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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / La Noche Soñada de Carla Conte

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Se encontraba Carla Conte, una de las temibles y sanguinarias Quesonas Asesinas, caminando por el Canal 9, reflexionando sobre los asesinatos que había cometido, los hombres que había asesinado y los Quesos que había tirado. Carla pensó en quien sería su próxima víctima
En ese momento justo pasaba Silvio Soldán por ahí, que se llevó por delante a Carla, mientras decía en voz alta:
- Y pensar que yo conocí a Canal 9 en su esplendor. La edad de oro. Cuando era Canal 9 Libertad. Feliz Domingo para la Juventud. Sábados de la Bondad. Grandes valores del Tango. Cuando estaba el Don Alejandro Romay, no esta mierda que es ahora.
Carla observó a Soldán y pensó:
- Un viejo desagradable. Ni siquiera cuando era joven lo hubiese quesoneado. Soy una asesina. Me gusta asesinar hombres. Pero también tengo mis gustos. No cualquiera merece que le tire un Queso.
Carla entró a un ascensor y casualmente se cruzó con Nicolás Gutiérrez Magaldi, uno de los conductores del Canal, de cierto parecido físico con Marcelo Tinelli, para muchos.
- Hola Carla – dijo Magaldi.
- Hola Nicolás – dijo Carla mientras pensaba - ¿Porqué no?
Carla en ese momento simuló una especie de desmayo, y fingió que se desplomaba hacia el piso, mientras se apoyaba en la pared del ascensor. Magaldi le dijo:
- ¿Qué te ocurre Carla?
- Por favor Nicolás, sácame los zapatos. Siento como que me ahogo.
- ¿En serio?
- Por favor Nicolás. Los zapatos y las medias también.
Nicolás se arrodilló y Carla puso los pies sobre el rostro del conductor, que le sacó los zapatos y las medias. Magaldi creyó que los pies de Carla iban a lanzar un fuerte olor pues estaban muy sudados, pero lo que emitían era una fragancia a perfume francés.
- Pensé que tus pies iban a oler a otra cosa, Carla.
- ¿A Queso? No, ja, ja, me dicen la Quesona, pero me los cuido muy bien, ahora huelen a perfume francés. Haceme cosquillas en los pies.
Magaldi parecía como hipnotizado. Empezó a hacerle cosquillas en los pies sin decir nada y a Carla le encantó.
- ¡Ji, ji, ji! – reía Carla mientras Magaldi la cosquilleaba – Dale Nicolás, gracias por este favor, podemos divertirnos mucho más.
- ¿En serio Carla?
- Por supuesto. Te espero esta noche en un departamento que me prestan, en la Calle de los Imbéciles n° 756 piso 12° “A”.
- Ahí estaré Carla.
Carla sonrío contenta. El ascensor, que estuvo detenido un rato, por fin se abrió, y al hacerlo, estaba Silvio Soldán que gritaba:
- ¡Qué vergüenza! ¿Qué mierda estuvieron haciendo ahí? ¡Un corte, una quebrada y volvemos!
Carla fue a su camarín donde para su sorpresa le habían dejado un enorme paquete. Era un Queso, un enorme Queso, con una inscripción: “Para Carla (la Quesona) de Carlos (el Quesón)”.
A Carla nada le gustó esto. Sabía que había asesinado a varios Carlos, que había quesoneado a varios quesones, y esta podía ser la factura. Disimuló un buen rato, e hizo su programa sin mayores inconvenientes. Al salir, estaba pensando en el encuentro de esa noche con Nicolás Gutierrez Magaldi. Iba pensando en eso cuando se cruzó con otro conductor, Leo Montero. Carla tan distraída estaba que se llevó por delante a Montero.
- ¡Vaya Carla! Veo que estas muy pensativa.
- Discúlpame Leo – le contestó Carla – es que estaba distraída, je, je, siempre pensando cosas, je je..
- ¿Pensando cosas como qué?
- La vida animal en las sabanas africanas, leones, elefantes, gacelas, antílopes, cebras, jirafas, hienas, rinocerontes, suricatas, pensando esas cosas.
- No creo que estuvieras pensando en esas cosas.
- Bueno Leo, quizás pensaba en lo lindo que sería chuparte los pies.
- ¿Me estas hablando en serio?
- Por supuesto. Tus pies deben ser muy lindos. ¿Te llamas Carlos, no? ¿Carlos Leonardo Montero es tu nombre completo?
- No. Siempre dicen lo mismo pero no es ahí. Mi nombre completo es Leonardo César Montero. Eso de que me llamo Carlos es una confusión: mi hermano se llama así y además nací en Carlos Paz.
- Qué lastima Leo, hubieras sido un gran Quesón.
- ¿Quesón? Dale Carla, si tomaste de la buena, convida un poco.
- ¿Queres que te convide? Bueno, dale, ya sé que tu programejo de hoy es grabado, te espero esta noche en un departamento, dale, la Calle de los Imbéciles n° 756 piso 12° “A”.
- Bueno, Carla, no puedo negarme a esa invitación. Ahí estaré.
Carla Conte se dio cuenta que había invitado a dos Quesudos (así los llamaba ella), a Nicolás Magaldi y a Leo Montero.
La tarde se hizo noche, y Carla se encontraba en ese departamento, bastante amplio, cómodo y oscuro, mientas esperaba a Magaldi y a Montero. Vestida con ropa sadomasoquista, la Quesona se puso los guantes negros y se miraba al espejo mientras había una mesa donde se exhibían varias clases de Quesos, casi todos ellos de gran tamaño.
Carla tocó un puñal y pensaba “se lo clavaré en el corazón”, luego una espada “para córtate la cabeza”, agarró una soga “para ahorcarte” y un revolver con silenciador “por si hay que obrar rápido”.
Se escuchó el timbre. Carla abrió la puerta. El que había llegado era Nicolás Magaldi.
- Hola Carla. No quiero perder el tiempo. Quiero jugar con esos pies.
- Jugaremos un largo rato, Nicolás, pero tendrás que ser un buen jugador.
- Estoy dispuesto a hacer lo que sea.
Carla llevó a Magaldi a un cuarto todo de color azul, como aquel tango de Marianito Mores donde cantaba “Cuartito azul, dulce morada de mi vida”.
Despues de que Magaldi se desnudará, empezaron a jugar, el chupó los pies de ella, y ella después los de él. Se hicieron cosquillas uno al otro, en todo el cuerpo. Magaldi chupó el culo y la concha de Carla, ella se disponía a la fellatio cuando se escuchó el timbre.
- ¡Oh, no! – Pensó Carla - ¡Me olvidé debe ser Leo Montero!
- ¿El timbre? ¿Va a llegar alguien más?
- Te dije que nos íbamos a divertir – dijo Carla – espera un poco Nico.
Carla abrió la puerta y era Leo Montero quien llegó.
- ¿Jugamos Carla?
- Jugaremos Leo. Quedate desnudo.
Montero se desnudó y Carla le indicó que entrará al cuarto, para sorpresa de Leo, ahí estaba Nicolás Magaldi.
- ¡Nico! No sabía que esto era un menage a trois. Me hubieras avisado, Carla. Hubiera aceptado pero me hubieras avisado.
- No, no será un menage a trois. Con Nicolás ya jugué un rato – dijo Carla – ahora te toca a vos, Leo. Nico esperará y nos observará.
- ¡Noooo! – dijo Magaldi - ¡Yo quiero jugar!
- Lo siento Nicolás, si no queres ver, dormirás – dijo Carla mientras le ponía una jeringa en el cuello, que dejó totalmente dormido a Magaldi.
Montero quedó asombrado y le dijo a Carla:
- Qué frialdad que tenes, nena. Espero que en la cama seas muy fogosa.
- Soy fría y letal cuando debo ser fría y letal. Una asesina a sangre fría, ja, ja, y caliente y fogosa cuando las circunstancias así lo requieran.
Mientras Magaldi dormía, el juego entre Carla y Montero se desarrolló como el anterior. El chupó los pies de ella, y ella después los de él. Se hicieron cosquillas uno al otro, en todo el cuerpo. Montero chupó el culo y la concha de Carla, ella se disponía a la fellatio cuando se escuchó el timbre.
- ¡Otra vez el timbre! – dijo Carla.
- ¿Y ahora? – preguntó Montero - ¿Llega más gente para la fiesta?
Justo en ese momento se despertó Magaldi que dijo:
- Quiero jugar yo también – mientras el timbre sonaba por segunda vez – no es justo, no es justo.
- Jugaremos todos juntos. Voy a ver quien es – dijo Carla.
Carla Conte se acercó a la puerta y la abrió. Para su sorpresa era el periodista de C5N Darío Gannio, flaco y desgarbado. Carla pensó:
- ¡Maldita sea! Olvidé que este flaco iba a venir a hacerme una entrevista!
Darío ingresó al departamento, Carla hubiera preferido que no lo hiciera, pero no lo pudo evitar, se dio cuenta que debía obrar con rapidez.
- ¡Hola Carla! ¿Cómo va? – Darío se dio cuenta que del cuarto azul salieron desnudos Nicolás Magaldi y Leo Montero - ¿Qué es esto Carla, una festichola? Yo no sé si participó, soy medio gay, mejor me voy…
- Vos no te vas – le dijo Carla mientras lo apuntaba con un arma de fuego, un revolver largo con silenciador – O mejor dicho, no salís vivo de aca.
Darío contemplaba aterrorizado. Empezó a retroceder, Magaldi y Montero miraban con asombro. El periodista empezó a balbucear y mientras Carla lo apuntaba con el arma, le dijo:
- Pero Carla, ¿Cómo me vas a asesinar? Yo tengo las mismas ideas políticas que vos…
- Yo soy una asesina – dijo Carla – una Quesona. Cuando asesinó a pelotudos como vos no les preguntó que ideas políticas tienen, me limitó a asesinarlos. Lo siento Darío.
La asesina disparó seis balas y los balazos impactaron en el cráneo, el cuello y el torax de Darío Gannio que cayó muerto de inmediato. La asesina tomó uno de los Quesos y lo tiró sobre el cadáver ensangrentado mientras decía en voz alta:
- Darío Gannio. #Queso.
Carla, todavía con el revolver humeante en las manos, se pusó frente a Montero y Magaldi, que aterrorizados, comenzaron a gritar a coro:
- ¡No me asesines Carla! ¡No me asesines!
- No los asesinaré por ahora – fue la respuesta de Carla – puede que en este minuto no los asesiné, pero en diez minutos sí puedo hacerlo. Ja, ja, soy una asesina.
Magaldi y Montero estaban arrodillados y aterrorizados. Otra vez sacó una jeringa y con gran rapidez durmió ahora a Montero. Magaldi quedó despierto.
- Tranquilo Nicolás, tengamos sexo.
Sexo tuvieron y muy intenso fue, lleno de pasión y fogosidad. Cuando terminaron, mientras Montero seguía durmiendo, Magaldi, sentado y desnudo mientras le daba la espalda, le dijo a Carla:
- La verdad Carla. Creía que me ibas a asesinar en serio.
- Y lo haré Nicolás – dijo Carla – te deje disfrutar del sexo solo para que tuvieras una diversión antes de ser asesinado.
- ¡Noooo! – gritó Magaldi.
La asesina disparó pero ningún balazo salió. Magaldi respiró aliviado.
- ¡Qué bromista que sos Carla, ja, ja!
- Muy bromista. Ya no me quedan balas. Pero soy una asesina, ja, ja – y Carla, con el revolver sin balas, simuló descargar el cargador sobre la cabeza de Magaldi.
Justo en ese momento se despertó Leo Montero, intentó moverse, pero se dio cuenta que estaba atado.
- Tranquilo Leo – le dijo Carla – es parte del juego.
- Vaya, vaya, eres muy juguetona – le dijo Montero.
Magaldi estaba más tranquilo y relajado, sin darse cuenta, que Carla se pusó detrás de él, y en un rápido movimiento, le puso una bolsa que le cubrió la cabeza y al mismo tiempo, con una soga empezó a apretarle el cuello. Carla estaba estrangulando y asfixiando a Nicolás Magaldi al mismo tiempo. El conductor intentó resistirse y aguantó lo que pudo, pero la asesina venció su resistencia, y finalmente lo asesinó. Montero contempló todo aterrorizado.
Carla, satisfecha, tomó uno de los Quesos, y lo tiró sobre el cadáver de Nicolás Gutierrez Magaldi, diciendo en voz alta:
- Nicolás Magaldi. #Queso.
- ¡Los matas a todos y les tiras un Queso! – dijo asombrado y aterrorizado Montero – sabía de los asesinos quesones, también lo de las asesinas, pero jamas imagine que fueras vos, Carla Conte.
- Soy una de ellas, ja, ja – dijo Carla Conte.
- ¿Me vas a asesinar ahora a mí también? – preguntó balbuceando, con terror y asombro Leo Montero.
- Primero tendremos sexo. Después veremos.
Sexo tuvieron y muy intenso fue, lleno de pasión y fogosidad, lo de Montero estuvo muy bien, aunque a Carla le gustó más tener sexo con Magaldi. Al terminar, Montero estaba muy contento, lleno de gozo y placer, y dijo:
- Sos excelente teniendo sexo.
- Pero mejor soy como asesina.
Montero esperaba lleno de pánico, que Carla lo asfixiara y estrangulará como había hecho con Magaldi, pero de repente vio a Carla frente a él, armada con una enorme espada.
- Te cortaré la cabeza – le dijo Carla Conte a Leo Montero.
Y la asesina entonces blandió la espada y le hizo varios cortes en el cuello a Leo Montero, hasta que finalmente lo decapitó.
Carla, satisfecha, tomó uno de los Quesos, y lo tiró sobre el cadáver de Leo Montero, diciendo en voz alta:
- Leonardo Montero. #Queso.
La asesina estaba satisfecha. En el departamento armó como un museo del crimen con los cadáveres de los tres hombres asesinados. El de Darío Gannio quedó tendido en el piso, acribillado y ensangretado. Al de Nico Magaldi, lo colgó del techo, como los ahorcados del Viejo y Lejando Oeste. En cuanto a la cabeza de Leo Montero, la puso en una bandeja, como se hacía en los tiempos antiguos. Al lado de cada cadáver, un Queso.
Carla miró el reloj y observó que eran las dos de la mañana. Todo había empezado a las diez de la noche. Cuatro horas le había llevado toda esa faena. Estaba muy contenta, repleta de gozo y placer. Ya era una gran asesina, pero ahora se creía que estaba en una instancia superior. Estaba dispuesta a dejar una denuncia anónima para que la policía descubriera la obra maestra de terror, que ella, Carla Conte había cometido. Pero ahora, cansada se fue a dormir.
Empezó a sentir mucho sueño, un profundo sueño, se acostó, y empezó a dormir. Unas dos después, Carla se despertó, sobresaltada y asustada, y para su sorpresa, un enorme pie de hombre, talle 48 o 49, muy oloroso, demasiado oloroso, el olor a Queso era muy, pero muy fuerte. Ella había olido muchos pies, y la mayoría olía a Queso, pero aquello era algo inimaginable. Superaba todo.
Carla contempló el pie, y aunque le tapaba gran parte de la visual, pudo darse cuenta, que ahí había un hombre vestido totalmente de negro, con guantes, que sostenía un enorme cuchillo con la mano derecha y un enorme Queso, esos Quesos tipos Emmental, con la izquierda.
Como quedándose sin aire, y balbuceando, Carla Conte llegó a decir:
- ¡Un Quesón vino por mí!
- Así es mi amiga. Un Quesón vino por ti. Tus crímenes son muchos. Llegó la hora de la justicia.
Carla no reconoció la voz y le encontró a ese hombre, muy alto, cierta tonada de algún país sudamericano, de todas formas Carla llego a decir:
- Sos vos Carlos. Carlos Bossio. No tengo dudas. Venís a quesonearme.
En ese momento el Quesón retiró el pie del rostro de Carla, y entonces ella pudo ver el rostro del hombre, del Quesón, que medía 1,93 metros y calzaba un 48/49.
- Soy Carlos, soy un Quesón y vengo a quesonearte. Mi nombre es Carlos Lampe, quizás no me conozcas, vengo del Altiplano, soy boliviano, en Perú, Bolivia y Chile quesonee a más de quinientas minas. Soy “el Quesón de los Andes”, “el Quesón del Altiplano”, “el Terror de las Cholas”, el verdadero chupacabras, ja, ja, ja… juego al fútbol, soy arquero, ahora estoy como suplentón en un equipo de este ispa, de colores azules y amarillos, je, je.
- Conmigo no vas a poder Carlos Lumpe, Lampe, o como te llames.
Carla iba a moverse pero se dio cuenta que estaba atada.
- ¡Ja, ja, ja! ¿Creíste que te iba a dejar desatada? De ninguna manera.
- Si sos Quesón cógeme, muchos Quesones desaprovecharon la oportunidad de tener sexo con las minas que quesonearon.
- Yo no lo haré, ja, ja – dijo Carlos Lampe – jamás desaprovecharé la chance de cogerte. Yo no violó, si la mina quiere tener sexo, que sea de su propia voluntad. Ja, ja.
Carlos Lampe tiró una cuchillada en el aire, Carla creyó que la iba a apuñalar pero clavó el cuchillo en la mano. Un cuchillo muy grande. Carlos le tiró el Queso encima, y luego como guiado por un extraño frenesí, desató a Carla, se tiró encima de la cama entonces.
Carlos pusó los pies encima de Carla, muy olorosos por cierto, Carla los empezó a lamer, besar, chupar y oler una y otra vez. Luego jugaron con los pies de Carla. Se hicieron cosquillas uno y otro. Ella le chupó la pija. El la concha y además le besó el culo una y otra vez. También le dio algunas patadas en el culo que Carla aguantó con estoicidad. Finalmente llegó el momento de la penetración, muy disfrutado por Carlos Lampe, que sintió que nunca había sentido tanto placer.
Cuando terminaron, Carlos iba a agarrar el cuchillo para terminar con su objetivo: quesonear a Carla Conte. Pero para su sorpresa, el cuchillo ya no estaba en su lugar.
- ¿Pudiste acaso creer que el cuchillo iba a quedar en ese lugar, ja, ja? – le dijo Carla Conte. Carlos Lampe contempló con horror que ella tenía el cuchillo en sus manos.
- Te asesinaré Carlos. Sos hombre muerto. Te tiraré el Queso. Te quesonearé. Nadie puede con Carla Conte. Ningún Quesón puede pararme. El hombre que intenté desafiarme terminará con un Queso sobre su cadáver. Y vos sos el próximo.
- ¡Noooooo! – gritó aterrorizado Carlos Lampe.
La asesina cuchilló en mano empezó a avanzar sobre Carlos Lampe, que pese a ser mucho más alto, estaba aterrorizado, empezó a retroceder. Fueron avanzando, la asesina llegó a darle alguna cuchillada, pero Carlos Lampe con sus manos evitó que lo hiriera en el cuerpo, y solo llegó a darle algunos tajos superficiales en las manos y los brazos.
Siguieron avanzando hasta llegar al balcón, ella cuchillo en mano, el siempre hacia atrás, Carla le dijo:
- No tenes escapatoria Quesón.
Carlos, herido, quedó arrinconado a la baranda del balcón. La asesina se disponía ahora a darle una cuchillada, esta vez le dio dos cortes bastantes serios en el torax, pero dotado de una gran fuerza, Carlos seguía resistiendo y comenzó a forcejear al punto de sacarle el cuchillo a la Quesona, que cayó al vacío, ahí Carla le dio una patada en los huevos, que hizo trastabillar a Carlos y este tropezó con una de las macetas, cayendose al vacío.
- ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡La Quesona ha ganado otra vez! ¡No existe el Quesón que pueda quesonear a Carla Conte!
Carla Conte agarró el Queso y se acercó al balcón. Miró para abajo, observo un bulto: no hay dudas, pensó, era el cadáver de Carlos Lampe. La asesina tiró el Queso, que cayó encima de aquel bulto mientras gritaba:
- ¡Caaaaaaarrrrrrloooossssss Laaaaaampeeee! ¡Queeeeeeeesoooooooooooo!
La noche llegaba a su fin. Las luces del amanecer empezaban a asomar sobre la ciudad. Una ciudad invadida por un fuerte olor a Queso.

Texto agregado el 28-11-2018, y leído por 0 visitantes. (1 voto)


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2018-11-29 08:28:52 es una manera de eliminar a los participantes? yosoyasi
 
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