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Recuerdo que te acercaste a mí un día, como hace tiempo no lo hacías, y que me dijiste que tenías frió… tiritabas por el frío… que querías que te abrazara porque hacía mucho frío, tanto que podíamos ver nuestro aliento al hablar, y tu no tenías más que un sweater y una chaqueta de verano. Así que accedí, y te sentaste a mi lado. No tenía nada para ofrecerte, como una chaqueta o un chaleco, porque sabes que no acostumbro a abrigarme mucho, y solo podía ofrecerte mi abrazo y mi consuelo, para que sobreviviéramos esta nueva noche.
Pasadas las horas me percaté que dormías, y aún tiritabas un poco, con tu cabecita recostada en mi hombro, ambos cubiertos por la única chaqueta que llevaba, y dormías placidamente, y te observaba yo, enamorado de tu ternura, la que hace tanto tiempo pensé que habías olvidado, golpeada por la vida, abofeteada por los miles de desastres que nos seguían desde que nos conocemos.
Pude sentir como tu brazo se aferraba al mío, aún dormida, buscando esa seguridad que me encantaría poder darte, y que tú aún crees que puedo entregarte.
Afuera se podía escuchar como los truenos estremecían con la tormenta y la ventisca el curso del tren, y la lluvia bañaban el vehiculo. El transporte viajaba sin parar hace horas, y nosotros descansábamos en el suelo del carro, apoyados contra una de las paredes, en noche de invierno, crudo y malicioso.
Soñabas, me di cuenta, soñabas conmigo, pues oía mi nombre entre las frases que balbuceabas, y apretabas mi brazo con fuerza, para no perder el calor que te entregaba. Yo acariciaba tu cabeza, y solo pensaba… recordaba cuanto tiempo había pasado desde la última vez que me necesitaste. Tanto tiempo, tanto tiempo en que nunca necesitaste de mi calor y mi cariño, y ahora te acercaste a mí al fin, para pedirme que te abrazara, y que te acariciara, porque tenías frío. Cuantas noches frías pasamos sin que te acercaras a mí. Pero esa noche querías que te cuidara, como cuando dormías en mis brazos, años atrás, en esas calles lejanas, en esos tiempos ocultos en nuestra memoria de amantes. Cuando las calles eran nuestro hogar, y la gente nuestra familia.
Solías tener miedo, y yo te protegía, a pesar de que yo también estuviera asustado, te decía que no te preocuparas, porque no dejaría que te lastimaran… pero hubo un tiempo en que ya no ibas hacia mi… sino que yo ya no te protegía, tu podías sola con todo. Y recuerdo que cuando las cosas eran crudas, y yo quería cuidarte… te negabas a mi abrazo, y yo no sabía que hacer, entonces me daba cuenta que tenía miedo, y muchas veces era yo el que te necesitaba.
Me hallé luego sonriendo, ante ver como te acurrucabas en mi pecho, y como podía oler ahora tu cabello. Entonces te abracé, enternecido por tu dormitar de niña mimada.
Recordé cuando cantabas junto a mi y mi guitarra, en esas plazoletas viejas, llenas de cuentos antiguos y magia, donde solías bailar con un pandero, y yo te cantaba una canción alegre, que nos hacía ganarnos el pan de la tarde, y el café de la noche. Pero luego me abandonaste, y las canciones ya no hacían bailar a nuestro público… ahora lloraban, y se iban, y ya no me alimentaban… mi corazón estaba roto, y mi alimento debía robarlo… y mi guitarra y mi voz me abandonaron… como tu.
Luego despertaste… después de horas durmiendo entre mis brazos, y apoyada en mi pecho dichoso, bajo los besos que daba a tu cabecita, y las caricias que te acurrucaron durante la noche fría del invierno tormentoso. Me miraste, recuerdo, con tus ojazos preciosos y misteriosos, dándome gracias con la boca cerrada por el amor que nunca olvidé. Yo te sonreí, y me besaste… como cuando corríamos por las montañas verdes de una vieja cordillera olvidada por los artistas. Cuando jugabas a ser libre, y creías que podías volar, y yo te seguía alegre bajo el sol, te seguía jurando que te vería volar, y te abracé… y tú me besaste, como nunca lo esperé. Y yo te decía que te amaba, y tú me volvías a besar… hasta cuando oscurecía, y nos escondíamos de las estrellas, y de la luna, y del viento, y solo éramos los dos en el mundo frío, oscuro y malvado… y nada teníamos que ver con la gente.
Y el tren seguía su curso, y tú a mi lado, recostada en mi pecho, despierta, soñando aún con la vida, y yo recordando… acariciándote… esperando llegar a nuestro futuro destino, para continuar la vida que elegimos, como cuando me querías.

Texto agregado el 11-03-2011, y leído por 153 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
11-03-2011 Concuerdo con solo_agua ...me dejas con la sensacion de que algo me falta...pero hasta aqui es lindo tu texto... hadAzul
11-03-2011 Es tierna, obviamente una plática, pero como que me falta algo. Solo_agua
11-03-2011 ¿Eres primo de Fabian_de_maza? Ya veo que el mal es de familia. Ni tú ni él guardan gusto por las buenas letras. Esto es un desastre literario. 1* Murov
 
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