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Inicio / Cuenteros Locales / Balthamos / La misma moneda III: La huída

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Capítulo tercero: La huida


Paso todo un año en aquella cabaña perdida en un bosque desconocido. Todo un año y seguía sin conocer el terreno que le rodeaba. Había tenido ocasiones para aprender cuando salía de caza pero nunca llegó a conocer los terrenos que distaban mucho más de cuatro o cinco kilómetros. Durante todo ese tiempo sentía como su parte de vampiro se hacía más y más fuerte y cada vez le costaba más oponerse a el. Pero cuando era de día su parte oscura dormía y Melban podía tomar el control. Fue uno de esos días cuando decidió fugarse de aquel lugar o al menos morir en el intento.

Esa misma mañana comenzó a preparar todo lo que necesitaba para su fuga, empezó forjando unos grilletes de plata en los cuales puso en su parte interior unos clavos también de plata de forma que cuando se los pusiese a alguien los grilletes los clavos se le clavarían. A los grilletes les unió una larga cadena para que el prisionero pudiese moverse. Cuando al cabo de unos días logró acabarlos sin que Amber se diese cuenta, preparó una mochila y la cargó con comida suficiente para dos semanas. Ya estaba preparado, ya podía irse.

Al día siguiente, poco después del amanecer se acercó a la habitación de Amber, donde esta dormía. Sin hacer el mínimo ruido se inclinó sobre ella y le colocó los grilletes. Engancho la cadena en el techo para que le costase más llegar y envolvió el enganche con un alambre con pinchos de plata para que no pudiese soltarlo. Una vez acabada la desagradable tarea fue hacia la forja, cogió todas las herramientas y las arrojó, con cuidado para no quemarse, lejos por la ventana para que no pudiese usarlas para desatarse. Cuando acabo se iba a dirigir hacia su habitación para huir en cuanto anocheciese.

Pero en la puerta estaba ella. Estaba apoyada en el marco de la puerta observándole con una mirada asesina. De sus muñecas goteaba una continua lluvia de sangre haciendo un charco a sus pies. En su rostro iba dibujándose una sonrisa lujuriosa, avecinándose al festín de sangre, sus colmillos relucían, sus dedos se transformaban en garras. Sus ojos se habían oscurecido asta ser totalmente negros. Ya le había dicho que la sed de sangre de u vampiro obraba prodigiosos cambios en la fisonomía del vampiro. Pero no eran cambios prodigiosos, era una pesadilla.

- ¿Ya te vas? Preguntó. ¿No pensabas despedirte de la persona que salvó tu vida, te ha enseñado y te ha convertido en la persona que eres? ¿Acaso crees que conseguirás llegar a algún sitio antes de perecer calcinado? Sin mi ayuda morirás mañana mismo, no puedes irte de aquí.

- Prefiero morir a convertirme en un monstruo como tu. Contestó y dicho esto cargo contra ella para intentar llegar a su habitación para coger su mochila y sus armas.

La cogió por sorpresa y ella cayó al suelo pero en breves instantes ya estaba de pie corriendo tras el arrastrando la cadena. Melban entró en su habitación y cerró de un portazo para impedir el avance de Amber. Sin perder tiempo se echó la mochila al hombro y puso sus dagas en el cinturón, empuñó su sable que descansaba sobre la cama y se giró para enfrentarse a Amber. Esta no se detuvo para abrir la puerta, dos metros antes de legar a ella saltó hacia delante con la inercia que llevaba de la carrera. La puerta no aguantó el golpe y cayo al suelo con Amber encima.

- ¿Dónde crees que ibas?

Saltó de nuevo hacia Melban con las garras por delante. Antes de que llegara a el la cadena llegó a su fin y la paró en seco en el aire, Sus pies siguieron por la inercia y golpearon con fuerza a Melban lanzándolo contra la pared. Esta no aguanto el golpe y se rompió. El joven vampiro cayó fuera en medio del claro que rodeaba la casa con el Sol cayéndole a plomo.

Se levantó y se dio cuenta de que el Sol no le quemaba, tan solo le dolía. Su lado humano seguía siendo inmune a su luz. Pero también le privaba de la fuerza y la agilidad sobrenatural que poseía cuando era vampiro. Se giró y vio a Amber acurrucada en las sombras de la casa. La luz le había quemado pero con la rapidez que le caracterizaba se había apartado en seguida. Le observaba desde allí tan asombrada como el.

- Eres débil Luizzic, sigues siendo en parte humano. Vete de aquí, en cuanto me libere partiré a buscarte por lo que me has hecho hoy. Has insultado y humillado a Amber, señora de los vampiros. No serás aceptado por nadie de nuestra raza en cuanto corra la voz. ¡Vete de aquí! ¡Estás muerto!

Dicho esto se escabulló al interior de su hogar dejando detrás de si un reguero de sangre y el tintinear de las cadenas. Melban se puso a correr hacia el interior del bosque, sin saber hacia donde se dirigía, la suerte elegiría su destino. Apenas se había internado cuando tropezó con algo en el suelo y cayó de bruces. Allí enterrada por las enredaderas yacía su antigua espada, la espada que le dio su padre el día que se alistó al ejercito. Un día que parecía muy lejano. Estaba intacta, no estaba ni mellada ni oxidada.

Bueno, pensó, Luizzic tiene su sable, yo también necesito un arma. La cogió y se la echó a la espalda dispuesto a seguir andando. Lo único que se oía por el bosque eran los gritos furiosos de Amber. Los clavos de plata de los grilletes y del final de la cadena pronto la debilitarían y la dejarían sin las fuerzas suficientes para liberarse y allí quedaría encerrada consumiéndose sin alimento por toda la eternidad.

Camino durante todo el día, parándose solo un par de veces para comer. Cuando llegó la noche notó como su mente se enturbiaba y la fuerza regresaba a el, su vista se adaptó a la oscuridad y su personalidad cambió por completo. Luizzic había despertado y ahora era él el que mandaba. Estaba de acuerdo con lo que había hecho, no daría media vuelta para ayudar a Amber, pues aunque la amaba sabía que no entendería su situación y le mataría sin compasión. Por tanto llegaron a un acuerdo. El día era de Melban, la noche era de Luizzic y así siguieron andando día y noche sin apenas descansar. Al cabo de poco más de una semana llegaron al linde del bosque y allí en la lejanía se podía ver el humo que salía de una chimenea. El medio vampiro dirigió hacia allí sus pasos.


Bueno, al menos ya he encontrado un título para la novela, aunque un título algo extraño. "La misma moneda" Espero mañana poder subir otro capítulo más. Nos leemos.

Balthamos

Texto agregado el 07-09-2006, y leído por 228 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
07-11-2006 Ahhh!!! Interesantísimo este capítulo por cierto! La idea del hombre vampiro me hizo sonreir es genial! Un saludo y todas las estrellas***** josef
18-09-2006 Un hombre-vampiro! nunca se me hubiera ocurrido conjugar ambas cosas, pensar que alguien podría conservar su humanidad tras ser mordido y no ser completamente devorado por el vampiro que surje. Me encanta y sigo! Ikalinen
08-09-2006 ¿Ama a Amber? .. valgame, no se vale Dave jeje pues creo que tendra que morir eh .. otra debera quedarse con el premio al final. Apenas empieza tu historia, creo que habra muchos capitulos mas ¿verdad?. ¿Has leido Oro y Sangre de de Anne Rice?, buenisimo tmb esme_ralda
08-09-2006 Lo leí de un tirón, así que amigo dale a la plum, que ya estoy esperando al próximo capítulo..Tu maestría estriba en crear un ambiente creible que se adapta totalmente a tu relato.. churruka
 
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