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Inicio / Cuenteros Locales / Desleal / Una Historia Personal de Amor y Erotismo, a la LUE

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UNA HISTORIA PERSONAL DE AMOR Y EROTISMO, A LA LUE

Zappa. Nunca olvidaré ese nombre... Zappa. Asimismo recordaré siempre el primo instante en que mis indignas canicas se postraron ante su delicada y curvilínea figura... Zappa. La primera mujer que amé con cada centímetro de mis intestinos, la única que descansará en mis sueños hasta la muerte... Zappa. Si bien su nombre me pareció muy extraño, e impropio para una dama de tantas gracias, se veía compensado en todo sentido imaginado.

Un poco de información de trasfondo: Yo tenía 21 años y nunca había siquiera besado a una persona del sexo opuesto. Mis pasatiempos eran navegar por la telaraña de información, ver repeticiones de Star Trek, coleccionar figuras de acción y tarjetas de ciencia ficción de los 70’s y 80’s, escribir oscuros y angustiosos poemas de arte menor, diseñar dispensadores de clips caseros y ver con qué tanta fuerza podía golpear el espejo cuando reventaba los barros de mi rostro. Así es, era todo un geek, un antisocial, un perdedor, un nadie. Aunque una vez tuve una buenísima sesión de cyber sexo con una chica de México.

En mis años de secundaria fui el típico niño raro que no tiene amigos y repara los marcos dañados de sus bifocales con cinta adhesiva. No puedo recordar una tan sola vez en la que haya conversado con una hembra de mi edad que no involucrase una actividad escolar o una disculpa por pisarle los pies. Mis calificaciones eran las mejores de la clase, y mis lapiceros multicolores eran la envidia de todos.

Cuando entré a la universidad las cosas no cambiaron mucho. Nunca me mudé de la casa de mis padres y pasaba la mayoría del tiempo encerrado en mi cuarto con la única iluminación del monitor de computadora refrescándose a 85 hertz. Con la espalda encorbada pasaba horas y horas en los chats de sitios visitados por gente como yo, sin rostro y sin otras vergüenzas. Todos me idolatraban en loscuentos.net, el sitio que más frecuentaba. Era un auténtico líder, admirado y respetado; todo lo contrario a la vida real. No necesitaba estudiar demasiado para pasar los exámenes de la universidad.

Con este preámbulo he establecido que mi vida era un verdadero agujero apestoso y sin fondo. Y todo parecía indicar que llegaría hasta el fin de mis días bajo esta eterna depresión hasta que ella apareció...

A decir verdad, ya la había visto antes, pero mi mente la había bloqueado de mis recuerdos en sistema de defensa freudiano. Ese día nos asignaron un trabajo de investigación, a realizarse en parejas, para la clase de redacción, por medio de una selección al azar. Ya se pueden imaginar lo que sucedió.

Cuando supo que yo era su compañero asignado, me buscó entre la multitud, hasta que me regaló una mirada de reconocimiento. ¡Sabía quién era! ¡Sabía mi nombre! No podía creer que una mujer tan espectacular se rebajaría a conocer mi nombre y asociarlo con mi horrible cara. Me sonrió y caminó en mi dirección general. Mi corazón se aceleraba con cada centímetro que acortaba la distancia entre nosotros. Casi escuché un cántico celestial cuando se sentó en una de las butacas a mi lado (nadie se sienta junto a mí en la clase) y me dijo con la voz más femenina y exquisita que he escuchado, “Hola René.”

Logré balbucear un par de casi vocales. “¿Sabés cómo me llamo yo?”, me preguntó. Con la baba acumulándoseme en la boca, tragué ese cáliz y respondí como en tono de pregunta, “no...” Se sonrió agachando la mirada, elevándola de nuevo, congelándome y declarando ese nombre inolvidable, “Zappa, Zappa me llamo”.

Comenzamos a reunirnos con regularidad para recolectar información y organizar nuestro trabajo, pero cada vez trabajábamos menos y conversábamos sobre asuntos personales más. Para mi enorme sorpresa, teníamos muchísimas cosas en común. La adicción a la telaraña, nos gustaban las mismas películas y programas de televisión, los dos habíamos sido retraídos en el colegio y aún éramos vírgenes, nos reíamos de cualquier cosa que dijera el otro y no había siquiera un momento en que no la pasáramos bien juntos. Tenía la mejor personalidad del mundo, y además de eso contaba con todas las características apreciadas por el hombre superficial. Era inconcebible que hubiera conocido a alguien así, tan parecida a mí. Nunca fui tan feliz como cuando estaba con ella.

Al finalizar nuestro trabajo en pareja, seguimos pasando tiempo juntos con aún mayor frecuencia. Empezamos a salir y cada vez nos sentíamos más conectados. Nadie podía comprender por qué ella pasaba su tiempo voluntariamente con alguien como yo, ni siquiera yo; pero no me importaba, lo único que quería era disfrutar mi tiempo con ella.

Era tan sensual, y yo deseaba tenerla a cada momento. Me masturbaba noche y mañana pensando en su piel de seda, sus labios gruesos y excitantes, sus senos llenos y firmes, sus piernas esculpidas detalladamente, su trasero redondo, su espalda invitante, sus ojos hipnotizantes viendo los míos mientras unimos nuestras humedades. Lo había imaginado tantas veces que podía sentirlo. Pero ese momento parecía nunca llegar. Hasta que...

Un día me llamó invitándome a su apartamento, como lo hacía casi a diario, pero noté que se escuchaba algo extraña. Le pregunté si le sucedía algo, a lo que sólo respondió: “Sólo vení y ya, que te necesito”.

A toda prisa me cambié la camisa embarrada de salsa de pizza que llevaba y corrí hacia la parada de autobús. Me temblaban las piernas camino a mi destino, pero eso siempre pasaba, aunque esta vez con más preocupación por el misterio de aquella llamada.

Subí hasta el cuarto piso del edificio. Corrí por el pasillo hasta llegar a la puerta del apartamento 402. Mi mano no logró alcanzar la madera cuando la puerta se abrió de súbito y Zappa estaba del otro lado, desnuda sino por un translúcido baby doll. Sin decir palabra me tomó del cuello de mi camiseta de las Tortugas Ninja y me arrastró al interior del oscuro apartamento. Las persianas filtraban unos rayitos de luz que le quemaban de blanco la silueta protuberante. Las piernas se me habían debilitado y estaba de rodillas en el piso. Ella me veía provocadora desde la altura de sus magníficas extremidades. Entonces, Zappa habló: “Ya dejémonos de tonterías, René. Quiero que me hagás tuya en este momento. Quiero que seás el primero.”

Apropiándome de aquel momento, sentí la bestia que habita en todo hombre hacerse de mi voluntad. Elevé las manos y exprimí con pasión sus pechos, dejando ella escapársele un suspiro de deseo reprimido. Ella puso sus manos sobre las mías y las comprimió con fuerza, “Así, así apretámelas duro.” Me levanté y con furia le arranqué la telita que le hacía la broma de cubrirle el cuerpo. Mis manos sudorosas se deslizaban por los recodos de su esbelta figura. Ella exploraba extasiada dentro de mis pantalones. Tomaba mi falo con fuerza y lo batía como preparando una margarita. Me fui en tres segundos. Zappa sacó su mano goteando mi espesa salsa de hombre y se la llevó directo a la boca, sacando la lengua, saboreándola con cada papila gustativa, gimiendo en placer.

“Ni por un momento creás que se ha acabado la fiesta.” Abriendo las piernas se agachó frente a mí, despojándome de mis khakis y mis jockeys. Mis falo aguado se enrollaba como una tortuga asustada frente a sus profundos ojos marrón. Sin segundo pensamiento abrió grande la boca y casi me traga haciéndose bigote con mis púbicos. Para mi sorpresa, luego de un par de minutos de tenerla enredando su lengua con mi miembro había conseguido nuevamente la erección. “Parece que ya logré despertarlo, ahora lo quiero adentro de mí, hasta el fondo”.

Aquello era mejor que cualquier porno que hubiera bajado de la telaraña en toda mi vida. Esa niña bella e inocente se había convertido ante mí en la más sucia y pervertida de las madonas.

Se acostó sobre el piso, separó las piernas, mostrándome la perfección de su virginal concha y a gritos me suplicó: “¡Ahorita, ahorita dámela toda!”

Me incliné sobre ella. Podía sentir su respiración hacerse más y más pesada, sus uñas clavándose en mi espalda y empujándome hasta la conexión de las pelvis. En cámara lenta aproximaba mi falo hasta aquella aterciopelada entrada. Me encontraba a un milímetro de penetrarla cuando, de pronto...

Ninjas, cientos de ellos.

Saltaban por las ventanas y entraban en multitud por la puerta. Como poderosos miembros fálicos elevaban sus destellantes Katanas. Entre las escurridizas y borrosas sombras negras que formaban logré distinguir el rutilo de una Shuriken a punto de ser lanzada contra mí y Zappa. Con la agilidad de un mono araña esquivé la mortal estrella, pero era muy tarde para Zappa; ésta le había cortado la yugular.

“¿POR QUÉ?”, exclamé desairado. En una explosión de ira salté sobre el sofá y tumbé a uno de los ninjas. Apoderándome de su Katana me abrí camino entre la muchedumbre de silenciosos asesinos. La sangre de los deshonrosos japoneses me bañaba mientras ciegamente les cortaba los brazos y los partía en dos. Esquivaba cada punzada con la velocidad de un Lémur en apareamiento.

Había logrado despacharlos a todos excepto a uno, el líder de los ninjas. Nos vimos en sigilo por un momento eterno, y al final de la eternidad los dos nos embestimos como búfalos, volando por la sala y encontrándonos en el aire, y sólo el mejor pudo conectar el golpe mortal al oponente. Al caer, dándonos la espalda, el ninja se desplomó. Había triunfado.

Cuando por fin logré conciliar pensamiento y creí que aquello no podía volverse más demencial, Zappa se levantó del ensangrentado piso con la Shuriken clavada en el cuello. Con un diestro movimiento se la arrancó de la piel cortada y en un nanosegundo la herida había sanado. Así es, Zappa era un Namek.

Con su secreto revelado, Zappa no vio más motivos para ocultar su verdadera forma. El lugar se llenó de una luz blanca y cuando ésta se disipó pude contemplar la verde y grotesca figura de Zappa, con dos tentáculos con dentaduras filosas en las puntas viscosamente moviéndose sobre sus hombros. “Ja ja ja ja, estúpido terrícola”, pronunció, “los ninjas eran tus aliados que habían venido a derrotarme, pero ahora me has ahorrado el trabajo de eliminarlos y nada se interpone en mi camino a dominar este planeta.”

Sabía que no podía permitir la dominación global por esta terrible criatura, que se quedó perpleja al ver que me agachaba, insertaba cuatro dedos en mi cavidad anal y ejecutaba formidablemente un goatse. De dentro de mi recto saqué mi sable doble Jedi de Darth Maul coleccionable. Lo activé y con un estilizado acento le dije: “Hasta la vista, baby.” Con un elegante y preciso movimiento me abalancé sobre ella y le corté sus tentáculos, fuente de su energía, con la roja luminosidad de mi sable. Cayó rendida, expulsando espesos líquidos verdosos sobre mis pies, prometiendo venganza futura de su raza. Me arrodillé sobre su inerte cuerpo, acariciando aquella piel escamosa que tanta pasión provocó en mi ser. “Gracias, Zappa, nunca te olvidaré.” Con música de película de Clint Eastwood, Jesús e Isaac Newton aparecieron y juntos caminamos por el arco iris hacia un futuro mejor para la humanidad.

EL FIN

Texto agregado el 03-10-2004, y leído por 2437 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2005-03-22 16:39:37 Pero la verdad...me dejaste con la boca abierta...es demasiado para mi!!! jejejejeje!! pero sí, me gustóoo xwoman
2005-03-21 01:42:54 Me encantó tu texto!!!! xwoman
2005-03-21 01:41:44 Me encantó tu texto!!!! xwoman
2004-10-27 01:18:51 Esta chingón Desleal, me encantaron las referencias culturales sera que las entendí. Te felicito compa. Gatoazul
2004-10-07 11:06:34 Me ha gustado, me he reido. Estás como una puta cabra. selkis
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