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Literatura :: Retos y Concursos / Escriba un cuento sobre "El mal"
cafeina, 21.06.2018
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Maligno
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La capilla estaba llena. Su feligresía era devota y él estaba muy orgulloso. Cada domingo las familias más antiguas del pueblo, con abuelas chochas, nietos inquietos, tías moralistas y primos díscolos copaban los bancos y cantaban y seguían muy atentos su sermón. Después de la ceremonia él los acompañaba a la salida y conversaba un rato.
—Hay que estar atentos, hijos míos, el mal acecha y, como sabemos, puede estar en cualquier lugar. El maligno es astuto y mentiroso, le gusta tender trampas. También es promiscuo. Todas las semanas recibo almas perdidas que se han dejado atrapar por él.
—Padre Juan —dijo Martín, que asomó su cabeza por entre el grupo familiar que ahora lo circundaba—, la otra noche lo vi paseándose por la camino viejo ¿En qué andaba por allá tan tarde? ¿Buscaba al maligno? ¿Eh?
Se incomodó un poco por esa pregunta burda e inoportuna, pero nada extraño viniendo de un bufón como Martín. Suspiró y contestó:
—Este joven tan agudo que es. Cumplía con mi deber, Martín, cumplía con mi deber. Fui a ofrecer mi ayuda en nombre del Señor —abrió los brazos y miró al cielo en un gesto de resignación—. Aunque todo lo que yo hago es tan poco comparado con lo que Él puede hacer.
Ese gesto siempre lo reconfortaba. Podía sentir en la piel el poder de Dios. Los grandes santos lo habían hecho, y él, al imitarlos, se hacía parte de la santidad, de la verdad eterna y del bien supremo del mundo. Que vinieran los ejércitos del mal, que viniera el mismo demonio en persona, aquí estaba él, aureolado, para derrotarlos a todos. Luego cayó en la cuenta que Martín todavía lo miraba y esperaba una respuesta más concreta. Cuando entraba así en contacto directo con Dios se sentía tan etéreo que volver a la mundanidad y sus seres imperfectos le costaba un poco. Iba a decir algo pero tía Catalina se le adelantó y lo trajo a un tema más prosaico:
—Sí, pero usted se arriesga mucho Padre, ese lugar es peligroso. Recuerde que por ahí viven los Cárdenas, y más allá los Gaytán ¿No fue en ese lugar donde mataron al carpintero?
—A René, si, por ahí fue —contestó él con voz triste—. Una tragedia. Cada vez que veo a sus pequeñuelos se me parte el corazón. Precisamente andaba por esos lados para llevarles a la viuda y a sus hijos un poco de consuelo. Esa familia está muy necesitada de amor y comprensión.
— ¡Qué terrible Padre! ¡Matar a un hombre sólo para robar sus herramientas y su reloj! —acotó la abuela—. Es la mano del maligno, seguro que sí. El mundo no puede con él, Padre.
—Tiene usted razón, es un ser poderoso —añadió él, y luego agregó—, pero no todo está perdido señora Lucy, para eso estamos nosotros aquí, para combatirlo. Dios nos ha encomendado esta tarea y, cueste lo que cueste, lucharemos contra el mal y lo derrotaremos ¡Nosotros —se avivó y levantó la voz—, hijos privilegiados de Dios y ministros de la Santa Madre Iglesia, somos los llamados a enfrentar a Satanás y sus demonios! Nuestro deber, además de proteger y acoger al menesteroso, es destruir al maligno, y en eso estamos.
—Por eso mismo padrecito, tiene que cuidarse… —Catalina miró abajo al pequeño Daniel que le tironeaba la mano, el niño estaba aburrido y quería irse con los otros que ya se apartaban de la iglesia— ¡Espera un poco Dani, si ya nos vamos! —le gritó la tía.
—Déjelo, déjelo —sugirió él benevolente— estos angelitos se aburren de nuestras conversaciones, ellos no entienden de estas cosas —se acercó al niño, le hizo la señal de la cruz en la frente y dijo con solemnidad—. Dios te bendice Danielito —luego le tomó la mano y lo invitó a que lo acompañara. El niño no soltaba a su tía, pero él lo atrajo con fuerza y se alejó del grupo un par de pasos con el pequeño a su lado. Luego sacó un dulce del bolsillo y se lo dio. El niño tomó el dulce y se fue corriendo. Lo miró un buen rato, embelesado, se besó el pulgar y murmuró:
—Que los niños vengan a mí.
 
Literatura :: Retos y Concursos / Escriba un cuento sobre "El mal"
cafeina, 21.06.2018
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Pequeña reseña del mal y la maldad
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El mal y la maldad son temas que existieron siempre en la religión, la historia y la literatura.

El mal en el antiguo testamento:

Génesis:
En el idílico escenario del Edén aparece el mal personificado en la figura de la serpiente .
Progresando en la narración bíblica encontramos a Caín, el primer asesino, y a Jacov, que con el engaño roba la primogenitura a su hermano Esau por un plato de lentejas.
La historia de José y sus once hermanos nos pone ante la ejecución de un mal colectivo.
En los sucesivos relatos se repiten la presencia del mal y el conflicto entre hermanos.

El mal en el folklore:

Los países escandinavos con su rica mitología de monstruos y brujas son el mejor ejemplo.Estos personajes siembran el mal a manos llenas y cuentan con una vasta serie de animales que lo representan simbólicamente : el cuervo, el murciélago,las ratas, las arañas…
En el folklore sudamericano la representación del mal asume diversos nombres. Un ejemplo es el Walichú o Gualicho.
Para los Tehuelches Háleksem había nacido en las Sierras de Tandil y desde allí el espíritu maligno extendió su mal por la Patagonia, para infligir todo tipo de sufrimientos.Roba niños y asusta a las mujeres, razón por la cual viejos tehuelches dicen que Gualicho en realidad era una diabla.

Gualicho es invisible y no se le asigna una forma definitiva. Se le atribuyen todos los males y desgracias. Cuando se dice que alguien está engualichado, significa que en su interior está metido el genio del mal patagónico.
Gualicho deriva de Hualichú, palabra araucana, que significa “alrededor de la gente”.

El Mal en literatura:

Al abordar el tema del mal se puede prescindir de la telogóa del demonio y de toda la imaginería asociada a él, pero no se puede ignorar a la literatura y sus metáforas. Una primera consideración, en cierto modo superficial, podría implicar que la literatura, con sus tramas y personajes, nos podría ofrecer en general un panorama amplio del tema pero muchas veces la ficción poética se instala en un cruce entre filosofía y poesía.

Para nombrar algunos de los dilemas y enigmas de la acción humana relacionados con el mal veremos cómo lo encara Dostoievski quien en Crimen y castigo nos presenta a Rodión Raskónikov, un personaje que reconociendo en sí mismo la capacidad de ejercer el mal desarrolla toda una teoría orientada hacia el nihilismo:la nada.
Kafka por su parte con su peronaje K de El Proceso nos presenta a la víctima del mal,no a su ejecutor como en el autor ruso.

En el Doktor Faustus de Tomas Mann asistimos a un pacto demoníaco. En esta novela de T.Mann el tema del mal está enfocado desde el ángulo del compromiso,el canjeo y el subsiguiente sentido de culpa y castigo.

La peste de Camus enfoca el problema del mal en un contexto colectivo en la que muchos han visto una alegoría del la ocupación de Francia por los nazis entre 1941 y 1944

Kant nos dice que el mal es un actuar, un obrar.
El desarrollo de la modernidad cambió paulatinamente este panorama que fue superado por un evento histórico que adquirió para sí el nombre de un lugar: Auschwitz, considerado, para muchos, un auténtico “epicentro” del problema del mal contemporáneo.

El mal en la literatura infantil:

Los pedagogos afirman que la presencia del mal en la trama de casi todos loa cuentos dedicados a los niños es una necesidad que sirve para enseñar que el mal reside en la cobardía y la estupidez y convierten el conflicto en un proceso educativo:enseñando el mal, se aprende a reconocerlo y a combatirlo.
¿A qué se reduciría el cuento de Blanca Nieves sin la madrasta malvada que ordena su muerte para que su belleza no le haga sombra?
¿Dónde encontraríamos el interés del relato de Cenicienta sin la presencia de sus dos hermanastras y de la madrastra ¿Qué sería de caperucita sin la presencia del lobo?
Evidentemente sin el mal no se puede escribir una historia con tensión e intriga.
Ya lo afirmó Oscar Wilde escribiendo:”LA GENTE FELIZ NO TIENE HISTORIA”
 
Literatura :: Retos y Concursos / Escriba un cuento sobre "El mal"
cafeina, 21.06.2018
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Descenso
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--¡Hágase la luz! –gritaba sin cesar.
No teníamos tiempo de atender su solicitud, el descenso agotó el resto de energía que nos quedaba. La misión era sencilla, rescatarlo y ponerlo a salvo de las catástrofes naturales. Aún chillaba algo confuso como háganse los cielos mientras lo vendamos para sacarlo del infierno sin que nadie lo notara.
Nos topamos con dos túneles opuestos, frente a los cuales, una elección errada nos devolvería al mismísimo punto de partida.
--Séptimo día, ¡hora de descansar! –susurró con los dientes apretados; era un caso realmente desalentador, el encierro y la agonía lo habían vuelto esquizofrénico.

El guía consultó el mapa y eligió el túnel izquierdo; nos lanzamos en bandada, empujando al rescatado que murmuraba palabras ininteligibles.
¡Maldito túnel, elección incorrecta!
Y otra vez el descenso hacia la guarida de Satanás.

Alguien de nuestro grupo se arrodilló frente al rescatado, le quitó la venda y le gritó: ¡ya va siendo hora de que hagas un milagro!
Los ojos cansados lo miraron desafiantes y orgullosos: ¡el milagro ya está hecho, arrepentíos! –gritó.
No es necesario consignar que nadie le llevó el apunte, la lluvia de piedras y estacas sangrientas caía sin cesar sobre nosotros. Sólo podíamos descender más y más.
--¡Esta vez será hacia la derecha! –grité, y todo el grupo me siguió.
Fue otro error, el infierno es un zigzag donde el tiempo se estrangula a sí mismo. Repentinamente estábamos parados a escasos metros de nosotros mismos, mirándonos intentar salir de allí, con un desquiciado que profería órdenes sin cesar.
Nos vimos repetir una y otra vez la misma maniobra, y nos encontramos cara a cara con varios grupos de nosotros mismos que descendían. Presté atención a los balbuceos de los rescatados que se iban sumando y noté que las órdenes también estaban alteradas en el tiempo, mientras uno de ellos gritaba hágase el cielo, el otro gritaba sepárese la tierra del cielo, y la gran mayoría de ellos gritaba es hora de descansar.

El griterío iba en aumento conforme seguían apareciendo más y más grupos de nosotros, hasta que el mismísimo Satanás se hizo presente en el lugar. Con un movimiento de su mano se hizo un silencio sepulcral y la reconfortante paz auditiva reinó en el infierno. Con una voz elocuente y sincera, Satanás exclamó: ¡Hágase la luz! Y la luz se hizo, permitiéndonos ver que innumerables Dios se acercaban a Satanás, exigiéndole respetar los túneles del infierno que asegurarían nuestro escape.
Una decena de Yo intentaron ver los túneles por encima del hombro de varios Dios, pero fue imposible. Sólo Satanás permanecía único, los demás seguíamos siendo muchas veces nosotros mismos.
Repentinamente desapareció la luz y todo fue tinieblas, no supe definir con precisión si yo era el original o simplemente alguno de los otros yo.

Poco importaba, habíamos encontrado y rescatado a nuestro compañero, y allí sucedió el segundo derrumbe. Ahora estábamos otra vez como al comienzo, descendiendo en los estrechos túneles de la mina de cobre, buscando desesperadamente una salida en la profundidad de la tierra, sin luz, sin aire, sin Dios.
 
Literatura :: Retos y Concursos / Escriba un cuento sobre "El mal"
cafeina, 21.06.2018
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El silbido agudo
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La niña de ojos verdes, mirada piadosa, manos cálidas, se acercó al condenado a muerte. Rodeó la cabeza preparada debajo de la guillotina y le habló suavemente.
--Te he traído una flor.
El condenado intentó infructuosamente girar el cuello y mirar a quien le hablaba. La escena le resultaba como una pesadilla de mal gusto. Su conciencia naufragaba sabiendo que en cualquier momento caería la hoja cercenando su cuello, pero allí estaba esa niña, hablándole.
--¿¡Quién eres!? -preguntó con voz grotesca, casi quebrada por la proximidad de la muerte.
A pocos metros de distancia estaba la muchedumbre ansiosa, sedienta por presenciar el macabro espectáculo.
--Soy la niña que violaste, mutilaste y asesinaste.
--¡¡Mentira!! -rugió apenas conteniendo la saliva-, ¡Anastasia está muerta, yo mismo la enterré!
La madera que sostenía la guillotina crujió levemente. El verdugo verificó la hoja de acero y apoyó su mano en el mecanismo de liberación. La niña acercó su cara al hombre, enfrentado sus ojos verdes a los ojos rojizos que la miraron acuosamente. El hombre crispó sus manos aprisionadas por el cepo.
--¡No es posible, no es posible, no es posible! -repitió desesperado.
La multitud contuvo el aliento al tiempo que el redoblante inició su golpeteo marcial anunciando el pronto desenlace.
--Disfrutaste violándome, ¿verdad? -le susurró la niña al oído.
La hoja cayó con un silbido agudo. La cabeza rodó dando un par de golpes secos contra el cadalso.

La niña descendió las escaleras alejándose del paroxismo de la multitud. Lejos de las miradas indiscretas sus ojos perdieron el color verde. Las manos se volvieron ásperas, rígidas. Su cuerpo creció hasta transformarse en una aberración deforme. El monstruoso ser se volvió para observar a lo lejos la columna de humo donde quemaban los restos del hombre.
--Si no llego a tiempo, este infeliz se habría arrepentido -dijo escupiendo las palabras y mirando al cielo.
 
Literatura :: Retos y Concursos / Escriba un cuento sobre "El mal"
cafeina, 21.06.2018
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El anillo
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Durante la tarde del séptimo día de la creación, cuando
Dios todavía descansaba Ha Shatán, estrujó en sus
manos el corazón del hombre y escondió la maldad en
una de sus cavidades.

I
Corría el año de 1760, cuando en la otrora Villa de Indios de Santiago de Querétaro, Don Francisco de Ibarrola anunciaba su compromiso con Doña Emilia Gurrea, sobrina del Obispo, recién desembarcada de Cadiz, para la fiesta de compromiso a celebrarse el primer domingo de abril, mando hizo traer de Europa un hermoso anillo en oro con dos pequeños diamantes y al centro un rubí engarzado que destacaba como gota de sangre.

La noche previa a la fiesta del compromiso montó su caballo y fue a la cabaña de Eloisa la bella mujer que le regalaba consuelo, la encontró de rodillas sobre el metate. Mientras Eloisa molía el maíz, Don francisco como tantas veces contempló la redondez de sus senos, pero los dos supieron que todo había cambiado. Con una punzada en el pecho, le entregó regalos, pastillas de chocolate, carne seca y un rebozo de Tula. Don Francisco le mostró el anillo y prometió que nada cambiaría después de la boda, porque la amaba, pero estaba obligado con su familia a esa boda. Eloisa inició el que ya era ritual, le dio a beber mezcal, lo desnudó y cubrió su desnudez con su cuerpo. Cuando estuvo cansado y ebrio enredó el rebozo a su cuello y sin despertarlo lo ató a la silla del caballo, prendiendo fuego a su crin.

El cuerpo destrozado de Don Francisco fue encontrado dos días después junto al río. Nadie volvió a ver el anillo y de Eloisa se dice que contrajo matrimonio en Zacatecas con el capataz de una mina.

II
En septiembre de 1910, la Villa de Jerez, en Zacatecas se preparaba para celebrar el centenario de la Independencia. La bonetería “Santa Clara” de los Hermanos Carmelita e Ignacio, estaba particularmente ajetreada. Detrás del mostrador él contaba botones, despachaba hilos y listones mientras ella medía lienzos y prodigaba atenciones y elogios para vender sombreros a sus clientas. En su mano izquierda brillaba como una tentación un primoroso rubí montado en un anillo heredado de su abuela.

Por tercer año consecutivo, el Capitán Manuel Hinojosa, llegó para invitarla al baile, el protector hermano, no miraba con buenos ojos al rudo militar, pero nunca recibió del él una mala palabra.
Carmelita pudorosa volvió a rechazarlo, diciendo que desde la muerte de sus padres ella y su hermano solo estaban dedicados al servicio de Dios. Las mujeres en la bonetería cuchichearon con burla y Manuel con el rostro enrojecido por la ira, salió del lugar jurándose asimismo que esa mujer sería la suya.

La noche del baile, Manuel escaló por las ventanas la casa de los boneteros y se introdujo en la alcoba de Carmelita decidido a llevársela a la Ciudad de México a donde había sido llamado a servir con su regimiento. Horrorizado encontró en la cama a los hermanos desnudos, la boca de Ignacio todavía descansaba en su seno y sus dedos de Carmelita aun sujetaban la virilidad inerte de su perverso hermano. El capitán desenvainó la daga y sin darles tiempo a reaccionar les dio muerte. Para fingir un robo desordenó la casa y se llevó el alhajero de Carmelita la bonetera.

III
La víspera del año nuevo de 1973, Un nudo de lágrimas cortaba el paso del aire a los pulmones de Mariana. Los señores Benítez, le negaron el permiso para irse a su pueblo ese día, a pesar de contarles que Martín el bebé que criaba sola después de que su marido se fuera al norte, se encontraba enfermo otra vez. Las yerbas de su abuela ya no eran suficientes para aliviarle y a ella no le habían pagado para obligarla a ir a trabajar y necesitaba el dinero para las medicinas.

La Señora Benitez le ordenó recoger la ropa de la tintorería. Al regresar un destello en rojo en un baldío llamó su atención, brillando como si la esperanza misma fuera quien la llamara. Entre unas bolsas de basura apareció un anillo que parecía costoso y pensó que Dios se lo había enviado para pagar las medicinas del niño.

Mariana se encontraba sacudiendo los muebles de la casa en la que servía desde hacía seis meses. Como ya resultaba costumbre el Señor Benítez, le pellizcó las nalgas, mientras con una sonrisa le decía a manera de saludo: “Buenas las tengas, Marianita”. Un florero escapó de sus manos estrellándose, mientras el nudo en su garganta estalló haciéndola caer al piso entre cristales rotos, flores muertas agua sucia y lágrimas.

La señora Benítez corrió alertada por el ruido y le dijo que descontaría el florero de su sueldo, entonces descubrió el anillo en el piso, le ordenó a Mariana que lo entregara pero se negó. Los Señores Benítez llamaron a la policía acusándola de robo.

Mariana dormía en la cárcel, mientras la Señora Benítez en su fiesta de año nuevo lucía un anillo con un rubí que destellaba como la esperanza.

IV
De los veintiocho años de Jaime siete han sido en prisión. Ha entrado y salido por robos a comercios y autopartes. Nunca ha sido por su verdadera afición.

Comenzó a los seis años con los pollos que su madre criaba para alimentar a su prole. Jaime solía clavarles palillos para dientes en los ojos para saltarlos de sus cuencas. Siguió con animales cada vez más grandes, pero su colección ahora está integrada por ojos de jóvenes casi niñas que guarda en frascos de comida para bebé.

Sabe de su buena apariencia y eso le permite acercarse a ellas a la salida de la secundaria, ganarse su confianza, las lleva al cine y por helados y un día de pronto nadie vuelve a saber de ellas. Le gusta especialmente el tacto de la piel firme, el pecho incipiente, el vello escaso.

Era una cálida noche de primavera cuando soñó a la joven que escogió esa tarde, Esthela “Tita” Benitez, de cabello largo y rizado, la blusa manchada de tinta escapándose de la falda tableada de la escuela, llevaba un crucifijo colgado al cuello y un anillo con una piedra roja en su mano derecha. En el sueño vio los ojos de la joven y una voz desconocida le dijo que se alejara, pero ya era tarde porque los deseaba en su colección.

El veinte de abril de mil novecientos noventa, inició como cualquier día excepto porque fue el último de Tita.

Jaime estaba todavía sobre su cuerpo asfixiándola en un tendejón de lámina abandonado y herrumbroso cerca de las vía del tren. Una ciclista extraviada los vio y dando gritos alertó a los vecinos que se acercaron en turba. Jaime corrió como si lo persiguiera el Diablo, pero la multitud lo alcanzó y comenzaron a golpearlo. Antes de que la policía llegara él también murió.

V
Adaelia, anciana ahora se encontraba liquidando sus asuntos pendientes, el tumor en su cabeza la dejaba sin tiempo que perder. La expresión del médico en su última consulta le indicó que el momento de abandonar el tratamiento había llegado.

Sin familia cercana decidió donar sus bienes a la institución de asistencia para pacientes con cáncer, para agradecer a quienes con trabajo voluntario la cuidaron con afecto y mimo durante el curso de su enfermedad.

Al hacer el inventario de su tienda de empeño para la firma de la cesión, notó que Juana miraba con insistencia un anillo en el mostrador. Oro de veinticuatro quilates, pulido con dos pequeños diamantes flanqueando un precioso rubí que flameaba como palpitación y vida. Sacó el anillo del estuche y se lo entregó pidiéndole que no la olvidara y diciendo: Los objetos son solo eso, pienso que no existe manera alguna de que en ellos se impregne parte del alma de a quien han pertenecido. Este es un objeto hermoso, pero no tanto como lo que se halla escondido en tu corazón.
 
Literatura :: Talleres / EL RINCON DEL PAYADOR (N° 41)
chilicote, 20.06.2018
20 de JUNIO - DIA NACIONAL DE LA BANDERA ARGENTINA

Bandera símbolo y gloria
de un pueblo que se agiganta
y libre de yugos canta
el himno de la victoria.
Bandera; recuerdo, historia
de la vieja montonera;
quien mansillarte quisiera
hallaría en su camino,
un corazón argentino,
sirviéndote de trinchera.

Bandera que te agrandaste
en lo peor de la batalla
y de frente a la metralla,
más argentina flameaste.
Cuando guapeando peleaste
en Chacabuco y Junín,
cuando a toque de clarín
marchaste libertadora
y cruzaste vencedora
los Andes, con San Martín.
 
Literatura :: Retos y Concursos / Escriba un cuento sobre "El mal"
cafeina, 20.06.2018
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Como tú quieras
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Desde hace mucho tiempo (¿cuánto?, ¿años, siglos?) cargo en mi interior una angustia terrible, un desasosiego extraño, malsano. Es algo que me agobia e inquieta, que no me permite un momento de paz. Me deja un vacío hondo, insondable, que apenas me deja respirar, que casi me ahoga. Es un sentimiento fuerte, muy fuerte y violento, que me domina sin que pueda hacer gran cosa para contenerlo. Nace muy dentro de mí, me llena, me desborda, se desparrama a mi alrededor como mil tentáculos invisibles que me impelen a lastimar, triturar, aplastar todo a mi alrededor. El goce que la sola intención de hacerlo me produce, las ganas inmensas que me colman de arrasar con todo y con todos, sin desear detenerme ni importar las consecuencias que eso pueda tener, me asustan un poco, sólo un poco, porque todo mi ser pide lo contrario: herir, dañar, ofender, perjudicar, causar inmenso dolor, humillar, pisotear lo más santo; pero sobre todo rebelarme, no obedecer ninguna regla, ningún mandato. No obedecer a nadie.
Que importa si ese nadie me quiere o no, si todos me execran, me creen repulsivo, sin corazón, sin sentimientos. Me juego todo por romper el orden establecido, el poder que controla sin concesiones, que mutila, que amarga, que se cree indestructible. Yo, proclamo la libertad, la supremacía de mi ser por encima de cualquiera que se crea mi dueño. No quiero que me aprecien, no quiero ser moneda de oro; sino todo lo contrario: cieno, agua maloliente, veneno vil, carroña, esputo. Al final. Si nadie logra entenderme un poco no es mi problema; quiero ser lo más negro, lo podrido, lo que todos desprecian, quiero ser la oscuridad total, la nada. quiero ser lo que todos maldicen.
Me llaman Luz Bella, Luzbel, Lucifer y otra infinidad de nombres. Tú me puedes nombrar como quieras: tu pesadilla, tu demonio interno, el Chamuco, Satanás o quizás simplemente: el Mal.
 
Literatura :: Talleres / MONOLOGUEANDO IX
rhcastro, 19.06.2018
Cuando la tía Francisca dijo que aquella sandía de más de dos kilos la compró para ella, pensamos que jugaba, pero en efecto, empezó a consumirla debajo del eucalipto trozo a trozo mientras cada uno de nosotros esperábamos nuestro respectivo pedazo. Cosa que no sucedió porque tía Francisca no dice mentiras y aquella pulpa roja y fresca fue exclusivamente para ella. Poco a poco vimos como la sandía desaparecía del tablón donde la estaba cortando y como pedazo a pedazo su carita de travesura se fue tornando satisfecha, pero ¿Era la sandía capaz de tal transformación? O estábamos en la edad de recibir nuestra primera lección de vida. Los niños no eramos herederos de la fortuna familiar solo por el echo de nacer y crecer. Necesitamos hacer algo más.
Tía Francisca se levantó satisfecha e incrédulos nos retiramos de uno en uno. Ni el más pequeño con su chantaje llorón obtuvo resultados. Ella simplemente dijo: 'Yo soy muy díscola' Después nosotros creímos en eso toda la vida. Cuando alguien dice que no te dará algo, aprende a aceptarlo y retírate con dignidad porque no te lo dará, hagas lo que hagas.
Con los años he relacionado actos semejantes de tía Francisca y pienso que meter una mosca en un frasco para que sintiera falta de aire fue bastante cruel. Cualquier otra persona las aplasta, pero ella quiso torturarle. Aquella mosca la había molestado toda la mañana y estaba realmente enfadada. Me encantan las historias de ella y su familia. No sé si San Martín recibió en vuelta las monedas que por la mañana tomamos para completar nuestro desayuno, pero tener una tía que cree en San Martín fue maravilloso.
Con los años yo aprendí a creer en muchas otras cosas y dejé de creer en otras, aunque lo que con ella aprendí es que San Martín existe porque ella le dió vida y así todo. Este texto existe porque le escribo y me encanta hacerlo.
Creo que lo escribí antes con otras palabras en algún otro lugar, pero no importa. Quizás voy a escribirlo muchas más veces hasta que muera. Si... es posible.

RH
 
Literatura :: Retos y Concursos / Escriba un cuento sobre "El mal"
cafeina, 19.06.2018
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Eros y Thánatos
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Despierta,
y el sueño oscuro aún persiste
en la vigilia recién estrenada.
Sacude los restos de niebla
que insisten en mantenerla atrapada.
Solidario el sol que la acaricia.
Esperanzas. Luz. Vida.
Surge el instinto que contagia
sus ganas de reír.
En la ventana el cielo, un ave,
y un nido de ilusión.
Perfume a lilas. Una flecha de amor.
Entonces el desconcierto
ante el deseo
que crece y se desata.
El miedo y las dudas.
Resistencia.
La lucha ante el conflicto.
Y otro instinto que incita
a la destrucción.
Nubes negras. Desesperación.
Es matar o morir,
amar, odiar
y decidir...
 
Literatura :: Retos y Concursos / Escriba un cuento sobre "El mal"
cafeina, 19.06.2018
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Control
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Es otra mentira. Se nota en su actitud: esconde la mirada y se pasa la mano nerviosamente por el pelo.
Laura está tan acostumbrada que ya no se sorprende. Sabe que Pablo no va a cambiar, ella ha perdido todas sus esperanzas. Aceptar las cosas como son, sin hacerse ilusiones, le parece mucho mejor.

La voz de la protagonista de la novela crece en intensidad. Laura se siente agobiada; un zumbido en su cabeza le provoca un incómodo estado de confusión. Busca el control remoto, pero en esa casa hace mucho tiempo que se ha perdido el control. Recuerda el pasado; algunas lágrimas descienden lentas mientras piensa en su antigua relación con Pablo. Continúa pelando papas y trata de pensar en algo bonito.

-Los hombres son todos iguales -le dice una mujer a otra en la pantalla.
-Es verdad. Creo que es hora de reaccionar ¿no te parece?
-Estoy de acuerdo, amiga. Juan me engaña. Es terrible vivir así.
-Te comprendo.
-¿Hasta cuándo se puede soportar una situación como esta?
-Hay que hacer algo ya mismo.
-Sí. Esta noche le diré que todo terminó entre nosotros.

Laura llora mirando la escena y Pablo le pregunta si se siente bien. Ella le dice que sí, se seca las lágrimas con su delantal floreado. Entonces él le recuerda que esa noche no podrá cenar en casa. En la oficina necesitan que se quede hasta tarde otra vez.

Ella apenas lo escucha; el volumen del televisor la aturde. Sus nervios ya no dan más. Se siente tan frustrada como esas mujeres que no paran de gritar y quejarse.
Desea silencio. Quietud. Paz.
-¡Te odio! -dice la mujer de la novela.
-¡No, por favor! -grita Juan cuando su mujer lo apuñala por la espalda.

Laura apaga el televisor, coloca las papas en la olla junto a los demás ingredientes, y mira con indiferencia a Pablo que yace tendido en el piso en medio de un charco de sangre.
 



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