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Cuando nací una pelusa finita y rubia cubría mi cabeza. Mis viejos sostenían una teoría no comprobada de la época: si cortabas la pelusa detrás venia el pelo. No tardaron en llamar al fígaro, un peluquero de los de antes que laburaba a domicilio, traducido a la actualidad sería un delibery-estilista, (¡tomatelaaas!). Bueno, el chabon saco de un bolso una razuradora manual de dudosa afilacion y comenzó su labor. Dicen los que me vieron que mis gritos eran desgarradores y mi tonalidad violácea.
Tiempo más tarde resurgió la pelusa que un par de años después se transformaron en rulos castaños. Ya de pibe tenía entradas. La genética familiar no me dejaría escapar pero igual le di batalla, una batalla tan inútil como querer ser ñato a base de masajes cuando en tu familia son todos narigones, un disparate.
La lucha duro años, casi como la Guerra Fría, la única diferencia era que lo único frió eran los resultados.
Probé con cuanto producto aparecía en mercado, masajeando mi pobre bocha todo el tiempo. Eran tiempos que la falta de seguridad en uno mismo provocaban estas boludeses. A mediados de los 80 la adolescencia mayormente usaba pelo largo y obviamente las chicas veían en las frondosas cabelleras belleza y virilidad, nada tan lejano. Imberbes lampiños de largos pelos y caras fuleras eran adorados por él publico femenino, mientras que los semicalvos de pelo en pecho, (regla casi fija), no siendo tan fuleros tratábamos de explicar que lo nuestro era exceso de testosterona mientras que nuestra ocasional amiga nos explicaba sobre la belleza interna, partidarias contra la superficialidad para terminar pidiéndonos que le hagamos gancho con algún amigo pelucón.
El único calvo que no tenía problemas era Carlin, él pregonaba: Vos fuma.
¿Skinhead?, muy nazi, ¿Arekrishna?, muy Hindú, ¿alternativo?, no existía. ¡Habiendo tantas tribus urbanas a uno se le ocurre ser rockero!, por lo tanto mi grupo de pertenencia era puro pelo y las rockeritas veían la belleza proporcional al largo del pelo.
Fue entonces cuando intente dejarme mis pocas chuzas largas, un ridículo. Cabello largo en la nuca y un falso flequillito que se levantaba contra el viento tipo capot, me obligaba a caminar con la cabeza gacha cual niño enojado.
Cansado de gastar plata en productos inútiles probé con soluciones caseras también inútiles: pastillas anticonceptivas mezcladas en el champú, masajes estimulando la irrigación sanguínea y savia de aloe vera que todo lo solucionaba al igual que hoy la baba de caracol. No llegue a la caca de gallina, me sonaba a joda de campesinos para los pobres calvos desesperados.
Con el aloe tuve una experiencia bastante particular. Recién se comenzaba a hablar de las soluciones en la vida misma que proporcionaba esta planta. Ignorando la forma, el tamaño y el color de la misma, (sospechaba que verde), recurrí a un amigo de esos que todo lo sabe y sino lo inventa, ¡va un chamuyero! Me cuenta que en el terraplén de las vías del tren se encontraban en cantidad y tamaño, allá nos dirigimos. Llegamos y las encontramos. Solo una hoja me alcanzaba para el tratamiento de casi un mes, eso sí, debía trozarla para que entre en la heladera y se mantuviera fresca.
Por la noche tome un trozo y rasque la pulpa interna que según decían era una especie de gelatina babosa. En este caso no, más bien tenía la consistencia de una manzana, me pareció raro pero seguí con el tratamiento. Esparcí el jugo en mi cabeza y muy paulatinamente comenzó un picor-ardor como si hubiera metido el cuero cabelludo en ácido. Mi querida vieja decía: ¡te debe estar haciendo efecto!
Nunca supe si fue una joda de mi amigo o si el también ignoraba como distinguir un aloe de una juca, planta ponzoñosa si las hay.
Tiempo después me hice amigo de mi bocha y la lucí en vez de esconderla. La afeite cuando no era moda y gracias a personajes como Luca y el Indio pude ser roquero sin complejos. Hoy el pelo me chupa, pero si mañana sale una droga mágica que lo hace crecer la voy a usar solo para dejármelo largo hasta el culo, y luego pelarme nuevamente a modo de venganza.
Rencoroso el tipo.

Texto agregado el 11-04-2008, y leído por 638 visitantes. (16 votos)


Lectores Opinan
27-02-2010 jajajajaa, eso, hay que llevarlo con orgullo!! La época de Sansón ya pasó, el pelo no mide la virilidad!! Buen cuento, divertido y bien narrado! ******** De aloe! nayru
11-10-2009 Ya lo dice el viejo adagio, lo unico que para la caída del pelo es el piso. abulorio
30-06-2009 no ,basta va el segundo que leo y estoy por morir de risa,genial!!!!,para regalarseloa mas de un pelado que conozco y paso por la misma lucha******* shosha
26-06-2009 Jajaja que genial.... pero hay pelados rockeros sexys, Halford jaja Rockero y calvo, buen texto. La mejor cura para eso es asumirlo. Un beso, gracias por la recomendacion englishrose
15-06-2009 Jajajaajaa que vamos a hacer!! asi es la cosa dijo barbosa unos la luchan otros la gozan y otros se resignan, muy muy bueno, mis******* nanajua
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