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Inicio / Cuenteros Locales / Nazareo_Mellado / Cuerpo

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El cuerpo, como fina capa que modula en expresiones,
la atrapada vida que fluye derramada desde el interior.
Reflejo descuidado, transparente del temporal de emociones.
Fortaleza que encierra, los vistosos destellos hacia el exterior.
Entrelazada pieza indivisible de la intocable alma
que tanto aísla como generosamente brinda,
la oportunidad por conseguir la ansiada calma,
en la posibilidad real de mantener viva la vida
atrapada entre placenteros sueños de sábanas.


Reparto de trajes a medida, perfectamente diseñados,
que define para cada uno nuestra trastornada identidad,
que arrastramos como peso muerto avergonzados,
dándole eterna y torturadora agonía a la conformidad.
En espera de esa pérdida mañana de día soleado
en que nos sacudamos nuestra propia decepción
de vernos hermosos frente a un espejo empañado.
parados alegres, erguidos y seguros de la respiración.


El cuerpo, a veces sonrisa de un alma en pena,
a veces desilusión del vivo deseo de esperanza.
Disfraz perfecto del sufrido actor que estrena
la obra de haber sido por parecerse en la añoranza.
El convidado de piedra de las ansias de elevación
y a su vez la perdición de quien sepultado se abalanza
en narcisista lucha por perdurar viva la putrefacción.


Querer el cuerpo es la vida en placentera insatisfacción.
Es un buda burlesco que se ríe en tu cara a carcajadas
de la imposibilidad de poder alcanzar la perfección
a través de interminables meditaciones encarnadas.
Apresurados cantos de exhortación a la descomposición.
El cuerpo, impaciente existencia con tiempo determinado,
futura esperanza de elevación con inaplazable expiración.
Es la cadena que te ata a lo tangible, a las dolencias,
al hambre, al frío, a la enfermedad, al despreciado deseo.


¡Al sucio deseo! Lacayo no deseado del limpio amor
que se pavonea como imagen de la bondad humana.
¿Quién no ha querido regalarte sublimes palabras
y ha terminado enjuiciado por la vulgaridad mundana?
¡Oh deseo! quien no quiso extenderte como evidencia,
como señal liberadora expuesta sobre un blanco lienzo,
manchando el inmaculado amor para darte existencia.
y tímidamente alzarte, acompañado de un grito apagado
para con ello contrastar sorprendido tu insignificancia.


Terminar suspendido, alzado jadeando a escondidas,
sollozando culpable del viaje a la eternidad estrellado.
Hipócritas delatores que señalaron tu despreciable vida,
para no darte el crédito en el cuento de felicidad hallado.
Deseo que desencadenas explosiones de emoción,
que le dan al café de la mañana ese sabor de alegría,
que le brindan el necesario empuje a la respiración.


Que te transporta de regreso al regazo materno,
que te regala esa dulce languidez consumada
mucho antes del duro parto, cuando nada dolía.
Que te lleva a oscurecer la esencia divina encarnada,
en este cuerpo que se revolcó del dolor a la apatía
para no desear una dolorosa descomposición eternizada.

Texto agregado el 10-11-2018, y leído por 0 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2018-11-10 14:38:10 Las primeras líneas de la segunda estrofa tienen una increíble fuerza que da brutalidad a todo tu poema. Maravillosa máquina contenedora relegada al puto Mac Donald. Quizás algún día le demos la importancia que merece. Excelente y original oda. Saludos desde Iquique Chile. vejete_rockero-48
 
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