario unos tipos en bikini con unas margaritas de pl&aacute;stico gigantes y bailaban canciones de Rafaela Carr&aacute; y cosas por el estilo.  De d&iacute;a sin embargo era un centro comercial abandonado.  Cuando entr&eacute; me di cuenta que s&oacute;lo uno de los puestos estaba abierto.  Un chico de unos dieciocho a&ntilde;os con pinta amable me intercept&oacute; en la puerta de su negocio.    &iquest;Quieres vender algo choche?  me pregunt&oacute;.

- Tengo esta cadena  le dije.    No quer&iacute;a mostr&aacute;rsela tan r&aacute;pido pero cuando me di cuenta ya se la hab&iacute;a dado.
- D&eacute;jame ver  dijo y comenz&oacute; a moverla entre sus dedos.

No regatear&iacute;a.  La verdad no me importaba nada la cadena.  Ni siquiera recordaba como hab&iacute;a llegado a mi.  Tomar&iacute;a el dinero y atravesar&iacute;a el parque hasta aquel lugar &aacute;rabe.   Comprar&iacute;a alguna cosa que tuviese cordero y me sentar&iacute;a a tragar.  Luego si sobraba algo coger&iacute;a un taxi hasta la revista.   Ten&iacute;a que terminar la est&uacute;pida cr&oacute;nica de las prostitutas de R&iacute;o.    Cada d&iacute;a le dec&iacute;a a mi editor  Ya tengo doscientas palabras  Voy por las cuatrocientas  Ma&ntilde;ana lo tienes en tu escritorio  &Eacute;sta es la mejor cr&oacute;nica sobre prostitutas alguna vez escrita  o bien  &iexcl;No me presiones!.   Pero la verdad era que s&oacute;lo ten&iacute;a un archivo de word de dos kbytes y una frase que dec&iacute;a Nunca pens&eacute; terminar escribiendo cartas de amor para prostitutas.  All&iacute; acababa mi cr&oacute;nica.   Era todo lo que ten&iacute;a.   Ni siquiera pod&iacute;a quejarme porque yo hab&iacute;a escogido el tema.   Mi editor me hab&iacute;a dicho  Ya s&eacute; que est&aacute;s cansado de toda esta mierda pol&iacute;tica  Exacto  le dije.   Definitivamente lo tuyo no es la pol&iacute;tica  dec&iacute;a  Ni andar metiendo las narices en la mierda ajena -.  Nunca nadie me hab&iacute;a entendido mejor.    Pero bueno  dijo  Ya sabes que la revista anda mal.  Todos sabemos que la revista est&aacute; muy mal.  No podemos continuar pag&aacute;ndote s&oacute;lo por traer tu culo hasta ac&aacute; cada d&iacute;a, por mas puntualmente que lo hagas.   Comprendo  le dije.   Debe haber algo sobre lo que quieras escribir  propuso.  Y yo le dije  He vivido en Brasil unos a&ntilde;os.  Tengo algunas historias.   Te escucho  me dijo.   Pues ver&aacute;.  All&aacute; tambi&eacute;n hay algunos clubes nocturnos como ac&aacute;.   y luego agregu&eacute; - S&oacute;lo que en los de all&aacute; hay una chica y un chico que lo hacen delante de uno  &iquest;Hacen qu&eacute;?  pregunt&oacute;.  Era molesto tener que explicar todo.   Ya sabe,  simplemente ellos lo hacen, ah&iacute; delante de todos - &iquest;Ah?  Pues si  dije - y a veces tambi&eacute;n entre chicas. - &iquest;Entre chicas?  pregunt&oacute;.  Ya lo ten&iacute;a salivando.  - Aj&aacute;  dije  Luego pareci&oacute; como reaccionar - &iquest;Y tu ibas a esos clubes?  pregunt&oacute;.  - Todo el tiempo  dije y la verdad era que la &uacute;nica vez que hab&iacute;a pisado el lugar estaba demasiado borracho como para enterarme si un par de gorilas se hubiesen puesto cachondos en mis narices.  - &iquest;Y que m&aacute;s pasaba?  pregunt&oacute;.  Estaba como loco.   Pues a veces las chicas se sub&iacute;an a las mesas y bailaban sobre la botella de cerveza,  le pon&iacute;an a uno las nalgas en la cara  (esto ya me lo estaba inventando aunque con seguridad era cierto, con mucha seguridad)  &iquest;Ah s&iacute;?  pregunt&oacute; emocionado.  Ya lo ten&iacute;a reservando un pasaje para R&iacute;o.   Claro  dije  S&eacute; lo que le digo, yo iba todo el tiempo.   Cu&eacute;ntame m&aacute;s  dec&iacute;a.    Entonces fue que record&eacute; lo de las cartas y tambi&eacute;n se lo cont&eacute;.   De d&iacute;a yo trabajaba en un cybercaf&eacute;  le dije. Esta era la parte verdadera - &iquest;Y eso que tiene que ver con las prostitutas?  pregunt&oacute; un poco desilusionado.   Pues ya sabe, ellas tambi&eacute;n necesitan usar el internet  le dije  y yo las ayudaba.   - &iquest;Y para qu&eacute; necesitaban tu ayuda?  Cartas - &iquest;Cartas?  pregunt&oacute; - Si. Cartas de amor.  - &iquest;De amor?  Bueno, algo as&iacute;.  Le escrib&iacute;an cartas a los turistas que alguna vez hab&iacute;an estado con ellas y que hab&iacute;an vuelto a sus pa&iacute;ses.  Finlandia, Francia, Inglaterra, todo eso.  - &iquest;Y para qu&eacute;?  Pues algunas para pedirles dinero, otras para decirles que vuelvan pronto  &iquest;Y a eso llamas t&uacute; una carta de amor?  Pues ya ve, al principio s&oacute;lo me hab&iacute;a limitado a traducir sus cartas al ingl&eacute;s pero luego decidieron pedirme consejos sobre el contenido y comenzamos a redactarlas como cartas de amor.  - &iquest;Ah?   Terminamos escribiendo verdaderos poemas.  Literatura de la buena  jefe.   &iquest;No me dir&aacute;s que te pagaban con besitos?  &iquest;C&oacute;mo cree? Eran verdaderas profesionales  &iquest;Y estaban buenas?  pregunt&oacute;.   Pues ya sabe, es como ir a comprar alfombras a Persia.  Lo mejor de lo mejor.  - &iquest;Y no te pon&iacute;as nervioso?  S&oacute;lo cuando me cog&iacute;an las piernas - &iquest;Te cog&iacute;an las piernas?  Si, pero all&aacute; todo el mundo anda toc&aacute;ndose todo.   Te saldr&iacute;an unos poemas b&aacute;rbaros  Sade se me queda corto  dije.   Pues ahorita mismo te pones a escribirme todo lo que me est&aacute;s contando  dijo.  Luego se par&oacute; y se fue.  Presiento que iba al ba&ntilde;o.  Antes de cerrar la puerta volte&oacute; y me gui&ntilde;&oacute; un ojo  Dos mil palabras para el viernes - 

- Esta cadena no vale un carajo  dijo por fin el muchacho estirando el objeto dorado hacia mi.  
- &iquest;Disculpa?
- No sirve,  es fantas&iacute;a
- Pero ah&iacute; dice catorce quilates  dije.  Hab&iacute;a visto claramente las letras en el broche de la cadena.  14 K.
- Catorce quilates de pura mierda  dijo el muchacho.  - &iquest;Ves estas iniciales aqu&iacute;?
- Las he visto mil veces  dije - dicen 14 K
- 14 K GF 
- &iquest;Y eso que co&ntilde;o significa?  pregunt&eacute;
- Golfi
- &iquest;Qu&eacute;?
- Oro golfi, fantas&iacute;a, imitaci&oacute;n, porquer&iacute;a.  dijo.  
Pod&iacute;a sentir mi est&oacute;mago haciendo un ruido enorme e invadiendo las galer&iacute;as vac&iacute;as.  Cog&iacute; la cadena y examin&eacute; las iniciales.  Nunca hab&iacute;a escuchado de una mierda parecida.  Oro golfi.  Era lo m&aacute;s horrible que pod&iacute;a haber escuchado.  La propia palabra me sonaba falsa.   El muchacho me observaba con la cadena en la mano.

- Da lo mismo - le dije por fin - &iquest;Cu&aacute;nto me das por esto?
- Te puedo dar cinco soles.
- Los acepto  dije y se la extend&iacute;.

El muchacho cogi&oacute; la cadena entre sus manos y la volvi&oacute; a examinar.  Entonces puso cara de des&aacute;nimo.

- &iquest;Ahora qu&eacute; sucede?  le pregunt&eacute;.
- La verdad es que no voy a poder venderla ni en cinco soles. - dijo
- &iquest;C&oacute;mo?  ya me estaba volviendo loco
- Mejor reg&aacute;lasela a tu enamorada  dijo.
- No tengo enamorada
- Vaya
- Estoy muy cagado- dije
- Es muy horrible
- Si, las cosas son muy horribles.
-  Pero tendr&aacute;s alguna amiga.  Tendr&aacute;s madre por lo menos. 


Cog&iacute; la cadena y me largu&eacute; del lugar.   Miraflores no luc&iacute;a igual.   En La casita la gente se embut&iacute;a s&aacute;ndwiches de pollo y tomaba chicha morada.   M&aacute;s all&aacute; los ni&ntilde;os, los horribles ni&ntilde;os, se trepaban a  la resbalosa y gritaban salvajemente.  Los carros tocaban el claxon.   Cruc&eacute; Larco y agarr&eacute; la primera combi que iba para mi trabajo.  En alg&uacute;n taller mec&aacute;nico le hab&iacute;an arrancado todos los asientos y al colocarlos nuevamente hab&iacute;an metido una hilera m&aacute;s.   &Iacute;bamos en posici&oacute;n fetal con las piernas acalambradas.  La gente a veces pod&iacute;a ser tan cruel.  Avanz&aacute;bamos por Pardo.  Dos filas de &aacute;rboles al centro de la pista.   Lima nunca es horrible cuando uno est&aacute; por Pardo.  Pero el hambre.  Una se&ntilde;ora gorda estaba sentada justo delante de mi. El hambre no me dejaba pensar.   - Un viejo cuento lime&ntilde;o muy famoso sucede en esta avenida - record&eacute;.   Una gran pelea entre dos sujetos.  Alberto y el Cholo G&aacute;lvez.   Las patadas y pu&ntilde;etazos comenzaban en las primeras cuadras y terminaban en las &uacute;ltimas ya casi llegando al malec&oacute;n.  Una gran pelea.  La combi avanzaba por Pardo y yo iba imaginando la turba mientras miraba por la ventana.  Ambas bandas formaban un cuadril&aacute;tero m&oacute;vil alrededor de sus l&iacute;deres.   - &iexcl;Vamos Cholo, &eacute;ntrale ! El Cholo era grande y recio.   De lejos, de lejos  &iexcl;S&aacute;cale la mierda Alberto!.  No era la pelea de Alberto.  Estaba defendiendo a alguien.  La brisa del mar se met&iacute;a a la combi.   El hambre.   Al llegar al &uacute;ltimo &oacute;valo de Pardo la combi entr&oacute; por Santa Cruz.  &iquest;C&oacute;mo se llamaba el cuento, maldita sea?.   El cobrador dej&oacute; de gritar su ruta por la ventana y meti&oacute; la cabeza al carro.  Estaba despeinado   Choche, donde bajas  me pregunt&oacute;.  Ahora avanz&aacute;bamos mucho m&aacute;s r&aacute;pido.  Las avenidas de San Isidro eran menos transitadas.    Pershing -  dije y met&iacute; las manos a los bolsillos, apret&eacute; la cadenita.  Cada vez que dec&iacute;a Pershing recordaba el cartel de Maidenform.   Era lo &uacute;nico que me ven&iacute;a a la mente y era lo &uacute;nico que le ven&iacute;a a la mente a todos los lime&ntilde;os cuando alguien dec&iacute;a Pershing.     Fue la mujer m&aacute;s sexy que apareci&oacute; en calzones alguna vez en las calles de Lima.  Al final result&oacute; que ella no hab&iacute;a autorizado que la fotograf&iacute;a apareciese en exteriores.  Ahora s&oacute;lo quedaba el cartel met&aacute;lico vac&iacute;o y Pershing era una de las calles m&aacute;s tristes de Lima.  Desde una cuadra antes vi una de las esquinas del cartel vac&iacute;o  Bajo  dije mientras me trasladaba a un asiento cercano a la puerta.   Pasaje  dijo el cobrador.   No ten&iacute;a pasaje.  No ten&iacute;a ni un puto cobre en el bolsillo.     - &iexcl;Vamos Cholo, &eacute;ntrale !  &iexcl;S&aacute;cale la mierda!   El cobrador deb&iacute;a ser id&eacute;ntico al Cholo G&aacute;lvez  pens&eacute;.   El cuento era de Ribeyro.  S&iacute;, pens&eacute;, de Ribeyro.  Pero c&oacute;mo mierda se llamaba -  Choche  le dije - acabo de darme cuenta que se me ha ca&iacute;do la billetera    &iquest;Qu&eacute;?  dijo.   Comenc&eacute; a sudar.   El Cholo era grande y estaba muy despeinado de tanto asomarse por la ventana. - &iquest;Qu&eacute;  dices flaco?  Ten&iacute;a una cara horrible - &iquest;Dices que no traes plata?  Oe  dijo grit&aacute;ndole al chofer por encima de mi cabeza  dice que no trae plata.  El chofer se alter&oacute;   Se me ha ca&iacute;do la billetera .   La gente me miraba.  Estaba blanco.  Iba a vomitar.  Mira, lo siento mucho,  te puedo dar esto  dije  Te puedo dar esto.  No supe como pero ya ten&iacute;a la cadenita sobre la palma de mi mano sudorosa.  No hab&iacute;a sido mi intenci&oacute;n.   Me temblaban las piernas.   Se lo puse delante de la &ntilde;ata.  -  &iquest;Qu&eacute; es esto?  la cogi&oacute; como si nunca hubiese visto algo dorado en su vida y luego se la pas&oacute; al chofer que casi se estrella por agarrarla.  Toda la gente estaba pendiente del asunto.   Esta mierda es golfi  dijo por fin el chofer y se la devolvi&oacute; al Cholo.  No pod&iacute;a creer que alguien m&aacute;s supiese que exist&iacute;a la palabra golfi   Yo me la quedo - dijo el Cholo - se la puedo dar a la Fanny .   La se&ntilde;ora gorda le arranch&oacute; la cadena de las manos y la puso nuevamente sobre la m&iacute;a.   No seas abusivo  le dijo  Se le ha ca&iacute;do la billetera &iquest;no ves?.  El Cholo estaba m&aacute;s despeinado que nunca - &iquest;Qu&eacute; le sucede se&ntilde;ora? &iquest;No ve que el me la ha dado?  La se&ntilde;ora gorda hizo un pu&ntilde;o con mi mano encerr&aacute;ndola entre las suyas.  Sent&iacute;a la cadena entre mis dedos y sus dedos muy blanditos apretando los m&iacute;os.  Toda la gente estaba mirando  Yo te pago el pasaje hijito  era una se&ntilde;ora en verdad muy amable.  Yo y mi maldita cara de bueno.  Que Carlitos Way ni que huevada  -   dale esa cadenita a tu enamorada  dijo.   Casi se la estrello la cara.  El Cholo no lo pod&iacute;a creer.  Yo no lo pod&iacute;a creer.   Me bajo  le dije.   La se&ntilde;ora gorda hab&iacute;a sacado un sol de su billetera y se lo pon&iacute;a al Cholo entre las manos.   &Aacute;brele la puerta - le dijo.  Molesto se ve&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s horrible.  Cuando estuve abajo le hice adi&oacute;s a ambos con la mano.  La se&ntilde;ora tambi&eacute;n me hizo adi&oacute;s.  El Cholo me hizo un gesto con el dedo.  

Cruc&eacute; la pista y camin&eacute; hacia la revista.  La sala de redacci&oacute;n quedaba en un tercer piso desde donde pod&iacute;a verse esa horrible r&eacute;plica de la estatua de la libertad que identificaba aquel antiguo casino llamado New York.   Pod&iacute;an haber mandado a derribar esa mierda en vez del cartel de la chica en calzones.    Estaba muerto de hambre y ahora tendr&iacute;a que enfrentar de nuevo a mi editor.   Dame hasta las seis de la tarde  esperaba que con eso le bastase -  Necesito s&oacute;lo unas horas m&aacute;s para terminar la cr&oacute;nica.    Toqu&eacute; el timbre.  Sent&iacute; como alguien me observaba por la c&aacute;mara del intercomunicador.   Por fin abrieron la reja desde arriba.   Sub&iacute; las escaleras a toda prisa.  Esos escalones tan cortitos.  Alguien acabar&iacute;a sac&aacute;ndose la mierda alg&uacute;n d&iacute;a.   No saludar&iacute;a a nadie.  Ir&iacute;a hasta mi m&aacute;quina, terminar&iacute;a la cr&oacute;nica. Olvidar&iacute;a el hambre. Dejar&iacute;a de andar jodi&eacute;ndole la vida a la fot&oacute;grafa de los ojos verdes.  Todo ese maldito rollo suyo de Tim Burton y su polo verde con la frase Very Kissable en letras rosadas.  &iquest;Y al fin de todo qu&eacute; quedaba?   Ni una puta l&iacute;nea de mi cr&oacute;nica.  Me refiero a que en verdad me gustaba pero ella ten&iacute;a novio y eso de la camiseta Very Kissable era publicidad enga&ntilde;osa de la m&aacute;s baja cala&ntilde;a.   Conectar&iacute;a mis aud&iacute;fonos a la m&aacute;quina y el resto del mundo se pod&iacute;a joder.  Terminar&iacute;a esa cr&oacute;nica el d&iacute;a de hoy aunque el mundo entero estuviese formando fila para chup&aacute;rmela.  

Antes de dar el segundo paso en la sala de redacci&oacute;n vi que estaban todos all&iacute; reunidos en c&iacute;rculo.   Te est&aacute;bamos esperando  dijo alguien - coge una silla.   Estaban absolutamente todos.   Supuse que no era una reuni&oacute;n por lo de mi cr&oacute;nica porque Bruno estaba all&iacute; y JC y C y K y la otra C y adem&aacute;s porque los fot&oacute;grafos y la chica de los ojos verdes tambi&eacute;n estaban all&iacute; y hasta la secretaria estaba all&iacute;  y mi jefe estaba siendo demasiado amable conmigo como para que las cosas estuviesen bien.  Era la primera vez en d&iacute;as que me saludaba sin preguntarme por la cr&oacute;nica de las prostitutas.   Las cosas no han estado yendo bien  dijo por fin y se rasc&oacute; la ceja  Cog&iacute; una silla cerca de la chica de los ojos verdes que ahora llevaba una camiseta naranja y unas all star marrones.  Fue gracioso como al cabr&oacute;n no le tom&oacute; m&aacute;s de tres frases ponernos en la calle  No ha sido culpa de ustedes  dec&iacute;a  ya saben, la revista era buen material  Lo dec&iacute;a todo sin mirar fijamente a nadie.  La gente ten&iacute;a las barbillas pegadas al pecho y arrancaban papeles o hilos de alfombra dependiendo que era lo que tuviesen cerca.   La revista no sale m&aacute;s  dijo por fin .  Hubo silencio y luego algunas risas nerviosas.  Very kissable ten&iacute;a los ojos un poco rojos y yo pensaba  Ahora ya no tendr&eacute; que escribir esa horrible cr&oacute;nica de las prostitutas ni tampoco tendr&eacute; que ver tus ojos verdes y escucharte hablar del joven manos de tijera  Estuve triste al pensarlo pero casi instant&aacute;neamente me puse feliz de una manera extra&ntilde;a.  Y luego me di cuenta de que casi todos estaban felices de la misma extra&ntilde;a manera que yo.   Sab&iacute;amos  que no era como que hubiesen largado a alguien.   Nos hab&iacute;an largado a todos.  Est&aacute;bamos en la calle nuevamente pero &eacute;ramos un grupo demasiado grande y bueno como para que las cosas estuviesen mal.   Al menos eso cre&iacute;amos.  - Nada mejor que estar en la calle -  pens&eacute;.

La reuni&oacute;n termin&oacute;.  Ten&iacute;amos hasta ma&ntilde;ana para llevarnos nuestras cosas que eran casi nada salvo por esos peque&ntilde;os cerdos alados de cart&oacute;n que todo el mundo ten&iacute;a sobre el monitor de la computadora.   C hab&iacute;a aparecido con uno y luego todo el mundo dijo que tamb&iacute;&eacute;n quer&iacute;a un chancho alado y mandamos a pedirlos.  Los hac&iacute;a una amiga de C.   Chanchos alados.  Co&ntilde;o, eso era lo &uacute;nico que faltaba.    P&aacute;same esa hoja  dijo JC y como yo que era quien estaba m&aacute;s cerca a la impresora la cog&iacute;.    Es un curr&iacute;culum  dije  Este salvaje ya est&aacute; imprimiendo curriculums  Hubo risas y luego todos corrieron a sus m&aacute;quinas y se pusieron a imprimir curriculums.  Era una idea inteligente.  La impresora no paraba de botar todas esas historias laborales.  Me sent&eacute; frente a mi m&aacute;quina.   Abr&iacute; mi curr&iacute;culum y me pareci&oacute; la cosa m&aacute;s horrible que alguna vez hab&iacute;a le&iacute;do.  &iquest;En qu&eacute; huevadas hab&iacute;a gastado mi vida?  Luego abr&iacute; uno de mis poemas y me pareci&oacute; un poco menos asqueroso que mi curr&iacute;culum.  Lo mand&eacute; a imprimir  &iquest;De qui&eacute;n es esto?  pregunt&oacute; alguien sacando un papel de la m&aacute;quina.   Los perros est&aacute;n comiendo vidrio  lo iba diciendo en voz alta -  los p&aacute;jaros tienen cara de ir a matar a alguien -.   -  Malditos p&aacute;jaros sicarios  grit&oacute; M y todos se r&iacute;eron.  Arranch&eacute; la hoja de sus manos y entonces sent&iacute; que talvez mi poes&iacute;a era tan est&uacute;pida como mi curr&iacute;culum.   Estuve sentado frente a la pantalla del google un buen rato sin hacer nada viendo como todos recog&iacute;an sus papeles de la impresora y guardaban sus chanchos en la mochila.  Por fin escrib&iacute;  Ribeyro,  Cholo G&aacute;lvez.  Era incre&iacute;ble como esos buscadores pod&iacute;an ayudarle a uno a encontrar un fabricante de bombas at&oacute;micas si de veras lo necesitabas.   Julio Ram&oacute;n Ribeyro - El pr&oacute;ximo mes me nivelo.  Ese era el maldito nombre.  &iquest;En qu&eacute; rayos habr&iacute;a estado pensando Ribeyro para ponerle aquel nombre al cuento.  Era la pastrulada mayor que alguna vez hab&iacute;a o&iacute;do.  La frase no ten&iacute;a absolutamente nada que ver con el noventa y nueve por ciento del cuento.  De hecho era una de las cinco l&iacute;neas finales.   Alberto le hab&iacute;a ganado la pelea al Cholo G&aacute;lvez  pero hab&iacute;a recibido unas buenas patadas en el est&oacute;mago.  Algo dentro suyo estaba roto. Eso hab&iacute;a puesto Ribeyro Algo dentro suyo estaba roto.  Y luego continuaba. Cuando lleg&oacute; a casa se arrastr&oacute; hasta su cama.  Intent&oacute; coger la jarra de agua sobre la mesa de noche pero s&oacute;lo alcanz&oacute; la libreta de notas donde hac&iacute;a sus cuentas.  Algo dijo su mam&aacute; desde la otra habitaci&oacute;n, algo sobre la comida y el horno.    S&iacute;  murmur&oacute; Alberto sin soltar la libreta  Si, el pr&oacute;ximo mes me nivelo   Era definitivamente una de las mayores pastruladas de la literatura peruana.  

Cog&iacute; mis cosas y las met&iacute; a mi mochila.   La gente ya hab&iacute;a comenzado a irse.  Algunos estaban cogiendo los correos electr&oacute;nicos y tel&eacute;fonos del resto.  Supongo que yo no era el &uacute;nico loco por alguien.  Me comenc&eacute; a deprimir nuevamente.  El hambre hab&iacute;a vuelto.   Haremos una fiesta  dije  Una gran fiesta en mi casa.  pero ya todos se estaban yendo.   Luego me acerqu&eacute; a very kissable y la abrac&eacute; muy fuerte  Adi&oacute;s  le dije apret&aacute;ndola.   Inmediatamente sal&iacute; del lugar y supe que no la iba a volver a ver nunca m&aacute;s.  

Entonces comenc&eacute; a caminar.   Pens&eacute; en la sensaci&oacute;n de la ma&ntilde;ana y dije  bueno,  ya pas&oacute;, la bomba cay&oacute; y he sobrevivido -.  Era invierno y aquella estatua de la libertad continuaba all&iacute; cuando cruc&eacute; la avenida.   Miraba hacia el suelo.  Estaba seguro que podr&iacute;a encontrar alguna moneda si prestaba mucha atenci&oacute;n.    Cruc&eacute; la avenida Javier Prado, Salavarry, Pezet,  Pardo,  toda la ruta que hab&iacute;a hecho de ida en combi.   Me parec&iacute;a casi injusto que no hubiese ni una sola moneda en el suelo.   Buscaba en las cabinas telef&oacute;nicas.  Esas m&aacute;quinas de mierda se han tragado casi un sueldo entero durante toda mi vida.   Ahora deb&iacute;an devolverme algo.   Mi idea de que nada pod&iacute;a ser tan horrible si uno iba caminando por Pardo ahora me sonaba est&uacute;pida.  El hambre pod&iacute;a cambiarlo todo como un mal olor en un lugar acogedor.   Ya casi estaba en Miraflores.  Pude distinguir solo a dos cuadras de distancia aquel rid&iacute;culo le&oacute;n de metal y la pileta donde Pardo se un&iacute;a con Larco.  El cine Pac&iacute;fico ya casi estaba a mi derecha.  Un tipo delgado y despeinado ven&iacute;a caminando en sentido contrario y mov&iacute;a la cabeza de un lado a otro como si quisiese reconocerme.   La luz del sol se colaba entre los enormes &aacute;rboles y era dif&iacute;cil distinguirnos.  La luz solar.  Avanzaba lentamente.   &iexcl;Perro!  grit&oacute; por fin el sujeto.  Los &aacute;rboles.   El cine Pac&iacute;fico.  Miraflores.  Era H.  El gran H, mi t&iacute;o.  Llevaba unos blue jeans muy viejos y unos lentes oscuros para el sol.   Su cabello estaba de un color raro como si se le hubiese incendiado y ten&iacute;a la piel mas oscura que antes con la textura del pellejo de las lagartijas.   No parec&iacute;a estar yendo a alg&uacute;n lugar    &iquest;Qu&eacute; carajo haces por ac&aacute;?  pregunt&oacute;.   Lo mismo que t&uacute;  le dije  ni mierda. -  Se r&iacute;o.   -  Me acabo de quedar sin empleo y s&oacute;lo caminaba.  - agregu&eacute;  &iquest;Y la revista? -  Muri&oacute; - &iquest;Muri&oacute;?  Se fue al tacho  No jodas -  Nos quedamos callados un momento.  - &iquest;C&oacute;mo est&aacute; tu hermana?  Muy bien mientras tenga un jab&oacute;n cerca  dije y &eacute;l se volvi&oacute; a re&iacute;r.  - No lo ve&iacute;a casi desde hac&iacute;a un a&ntilde;o pero las cosas segu&iacute;an b&aacute;sicamente igual  &iquest;Tu t&iacute;a?  En la farmacia.  - &iquest;Sandra? -  Cortando gasa y esparadrapos.   Oye &iquest;d&oacute;nde rayos has estado?  le pregunt&eacute; por fin  Hace meses que no sabemos nada de ti  Por ah&iacute;  dijo.  Eso fue todo lo que dijo aquel d&iacute;a acerca de su paradero.  Volvimos a quedarnos callados y mir&aacute;bamos los &aacute;rboles como si esper&aacute;semos que una paloma se cagase sobre nosotros o que un avi&oacute;n se viniese abajo desde el cielo.  Despu&eacute;s de un rato yo me anim&eacute; a decir algo - Justo aqu&iacute; donde estamos parados  le dije  Justo aqu&iacute; - iba a contarle el cuento de Ribeyro pero al instante no me pareci&oacute; coherente.  Me desanim&eacute;   Vamos por ah&iacute;  le dije  y nos fuimos por Larco y luego al parque.   Pens&eacute;  - Es realmente horrible que un parque de Lima se llame Parque Kennedy.  Podr&iacute;a apostar que en ning&uacute;n lugar de los Estados Unidos. hay siquiera una plazoleta con el nombre de un inca.   Cuando menos a nadie se le hab&iacute;a ocurrido poner otra estatua de la libertad aqu&iacute;.   

- &iquest;Te acuerdas de los ochentas?  pregunt&eacute; una vez que estuvimos sentados en una banca.
- Uuuuuuuuuuuuuu  dijo H. prolongando la U un buen rato como si los ochentas hubiesen sido veinte a&ntilde;os atr&aacute;s y s&oacute;lo entonces me di cuenta que de hecho los ochentas hab&iacute;an sido veinte a&ntilde;os atr&aacute;s.
- Me gustaba mucho esa &eacute;poca  dije  Nos la pas&aacute;bamos bien
- Perro, t&uacute; en esa &eacute;poca eras un cachorro  dijo  se podr&iacute;a decir que casi ni exist&iacute;as.
- A&uacute;n as&iacute;, lo recuerdo todo.  ACDC.  Ese video de los  Twisted Sisters donde sal&iacute;an maquillados y con esas horribles pelucas y se pon&iacute;an a destruir una casa.  El departamento en Trujillo,  los paseos de los dos por la ciudad.  
- Fue lo mejor
- El colegio donde yo estudi&eacute; la primaria quedaba cerca de tu instituto y siempre te dabas una vuelta.   Un d&iacute;a viniste y yo hab&iacute;a comprado un pez y lo ten&iacute;a all&iacute; en una bolsa pl&aacute;stica.  
- &iquest;El pez plomo?
- Afuera del colegio los vend&iacute;an y yo era muy peque&ntilde;o para distinguir entre un goldfish y la cr&iacute;a de un at&uacute;n.  Realmente estaba emocionado con mi pez.  Creo que ni me daba cuenta que era de esos que mi mam&aacute; cocinaba.
- Lo descubriste por la tarde cuando el pez se catapult&oacute; fuera de la batea donde lo hab&iacute;as dejado.
- Y lo confirm&eacute; cuando lo regres&eacute; a la tina y la cubr&iacute; con la tapa de la panera y el desgraciado se puso a darle de cabezazos.  
- Co&ntilde;o
- Lo recuerdo todo  dije - recuerdo  tu maldita obsesi&oacute;n con los Hombres G.   Probablemente es tu culpa que ahora me gusten a mi todas esas cagadas.
- Jajaja
- Adem&aacute;s t&uacute; me ense&ntilde;aste a bailar  le dije  con esa canci&oacute;n de Charly
- &iquest;Cu&aacute;l?
- Estoy verdeeeee.  No meeee dejan salir.  cant&eacute; -  Ese d&iacute;a que est&aacute;bamos bailando en la sala tambi&eacute;n estaba Tito.  &iquest;Qu&eacute; fue de &eacute;l?
- Se muri&oacute;
- &iquest;En serio?
- S&iacute; - dijo  Cu&eacute;ntame de qu&eacute; m&aacute;s te acuerdas.
- De Los Abuelos de la nada, de los Rolling Stones
- Creo que ellos son m&aacute;s antiguos  dijo
- S&iacute;, pero en esa &eacute;poca los o&iacute;amos mucho.  T&uacute; sobre todo pon&iacute;as esa canci&oacute;n Angie cincuenta veces seguidas.  
- &iquest;En serio?
- Si.  Lo recuerdo porque ten&iacute;a cuatro o cinco a&ntilde;os y creo que fue la primera vez en mi vida que sent&iacute; una pena honda y aut&eacute;ntica.
- Mierda.  Te cagu&eacute; la vida.
- Tambi&eacute;n se escuchaba mucho The Police
- Claro  dijo H.  - y The Cure
- Indochina
- Te hablo de The Police y The Cure y me sueltas Indochina.   No seas loco
- Los Guns n Roses  dije y el dijo
- &iexcl;Los Thundercats! 
- No me jodas.  Cre&iacute; que est&aacute;bamos con la m&uacute;sica 
- Los Thundercats eran rock puro  dijo  ten&iacute;an unas melenas b&aacute;rbaras y todos esos palos que agitaban y siempre parec&iacute;a que estaban muy encabronados con alguien.  
- Nunca lo hab&iacute;a visto as&iacute;.  Debe ser porque eran gatos &iquest;no?  Los gatos nunca andan muy animados.
- Al que no toleraba era a ese viejo Yaga - dijo
- &iquest;A que te refieres?
- Co&ntilde;o, me refiero a que cada vez que hablaba con los Thundercats desde el m&aacute;s all&aacute; les daba no m&aacute;s de un minuto y luego se desvanec&iacute;a dej&aacute;ndolos con miles de preguntas.  
- S&iacute; es verdad
- A lo que me refiero es - &iquest;Por qu&eacute; tanto apuro? &iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o estar&iacute;a esper&aacute;ndole en el m&aacute;s all&aacute;?  Era un jodido gato muerto.
- Tienes raz&oacute;n dije. -  Se hab&iacute;a emocionado con lo de los Thundercats.  
- &iquest;Y qu&eacute; me dices de ese tal Munra?  continu&oacute;.  No hab&iacute;a quien lo parase   El sujeto andaba arrastrando todas esas vendas como un pordiosero y de pronto se met&iacute;a a su sarc&oacute;fago y sal&iacute;a mas duro que un burro.  &iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o podr&iacute;a tener en ese maldito sarc&oacute;fago para ponerse as&iacute;?
Me re&iacute;.  Met&iacute; las manos a los bolsillos y sent&iacute; nuevamente los fr&iacute;os eslabones de la cadenita.
- &iexcl;La cadenita!  dije y fue casi como un grito - 
- &iquest;Qu&eacute; cadenita?
- Ya me acord&eacute;
- &iquest;Qu&eacute; cosa? 
- &iexcl;Es de una de ellas!
- &iquest;De qui&eacute;n?  H. parec&iacute;a realmente desconcertado
- De las prostitutas
- &iquest;De que hablas co&ntilde;o?- pregunt&oacute;
- Esta cadenita  dije sac&aacute;ndola del bolsillo  Me la regal&oacute; una prostituta
- &iquest;Andas con prostitutas?
- No seas loco
- &iquest;Entonces?
- Simplemente me la regal&oacute;.  La hab&iacute;a ayudado con algo
- &iquest;Con qu&eacute;?
- Olv&iacute;dalo  le dije  No tiene importancia
- &iquest;Seguro?
 - Si.   dije y luego me cog&iacute; la cabeza - Rayos como lo hab&iacute;a olvidado.
Puse la cadenita delante de mis narices e hice un p&eacute;ndulo.   No pod&iacute;a recordar cu&aacute;l de ellas me la hab&iacute;a dado.  En realidad nunca lo hab&iacute;a sabido.  Por lo general ellas met&iacute;an dinero a mi bolsillo mientras yo tipeaba sus cartas.  Aquella vez cuando encontr&eacute; la cadenita me emocion&eacute; y la guard&eacute; en una caja.  La hab&iacute;a tenido guardada ya un par de a&ntilde;os.   

- &iquest;Cu&aacute;nto crees que me dar&iacute;an por ella? - dije finalmente
- A verla  dijo y yo se la pas&eacute;
- Es de oro golfi  le advert&iacute;
- &iquest;Y eso qu&eacute; co&ntilde;o es?
- Fantas&iacute;a,  imitaci&oacute;n.
- Calculo que diez, quince soles  dijo
- Antes me ofrecieron cinco
- Bueno, cinco est&aacute; bien.
- Pero luego me dijo que no me pod&iacute;a dar ni cinco
- Menos de cinco ya es pendejada
- Vamos entonces a venderla - le dije
- &iquest;Y qu&eacute; vas a hacer con la plata?
- Tenemos que darle un buen uso  le dije  ya sabes, supongo que ella querr&iacute;a que le d&eacute; un buen uso.
- &iquest;C&oacute;mo qu&eacute;?
- No s&eacute;, tengo hambre
- Yo tambi&eacute;n - dijo
- Podemos comprarnos un sandwich
- &iquest;Un sandwich? - pregunt&oacute;
- Claro,  y luego nos lo comemos.
Me qued&oacute; mirando con una cara extra&ntilde;a.
- Vamos perro  dijo y  nos fuimos caminando por las calles de Miraflores.
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			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-09-08</dc:date>
			<pubDate>Thu, 08 Sep 2005 22:16:18 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Msn]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/142/142180/</link>
			<description><![CDATA[Supe que hab&iacute;a llegado demasiado lejos cuando el emoticon que bostezaba,     me contagi&oacute; el bostezo.]]></description>
			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-09-22</dc:date>
			<pubDate>Thu, 22 Sep 2005 07:35:36 UTC</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[las pulgas]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/153/153529/</link>
			<description><![CDATA[entonces ya era de madrugada
y no s&oacute;lo era de madrugada
sino q era la madrugada del domingo
y me puse triste
porque ten&iacute;a imsomnio
y porque era domingo
y porque no habia con quien hablar

asi que entr&eacute; a internet
hasta ponerme los ojos rojos
y encontr&eacute; esta p&aacute;gina sobre las pulgas
donde me enter&eacute; de algunas cosas sobre ellas
cosas como que pueden saltar 300 veces su tama&ntilde;o
cosas como que aquello  equivaldr&iacute;a
a que yo saltase una cuadra de distancia
cosas como que les gusta la sangre
y otras cosas...
                por las que ya las hicieron famosas
                                             en los dibujos animados
 
pero adem&aacute;s de todo aquello
le&iacute; que estos bichos
pueden ayunar por ocho meses seguidos
y pens&eacute;
en que poca importancia
tienen detalles
como poder saltar 300 veces tu tama&ntilde;o
si eres capaz de ayunar ocho meses seguidos
y  sobrevivir   cuando no hay sangre en tu cuerpo

y pens&eacute; tambi&eacute;n
en aquel hombre en llamas
en la portada del wish you were here

pero sobre todo  
                     pens&eacute;
en todas aquellas cosas
que la gente puede hacer
cuando la situaci&oacute;n se pone dura
y que est&aacute;n guardadas en un caj&oacute;n
sin que los dem&aacute;s las vean
sin que sepan quienes somos en realidad
y sin que puedan dejar de pensar
que lo mejor que podemos hacer
es aquello que nos han visto hacer toda la vida

como si nadie tuviese domingos malos

como si   ni janis joplin,  ni ella fitzgerald
hubieran gritado  &quot;una ma&ntilde;ana de estas abrir&aacute;s tus alas&quot;
                    en sus respectivas versiones de summertime

y como si las pulgas  /   no hicieran m&aacute;s  /  que pasarse la vida saltando

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			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2005-11-02</dc:date>
			<pubDate>Wed, 02 Nov 2005 07:55:55 UTC</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Te quiero cocinar]]></title>
			<link>https://www.loscuentos.net/cuentos/link/603/603228/</link>
			<description><![CDATA[Tuve una novia que quer&iacute;a cocinarme. 

Despu&eacute;s de tirar conmigo, me recorr&iacute;a las sudorosas lonjas con un dedo afilado. Y cuando encontraba carne, la parte posterior del muslo, por ejemplo, me hincaba la u&ntilde;a como un cuchillo y dec&iacute;a: Este pedazo lo cortamos y as&iacute; entero lo ponemos a la parrilla. &iquest;As&iacute; nom&aacute;s? Preguntaba yo asustado. Bueno, primero lo maceramos con pulpa de maracuy&aacute;s y romero. 

Qu&eacute; linda sonrisa ten&iacute;a Pam, toda llena de colmillos. Una mirada voraz como de animalito salvaje. Era una cocinera apasionada y minuciosa. Ven&iacute;a de una familia que inventaba recetas para ser feliz. Fue ella quien me ense&ntilde;&oacute; a pelar los champi&ntilde;ones pues dec&iacute;a que lavarlos les quitaba el aroma campestre de la piel. Yo ni siquiera sab&iacute;a que los champi&ntilde;ones ten&iacute;an piel,  hasta que -con el dorso de un cuchillo- Pam desnud&oacute; uno delante de mis ojos. Otra tarde la vi convertir un diente de ajo en mantequilla y untarlo sobre una pancito tostado. Entonces colgu&eacute; el mandil. Yo tambi&eacute;n ten&iacute;a mis recetas. Pero las de Pam eran otras ligas. 

Fue la &uacute;nica de mis novias para la que nunca cocin&eacute;. No me atrev&iacute;a. A todas las dem&aacute;s les he llevado el desayuno a la cama o he corrido a mi cocina a medianoche para improvisarles unos tallarines post-org&aacute;smicos. Pero cuando Pam se asomaba a mi refri y empu&ntilde;aba el cuchillo, yo aguardaba silencioso detr&aacute;s de la barra. En silencio la ve&iacute;a apanar bistecs, picar pimientos, flambear el pollo y convertir todo eso en un manjar. Entender&aacute;n entonces por qu&eacute; cuando me recorr&iacute;a el pellejo explic&aacute;ndome las formas en que iba a sazonarme, yo me pon&iacute;a nervioso. 

Estuvimos juntos solo dos meses, comiendo y comi&eacute;ndonos como salvajes. Luego le subimos demasiado al fuego y se nos quem&oacute; el amor. Cuando se fue, me dej&oacute; una peque&ntilde;a cafetera francesa y un sentimiento de culpa cada vez que lavo los champi&ntilde;ones. Me tom&oacute; alg&uacute;n tiempo recuperar la confianza, volver a cocinar para una chica.

Pero al fin lo hice. 

Ahora, cuando despierto temprano y veo que Nicole a&uacute;n duerme profundamente, me alegra saber que ser&eacute; yo el encargado de preparar el desayuno. Me voy de puntillas a la cocina y alisto harina, leche y huevos. No s&eacute;, supongo que a algunos nos gusta m&aacute;s amar que ser amados. Dar de comer que ser comidos. 

Tengo 40 a&ntilde;os, algunos libros y unas plantas por regar. Y ahora s&eacute; que por las ma&ntilde;anas, prefiero la sonrisa somnolienta de Nicole al ver que me acerco con una bandeja llena de panqueques tibios, que la sonrisa abierta de Pam, cuando era yo quien despertaba tarde y la encontraba mir&aacute;ndome ansiosa mientras me recorr&iacute;a la carne con sus afilados dedos. 
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			<dc:creator>sduv31</dc:creator>
			<dc:date>2020-08-02</dc:date>
			<pubDate>Sun, 02 Aug 2020 04:51:14 UTC</pubDate>
		</item>
	</channel>
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