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Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Retos y Concursos / CONCURSO DE CUENTOS ERÓTICOS (Febrero/Marzo del 2018) - [F:16:13062]


MarceloArrizabalaga,09.02.2018


Convocamos aquí a la participación de un concurso de cuentos eróticos:

Podrán participar escritoras y escritores de cualquier nacionalidad que sean mayores de dieciocho años sin límite superior.

El relato debe ser breve, original e inédito, escrito en lengua castellana, con una extensión mínima de 300 y un máximo de 1.000 palabras aproximadamente, adjuntando título del relato y el nombre del autor (real o seudónimo).

Los relatos deben ser enviados a mí libro de visitas, tildando el casillero con la opcción: “ privado”.

Una vez presentadas las obras a concurso no podrán ser retiradas, revisadas o corregidas.

Buscamos: cuentos de ficción donde se resalte una mirada erótica del mundo, de la vida y de las relaciones.




Los cuentos se irán publicando en este foro a medida que vayan llegando, sin mencionar la autoría hasta el final del concurso.


Se podrán presentar hasta cinco obras por autor, aunque cada obra participa por separado.


La entrega podrá realizarse desde hoy 9 de Febrero del 2018, hasta el 9 de Marzo del 2018 inclusive.


A partir del 10 de Marzo del 2018, hasta el 20 de Marzo del 2018 inclusive, los participantes deben votar sus cuentos preferidos de la siguiente forma:


Cuentas con 10 puntos en total para repartir.


4 puntos para el que consideres mejor.

3 puntos para el segundo.

2 puntos para el tercero.

1 punto para el cuarto.




Los votos se enviarán “en privado” por mi libro de visitas.

Los escritores participantes están comprometidos a votar.

También podrán votar de la manera explicada, todos lo que así lo deseen, aunque no participen de la contienda.

Una vez terminados los diez días para la votación, se harán públicos los nombres de los participantes, así como el resultado del concurso.



DEFINICIÓN DEEROTISMO


Los griegos utilizaban la palabra érōs para referirse a la pasión aplicada al amor y al deseo de tipo sensual. Ese sentimiento también se representó a través del dios Eros. En la lengua española, el término erotismo connota y denota lo relacionado con la sexualidad, tanto en relación al mero acto sexual de desarrollo carnal como a sus proyecciones.


El erotismo suele verse abordado en combinación con la libido, ya que se trata de todo aquello que proviene de la zona libídica y que guarda relación con el sexo y el amor.

Sin embargo, existe una especie de oposición entre el amor eróticorespecto al amor que se considera marcado por el romanticismo, ya que éste se ha transformado en la asociación principal del amor en general (que posee carácter altruista y, según se cree, exalta la sensualidad).

De esta manera podríamos establecer que hoy día al hablar de erotismo lo estamos identificando con lo que es el deseo sexual y sensual mientras que el amor se considera a aquel que tiene que ver con los sentimientos, con lo profundo del alma, lo que va más allá del mero aspecto físico.

No obstante, aunque se establezcan como conceptos separados sí es verdad que al final son complementarios en muchas ocasiones. Y es que en toda relación de pareja basada en el amor al final el erotismo se hace presente pues el amor sentimental también da paso al deseo carnal, a la pasión física.

Aunque parezca extraño, el erotismo siempre está presente en la religión y en los sistemas de creencias. En el catolicismo, los textos místicos de San Juan de la Cruz incluyen una retórica que rebalsa de erotismo atribuido a la deidad. En otras religiones, por otra parte, existía una costumbre que bien podría definirse como una prostitución de índole sagrada que se extendió hasta la Grecia clásica. Tampoco puede dejar de mencionarse al popular libro del Kama Sutra, una sublimación a la sexualidad perteneciente al hinduismo.

En este sentido, tampoco podemos obviar el hecho de que cuando hablamos de erotismo también estamos haciendo referencia a lo que es la exaltación del amor físico en el ámbito artístico, ya sea literatura, cine, teatro, pintura o escultura. De esta forma, entre los muchos ejemplos de erotismo que pueden existir en estos campos podríamos destacar películas como Instinto básico (1992) o Nueve semanas y media (1986), pinturas como La maja desnuda de Goya o El baño turco de Ingres, o esculturas como El beso o El baño de Venusque pertenecen ambas a Rodin.

Cabe señalar que las motivaciones eróticas de un individuo o el interés sexual que un objeto puede generar en alguien suele ser calificado con el adjetivo sexy, un vocablo proveniente del idioma inglés. El erotismo también puede ser confundido con el fetichismo, que está entendido como una dirección de la libido que se dirige a ciertos objetos o partes corporales.
En cuanto al erotismo en la literatura, uno de sus principales exponentes es el Marqués de Sade, quien supo ser condenado por desarrollar en público actos de libertinaje y por complementar sus intereses sexuales con reacciones violentas.

Y todo ello sin olvidar que desde dicho exponente hasta nuestros días muchos y variados han sido los libros que han versado sobre el citado erotismo. Entre las obras cumbre que lo fomentan e impulsan destacan, por ejemplo, Lolita (1955) de Vladimir Nabokov o Las edades de Lulú (1989) de Almudena Grandes.

Autores: Julián Pérez Porto y María Merino. Publicado: 2008. Actualizado: 2012.
Definicion.de: Definición de erotismo (http://definicion.de/ero...



¡Mucha suerte a todos!



Marcelo.
 
kupiga,10.02.2018
tengo muchas dudas con las reglas
dice "con una extensión mínima de 300 y un máximo de 1.000 palabras aproximadamente"

no entiendo el aproximadamente, es entre 300 y 1000, o ese es solo parámetro sugerido.

son hasta 5 propuestas por autor, pero cada propuesta participa por separado, pero la votación es por autor? o por cuento?

es decir, cada participante puede repartir 10 puntos, pero si participa con cinco historias, son los mismos 10 puntos? o se multiplica a 20

entiendo que la idea de que presenten más de un texto y de que elplazo sea tan amplio es para estimular la participación, pero respetuosamente opino que le esta agilidad al ejercicio
 
yar-,10.02.2018
De acuerdo con kupiga con respecto a lo extenso del plazo para presentar los textos, en el anterior me parecieron "años" para que terminara el plazo.

Trabajo ya en mi texto Marcelo.

Gracias por la invitación.

Yar
 
MarceloArrizabalaga,10.02.2018
Hola kupiga y yar-:

Cada escritor puede aportar un escrito,o más si gusta. Máximo cinco.

Cuando se vota, se votan textos, escritos, cuentos.No se votan autores, porque son anónimos hasta el final del concurso.

Por ejemplo, si tu participas con tres cuentos, puede que saques el primer puesto con uno de ellos. Quizás otro de tus cuentos saque solo dos puntos, y tal vez el tercero no le guste a nadie.

Nadie sabe que son todos tuyos hasta el final del concurso.

Los cuentos participan por separado, aunque sean todos tuyos.

Fíjate el resultado del concurso anterior.

En cuanto al tiempo e participación, es el estipulado. No se pudede conformar a todos.

En cuanto a la cantidad de palabras, no es un número fijo.

Entre 300 y 1000, y si tiene 1110, o si tiene 288 no pasa nada. Por eso dice aproximadamente.

En cuanto a la eternidad que puede resultarles el plazo, les explico que yo invito permanentemente hasta el último día.
Y ha pasado de gente que se ha enterado a la segunda semana, a la tercera, o incluso los últimos días, y han decidido participar.

La idea central de la convocatoria es crear espacios de participación, motivar, alentar a escribir. En el proceso se aprende siempre un poco más.


Marcelo.

 
satini,10.02.2018
Marcelo:Gracias por la invitacion, quedan claras las reglas establecidas, me parece bien el plazo, asi tienen oportunidad mayor cantidad de participantes, suerte a todos.-
 
yosoyasi,10.02.2018
no me sale a mi
 
MarceloArrizabalaga,10.02.2018
Primer cuento



Mi vecino


Cuando mi nuevo vecino se mudó al edificio, las fantasías comenzaron a rodar descontroladas por mi mente. Intenté poner freno a los pensamientos que aparecían cada vez que miraba hacia el departamento de enfrente, pero no podía dejar de espiar.
Un día descubrí que él también me miraba aunque solo podía ver mis piernas. Es que yo tenía la costumbre de mantener la cortina cerrada hasta la mitad. El amplio ventanal de mi dormitorio le daba la posibilidad de contemplar parte de mi cuerpo.

Ayer lo sorprendí mirando con mucho interés. Imaginé sus ojos deslizándose por mis piernas y sentí un cosquilleo de excitación.
Sabía que él deseaba ver más, por eso comencé a jugar con mi falda que poco a poco subía para dejar al descubierto las medias de seda y el portaligas de encaje. Con dedos ansiosos recorrí mis muslos y le dejé ver la blancura de la piel que se adivinaba donde acababan las medias.

Mientras pensaba en su reacción, comencé a bajar despacio la falda ajustada que al fin cayó sobre la alfombra gris. Mis tacones la apartaron con un movimiento sensual y luego subí un poco la cortina para que él pudiera observarme mejor.
Me senté en la cama y crucé las piernas. Entonces levanté totalmente la cortina y me ofrecí por entero con mi sostén y mis bragas transparentes.
Temblaba cuando escuché el timbre, y apenas mi vecino transpuso la puerta, dejé que mis fantasías perdieran el control.
 
yar-,10.02.2018
Auuuuu !!!

Que buen texto, me encanto.

Entendido el mensaje de arriba Marcelo.
 
Marthalicia,11.02.2018
Marcelo gracias por la invitación y las siguientes explicaciones.
 
-ZEPOL,12.02.2018
A mí no me invitan a nada.
Ni siquiera a las fiestas de
cumpleaños. ¿Será porque
atraigo a las chicas como
imán y no dejo nada para
los demás? Quizá. Pero no
importa, yo solito me doy por invitado
y caigo como paracaidista en medio de un
partido de futbol.

Bueno, me decido, participo. El texto es
un imán y yo soy el metal. Me voy animando
y voy armando el plan. Sólo con pensarlo se
me acelera el pulso, porque la idea ya me
está pareciendo más de lo normal. Despacito.
Esto hay que tomarlo sin ningún apuro.


 
MarceloArrizabalaga,12.02.2018
1- Estimado Don Zepol, vuestro libro de visitas se encuentra cerrado hace tiempo.

2- Es un placer contar con su participación.

3- Además de la invitación personal que se hace a través de el L.d.V., en el mismo planteo de las bases del concurso está hecha una invitación abierta.


Marcelo.
 
MarceloArrizabalaga,12.02.2018
Segundo relato:


AMOR GRIEGO

Día a día voy al parque porque ese es mi trabajo. Barro las hojas del otoño y las amontono. Luego las meto con la pala en el barril y al terminar me alejo empujándolo.

Pero hoy es domingo y no trabajo. ¿Se imaginan a dónde voy para divertirme un poco? Exacto, al parque. Hoy, nada que barrer, nada que recoger. Me puedo dar el lujo de pasear, darle de comer a las palomas y contemplar las estatuas, sobre todo las estatuas de las diosas griegas.

Con frecuencia me cuestiono si en la antigua Grecia no había modistas ni costureras. A todas las han mandado desnudas a la posteridad. No me quejo ni critico, sólo me da pena, cuánto frío no deben de pasar por las noches. Y cuando llueve, ¡mi madre! no tiritan porque no pueden. Pero si tuvieran aunque sea una tirita dejarían de tiritar.

A veces me da la impresión que son seres vivos, encerrados, castigados a estar por siempre enclaustrados en un laido cuerpo de piedra. Tan vivos que cuando paso la escoba frente a su pedestal bajan la cabeza para comprobar si dejo bien barrido. ¿Y si de veras estuvieran vivas? No lo se, pero hoy es domingo y a lo mejor me animo a comprobarlo.

Camino hasta el pasaje donde está la estatua mejor perfilada, la que tiene el perfil griego y el busto griego, los senos griegos y las piernas griegas. Sólo el pedestal dice “Made in Japan”


-Hola estatua ¿Cómo te llamas?
- ….
-Ah, no me quieres hablar, te estás haciendo la del billete de a mil. Pues te apuesto a que te derrito y si no me hablas al menos te voy a hacer gemir de placer como gata en celo.

-Sigue. Sigue empeñada en tu pasmado mutismo de piedra. ¿Qué tal si para calentar motores comienzo por recitarte una rima de Becquer? Ya, ya, ya. Ya se que no sabes quién es. Pero no me puedo ninguna poesía de Agaméstor, Crimágoro, Antímaco, Melanípides, Apolodoro, Terpandro, Arquéstrato ni ninguno de tus admiradores de tu época. Espera, ya me dio sed, destapo mi cilindrito de licor barato y me lo bebo. ¡Salud!

- Pa que veas que yo, barredor y todo pero me se mis cositas, conozco a toda tu parentela griega. Ni te imaginas las platicotas que me doy con Telesita cuando me emborracho. Bueno, ahí te voy. “Los átomos del aire palpitan en derredor y se inflaman, al cielo se le enredan las hebras de oro y la tierra se estremece de deseo cuando las hojas, flotando en olas de armonía semejan chasquidos de besos. ¿Qué sucede? ¡Es el barredor que pasa!” ¿Qué ondas? ¿Te gustó?

- No, si para elocuente te pintas sola. Pues ahí te va otra. Espera, no comas ansias, para agarrar envión me echo otro traguito. “Tu pupila es azul y cuando ríes su claridad suave me recuerda el trémulo fulgor de la mañana que en el mar se refleja” No, ésta mejor no. ¿Pupila azul? ¡Ni siquiera tienes ojos! Por eso, mejor escucha bien esta otra: “¡Si tan solo pudieras mirarme! Por una de tus miradas daría un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... ¡Yo no sé qué te diera por un beso!” Piensa qué me vas a pedir (¡Hic!) mientras me termino la botella, ¡Salud!
-….
-¿Cómo? ¿Una Coca Cola? No seas tan prosaica. ¿Qué no exprimías uvas con los pies en las bacanales de marzo y te revolcabas con Anaximandro el negro bien dotado detrás del Partenón? Ah, ahora te haces la ofendida, pues me largo de aquí, uno también tiene su dignidad, pero pa que veas que no soy rencoroso, ahí te voy con otra rima: “La cosota que guardaba para ti vale algo, eso... ni lo puedes sospechar. (-Aguántame tantito la botella- hic!) Asoma a tus ojos una lágrima y a mi labio una frase de perdón; ahora de qué sirve, enjuga tu llanto. Yo me voy por mi camino y tú por otro; pero al pensar en que pude amarte yo digo aún, ¿por qué no te cogí este día? Y tu mirando al cielo irónica me dirás, porque soy de piedra, imbécil y se te va a joder tu cosa!”
¡Lloro! No me avergüenzo de confesar que te quise un poco. ¡Lloro! Nadie nos mira. Ya ves; yo soy un hombre y también lloro. Pero mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido; Juana Artemisa, desengáñate ¡así... no te querrán!

 
-ZEPOL,13.02.2018
Ya voy entendiendo cómo va la cosa. Bueno, sólo déjeme desembarazarme de este Trump que ya me tiene harto con sus peticiones de mi autógrafo para revenderlo y ya veré qué cosa se me ocurre.

Quizá las peripecias de una muchacha del servicio doméstico con el científico empeñado en descifrar el paralaje insumido de las órbitas de los planetas sea un buen tema. Ups, ya me recordé que no se pueden dar pistas. Lo siento. Buscaré otro tema. Los amores de una gata angora con el cuervo de Poe o los amoríos apocalípticos del hombre araña con la mujer maravilla... Ya veré, ya veré.
 
MarceloArrizabalaga,13.02.2018
Tercer relato:



AL PISO 24... EN EL ASCENSOR


La vio sentada sola en la mesa tomando un café, se acercó y le dijo: Puedes ponerme tu nombre en este papel ?

Si !!! Como no !!! ... Aquí tienes !!!

Con poner el nombre no es suficiente -advirtió el amigo-. Hay que formular también un deseo.

A Lucia eso le daba igual, pero no se atrevió a decírselo abiertamente.
Volvió a doblar el papel y se lo guardó en el vaquero con una sonrisa de disculpa.

Andrés, en esos momentos, subía a la terraza del hotel Astoria en una cápsula de cristal.
Era un ascensor muy diferente de la desvencijada jaulita de la casa de Lucía.

- Quieres venir ? . Le dijo.

El principal problema estriba en que no sabemos lo que realmente nos conviene. Sentimos la urgencia de que se realicen nuestros propósitos, pero no se puede tomar una determinación sin analizar qué intención nos mueve.
Y, sobre todo, es que al no saber qué estamos pidiendo, no lo expresamos correctamente.
Como nos hemos acostumbrado a hablar por sobrentendidos se nos olvida que hay un abismo entre lo que estamos diciendo y lo que queremos decir.

Andrés volvió a cobrar conciencia de dónde estaba, pero fue momentáneo.

Enseguida, el ascensor que lo aceleraba hacia arriba lo trasladó a los a mirar los transparentes pantalones de Lucía.

Sus manos, encajadas bajo las rotundas cúpulas de los glúteos, ayudaban a bajarlo, tensándolo para salvar las caderas y resbalándolo hasta alcanzar el borde ajustado de la braga, de colores siempre sorprendentes, y juntarlos en su descenso hasta que el vello apareciese.

Y si por el contrario -seguía diciendo Lucia - lo que quieres es conseguir a alguien... Bueno, precisamente hoy es la noche favorable para eso. La gente piensa que el día de los enamorados es el de San Valentín, pero eso es una tontería: San Valentín es patrón de las parejas, de las parejas oficiales con intenciones de fundar familia y con la entrada del piso ya entregada, porque en esas fechas los pájaros empiezan a anidar.
Como comprenderás, es algo bien distinto. Pero la noche de San Juan es la noche de la pasión, de la magia, del fuego, del arrebato y de la locura, o sea, la noche de los enamorados y del enamoramiento fulminante. En fin, que si quieres conseguir a alguien, hoy estás de enhorabuena, lo que pasa es que la cosa no es tan sencilla.
-¿Tienes un cigarrillo? -interrumpió Lucía. Sabía que Andrés le iba a decir que no, pero era una débil excusa para desviar el asunto.
Sus ojos eran como dos piscinas punteadas de sol; su pelo, como un vendaval de seda; su boca, un trago aterciopelado de vino y su lengua una infatigable y minuciosa exploradora; sus brazos, culebras de azogue que podían convertirse en aros de acero; sus manos, dos gavillas de caricias siempre dispuestas a desatarse; sus pechos, dos cachorros de puntiagudos hocicos rosa guardianes de un sobresaltado corazón; su cintura, una danza; sus caderas, un firme asidero; su vientre, un estanque sosegado; sus piernas, un refugio cálido y seguro.
Trató de desconectar para que su mente escapara a lugares más confortables, pero no lo consiguió del todo. ya se acercaba la hora.

-Vamos -dijo sin apenas volverse, y echó a andar en dirección al claro donde la cambiante señal de una antorcha intensificaba su resplandor.

El zumbido del ascensor era apenas un susurro..., la cremallera que bajaba..., la espalda que abría y ampliaba un blanco triángulo flanqueado por las alas incipientes de los omóplatos. Las estrechas paredes que lo rodeaban parecían comprimir su angustia. El ascensor se detuvo. El vestido cayéndose en un golpe seco sobre el parquet pulido y los pies de ella saliendo del cerco y girando hacia él su desnudo.

Andrés salió a la terraza. - ¡Ah..., Lucía,Lucía!...- Las palabras de entonces se mezclaron con la invocación de ahora.
El bar de la terraza proyectaba una afilada hoja de luz sobre las sombras enmarcando la distribución de los veladores y las sillas de médula. Andrés dió un rodeo. El temor y la excitación que apuran la ruta de las resoluciones irrevocables, y la ansiedad que trastorna la espera antes de que pare la ruleta o se muestren los naipes.

El vestido de ella brillaba en el suelo así.




 
MarceloArrizabalaga,16.02.2018
Cuarto cuento:



Fin de semana


Ana dormía cuando Juan entró en el dormitorio. Tenía las mejillas sonrosadas, un par de rizos dorados caían sobre la sábana. Estaba desnuda y su mano rozaba uno de los pechos. Él observó los pezones oscuros que contrastaban con la blancura del resto de la piel. Los rozó con sus labios y Ana despertó. Juan le separó las piernas con suavidad. Ella intentó cubrirse con las manos en un gesto de pudor. Se estremeció cuando el hombre comenzó a explorar el vello húmedo y suave. Él buscó el lugar exacto y con los dedos friccionó dibujando círculos de placer.
Ana arqueó el cuerpo y entre gemidos le pidió que no se detuviera.
Juan continuó hasta que ella comenzó a rogar. Estaba lista, pero él todavía la hizo esperar un poco más. Se tendió a su lado; entonces la mujer pudo disfrutar de su masculinidad con labios ávidos y manos ansiosas.
Un instante después ella sintió que todo giraba alrededor de aquel intenso deseo. Juan pasaba a formar parte de su cuerpo y entraba en ella cada vez un poco más, abriéndola y cerrándola al mismo tiempo mientras hurgaba con vehemencia buscando saciarse.
Se dijeron las mismas cosas que se dicen todos los amantes, y en el momento final notaron cómo sus almas se reconocían una vez más.

Llovía cuando abandonaron la casa de fin de semana de Juan. Habían disfrutado de unos hermosos días alejados de todo. Regresaban a la ciudad con una sensación deliciosa en la piel; pero él ya comenzaba a pensar en los compromisos laborales, Ana en sus hijos adolescentes.
El automóvil de Juan subió a la autopista rumbo a la rutina.
El de ella siguió hacia el sur para reencontrarse con su esposo y continuar con la perfecta y mentirosa vida de siempre.


 
MarceloArrizabalaga,17.02.2018
Quinto relato:



La pintura del salón

Nunca hubiera creído que una cosa así pudiera sucederme.Quien me conoce sabe que soy una mujer equilibrada, esposa fiel desde hace más de quince años. Nunca un problema entre nosotros,nuestra vida matrimonial es absolutamente satisfactoria. Estamos de acuerdo en la educación de los hijos y en la distribución de las respectivas incumbencias. Nuestra relación sexual es como nuestra vida, tranquila, regular, sin altos y bajos.

Hace dos semanas fuimos a cenar a la casa de mis cuñados Floy y Teodoro. Se festejaba el cumpleaños de Floy y para la ocasión estaban invitados otros amigos y su hermano menor que acababa de volver del Canadá después de trece años de ausencia. Cuando se fue a vivir al Canadá era un muchachito imberbe y desabrido, como suelen ser los jóvenes a esa edad. Llegó tarde a la reunión en compañía de una muchacha graciosa y muy mal vestida para la ocasión, él también llevaba ropa sport y se excusó diciendo que volvían “del trabajo”.
¿No había llegado en vacaciones? Si, pero estaban pintando la casa de los padres de la muchacha. Dijo en broma que les había sobrado tanta pintura que podrían pintar otra casa. Mi marido lo tomó en serio y le dijo que le iba a pagar por pintar el salón de nuestra casa. El jovencito ya convertido en un hombre de veintiséis años me miró diciendo ¿estás de acuerdo? Me sentí turbada como si me hubiera preguntado si me quería casar con él. Aprobé y un rubor molesto subió a mis mejillas. Durante la cena el joven me miró con insistencia y me sentía aturdida e incómoda bajo la mirada de esos ojos verdes.

Al día siguiente a las ocho en punto se presentó en casa. Mi marido ya se había ido al trabajo. El jovencito que había conocido hacía años eran un hombre alto, de cuerpo muy desarrollado gracias a su pasión por el alpinismo. Verlo en lo alto de la escalera era ver el monumento a la virilidad, los jeans le resbalaban y a veces hasta el punto donde asomaba el sombreado dorado de su vello. No podía dejar de mirarlo, estaba como hipnotizada, me subió una ola de calor y un sudor no correspondientes a la temperatura del día. Sus brazos brillaban por el sudor.A veces lo sorprendi que me miraba de ese modo intenso como la noche anterior y sonreía mostrando una dentadura blanca y perfecta. Dos hoyuelos se hundían en sus mejillas. Llena de confusión trataba de no permanecer en el salón, pero él me llamaba con cualquier pretexto… que el trapo, que la escoba que…Me pidió un vaso de agua y supe que al entregárselo me resultaría muy difícil controlarme; debía haber enloquecido, quería tocarlo, besarlo acariciar sus músculos dorados, tocar ese vello y también más allá…estaba por perder el juicio, ésa no era yo, nunca había sentido un impulso erótico tan fuerte. Al tomar de mi mano el vaso de agua rozó mis dedos y esa fue la chispa que incendió el resto. Yo no fui yo desde que Fernando me estrechó en sus brazos y dejó que nuestro deseo fluyera sin frenos.

El salón quedó a medio pintar.
A mi marido le dije que el muchacho se había dislocado un tobillo y un amigo suyo vendría al día siguiente para terminar el trabajo.
 
MarceloArrizabalaga,17.02.2018
Sexta participación:



No es extraño


Estar con otros hombres y contigo al mismo tiempo ya no me parece extraño.

Recuerdo la primera vez. Aquella boca desconocida rozó mis labios; entonces ocurrió algo que jamás había imaginado: mi cuerpo tembló al sentir sus dedos danzando en mis caderas mientras tus manos se posaban sobre mis poros sedientos de placeres.
El pudor se apoderaba de mí cada vez que aparecían tus ojos mirándome con esa mezcla de anhelo y ausencia.

Me acostumbré a compartir nuestro lecho, y ahora, durante los momentos de intimidad nada me asombra.
Tu aroma llena todos mis espacios y las dudas se alejan al sentirte cerca.
Disfruto de ese rítmico vaivén que va creciendo hasta acabar en un frenesí de espasmos y jadeos.
Veo tu rostro y cuando mi imaginación se desborda logras acallar mis gemidos con tu boca inexistente sobre la mía.

Ya nada me extraña, amor. Comprendí que estás muy lejos, pero en cada orgasmo siempre imagino que es tu voz la que pronuncia mi nombre.
 
MarceloArrizabalaga,17.02.2018
Séptimo cuento:



Alma en Granate


De pie en la palestra con una sonrisa siniestra –debería ser ilícito pensar en sus manos recorriendo mi cuerpo, lánguidas y blancas, dedos largos y sensuales que parecen bailar a la par de sus ademanes-, tengo la dicha de tener un buen ángulo de su espalda; enfundada en aquel traje de diseñador y sus ojos que se asemejan al color del plomo; penetrantes, parecen leer mis pensamientos, aunque en realidad solo vislumbra mi lenguaje corporal –Pero da la casualidad que los estudiantes de leyes hemos aprendido a disimular las emociones y parecemos absortos en algún procedimiento especial en materia de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA)

La hora termina y los delirios del roce de nuestras pieles parece florecer, ajenos a un amor intelectual desaparecen los espectadores, nuestras miradas se encuentran, sonreímos; la farsa ha terminado con éxito. Tu aliento en mi oído, una corriente eléctrica viaja por mi espalda, me sostengo de tu cuerpo para no caer ante tanta sensualidad, mis orbes se entrecierran con placer mientras susurras delicado la calificación jurídica de mis actos –Eres un peligro para el sistema acusatorio y la lascivia que desprende el brillo de tus ojos es premeditada, has pasado el límite de agravantes, quedas sin derecho a oponer recursos.

–Siento en el alma tener que desestimar su acusación –mis dedos delgados desatan con cariño su corbata, me entretiene–, tengo por entendido que puedo impugnar y la acción sobresee por el principio de “nulla poena sine lege” –sus manos me sostienen y recorren mi espalda descubierta, mi cuerpo se eriza y sus labios tocan ligeros mi cuello.

–Debería solicitar la desestimación a un Juez –sus palabras golpean en repetidos ecos, termino recargada en la pared más próxima–. Debido a que la única autoridad presente aquí soy yo, como acusador, dicha defensa técnica tendrá que realizar el procedimiento por admisión de hechos –nuestros orbes se encuentran, un par de fugitivos escondiéndose en la bruma, nuestros labios se tocan con la parsimonia y el arte de amar, conservando la compostura y con el morbo que pudiéramos ser descubiertos in fragantti en la comisión del hecho punible, con todos los elementos de convicción en bandeja de plata.

–Hay reincidencia en vuestras acciones, delitos contra el orden público y corrupción –un gemido involuntario escapa de mis labios, mientras es ahogado por los tuyos, somos los perfectos artistas callando verdades en público, riéndonos en silencio; como quien dice “El que ríe de último ríe mejor”

Sé que los amores prohibidos no tienen finales agradables; tenemos numerosos ejemplos venidos desde la antigüedad, pero la delicia de temblar en brazos que no me pertenecen por completo y morir abrazada a tu cuerpo, es una cuestión que vale la pena. Ya habrá momento de lamentarme mañana.

Los espasmos seguidos del éxtasis en su máximo esplendor y el susurro en mi oído –Suum cuique tribuere –creo que no hay mejor manera de decirle “Te amo” a alguien, que mencionando el tercer precepto del Derecho (Ulpiano) o lo equivalente a “Dar a cada quien lo que le corresponde”, y lamentándolo mucho, tú me completas; cariño.

Nuestras miradas se encuentran una última vez antes de separarnos, mi vestido ondea con el viento, la hojarasca baila alrededor de nuestros cuerpos y el tiempo es gris. El calor aún reside en nuestras manos, cuestión esta que no nos asegura un encuentro futuro y sin embargo sonreímos dándole la espalda al juramento hipocrático. Violentamos normas éticas y morales, vamos en detrimento de nuestros principios y eso no es más que un poco del derecho subjetivo, cuando el Derecho objetivo se pone a disposición de un individuo determinado.
 
MarceloArrizabalaga,17.02.2018
Octavo relato:



MÁRMOL CANDENTE (ALGAMATOFILIA)


Para ti nunca fui más que un trozo de mármol donde realizar otra de tus famosas esculturas. Esculpiste en mi un cuerpo de mujer blanco y hermoso, en el que nunca viste más que una piedra donde moldear tu obra , en la cual tal como Pigmalión, buscabas lograr la perfección hecha mujer , pero jamás imaginaste que este mármol te amaba y que me estremecía cuando, con tus toscas manos ,moldeabas mis senos y mis hombros ,o alisabas mis muslos y mi vientre. No quería que terminaras nunca tu tarea, buscaba obstáculos para que esta se prolongara, pero todo tiene un final.
No conseguiste tu propósito tu escultura no tuvo el reconocimiento que esperabas, solo buenas críticas y varias exposiciones, algunos museos me tuvieron un tiempo, pero luego fui perdiendo la atención del público.
Hoy estoy en una plaza, donde sufro los rigores del frío en el invierno, y en verano me abraso de tal modo que ni siquiera las aves se posan en mis manos porque queman, solo las palomas me utilizan como si fuera su baño público.
Lo que más me aterra son las noches y tener que soportar que pervertidos algamatofílicos satisfagan sus pérfidos deseos en mi cuerpo escultural, mientras yo, para mitigar el dolor y la vergüenza de esas violaciones pienso que eres tu quien me acaricia.
 
MarceloArrizabalaga,17.02.2018
Noveno cuento:



Comunión

De una nube escapa una gota. No podía esperar más. Vio a la bella en todo su esplendor, paseando por un sendero sinuoso, con la despreocupación de lo que es hermoso. Su largo cabello rubio mecido por el viento, como las ramas de un encino. Sus ojos azules iluminando primorosamente el atardecer. Su piel tiene la textura de las manzanas, y el jugo de su boca es dulce. El lobo observa tras un arbusto, quieto, expectante. Atento al mas mínimo de sus movimientos. Aun al ritmo de su respiración. Su vaporoso vestido trasluce su figura; la estrechez de su cintura, y la redondez de sus caderas y senos.

Aspira el perfume de su cabello.

Imagina un paraíso o un candente infierno… tal vez ambos.

La gota cae en la frente de la bella, voltea sorprendida al cielo. La gota resbala entre sus azules ojos, toca su nariz, y resbala a su boca, que como delicado recipiente la recibe entreabriéndose ligeramente. la degusta con deleite, con el gusto de saborear el instante.

El lobo ahora esta frente a ella, pero no como se ve normalmente, sino como un hombre moreno, de 1.84 mts de estatura. Tiene que inclinarse un poco, mientras rodea su cintura con sus largos brazos y la atrae hacia sí besándola con fuerza, absorbiendo parte de ese elixir que la rubia posee. Después de un instante ella le responde apasionadamente.

En total comunión; el lobo-hombre desliza su vestido, desatando el moño que lo sostenía, justo encima de sus senos. Que ahora se yerguen desafiantes ante él. La bella cierra los ojos mientras el lobo saborea sus pechos. Toma su cabeza con los dedos entrelazados en su nuca y lo acerca.

Los saborea alternativamente, sin prisa, pero sin pausa. Es cuidadoso, pero no por mucho tiempo. su boca se hunde profundo en esos pozos de placer, se pierde en su calor y en el temblor que los acompaña a cada uno de sus ataques. La bella gime. Se recuesta en el mullido pasto.

El lobo aúlla con fuerza.

La luna aparece entre las copas de los árboles.

La noche es joven.
 
MarceloArrizabalaga,18.02.2018
Décimo relato:



LECCION DE GEOGRAFIA


Recorro con mi boca el mapa tembloroso de tu cuerpo llego a esas dos colinas bien redondeas pequeñas y suaves, como duraznos maduros, coronados por dos uvas llenas de vino morado, descubro allí aromas insospechados, desciendo como la lava de un volcán, ladera abajo, hasta arribar a un manantial. tierno ,rosado , húmedo y con sabor de mar, exploro con el olfato abierto , todos los aromas, donde predomina el olor de levadura fresca de su pubis, me sumerjo en ese océano que baña mi ser quiero quedar dormido sobre el valle de su vientre, mordisqueo cada musculo palpitante, hasta llegar a esa oscura caverna, tan profunda como los interminables túneles de la eternidad, llenándolo de negros besos para volver a hundir mi cara en el musgo oscuro y fragante como un licor exótico de ese valle rodeado de montes rizados
Luego nuestros cuerpos giran, se levantan, caen juntos como si sus movimientos fueran sincronizados. Unimos nuestras bocas y el gusto salobre de los fluidos íntimos se mezcla con la saliva sabrosa – Nos deleitamos en largos besos donde nuestras lenguas se enredan y mordemos nuestros labios hasta hacerlos sangrar .
Cuando el deseo nos embriaga, descubrimos con los ojos lo que antes descubríamos con nuestras bocas, ella me ofrece sus ancas de potra salvaje para que la monte, su apretado ojal se ve como una boquita enojada, apresuramos el galope y un universo constelado de estrellas fugaces y arcoíris sonoros y un estallido de mil petardos nos vuelve fugazmente eternos, mientras un temblor agita nuestras entrañas tibias, como volcán en erupción, hasta llegar al paroxismo y las réplicas intensas de los últimos estertores sensuales de la pasión, generan tsunamis, maremotos y oleadas de placer que hacen que nuestras escalas de Richter exploten.
Luego la calma regresa a las praderas y montes de nuestros cuerpos que se aquietan descansando a la orilla de una inmensa y desolada playa.


 
MarceloArrizabalaga,18.02.2018
Décimo primer cuento:



INDESCIFRABLE

Me dormí.
Me quedaban muchas cosas por hacer.
Me bañé, dispuse los alimentos para mis animalitos.
Y allí estaba, recostado sobre la silla, bien acomodado, mi
Uniforme de rutina, mi cartera, mi móvil y las llaves.
El ascensor estaba como esperándome.
Detrás de mí, estaba él.
Nos subimos al unísono y fue cuando mi cuerpo rozó el de él y toda
yo me estremecí. Con una sensación desconocida.
Me dieron ganas de acurrucarme en sus brazos.
Levanté la vista y me encontré con unos ojos azules que
Que iluminaba hasta el alma.
De pronto un brusco movimiento y me encontré prendida a él.
No escuché la voz que decía: tranquilos, pronto se arreglará el desperfecto.
Mis labios rozaron su boca y me erice toda, dispuesta a la entrega.
Se abrió la puerta, bajé por las escaleras dudando si seguía dormida.


 
MarceloArrizabalaga,19.02.2018
Décimo segundo cuento:



ROMPIENDO LA RUTINA

La rutina se hacia insoportable, mi trabajo de Contador en una oficina del sexto piso ,en pleno centro de la ciudad requeria una constante concentracion , agobiado por numeros, porcentajes , consultas y clientes que querian soluciones rapidas a sus pedidos, una preocupacion mas se sumaba a todo esto, mi secretaria privada, se habia tomado licencia ya que estabaa punto de dar a luz, y la agencia de trabajo que consulte no me enviaba a quien la reemplazara.
Mi oficina tenia ventanales ahumados que no permitian ver desde el exterior, pero yo podia ver. todo lo que ocurria en la oficina de enfrente, donde un mundo de gente corriendo de un lado a otro, personas sentadas frente a un ordenador con cara de angustia, otros llamando por teléfono de manera sobre saltada, trabajaban afanosamente, por el pasillo que separaba ambas oficinas, vi pasar a una hermosa mujer de largos cabellos negros, vestida muy elegantemente, se paro frente a mi puerta y hizo sonar el llamador, buenos días me mandan de la agencia, vengo a hacer un reemplazo me dijo al hacerla pasar, me alargo una carpeta con sus antecedentes donde figuraba su nombre, Fernanda.
Su belleza me había dejado pasmado, no atinaba a reaccionar, volvió a dirigirme la palabra.-Si está de acuerdo puedo comenzar a trabajar ya. Si, seguro, le di las instrucciones sobre su tarea y trate de concentrarme nuevamente en lo mío, su escritorio situado frente al mio me permitía apreciar su bello rostro, sus ojos verdes, su cabello azabache, su cuerpo espectacular sus largas piernas cruzadas , me hipnotizaban al igual que sus esplendidos pechos que resaltaban bajo su chaqueta, nuestras miradas se cruzaron varias veces y me llamo la atención una sonrisa insinuante que se dibujaba en sus labios
.Acostumbrado a la monótona presencia de mi secretaria, a la que el embarazo había deformado su lindo cuerpo, ver a esta mujer era un sueño, eficiente en su tarea, muy atenta con los clientes, no perdía nunca su sonrisa.
Pasaron varios días, me había acostumbrado a su presencia, habíamos mantenido algunas charlas, me entere que hacía poco se había separado, que no tenía hijos, y que comenzó a trabajar nuevamente para no estar sin hacer nada, ya que el salario no era su mayor preocupación.-
Ese día, ella tropezó al ingresar a la oficina, por suerte logre sostenerla, y evitar su caída, su rostro quedo cerca del mío, el abrazo se prolongaba y sin darnos cuentas nos estábamos besando, nuestras lenguas se enredaban, nos explorábamos mutuamente, atine a poner el seguro a la puerta, mientras caíamos sobre un inmenso sofá, comencé a desvestirla, mientras por los ventanales, veía a la gente pasar sin vernos, ella intentaba torpemente a ayudarme a sacar mi ropa, quedo solo con una tanguita negra que apenas cubria sus labios vaginales , su mano apretaba fuertemente mi miembro, hasta hacerme doler, me apodere de sus blancos pechos coronados por erectos pezones morados, mi boca recorrió su cuello besándolo, bajando luego hacia su vientre hasta llegar a su depilado sexo, su vulva estaba rosada, hinchada y llena de jugos, lamia, chupaba y mordía suavemente esos labios hasta llegar a su endurecido clítoris, mientras con un dedo entraba y salía en ella, que gemía y pedía más, que no parara, de pronto sus gemidos se convirtieron en gritos, mientras las convulsiones de un orgasmo la sacudían, tape su boca con la mía, mientras introducía mi, pene , sus piernas sobre mis hombros me estrangulaban, embestí bestialmente como si fuera la última vez que lo hacia, mientras en cámara lente la gente pasaba frente nuestro sin vernos, acabamos al mismo tiempo, , recogimos a las apuradas nuestras ropas, pasamos al baño a acicalarnos un poco, y seguimos trabajando como si nada, sin querer una de mis fantasías : tener sexo frente a todos, se había cumplido


 
MarceloArrizabalaga,19.02.2018
Décimo tercer cuento:



Carpe Diem

Sostuve su mirada desafiante detrás de las gafas cristalinas. Lo que empezó como una charla amistosa se había tornado una discusión de sicología, disquisiciones freudianas y pulsiones. Había evitado sistemáticamente mirar su escote provocativo, sabiendo que ella esperaba que lo mirara con deseo, para desacreditarme como interlocutor válido. Resistí la tentación durante toda la cena, obligándome a mirar sus ojos, su pelo, sus caderas, las dos veces en que se levantó para caminar alrededor de la mesa, gesticulando en su búsqueda de ideas y palabras pseudo intelectuales para sorprenderme. La pregunta aún flotaba en el aire.

-Así que como macho de la especie, te sientes obligado por una razón genética que incluso te exime de culpas, a copular con todas las mujeres que pasan frente a tu ventana, como si fueran mostacillas de un collar. ¿Es eso…? Respóndeme como hombre, no como profesional –remató con cierta ironía.

La palabra copular me perturbó. No formaba parte de mi repertorio habitual, ni del repertorio sórdido ni del académico.
Insistió, ignorando mis divagaciones lingüísticas y mi deseo casi descontrolado por recorrer sus senos con mis dedos, humedecerlos sobre su escote, resbalar con dulzura sobre el calor de su piel.

-Sí -le contesté sin pensarlo mucho-, estoy obligado sin culpas religiosas ni vestigios absurdamente freudianos, a avasallar con mi falo esbelto a todas las féminas que pasan frente mi ventana, incluso también las que pasan por debajo y las que pudieran pasar por arriba.
-¡Falo esbelto! -rió de buena gana.

¡Falo esbelto! Siguió repitiendo como si fuera la línea de un soneto o un poema cursi carente de sentido.

-El problema no es mi falo esbelto -le espeté cortando su risa-, el problema es que a las mujeres las educan para cerrar las piernas, para mantenerlas cerradas a fuerza de culpas, prohibiéndoles disfrutar la magia del descontrol.
-¡La magia del descontrol…! -volvió a reírse, mostrando los dientes perfectos detrás de sus labios carnosos.
-Mira tus piernas -dije al tiempo que yo también las miraba sin pudor, perfectamente dibujadas debajo de su falda-, están bien cerradas. Ya ves, eres un producto de tu educación culposa.

Dejó de reírse. Me increpó que yo no era el adecuado para abrir sus piernas. Que la educación no le impedía abrirlas con quien ella quisiera, cuando quisiera, todas las veces que lo creyera conveniente. Que mi argumento era un desastre y yo un animal en celo incapaz de hilvanar dos razonamientos coherentes en la misma línea.

-En esta sociedad de mierda, las mujeres que admiten que abren las piernas todas las veces que quieren, son tildadas de putas. Aunque yo prefiero llamarlas putitas -le dije con sorna y mirada libidinosa.
-A ti en el reparto de atributos, sólo te dejaron groserito, guarango y machista –contestó visiblemente molesta.

Hizo un ademán de dar por finalizada la cena e irse a su casa. Una llovizna tenue acariciaba las ventanas con vista al jardín. Me acerqué a dibujar algo sobre los vidrios empañados. La convencí de tomarse un café, mientras esperábamos que dejara de llover. Puse música de Jazz y la entretuve explicándole algunas técnicas de improvisación musical. Tomó tres pocillos de café, argumentando que el licor de chocolate era el mejor complemento que se me podía haber ocurrido, pese a ser yo un primate definitivamente tosco.

-Primate tosco… ¡groserito, machista y guarango! ¡No se te olvide! -le recordé-, el orden de los estereotipos es importante.

Reímos de buena gana. Sus ojos se dilataron. Las pupilas cargadas de deseos indescriptibles traicionaron su mirada. Imaginé mis dedos deslizándose debajo de su falda, apartando la ropa interior, descubriendo el calor y la humedad de su ser, explorando con suavidad, aliviando su deseo.
Acaricié su mano apoyada sobre la mesa, esperando un rechazo. Contrariamente a lo esperado, se quitó las gafas sin mirarme. Se levantó acercándose hasta rozarme las piernas. Desprendió la falda que cayó a sus pies, ofreciéndome la vista de su ropa interior negra, rematada con un exquisito bordado que realzaba increíblemente su pubis.
Se sentó sobre mis piernas, aprisionándome entre las suyas. Me besó sin apuro, saboreándome, sometiéndome a su voluntad. Sentí el calor descontrolado de su entrepierna buscando mi erección. Desprendí los botones de su blusa y acaricié los pechos debajo de la tela. Desabroché su sostén, lo quité junto con la blusa y nuevamente acaricié sus pechos pero esta vez con mi lengua, recorriéndolos en toda su extensión. Gimió de placer.

Lamió mi boca con su lengua, la deslizó sobre mi cara, acercándose a la oreja para susurrarme sensualmente: ¿qué decías de las mujeres que abren las piernas?
La levanté sosteniéndola en el aire con mis manos debajo de sus piernas. La llevé hasta mi cama para recostarla suavemente. Separé sus piernas acariciando la ropa interior húmeda. Descendí sobre ella, murmurándole la respuesta: putita dije…, eres mi putita.

Sentí su piel estremecerse de placer culposo. Me sujetó firmemente por los hombros. Me envolvió con sus piernas haciendo el movimiento justo para girarnos sobre la cama. Quedé boca arriba a merced de su voluntad. Se humedeció los dedos con abundante saliva. Deslizó a un costado sus bragas negras. Me lubricó el pene sin prisa. Se lo introdujo hasta el final, sin detenerse.
Me cabalgó con ritmo firme, usándome a su placer y antojo, aliviando su necesidad de control. Se movía como si fuera ella quien tuviera el pene, introduciéndolo adentro mío. Me llevó hasta el borde de mi resistencia. Me esperó maliciosamente. Repentinamente se detuvo, impidiendo mis movimientos.
Su voz me llegó entre jadeos: ¿qué dijiste que soy?

-Pu… tita -susurré desesperado.

Su cuerpo se arqueó. Sentí sus pechos descendiendo, abandonándose sobre el mío. La presión se volvió intolerable. Su lengua violó mis labios al ritmo de un orgasmo despiadado. Con mi último resto de conciencia me maravillé por haber llegado juntos, algo que jamás me había ocurrido en el primer encuentro con otras mujeres.

Habría dormido tres horas cuando su llanto destemplado me despertó dolorosamente.

-¡Hijo de puta, me emborrachaste!

Lloraba con ambas manos sobre su cara, sentada en la cama como si fuera una película de mala calidad. Argumenté que no. Que estaba torciendo la realidad para deshacerse de la culpa. Que no entendía esa reacción histérica. Que no estaba ni había estado borracha. Intenté acariciar su pelo, pero me quitó la mano. Se fue sin despedirse. La vi alejarse descalza sobre el pasto húmedo. Salió a la calle, subió a un taxi, despareció. En el vidrio de la ventana que daba al jardín, empezaba a desteñirse el dibujo empañado que yo había hecho durante la cena.
 
MarceloArrizabalaga,20.02.2018
Décimo cuarto cuento:



HALASANA


De haber podido hubiera reusado hacerlo. ¿Para qué cambiar? Era de los de dormir y guardar la era, y asumía las consecuencias de sus actos. Un día se profesó amor eterno e invitó a la boda a familiares y amigos. Habló a los postres y, emocionado, expuso la razón fundamental de tan insólita experiencia:

- Jamás encontraré amor más intenso. Solo el amor que uno se ofrece, es tan enriquecedor y sereno.

Sin embargo, la iniciativa revolucionaria- narcisista para algunos, para otros de un egoísmo enfermizo- topaba con el culto a lo tradicional y sentimentalmente pulposo. Justo después de que sonaran las campanadas con las que se despide el año, urdía lo necesario para llegar al 14 de febrero sin olvidarse de nada. Siempre se sintió detallista y no ahorraba en ceremonias. Durante los cinco años de matrimonio consigo mismo había dispuesto para tal fecha todo tipo de agasajos: viajes, gastronomía, espectáculos, ropa, tecnología… Más, en consonancia con lo que siempre quiso de sí, por complicidad y respeto, al tiempo que sus conocidos iniciaban una nueva ronda de visitas al gimnasio, buscó una escuela de yoga para refinarse. Es cierto que las condiciones en las que se practica una disciplina así conllevan la aceptación de principios filosóficos cuya antigüedad no ha menoscabado sus esencias. Pero él quería, simplemente, llegar a ser más flexible. Mucho más.

Un mes y medio de duro trabajo después, estaba listo.

Ya en su casa, acabada la jornada de trabajo, limpió su cuerpo bajo la ducha, tomó un largo baño a continuación y se relajó entre aromas y aceites.

En el dormitorio, prendió velas y, antes de tenderse sobre la esterilla que empleaba para sus entrenamientos, se miró en el espejo del armario ropero.

¿Acaso no se conocía?

Regresó a su cuidado y puso su espalda contra la superficie rutinaria. Los brazos estirados a ambos lados del cuerpo. Las palmas de las manos apoyadas sobre la horizontal… Levanta, entonces, sus piernas, hasta formar con el resto de su cuerpo un ángulo de noventa grados. Enseguida, y lentamente, lleva sus extremidades inferiores hacia atrás, de tal forma que su cadera se desplaza hacia el techo y termina por plantar sus pies más allá de su cabeza. En esa postura, que ya domina, su pene, a media erección, es accesible desde su boca.

Antes de ingresar el glande en la cavidad anhelante, utiliza la lengua, como si se retara a sí mismo, probando, humedeciendo la superficie aterciopelada de la cabeza de su ariete. Pero no tiene mucha paciencia, lleva hasta su paladar el tronco excitado del que va a extraer la simiente blanquecina que, en otras ocasiones derramó sobre sus manos, que extendió sobre su vientre.

Unos minutos más tarde, deshace la postura, aún con el esperma contenido por la decidida barrera de sus labios, y saborea aquello de lo que se ha surtido sin prisas, fascinado al ser consciente de la ocasión más romántica y excitante de su vida.

Lo repetirá.
 
MarceloArrizabalaga,20.02.2018
Décimo quinto cuento:



Prohibido


Golpeé la puerta suavemente con los nudillos y esperé. Me acomodé el cabello y hasta tuve tiempo de retocar el rouge de mis labios antes de que él abriera la puerta. Sabía que el primer impacto es lo que cuenta, por eso una boca pintada de rojo me había parecido lo mejor para la ocasión.
-Pase, Susana -dijo con su cortesía habitual -Tome asiento.

Me senté en el borde de la silla mientras él buscaba mi historial en su computadora portátil.
-La escucho –dijo haciendo un ademán con su mano invitándome a hablar.
-Mire, doctor. Yo no sé si es idea mía, pero creo que la medicación me provoca algunos efectos secundarios.
-¿Por qué lo dice? ¿Ha notado algún síntoma en particular?
-Se trata de algo que nunca antes me había ocurrido. Siento un poco de pudor, no sé como decírselo.
-Mi querida susana, usted sabe que puede confiar en mí. Además es muy importante que logre describir lo que siente. Aquí todo es confidencial y usted lo sabe, ¿verdad?
-Sí, doctor, pero para mí es muy difícil hablar de estas cosas.
-La comprendo, aunque le puedo asegurar que a esta altura de mi carrera ya nada puede causarme sorpresa.

Lo miré a los ojos, hice un gesto seductor y crucé las piernas.
No sabía cómo continuar. Elegí las palabras con cuidado. Él se colocó unas gafas pequeñitas que le daban un aspecto muy intelectual. Me miró las piernas y sonrió.

-Se trata de una sensación, no creo que se le pueda llamar síntoma a lo que me pasa.
-Ajá. Continúe, susana- dijo mientras yo desprendía el primer botón de la blusa transparente que llevaba.
-Mire, doctor -usé una voz sensual y descrucé lentamente las piernas para que pudiera mirar con comodidad -Creo que mi libido está un poco... no sé..¿efervescente? Se trata de una sensación muy... placentera...¿comprende?
-Creo que estoy comenzando a entender...

Se puso de pie y aflojó el nudo de su corbata. Yo seguía sentada sin saber qué más decir.

-A ver susana, necesito que continúe…

Traté de hacer uso de mi sensualidad y al levantarme de la silla dejé caer la cartera como al descuido. Luego me agaché para recogerla y le ofrecí el espectáculo de mis senos que pugnaban por escapar del sostén de encaje negro.
Él se hizo el desentendido. Supe que tendría que ser más directa aún.

-¿Le parece que continuemos en el diván? -Dijo señalando el sofá que se reclinaba con solo presionar un botón.

Me recosté y comencé a juguetear con los botones de mi blusa.
-Susana, debo decirle que mi ética profesional me impide relacionarme con las pacientes.
-Lo sé -dije con un hilo de voz. De a poco iba subiendo mi falda y dejaba al descubierto las medias de red negras.
-No sé si soy claro...es algo prohibido. No puedo acceder a sus requerimientos, aunque le confieso que me encantaría.
La palabra prohibido funcionó como detonante. Nuestros instintos se desataron. Con su mano derecha comenzó a hurgar entre mis piernas y con la izquierda apretaba mis pechos. Nos besamos. Él tironeó de la tanga de encaje hasta cortar el pequeño hilo dental de la parte posterior. Luego acarició mis nalgas desnudas con creciente excitación. Sorprendida ante su frenesí, me dejé ir mientras el deseo acribillaba nuestros cuerpos con violentas ráfagas.


-Susana -dijo él después de un rato -Estuvo fantástico ¿verdad?
-Sí -contesté yo -Me encantó. Estuvo mejor que la última vez. Para la próxima yo hago de doctora y vos de paciente neurótico ¿te parece?
Mi marido asintió complacido.
 
MarceloArrizabalaga,20.02.2018
Décimo sexto relato:



Distopía

Repentinamente observé sus senos desnudos al alcance de mi mano, demandando ser acariciados. Fue como si nunca hubieran estado realmente allí.
Me miró confundida, preguntándose qué me ocurría, por qué repentinamente aparecían tantas dudas. Estiré una mano para acariciarle torpemente un seno. Sentí su pezón endureciéndose al contacto con mis dedos. Ella apoyó una mano sobre mi pecho. Me acarició con dulzura, reconociendo mi piel, despertando el deseo, como si hubiera estado largamente dormido. Quité la mano de su seno. Recorrí su cintura, sus muslos. Me fijé en su vello púbico suavemente enrulado, insinuándome el camino a seguir. Lo acaricié con mis dedos, como si fuera la primera vez que notaba su presencia. Abrí suavemente sus piernas y el deseo invadió mi cuerpo. Ansiaba tocar, descubrir, acariciar, sentir su aroma, dejar mi huella.

Conocía de memoria su entrepierna, pero en ese momento cobraba un sentido nuevo. Sentí una erección descontrolada. Me detuve a observar mi pene, como si fuera una gran novedad de mi cuerpo. Ella también lo descubrió. Me acarició con ambas manos, potenciando la erección, brindándome un placer que no recordaba. Me sentía virgen, me sentía nuevo, dispuesto a dejarme llevar por impulsos prohibidos, ocultos, inmorales. Sentía la extraña necesidad de someter a mi compañera, encenderla por dentro y por fuera, imponerle mi voluntad, vejarla.

Acaricié su entrepierna húmeda, necesitada, demandante. La piel reaccionó cálidamente a mi contacto, con pequeños movimientos de placer. Levanté la mirada hacia su boca para reconocer sus gemidos. Tenía los labios ardientes. Me besó en la boca desatando una nueva oleada de placer. Guió mi pene hasta su entrepierna. Mi glande se inflamó al máximo reaccionando a los poderosos estímulos de su libricación, pero no alcanzamos a introducirlo.
Una voz familiar, imperiosa e imposible de evitar resonó en el jardín: ¿dónde estás Adán, acaso te estás escondiendo de mí?
 
MarceloArrizabalaga,21.02.2018
Décimo séptimo cuento:



Amores perros

La primera vez que la vi fue en una reunión de consorcio del edificio donde vivo. No podía creer ver tanta belleza junta y mi mirada se iba sin remedio hacia la bombachita que exhibía una de las chicas que concurría a la reunión, y que habitaba uno de los departamentos.
No sé si lo hacía a propósito para despertar mi admiración, pero su pollerita, al sentarse, no lograba tapar esa prenda interior que sin remedio era el blanco de mi mirada. Me imaginada a la chica luciéndola ante mis ojos y sentí la necesidad de poseerla. Cada mirada era una sensación voluptuosa que hacía crecer mi miembro desorbitadamente. Creo que ella se daba cuenta y cambiaba de posición cuando descubría mi mirada, pero al rato volvía a la posición anterior, turbándome nuevamente.

Esto se repitió cada vez que había reunión de consorcio. Yo me colocaba justo enfrente para tener una vista completa del objeto de mi deseo, repitiéndose los cambios de posición y el destape posterior, con lo que mi libido crecía cada vez más.

Nunca me animé a decirle a la chica lo que me pasaba, y casi no la miraba cuando compartíamos el ascensor o nos encontrábamos a la entrada del edificio.
Obsesionado, comencé a vigilar sus pasos y a espiar sus salidas y entradas al departamento, que podía ver desde mi ventana.

Un día la vi llevar su ropa recién lavada a la azotea, donde había instalado su tendedero, para que se secara. Entonces esperé un poco hasta que se retirara y subí a la azotea.
Temblaba como una hoja cuando vi la prenda que ella tan sensualmente había lucido. Me animé a tomarla y guardarla cautelosamente en el bolsillo de mi pantalón, sintiendo como si ella me hubiera dado el sí. Eso me bastaba. Lo demás correría por mi cuenta.

Desde ese día se transformó en mi compañera inseparable y fuente de placer. La estrujaba mientras dormía y no pocas veces –por no decir siempre, amanecía empapada con mi semen. Después la lavaba y a la noche siguiente se repetía el ritual que me estaba obsesionando hasta la locura.

Una mañana, después de una de esas fogosas sesiones, comprobé que habían cortado el agua.
– ¿Y ahora cómo hago para higienizarme? –pensé.
En ese momento sentí unos golpecitos en la puerta. Me cubrí como pude con una toalla y atendí.
Me sorprendí cuando vi que era ella, la dueña de la bombachita, que venía a preguntarme si a mí también me habían cortado el agua. Sin muchas vueltas entró a mi baño para constatar que no salía ni una gota.
En eso vio la bombachita mojada con mis fluídos nocturnos, esperando ser lavada.
Enseguida me encaró: -¿Qué hace aquí mi tanga? ¡Hace tiempo que la buscaba y mirá donde la vengo a encontrar! ¡No puedo creer que me la hayas robado!
Sentí que un calor incómodo me invadía, y fue inútil explicarle, como excusa, que se la había olvidado mi madre la última vez que vino a limpiar.
-¡No te creo! ¡A tu madre no le entraría esta tanga! Además es igualita a ésta que tengo puesta. Compré dos en una oferta…
Dicho esto se desvistió de la cintura para abajo para que yo pudiera comprobarlo, y fue tal mi arrebato de pasión al contemplarla, tan bella y deseada como siempre, que dejé caer la toalla que cubría mi cuerpo desnudo y, tomándola por la cintura, perdí el control.

Para su desilusión, mi eyaculación fue instantánea. Parecía un sifón que cuando apenas lo tocan larga el líquido en estampida. Para colmo le había empapado a la chica la adorable prenda íntima que lucía.
Se vistió rápidamente recuperando también la otra prenda que estaba en el baño, y se fue sin saludar, con una expresión de desprecio en su rostro.
Por supuesto no la volví a mirar a la cara, y nunca más me aparecí en las reuniones de consorcio, esquivándola cuando ocasionalmente nos encontrábamos en el edificio.

Sentí una enorme desilusión y un frustrante vacío interior. Era como si me hubiesen robado mi muñeca inflable. Mi libido se había venido abajo y no lograba recuperarla.

Días pasados, leyendo un cuento, encontré una palabra que no conocía; entonces la busqué en internet y, aunque pude comprobar que no estaba muy bien escrita (algo así como un enroque de letras) , Wikipedia me ofreció una palabra alternativa cuyo significado me interesó: agalmatofilia.
Entusiasmado por el tema, seguí leyendo. Parece que es algo así como el deseo sexual por las estatuas. En griego “agalma” quiere decir estatua –decía. Eso me entusiasmó y comencé a pensar en el próximo incentivo para recuperar mi perdida sensibilidad sexual.

Me costó encontrar la estatua perfecta para mis acciones. Algunas tenían un trapo justo en las zonas íntimas, y sería un obstáculo para penetrarla, aunque de todos modos se complicaría por la dureza del material.
Por fin encontré una que se adaptaba a mi situación. La elegida representaba una hermosa mujer, griega quizás, y aunque su tamaño era demasiado grande para estos menesteres, yo me las arreglé para treparme por sus piernas, y colgándome de sus pechos, rozarla un poco con mi miembro en su zona íntima. El resultado fue instantáneo, pero quiso mi mala suerte que el semen cayera sobre la cabeza de un peladito que pasaba a deshora, y él fue quién me denunció.
Esa noche dormí en la cárcel.

Ahora estoy frente a la psicóloga que me asignaron en la institución donde estoy internado. Es una mujer muy dulce y amable y quiere hacerme reflexionar, después de lo que le he contado. Dice que un tipo apuesto como yo debería olvidarse de bombachitas o estatuas para dirigir el deseo sexual, y abandonar esas parafilias aberrantes que me desmerecen.

La he visto repetidas veces dirigiendo su mirada al bulto que crece en mi pantalón, pero debo confesar que la que realmente me seduce es la perrita que siempre la acompaña y que, cada vez que llego, me recibe moviendo voluptuosamente su cola.
 
MarceloArrizabalaga,21.02.2018
Décimo octavo cuento:



Frente al río

-Primer pasillo a la derecha -dijo el recepcionista del museo cuando le pregunté por la exposición de Juan Aguirre.
Había bastante gente, algunas personas se quedaban varios minutos contemplando los óleos que exhibían paisajes del pueblito donde Juan y yo nos habíamos conocido. Todo aquello estaba muy lejos. La nostalgia y el deseo de recordar lugares tan queridos me habían llevado hasta allí.

Hacía mucho tiempo que no veía a Juan; las circunstancias suelen combinarse con el azar para desviar el destino.
Observé sus obras con la esperanza de encontrarlo entre aquellas pinceladas. En las telas podía apreciar sus manos y hasta percibía el aroma de los cipreses y el silencio que lo impregnaba todo durante las siestas de verano. Una de sus pinturas llamó mi atención por su gran tamaño y porque retrataba un lugar muy especial: Se veía la orilla del río, un banco de madera, y la luna reflejada en el agua.
Mi imaginación voló; recordé momentos compartidos con Juan.
El sonido del río que rumoreaba entre las piedras inundó mi memoria. Imaginé a una jovencita sentada en ese banco; las manos del hombre que amaba recorrían sus pechos pequeños y desnudos. Luego escuché algunos gemidos, los ruegos, el pudor; vi los dedos sobre el pubis inexperto, la lenta exploración de los sinuosos y urgentes caminos hacia lo desconocido.
Hubo cierto cosquilleo que se convertía en anhelo misterioso; algo que latía con fiereza y exigía ser saciado. Más tarde dos cuerpos tendidos sobre la hierba se entregaban a la sorpresa encerrada en cada sensación nueva, mientras el amor se abría paso entre vaivenes y jadeos.

La luna brillaba con su intensidad acostumbrada, una leve brisa acariciba mi rostro.

Suspiré y me abrí a la mágica sensación de sentirme de nuevo en el pasado.
En ese momento llegó Juan, y ante el asombro de todos, caminó hacia mí, tomó mi mano y me invitó a sentarme junto a él en nuestro viejo banco frente al río.
 
MarceloArrizabalaga,22.02.2018
Décimo noveno relato:



Noche de Sueño Imposible


Ella vivía con un hermano y una tía. El vivía con su madre.

Un fin de semana que la madre de él estaba de viaje, decidieron pasar toda una noche juntos. Querían saber más allá de las citas furtivas en moteles a la orilla de carreteras, que se sentiría despertar juntos

La noche arropaba ya la ciudad con su manto negro.
Un departamento en una populosa unidad habitacional servía de escenario.

Una pareja yacía desnuda en la cama. Húmedos y agitados, pero satisfechos.

Una vez recuperado el aliento, ella se incorporó, tomó su guitarra y aún desnuda, se sentó en el borde de la cama.

Intentaba tocar las primeras notas de “green sleves”, pieza que en vano había tratado de aprender.

Él pidió que le cantara una canción, esa canción que más parecía oración y, que siempre que él la escuchaba lo hacía pensar que habría un mañana distinto.

Ella cantaba, no conocía el acompañamiento, por lo que puso la guitarra sobre sus piernas.

Él observaba desde la cama, la obscuridad de la habitación y la luz que penetraba del exterior dibujaban el perfil de ella.

Resaltaba la silueta de sus pechos firmes, de mujer joven, esos pechos que a él tanto le gustaba tocar, acariciar y besar.

Ella terminó la canción, él la atrajo, sintió nuevamente su cuerpo, su calor de mujer de la selva, la suavidad de su piel morena y, el deseo despertó una vez más.

Se besaron, se acariciaron, hicieron el amor y finalmente terminaron dormidos uno al lado de la otra.

El nuevo día con su luz, los despertó, habían pasado toda una noche juntos.

El recordaría una voz melodiosa, una canción hermosa, una silueta de pechos firmes y la maravillosa combinación que se da cuando hay deseo y juventud para satisfacerlo.

¿Qué recordará ella? ¿Se acordará?
 
MarceloArrizabalaga,23.02.2018
Vigésimo cuento:



La familia

Llevaba varios años evitando las reuniones familiares de mi mujer. La última vez que participé reproché los temas gastados, las discusiones estériles, las posturas inflexibles. Nos hice un favor a todos alejándome durante años. Esa noche mi mujer insistió hasta que la acompañé sin ganas, a lo que imaginé sería una cena aburrida, plagada de suspicacias como la homosexualidad de los artistas o la negligencia del gobierno.

Me recibieron con amabilidad. Me había alejado casi diez años sin que nadie notara realmente mi ausencia. Evité cualquier discusión de las habituales. Al cabo de un rato de formalidades fui a recorrer el camino de piedra del parque, sutilmente escondido entre la vegetación.
Presentí que alguien me espiaba. Me detuve dos veces a mirar hacia atrás pero no pude identificar a mi perseguidor. Me senté en un banco de piedra muy alejado del bullicio de la fiesta. Miré hacia el cielo absorto en mi fuga mental, hasta que una voz me sacó del letargo.

-¿Así que tú eres il pecora nera? –preguntó, sobresaltándome.

Era una voz desconocida, de mujer joven, delicada, cristalina.
Miré la cara que asomó entre las plantas. Sonreí por el mote italiano que la familia me había puesto. Le contesté que sí, porque siempre hay una oveja negra que lava las culpas familiares ¿Y tú quién eres?
Se acercó mostrando su plenitud frente a mis ojos. Era soberbia. Llevaba una entallada remera de algodón que casi transparentaba los pechos, prisioneros de un corpiño beige. Tenía un delicado chaleco gris pegado a su cuerpo. La falda rosado pálido resaltaba sus piernas, entrecruzadas hábilmente para mostrarme las curvas perfectas de sus caderas, los muslos increíblemente deseables y el descenso pronunciado de su pubis.

-¿No sabes quién soy, verdad? Te tomaste unas vacaciones tan largas… ¡que te perdiste de todo! –rió con maliciosa dulzura.

Tendría unos veinte años. Supuse que no sería integrante de la familia, aunque las cejas provocativas, los ojos suspicaces y la mirada traviesa me resultaban conocidos. No me dio tiempo a contestarle. Se alejó caprichosamente entre el susurro de las plantas. Quedé extasiado observando que su cuerpo también era increíblemente perfecto visto desde atrás.

Durante la cena la busqué entre los rostros de todas las mesas, mientras algunos cantaban, otros festejaban ruidosamente y la mayoría –gracias Señor-, simplemente me ignoraba. En el centro del jardín donde cenábamos habían improvisado un escenario, con un piano que no había visto en los años anteriores. Al promediar los postres alguien subió al escenario, pidió la palabra, dijo algo que no escuché y todos aplaudieron. Repentinamente la vi. Había cambiado su falda por un apretado pantalón celeste y se había quitado el chaleco. Sentí una puntada de ardor en mi pecho. Una descarga de ansiedad recorrió todo mi cuerpo.

-¿¡Quién es!? –le pregunté a mi mujer, tratando de disimular la reacción animal que se adueñó de mi ser.

Mi mujer me miró sin comprender, burlándose de mi cara: ¡Es María, mi sobrina!

Estaba dispuesto a ser arrastrado y azotado en todos los círculos del infierno por culpa de María. La sobrina que había ido a estudiar música a la universidad de no recuerdo dónde. María… ¿cómo ha pasado ésto, María? ¿Dónde está la niña de cejas delicadas que se insinuaban provocativas cuando tenía diez años? María…, la de los ojos verdes, la de la risa infantil. María acarició el piano y me paré a observarla.

-¿¿Qué haces?? –me reprochó mi mujer, turbada por la cantidad de miradas airadas que nos observaron.

María movió sus brazos con movimientos delicados, estudiados, perfectos. Comencé a caminar hacia el piano esquivando la mano de mi mujer que intentó retenerme. Me acerqué y me senté sobre el piso, al costado del piano. María me miró de reojo. Prosiguió con Chopin, Mendelssohn, Schubert, Schumann. El contorno de sus pechos, que ahora lucía sin obstáculos, era absolutamente perfecto, balanceado, firme. María…, algún día debieras contarme qué ocurrió con el pelo enrulado que recuerdo de tu infancia.

Las piernas revelaban un trabajo cuidadoso, finamente torneadas, incitando a ser acariciadas noche tras noche. El vientre tenía la más absoluta armonía, anticipando un pubis perfecto, como si fuera una diosa griega. La miré sin ocultar mi deseo, la miré a ella, a María. Mi mirada lubricó su cuerpo entero. La penetró sin resistencia ofreciéndole un placer descontrolado, único, absoluto en su intensidad. La habría sentado sobre mis piernas en el taburete del piano. Habría apoyado mis manos sobre las suyas siguiendo cada movimiento sobre el teclado o acariciando sus hombros, lamiendo su espalda, su cuello. Mordiendo suavemente una oreja, murmurando palabras dulces.
Cerré los ojos cuando María interpretó un impromptu de Schubert. Imaginé mis manos descendiendo sobre sus pechos, dibujándolos, obligándolos a conocerme. Deslicé una mano sobre su cintura y recorrí el borde del pantalón celeste con mis dedos. Desprendí el botón. Bajé despacio el cierre, separé lentamente cada lado de la tela para introducir mi mano. Acaricié su ropa interior sin invadirla. Mis dedos se deslizaron entre el límite de sus bragas y el comienzo de la piel húmeda, suave, anhelante.

El aplauso fue magnífico, merecido. Se levantó con agilidad inclinándose hacia el público, exhibiendo una vez más, sólo para mí, su absoluta perfección. Cuando los aplausos se acallaron se acercó con su sonrisa sensual y cómplice. Se agachó a mi lado para susurrarme en la oreja: si mi tía supiera lo que estás pensando, ¡te asesina! Se alejó risueña a recibir los abrazos de la familia que ya se acercaba en gran número.

Esa misma noche le hice el amor dos veces a mi mujer, frenéticamente, desquiciadamente, sin encontrar desahogo ni paz. Cuando la desperté para acometerla por tercera vez, me detuvo poniéndome una mano en la mejilla.

-Basta… -me dijo somnolienta-, dormite…, yo no soy María.

Se dio media vuelta dándome la espalda y volvió a dormirse.
 
MarceloArrizabalaga,23.02.2018
Vigésimo primer relato:



Agradecimiento


Los fines de semana siempre desayunamos en la cama. A mí me encanta satisfacer sus caprichos, así que preparo tostadas y café mientras Laura se ducha y luego se tiende mansamente a esperar que yo regrese a la cama.
Su cabello rubio y húmedo me regala esa fragancia a limón que tanto me gusta, por eso cuando lo huelo, todos mis sentidos se despiertan.
Disfruto plenamente de sus juegos y de sus risas ansiosas durante las plácidas mañanas de domingo. Por lo general, los dulces que usamos para untar las tostadas terminan sobre sus pechos rosados que se estremecen ante el roce de mi lengua.

Ella sonríe y desliza su mano entre mis piernas; yo busco la sedosa curva de sus caderas, y allí encuentro el lugar perfecto para depositar mis dedos cargados de lujuria.

Voy lentamente por húmedos senderos hacia el éxtasis que me provocan sus gemidos. Luego sus labios exploran mis espacios; con timidez los guío hasta el sitio donde el agua y el fuego se desbordan.
La suave intimidad que nos une alimenta mi asombro y gratitud.

A veces, al mirar sus ojos castaños, descubro aquel destello de nuestro primer encuentro; esa mirada cómplice que me llevó a cambiar mi vida para siempre.

Entonces recuerdo antiguas discusiones, enojos, y el momento en que por fin accedí a compartir la cama matrimonial con Laura.
Sonrío al pensar en mis temores y dudas.

Ahora, cuando explotamos juntas, solo guardo un profundo agradecimiento hacia la insistencia de aquel que en esos días era mi esposo.
 
MarceloArrizabalaga,25.02.2018
Vigésimo segundo relato:



Encuentro


El encuentro se produjo un día hábil. Ella salía de su oficina y le dolía la espalda de su espoleada dolencia. Hacía poco que se había colocado sus lentes de contacto, porque era miope, de esas, que no ven una vaca en un baño, y sus ojos verdes querían ver el mundo, y no solo verlo. Entró a la librería, y hojeó uno de Poe. Se escucho una risita lejana. El rió con procacidad llamando su atención. Comentaron sobre libros, sobre best sellers, sobre Coetzee, el africano ganador del premio nobel, y sobre el japonés Ishiguro. Le pidió el cel, y el lo anoto .Ella, lo dijo una sola vez, el lo anotó en el dorso de la mano A la una, cuando el dejó de trabajar en la librería la llamó. Salieron a respirar la noche húmeda del verano. La plaza los encontró vacía de niños y de pájaros. Una fina llovizna caía y los lavaba, sensibilizándolos, y la blusa de ella se le pegó a sus senos, y a sus pezones. El hotel quedaba cerca. Subieron la escalera con dificultad. La luz lúgubre. Las sábanas con olor a otros amantes, otros sudores, fueron testigos mudos de las caricias milenarias. Escuchó que tenía un hijo de cuatro años, y además una catarata de palabras salieron de su boca, animándola a desinhibirse por completo, logrando su objetivo. Gemidos...olores... que delicia...que sabor tan especial tenes...déjame gozarte... que acabo... Escuchó también que era hijo de madre soltera. Los besos eran ardorosos, íntimos, venciendo continentes antes inexplorados, cayeron los tabúes y los prejuicios.
El roce de sus genitales les provoco vibraciones, se lamian las orejas con fruición, los cuellos, los hombros, el deseo aumentaba, a medida que los dedos de el circulaban por su clítoris, a esta altura ya malherido. Al saberse lubricada, le permitió el inicio de su penetración, sutil, elástica y con ritmo más luego. Los espasmos de placer que la sofocaron fueron los primeros que experimentaron sus músculos genitales.

Durmieron abrazados, en una intimidad un poco forzada, pero saciados.
La mañana los despertó con un haz de luz apenas iluminando la habitación.
Salieron sin tomarse de la mano.
Ya eran dos desconocidos, esa altura de las cosas.
Yo me llamo Luis dijo.
-Marga un placer
 
MarceloArrizabalaga,27.02.2018
Vigésimo tercer cuento:



Despedida


Susana esperaba impaciente la llegada de ella, sabía que quedaba poco para su encuentro. Nerviosa, decidió tomarse una copa de whisky con soda para relajarse. Pronto volvería a Buenos Aires y no quería irse sin despedirse.
Ella y Alicia llevaban viéndose hacía varios dias . No podía creer que aquello fuese posible. Susana David se había convertido en una actriz de fama incipiente, su aparición en esa película de bajo presupuesto llamó la atención de la crítica y los contratos empezaron a salir. Tenía en manos un proyecto de mayor envergadura y debía prepararse sin presiones. Por eso había aceptado quedarse una temporada en el apartamento que tenía su representante en pleno centro de Cordoba para etudiar un guion.
Fue entonces que recorriendo las calles de la Docta,cuando su mirada se cruzó con la de ella, una mujer de unos cuarenta años, de cabello negro como el azabache, piel blanca como la porcelana, ojos de color esmeralda pero sin esperanza, y elegante, como si fuese de otra época. Las dos se miraron durante un largo rato de reojo, mientras caminaban por los bulevares. Hasta que Susana, más atrevida, decidió saludarle. Y de esa manera, misteriosa y llena de intriga, empezaron su aventura. Se contaban confidencias, recuerdos de la infancia, hacían el amor con calma, quedándose largas horas entregadas al pleno placer.

Sabía poco de la vida de Alicia, sólo que estaba casada y que nunca amó a su marido. Pero era lo suficientemente inteligente para no preguntar, al fin y al cabo se trataba de una aventura. El sonido del timbre irrumpió y con él, la llegada de Alicia. Como si de un ser etéreo se tratase, la mujer entró de manera majestuosa y elegante. Tras quitarse la chaqueta de punto, la saludo con un beso en los labios. Ambas se besaron apasionadamente, pero esa tarde no había prisas, tenían todo el tiempo del mundo.
Alicia se tomó también una copa de whisky con soda mientras fumaba y mirada seductoramente a Susana. Ésta, una bella joven alta y de pelo castaño, sonreía, disfrutaba del momento, de la presencia de Alicia. Sin más preámbulos, la joven actriz cogió el cigarro de la bella mujer madura y dio una pitada. Alicia lo vio como una invitación y la besó. Al principio suavemente, para después impregnarlo todo con un aroma a deseo y lujuria.
Llevada por la pasión, las manos de Susana entraban por las aberturas de la blusa de Alicia. Su aroma a violetas la excitaba, su piel tersa y cuidada era tan suave que el roce de las yemas hacía a Alicia exhalar suspiros de placer. Le tocó uno de sus pezones, estaba duro, le encantaba sentir los pechos de Alicia, eran generosos y placenteros al primer roce. La joven actriz le fue desabrochando la blusa, para la ocasión, Alicia no se había puesto sujetador, dejando al descubierto sus hermosos senos, que Susana no dudó en acariciar. Empezó a lamer uno, lo hacía con deseo y frenesí, le encantaba sentir como, en sus labios, sus pezones se endurecían de placer. Alicia aprovechaba para desabrocharle la camisa a su compañera y para tocar esa piel tan blanca y suave que tenía .

No tardaron en quedarse completamente desnudas, ambas disfrutaban mirándose mutuamente sus cuerpos. En la cama, las dos estaban entrelazadas, sintiendo en cada poro de su cuerpo a la otra. Era muy excitante sentir cómo sus senos se fundían , como las piernas de ambas jugaban traviesas y como sus vulvas se juntaban entre tímidamente y con deseo de sentirse más de cerca. Sabían que una de ellas debía dar el paso. Fue Susana la que fue acercándose al clítoris de Alicia. Empezó a acariciarlo, a disfrutar de cómo Alicia se abría al placer, de notar cómo empezaba a lubricar, empezó a lamer más rápido, necesitaba saborearla, a degustar esa delicia que ella desprendía. Esto provocó que Alicia gimiese profundamente, se sentía llena, el placer que le daba esa joven era increíble, no podía resistir todo el cúmulo de sensaciones que sentía mientras lamía su clítoris mientras le acariciaba los pezones, lo hacía con más fuerza, con más deseo, como si estuviera fuera de sí. Esto provocó que Alicia tuviese su primer orgasmo, gritaba de placer.
Tras ello, Alicia también quiso disfrutar del sabor de Susana, le hizo una señal y la joven cambió de postura. Ambas se fundieron en un apasionante y morboso 69. Se chupaban, se tocaban, el aroma a sexo impregnaba toda la habitación. Quisieron mirarse, se pusieron de rodillas y se besaron mientras sus pechos se acariciaban mutuamente. Se acariciaron las mejillas, sonreían cuando se miraban a los ojos. Una le acarició al pelo a la otra, la sensación de plena felicidad era lo más cercano a lo que ambas estaban sintiendo.
Después Susana se giró mientras Alicia le abrazaba por detrás, las manos de la mujer iban hacia la vagina húmeda de su amante, mientras que las de la chica iban hacia el sexo de Alicia. Se besaban mientras se acariciaban, pero ambas querían más.
Sin pensarlo dos veces, se echaron en la cama. Desde detrás, Alicia abrazaba a la joven, y mientras le acariciaba el clítoris, ella besaba el cuello de Alicia. Sin dudarlo, la mano de Susana fue directa a la vagina de Alicia. Ambas iban al unísono introduciéndose los dedos mientras se fundían en un profundo beso. Sus lenguas jugueteaban la una con la otra. Se volvieron a mirar a los ojos y las dos sonrieron. El aroma de las violetas de Alicia se entremezclaba con el de azucena de Susana y el fuerte olor a sexo dejaba un ambiente cargado de pasión.

Llenas de placer, gimieron juntas mientras sus dedos entraban y salían más rápido. El orgasmo para las dos fue muy intenso. Tras ello, se miraron dulcemente, se dieron un tierno beso y se abandonaron a un plácido descanso.
El atardecer indicaba que el día llegaba a su fin. Las dos se vistieron. Alicia debía volver a su casa antes de que su marido llegase de una reunión de negocios. Mientras se arreglaba el cabello miraba curiosa a Susana quien le dijo sabes, esta era nuestra última tarde, juntas.
- ¿Vuelves a Buenos Aires?
- Dentro de dos días.
- Bueno, tarde o temprano iba a pasar. Al menos, te llevarás un buen recuerdo de Córdoba . Dijo Alicia sonriendo mientras se ponía la chaqueta de punto.
Susana no le contestó, sólo le miró sonriendo. Alicia cerró la puerta, una sensación de melancolía le invadió mientras iba hacia su coche. En el departamento, Susana repasaba el guión que estaba memorizando, sentía que ella se acababa de marchar pero ya le echaba de menos.
 
MarceloArrizabalaga,27.02.2018
Vigésimo cuarto trabajo:



Recuerdo

Se habían dejado de ver hacía 34 años, pero las ansias de poder algún día encontrarse eran grandes; 34 años desde el último beso y de ese adiós tan lapidario. Mientras caminaba por una la ciudad absorta entre vitrinas y peatones, emulaba con sus labios el sabor de aquella piel lozana y amada de ese hombre que le había hecho perderse de amor y placer.
Mientras pensaba en todo aquello cogió prisa y se aventuró a su minúsculo departamento, tan solitario como ella; se sacó la falda, desabotonó su blusa de satín, se desajustó en brassier junto con las pantaletas y se echó en esa cama a satisfacer su calentura. Una mano profanó su alto cuello, el hálito templado de una boca resopló en sus ojos y poco a poco fue bajando hacia sus pechos lamiendo el pasado hasta llegar a satisfacerla por completo, nada era más atractiva que esa mano con sus dedos traviesos que maquinaban el orgasmo más largo y elevado jamás sentido. Una lágrima cayó por la hendidura de su de sus ojos, bajó hacia su boca y la ahogo hasta perder el conocimiento.
Se había hecho habitual esa forma de manipularse sola, de fruncir el ceño y parecer que no eran fantasías, de enfrentar sus noches con toqueteos privados a sabiendas que ese hombre no la dejaría tranquila. Se levantó en la mañana, lavó su cuerpo profanado, sus hermosos y largos dedos se tocaron, se abrazaron y emulsionaron, se volvieron la ilusión del cuerpo privado de algo que podría haberle traído más vida.
 
MarceloArrizabalaga,27.02.2018
Vigésimo quinto relato:



Por el camino de Swann

Las luces del cine se apagaron. Apoyé mi mano apenas por encima de su rodilla, sintiendo la ansiedad de su piel. Avancé lentamente. Giré mi mano hacia adentro de su pierna pero contrariamente a lo esperado retrocedí, deteniéndome en algún lugar lejano. Cerró los ojos, casi exigiéndome que retomara el camino de Swann. Sabía que ella no llevaba ropa interior. Había deslizado una mano debajo de su falda mientras esperábamos para entrar al cine. Por pudor me retiró la mano fingiendo enojo, pero pude sentir la ausencia de cualquier intermediario.

La luz de la pantalla nos dio de lleno en la cara. Ella quitó mi mano con un cierto desdén caprichoso. Cuando la proyección redujo su frenesí luminoso deslicé mi mano debajo de la falda. Un gemido apenas perceptible me alentó a buscar y recuperar el tiempo perdido. Con extrema suavidad fui ascendiendo centímetro a centímetro, sin prisa. Su respiración cambió acelerándose lentamente. La piel debajo de mi mano adquirió ritmo propio.

Sus piernas estaban sutilmente separadas. Estiré mis dedos alcanzando la otra pierna para cerrarlas suavemente. Deslicé la mano sobre ambas piernas en dirección al paraíso perdido, pero esta vez me detuve más cerca. Sentí un leve quejido, casi una demanda. Quité nuevamente la mano. Esperé un instante y la volví a apoyar, pero esta vez sobre su falda. Empujé suavemente un dedo sobre la tela y lo deslicé entre sus piernas. Fui ascendiendo, arrastrando la falda con mi dedo. Ella separó suavemente las piernas una vez más, complaciente. No recuerdo las luces de la pantalla, pero recuerdo que me dijo sin mirarme: no me tortures más…

Por tercera vez me detuve muy cerca, pero instantáneamente todo su cuerpo fue en búsqueda de mi mano. Sentí la falda humedeciendo mi dedo y lo empujé suavemente para sentir el calor creciente a través de la tela. Hice un arco con el dedo, lo moví primero hacia abajo, luego hacia arriba. Retiré el dedo y lo llevé a mi boca. Me miró confundida, con la respiración entrecortada. Sentí el sabor de los placeres prohibidos; sentí el impulso frenético por condenar mi alma; sentí la ilusión de sentarla sobre mis piernas obligándola a mirarme de frente, deslizando mis manos por adelante y por detrás debajo de su entrepierna, susurrándole como si fuera Lolita: te portaste muy mal y tengo que castigarte…

Puse mi dedo sobre sus labios obligándola a sentir su propio sabor. Lo empujé adentro de su boca para lubricarlo con su saliva. Apoyé el dedo sobre su cuello, descendiendo lentamente. Todo el cine nos miraba, dispuestos a expulsarnos del paraíso, pisotearnos como a las flores del mal o perseguirnos como a los dragones del Edén. Rocé sus pechos firmes, ansiosos, expectantes. Recordé sus pezones grandes, firmes, rosados, atrapados entre mis labios. Miré su boca apenas entreabierta, deseando lamer sus labios por dentro, recorriéndolos con mi lengua. Sentí debajo de mi ropa la presión inconfundible de mi propio ser, despertando como un latigazo, recordándome la maldición y castigo eterno de Hera: mantenerme imperturbable para saciar los ataques de mi despiadada compañera. Sentí sus ojos brillando en la oscuridad, como el cazador que ha identificado a la presa. Entrelazó sus dedos con los míos, guiándolos con firmeza debajo de su falda hasta el lugar exacto donde los espacios se amplificaron. Obedecí el mandato con sumisión pero con lentitud, acompañando el ritmo de su respiración con círculos externos e infinitos.
En el último instante deslicé mi dedo en su interior. Hice un arco con la mano. La apoyé completamente, moviéndome hacia arriba con precisión, retirando casi completamente el dedo y volviéndolo a introducir en el descenso. Fue lento, profundo, desgarrador.

Gritó. Fue un grito silencioso que recorrió todo su cuerpo. Sentí el grito en mi mano. Recordé vagamente algunas líneas de Proust, como si fuera un mantra incoherente desprovisto de color o relevancia para ese momento. Deseaba arrancarle la falda con los dientes, sentir en mi lengua hasta el último centímetro de su piel, penetrarla sin piedad, sodomizarla, morderla. Cerré los ojos. Las imágenes se diluyeron. Sonaba una música lejana. Sentí su plenitud cuando apoyó la cabeza temblorosa sobre mi hombro… Lloraba.
 
MarceloArrizabalaga,27.02.2018
Vigésimo sexto cuento:



Victor

El inicio a la bebida del vino tinto, fue grandioso.
-Yo nunca bebo, - dije sentada en el restaurante.
-No sabes lo que te perdes. Me dijo Víctor.
A partir de allí empecé a degustar a sorbitos el néctar de las uvas, luego, de acompañarlo con frutillas y cerezas también.
Víctor era casado. Tenía dos hijas hasta que tuvo al varoncito. Hacia grandes alardes de su vida sexual. Alto, musculoso, petulante sofocante, y debajo de sus axilas sudorosas, siempre había olor a esfuerzo humano, sin desodorante. Eso no importaba porque cuando entraba a un recinto su voz estentórea, hacia que todos le dirigiesen la mirada, aun cuando decía todo el tiempo estupideces.

Todo empezó debajo de la mesa, en un roce silencioso de sus zapatos con mis sandalias. Estábamos bebiendo, en un almuerzo. Me habrá parecido, pensé.
En el próximo encuentro deslizo su mano por mi pequeño busto, tocando ligeramente el pezón. Pensé que fue por casualidad, y me retire en forma delicada.
Cuando quisimos acordarnos, nuestros cuerpos en la cocina se atraían cual dos imanes y besos furtivos nos robábamos cuando su mujer no miraba.
Nos encontrábamos en un hotel de la ciudad. Ya en el ascensor la ropa cedía, para dar cabida a las manos rápidas, ardorosas, turgentes. La lujuria y la lascivia perduraban en mi cuerpo durante varios días hasta el próximo encuentro.
Los labios rozaban cualquier parte de mi cuerpo y me erizaban, los círculos concéntricos que realizaba en mi vulva, rociaban una cercanía sacrílega.
Los besos en nuestros cuellos, aromatizados de sexo, los placeres, los recovecos, los jugos, la lubricación brillaban en nuestras mentes y en nuestros sudorosos cuerpos exánimes.
¿Sexo lascivo, amistad sensual, escapadas de rutina?
Comíamos higos turcos de la boca, con vino tinto, y la cercanía lindaba con lo epifánico.
Era simplemente éxtasis . ¿Almas gemelas? ¿Cóncavo y convexo? ¿Playa y península?

En el coche había quedado arena de playa, y el rozar de su pene fue lo más placentero y doloroso que experimente en mucho tiempo.

Hay recuerdos que permanecen en la memoria límbica.
 
MarceloArrizabalaga,27.02.2018
Vigésimo séptimo trabajo:



Clepsidra

Yo ofrezco desnudas, vírgenes, intactas y sencillas, para mis delicias y el placer de mis amigos, estas noches
Árabes vividas, soñadas y traducidas sobre su tierra natal y sobre el agua.
Dr. J.C. Mardrus.

Luego Schehrazad cogió a su hermana por el talle, y se encaminó lentamente con ella, entre las dos filas de invitadas y ante los dos reyes, a los aposentos interiores. A su paso, su aroma se insinuó como un recuerdo.

En la intimidad de la habitación vestida de cortinas y mullidos almohadones, Schehrazad se acercó por la espalda a Dunyazad y liberando dos alfileres de los hombros la blusa sedosa cayó y sutilmente se evaporó y desapareció como el alcanfor. El cuerpo desnudo de la joven permaneció inmóvil, en una tensa expectativa, tan frágil que casi parecía que temblaba, hasta que Schehrazad lo convirtió, con un beso sobre el ala suave de la espalda, en un escalofrío, el breve ósculo precedió a otro, y a más y en la cadencia de caricias se encendió una llamarada. Luego, se despojó de sus ropas y posó sus labios en el delgado cuello de su hermana, abrazándola estrechó su dorso suave sobre sus pechos apretados y con sus finas manos atravesó la selva de sus cabellos azabache, y volteo su rostro con firmeza, Dunyazad ante la sorpresa abrió los ojos, y sus almas quedaron frente a frente.

Entonces, el tiempo se detuvo… con su respiración justo encima de los labios entreabiertos de su hermana, que absorta respiró el aliento a almendras y miel de su también hermana y como un imán, los labios se posaron y las lenguas tímidamente se tocaron, y se dieron largos y lentos abrazos y conocieron las más secretas esquinas de sus intrincados poliedros, mientras, sus pezones agolpados se imprimían como besos y sus vientres se fundieron en una sola piel hasta agotarse.

Seguidamente, Schehrazad la acostó y la recorrió con su mirada, recorrió la escultura de mármol que iniciaba en las frágiles clavículas, bordeaba los firmes senos, notando su respiración tan agitada y se deslizó por su redondeado ombligo, se inclinó y le musitó caricias amorosas por la extensa, blanca arena de su piel. Prosiguió tomando sus caderas voluptuosas, las alzó un poco, y cerró sus ojos, susurrando placeres angustiantes y pecados, Dunyazad abría sus ojos infinitos, que al vacío gemían ahogados, y sus piernas… que rendidas reclamaban impotentes mientras la entrepierna subyugada se envenenaba de delicias. Las dos hermanas fueron clepsidra de un tiempo detenido, fundiendo el agua en magia y melodía, perfumando de azahares el cuarto que las observaba silencioso, con la complicidad de la tibia noche persa.

Schehrazad se incorporó y acarició amorosamente y largamente a su extenuada hermana y con la mirada triste le recomendó lo que tenía que recomendarle. Después la besó llorando, porque era la primera vez que se separaba de ella una noche. Y Dunyazad lloró también, besando mucho a su hermana. Pero como iban a verse por la mañana, tomaron su dolor con paciencia, y Schehrazad se retiró a sus habitaciones.

Y aquella noche fue para los dos hermanos y las dos hermanas la continuación de las mil y una noches.

Los escribas no registraron esta escena, que apenas se insinuó, dejándose entrever, o quizás se perdió en la censura de sus traductores y sus recopiladores. Permaneció como un secreto compartido solo por las dos y por la habitación, que calló discretamente.

Pero Alah es más sabio. Y sólo Él puede discernir en todo ello lo que es verdad y lo que no es verdad. ¡Él es el Omnisciente!
 
MarceloArrizabalaga,28.02.2018
Vigésimo octavo relato:



El espejo


Cuando silvia se fue cubrí el espejo del dormitorio donde ella solía observarse mientras hacíamos el amor.
Lo hice porque cada vez que me miraba en él, aparecían escenas de nuestros encuentros.

La veía gozar entre mis brazos; yo besaba sus pezones y ella jadeaba mientras lamía mis labios con vehemencia.
El espejo delator revelaba las caderas perfectas y la tersura de ese cuerpo joven que disfrutaba ante experiencias extremas.
Le gustaba que mordiera su cuello apasionadamente, que azotara sus glúteos, y que usara mis corbatas para atarla a la cama. Los gemidos se convertían en gritos que muchas veces sofoqué con besos apasionados. Entonces mis erecciones crecían al ritmo de sus urgencias.

Todos nuestros momentos íntimos se exhibían sin ningún pudor en el espejo para recordarme la excitación que me provocaba esa mujer cuando sus uñas afiladas arañaban mi espalda y sus dientes dejaban marcas sobre mi piel.
Después era mi turno; Silvia pedía ser llevada a cumbres peligrosas de placer.

En algunas ocasiones, el temor asomó a sus ojos castaños, mientras un ruego mudo, que exigía más y más, pugnaba por salir de su garganta. Yo dudaba, pero sus jadeos me incentivaban a seguir.

Un día al mirar el espejo pude ver mis manos apretando su cuello; ella vibraba ante un éxtasis nuevo. Se aferraba con desesperación a mis brazos, y entre espasmos gemía de placer. Recuerdo que observé aquel hermoso rostro con curiosidad; lo último que vi fueron sus ojos mirando fijamente los míos, el ruego de siempre en su mirada, y luego nada más.
 
MarceloArrizabalaga,28.02.2018
Vigésimo noveno cuento:



La terraza


Una gota descendió desde sus labios. Se deslizó boca abajo resbalando por el cuello. Sin darme cuenta me quedé mirando fijamente su escote, por donde descendió la gota. Me miró, dos mesas vacías de por medio, sin darme importancia. Sólo nosotros dos a esa hora, soportando el calor de media tarde en la terraza del hotel.
Volvió a mirarme con más atención, sorprendida tal vez por mi insistencia con su escote. Bebió un poco más de su –supuestamente- Martini. Se pasó la lengua por los labios lentamente. Me miró fijo.

Nuestros ojos se encontraron nuevamente, como lo habían hecho temprano en el lobby, en el ascensor, en la piscina.
Se levantó, se acercó a mi mesa, se sentó. Tendría cuarenta y cinco años, veinte más que yo. Su estado físico era envidiable. Me intimidaba. Me sentí disminuído, visualmente y físicamente adoptado como un sobrino, mientras ella cuidaba que las olas no mojaran mis baldecitos de arena. Me ofreció su copa de Martini, incitándome a beber. Me negué.
Me contó su historia como justificándose, como explicándole a su sobrino por qué lo había llevado de paseo al mar. Divorciada hacía pocos meses tras un año de litigio. Dos hijos afortunadamente grandes, uno de mi edad. Sola por elección, los hombres funcionan bien un tiempo, luego se descomponen y la garantía no cubre el desperfecto.

Nos encontramos nuevamente a la noche, en la barra del bar. Yo estaba de espaldas, mirando al ayudante del cantinero deslizando cajones de un lado hacia el otro, con los brazos sudorosos y la camisa húmeda sobre sus músculos macizos. No la sentí llegar. Apoyó un brazo sobre mi espalda y me saludó afectuosamente. Me comentó algo sobre el próximo inicio de temporada, los preparativos, la falta de personal.
Estaba vestida con una tela muy suave que resaltaba su cuerpo maravilloso. Noté como el hombre de los cajones la miraba subrepticiamente. Adiviné el deseo en esa mirada furtiva, rápida, silenciosa. Sentí cierta envida, cierta necesidad no correspondida de ocupar lugares distintos.

Me invitó al casino, sólo un par de fichas, yo pago todo –me dijo. A media noche la acompañé a su habitación: el whiskey del casino es de mala calidad, estoy un poco mareada… Cerró la puerta, dejó caer su vestido y admiré su cuerpo en todo su esplendor. Los pechos perfectos, firmes. La piel bronceada. Las caderas y piernas perfectas.
Me guió una mano hasta sus pechos, me hizo acariciarlos. Humedeció mis dedos con su saliva y los devolvió a sus pezones, mostrándome como recorrerlos. Llevó una mano a mi entrepierna buscando mi erección, pero detuve su mano. Me miró sorprendida. Lo siento –le dije-, soy homosexual.
 
MarceloArrizabalaga,28.02.2018
Trigésimo relato:



Ella,el


Mientras ella deambulaba por la habitación desnuda, con solo el poncho puesto, el la observaba alucinado.
Se habían conocido en un cumpleaños de unos amigos en común. El era cordobés de Villa María, su acentito era tan dulzón, que nadie podía sustraerse a él, ni a su cara perfecta ni a su armonioso cuerpo.
Sacarse la ropa fue fácil, despojarse del corpiño, de las bragas, de todo lo que intermediara entre los cuerpos. El la penetró y la lubrico con solo mirarla.
Se abrió y las oleadas de placer surgieron, mientras los cuerpos sudorosos se acariciaban sin dejar un lugar por recóndito que fuese por explorar.
El éxtasis llego, pero no al unísono, ni por asomo. Ella sintió casi su derrame pero no lo dejo, se subió y mientras se tocaba su clítoris con fervor, guardo en su memoria esa porción de placer para luego recordarla cuando fuese posible.
Así mientras no estuviera con el físicamente, recordaría y recrearía en su fantasía los momentos de gozo y de placer mas irreverentes y sacrílegos, ya que sabia íntimamente que esta sería la primera y última vez que se verían.
 
MarceloArrizabalaga,01.03.2018
Trigésimo primer relato:



Tarde de Sábado

La conversación que mantuve con Carlos, fue seductora. Sus palabras sensuales y profundas, tienen demasiado poder. Me asusta la facilidad con que penetran y me atraviesan. Esta pasión que me invade está repercutiendo en mí de tal modo que no puedo contenerla. No sé si me animaré a confesárselo con estas palabras sinceras, sentidas, mías, que surgen y no consigo detener.

Aquel sábado llovía. Llegó a la siesta cubierto con una campera color bordó, que rompía la monotonía gris de la tarde. Lo esperaba con un café corto, como a él le gusta. Nos sentamos a saborearlo frente a la ventana que da a la calle. Allí pasamos el tiempo charlando, observando el verde intenso de las plantas lavadas por la lluvia, el césped, las piedras blancas reposando en un extremo a la entrada del edificio.
El atardecer nos fue impregnando de deseo. La lluvia sugería intimidad. Nos besarnos en silencio, sin interrumpir su melodía. La pasión se reinventaba a cada instante, aumentaba a medida que el crepúsculo era atropellado por la noche.

Éramos ya dos siluetas. Nos reconocíamos por el tacto o alcanzando a vernos durante las milésimas de segundo que dura la luz de un relámpago. Lo cabalgué lentamente entre murmullos indescifrables y con los ojos muy abiertos. Mi cuerpo como única razón de ser, verdad absoluta, total, arrolladora, tácita, no admitía argumentos. Hicimos el amor hasta que acabé con un chasquido. Una cuantía de calor recorrió mi cuerpo de punta a punta y un destello de placer, al llegar a mis labios estalló en un jadeo ahogado, profundo. Un "te quiero", poco a poco apagué en su boca.

Abrazados en la oscuridad, sumergidos en una nube de sudores y perfumes que saturaba el ambiente, penetrantes miradas a ciegas, gozando en silencio el ballet de las gotas de lluvia, nos adormecíamos rendidos de la fatiga placentera que el sexo concede.

De pronto, me despertó su vos. ¡Ayúdame! susurró en mi oído, mientras sus dedos ágiles deshacían los caprichosos rizos que jugueteaban en mi nuca. Su voz ronca, dispersa en la confusión, no sonó imperativa. Pidiendo, no pareció ser la suya.

Entusiasmado, con nerviosas caricias, sugirió a mi busto de saurio sudado, a reptar sobre el suyo. Despacio… bebiendo a sorbos el cuerpo de mi hombre, lo peregriné sedienta. Sus lóbulos, su cuello, sus hombros, golosa… me sumergí entre sus piernas.
Mis labios, ansiosos por libar, sondeaban sus latidos mientras lentamente crecía en la caverna de mi boca. Carlos decidió no mirar, gimiendo de placer clavó sus ojos en un punto fijo de la ventana, hasta que temblando, se convirtió en un laúd de cuerdas tensas, y entre espasmos… aún dentro de mí, manó su esencia. Me volví a adormecer entre sus piernas saboreando vida.
 
MarceloArrizabalaga,01.03.2018
Trigésimo segundo aporte:



Atardecer en Venecia

Tendí una mano para ayudarte a bajar del vaporetto. Me miraste fijo a los ojos, y esa mirada lo dijo todo. Yo te miré como un animal enceguecido y alerta, pero me sentía un ángel, un pájaro volando entre las nubes. Tu tiempo en Venecia transcurrió demasiado rápido. Sólo pudiste verme a mí y al Canal Grande desde una ventana de mi atelier, una enorme postal de colores en movimiento. Una vez más olfateé tus cabellos. Ebrio de olor castaño, dejé en tu nuca el hálito viscoso de mis besos. Cuando aferrado a tus flancos me propuse, tus manos se cerraron apretujando seda… un ronco siseo de concesión fue tu respuesta. Sentí mi cuerpo quemarse. El calor trepaba por mis brazos, mi cara, para disiparse en mis labios resecos de lascivia. Imperceptible comenzaste a temblar.
Copiando el contorno de tu espalda con mi pecho, recogí tus senos y nuestros cuerpos afiebrados fueron uno, como en la cuerda de un arco vibraba la pasión. Abrazándote así… para mí una sensación sublime y excitante, me sentí colmado de una tremenda fuerza vital. Desistiendo a la lujuria me dejé transportar entre agudos ramalazos de energía. Anegado de placer, acezante, comencé a fluir con la cadencia de tus nalgas. Encandilados por una luz bermellón, juntos, vimos nuestro último atardecer en Venecia.



 
MarceloArrizabalaga,01.03.2018
Trigésimo tercer cuento:



BESTIARIO


Me caliento con tu mirada. Me fulminas con la niña de tus ojos, acompañada por la niña que quiero ser para fundirme en tus brazos. El fervor, que será reflejo de tus cabellos rojizos, me hipnotiza agazapada.
Quedo aturdida ante tu mirada, como el zorro al cruzar el camino sorprendido por los faros de un vehículo. La mente esboza pensamientos punzantes en mi sexo que desean me cabalgues con tu falo encendido. Atraviésame las entrañas, esteriliza mi mente, acalla mi ímpetu; blasfema en mis pechos, acorde a tus labios, dibuja un tatuaje, muérdeme los senos.
Sangro acongojada por mi vulva, por mi ombligo, por los poros exhalo el candor de mis deseos. Seré la fuente, cubriré de magenta tus entrañas mientras, el buitre de la esperanza arroja sus garras en mis glúteos y me lanza una y otra vez al ritmo del espasmo contra tu sexo. Echa fuego el dragón ahora, su cresta roja es nuestra alcoba, volamos y nuestro vello al viento hace que mis pezones endurezcan.
Cómeme. Devora la savia que te ofrezco. La brisa se hace huracán y nos caemos,el dragón se despoja de nuestros cuerpos. Las nubes nos acunan hasta llegar a las brumas, a la niebla que moja nuestros cuerpos en una lluvia dorada, que sin darme cuenta arroja mi vejiga. Disculpas que solicito,pero tú, bebes mi esencia y mis ilusiones como si fuera el agua que colma tu sed; la sed de ansia, de ardor.
Ahora ya perezco en mi petite mort. Sin argumentos, cesa mi fiebre y sin lamentos me arropo. Huelo mi sexo y de nuevo te lo ofrezco. Y si algo anhelo es tu perseverancia, demiurgo de mi esperanza, que con tal constancia me cabalgas de nuevo, hasta que mi sexo sea simplemente tuyo, hasta que mi deseo se desvanezca y penetre en las partículas que flotan en el aire silencioso.
 
MarceloArrizabalaga,02.03.2018
Trigésimo cuarto trabajo:



RyC


No corrijo los hechos.
Me encuentro en esa mañana cuando el sol fundó noviembre, luego de una noche tibia de otoño en las islas. Donde una cena se prolongó en contar el espacio de los años anteriores, en las risas de las coincidencias y los lugares donde estábamos cuando habían ocurrido los acontecimientos importantes del mundo, y que hacíamos.

Donde nos mirábamos al juntar la vajilla, descubriéndonos, y luego, buscando la oscuridad, nos seguimos hasta el dormitorio para aumentar las pequeñas caricias y roces que habíamos comenzado como al pasar en la terraza, para besarnos más prolongadamente, ya sin la vestimenta.

Y en esa noche de espejos y sin apuros, y sin sueño, desvelados, con el olor del sexo gobernando, comprobamos el sentido de la posición de los espejos colocados en rectángulos iguales, unos junto a otros, separados ligeramente por una ranura estrechísima, que cubrían toda la habitación.
Desde mi posición, con la cabeza apoyada en la almohada, lograba ver la planta de nuestros pies cruzándose en caricias.
No parecían nuestros.

Creí encontrar entre penumbras un punto en el espacio, al seguir el movimiento de mi mano, - me costó unos minutos lograr la posición -, que aparecía en todos los espejos (un punto en el espacio que contiene todos los puntos), mostrando, ahora si, cada detalle de mis dedos, los nudillos, cada uña, el pulpejo, las líneas de la palma, cada una de las venas que se transparentan azules en el dorso.

Encontramos, asombrados aveces, - saliendo de ensueños pasajeros -, que podíamos vernos de ángulos desde los cuales jamás antes nos habíamos visto, que éramos como extraños, y el tocarnos nos reconocía y definía.
Pero solo así.

Nos descubrimos bellezas y fealdad, nuevos gestos, modos que nos eran familiares pero nunca habíamos tenido en cuenta que fueran nuestros.
Posiciones ridículas para hacer algo, que comenzaríamos a odiar desde ese momento. Imperfecciones que no tendríamos en cuenta a no ser por la imagen reflejada desde un lugar, hasta ahora secreto.

Para lograrlo había que cumplir con el requisito cautivante de la desnudez. La trampa de la oscuridad y los espejos, aparecía luego de despojarse totalmente de la ropa y cerrar un momento los ojos para limpiar imágenes anteriores, inmediatas. Luego sí.

Lo que veían mis ojos (igual que en un Aleph) era simultáneo, coexistente, sincrónico, todo a la vez. Nos veíamos desde todos los puntos del Universo, con solo buscarnos en una combinación de impresiones.

Lo que a duras penas puedo transcribir, sucesivo, cíclico, humano, son imágenes encadenadas por distintos tiempos. El tiempo de las palabras.

Y culmino en la resaca de no encontrarla. Escuchar despedirse desde la puerta muy suavemente, como en un murmullo.
Ella desapareció, su imagen iluminada no se registraría nunca más en mis ojos. Tendría solo la copia de los recuerdos. De esos momentos de mirarnos y hablar, desde cualquier punto dentro de la habitación.

Esa agonía se prolonga y crece al comprobar que en esta mañana, - en la calle plagada de desconocidos -, se habían renovado los diarios antiguos (los de ayer), por los de hoy, con sus nuevas portadas y sus nuevas noticias.
La gente en las mesas de los bares no era la misma.
No eran los mismos los avisos pegados en las carteleras de hierro sobre la acera de la plaza (la placita Militar).

Y este hecho, si lo sufrí, al pensar que todo seguiría cambiando, sin parar, que recién se iniciaba el olvido.
Que este recuerdo se haría antiguo rápidamente. Se haría ilegítimo, ficticio, con la erosión de los días.
Y así ocurrió, no cambio los hechos.

(RyC llamábamos a nuestro refugio en Santa Cruz de Tenerife)
 
MarceloArrizabalaga,02.03.2018
Trigésimo quinto relato:



Tiempo

A Lucas le gusta vacacionar en la costa y su entretenimiento favorito es la pesca deportiva, una actividad que su esposa detesta. Durante los días de descanso disfruta de ese deporte junto a otros pescadores como él. Su mujer se dedica a hacer compras, realiza largos paseos y excursiones por playas vecinas.

Cuando el período de vacaciones finaliza regresan a sus tareas habituales.
Lucas comienza a notar que ella está triste. Quiere saber el motivo de su tristeza y Marta le dice la verdad.

Él cree que puede perdonar su infidelidad y colocar los errores en un lugar donde no molesten a nadie, pero descubre que algo se ha roto y hay momentos que no pueden ubicarse en ningún sitio.

A veces observa los labios entreabiertos de su esposa; entonces recuerda el sabor de los antiguos besos, pero junto con esos recuerdos surgen otros que quiere olvidar.
Imagina sus pechos de terciopelo en manos de otro hombre; piensa en los muslos abriéndose a la urgencia contenida, el frenesí de los cuerpos ansiosos de jugar, lamerse y explorarse. Ella ofreciendo su desnudez de hembra en celo, él su erecta perfección de macho experto.

Necesita recuperar la confianza, y lograr que otra vez su piel deslice magia en la de Marta. Desea beber los suspiros que florecen en su boca, aferrar las nalgas febriles, acariciar su pubis para que vuelva a estremecerse al sentir sus dedos codiciosos.
Le gustaría degustarla, anclar su lengua primero en las sabrosas orillas, y luego entrar poco a poco en los esteros anegados de lluvia. Quiere abrazarse a la espalda de su esposa, y danzar los dos rítmicamente hasta llenar de espuma todos los rincones de esa piel tibia y perfumada.
Pero no está listo. Ella tampoco. Por eso se quedan en silencio esperando que el tiempo acomode las piezas rotas y poco a poco, todo vuelva a su lugar.
 
MarceloArrizabalaga,02.03.2018
Trigésimo sexto cuento:



¡Mujeres, oh, divinas mujeres!


--Me gustan los hombres HOMBRES: altos, fuertes, con rasgos duros, varoniles, hombres de verdad, de complexión atlética, vigorosa…
La muchacha sigue un poco más con la perorata; luego, mirando de reojo al hombre y sonriendo maliciosa, agrega:
--Como tú…
Y enseguida:
--Y a ti… ¿cómo te gustan las mujeres?
El hombre la ignora.
--¿No tienes un tipo en especial?: ¿altas, bajas, flacas, algún tipo que te llame más la atención? –insiste la mujer.
El hombre no cede.
--Mmmmm. ¿Te gusto yo? –le pregunta entonces.
--No. –Dice el hombre, a todas luces sin ganas de decir nada.
--¿Noooo? –se asombra la mujer--. ¿Qué es lo que no te gusta de mí? A ver, explícamelo.
--Que no eres mujer.
--¡Ja! ¿Entonces qué soy? ¿Un gnomo? Dame más detalles, en específico. ¿Qué no te gusta de mí?
--Todo.
--¿Todo…?
--Sí. Todo. Me engañaste. Me narcotizaste. Me tienes a la fuerza. Te crees irresistible…
--¿Me creo…? –interrumpe la mujer cruzándose de brazos y dando de golecitos con su zapato--. Estás mal, papacito, SOY, entiéndelo, SOY-I-RRE-SIS-TI-BLE.
Una mueca de desprecio aflora en el rostro del hombre.
La mujer enfurece, da un paso al frente abofetea al hombre y rudamente le mete la mano, entonces lo jala de sus testículos. El hombre le mira desafiante, está amarrado a una silla y el jalón más que dolerle lo espabila. La mujer sonríe, afloja un poco, ahora empieza a manosear su escroto muy suavemente. “Vamos a ver si es cierto lo que afirmas”, le dice, y torna más sensual el jugueteo con sus dedos, dale que dale que dale.
--¿Sigues despreciándome?... –le pregunta.
El hombre no responde.
--¿Si o no?...
Nada.
Entonces la mujer le baja el zipper, le desabotona el pantalón y como puede lo desliza hasta las pantorrillas.
--¡ESCÚCHAME!, --agrega-- ¡NO HA HABIDO HOMBRE!, ¡HE, ¡NO HA HABIDO HOMBRE HASTA AHORA!, ¡NI LO HABRÁ, QUE ME HAYA DESPRECIADO! ¡HE! ¡ME ENTIENDES! ¡NADIE! ¡MUCHO MENOS UN MEDICUCHO CAGUENGUE COMO TÚ!
Después se arrodilla y empieza el chupeteo. Snapls-snapls-snapls, lenta, parsimoniosamente, segura de lo que hace.
--¡Si algo sé que soy –añade sin dejar el Snapls-snapls –es ser mujer! ¡Y ahora vas a ver por qué!: snapls-snapls-snapls…
--No hagas eso, muchacha --dice el hombre sufriendo los estragos del fellatio--. Entiende, soy tu médico, esto no está bien, déjame ir.
La mujer levanta la cabeza:
--Ah, ya empieza gustarte, ¿verdad?
El hombre aprieta los ojos, trata de aguantar, sabe está en una situación difícil. En ese momento la mujer brinca sobresaltada, se levanta presurosa y mira aquello, no da crédito a lo que ve:
--¡Esto no es real! –grita.
El pene que tenía entre sus manos ha adquirido de pronto una dimensión descomunal, insospechada, al menos 30 cm de largo por 25 de ancho. Da unos pasos alrededor: los ojos como platos gigantescos. Luego se agacha, titubea:
---¡Taaaanto te crece! –dice, palpando insegura el miembro.
--Ya, déjame ir --grita el hombre, sudando y resoplando por la excitación.
Su tono no parece trasmitir lo que pide.
--Desáteme, no soy yo cuando me excito.
--Te creo, te creo, papacito –le dice ella sin dejar de acariciar aquello.
--No entiendes, muchacha. Todos somos lo que somos mientras no perdamos el control. Yo, más que nadie, déjame ir, te lo ruego.
--Entiendo que me voy a dar el atracón de mi vida, eso es lo que entiendo.
Acto seguido la mujer se levanta y empieza a desvestirse. Sonrisa y mirada maliciosas. Aflora la piel y aparece un cuerpo trabajado, de pechos firmes y muslos duros. Cientos de horas en el Gim han transformado a la dama en una impresionante ola de armonía exquisita, sobre todo las nalgas: tersas, duras, redondeadas, sin mácula de grasa, nada de más y nada de menos, rotundas por donde quiera que se les mire.
--Buenota entre las buenotas, ¿verdad?, –dice, riéndose y dándose una vueltecita--. Nada mal, ¿verdad?
El hombre ha perdido su expresión sufrida. Su rostro es ahora una masa congestionada de color verde. Todo su cuerpo ha adquirido mayor grosor: sus extremidades sobre todo; sin embargo es obvio que se está transformando. La mujer lo nota y da un paso hacia atrás, asustada. “¿Qué-qué tienes?”, alcanza a decir.
El hombre no la escucha ni la escuchará, un brutal torrente de testosterona ha entrado en funciones y ahora es una descomunal bestia la que toma el control de su cuerpo. Las amarras saltan por los aires, la silla cae hecha pedazos, la habitación es grande pero frente a la bestia parece chica, aterrada la mujer trata de esquivar al monstruo pero éste estira un brazo y la alcanza. En la habitación hay una cama y allí la arroja la bestia. Tan rápido que la mujer sólo atina a defenderse encogiéndose. El monstruo la levanta, la sacude, la aplasta contra el colchón y le abre bruscamente las piernas, después olisquea con deliberado celo su sexo, luego, con unos dedos dromedarios toma su falo, la inserta entre las nalgas de la mujer, y, bramando enloquecido, ¡terrible!, se la deja ir toda. La mujer grita, arqueando la espalda, que parece quebrarse, nadie seguiría vivo después de aquello, sin embargo cientos de horas en el Gim y la herencia genética de quien ha parido a la humanidad, obran a su favor, e, increíblemente, la arremetida es tolerada, incluso asimilada, y al poco tiempo gozada, no una ni dos ni tres veces, sino decenas de veces, toda la noche, hasta el amanecer, cuando finalmente la bestia pierde su fortaleza y cae rendido y la mujer tiene que esforzarse para despertarlo y ponerlo en pie, ya entrada la mañana, y ayudarlo a marcharse.
Minutos después mirando el semblante de desastre que ofrece la silueta del Dr Banner, y tras cerrar la puerta:
--Hombrecitos verdes a mí –dice, retocándose en su espejito.
 
MarceloArrizabalaga,03.03.2018
Trigésimo séptimo aporte:



IMAGINACIÓN


Luego de un hermoso día de playa, con un sol radiante en el último día del verano, quedé impresionado ante la belleza de una hermosa mujer, llamativas líneas un su cuerpo, provocativa mirada, en fin, bellísima, dejó grabado ese recuerdo en mi retina, estaba con su pareja.

Después de un descanso reparador, me dispuse ir a cenar en la noche final de mis vacaciones, ahí la volví a ver.

Ambos conversaban distraídamente en la mesa para dos del restaurante al que acudían las noches más románticas. El admiraba cómo los tonos rojizos y cálidos de la decoración hacían destacar el innegable atractivo de su pareja. Sus curvas apenas se disimulaban bajo la blusa blanca, su piel se encendía, se hacía más sensual y única. Contemplaba su cuello y los lunares que lo adornaban, las sombras de su escote, los labios bailando ardientes, la falda demasiado corta para disimular sus largas y elegantes piernas. Apenas había degustado el trago de aperitivo, cuando con aire de indiferencia y sin dejar la conversación, deslizó súbitamente un pie desnudo entre las piernas del él.

Una sacudida le recorrió todo el cuerpo helándole la sangre, se sabía preso entre su pie y el respaldo de la butaca, a expensas de una repentina travesura. Desde fuera de aquel erótico escenario nadie podía descubrirla, un enorme jarrón ocultaba su pie que se paseaba suavemente causándole una enorme erección mientras disimulaba con su distraída palabrería. Le desafiaba con la mirada clavada en sus ojos, hablando de cualquier tema consciente en que él no sería capaz de concentrarse. Él se mordía los labios y tembloroso intentaba dejar su copa sobre la mesa. A ella le fascinaba controlar en cualquier momento sus deseos, dominarle, manejarlo a su antojo y obligarle a pasar por esos trances cuando se le antojaba. Le parecía divertido, apetecible, diabólicamente excitante.

Nadie alrededor alcanzaba a ver cómo disfrutaba observándole respirar pesadamente, pidiendo terminar con aquel juego con la voz entrecortada. Alrededor solo veían a una pareja cenando sin imaginarse que el mantel ardía, que debajo de las copas el tablero vibraba y la ropa sobraba. Cuando notó entre los dedos de su pie que su miembro quería escapar del pantalón, se desabrochó uno de los botones de la blusa, mostrando los encajes de una ropa interior roja, impecable, encendida, que añadía mas fuego a su pasión a punto de explotar.

Observarle en ese estado le despertaba una risa divertida, perversa, que mezclaba con una conversación irrelevante, dando sorbos de su copa indiferente a la tortura de deseo con la que estaba ahogando a su hombre. El estrujaba la servilleta con desesperación, sentía el aire pesado, denso, el placer de aquella suavidad acariciándolo. Quería gritar, quería tirar la cristalería, los cubiertos, quería arrancarse la chaqueta, pero aguantaba el tren de pasión que le estaba atravesando la garganta mientras ella le clavaba la pícara mirada en sus ojos.

Los clientes del restaurante continuaban pasando junto a la mesa sin percatarse que estaba a punto de perder el control, de explotar, de gemir por aquel castigo dulce y salvaje. Sabía que ella se le ocurrían sus perversos juegos en cualquier momento, y eso le excitaba aún más. Apenas la veía reírse, hablar, obligarle con la mirada a regalarle un orgasmo disimulado, contenido, solo para que ella disfrutara de una de sus imprevistas travesuras. Acalorado, jadeante, con ojos perdidos, le complació como tantas otras veces. La mesa se consumía en llamas, las copas de derretían, el aire lo abandonaba en su instantánea muerte de placer. Ella reía y apuraba su copa mientras llamaba al camarero para pedir más hielo en su vaso.

- También llamé al camarero, para pedir mi cuenta, a su regreso dije:
Agregue y sume un Château Mont-Redon –el mejor champagne francés- que deseo invitar a esa pareja.
Ruego a Ud. mi secreto, con esta tarjeta:

PARA BRINDAR EN EL “DÍA DE LOS ENAMORADOS”. 14 DE FEBRERO 2018. UN ADMIRADOR.
 
MarceloArrizabalaga,04.03.2018
Trigésimo octavo cuento:



Summer time…


Una trompeta rasga el aire con las notas de la vieja canción. La cantante, embutida en su traje negro que se confunde con la noche, desgrana lentamente la letra envolviendo al público que una vez más llena la plaza.

Sentada en el quicio de uno de los portales dejo que los acordes se introduzcan en mí, que inunden cada uno de mis poros erizándome la piel. Cada vez que oigo esta melodía me arrastra la misma sensación.

Cierro los ojos y dejo que me invada sin ni siquiera pensar en donde estoy, julio, fiestas mayores de una ciudad costera y elegante. Una plaza con grandes soportales de piedra soportando edificios de cristal, tal vez dormidos, oscuros. Los observo sin apenas darme cuenta.

Tras uno de los visillos se enciende una luz tenue. La silueta de una mujer parece dibujarse detrás de la ventana. Se sienta, comienza a cepillarse la melena siguiendo el lánguido ritmo de la música.

Summer time …

Otra figura aparece tras ella. Creo ver como retira el pelo de su cuello que comienza a besar. Ella se deja hacer.

En la gran explanada, muda, sólo se escucha una trompeta rompiendo el calor de la noche. Tras la ventana, dos cuerpos frente a frente. Adivino unos dedos que deslizan los tirantes de un vestido que suavemente resbala por el cuerpo femenino convertido en ofrenda a esas manos que ahora le recorren con suma delicadeza y la sientan en la mesa bajo la ventana.

Ahora sólo puedo ver su espalda arqueándose, su cabello ondulante al echar hacia atrás su cabeza mientras todo su cuerpo recibe las caricias amadas. Imagino una boca que le regala besos desde los dedos de sus pies, comienzo del río de unas piernas por las que él navega para desembocar en el mar de su sexo. Unas manos que dibujan cada curva de su geografía impaciente y hambrienta.

Summer time…

La voz voluptuosa se hace cómplice a la vez que voyeur de la pareja que ahora se devora detrás de la nívea cortina. Ella le aprisiona entre sus piernas en un abrazo que envuelve sus caderas. La trompeta marca el clímax final mientras los amantes cabalgan a lomos del deseo en este tiempo de verano.

La plaza se rompe en un cerrado aplauso que bruscamente me hace volver de mi ensoñación. Miro hacia el escenario. Saluda la cantante de oscuro pelo ondulado embutida en su traje negro noche. Saluda el trompetista, se miran cómplices en la magia de esta melodía.

Vuelvo mis ojos hacia la ventana, ¿cuál era? Ni una luz, ni una señal de la anterior escena. Se diría que esos cristales sólo esconden oficinas dormidas.

Se acerca, me trae la bebida que le había pedido. Le beso, su boca sabe a ron añejo. Me enlazo a su cintura, él juguetón hace que uno de los tirantes de mi vestido se deslice acariciando mi hombro. Nos alejamos caminando despacio hasta perdernos en la negrura de la playa.

A nuestra espalda la banda desgrana una nueva melodía. Se oye una trompeta.
 
MarceloArrizabalaga,04.03.2018
Trigésimo noveno relato:



Secreto


Lo había imaginado exactamente como era: alto, varonil, con grandes ojos negros y mirada dulce y penetrante.
Un hombre que no me contradecía y que intentaba complacer todos mis deseos.

Desde el comienzo de nuestra relación, algo instintivo me llevó a considerar que la felicidad debe mantenerse en secreto. Hay demasiada gente envidiosa en este mundo.
Mi vida era perfecta; no quería correr riesgos innecesarios. Por ese motivo no quise que nadie supiera de la existencia de mi amado.
Nuestros días transcurrían sin inconvenientes. Cada mañana despertábamos juntos, y al regresar de nuestros trabajos nos sumergíamos en un romance que se renovaba día día. Yo era adicta al aroma de su piel y al sabor de su boca perdida en la mía.

Me había acostumbrado a disfrutar de aquellas manos aleteando sobre mi desnudez hambrienta. Sus dedos descendían por mis poros abiertos a la experiencia del amor.
El goce que sentía cuando él murmuraba incoherencias en mis oídos teñía de rojo mis mejillas; y cuando sus labios me invadían, yo vibraba ante la osadía de su lengua impertinente. Había pausas, acoples y ritmos que al crecer sucumbían en aguas turbulentas. Se formaban olas que nos arrastraban con furia hacia el infierno.
A la deliciosa unión de los cuerpos le seguían las caricias que siempre había añorado. La ternura de mi hombre colmaba mis ansias de mujer sensible y cariñosa.

En aquella ocasión habíamos gozado como tantas otras veces de un atardecer fogoso. Rendidos y acunados por el sonido de la lluvia dormíamos uno en brazos del otro. Poco a poco nuestros corazones recuperaban el aliento.
Me puse un albornoz de seda y preparé la cena a la luz de las velas.

Era medianoche cuando noté que mi amor otra vez no había probado bocado; me miraba en silencio pidiendo disculpas, y mientras las velas románticas languidecían, él también, como sucedía todas las noches, comenzaba a desaparecer.
 
MarceloArrizabalaga,05.03.2018
Cuadragésimo cuento:



Tres


En la gala de noche de los vestidos blancos, el aire estaba lleno de aromas a perfumes importados. Los sonidos de la orquesta revoloteaban en los oídos de los asistentes a aquella mágica noche.
De repente las vi a ellas, eran dos mujeres de mediana edad, sentadas en la barra, tomaban un coctel en sendas copas. Se las veía disfrutarse y no pude menos que interrumpirlas. Por supuesto me miraron las dos, mi traje blanco, mis zapatos blancos, mi pelo corto, mi sonrisa cautivadora. Las embriago mi sensualidad. Les pregunte si querían sacarse una foto conmigo y aceptaron de muy buen humor. La orquesta ensayaba sus acordes. El mozo nos saco una foto a los tres con el celular de Susana. Al devolvérselo, lo intercepte y empecé a mirar las fotos cuando vi de soslayo a un hombre desnudo de perfil, ¡Ah! dijo ella muy risueña, esas son fotos privadas, pero mi fantasía había empezada a volar...
Intercambiamos números de celulares, y me advirtió que ella se dormiría temprano, pero que Roxana era un animal nocturno.
Así que sabiendo, las dos de mis intenciones, llame a Susana , dejando claro que habría un encuentro muy particular.
Lo que sucedió esa noche fue algo que nunca olvidare. Yo con mis veintiocho años tenía a dos mujeres para mí, ansiosas, ardientes, sus bocas no cesaban de saciarme, sus cuerpos se entregaron de la forma más natural y salvaje, sudores y efluvios se volcaban y fue tal el éxtasis que amanecimos durmiendo los tres abrazados.
Los cuerpos donde anidan los pensamientos más perversos, audaces y libidinosos, olvidaron las rutinas, y vertidos totalmente a Eros, y olvidando a Tánatos fueron el escenario donde se desarrollaron las fantasías más obscenas, flagrantes lujuriosas que anidan en el subconsciente de cada uno y que constituyen el mundo interno erótico, de sensaciones pecaminosas,
Por la mañana cada uno se fue a su habitación, y en el crucero rumbo a Rio de Janeiro jamás nos volvimos a saludar.
 
MarceloArrizabalaga,06.03.2018
Cuadragésimo primer relato:



¿Quieres una sopita?


Imagina crecer en una familia de mujeres, no es fácil ni divertido, sobre todo cuando eres la ignorada hermana de en medio, a partir de ahí le vas sumando que la mayor es la guapa y preferida de tu madre y la menor es la inteligente consentida de tu abuela. Y entre todas te hacen sentir que llegaste tarde a la repartición de dones.

Cuando tu devota familia te impone reglas que no comprendes y tu abuela es una mujer de un siglo distinto que sigue diciéndole enfermedad a la regla, a las embarazadas "mujeres interesantes" y a las divorciadas y a quienes tuvieron hijos sin estar casadas "mujeres que fracasaron" pierdes cualquier esperanza de que tu curiosidad sea satisfecha dentro de esa casa.

En el colegio, tampoco tenías mejores guías y las respuestas había que buscarlas en otros lugares, entre las puertas de los baños donde las chicas se esconden para fumar, en las salas de cine, en la calle o bien entre los anaqueles de "Delicious", el sexshop de la colonia dejándote guiar en la selección de películas por Jimmy, el gordo marica que atiende el local.

Esa fue mi adolescencia, mi educación sexual fue recibida de las películas seleccionadas por el gordo, revistas manoseadas que compartíamos en el colegio y chats en los que me involucraba de madrugada con el celular escondido entre las cobijas, para que mis hermanas no me vieran.

Jimmy me inició en el BDSM, por supuesto, a nivel teórico. Devoré todo el anaquel de películas sobre el tema, cada vez que anunciaba en casa “voy a la biblioteca”, efectivamente acudía, pero iba tras la trilogía de la bella durmiente de Anne Rice, mi libido se aceleraba de cero a cien en cinco páginas o tres minutos de vídeo, todas las noches antes de dormir pasaban por mi imaginación, hombres con caras de ángel, musculados, dominantes y con penes enormes, diestros en el uso de arneses, fuetes, cuerdas. Por esa época aprendí a tocarme, pero oficialmente seguía tan virgen como cuando nací y tan inocente como después del bautizo.

¿Cómo fue tu primera vez? ¿Lo recuerdas? En mi caso, no fue nada tierno como en las películas que veíamos en familia, ni acrobático y satisfactorio como en las películas del "Delicious".

Beto y yo éramos compañeros en el colegio, él me hacía los trabajos de matemáticas y artes y yo le hacía los de literatura e inglés, estando mi abuela de vacaciones lejos de casa y con el horario bien estudiado de mi madre y hermanas, lo llevé a casa. Lo subí a mi habitación y comencé a besarlo, lo senté en la silla giratoria de mi escritorio, donde lo monté pude sentir su paquete a pesar de la tela de nuestros jeans e instintivamente me balanceé sobre él, me saqué la blusa y dejé que me tocara y me besara. No sé quién de los dos era más torpe, pero era tan placentera la sensación que era el único lugar en toda la constelación en que yo quería estar y lo sentí, a pesar de la barrera de los jeans, hubo un momento en que todo mi cuerpo vibró de modo involuntario, mi espalda se arqueó, se nubló mi vista y solo quería evitar que él se moviera para seguir alargando ese punto de tacto que... Oh oh, sonido de cerraduras y tacones corriendo.

Mi hermana. ¡Maldita Maldición!, me puse la blusa y baje corriendo para que no se encontrara con Beto.

-¿Qué haces aquí?

-Olvidé mi carpeta con mis trabajos y hoy es el último día de entrega para tener derecho a examen. ¿Por qué estás tan rojita?

-Estaba lavando a mano tu ropa sucia y hace mucho calor

-Gracias nena, te traigo un chocolate cuando regrese. Adiós.



Ese día no pudimos continuar, porque ya el encanto se había roto, así que seguí igual de virgen, inexperta y ahora frustrada.

El destino es un cabrón, un jueves de tantos pasé por el local de Jimmy, pero no me quedé, había tres tipos ahí que al mirarme murmuraron entre ellos y comenzaron a reírse lo que me incomodó,

De camino a casa hice justo lo que mi abuela me había advertido a no hacer, cortar camino por el callejón de Los Remedios. Sentí que tiraron de mi coleta y me empujaron en un hueco, bajo la escalera de acceso a un local vacío, al voltear miré a uno de los sujetos que estaban en el Delicious.

No tuve tiempo para asustarme, se quitó la playera y pude mirar a través de su pecho un tatuaje de lo que podría ser su apodo "Willyboy", adornado con unas horribles y deformes rosas. Era un sujeto como de veinte, de un blanco lechoso con tres pelos en el pecho y unos matojos hirsutos bajo las axilas, tendría apenas un par de centímetros más que yo de altura y llevaba ajustados jeans negros y sucios que hacían visible un voluminoso paquete.

Creo que pensé que todas las profecías terribles con las que mi abuela dijo que Dios castigaría mi mal comportamiento estaban por cumplirse.

Y en mi confusión solo aparecían en mi mente las escenas de la película más alquilada en enero "Sirvienta dominada parte IV".


Willyboy me abofeteó y gritó:



-¿Qué miras?

- El bigote de leche chocolatada que no te limpió tu mami

-Míralo bien que te lo voy a poner en el coño

-Embárralo bien a ver si así te crece



No había terminado de decirlo, cuando ya me estaba arrepintiendo, no sé porque lo dije. Desabotonó su pantalón, mientras me inmovilizaba contra la pared con su cuerpo, alcancé a ver como sacaba un calcetín enrollado del boxer para para poder sacar su instrumento, que en ese punto no pude mirar.

Sabía que tenía que hacer algo, que tenía al menos que asustarme, solo pensé que tal vez si cooperaba todo acabaría bien, me iría a casa y vería a Beto al día siguiente.

Willyboy metió una mano bajo mi blusa y comenzó a pellizcarme y retorcerme, no me gustó, pero la reacción del cuerpo es automática y mandó impulsos a mi cerebro que comenzó a lubricar, sentí la otra mano al mismo tiempo debajo de mi falda me estaba tocando y mi cuerpo no podía evitar sentirse como en "La Camarera viciosa" pero no era una película, era real y yo tenía que salir de ahí, pero mis brazos estaban aprisionados detrás de mi espalda con su peso.

Sujetó mis manos y me tiró al piso, lo iba a hacer, iba a penetrarme y yo solo quería que todo pasara, seguía inmovilizándome con la rodilla sobre mi pecho mientras sacaba lo que debía haber sido un pene, levanté un poco la cabeza y solo pensé: ¡¡Esto no me está pasando a mí!!

Willyfetucciniboy, tenía al máximo potencial de su erección, el pene más pequeño y esbelto que mi dedo anular, de hecho en la película "Los jardineros viciosos III" aparece una mujer con un clítoris más grande que eso.

Dejó caer su escaso peso sobre mí para penetrarme y me preparé mentalmente para recibirlo, pero no sentí nada solo embestidas torpes sacándome el aire en eso, percibí un olor diferente y la humedad revelaron lo que pasó, antes de conseguirlo eyaculó entre mis muslos.

Estaba agotado, aun así me dio un bofetón y me amenazó si lo denunciaba. Me senté y me cubrí la cara, él pensó que lloraba y bueno si lloraba, pero también reía histéricamente, al menos ya no estaba asustada, no sé bien a bien cuál fue la sensación.

Obvio que denuncié, con la minuciosa descripción de su anatomía y el tatuaje Willyfetucciniboy, está ya dando cuenta de lo que me hizo, o de lo que no me hizo, bueno, ya no sé.

Es hora de comer ¿Quieres una sopita?

 
cafeina,06.03.2018


uh?
y acá que pasó?
no se publica directo en este foro, rulo
se lo tenés que enviar a marceloarrizabalaga

 
MarceloArrizabalaga,06.03.2018
Estimado Rulo:

Los cuentos deben mandarse "en privado" a mi libro de visita.

Deben tener un máximo "aproximado" de 1000 palabras.

El tuyo tiene 4767.

Aún estás a tiempo.

Te esperamos.

Marcelo.
 
MarceloArrizabalaga,07.03.2018
Cuadragésimo segundo cuento:



Medida exitosa


Shsssssssshhh, calla, no digas nada, sólo relájate y déjate llevar, dijo melosamente la psicóloga echándome los brazos al cuello y apoyando suavemente su frente en mi frente; sus ojos casi pegados a los míos, su aliento alrededor navegando dulce, el aroma de su cuerpo apenas salido de la ducha.

Estábamos en un rincón, sobre una mullida alfombra, con cojines regados alrededor. Ella miraba mis ojos pero yo miraba sus labios, la comisura de sus pechos y su cinturita breve, imaginando más abajo lo que ya conocía de ella: sus fuertes piernas y el delicado giro de sus caderas. Se balanceaba para allá y para acá para acá y para allá al ritmo de una música hipnótica que salía de algún lugar. Estuvo así un rato hasta que después con una mano me rodeó un hombro y con la otra me atrajo suavemente.

Entonces me susurró al oído muy despacito: “quiero que me hagas tuya, quiero que me hagas el amor”. “¿El amor?”, dije yo, tartamudeando. “Sí”, dijo ella, “quiero me sientas, me saborees, me bebas toda”, pero inmediatamente agregó un “shsssssssshhh” apoyando un dedo en mis labios, “no, no digas nada, quédate así, sólo relájate y disfruta, que sea tu deseo quien te guie” y tomando mis manos instó a que desabrochara su blusa broche a broche, posando sus labios en mis labios por cada botón desabotonado, un beso húmedo cada vez, un beso largo cada vez, hasta que por último desenganché su sujetador y sus pechos quedaron al descubierto y mis ojos se llenaron de un asombro infinito, e inmediatamente fui presa de una ansiedad febril y una vergüenza mayor.

No podía creía que eso me estuviese pasando, ni que fuese real semejante momento.

Era real, no cabía duda, la sonrisa cómplice y el guiño inteligente en los ojos color caoba de la psicóloga lo decían, por tanto hice caso y tomé nervioso aquellos pechos y trémulo me atreví a comprobar su certeza paladeándolos ávidamente. Toda una audacia en el círculo experiencial de un niño de 13 años.

La mujer por su parte no tenía empacho en nada, me acariciaba por donde fuera, besando mi cabeza o mis orejas o mis manos apenas podía, y deslizando siempre una de sus piernas entre las mías, apretándola a mí con la otra o restregándola en un rose suave y sugestivo, que aderezaba con gemidos y frases entrecortadas.

Yo seguía sin dar crédito aún a la experiencia, dejándome llevar únicamente. En el fondo me sentía inseguro o más bien indigno, como si hubiese caído en forma fortuita en la prístina espesura del Edén divino: pasando de asombro en asombro, bajando y subiendo por el cuerpo de Dios --qué otra cosa--; una nota discorde en una catarata de armonía celestial; hasta que en una de esas me sorprendí de rodillas recorriendo con mis labios el Ombligo del Mundo, y mis manos, ¡Santo Niño de Atocha!, estrujando dos tersos glúteos.

¡Sus glúteos ni más ni menos! Aquello me espabiló. Rompió mis amarras y lo siguiente que recuerdo fue que acometí la temeraria audacia de desabotonar el broche de su pantalón y bajarlo hasta tocar suelo, para luego como un animal deslizar mis manos por sus apetitosos muslos, una y otra vez, hasta entender que aquellas deliciosas piernas eran mías, sólo mías.

A esas alturas todo en mí era extremo: mi respiración era frenética y mi corazón bombeaba lumbre, yo ardía como fuego y mi fuego avanzaba por un bosque de estrellas y a cada momento quería más y más; entonces por fin desde que llegué a esa casa superé mis complejos y pese a mi torpe inexperiencia di rienda suelta a todo eso que llevaba dentro: me hundí en la región más azul que pudiese imaginar; ella me desnudó y todo se dio como debió darse.

Besé cada centímetro de su cuerpo y cada centímetro del mío fue igualmente besado. Hicimos varias veces el amor y en todas encontramos formas nuevas de satisfacernos. Pero mi ingreso al paraíso fue en una posición tal que todavía hoy su recuerdo me hace estremecer… Imagen única, imposible de olvidar.

Sin embargo, sin embargo…, alguien nos observaba.

El esposo de la psicóloga era mi maestro de civismo, el mismo que dos años antes me había agendado cita para que recibiera terapia psicológica. Fue un año difícil con la trabajadora Social, donde los progresos fueron nulos; después otro año en su casa, en consulta privada, donde tampoco progresé.

Creo que mi patológica timidez les llevó entonces a tomar una decisión extrema y matar dos pájaros con un solo tiro; por un lado cumplieron con una de sus fantasías sexuales y por otra echaron toda la carne al asador tratando de elevar un poco mi confianza tan deteriorada por esos años. Supongo que me tenía aprecio y no tuvieron reparos en confabularse para sacarme del trance.

--Allí –me dijo la psicóloga finalizado el encuentro y señalando un pasillo que creí llevaba a los dormitorios—detrás de esa cortina, está mi marido.
--¡¿Tu marido?! –dije yo brincando de susto sin poder dar crédito a lo que oía.
--Calma –me dijo ella--. Él está de acuerdo –y apretó su cuerpo al mío como protegiéndome--: De hecho --dijo-- de él fue la idea.
Después, antes de despedirme, me hizo prometer que jamás diría a nadie lo sucedido y dio las razones:
--Siempre que te sientas mal, o estés triste o alguien te rechace, recuérdame, te va a ayudar. Ten por seguro que la mujer que escojas la harás muy feliz como lo has hecho conmigo.
Y eso ocurrió. De manera sorpresiva nunca volví a sentirme menos delante de mis compañeros. La experiencia fue tal que me blindó durante años de cualquier percance amargo.
Por su parte mi maestro de civismo jamás tocó el tema a pesar de llevar con él la materia todavía durante un año. La trabajadora Social no perdió nunca la compostura, siguió tan amable como siempre, aunque a petición suya dejamos las consultas ese mismo día.
Tampoco nunca dije nada a nadie, como había prometido… fui fiel a mi promesa… hasta ahora.
 
MarceloArrizabalaga,10.03.2018
Cerrada la recepción de cuentos. Comienza el período de votación.
 
MarceloArrizabalaga,10.03.2018
A partir del 10 de Marzo del 2018, hasta el 20 de Marzo del 2018 inclusive, los participantes deben votar sus cuentos preferidos de la siguiente forma:


Cuentas con 10 puntos en total para repartir.


4 puntos para el que consideres mejor.

3 puntos para el segundo.

2 puntos para el tercero.

1 punto para el cuarto.




Los votos se enviarán “en privado” por mi libro de visitas.

Los escritores participantes están comprometidos a votar.

También podrán votar de la manera explicada, todos lo que así lo deseen, aunque no participen de la contienda.

Una vez terminados los diez días para la votación, se harán públicos los nombres de los participantes, así como el resultado del concurso.
 
MarceloArrizabalaga,16.03.2018
Nuevo aviso:



A partir del 10 de Marzo del 2018, hasta el 20 de Marzo del 2018 inclusive, los participantes deben votar sus cuentos preferidos de la siguiente forma:


Cuentas con 10 puntos en total para repartir.


4 puntos para el que consideres mejor.

3 puntos para el segundo.

2 puntos para el tercero.

1 punto para el cuarto.




Los votos se enviarán “en privado” por mi libro de visitas.

Los escritores participantes están comprometidos a votar.

También podrán votar de la manera explicada, todos lo que así lo deseen, aunque no participen de la contienda.

Una vez terminados los diez días para la votación, se harán públicos los nombres de los participantes, así como el resultado del concurso.



Aún faltan votar: juancarlosII, -zepol, -yar, magDa2000, CalideJacobacci, -antares, kupiga, Bosquimano, chilicote, lilaherthings, y nonon.


Esperamos sus votos imprescindibles para definir los resultados.


Marcelo.
 
MarceloArrizabalaga,21.03.2018
El período de votación ha finalizado, aunque con algunos participantes ausentes a la hora de votar:




(Privado)
lun
19
marzo
________________________________________22:29 kupiga

Mi votación

distopia 4
no es extraño 3
el espejo 2
por el camino de swan 1




(Privado)
dom
18
marzo
________________________________________01:40 yar-

Hola Marcelo !!

4 puntos para todos !!!

ja ja ja

que bárbaros...

Bueno, ya en serio, va mi votación;

Secreto 4 puntos
Distopia 3 puntos
No es extraño 2 puntos
La pintura de salon 1 punto



Un abrazo !!!




(Privado)
sáb
17
marzo
________________________________________21:04 chilicote

Hola MArcelo:
Ante tanta variedad de cuentos se hace muy difícil ponerse de jurado.
Felicitaciones por el éxito de este concurso.
Un abrazo.

Mi voto.
Victor 4... sólo por que usó mi nombre.
Frente al Rio: 3
Noche de sueño imposible: 2
Agradecimiento: 1

Hay otros muchos que merecerían un reconocimiento. En fin, puedi ser audaz escribiendo un cuento, pero votando me doy miedo, totalmente bruto. Solo por cumplir las normas.




(Privado)
sáb
17
marzo
________________________________________15:00 juancarlosII

Mis votos:

cuento nro.30 ------ 4 votos

cuento nro.19 ------ 3 votos

cuento nro.21 ------ 2 votos

cuento nro.24 ------ 1 voto




(Privado)
sáb
17
marzo
________________________________________14:45 antares-

Hola.
Te dejo mis votos para el concurso.

Carpe Diem 4
Distopía 3
La pintura del salón 2
Bestiario 1

¡Muchas gracias!




(Privado)
jue
15
marzo
________________________________________19:11 Mialmaserena


Mis votos

Indescifrable: 1 punto
Por el camino de Swann: 2 puntos
Tarde de sábado: 3 puntos
Mujeres ,oh, divinas mujeres: 4 puntos




godiva

Distopía: 4 puntos
La pintura del salón: 3 puntos
Comunión: 2 puntos
Bestiario: 1 punto




(Privado)
jue
15
marzo
________________________________________18:56 glori

4 puntos: Carpe Diem
3 puntos: Mármol candente
2 puntos :Atardecer en Venecia
1 punto: Imaginación




(Privado)
mar
13
marzo
________________________________________21:10 Yvette27

estos son mis votos. Gracias

4 La familia
3 Atardecer en Venecia
2El espejo
1 Summer Time




(Privado)
mar
13
marzo
________________________________________13:05 yosoyasi

RYC 4

IMAGINACION 3

TIEMPO 2

EN LA TERRAZA 1




(Privado)
mar
13
marzo
________________________________________04:54 Clorinda


Amor griego..............4 puntos
Secreto....................3 puntos
La pintura del salón...2 puntos
Mi vecino.................1 punto




(Privado)
lun
12
marzo
________________________________________11:48 cafeina

hola!
te dejo mis votos para el concurso
gracias!


4 la terraza
3 Prohibido
2 Amores perros
1 ¿Quieres una sopita?


(Privado)
lun
12
marzo
________________________________________01:04 Rodrigourrejola

15 Prohibido 4
28 El espejo 3
38 Summer time… 2
17 Amores Perros 1

y un premio honorífico a:
16 Distopía que fue muy bueno igual.

Excelente concurso, buenos cuentos breves. Gracias por invitarme a participar. Lo disfruté mucho.




(Privado)
dom
11
marzo
________________________________________18:46 iolanthe

La familia 4 puntos

Atardecer en Venecia 3 puntos

El camino de Swan 2 puntos

Noche de un sueño imposible 1 punto


Saludos




(Privado)
dom
11
marzo
________________________________________13:56 satini

4 puntos a Victor
3 " Amores Perros
2 " Comunion
1 " Amor Griego




(Privado)
dom
11
marzo
________________________________________02:22 Pato-Guacalas

Suerte a todos. Va mi selección:

4 puntos a "Summer time".

3 puntos a "Prohibido".

2 puntos a "Carpe Diem".

1 punto a "La familia".




(Privado)
sáb
10
marzo
________________________________________19:01 martilu

Concurso de cuentos eroticos

4 puntos R y C
3 puntos Bestiario
2 puntos tarde sábado
1 punto Agradecimiento


¡Gracias Marceloarrizabalaga!




(Privado)
sáb
10
marzo
________________________________________15:26 BRINCALOBITOS

Saludos Marcelo. Tengo ya mis votos para el concurso. De mayor a menor...

4 puntos para LA FAMILIA

3 puntos para LA TERRAZA

2 puntos para AGRADECIMIENTO

Y 1 punto para POR EL CAMINO DE SWANN






No pudieron acercarnos sus votos: magDa2000, CalideJacobacci, -zepol, Bosquimano, lilaherthings, y nonon.



 
cafeina,21.03.2018

dales 24 horas más, bajo apercibiento policial de ir a buscarlos con el falcon



 
MarceloArrizabalaga,21.03.2018
Ganadores del Concurso de Relatos Eróticos Febrero/Marzo del 2018:

1er. Premio:
“Distopia” de cafeína………………………………………………………………. 14 puntos

2do. Premio:
“La familia” de cafeína………………………………………………………………13 puntos.

3er. Premio:
“Prohibido” de mialmaserena…………………………………………………… 10 puntos.
“Carpe Diem” de cafeína…………………………………………………………… 10 puntos.

4to. Premio:
“En la terraza” de –antares………………………………………………………… 8 puntos.
“R y C” de Calide Jacobacci………………………………………………………… 8 puntos.
“Atardecer en Venecia” de Juan Carlos II ………………………………… 8 puntos.
“La pintura del salón” de Yvette ………………………………………………. 8 puntos.
“Victor” de martilu …………………………………………………………………… 8 puntos.

5to. Premio:
“El espejo” de mialmaserena …………………………………………………… 7 puntos.
“Summer time” de magDa2000 ………………………………………………. 7 puntos.
“Secreto” de glori ………………………………………………………………….…. 7 puntos.
“Agradecimiento” de godiva ……………………………………………………. 7 puntos.

6to. Premio:
“Amores perros” de clorinda ……………………………………………………. 6 puntos.
“Noche de un sueño imposible” de Bosquimano ……………………… 6 puntos.
“Por el camino de Swan” …………………………………………………………. 6 puntos.
7mo. Premio:
“Amor griego” de –zepol …………………………………………………………… 5 puntos.
“No es extraño” de godiva ………………………………………………………… 5 puntos.
“Tarde de Sábado” de Juan Carlos II ………………………………………….. 5 puntos.
“Bestiario” de iolanthe ……………………………………………………………... 5 puntos.

8vo. Premio:
“Mujeres, divinas mujeres” ………………………..…………………………….. 4 puntos.
“Comunión” de –yar …………………………………………………………………. 4 puntos.
“Imaginación” de chilicote ………………………………………………………… 4 puntos.
“Ella, él” de maritlu …………………………………………………………………… 4 puntos.

9no. Premio:
“Marmol candente” de satini …………………………………………………….. 3 puntos.
“Frente al río” de godiva ………………………………………………………….... 3 puntos.

10mo. Premio:
“Tiempo” de godiva ……………………………………………………………………. 2 puntos.

11vo. Premio:
“Indesifrable” de yosoyasí …………………………………………………………… 1 punto.
“Mi vecino” de mialmaserena …………………………………………………….. 1 punto.
“¿Quieres una sopita?” de kupiga ………………………………………………. 1 punto.
“Recuerdo” de nonon …………………………………………………………………. 1 punto.

12vo. Premio:
“Al piso 24 en ascensor” de chilicote …………………………………………… sin puntos.
“Fin de semana” de glori ……………………………………………………………... sin puntos.
“Alma en granate” de lilaherthings ………………………………………………. sin puntos.
“Marmol candente” de satini ………………………………………………………. sin puntos.
“Lección de geografía” de satini ………………………………………………….. sin puntos.
“Rompiendo la rutina” de satini ………………………………………………….. sin puntos.
“Halasana” de brincalobitos ………………………………………………………… sin puntos.
“Encuentro” de martilu ……………………………………………………………….. sin puntos.
“Despedida” de satini ………………………………………………………………….. sin puntos.
“Clepsidra” de Rodrigourrejola ……………………………………………………. sin puntos.
“Tres” de martilu ………………………………………………………………………… sin puntos.
“Medida exitosa” de Patoguácalas ……………………………………………… sin puntos.

 
MarceloArrizabalaga,21.03.2018
Premios para el concurso de Relatos Eróticos, Febrero/Marzo del 2018:

1er Premio: para cafeína.
- “10 kg de café descafeinado”, junto con “La colección completa de la Revista SexHumor”.

2do premio: para cafeína.
- “La colección completa de la Revista Billiken para adultos”

3er. Premio: para mialmaserena
- El libro “Pecados capitales” ( Voluminosa edición-recopilación de todas las infracciones de tránsito cometidas en las más famosas capitales del mundo).
y para cafeína.
- El libro “El sexo es chancho” ( Manual de asistencia técnica a la reproducción porcina).

Premios generales para el resto de los participantes:
- Una bolsita de caramelos “Chucola”.



Muchísimas gracias por vuestra generosa participación.

Seguiremos intentando la creación de estos espacios, corrigiendo errores y sumando nuevas ideas.

Marcelo.

 
cafeina,21.03.2018

gracias Marcelo por motivarnos y por aguantarnos
gracias a todos los que votaron mis oníricas chanchadas, que pueden estar barnizadas de un pseudo intento de erotismo literario, pero no dejan de ser mis oníricas chanchadas

lamento los votos que faltan, tal vez con esos votos habría ganado también el cuarto puesto, que no entiendo por qué no lo gané (¡ironía, ironía!, es una broma...)

gracias
 
glori,21.03.2018
Felicitaciones a Cafeína, merecido ganador. Y muchas gracias a Marcelo por incentivarnos a escribir.
Un abrazo para todos.
 
iolanthe,21.03.2018
no se vale, cafeina es un abusón, enhorabuena, creo que no voté el cuento ganador, pero sí el segundo.

fue divertido participar.

Gracias Marcelo
 
cafeina,21.03.2018

a vos, yolantha, te dedico el Camino de Swann
vení, vamos a recrearlo, apurate que ya está por empezar la película...


 
iolanthe,21.03.2018
A ver, gracias pero tengo que hacer tres puntualizaciones:

1. No salgo nunca, nunca, nunca de mi casa sin bragas.

2. Las parafilias tipo exhibicionismo no están dentro de mi lista, me siento mayor ya para según que cosas, pero entiendo que como fantasía está bien.

3. Yo perderme una película en el cine aunque fuera un bodrio? por quién me tomas?

No obstante, gracias :P
 
cafeina,21.03.2018


tengo tres opciones:

1. insisto porque el rechazo me estimula y modifico la propuesta para tratar de lograr mi objetivo

2. me voy a meditar a un bosque de baobabs, para tratar de entender cómo es posible que rechaces una propuesta tan irresistiblemente chancha

3. saco tu nombre de la lista de mis novias, agrego a tu marido y me voy con él al cine a mirar alguna película bodrio y llorar juntos esta vida miserable que nos ha tocado

me gusta la 3


 
iolanthe,21.03.2018
ok, si te gusta la 3, por lo menos aunque tarde has descubierto que saliste del armario.

Sigue rebuscando en la opción 1 y ya me cuentas anda, que eres más llorica...
 
mialmaserena,21.03.2018
Lindo concurso. Felicitaciones para todos los participantes. Gracias por el premio, Marcelo; fue un placer participar.
 
Pato-Guacalas,21.03.2018
Como siempre fue un placer participar, me divertí de lo lindo. Mis felicitaciones a cafeina (por un pelito y 3 de 3); no cabe duda que sueña en 3D y en alta definición. Un abrazo a todos los participantes y mi agradecimiento a Marcelo por el esfuerzo hecho. Hasta la próxima.
 
chilicote,21.03.2018
FELICITACIONES al amigo Cafeina por sus cuentos eróticos. Y pa'l Marcelo también por su creación y el tiempo que nos dedica, Abrazos pa' tuitos.
 
yosoyasi,22.03.2018
FELICITO A LOS GANADORES
 
MarceloArrizabalaga,22.03.2018
Rectificación: "Marmol candente" de satini, con tres puntos.
 
Clorinda,22.03.2018
Felicitaciones a todos!!!
 
kupiga,22.03.2018
viene a felicitar a Cafeína ganador absoluto del concurso, a los amigos cuenteros participantes, no es un elogio gratuito decir que son insuficientes los puntos para repartirlos, celebro el esfuerzo que implicó el ejercicio.

Marcelo, muchas gracias, por tu tiempo y tu paciencia.

Respetuosamente le propongo a Marcelo que en los próximos concursos, el ganador, tenga como premio el derecho a proponer la temática de la siguiente edición, creo que enriquecería en cuanto a la variedad y temática de los ejercicios a exponer.

Un abrazo a todos hay muchos cuentos que amé, otros no tanto, pero ya iré dando opiniones, no es mirar la paja en el ojo ajeno, creo que es la forma de ir aprendiendo unos de otros.
 
MarceloArrizabalaga,22.03.2018
Interesante tu idea Kupiga. Tomamos nota.
 
cafeina,22.03.2018

gracias kupiga, chilicote, pato guácalas
fue divertido

el erotismo es un enigma, lo que para una persona puede ser erótico no tiene por qué serlo para otra
hay muchas situaciones universales que se pueden describir, pero se transforman en un lugares comunes

me gustó el desafío de Marcelo porque creo que nos obligó a todos a pensar cuál es el verdadero disparador del erotismo





 
Yvette27,23.03.2018
bcafeína super star , te felicito.almaserena felicidades-En general el tema fue abordado conelegancia pero en ciertos casos creo que se cruzó la raya de la pornografía. Sería interesante saber cuál es el límite entre lo erótico y lo pornografico. Creo que en la gran cantidad que ha quedado sin votos está la respuesta
 
deimos,23.03.2018
Marcelo, una pregunta de quién es el texto "mujeres, divinas mujeres", no lo indicaste y es un texto interesante que merece que se le comente al autor
 
satini,23.03.2018
Felicitaciones a los ganadores, y a todos los que participaron. Gracias Marcelo por incentivarnos a escribir
 
MarceloArrizabalaga,23.03.2018
Hola deimos. El cuento "Mujeres, divinas mujeres" es de pato-guacalas.

Gracias.
 
deimos,23.03.2018
Gracias Marcelo, es una historia interesante ya la vi en el home, voy a ponerle estrellitas
 
cafeina,24.03.2018

no estoy de acuerdo en que la línea entre erótico y pornográfico pueda ser inferido de los textos que no tienen votos
por poner un ejemplo, estos tres textos, que no tienen votos, no creo que sean pornográficos:


“Fin de semana” de glori ……………………………………………………………... sin puntos.
“Alma en granate” de lilaherthings ………………………………………………. sin puntos.
“Marmol candente” de satini ………………………………………………………. sin puntos.


también me pregunto qué ocurriría si el texto Distopía en vez de finalizar con esta línea: ¿dónde estás Adán, acaso te estás escondiendo de mí?
dijera: ¿dónde estás Rigoberto, acaso te estás escondiendo de mí?

no sabría definir qué hace a un relato pornográfico en vez de erótico, vuelve a ser una cuestión de cada quién, de sensibilidad, de moral -o moralismo incluso-




 
Yvette27,24.03.2018
cafeína estoy de acuerdo que es una cuestión de sensibilidad y también de buen gusto. Lo erótico debe decir sin decir aludir,estimular la imaginación. Lo pornográfico no deja lugar a la fantasía ndice todo pelo ´por pelo detalla con poco gusto. No entro en polémica cada uno con su sesibilidad y la mia se ve que está algo anquilosada y quiere que el erotismo sugiera sin decir.
 
BRINCALOBITOS,26.03.2018
Tal vez, la pornografía y el erotismo se diferencien a partir del punto de vista de quien la observa o la protagoniza. Recuerdo aquellas películas clasificadas "S" en las que las damas y los caballeros hacían exactamente lo mismo que en las películas "X", salvo que, en este caso, en el de la pornografía, se mostraban los genitales y se daba luz a lo que la comunión de los mismos permanecía oculto en el llamado erotismo.

El "carácter de lo que excita el amor sexual", definición segunda que de la palabra erotismo ofrece la RAE, se da a ojos vista o a velada contemplación. Luego, salvo que se hubieran dado instrucciones distintas a las que cabe atender presuponiendo que podría tratarse también de una "presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación"- definición primera de pornografía- algo no reñido con el erotismo, hacer distingos es proporcionar a los demás pareceres particulares.
 
cafeina,26.03.2018

yo creo que la pornografía comienza en el momento en que se apaga la cámara del erotismo
la pornografía es algo así como la continuación de la película que empezó en el erotismo, es una película destinada a quiera seguir viendo y esté interesado en los detalles

igualmente es un poco difícil distinguir la línea, hay erotismo explícito, que narra con pelos y señales, pero se detiene en un punto preciso que es muy difícil de explicar, si avanza se transforma en pornografía, si se detiene es erótico

el Márques de Sade maneja muy bien las dos líneas, al punto que por momentos es imposible definir qué es lo que está narrando, es pornografía? es erotismo? Sade también tiene algo que suele faltar en la pornografía: inteligencia, mucha

 
Stracciatella,26.03.2018
Lo defines como si la pornografía tuviera que ser la culminación del erotismo pero bien pudiera suceder a la inversa. Como dice brincalobitos la linea entre lo sensual y lo sexual, lo mundano y lo divino, la marcamos nosotros mismos.
 
antares-,26.03.2018
Ahh pero qué buen resultado.
Si quitamos a Cafeina de la votación, pues ¡entonces ha ganado Mialmaserena y yo he salido segundo!
Gracias a todos, gracias a Marceloarrizabalaga, a quienes votaron la terraza y a quienes no la votaron.

En este tema de pornografía o erotismo coincido con todo lo que dijo Cafeina, sin duda alguna.
Es más, él mismo ya había dicho previamente que la línea la marcamos nosotros, no es por alcahuetearlo por haber ganado, pero es que dijo exactamente lo mismo que Brincalobitos:

"no sabría definir qué hace a un relato pornográfico en vez de erótico, vuelve a ser una cuestión de cada quién, de sensibilidad, de moral -o moralismo incluso-"

No podría estar más de acuerdo.
Felicidades y gracias a todos.


 
kupiga,26.03.2018
lo interesante del ejercicio es lo complicado que resultó. no estoy de acuerdo en que la diferencia entre lo erótico y pornográfico es la sutileza, poniendo como ejemplo el relato por el que yo votè "distopia", lo que me gusto, fue la absoluta falta de sutileza, lo que hace que sea tan efectivo, está en la línea final que hace que en nuestra cabeza adquiera un sentido distinto, el descubrimiento de la sexualidad y la conciencia del cuerpo propio y ajeno y la referencia a la expulsión del jardìn del eden, como castigo al descubrimiento.

tambièn es verdad que cuentos sin votos, no son pornográficos, porque son muy sutiles. Es en efecto un terreno difícil, que a mi modo de ver no está en lo sutil o descriptivo, ni en lo que dice cafeina respecto a lo que sigue cuando apagas la luz del erotismo.

Mi teoría es que en literatura y en toda creaciòn humana, no imorta lo que se haya hecho, alguien va a venir y lo hará de otro modo, creo como Navokov que el truco està en la pericia del mitómano, al contarnos su historia
 



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