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Inicio / Lista de Foros / Literatura :: Talleres / 9° Round del “Club de la pelea” - [F:9:8149]


loretopaz,29.01.2007


Un cordial y sincero saludo a todos los cuenteros. Os invitamos a participar en este b9 Round del Club de la pelea”/b que hoy comienza.

Esperemos que sea un buen combate y que los golpes no brillen por su ausencia.

Ante todos os advertimos que las condiciones en referencia al último round han cambiado.

En primer lugar podrán votar todos los cuenteros no siendo necesario para votar haber participado en el Reto.

Los participantes enviarán sus textos por mensaje privado al LDV del siguiente nick : el_9_round

Vuestros trabajos se mostrarán en este foro omitiendo el nombre del autor. Sólo al final y después de las votaciones se revelará la identidad de los participantes en general y de los ganadores en particular.

Asimismo la votación será pública y se realizará durante los días estipulado mediante un comentario en el foro. Sólo se podrá votar un texto: “Voto por texto número...”, o “Otorgo mi voto al texto número...”.

Estas son las condiciones de este noveno round del “Club de la pelea”.

En cuanto a la modalidad de la lucha os comunicamos que se trata de una pelea sucia y que admite diferentes estilos, bajo el concepto: ALL INCLUDED (todo incluido).


Es decir, bse tendrá que combinar en un solo trabajo la prosa con la poesía/b. A continuación os lanzamos el primer gancho...



" Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914....” ( la extensión del texto en prosa no deberá sobrepasar las 500 palabras)....
Y si aún no hemos noqueado ahí va el siguiente gancho... Habrá que mezclar la prosa con la poesía; pero las condiciones de esta modalidad os las comunicarán seguidamente Cromaspace y Loreto.
En fin, ya suena el gong. Continuad vosotros la pelea y que gane el más bravo, o el más taimado...SUERTE.

Churruka



El género poesía, que estará comprendido en el trabajo, no podrá exceder las 150 palabras aproximadamente, y el tema será "Ni tan cerca del amor ni tan lejos del odio" .

En cuanto a la métrica y el estilo de versos quedan a criterio del participante. Podéis intercalar las estrofas dentro del texto en prosa como queráis.




Las fechas para participar son del b29.01/b hasta el b08.02.007/b

Las fechas para votar del b09.02/b al b14.02.2007/b.


Cromaspace y Loretopaz



 
loretopaz,29.01.2007


b b
Atención : Este foro es solo para subir los textos que concursan./b style

Los comentarios y consultas se atienden en el tema:

Literatura :: Talleres/GANCHOS Y CUADRILATERO LISTO? NOVENO ROUND CLUB DE LA PELEA: ALL INCLUDED


 
cromascape1963,01.02.2007
ESTIMADOS PARTICIPANTES:

Teniendo en cuenta que algunos textos excedían la cantidad de palabras que establecimos como tope, hemos decidido remover todos.

Volveremos a subir, en primer lugar, los que cumplen con las condiciones del reto, y esperaremos a tener nuevamente los que van a ser corregidos, para subirlos correctamente, velando por la igualdad de condiciones del desafío.

Espero sepan disculparnos. Muchas Gracias.

Churruka - Loretopaz - Cromascape1963
 
el_9_round,01.02.2007
1) Blanca era la Luna

Ahí empezó todo y nadie lo recuerda. Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914, tras las montañas, se avecinaba la Gran Guerra. Mi padre y su hermano fueron los primeros en desaparecer bajo los obuses, mientras el gas mostaza hacía estragos en la tropa.

Veintidós años después, moriría mi hijo en las trincheras de El Ebro, una noche en que los nazis bombardeaban la ciudad.

Ni tan cerca del amor;
mi madre ya me lo decía:
Mi’jo no vayas al monte
que no es buena compañía
quien mata a su semejante
tras galope de tambor”.

Madre nunca lo entendió, pero supo la verdad. Sabía lo que yo nunca quise entender. Me borraron mi ascendencia y cegaron mi descendencia.

Ni tan lejos del odio.
un domingo, lluvioso,
cuando el sol se ocultaba
durante el anochecer
bajo un espectáculo soberbio,
encontré mi cadáver entre cuerpos chamuscados y enlodados.
Mi sangre estaba seca.
Las aves carroñeras elegían su alimento
entre indiferentes y violentas.

Las banderas quedaron enhiestas, ondearon azotadas por el viento. Había triunfado la risa de los canallas. El mundo se iba pareciendo a una mierda. El leopardo buscaba su muerte en la nieve del Kilimanjaro. Ni tan cerca del amor ni tan lejos del odio los enemigos desfilaron en Madrid.

Setenta y un años después vería la misma historia, la misma guerra y los mismos cadáveres; entre ellos, el mío. Mi hijo, mi padre y su hermano, volverían a caer en el mismo bando. Y Madre, llora la misma pérdida. Este es un mundo de mierda donde blanca era la luna.
 
el_9_round,01.02.2007
2) Ocurrió en San Telmo

En el borde sutil de tus pestañas,
dónde la mirada asoma incandescente
me atrapas y cuelgo indefensamente
balanceándome al antojo de tus lágrimas.

· Niña, corra que ya viene el cortejo – La voz quejumbrosa de la gorda sirvienta atravesó los largos pasillos que bordeaban el verde patio de la casona de San Telmo.

La puerta de una de las habitaciones se abrió rápidamente dando paso a una joven envuelta en sedas con un velo de novia ocultando el rostro y un ramo de rosas sangrantes entre las níveas manos.

Su figura alta y elegante se deslizó erguida y veloz por la galería, atrás corría una modista afanosa, tratando de dar un toque final a la larga cola del majestuoso traje.

Del ángulo más dulce de tu boca
robo el néctar precioso de una lágrima
te reconozco entre todas, la elegida
la virgen pura que mi corazón ansía.

Ahora soy sombra entre las sombras,
pegado voy a tu figura,
y en cada cosa que te nombra,
nace y muere un mundo de ternuras.

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 la locura nos jugó una mala pasada, trayendo la muerte galopando el potro de los celos. Amor que engendra odio, odio que trae muerte. Amor enfermo.

Ni tan cerca del amor ni tan lejos del odio,
el color de tu piel entre mis manos se vuelve nácar
y el rojo carmesí de tus labios entre mis labios,
clama venganza.

· Niña, niña, que no se vista de novia para despedirlos, que todo ha sido fatalidad – La gorda nana lloraba tras su pálida ama que gemía transida de dolor abrazada al primer ataúd que depositaron a sus pies. El de su novio, el hombre con el que iba a casarse ese mismo día. El cortejo silencioso depositó en el suelo, al costado del féretro de su amor, dos más, el de su padre y el de su hermano. Todos habían muertos por defender su honor.

Los hombres enmudecidos por la impresión, sólo atinaron a sacar sus sombreros. Uno a uno los féretros fueron destapados, sobre cada uno de los cadáveres la joven levantando su velo depositó un tierno beso y sobre los labios de su amante muerto, depositó entre lágrimas el más dulce y eterno de sus besos, hasta caer muerta de dolor.

Cuentan que la joven murió en el beso,
Yo les aseguro que eso es verdad
Porque el mío fue el cuarto entierro
Y desde entonces vago pidiendo
Que aquellos quienes nos sentenciaron
Paguen con sangre tanta maldad.

La historia cuenta también que al dar las doce de la noche del fatídico día, un hombre desesperado, se arrojó al vacío desde la torre de la iglesia del viejo Barrio. Nadie acudió a su entierro, ni sus propios cómplices, quienes fueron muriendo misteriosamente acosados por el fantasma de sus crímenes.
 
el_9_round,01.02.2007
Torbellino de Negrura

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 el futuro de la humanidad se decidió entre copas de café y pasteles, en un pequeño restauran de Zurich.

Tres hombres conversaban sin que nadie alrededor fuera capaz de entender una palabra, a pesar de hablar su mismo idioma. Un despeinado y bigotudo profesor del Instituto Politécnico de Zurich hacía la mímica de montarse sobre un haz de luz sobre una silla, colocaba a uno de sus colegas al frente en otra silla, y le preguntaba al tercero - ¿cuál es la velocidad combinada del choque de ambos haces de luz? Es la ampliación natural de mi Teoría Especial, estoy ya a un par de años de publicarla y la llamaré “La Teoría General de la Relatividad”, creo que entienden el por qué, ¿no es así?

Ambos profesores se miraron sorprendidos tratando de seguir el ritmo de su bigotudo colega, al menos esa es la versión que mi padre alcanzó a contarme antes de morir. Quiso el destino que tiempo después que el profesor inventor de la teoría se mudara a Praga, sus dos colegas continuaran trabajando en el tema, pero por un camino diferente. En un principio el trabajo de estos amigos fue en absoluto secreto, pero no para esconder algún resultado, fue sólo porque ellos creían que llegarían a un punto muerto, a alguna paradoja sin solución, y eso fue justamente lo que sucedió.

Ocurrió con el paso de varios años, que cierto militar con aires de conquista mundial tomó el poder en Alemania, y uno de los investigadores, el amigo de mi bisabuelo, se sintió fuertemente atraído hacia esta nueva forma de poder - Es el futuro, sólo así la raza humana podrá evolucionar hacia un nivel superior - decía el investigador, mientras mi bisabuelo se alejaba de él.

Fue gracias a una casualidad que mi bisabuelo logró resolver la paradoja. Tomó un camino alternativo en el que ésta ni siquiera aparecía. Luego de una publicación que realizó en una revista científica, su ex amigo dedujo que había logrado dar con la solución, y que ahora podría crearse el aparato de destrucción más potente que el hombre pudiese imaginar. Con sólo presionar un botón, un agujero negro nacería, tragándose al planeta completo en menos de un segundo. Un gran secreto que sería protegido por un sabio científico y su descendencia, y que sería ambiciosamente codiciado por los brazos del poder.

Tres generaciones de científicos asesinados, al principio por nazis, luego por comunistas, luego por imperialistas, mientras un mensaje, una estúpida fórmula física se pasaba de padre a hijo- ¿Quién será mi verdugo? - ¿Y el de mi hijo? ¿Qué tal si presiono el botón y me evito la espera, y se la evito a mi hijo y al suyo? Mi mente divaga, ahora que tengo el poder, ahora que construí el arma, ahora que la raza humana está a un segundo de su fin. ¿Se merece este mundo otra oportunidad?

Desde el centro de un planeta ardiente
nace un ser inteligente.
En la corteza de su cerebro entramado
se dibuja triste un mundo engañado.

¿Te amo Hombre lo suficiente para salvarte?
Eres un ser vil, destructor de lo bello.
¿Te odio Hombre tanto como para matarte?
Eres un ser hermoso, creador del arte,
ese arte que es vida, que impulsa a ser,
ese arte que se quedó sólo en un destello,
y que transformado en poder,
sólo invita a odiarte.

Desde un mundo casi destruido,
te invito a pasar al olvido.
En aquel lugar donde todo acaba,
serás parte de la infinita nada.

Torbellino de negrura,
invade nuestra razón.
Invítame, estúpida locura,
y juntos presionemos el botón.
 
el_9_round,01.02.2007
El redactor

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 decidí despedirme de todo.

Dicen que las noticias informan sobre la realidad, y la verdad es que la cambian. No es una metáfora. Lo descubrí después de que durante varios días un grupo de tres muchachotes estuvo molestando a mi novia.

Me enteré del caso después de una conversación plagada de llantos femeninos y olvido de pudores. Con la sangre hirviendo pero la cabeza fría, para tranquilizarla le ofrecí acompañarme al trabajo en la redacción del diario. Como un juego macabro, fui al taller, me senté en la linotipo y escribí las necrológicas de cada uno de ellos.

- ¿Has visto? -le dije- ¡Ya están muertos! No te molestarán más.

Esa misma noche fuimos a un hotel y tuvimos el sexo más desenfrenado que haya conocido en la vida. Al día siguiente salí a buscar a los fulanos. Habían muerto de manera inexplicable. Todos y cada uno de ellos.

Me sentí extraño. Había una especie de saciedad de venganza mezclada con la angustia que genera la extrañeza de algo inexplicable.

Fui a trabajar como habitualmente. El director del diario estaba atendiendo a la Guardia Civil, y fue hacia la sección de sociales en compañía de un uniformado. Le oí preguntar por quién había enviado esos anuncios fúnebres y no supieron contestarle. Lo mismo ocurrió cuando consultó al linotipista. Mantuve silencio y nadie me preguntó nada.

Sólo podía pensar en ella, en que ahora estaría tranquila.

A la salida del trabajo fui a verla a su casa. Me recibió en la puerta, alterada.

- ¿Adónde estuviste anoche? -preguntó conteniendo el llanto.

- Con vos... ¿no te acuerdas?

Me lo negó. La golpee. El cachetazo retumbó en la habitación. Absorto ante mi reacción, me miré la mano, desconociéndola, y vi una cicatriz que no reconocí. Un rasguño, grande y profundo que llegaba hasta el antebrazo y se confundía con otras marcas... y recordé todo. El lloriqueo alertó a sus padres y me fui cuando estaban por abrir la puerta.

Entré en mi casa y tomé cuanta cosa pudiera empeñar y de esa forma junté algún dinero. Invité a un pordiosero a comer a casa, lo vestí con mi ropa y lo maté a sangre fría golpeándole la cabeza con un bate de softbol hasta que los brazos se me acalambraron y sólo quedaba una masa de carne sobre sus hombros. Le puse el anillo de compromiso y volví al diario.

Me senté en la linotipo. Escribí mi propio obituario. Agregué un epitafio literario:

Deseo que en paz descanse
aquel que no tiene paz
y que el destino falaz,
ni tan cerca del amor
ni tan lejos del rencor,
lo mantenga en este trance.

Asistí de lejos a mi propio entierro. Ella no fue. Por suerte, la guerra en Europa había empezado y los Pirineos estaban cerca. La Legión Extranjera no preguntaría.

La guerra fue larga, y con cada vida que quité, gocé.
 
el_9_round,01.02.2007
HISTORIA DE UN ALMA EN PENA.

Está historia comenzó con tres entierros y acabó con el mío en el verano de 1914. El primer entierro fue de mi abuelo Jacinto, en febrero de 1910, allí la conocí. Sus padres y mi abuelo eran muy amigos. Mariana- que así se llamaba, la que robaría mi corazón- era toda dulzura y belleza.
En mi arrobamiento, solo sabía pensar en ella y escribir versos.
Pero en junio de ese mismo año, sucedió una desgracia en la vida de Mariana. En un incendio de los talleres de Villa del Petiro, mueren sus padres.
El dolor de mi amada no tenía consuelo, mis palabras y mi amor parecían no importarle.
Intenté mediante versos, despertar el amor que llevaba dormido en su corazçon de niña mujer.
Una tarde que parecía estar de buen ánimo, me acerque a su ventena y comencé a recitar:

Ni tan cerca del amor
ni tan lejos del odio
Ni tan cerca del olvido
Ni tan lejos de ti.
Así vivo yo, cuando no me miras.
Te alejas de mis brazos,
te alejas de mi amor.
No se, lo que te pasa.
Mi corazón no entiende, que desprecies la vida,
que regalo a tus pies.
Te siento tan lejana,
y ya casi... Perdida,
cuando mis versos rechazas sin leer.
¿Qué soy en tú vida?
¿Un deseo perdido?
¿Un amor olvidado?
¿Un sueño que murió?
Mejor que me lo digas,
que seas más sincera,
para poder saber ¿Quién soy y adonde voy?
Tú silencio me mata, tus ojos se me niegan, ¿Estoy cerca de tú odio o cerca de tú amor?
En está primavera
las flores perfumadas,
despertarán tú sangre,
desatarán tú amor,
Y yo estaré esperando, con versos de esperanza,
con versos que te digan,
lo grande de este amor.

Esos versos despertaron su corazón del letargo, en que el dolor la había sumido.
Aceptó ser mi esposa, nos casamos y fuimos a vivir a la casa de sus padres. La remodelamos, pintamos y pusimos muebles nuevos, es decir que del viejo hogar, no quedo más que las paredes.
Todo parecía marchar sobre rieles, cuando una tarde la encontré hablando sola, le pregunté:
-Con quién hablas. Y me respondió:
-Con mi madre, que llegó de su viaje. Quede sorprendido y quise aclararle que su madre había muerto, pero no quiso entrar en razón.
Deje pasar el tema, pero unos días después, se volvió a repetir.
La lleve al médico y lo único que conseguí, fue que la tranquilizaran con remedios de dudosa procedencia. Yo no quería una esposa dopada, quería una esposa sana.
Los médicos no hallaban solución a su enfermedad, cada día su desvarío era mayor.
Servía la comida y colocaba cuatro platos, si le preguntaba el motivo,se enojaba y en sus momentos de furia me tiraba con lo que tenía.
Otro día en un arranque , tomo un cuchillo y se cortó las venas, le envolví las muñecas rápidamente, un vecino me ayudo a llevarla al hospital. Salvamos su vida por milagro.
Hasta que un día su doctor me dijo:
-Su esposa no está bien, hay que internarla.
En esos años -1913- la atención a los enfermos mentales era deficiente, pero dentro de mis posibilidades, conseguí un buen lugar para su internación.
Estuvo casi un año internada, al salir era otra persona, más calma, era la dulce Mariela que yo conocí.
Duro poco mi alegría, una tarde en un arranque de furia,-porque se le había roto una porcelana- tomó una cuchilla y comenzó a dar cuchilladas a todo lo que caía a su paso. Trate de calmarla y el resultado fue que me clavó la cuchilla en el pecho, varias veces, con una fuerza incontenible, que no pude frenar.
Era el 6 DE febrero de 1914, hoy solo soy un alma en pena que deambula por el mundo de las sombras...Contando su historia de amor.
 
el_9_round,01.02.2007
DESTINO DE GUERRA


Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 en las afueras de Paris, dejando atrás los juegos de nuestra tranquila niñez, nos encontramos con que nos llamaban a las armas.

Ni tan cerca del amor ni tan lejos del odio
Almas inquietas no quieren la guerra.
Temprano para morir

Mi padre tenía un molino, el pan no faltaba, mis hermanas cosían para las vecinas, mi madre con sus siete hijos trajinaba todo el día entre el fregadero y la cocina, yo era el mayor y recibí el llamado al frente.

Ni tan pocos para comer ni tantos para trabajar.
Destino cruel el mío en lo mejor de mis años
El amor cercano dejar.


Esa tarde nos reunimos y lloramos, no podíamos comprender cómo nos podía suceder algo así. Decidimos que era injusto. Esa misma noche nos preparamos una bolsa con algunas ropas, pan y algunos enceres útiles para sobrevivir en el bosque.
A la madrugada, nos encaminamos los cinco hacia el bosque tantas veces recorrido durante los dulces años.

Ni tan pequeño para pelear ni tan adulto para escapar.
Impulsados por la ira, amarrados a las ilusiones.
Dejar al corazón buscar.

En lo más intrincado de la zona, con nuestras pertenencias y utilizando todo nuestro ingenio armamos una tienda en la cual podríamos refugiarnos por las noches. Durante el día nos dedicaríamos a buscar alimentos.

Ni mucho para elegir ni poco para hacer.
Capaces de transformar la dura realidad.
Ser capaces de ver.

Todo estuvo bajo control por un tiempo, llegó la primera tormenta; nuestro campamento se destruyó bajo el recio aguacero y el viento huracanado. Nos dejó mojados y sin alimentos rápidamente. Jean se las ingenió para hacernos reír esa noche, aunque Gerard empezó a toser y no paró más hasta quedar extenuado y sin fuerzas para respirar, después de unos días, en una improvisada camilla de ramas, Grégoire y Jean llevaron al afiebrado desertor hacia una habitación cómoda en su casa.

Ni tan claro como el día ni tan oscuro todavía.
Los ánimos confusos de lo nuevo que acontece.
Las mentes se unían.

Al llegar, los alemanes estaban a unos pocos kilómetros del lugar, mientras tanto tropas británicas se asentaban en cualquier parte, aquí y allí, el pueblo entero ayudando para lo que creían una causa justa.

Ni tan afortunados ni tan glamorosos.
Los anhelos en busca de un mal menor.
Pensamiento miedoso.

Nosotros, Claude y yo, solos, sin noticias y sin provisiones. Los días pasaban cruelmente lentos; en una crisis de inestabilidad emocional decidimos retornar.
Nos encontramos con un cuadro devastador, el fragor de la batalla se veía en los frentes destartalados, a hurtadillas llegamos a la casa de Gerard, en donde nos alojaron y nos dijeron que nuestro amigo había fallecido de neumonía y los otros dos habían sido azotados por fanáticos patriotas hasta morir.

Ni tan penoso el recuerdo ni tan ansiado el olvido.
Pagados están los errores de juventud.
Deja ya lo sufrido.

La guerra llegó a su fin dejándonos en la miseria, desabastecidos, ruines, haraposos y cargando la frustración de no haber querido ser parte de la historia. Gerard se fue a París, ni me saludó al partir, no por enojo, sino por vergüenza de sí mismo, aplastado por el odio de nuestro pueblo.

Ni tan suave el sueño ni tan tensa la vigilia.
Partido a tierras lejanas en busca de identidad.
Deja morir la desidia.

A los meses, estando en el campo, arando la tierra, en esos días todos trabajábamos de sol a sol para sembrar y cosechar avizorando nuevos porvenires, clavé la azada con energía en la tierra reseca. Un estallido reventó mis tímpanos, y no sé cómo, pero me vi saltar por los aires en una mezcla de vísceras, huesos y sangre; percibí el silencio infinito de la muerte. La muerte en tiempos de paz, causa de la guerra que no quisimos luchar.

Ni tan triste el infierno ni tan calmo el cielo.
Fortalecido por la impiedad del padecer.
Deja la mirada el velo.
 
el_9_round,01.02.2007
FUIMOS

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914, solo es un dato anecdótico porque pertenecimos a un grupo de personas que éramos considerados muertos en vida: padecíamos de lepra.

Me ordené de sacerdote allá por el año 1986 y mi vida estuvo dedicada no sólo al servicio de Dios sino al servicio de su creación “el hombre”. Era lo que para la época “el cura de pueblo”, con ideales nobles y mi intención dedicarme a las clases humildes y desamparadas es así que terminé en un leprosario asistiendo a esos seres olvidados hasta de la mano de Dios, quizás ahí fue cuando tuve mi primer disenso con la iglesia y descreí del dogma.

Comencé a trabajar desde las mutilaciones del alma para poder sanar deformidades del cuerpo y comprendí que si no se encontraba una cura para tan terrible enfermedad, no era necesario orar para la salvación del alma.

Presencié, asistí, conviví y padecí con La Lepra y terminé mis día sepultando a las tres últimas personas que opusieron su voluntad contra el legado de la enfermedad.
María Rosa, contaba con veintiun años y fue la primera en morir, recuerdo sus últimas palabras en un suspiro de despedida:

Al fin mi Dios se apiada
De esta pobre alma en pena
No sufras por mi partida
Y reza por nuestra vuelta.

Zenón, cuarenta y ocho años le siguió con dos días de diferencia.
Alberto: treinta años murió una semana después.
Y yo fui el último en partir, terminando mis días por inanición, ciego, solo, olvidado de la mano de Dios.

Hoy tengo sesenta y nueve años y mi fiel compañera Ana sesenta y siete llevamos cincuenta años de casados, no sabemos porqué ni como surgió la primera vez el compartir estas emociones, pero ambos nos reconocimos en aquellos que en un tiempo de la historia compartieron un dolor, una miseria, un destino.

Cuando ví tus ojos grises
Allá en el primer encuentro
Te reconocí en el tiempo
Mi dulce amor prisionero.

Prisionero de mi alma
Que aguardaba tu llegada
Para compartir contigo
La oportunidad esperada.
 
el_9_round,01.02.2007
Amigo de una noche.

'Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 me fusilaron por no aceptar partir al frente. Todo el país estaba orgulloso de los jóvenes soldados que se iban a luchar en nombre de la Patria.', me dijo mirándome con intensidad, como para ver si yo no pensaba que era sólo un relato más, nacido de los vapores del alcohol.

En ese café del puerto de Amsterdam, lleno de gente y humo, sus palabras me parecieron perfectamente cuerdas, y lo miré invitándolo a proseguir.

'Fui el primer muerto de esa guerra maldita, de todos modos es mejor ser el primero que el último', dijo, y se quedó pensativo. Tomó el resto de alcohol que quedaba en su vaso de un trago seco y continuó mirándome a los ojos. Me contó que había nacido en un pueblo de Bohemia, que en ese entonces pertenecía al Imperio Austrohúngaro, los acontecimientos que en su pueblo precedieron el comienzo de la guerra presagiaron los años de sufrimiento y dolor que iban a abatirse sobre toda Europa. .

Los jóvenes que tocaban música toda la noche desde hacía un mes hicieron una pausa de descanso, y fueron reemplazados por la voz grave y aterciopelada de una mulata acompañada por un acordeonista tuerto. Pedí que nos trajeran otra botella, y seguí escuchando a mi interlocutor, ahora su mirada parecía perderse en el pasado.

'Sí, esas tres muertes en menos de una semana, primero el pastor de nuestra iglesia, dos días después el único médico en leguas a la redonda, y al día siguiente nuestro alcalde, que además era mi padre, nos sumieron en una profunda melancolía'. Se sirvió otro vaso y se quedó silencioso mirándolo fijamente. El momento coincidió con el fin de una canción y el comienzo de otra, algo en el canto de la mulata me sobrecogió, me sentí como suspendido en el tiempo y el espacio, y entonces me dí cuenta de que estaba cantando en castellano, en esa lengua de mi infancia y que ya casi había olvidado después de tantos años de viajar por todos los mares. Era una canción muy suave y desconocida para mí, y que me llegaba directo al corazón...


Lo que siento por tííííííí
vida míííííííaaaaaaaaaaa
es profundo y sincero.

Al cruzar nuestros ojos
recordamos
nuestras almas gemelas.

Desde mi corazón,
desde la eternidad,
musito para tí :

que el odio y el amor
se conjugan con fulgor
en un eterno Amor.


Los modestos aplausos me trajeron de un golpe a la realidad, miré a mi amigo de una noche y mi mirada fue también como un golpe que lo hizo volver a su narración.

'Fueron tres muertes extrañas, porque con el calor que hizo ese verano no hubo tiempo de hacer venir otro pastor y tuvimos que enterrarlos sin bendecirlos. Las mujeres lloraban a gritos diciendo que la desgracia se abatiría sobre todos nosotros, y los hombres callaban como avergonzados. Creo que finalmente tuve suerte de no haber vivido lo que siguió'

El estruendo de la música de los jóvenes que volvían con nuevos ímpetus rompió la magia, y poco a poco lo ví desvanecerse, hasta desaparecer confundido con el humo de la pieza.
 
el_9_round,01.02.2007
Amanecer

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914....

Desperté una mañana con esa frase en mi cabeza, mi semblante semejaba a un fantasma por lo espectral de mi palidez.

- Buenos día mamá, Te sentís bien?
- Si Marcos, es sólo que tuve una noche de pesadillas, otra noche de pesadillas.
- Acordáte que tenés turno con el psicólogo, hoy a las diecisiete horas.
- Si – contesté distraída no podía olvidar esa frase.
- Me voy porque llego tarde al trabajo. Seguro estás bien?
- Andá tranquilo, estoy bien – me dió un beso en la frente y salió.

Quedé un rato con la mirada perdida, como buscando respuestas y entré en un estado de ensoñación.
De pronto todo a mi alrededor fue cambiando, giraba, daba vueltas y sentí que me trasladaba en el tiempo diciendo para mis adentros esto ya lo viví...otra vez no!!!

Mi cocina convertida en un establo, ahí me encontraba con mis tres mejores amigas escondida en una montaña de paja. No podíamos respirar, el pánico se iba apoderando de nosotros.
Escuchábamos cada movimiento generado afuera y de pronto pasos, dirigidos hacia donde estábamos ocultas...muchos pasos seguros, arrogantes, inquietantes.

En medio de tanta confusión una voz que sonaba afable a nuestros oídos comienza a recitar un poema en lengua conocida:

Amores, amores míos
No temais a mi locura,
No osaría maltratar
Ni dañar tanta hermosura.

Nos apretamos fuertemente las manos y en nuestra inocencia decidimos salir del escondite.
Con el miedo reflejado en los ojos quedamos al descubierto de una decena de soldados que nos observaban como si fuésemos ganado.

Antonieta y Marianela se destacaban por su belleza y su cuerpo bien formado a pesar de los quince años con los que contaban y por lo tanto fueron las primeras en padecer los abusos de estos miserables.

Comenzaron con el desgarro de sus ropas ante la mirada atónita de Mercedes y yo. Nos obligaron a presenciar a los vejámenes y violaciones reiteradas a que las sometieron. Luego de satisfacer sus más bajos instintos las dejaron agonizar hasta la muerte.
A nosotras nos tenían maniatadas, sujetas del cabello y pateando nuestras espaldas cada vez que cerrábamos los ojos.

La impotencia, el dolor, el terror hizo que Mercedes sufriera un infarto.
Yo, sinceramente no se como aguanté, la última imagen grabada en mi retina es el rostro de un soldado, arañado como por las garras de una pantera, sangrando y con los ojos llenos de odio e ira sujetando una balloneta con sus dos manos y atravesando mi pecho.

No estoy segura si ahí fue que llamé a Grachu por teléfono, de pronto desperté como de un trance en una sala de terapia intensiva tres días después de haber tenido ese sueño...esa vivencia...ese recuerdo....

- Vieja volviste, te quiero, cuanto te quiero
Amanecía, y con ese amanecer y el amor reflejado en los ojos de mi hijo volví a una nueva vida.
 
el_9_round,01.02.2007
Lapsus linguae


-“Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914...”
-No me cuentes historias viejas, quiero futuro.
-Pero Mane, es el cuento que enviaré a la editorial el martes próximo, lo leyó Suárez y le ha parecido…
-Bah, leseras. Me la pasé el día lavando la alfombra, guardando trastos y ordenando cajones, escondiendo tus porquerías de papeles. Déjame planchar tranquila y come.
La descubrió cansada, demasiado cansada. Algo entre ellos se rompió hace tanto. No recuerda cuándo fue que tiraron con ganas por última vez. Esta mujer que conoce de memoria hoy huele a cloro y distancia. Decidió dejarla hablar, permitir sus quejas de rutina asfixiante. Simplemente asentir. Era fácil. Mirarla a los ojos y asentir. No importaba lo que respondiera, él sería inculpado de todos modos. Sintió vértigo y asco. Hija de puta. Como no tiene idea de lo que es pasarse los días y las semanas interminables escribiendo crónicas para un pasquín de cuarta. Crónicas de lugar común, sentimiento pueril y asco, escritas para gente tan leve y vulgar como ella.
-Si al menos escribieras tus historias para mí. No soy estúpida, sabes. Crees que no sé que tus cuentos y poesías las escribes después de pajearte mirando a esas minas en pelotas en la internet. Asqueroso. Poco hombre, no te da el cuero para calentarte con la realidad. Yo soy tu realidad, la que tú has construido, mierda. Tanta palabra bonita. Tanta promesa. Ni periodista ni escritor. Un empleado mediocre que no tiene un cinco ni para hacer cantar a un ciego y no puede seducir a su propia mujer… ¿Me estás oyendo, Emilio?
Sí. Tal vez esta vez sí ganaría el concurso y le publicarían su historia en L’Espoir. Agradeció el hambre en su estómago. Le dolían los sueños tanto como la realidad.

-“Ni tan cerca del amor
Ni tan lejos del odio
Tiene tu voz el color
De los cedros en otoño”

No se dio cuenta. Ni siquiera notó que fue él quien los dijo. El dolor punzante le atravesó la espalda.
-¡Qué te pasa! Estás loca, Mane, qué mierda te pasa, por la chucha. No puedo levantarme, por Dios, no puedo moverme.
-Qué te has creído, maldito hijo de perra. A mí no me vas a joder otra vez. Qué quieres decir con esos versos. Siempre haces lo mismo. Me hablas en raro para que no entienda. Qué mierda quieres decir. No dejaré que otra vez me hagas sentir que soy una estúpida, maricón.
- Nada. No sé. No puedo moverme, por favor...
- Ándate a la mierda, púdrete ahí en el suelo.
-Mane…
La voz de su mujer, el piso, las paredes, todo volviéndose amarillo gaseoso. Escuchó como viniendo de lejos gritos, las carreras y esos versos llegando a destiempo a su conciencia. No podía respirar. Supo que moriría. Tal vez era posible asistir agradecido al propio funeral.
 
el_9_round,02.02.2007
EL TREN SIN REGRESO

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 en Sarajevo, las tropas Autra-Hungaras se lanzan a la conquista de la ciudad.
Era cerca del mediodía después de unas horas, se deciden las tropas enemigas a bajar a Sarajevo. Comenzó el bombardeo a Serbia con la artillería pesada. Los proyectiles median más de dos metros y cada uno pesaba una tonelada. La explosión demolía manzanas completas de edificios. Tras ese terrible cañoneo que duró toda la tarde, mueren mis tres amigos de infancia con los que me había criado en Polonia. Fue ahí, cuando salí por uno de los cuerpos, una granada de mano explota cerca de mi. No se si fue un sueño, una visión u otra cosa. Pero esa tarde, después de la explosión, todo fue muy vívido. Vi un hombre vestido esmeradamente de gris. Yo lo conocía; era estudiante que vivía en Varsovia e iba cada semana a Serbia donde vivía su familia. Acababa de llegar de Varsovia y había telefoneado a su madre que tomaría el tren de costumbre para volver a casa.
Yo tenía un conocimiento misterioso de todos los hechos. En el sueño o visión, vi que llegaba atrasado a la estación. Ya era tarde y el estudiante atravesando presurosamente saltó a uno que se empezaba a moverse.
Cuando el encargado del tren vino a recoger los billetes, miró con sorpresa el del estudiante y le dijo: Joven, usted se ha equivocado. Este no es su tren.
¡ No puede ser ! exclamó el estudiante. ¿ Y adónde va este tren ? El empleado del tren no respondió.
El estudiante pensó con desmayo y alarma en su familia que aguardaban ansiosamente en la estación su llegada y no podía hacer nada por evitarlo.
El viajero vecino, que había oído la conversación, volvió la cara hacia el estudiante y le dijo:
Siento que usted esté en una situación tan molesta.: Yo sé lo que es eso, porque a mí me sucedió lo mismo. Ya se le pasará.
El estudiante puso la cabeza en la ventana y se durmió. Luego de varias horas de sueño, se despertaba con el cántico de muchos soldados polacos. El tren se detuvo por unos instantes y rompió a cantar el himno nacional. Vi que el tren estaba detenido en un campo santo, había mucha gente llorando a sus muertos. De pronto vi a mi familia que estaba reunida con los vecinos y familiares de mis tres amigos. Todos lloraban ante las tumbas, de Boris, Yaco y Leonidas. Pero lo más extraño de todo es, que mi padre estaba arrodillado en otra tumba y se rasgaba su ropa (tradición judía, cuando muere un hijo). Entremedio de las tres cruces había una estrella de David y en ella mi nombre.

Ni tan cerca del amor
Ni tan lejos del odio
Quedan las almas
Que no entendieron
Su corta vida

Las horas van pasando
Intentan detenerlas
Pero el tiempo está marcado
Y corre a su final
Guerra necia guerra

Ya todos los abismos
Se han abiertos más y más
El que ama ya a entregado
Pero el amor...
Se pisoteó
 
el_9_round,02.02.2007
Las historias del llanero

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914, allá en mi rancho del llano, llegó un vaquero de la hacienda Villanueva montando su caballo.

-¿Qué quiere, que por aquí no es paso real? -le dije con mi carabina en la mano.

-No se altere vecino que vengó en paz y baje esa escopeta -contestó-, le traigo un recado de la hacienda Villanueva.

Desmontó de su caballo y se dirigió a mi:

-Vecino... -me dijo- mataron al patroncito don Ernesto y a su hijo Francisco y al Rolando. Pues lo que pasa es que el hijo mayor, Don Rodrigo, el nuevo patrón me mandó a decirle que quiere que usted cante unas coplas de esas que usted sabe hacer en el funeral en honor de su señor padre.

Yo que conocía bien a esa gente, y que sabía las consecuencias de decirles que no, tuve que decir que si.

El funeral fue uno de los más pomposos jamás vistos en el llano, y fueron muchos cantantes y se quemó pólvora, y se repartió mucho licor entre toda la gente que asistía el cortejo fúnebre. Ya en el cementerio del pueblo, y cuando bajaban los féretros a sus fosas, fue el turno de mis versos. Temple el arpa, carraspeé la garganta para entonar bien la voz y esto fue lo que pasó:


Me han traído a decir mis versos,
Y unos llaneros perversos
Me quieren hacer cantar.
La verdad es que yo desisto
Y si por la verdad murió Cristo,
Hoy aquí me han de matar.

La verdad es que este señor
Que quieren por un favor,
Por una miga de pan.
Ni tan cerca de amor anduvo,
Ni tan lejos del odio estuvo,
Y solo fue un pobre holgazán.


Si fue muy acaudalado,
Pero robando ganado,
Gallinas, cerdos y más.
Fue un bandolero con suerte,
Pero le llegó la muerte
Y se lo encargó a Satanás.

Sepan ustedes chupones
Que les faltan pantalones,
Los que a mi me han de sobrar.
No como de delincuentes
Y alto levanto la frente
Al llano, al cielo y al mar....

Hasta ahí llegaron mis versos porque el disparo de una escopeta me hizo caer en el hoyo que habían preparado para el difunto Ernesto Franco.

¿Qué si morí? Pues claro que no catire pendejo, o si no como le iba a estar contando. Tómese el otro y yo le cuento el fin.

Lo que pasó es que en la confusión todos creyeron que yo estaba muerto. Y en medio de la pelea que se armó, pues se hizo de noche. Imagínese que hasta se olvidaron de los muertos y en eso mi compadre Fidel se asomó al hoyo, y me escuchó ahí quejándome, y me ayudo a salir.

Y aquí me tiene amigo, me tuve que venir a vivir para acá, para Caracas porque por allá ni loco vuelvo.
 
el_9_round,02.02.2007
Mística del amor animal


"Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 …” Dejé de leer, y arrojé el ejemplar de Selecciones sobre la mesa, mientras enfilaba para la salida, pensando en mi encuentro con Nicole.

Afuera, el aire frío del otoño golpeó mi cara.
Nicole estaba esperándome a unos pasos de la puerta del hotel. Se había enfundado en su echarpe de lana gris y, bajando un poquito el borde del chal, asomó esa boca de fruta de estación para besarme. Oprimí entonces esos labios con los míos, casi con desesperación. Deseaba recorrer el interior de ese panal con mi lengua; diente por diente, lengua con lengua, saliva con saliva. Dejar que los jugos alcalinos y frutales nos anticiparan el lento y tibio contacto de los cuerpos moviéndose en la cama del hotel.
La carne firme de sus nalgas. El descenso por la cintura a esas caderas metafísicas con muslos tersos y apretados debajo del pubis.

Suave y místico triángulo, donde, invariablemente, acababa
sumergiéndome cada día y cada noche;
desleído, ambiguado, embebido, hipnotizado, enconchado,
relamido, consagrado, libertado,
prenacido y repatriado.

Fuimos el universo
compartido y su música;
la pasión encendida en plena calle,
la suma milagrosa tras la puerta,
el amor concediéndonos el don de la locura,
y ese hondo fuego a solas, inestimable y puro.

Luego, separamos lentamente nuestras bocas, mirándonos intensamente. El deseo nos hacía temerarios. Estábamos en la calle Voltaire frente al hotel La Notte. No quería poseerla allí. Sabía que no debía hacerlo. Pero deseaba tocar sus muslos, apretar sus nalgas y acariciar ese pubis calentito y suave con la yema de mis dedos. Le levanté las faldas con mi mano izquierda, mientras ella facilitaba la tarea alzándose en puntas de pie.

Le dije que la quería.
Que era una yegua.
Que la deseaba más que a la vida.
Ella soltaba su aliento justo en mi boca.
Ese calor húmedo de brisa matutina,
ese perfume suave de relente mañanero, me producía tal deleite, que despertaba en mí una revolución genital incontrolable, con una copiosa transpiración y una erección de fierro.

Mis manos tomaron su cuerpo con pasión animal. Gimió entre mis brazos varias veces. Supe que mis manos se encendieron apasionadamente locas entre sus piernas. Entonces comprendí que ya no podría detenerme. Que no sería posible llegar al hotel. Su mano se había metido a través de mi bragueta hasta alcanzar la rígida fiereza de mi pene. La incliné hacia atrás, empujándola suavemente con mi pecho y regresé bajando con mi boca hasta los botones de su blusa. Los fui arrancando uno a uno con los dientes. Sus pechos de niña, quedaron al alcance de mi boca. La dulzura y el blando placer de lamer y chupar esos pezones rojizos con ternura infinita, presionando en ellos con mi ávida lengua, parecían enloquecerla.

Casi sin esfuerzo, mi pene entró a través de los pliegues jugosos de su vulva, pude abrir mis ojos para observarla. Pude mirarla a mansalva y ver su rostro iluminado, límpido y aniñado. También pude olerla. Pude sentir esa fragancia emanando de su carne caliente, desbordando mis ansias.
La alcé desde las nalgas y mi pene entró profundamente en ella. Un suspiro de satisfacción musicó el momento. La envolví entre mis brazos para acabar fundiéndonos en un vaivén de mar de amor.

Amanecimos penas en lechos alquilados,
con la noche gratuita.
El mundo era apenas un sueño sin sentido.
Así aprendimos del instinto a compartir
el amor desde la más pura y mística
intimidad, hasta la pasión animal
desmedida y soñada;
siempre en contínua
y perfecta consumación.
 
el_9_round,02.02.2007
Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío en el verano de 1914. Ese día me tuve que suicidar. El día de mi entierro,
disimulado entre la gente ví con pena que pocos eran los que me acompañaban a mi última morada. Mi viuda, la dulce Miranda, buscaba consuelo en mi mejor amigo, el bueno de Lukas, quien se notaba incómodo por la situación. No era para menos. Lukas sabía que ese entierro era falso. Sabía que yo seguía vivo, pero debía mantener el secreto. Esa noche me embarcaría para Sudamérica y no debería regresar jamás a Europa.
Mi verdadero nombre es Gabriel Princip y nací en Grahovo, Bosnia en 1895.
Ya es sabido por todo el mundo que el 28 de Junio, en Sarajevo asesiné de varios balazos al Archiduque del Imperio Austro-Húngaro, Francisco Fernando y a su mujer la Duquesa Sofía de Hohengerb y también murió un pobre cochero inocente. Estas muertes precipitaron el comienzo de la Guerra Mundial. Fui usado como el instrumento mortal por una gran potencia que sabía de mi apasionamiento por los ideales de Servia. Me engañaron.
Me dí cuenta a tiempo, que no llegaría vivo a Sudamérica, como me lo había prometido mi amigo Lukas. Me tendría que escapar por otro lado, dejándote, sin despedirme de ti, Miranda mía...
. Ha pasado mucho tiempo
. todo debería olvidarse,
. todo debería curarse,
. pero es al revés...
. Una tarde cualquiera
. de aquel frío mes,
. el agua, a las hojas caídas
. aplastaba por doquier,
. y tú quisiste morir...
Mi amigo Lukas no pudo soportar el sufrimiento de Miranda, mi Miranda y le dijo la verdad. Yo estaba vivo. Pronto todo se supo y entre las noticias de la Guerra que se acercaba a pasos agigantados, permitió al Gobierno apresar a un pobre desdichado y hacerlo pasar por mí. Gabriel Princip había sido apresado y los diarios dijeron que el falso entierro era una confabulación de Servia.
. El sol salió y murió,
. la luna giró alrededor de la tierra
. y apenas mostró parte de su rostro

. Hubo miradas que dijeron
. cientos de palabras silenciosas
. y hubo manos que ejercieron presión
. sobre otras manos...

. Las banderas ondearon al viento
. y el rostro del tigre
. fue revelado...

En Sudamérica, fui un emigrante más. Un desconocido. Las noticias de la guerra dejaron sabores amargos en mi boca y mi corazón lacerado sin tener noticias tuyas, mi Miranda. Supe de la valerosa muerte de Lukas, destrozado por la metralla, sable en mano, cabalgando hacia la gloria.
Pero de tí, no supe nada.
Oleadas de emigrante llegaron a estas costas. En cada rostro de mujer, creí encontrarte. Pero es inútil. Ya todo terminó. Sarajevo quedó tan atrás en el tiempo, que hay noches que me cuesta recordar tu imagen, tu figura tan amada, tus rasgos, tus ojos almendrados y tu voz...
El tiempo y la distancia idealizan los recuerdos, pero en mi caso, sé que eras tal como te pienso y te sigo amando...
Otra guerra ha pasado y los hombres no aprendemos más. Solo el amor perdura. Las ideas caducan y mueren. Las políticas como armas milagrosas del progreso son sueños vanos. El amor perdura...aunque no estés....
 
el_9_round,03.02.2007
MIYUKI


Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914, el Gobierno Japonés, recrudecía las hostilidades sobre Kiong Ki. El imperialismo nipón había extendido sus implacables brazos por toda Corea.
El cuerpo de mi pequeño Yemin, yacía amortajado en el interior del austero cajón, alineado junto al de su hermanastra Jeong Ji y al de mi amado Sonu Nam.

El invasor había asaltado la región, derramando barbarie y odio a su paso. De rodillas, frente a la composición de féretros, alimentaba mi odio con la angustia y el escozor de un alma que no halla paz. ¡No tenían derecho! ¿Quién suponía una amenaza para ellos en este pueblucho de pescadores? ¿Qué mal podría hacer un niño de siete años sosteniendo un puñal oxidado con sus débiles manitas? Debió suponer toda una amenaza para una cuadrilla de blanquecinos japoneses, isleños paletos alistados por unos cientos de yenes.

Tres años duraría el escozor en mis mejillas, por la sal de mi llanto; y mis sueños fueron pesadillas. Mi antaño sedoso cabello, se tornó pajizo; y mi expresión gélida como las aguas del Naktong. Mas, la vida en la ciudad se me hizo algo más llevadera, al trasladarme junto a tía Woo.

Pyeong Chang era una urbe dislocada en sus ritmos; no existían mañanas ni tardes, sólo el constante ajetreo de comerciantes y recaderos. En cambio, yo cumplía religiosamente mis cometidos para la tienda de textiles de Woo. Al caer la tarde, gustaba de pasear entre los abetos y perseguir ardillas, a través de los parques periféricos que bordeaban la población; y era en estos menesteres en los que invertía mi tiempo de ocio. Me hacían compañía, sin yo desearlo, un anciano que paseaba a su jilguero enjaulado; y un apuesto señor, al que observaba a menudo leyendo con intensidad, como si le fuera la vida en ello, libros de llamativas cubiertas…y me reencontró el amor. Fue en una de mis andanzas voyeurs, cuando me invitó a acercarme. “Genji”, se titulaba aquélla novela que se apresuró a resumirme. Las siguientes tardes volvimos a encontrarnos, rodeados de verdor y literatura. Me prestó algunos libros que yo, tumbada en la hierba, devoraba a pocos metros de él. Siempre sintió compasión por mi historia, pero jamás intentó ahondar en ella. Y una tarde, con el sol todavía vivo, se le escapó un beso…y bien lo recibí, puesto que lo desee desde el momento en que lo vi.
¡Cómo nos amábamos entre los arbustos! Sabíamos que el anciano escuchaba nuestros espasmos; y el hecho, lejos de amedrentarnos, nos excitaba más. Llegué a quererlo, era mi panacea particular, un soplo de vida que había estado esperando.

Mas una tarde no acudió, y debajo del árbol donde solíamos leer encontré una carta. No volvieron a encontrarse nuestros cuerpos sino en el funeral que me preparó Woo; pues, tras leer la misiva maldita, no pude más que arrojarme al vacío desde una solitaria peña, al tiempo que el anciano inclinaba su cabeza, incrédulo:

{{ Ni tan cerca del amor, ni tan lejos del odio
hallarás tu sentir hacia mí.
Ni juegos, ni ausencia en mi memoria
hicieron mi nombre omitir.
Es Miyuki, no lo niego,
jamás te lo supe decir;
soy sargento retirado…
y temeroso de ti. }}


FIN

* Nota: Miyuki es un nombre genuinamente japonés.

 
el_9_round,03.02.2007
IDENTIDAD

Palmira recorrió el cuarto y respiró hondo.
Repentinamente, tuvo que venirse hacia Buenos Aires a revisar las pertenencias de sus bisabuelos. Se vendía la casa que les perteneciera y con ella, su historia de vida.
En el altillo, encontró tres baúles, dos enormes, uno con ropa, el otro con revistas y libros, perfectamente ordenados. El último, con cinchas de cuero tenía la forma y el tamaño de una valija. Contenía sábanas de lino bordadas y un cobertor tejido al crochet, entre los que descubrió un paquete de cartas, sujetas por una cinta color bordó.
Quiso aprovechar la única luz de la que disponía para leerlas. El sol de la tarde que moría, penetraba por los ventanales de vidrios repartidos, entre las hojas del pino que se erguía solitario. Los abrió de par en par.
Se sentó en el piso. El piar de los pájaros se le metió por los suspiros que salieron a borbotones de sus pulmones. Se sintió sola, pero reencontrándose con sus raíces.
Encendió un cigarrillo y con suma delicadeza empezó a revisar la cartas. El olor de ausencias era profundo. Hubiera querido que su madre, muerta también, estuviera a su lado para explicarle todo lo que eso significaba. Pero estaba sola. No tenía padre. Al menos no supo jamás quién era. La otra parte del pasado familiar que ignoraba, estaba en ese prolijo atado.
Las remitía Guillermo Testi, su bisabuelo, a su esposa, Alejandra. Miró el techo, cargado de telas de araña. Suspiró, y empezó a abrir todos los sobres: estaban vacíos, salvo uno, que contenía un trozo de papel, rasgado prolijamente.,
Pensar que se amaron tanto, dijo para sí, sonriendo. Su madre siempre le dijo lo enamorados que estaban sus bisabuelos, del que naciera su tata Luis.
Pudo leer claramente la letra menuda del hombre, desleída casi en el terso trazo de lápiz tinta violeta.
“ Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914....” era todo, y en el reverso decía: “Sabes bien, Alejandra, que en la vida no es posible estar ni tan cerca del amor ni tan lejos del odio, y que..." . Sólo eso.
Revisó minuciosamente el baúl, no había más nada. Se sentía sumamente confusa.
Cuando iba a cerrarlo, cayó un papel fino de seda. Era un poema.
“Arrojado en el mar
cabalga lento,
este amor que te llega
en llamaradas,
como un barco en cenizas,
llega lejos,
donde no encuentro alivio
ni esperanza.
Si el amor está cerca
En mi camino,
El odio morirá
Entre mis entrañas.
Cruel ha sido tu engaño,
amada mía,
Tanto que no hay consuelo
Ni palabras
Para este dolor mudo que me ciega,
No hay perdón pretendido
que alcanzara.
Adiós, amada mía,
Y hasta siempre
Dice mi voz callando
Como esclava,
Pues mudo he de quedar
No sabrá nadie
Que sin piedad me heriste
Y engañaras.
Es sangre tan ajena
La que vive
En tu vientre de sol
Es tan extraña.
Prefiero que una bala
Me calcine
A vivir de mentiras
Sin mañana.
Ni cerca del amor está el olvido
Ni del odio tan lejos mi nostalgia.”

Con él, una foto de su bisabuelo, con traje militar. Y detrás, la dedicatoria: “Alejandra, no dejaré de amarte, pero no puedo perdonarte. Que él te de todo lo que no pude yo. Guillermo”
Sonó su celular. El escribano preguntaba si había terminado. Qué podía decir? Apenas empezaba a comprender. Ahora, además de estar sola, ni siquiera sabía quién era.

 
el_9_round,04.02.2007
DE DESAYUNO…FULL DE ASES Y REYES *

Está historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 una larga y penosa enfermedad se llevó a nuestro único hijo, efectivo y propiedades.

Me miraba con cara sonriente, flequillo mal cortado y pelo grasiento, sentado junto a la mujer que yo amaba me había prometido una considerable suma de dinero por un polvo con mi esposa.

En otras circunstancias
Le hubiese roto el cuello
Reventado los pulmones
Y machacado los huevos.

Pero ella, ante mi sorpresa dudó, le pareció incluso suficiente la cantidad aunque se atrevió a negociar.

En estas circunstancias
Indignado le rompí el cuello
Le reventé los pulmones
Le machaqué los senos.

Él, ante mi sorpresa, no dudó y negoció la cantidad para que lo dejase marchar. Yo por supuesto cobré mi parte, pero el se llevó la suya.

Los dos cadáveres yacían como una pareja de rombos y corazones y me dirigí al hotel a encargarme del as de picas, el hermano maquinador que sabía de aquel inusual encuentro.

Nada más verme en la ausencia de mi esposa me reclamó una parte proporcional de lo obtenido. Fui sumamente “generoso”.


A continuación

Con una granada en la mano
Me llené el cuerpo de metralla
Como mil medallas
En una saca de monedas.


Nunca estuve ni tan cerca del amor ni tan lejos del odio.
Full de ases y reyes.

*


i*Full de ases y reyes en el juego del póker, combinación de una pareja y un trío./i
 
el_9_round,04.02.2007
Carcajadas.

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 decidimos saltarnos los siete pecados capitales. Tanta monserga acerca del paraíso y el infierno nos tenía cansados.

Roger, Marcus y yo queríamos estar seguros del lugar que íbamos a pisar después de la vida y la conclusión fue lograr entrar en la hoguera por la puerta grande. Vamos, que el mismísimo diablo se postrará ante nuestros pies y nos rogara servirle para la eternidad.

De todas partes nos llegaban noticias de atentados y declaraciones de guerra y aprovechamos ese caos para entrar en acción.

El primer asalto lo cometimos durante ese verano, Un Cadillac Centerdoor Sedan verde y negro se paseó junto a nuestras esperanzas. Sus tres ocupantes ni se olieron los planes. Papá, mamá e hijita en edad de merecer se detuvieron ante las súplicas de Marcus en medio del camino. Un lugar solitario y amparados por la caída del sol.

Antes de que pudiesen pensar, reaccionar o gritar fuimos al ataque. Papá y Mamá murieron con la prisa de la lujuria por cenarnos esa muchachita rubia de ojos verdes. De nada sirvieron sus grititos o súplicas. Nos la follamos por turnos e inspirados por la maldad también la torturamos.

Marcus, en un arranque de furia le arrancó uno de los pezones a mordiscos, la muchachita casi se desmaya, así que no había tiempo que perder, Roger sacó su polla y se lo enfundó en la boca empujándola con fuerza hacía dentro, la muy puta le mordió y fue entonces cuando él hundió su dedo en la cuenca blanca y verde. Nos reímos. Era mi turno de actuar, caminé en su busca con dedición, imaginándome ya la sonrisa del diablo. Primero le oriné encima de la boca y luego me asocié una rama y la penetré por detrás, su ojo hundido se deslizaba como una gelatina caliente a través de la mejilla y el otro miraba sin mirar pero no estaba muerta, recitaba una y otra vez las mismas palabras:

“Si vais a matarme
Hacedlo justo en el centro
Ni tan cerca del amor
Ni tan lejos del odio
Matadme cuando la nada
Surja de la mitad
Y mis ojos ya no vean
Y mis piernas no respondan
Borradme la sonrisa y
Entrareis en el infierno.”

Al escuchar aquello le rebanamos el cuello, era el mensaje. Desgraciadamente uno fallido porque justo en su último suspiro nos retó con la sonrisa placida del descanso. Habíamos fallado y supimos que la búsqueda no terminaría allí. El diablo se había reído de nosotros.

Subimos al coche y fuimos al cine que estaba justo en frente de la tercera avenida, el pase era de una película titulada “carreras de autos para niños” y bien que nos reímos observando al protagonista interponerse entre la carrera y un pringado que intentaba grabarla. Salimos de allí con el firme propósito de usar ese forma de vestir a lo “vagabundo” y seguir dándole caña a la vida. Tuvimos que regresar al lugar dónde robamos el coche para quemar los cuerpos. Allí mismo fumamos opio y miramos el espectáculo de cuerpos chamuscados. Roger tenía la cara desencajada y le dio por pensar que otra forma de entrar en el infierno era matar a su mejor amigo.

El diablo se río conmigo.

 
el_9_round,04.02.2007
El tesoro.

Esta historia comenzó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914, mi abuelo, Ferdinand von Britz Soilen, a cargo de la custodia del archiduque Francisco Fernando, ante el asesinato de éste en Sarajevo y viendo lo que se venía, decidió emigrar más que rápido a la Argentina.
Pese al apuro, logró antes proteger el tesoro personal del archiduque, dividirlo en tres cofres y enterrarlo en lugares seguros.
Este hecho signaría curiosamente la relación amorosa entre mis padres y yo, setenta años después.
Y, además, mi propio entierro.
Crecí oyendo a papá y mamá referirse, cada tanto, al tesoro enterrado. Y, recuerdo, entonces el abuelo movía los brazos y en su escaso español decía, invariablemente:
-¡Grande tesoro! Mi enterrar en tres lugares. Mi tiene plano...
Y conservaba celosamente un mapa, donde titilaban tres cruces rojas.
Mi progenitor, eterno empleado en la zapatería Don Ernesto, ambicionaba hincar el diente en aquella fortuna, pero la lealtad del abuelo era insobornable. El anciano creía que en cualquier momento alguien, de la familia real, se presentaría a reclamar; entonces, él entregaría ese plano.
Pasó el tiempo.
El abuelo murió y mis viejos vieron la oportunidad de hacerse con el tesoro. Pero, ya eran gente mayor y sin medios propios.
Entonces la emprendieron con un trabajo de convencimiento, a fin que YO me hiciera cargo de esa aventura. A la sazón, yo tenía mi propia fábrica de calzado y un buen vivir. Además, para mí aquello no era más que una leyenda; un cuento de la infancia.
- No piensas en tus pobres padres, eres malo -era la letanía.
Y la insistencia, día tras día, apelando a las formas más sutiles, dio sus frutos.
Acuciado por la culpa de ser un hijo desconsiderado, accedí, por fin, a sus pedidos.
Viajé a Praga. Visité los lugares fijados: donde se hallaba la primera cruz, había ahora una sinagoga. Punto uno, desechado. En el segundo, un dique construído en 1934. Imposible el acceso.
Y la tercera señal, en las afueras, caía en el centro de una plantación de ajos. Fingiendo ser arqueólogo, pedí permiso para practicar algunas excavaciones científicas, pero lo negaron.
La solución era comprar el terreno. Ante mi interés, el precio cotizado fue altísimo.
Volví a Argentina. Empujado por los viejos vendí empresa, casa, quinta, auto. Pedí prestado, empeñé nombre y honor.
Reunido el capital, partí para la República Checa.
Compré la propiedad, contraté obreros, maquinarias y comencé la búsqueda. A los dos meses, se acabó el dinero y debí hipotecar el campo, para proseguir.
Hasta que una mañana las palas chocaron con algo. Un cofre de hierro, no muy grande. Lo llevé a cubierto, y una vez a solas, temblando, hice saltar candado.
Fue un segundo; desfilaron allí los recuerdos de toda mi vida.
Adentro, prolijamente, se alineaban veinte tomos del Tesoro de la Juventud, edición 1913, en idioma alemán.
Y ésta fue la historia del cuarto entierro.
El mío.
El resto es materia de diván.



Soneto del hijo analizado.

Angustiado, transito mi existencia

e invitado a escribir cierto soneto

que cuente, verdadero y con respeto

Sobre el amor, el odio y la conciencia.


Acudo a mi analista, con paciencia,

al saber proverbial y azás discreto,

a echar luz a la incógnita del reto:

mis padres, mi niñez y la exigencia.


De tus viejos progenie resultaste.

Creíste amarlos; los juzgabas buenos,

pero traumas ocultos heredaste,

me reveló, dejándome el veneno.

En conclusión, que todo se fue al traste

Y, promediando: los quiero... más o menos.


Ni tan cerca del amor ni tan lejos del odio.
 
Whitny,05.02.2007
Creo que ustedes no son imparciales. Los amigastros y otras cosas están ahí.
Son contados los que llenan los principios acordados.
Si ustedes no saben hacer o coordinar esto, pues, no lo hagan simplemente.
Hay textos que se extralimitan de palabras, otros que no se sabe donde está la poesía con su patrón. En definitiva, esto me huele a sopa arreglada. Pues podrian decir de inmediato quien ganó. Que poca seriedad.
 
cromascape1963,05.02.2007
bi
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GRACIAS
 
cromascape1963,05.02.2007
bi Los textos son agregados uSOLAMENTE POR el_9_round/u y NO directamente por los participantes, como ya se había establecido en las reglas dadas a conocer. GRACIAS /b/i
 
el_9_round,05.02.2007
UNA EXTRAÑA NOCHE

¿Fue coincidencia o mala suerte? La familia acababa de recibir tres golpes del destino. Según las estadísticas, el medio de transporte más seguro es el avión. Por lo visto, tampoco es infalible.

Una solución de última hora para el último embarque de nuestra empresa familiar de insumos computacionales, me hizo tomar la decisión de participar en el viaje de vacaciones programado por tanto tiempo y con tanto ánimo, con mis padres y mi hermano, a Cartagena de Indias, en Colombia. Queríamos disfrutar en familia de unas vacaciones que nos hacían falta.

Además, Mariana, mi novia, se quedaría preparando algunos detalles para nuestra próxima boda, y estaría al pendiente de cualquier problema que pudiera presentarse en la empresa durante nuestra ausencia. Me había confesado unos días atrás, que íbamos a tener un hijo. Cómo saber que el regreso de ese viaje estaría marcado por el dolor.

Pasó todo tan rápido. La caída, el fuego, los gritos, el humo, el silencio. Se nubló mi vida en un segundo. Un golpe que fue tan intenso como sorpresivo, sobre todo para mí. ¿Sería un milagro mi sobrevivencia?

De pronto, en el living de la casa, familiares y amigos ante esos tres ataúdes que se llevaban mi infancia, mis recuerdos alegres, la sensación de protección de una familia, y que no respondían ninguna de mis atontadas preguntas.

Sólo Mariana, mi novia de la infancia, permanecía a mi lado, demasiado afectada por lo sucedido. Con su mirada perdida sobre los ataúdes, no lograba entender lo que había pasado.

Mariana y mi hijo por venir, eran ahora mi motivo para seguir adelante. Ella: tan dulce y cálida, nuestro amor: tan firme y verdadero. Traté de consolarla con algunas palabras, pero como sonámbula se levantó sin escuchar ni decir nada, y caminó aturdida hacia la entrada de la casa.

Salí hacia el jardín trasero. Necesitaba fumar. Volaban los murciélagos a ras del agua de la piscina, tratando en locas cabriolas de coger en el aire los mosquitos que la luna reflejada, con su suave vaivén, parecía atraer hacia la superficie.

Era una extraña noche, hasta el viento parecía susurrar más quedo que otras veces. Una grata sensación de calma diferente trajo a mi mente uno de los poema de Mariana:

¿Crees que en el amor
se fusiona algún miedo
que crece en el lenguaje
del silencio?

Camino ante la luz
dorada de la dicha…
ni tan cerca del amor…
ni tan lejos del odio…
tratando de entender
qué extraño sortilegio
logra posar dentro de ti
parte de mis misterios

Las horas que caminan
con cautela y sospecha
me detienen ante el dilema
de un tiempo que no existe

¿Podrá mi amor
atravesar las negaciones
y aventurarse sin temores
en tus brazos eternos?

Terminé de fumar el cigarrillo y en un acto de rebeldía, lancé con fuerzas la colilla hacia el agua tranquila, pero mi mala puntería no dio en el blanco, y el agua se siguió mostrando con el mismo vaivén, meciendo lentamente sobre su superficie la cara redonda de la luna brillante.

De pronto, salió Mariana corriendo desesperada hasta el jardín, con sus ojos nublados por el llanto. Al llegar junto a mí traté de detenerla, y atraer su cuerpo frágil hacia el mío. Y aunque no logré entener, pasó ella a través de mí.

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío, cuando en este verano de 1914, llegó el cuarto ataúd al living de la casa
 
el_9_round,05.02.2007
'Las Escondidas'



Uno, dos y tres… ¡salí!

Entre jugarretas, parecía pasar desapercibida esa necesidad nuestra de atraparnos con uñas y dientes, de coser piel con piel las carentes angustias.

Cesantía de contacto/s,
dos roces
morderse el labio inferior
-de rabia-
y contar
contar en términos de distancias.

Cuando apoyaba sobre el muro el brazo, y sobre el los párpados, intentaba sentir tu respiración, ver los pasos de tus tenis más allá de los círculos negros y los destellos que la presión me mostraba.

uno, dostres…
ni tan cerca del amor
palpitaba/me la sangre en el antebrazo
cuando la garganta era estrecha
impidiendo salir
de los labios,
de los ojos
caricias


Esta historia empezó hace tres entierros:

- Uno. El régimen de los críos desbordándonos las ganas… una tarde a golpes y besos. Fin del juego.

- Dos. Nos aproximábamos
-mano suave un día-
entre latas húmedas
cuándo me oxidé en tus ojos,
ni tan lejos del odio,
quisiste volver
-a correr-

Y (Tres.) acabó con el mío, cuándo en el verano de 1914 me derramé sobre el espejo que nunca borraba tu sonrisa de niña.
 
el_9_round,05.02.2007
Memorias.

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío en el verano de 1914. Ese día me tuve que suicidar. El día de mi entierro,
disimulado entre la gente ví con pena que pocos eran los que me acompañaban a mi última morada. Mi viuda, la dulce Miranda, buscaba consuelo en mi mejor amigo, el bueno de Lukas, quien se notaba incómodo por la situación. No era para menos. Lukas sabía que ese entierro era falso. Sabía que yo seguía vivo, pero debía mantener el secreto. Esa noche me embarcaría para Sudamérica y no debería regresar jamás a Europa.
Mi verdadero nombre es Gabriel Princip y nací en Grahovo, Bosnia en 1895.
Ya es sabido por todo el mundo que el 28 de Junio, en Sarajevo asesiné de varios balazos al Archiduque del Imperio Austro-Húngaro, Francisco Fernando y a su mujer la Duquesa Sofía de Hohengerb y también murió un pobre cochero inocente. Estas muertes precipitaron el comienzo de la Guerra Mundial. Fui usado como el instrumento mortal por una gran potencia que sabía de mi apasionamiento por los ideales de Servia. Me engañaron.
Me dí cuenta a tiempo, que no llegaría vivo a Sudamérica, como me lo había prometido mi amigo Lukas. Me tendría que escapar por otro lado, dejándote, sin despedirme de ti, Miranda mía...
. Ha pasado mucho tiempo
. todo debería olvidarse,
. todo debería curarse,
. pero es al revés...
. Una tarde cualquiera
. de aquel frío mes,
. el agua, a las hojas caídas
. aplastaba por doquier,
. y tú quisiste morir...
Mi amigo Lukas no pudo soportar el sufrimiento de Miranda, mi Miranda y le dijo la verdad. Yo estaba vivo. Pronto todo se supo y entre las noticias de la Guerra que se acercaba a pasos agigantados, permitió al Gobierno apresar a un pobre desdichado y hacerlo pasar por mí. Gabriel Princip había sido apresado y los diarios dijeron que el falso entierro era una confabulación de Servia.
. El sol salió y murió,
. la luna giró alrededor de la tierra
. y apenas mostró parte de su rostro

. Hubo miradas que dijeron
. cientos de palabras silenciosas
. y hubo manos que ejercieron presión
. sobre otras manos...

. Las banderas ondearon al viento
. y el rostro del tigre
. fue revelado...

En Sudamérica, fui un emigrante más. Un desconocido. Las noticias de la guerra dejaron sabores amargos en mi boca y mi corazón lacerado sin tener noticias tuyas, mi Miranda. Supe de la valerosa muerte de Lukas, destrozado por la metralla, sable en mano, cabalgando hacia la gloria.
Pero de tí, no supe nada.
Oleadas de emigrante llegaron a estas costas. En cada rostro de mujer, creí encontrarte. Pero es inútil. Ya todo terminó. Sarajevo quedó tan atrás en el tiempo, que hay noches que me cuesta recordar tu imagen, tu figura tan amada, tus rasgos, tus ojos almendrados y tu voz...
El tiempo y la distancia idealizan los recuerdos, pero en mi caso, sé que eras tal como te pienso y te sigo amando...
Otra guerra ha pasado y los hombres no aprendemos más. Solo el amor perdura. Las ideas caducan y mueren. Las políticas como armas milagrosas del progreso son sueños vanos. El amor perdura...aunque no estés....

 
el_9_round,05.02.2007
Reflexiones al final de un clásico

Se escuchaba desde la habitación de al lado la voz de un cuentero diciendo:
"Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 …”. Me levanté y cerré de un portazo. Sólo quedó
la voz híbrida y nasal del comentarista centroamericano relatando las alternativas del juego en un galimatías de palabras mezcladas; en un spanglish que, en su pretensión de hablar diferente, sólo conseguía fastidiarme; me sublevaba ese estúpido mambo de etiquetar y almidonar cada una de las frases arrastrando el final de la última palabra de cada cosa que decía con el afán estúpido de introducir una versión novedosa de rap para su marketing de relator deportivo. Le tiré dos o tres puteadas al hilo a ‘soto voce’, lo hice como si el fulano me pudiera oír. Mientras tanto, en la pantalla de la televisón, la pelota iba y venía llevándose mis gritos de una punta a la otra de la pantalla, y de una puta a la otra que la parió a … la pelota, a la pantalla y al que me dijo que ellas me darían diversión, entretenimiento, información y, hasta cultura. Lo único que sé, es que desde que ese cajón de broncas se instaló allí, mi úlcera tuvo la peor recidiva que yo pueda recordar y, que mi relación con los demás integrantes de la familia, se puso miserablemente difícil y que mi tiempo y mi tranquilidad dejaron de existir.

Puteaba con esa carga de aliento y desaliento que le hace a uno transpirar hasta la punta de los pelos; lo hacía en esa febril y agónica impotencia de no poder inaugurarles una zapatería en el culo a esos hijos de puta que se movían como pisándose los huevos. -¿Qué les pasa? ¿Juegan para perder o para ganar? No. Es lo que siempre digo; ésto tiene que estar “arreglado”. Sí, acá hay mucha plata de por medio; sino, ¿quién podría entender ésto?

Si hay algo de lo que estoy seguro es de que nací para sufrir y morir en cada partido. Es como un karma que debo purgar. No sé. Es el querer y no poder del gallo enano de la canción mejicana:

El poder del hombre pobre
Es como el del gallo enano;
En querer y no poder
Se la pasa todo el año.

Y, gane o pierda, los nervios igual te dejan de cama por varios días. Así que, al fin y al cabo, todo es pura mierda. Sucede siempre lo mismo; al otro día tenés que laburar y tu cara será la cara dibujada por el resultado de un partido de fútbol. Y ¿qué ganaste con eso? Nada, absolutamente nada. Perdiste tiempo, energías, y todo aquello que pudiste hacer y vivir plenamente, en lugar de estar pendiente de un montón de boludos que corren tras un cuero esférico y ganan millones y hacen ganar millones a otros que viven de ello y de ellos. Y los turros gobiernos que los usan para desenfocar a la gente de los verdaderos problemas que debieran enfrentar cada día.

Bueno, ya ves en que termina todo;
cómo quedás vos, al final del clásico.
Acabás delirando y castigándote
al pedo envuelto en esas conjeturas de zurdo a la carta.
No es cuestión de tomarlo tan a pecho,
dijo la Negra Tetamanti, cada cosa tiene su lugar,
y, el deporte, así como está dado, ocupa el suyo.
Dejate de joder royendo el viejo
y conocido hueso de la crítica a ultranza y de la
amargura de haber perdido un clásico,
por favor, olvidate; eso nunca arregló nada.

Es verdad querida Tetamanti, -eh, vieja, ¿dónde pusiste los antiácidos?

 
el_9_round,06.02.2007
El emisario



Esta historia empezó con 3 entierros. Yo los presencié, y los causé yo.
Los espirales entramados de la historia no me harían justicia, pero no es su reconocimiento lo que vine a lograr.
He nacido en una familia escondida, en que me han instruido para oír al cielo rotar encima del mundo, para leer los hilos en la trama del deseo del universo, para recordar mis deberes.
Me buscan por haber dado muerte a 3 asesinos (sólo yo podía envainar en sus cuerpos las hojas, sólo yo sé los poemas que debí escribir en las dagas para asesinar el alma dentro del cuerpo). Me buscan porque di la forma necesaria a la semilla de una guerra que ya asoma. Sin mi ayuda el desastre sería desmesurado, yo apenas corregí su tamaño.
Sé que no entienden que mi obrar es la hechura del destino, sé que creen que estoy mal, sé que creen que maté por alguna especie de placer… juro que no fue así…
Pero por mucho que jure y perjure, siempre la duda me ronda… dudo de las intenciones, del desenlace, dudo del motivo y de las razones…
Es aquí donde me quiebro y mi humanidad me punza…
Me hierve el miedo y la duda y los ojos rompen en lágrimas…
Como antes, recito mi oración (un invento) para darme ánimo, para reforzar la fé, para seguir, para crecer…

…Mi padre, que es el tiempo,
mi madre, que es la tierra,
pidieron esta guerra
que se le huele al viento.

Juro por lo que siento
Crujir entre los dientes:
Es de ellos la simiente,
La razón y el pensamiento.

Y yo, yo soy sus manos…
Soy martillo y soy arado…
Entenderles no me es dado,
Ni el sentido de mis actos.

Adivino vagamente
Que no existe malo o bueno
Negro y blanco en el seno
Se mezclan eternamente.

Nada supe de bondades
Sólo entiendo el deber,
La obligación, el quehacer,
Lo fatal, lo inevitable.

Ni corona habrá ni podio
Que destaque esta labor
Ni tan cerca del amor
Ni tan lejos del odio.





Me han encontrado.

Un solo hombre envuelto en túnicas y armaduras entra a mi habitación de piedra. Le busco los ojos, pero está cubierto entero, no hay un retazo de piel a la vista, es una ciudadela de lienzos y metales. Afuera lo espera el resto del breve ejército… Sucede la primera puñalada. La segunda también sucede. Se abre la puerta. El hombre avanza cargando un bulto al costado de la cabeza, el cuerpo del asesino cae desde el hombro del armado, a casi dos metros del piso. El cazador sin rostro recibe su dinero y los profanos su víctima para destriparla, para trozarla y finalmente enterrarla en una fiesta victoriosa. Finalmente me alejo despacio, sacándome la armadura y la túnica y arrojando al río el dinero, comenzando a escribir a mi familia:

He ganado a tiempo. He cerrado el círculo.
22 Febrero.
Argentina.
1914

Esa misma tarde tomo el tren de regreso. Me siento junto a la ventanilla, con un libro entre las manos… recién ahora que he terminado puedo pensar en lo que he hecho… que ironía… que particular… abro el libro en las últimas hojas, están en blanco, y comienzo a escribir: Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío, cuando en el verano de 1914…
 
el_9_round,06.02.2007
Fuimos



Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914....

Desperté una mañana con esa frase en mi cabeza, mi semblante semejaba a un fantasma por lo espectral de mi palidez.

- Buenos día mamá, Te sentís bien?
- Si Marcos, es sólo que tuve una noche de pesadillas, otra noche de pesadillas.
- Acordáte que tenés turno con el psicólogo, hoy a las diecisiete horas.
- Si – contesté distraída no podía olvidar esa frase.
- Me voy porque llego tarde al trabajo. Seguro estás bien?
- Andá tranquilo, estoy bien – me dió un beso en la frente y salió.

Quedé un rato con la mirada perdida, como buscando respuestas y entré en un estado de ensoñación.
De pronto todo a mi alrededor fue cambiando, giraba, daba vueltas y sentí que me trasladaba en el tiempo diciendo para mis adentros esto ya lo viví...otra vez no!!!

Mi cocina convertida en un establo, ahí me encontraba con mis tres mejores amigas escondida en una montaña de paja. No podíamos respirar, el pánico se iba apoderando de nosotros.
Escuchábamos cada movimiento generado afuera y de pronto pasos, dirigidos hacia donde estábamos ocultas...muchos pasos seguros, arrogantes, inquietantes.

En medio de tanta confusión una voz que sonaba afable a nuestros oídos comienza a recitar un poema en lengua conocida:

Amores, amores míos
No temais a mi locura,
No osaría maltratar
Ni dañar tanta hermosura.

Nos apretamos fuertemente las manos y en nuestra inocencia decidimos salir del escondite.
Con el miedo reflejado en los ojos quedamos al descubierto de una decena de soldados que nos observaban como si fuésemos ganado.

Antonieta y Marianela se destacaban por su belleza y su cuerpo bien formado a pesar de los quince años con los que contaban y por lo tanto fueron las primeras en padecer los abusos de estos miserables.

Comenzaron con el desgarro de sus ropas ante la mirada atónita de Mercedes y yo. Nos obligaron a presenciar a los vejámenes y violaciones reiteradas a que las sometieron. Luego de satisfacer sus más bajos instintos las dejaron agonizar hasta la muerte.
A nosotras nos tenían maniatadas, sujetas del cabello y pateando nuestras espaldas cada vez que cerrábamos los ojos.

La impotencia, el dolor, el terror hizo que Mercedes sufriera un infarto.
Yo, sinceramente no se como aguanté, la última imagen grabada en mi retina es el rostro de un soldado, arañado como por las garras de una pantera, sangrando y con los ojos llenos de odio e ira sujetando una balloneta con sus dos manos y atravesando mi pecho.

No estoy segura si ahí fue que llamé a Grachu por teléfono, de pronto desperté como de un trance en una sala de terapia intensiva tres días después de haber tenido ese sueño,esa vivencia, ese recuerdo.

- Vieja volviste, te quiero, cuanto te quiero


Ni tan cerca del amor
Ni tan lejos del odio
Un instante en una vida
Amanece que no es poco.

Amanece y en tus ojos
Hijo del alma mía
En tus ojos reflejada
Estoy volviendo a la vida.
 
el_9_round,06.02.2007
Amanecer



Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914, solo es un dato anecdótico porque pertenecimos a un grupo de personas que éramos considerados muertos en vida: padecíamos de lepra.

Me ordené de sacerdote allá por el año 1986 y mi vida estuvo dedicada no sólo al servicio de Dios sino al servicio de su creación “el hombre”. Era lo que para la época “el cura de pueblo”, con ideales nobles y mi intención dedicarme a las clases humildes y desamparadas es así que terminé en un leprosario asistiendo a esos seres olvidados hasta de la mano de Dios, quizás ahí fue cuando tuve mi primer disenso con la iglesia y descreí del dogma.

Comencé a trabajar desde las mutilaciones del alma para poder sanar deformidades del cuerpo y comprendí que si no se encontraba una cura para tan terrible enfermedad, no era necesario orar para la salvación del alma.

Presencié, asistí, conviví y padecí con La Lepra y terminé mis día sepultando a las tres últimas personas que opusieron su voluntad contra el legado de la enfermedad.
María Rosa, contaba con veintiun años y fue la primera en morir, recuerdo sus últimas palabras en un suspiro de despedida:

Al fin se apiada mi Dios
De esta pobre alma en pena
No sufras por mi partida
Y reza por nuestra vuelta.

Ni tan cerca del amor,
ni tan lejos del odio
estaremos en un cielo
y recordaremos todo

Zenón, cuarenta y ocho años le siguió con dos días de diferencia.
Alberto: treinta años murió una semana después.
Y yo fui el último en partir, terminando mis días por inanición, ciego, solo, olvidado de la mano de Dios.

Hoy tengo sesenta y nueve años y mi fiel compañera Ana sesenta y siete llevamos cincuenta años de casados, no sabemos porqué ni como surgió la primera vez el compartir estas emociones, pero ambos nos reconocimos en aquellos que en un tiempo de la historia compartieron un dolor, una miseria, un destino.

Cuando ví tus ojos grises
Allá en el primer encuentro
Te reconocí en el tiempo
Mi dulce amor prisionero.

Prisionero de mi alma
Que aguardaba tu llegada
Para compartir contigo
La oportunidad esperada.
 
el_9_round,06.02.2007
Con el hálito de Tánatos

Recordar es dar cuerda al reloj para atrás, volver la mirada a ese escondrijo que fue mío, regresar al bolsillo donde se guardan las cosas amadas y temidas, una pluma de escritura, la pipa de mi padre, el escapulario de mi madre. Es meter de nuevo la mano en ese doblez de la omisión donde queda todo el memorial del olvido; evocar la infancia desgraciada, que se guarda con el tesón de quien guarda una pelusa; porque las felices no valen ya la pena ni mención…

Los hechos se sucedían unos detrás de otros como una hilera de un atroz dominó. Un humeante torbellino cruzaba Europa como una víbora de doble ponzoña, era la guerra que azotaba al mundo y la muerte la visitante diaria que llegaba mordiéndote el alma al embucharse un hermano, un amigo o tu padre mismo. La pestilencia de carne enferma, el hambre, las enfermedades y los cadáveres putrefactos se apilaban como lagañas en los ojos. Ya no había sitio para más dolor y tragedia. Los duelos se sucedían sin darte tiempo a una bocanada de aire salubre. Sin embargo, con nuestras madres y hermanas pariendo solas, viudas y dolientes, éramos niños que jugábamos a ser nobles soldados: juramos fidelidad y si alguno caía en combate; caíamos todos…

Presenciábamos los lugares de los adultos como juegos de cartas, ruleta rusa, escondidos en el lupanar de la tía de uno de ellos y desde allí escudriñábamos algunos que otros apetecibles culos y nalgas; en fin, la vida pesada del soldado en guerra te ofrecía esas posibilidades que no se dan en otras circunstancias: crecimos demasiado rápido aprendiendo lo que es lealtad a un amigo, pero también llegó la época de la traición…

Mi padre había sido llamado a combate junto a mis tíos. La niebla había cedido a un clima menos apacible aún. Llovían los misiles en medio del agua que se llevaba cadáveres y traía las pestes, bronconeumonía, los catarros a doquier como sapos desafinados a la noche. Toses, lágrimas y silbido de misiles era la canción con que nos acunaban los tiempos de esa guerra que se había iniciado con la muerte del Delfín. Europa lloraba a sus muertos y nosotros nos encaprichábamos en vivir como el cáncer dentro de una placenta llamada cosmos.

Decidimos sacar las narices para que se secaran con el arco iris que se dibujaba en la participación de un sol más aquejado aún. Los soldados apilados en las poltronas del zaguán donde se les servía aguardiente y ginebra. Se escuchaba a los lejos la música de jazz de algún desvencijado alto parlante, cosa normal de la época.

Todo regresaba a la normalidad, si no fuese que de pronto estalló un brutal estampido. Al tomar conciencia en el hospital militar, se me avisó que mis amigos ya habían partido. Esta historia comenzó con tres entierros y acabó con el mío un verano de 1914, cuando jugábamos a ser hombres, pero eso es molienda de otro costal…
Con el hálito de Tánatos
Vientre de la tierra un desgarro
Crepúsculo de besos
en la sangre.

Soldadito de juguete sonríes
ni tan cerca del amor ni tan lejos del odio
Mientras,
el tiempo agoniza enfermo.


El mundo un lupanar de acechanzas
Lengüetas lujuriosas rebasan los campos


Vibra el son del canto de ángeles
que cargan armas
sin antes ser iniciados
hombres.

Con el hálito de Tánatos

Soplando carrozas
de fuego bailan los huracanes.


Un dios ciego la muerte
en sus ojos el rencor
parte la tierra en oscuros enemigos
dejando al desconcierto los pájaros.

Soldadito de juguete
en la mano de amigos entonas:
Es de hombre morir en los besos
Lascivos de una guerra atroz.

Madre está llorando…
las entrañas y moradas vacías
El cementerio copula los hombres que ama
en el polvo…

(…Es de hombre los sueños dispuestos
al vuelo que se desbandan
Con espíritu todavía de niño…)




 
el_9_round,06.02.2007
El ángel bueno

Esta historia empezó con tres entierros y terminó con el mío cuando en 1914 nací en la casita de paredes blancas que quedaba frente a la iglesia de mi pueblo Mis primeros recuerdos son de mi abuela María, mujer bella de ojos tristes y risa fácil. Siempre me sentí como si tuviera una marca indeleble que me hacía diferente a los demás.
Pero era fácil ser feliz con mi abuela. Tenía una tienda en la que vendía dulces que ella misma fabricaba y entre aquellos aromas de naranja, anís, chocolate y almendras, la pena que siempre me acompañaba se diluía. Más que pena era la certeza de haber perdido algo esencial. La abuela me había contado cómo mi madre murió cuando yo nací.
A pesar de eso, la mía fue una infancia muy feliz gracias a mi abuela. .
Pero cuando llegué a la adolescencia empezaron las pesadillas. Oía el llanto de un niño. El llanto era tan triste y quejumbroso que parecía contener en sí mismo toda la miseria, toda la desgracia…
Cuando mi abuela se dio cuenta, le conté acerca de las pesadillas.
Entonces supe que al nacer, no nací sola. Tuve un hermano gemelo, pequeñito y frágil que vivió pocas horas. Mi madre ni siquiera alcanzó a vernos a ninguno de los dos. Y mi padre se sumió en una depresión fatal que finalmente lo llevó al suicidio.
Por fin supe que el otro esencial que me hacía falta era mi hermano, mi gemelo. Suyo era aquel llanto que soñaba, suya la risa que extrañaba Es cierto que puede extrañarse algo que jamás hemos conocido!
Pero a través de los años he dialogado con su espíritu.. Lo he llevado conmigo a lo alto de las montañas, nos hemos extasiado con las puestas de sol, con el vuelo de las aves, y sé que el pedacito de él que vive en mí se ha calmado, se ha conformado.
Y por eso digo que esta historia empezó con tres entierros, el de mi madre, el de mi padre y el de mi hermanito. Y termina con el mío. Tengo noventa y dos años y muy poco tiempo. Estoy impaciente por liberarme de este viejo cuerpo -¡pobrecito, tan bien que me ha servido, pero seamos francos, empieza a hacerme estorbo!- Ardo en ansias de ver a Angel, que es como el cura del pueblo bautizó a mi hermanito muerto…
Viví una vida buena. Amé a un par de buenos hombres y tuve dos hijos hermosos. A muchos sorprendió que fueran gemelos…! Fui feliz viéndolos crecer, y sé que por muchos años Angel los acompañó, haciendo honor a su nombre, como un ángel bueno.

Ni tan cerca del amor
Creí haber vivido
Ni tan lejos del odio
Imaginé toda mi historia
Pero ahora que me adentro
En los últimos momentos
Ahora que vislumbro
La luz del otro lado
Hoy es cuando comprendo
Cerca del amor
Lejos del odio
Que el amor cuando es Amor
Trasciende la miseria humana.
 
el_9_round,07.02.2007
La Pócima

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 ellas lo descubrieron todo. Lo único bueno fue que cuando lo descubrieron ya era tarde, al menos así lo creí.

Yo trabajaba en la boutique más exclusiva de Paris como vendedora, pero no sólo vendía trajes. Las clientas venían a mí desesperadas buscando algunas de mis pócimas mágicas para arreglar sus entuertos amorosos. Con el correr de los años me fui enterando de calientes secretos de la alta sociedad parisina y mi exceso de confianza hizo que cometiera el peor error de mi vida. Gracias a mí las enterraron como las mejores amigas y la verdad era que se odiaban y ahora me odian a mí.

Dos días antes de los entierros las tres vinieron a verme, en horas diferentes, pero buscando lo mismo, una pócima que excitara a sus amantes de manera demencial. Lo que no sabían y yo sí, era que los amantes eran el mismo hombre.

El brebaje en cuestión tenía que ser efectivo así que les pedí que volvieran a la hora de cerrar. Les expliqué que para aumentar el poder sobre el amante debían usar algo que él les hubiera regalado. No podía imaginar que ese sería mi más colosal equivocación.

Tomé un jarrón de porcelana y me escabullí al mercado. Compré semillas de girasoles, lavanda, pétalos de rosas rojas, fresas, y una trucha. Robé de la oficina de la tienda una botella de coñac y molí, revolví, mezclé y dejé reposar hasta la hora acordada. Pero antes de entregarlas efectué el rito que les otorgaría las propiedades:

Polvos de la madre tierra
Luces del calor
Regálenme los dones del amor
Fuerza de los mares
Uníos a la flor
y haz que los amantes
pierdan la razón.

Las tres llegaron a la misma hora y apenas se vieron se quedaron inmóviles. Las tres vestían de rojo con dos listones púrpuras cruzados en el pelo, una margarita en el pecho y perfume de azahares. Se preguntaron que ocurría, se explicaron la decisión de hacer que sus amantes fueran mejores, hablaron de la pócima y de usar lo que a sus amantes les excitaba. Indagaron el tipo de hombre que eran sus amantes y todo coincidía y por supuesto no tardaron en darse cuenta que era el mismo. Pero no lo podían creer. Comenzaron a subir la voz a pedirse explicaciones, a tirarse las cintas y entonces se fijaron en mí y en las botellitas. Las tomaron, se miraron desafiantes y gritaron que serían las mejores amantes. Casi al mismo tiempo vaciaron las botellitas de un trago y salieron disparadas al encuentro con el amante.

Jamás llegaron a verlo, mi pócima les envenenó la sangre y cayeron muertas al doblar la esquina. Podría haber sido el fin de la historia si no hubiese sido por el conjuro. Fue tan poderoso que el ardor de sus almas no las dejaron descansar en paz y entonces me buscaron, me llamaron, me aterraron y finalmente me mataron. Lograron llevarme al más allá para salvarlas del tormento de la lujuria eterna. El problema es recordar las palabras correctas...

Regocijándose van al anuncio del encuentro
Con el ser amado en un atardecer perfecto
Confiando ciegamente en la exclusividad del afecto
Mas intuyendo el engaño que el efecto
Del líquido ámbar provocando está en sus afectos

Y así quedando solitarias, llorando sus penas
Añorando sus vidas de engaños y ciegas
de lujurias, de amantes y presas
Deseando no estar muertas, implorando clemencia...

Pobres almas calientes de rabia
Ni tan cerca del amor ni tan lejos del odio
Beben quemantes las aguas, la savia
Y destilan veneno y fuego por los ojos.
 
el_9_round,08.02.2007
TE PERDÍ ENTRE DOS GUERRAS

Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío, cuando en el verano de 1914, mis ojos húmedos recorrían las intenciones de la carta de Elisa, apretada en mis puños. Con el rostro marcado por la guerra, todo podía hacerte sentir en los huesos, la ausencia de esperanza. Las tardes rojas ofrecían cadáveres para el deleite de gallinazos, gusanos y balas amontonadas sobre la sin razón. Nosotros esperábamos el llamado de los cuarteles en cualquier momento. Nadie apetecía vivir mañana. Mi única familia, se había ido y Elisa tan lejos. Volvía a desenredar su carta enarenada, una y otra vez, para volver a leerla de a pocos, en medio de la despedida fúnebre, en donde la guerra nada tenía que ver. Y Elisa, intentaba cruelmente y sin proponérselo, explicarme el porqué de su ausencia…

¡Cómo le duele al dolor!
sentirse inoportuno,
¡cómo le duele al amor!,
no verse reflejado.

“… ¡Querido Arnoldo, se me quiebra el corazón! Algo más cruel que la guerra de nuestros días me parte en dos, muero a diario. Estos sentimientos encontrados me impidieron acompañarte. ¡Tu pérdida es tan mía! Y difícil es explicarte el porqué. Todo me coloca entre decidir si resguardo el recuerdo, o vivo el presente. Lo cierto es, que no he aprendido a sobrellevar ninguno. Perdí la oportunidad de rodearme de la energía que contagiaba Aníbal entre los demás. Y sólo eso, provoca destrozos en mi alma.”

De no tener un simple corazón,
me duele el pensamiento,
el instinto me ha robado,
mató dentro mío la pasión.

“Espero con fe, que tan solo puedas aceptar lo que viene... Siete meses y medio atrás, durante una tarde de lluvia, un muchacho alto a lo lejos gritó mi nombre. Era Aníbal y su perfecta sonrisa. Sus palabras y un café, llenaron el vacío de mis momentos. Conversamos sobre mí y me salvó de las peores decisiones. Intenté hacerlo también, pero su odio a filo de escopeta por las noches y la muerte de su abuela, sumida en el temor, a causa de las amenazas de la muchedumbre en los alrededores de su granja, pudieron más. Son tiempos en donde atravesamos una doble guerra Arnoldo. Mi corazón atrapó el suyo en perfecta armonía, mientras luchaba por no detener sus latidos por el tuyo. Pero el amor es tan difícil de sobrellevar Arnoldo. En sólo dos semanas surgieron las explicaciones, las alternativas. Buscábamos no provocarte más dolor, cuando de pronto, lo mataron. ¡Arnoldo, querido Arnoldo! Sé lo duro que es. ¡Pero también lo es para mi! Entiéndeme por favor porque es preciso que sepas, que Aníbal será padre en tres semanas más. Soportar el futuro incierto, creciendo en mi vientre es difícil y aprender el camino que Aníbal me dejó lo es aún más. Y me duele, no haberle podido contar siquiera, sobre su hijo…”

Cuando llegué a esta confesión, ya era suficiente. Empecé a divagar, a retorcer las ideas, a morir en este mundo caído, dentro de las venas. Ni tan cerca del amor, ni tan lejos del odio, y arrodillado sobre las primeras gradas de un hotel en ruinas, desenvainé el revólver, en soledad y simplemente me fui, al otro lado…
 
el_9_round,08.02.2007
El maldito



Esta historia empezó con tres entierros y acabó con el mío cuando en el verano de 1914 mi cabeza rodó por la tarima del patíbulo y a raíz de mi muerte se gestó la leyenda que durante décadas habría de helar la sangre de los habitantes de la zona. Yo fui el origen y la causa de tan atroces sucesos y aunque el paso del tiempo haya suavizado los recuerdos, todavía se me revuelve el remordimiento cuando pienso en la magnitud de mis actos.


Mi vida fue como la de un cometa. Emergí de las sombras del vientre de mi madre ya muerta, que se sacrificó y ofreció su vida para que ésta pudiera recibirnos en su seno a mi y a mi hermano gemelo. Mi padre un hombre honrado y de bien, volcó todo su afecto e intentó suplir la ausencia del cariño materno. Severo pero bondadoso nos habitúo muy temprano a la responsabilidad que comprendía dirigir las labores de nuestra hacienda. Así que me crié en el noble seno familiar y rodeado del cariño de los míos.


Y no omitiré a Clara. No podría afirmar con certeza cuando la vi por primera vez. Nuestros destinos corrieron siempre paralelos. Clara era el latido. Alegraba mi sonrisa y de ella emanaba el aire que yo respiraba. En un principio fuimos amigos inseparables, almas traviesas en busca de aventuras. Con la adolescencia se multiplicaron las caricias. Rayando ya la pubertad descubrimos la pasión y nos entregamos al deseo.


No sé cuándo y cómo Clara comenzó a cambiar. Me evitaba. Desviaba la mirada cuando buscaba la suya y hasta el brillo de sus ojos se ensombreció.
Una tarde que regresaba de los campos antes de lo previsto, a la hora en que las cigarras rondan el silencio, percibí apenas unos jadeos apagados y me dirigí al establo con la incertidumbre a flor piel. La sangre me abrasó las venas cuando contemplé cómo mi propio hermano poseía a mi más amada mientras ella se entregaba a su fuego. No dudé un instante. Me abalancé sobre mi hermano y le cosí la espalda a puñaladas. A ella le rebané el pescuezo de un tajo.


El resto carece de importancia. Al día siguiente fui conducido con cadenas y grilletes a prisión. El juez hizo justicia y me condenó a la guillotina.
Antes de la ejecución mi padre me confesó mientras me golpeaba y se deshacía en lágrimas que Clara aguardaba un retoño. Tras sus palabras sólo me restaba esperar paciente a la muerte. Al día siguiente por ironía del destino mi cabeza no fue a para al cesto y rodó sobre la tarima del patíbulo.


No sé si la eternidad logré algún día redimir mis pecados; pero si se me concediera la remota posibilidad o el milagro de volver nacer, juro que si pudiera pagaría esta vez el deshonor con amor, el odio con la indiferencia y la traición con una sonrisa: pero hasta que esto suceda, seguiré siendo una alma maldita y en pena.




Epitafio


Caminante
si conoces la historia
del que aquí yace,
maldice
y escupe sobre su tumba;
pero si eres alma buena
y no sigues tu camino,
escucha en el aire
mi voz en el viento...
Porque no deseo
ni tu perdón
ni tu clemencia....
Tan sólo que escuches
la razón de mi legado...


Ni tan cerca del amor
ni tan lejos del odio
estamos cuando amamos
y el amor es sólo flor y llama
cuando se libera
de su hermano el odio.
 
galadrielle,12.02.2007
Aqui se vota? No veo que nadie lo haya hecho...
 
cramberria,12.02.2007
jajaja para qué poner la tele teniendo a los cuentos...
 
mancuspia,13.02.2007
Vengo por este foro a presentar mi solidaridad con los organizadores.
Realmente no entiendo como gente grande y pensante puede ser tan necia y estropear todo lo que comenta.
Churruka - Loretopaz - Cromascape1963
chicos los felicito al igual que a todos los participantes!!!
adelante y no se dejen intimidar por quien no merece siquiera un comentario..

besos para todos.
 
mancuspia,13.02.2007
Vengo por este foro a presentar mi solidaridad con los organizadores.
Realmente no entiendo como gente grande y pensante puede ser tan necia y estropear todo lo que comenta.
Churruka - Loretopaz - Cromascape1963
chicos los felicito al igual que a todos los participantes!!!
adelante y no se dejen intimidar por quien no merece siquiera un comentario..

besos para todos.
 



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