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Literatura :: Talleres / EL RINCON DEL PAYADOR (N° 40)
DonBeltran, 23.02.2018
Esta duda me carcome,
esta intriga que yo siento,
con un movimiento lento,
ya la anoto con birome.
No hay atajo que yo tome,
y me muestre la verdad.
Incluso la “autoridad”
no me ha servido de mucho.
Paro la oreja y no escucho,
más que frivolidad.

Necesito la certeza,
sobre esta cuestión de fondo,
y no armo batifondo,
si no con delicadeza.
Se me hace dura la empresa,
y mejor no me precipite...
La fe no hay quien me la quite
soy "juerte" mas no de caucho.
¡Dígame que existe el gaucho
que haga un asado y me invite!
 
Literatura :: Retos y Concursos / CONCURSO DE CUENTOS ERÓTICOS (Febrero/Marzo del 2018)
MarceloArrizabalaga, 23.02.2018
Vigésimo primer relato:



Agradecimiento


Los fines de semana siempre desayunamos en la cama. A mí me encanta satisfacer sus caprichos, así que preparo tostadas y café mientras Laura se ducha y luego se tiende mansamente a esperar que yo regrese a la cama.
Su cabello rubio y húmedo me regala esa fragancia a limón que tanto me gusta, por eso cuando lo huelo, todos mis sentidos se despiertan.
Disfruto plenamente de sus juegos y de sus risas ansiosas durante las plácidas mañanas de domingo. Por lo general, los dulces que usamos para untar las tostadas terminan sobre sus pechos rosados que se estremecen ante el roce de mi lengua.

Ella sonríe y desliza su mano entre mis piernas; yo busco la sedosa curva de sus caderas, y allí encuentro el lugar perfecto para depositar mis dedos cargados de lujuria.

Voy lentamente por húmedos senderos hacia el éxtasis que me provocan sus gemidos. Luego sus labios exploran mis espacios; con timidez los guío hasta el sitio donde el agua y el fuego se desbordan.
La suave intimidad que nos une alimenta mi asombro y gratitud.

A veces, al mirar sus ojos castaños, descubro aquel destello de nuestro primer encuentro; esa mirada cómplice que me llevó a cambiar mi vida para siempre.

Entonces recuerdo antiguas discusiones, enojos, y el momento en que por fin accedí a compartir la cama matrimonial con Laura.
Sonrío al pensar en mis temores y dudas.

Ahora, cuando explotamos juntas, solo guardo un profundo agradecimiento hacia la insistencia de aquel que en esos días era mi esposo.
 
Literatura :: Poesía / poesía japonesa(Recopilaciónes de un santo.)
Stracciatella, 23.02.2018
Esto es la guerra
No hay margen para el error
Cuestiones de amor.

Una refriega interior
Lejía y amoniaco.
 
Literatura :: Retos y Concursos / CONCURSO DE CUENTOS ERÓTICOS (Febrero/Marzo del 2018)
MarceloArrizabalaga, 23.02.2018
Vigésimo cuento:



La familia

Llevaba varios años evitando las reuniones familiares de mi mujer. La última vez que participé reproché los temas gastados, las discusiones estériles, las posturas inflexibles. Nos hice un favor a todos alejándome durante años. Esa noche mi mujer insistió hasta que la acompañé sin ganas, a lo que imaginé sería una cena aburrida, plagada de suspicacias como la homosexualidad de los artistas o la negligencia del gobierno.

Me recibieron con amabilidad. Me había alejado casi diez años sin que nadie notara realmente mi ausencia. Evité cualquier discusión de las habituales. Al cabo de un rato de formalidades fui a recorrer el camino de piedra del parque, sutilmente escondido entre la vegetación.
Presentí que alguien me espiaba. Me detuve dos veces a mirar hacia atrás pero no pude identificar a mi perseguidor. Me senté en un banco de piedra muy alejado del bullicio de la fiesta. Miré hacia el cielo absorto en mi fuga mental, hasta que una voz me sacó del letargo.

-¿Así que tú eres il pecora nera? –preguntó, sobresaltándome.

Era una voz desconocida, de mujer joven, delicada, cristalina.
Miré la cara que asomó entre las plantas. Sonreí por el mote italiano que la familia me había puesto. Le contesté que sí, porque siempre hay una oveja negra que lava las culpas familiares ¿Y tú quién eres?
Se acercó mostrando su plenitud frente a mis ojos. Era soberbia. Llevaba una entallada remera de algodón que casi transparentaba los pechos, prisioneros de un corpiño beige. Tenía un delicado chaleco gris pegado a su cuerpo. La falda rosado pálido resaltaba sus piernas, entrecruzadas hábilmente para mostrarme las curvas perfectas de sus caderas, los muslos increíblemente deseables y el descenso pronunciado de su pubis.

-¿No sabes quién soy, verdad? Te tomaste unas vacaciones tan largas… ¡que te perdiste de todo! –rió con maliciosa dulzura.

Tendría unos veinte años. Supuse que no sería integrante de la familia, aunque las cejas provocativas, los ojos suspicaces y la mirada traviesa me resultaban conocidos. No me dio tiempo a contestarle. Se alejó caprichosamente entre el susurro de las plantas. Quedé extasiado observando que su cuerpo también era increíblemente perfecto visto desde atrás.

Durante la cena la busqué entre los rostros de todas las mesas, mientras algunos cantaban, otros festejaban ruidosamente y la mayoría –gracias Señor-, simplemente me ignoraba. En el centro del jardín donde cenábamos habían improvisado un escenario, con un piano que no había visto en los años anteriores. Al promediar los postres alguien subió al escenario, pidió la palabra, dijo algo que no escuché y todos aplaudieron. Repentinamente la vi. Había cambiado su falda por un apretado pantalón celeste y se había quitado el chaleco. Sentí una puntada de ardor en mi pecho. Una descarga de ansiedad recorrió todo mi cuerpo.

-¿¡Quién es!? –le pregunté a mi mujer, tratando de disimular la reacción animal que se adueñó de mi ser.

Mi mujer me miró sin comprender, burlándose de mi cara: ¡Es María, mi sobrina!

Estaba dispuesto a ser arrastrado y azotado en todos los círculos del infierno por culpa de María. La sobrina que había ido a estudiar música a la universidad de no recuerdo dónde. María… ¿cómo ha pasado ésto, María? ¿Dónde está la niña de cejas delicadas que se insinuaban provocativas cuando tenía diez años? María…, la de los ojos verdes, la de la risa infantil. María acarició el piano y me paré a observarla.

-¿¿Qué haces?? –me reprochó mi mujer, turbada por la cantidad de miradas airadas que nos observaron.

María movió sus brazos con movimientos delicados, estudiados, perfectos. Comencé a caminar hacia el piano esquivando la mano de mi mujer que intentó retenerme. Me acerqué y me senté sobre el piso, al costado del piano. María me miró de reojo. Prosiguió con Chopin, Mendelssohn, Schubert, Schumann. El contorno de sus pechos, que ahora lucía sin obstáculos, era absolutamente perfecto, balanceado, firme. María…, algún día debieras contarme qué ocurrió con el pelo enrulado que recuerdo de tu infancia.

Las piernas revelaban un trabajo cuidadoso, finamente torneadas, incitando a ser acariciadas noche tras noche. El vientre tenía la más absoluta armonía, anticipando un pubis perfecto, como si fuera una diosa griega. La miré sin ocultar mi deseo, la miré a ella, a María. Mi mirada lubricó su cuerpo entero. La penetró sin resistencia ofreciéndole un placer descontrolado, único, absoluto en su intensidad. La habría sentado sobre mis piernas en el taburete del piano. Habría apoyado mis manos sobre las suyas siguiendo cada movimiento sobre el teclado o acariciando sus hombros, lamiendo su espalda, su cuello. Mordiendo suavemente una oreja, murmurando palabras dulces.
Cerré los ojos cuando María interpretó un impromptu de Schubert. Imaginé mis manos descendiendo sobre sus pechos, dibujándolos, obligándolos a conocerme. Deslicé una mano sobre su cintura y recorrí el borde del pantalón celeste con mis dedos. Desprendí el botón. Bajé despacio el cierre, separé lentamente cada lado de la tela para introducir mi mano. Acaricié su ropa interior sin invadirla. Mis dedos se deslizaron entre el límite de sus bragas y el comienzo de la piel húmeda, suave, anhelante.

El aplauso fue magnífico, merecido. Se levantó con agilidad inclinándose hacia el público, exhibiendo una vez más, sólo para mí, su absoluta perfección. Cuando los aplausos se acallaron se acercó con su sonrisa sensual y cómplice. Se agachó a mi lado para susurrarme en la oreja: si mi tía supiera lo que estás pensando, ¡te asesina! Se alejó risueña a recibir los abrazos de la familia que ya se acercaba en gran número.

Esa misma noche le hice el amor dos veces a mi mujer, frenéticamente, desquiciadamente, sin encontrar desahogo ni paz. Cuando la desperté para acometerla por tercera vez, me detuvo poniéndome una mano en la mejilla.

-Basta… -me dijo somnolienta-, dormite…, yo no soy María.

Se dio media vuelta dándome la espalda y volvió a dormirse.
 
Literatura :: Poesía / poesía japonesa(Recopilaciónes de un santo.)
Stracciatella, 22.02.2018
Bajo el sueño del relámpago

Sólo tú

Rompiste estas cadenas;
Ademán de mi razón.
 
General :: Anuncios / Partió nuestro amado ROLANDOFA
pithusa, 22.02.2018
Mucha pena al enterarme de la partida de nuestro amigo Rolando... uno mas que se encuentra junto a shosha... ¿De que hablaran? Hasta luego Rolando y gracias por lo que nos dejaste...

 
General :: Cajón de Sastre / Escucho historias de amor gratis
kupiga, 22.02.2018
La mujer de la historia, conoció al hombre con quien se casó cuando eran estudiantes vivir juntos, por espacio de diez años los había hecho convivir en una simbiosis que hacía pensar a cualquiera que eran un matrimonio envidiable.

El un respetado médico usaba dos teléfonos celulares y tenía una plaza de neurocirujano en un hospital de primer nivel en lo que ahora se conoce como Ciudad de México, ella maestra en un jardín de niños en la ciudad de Pachuca, Hidalgo.

Una mañana de tantas antes de salir Ella percibe el zumbido del teléfono de su esposo y decide utilizarlo para marcarle a su segundo número y decirle que apagará este y lo dejará en casa, pero el mensaje la deja en shock, era de una mujer y revelaba una relación íntima, siguió el hilo de los mensajes y le quedó clara la situación.

Llamó al esposo y mientras trataba de gritar o pedir explicaciones. El balbuceo el llanto y el darse cuenta desde que número le estaba marcando, le hizo darse cuenta que estaba descubierto.

Regresó a casa y la encontró en el punto entre el asesinato y el suicidio, pidió perdón y prometió todo lo se le ocurrió e ese momento.

Ella decidió perdonarle, pero su corazón no perdonó, estaba lleno enojo, de celos, era la ruptura de su sueño de princesas, la verdadera pérdida de su inocencia, durante meses persiguió acosó amenazó, investigó a la otra mujer, descubrió que trabajaba en el mismo hospital.

Una mañana la furia la sacó de la cama y abordó un autobús a la CDMX, cabe decir que no estaba para nada familiarizada con las complicaciones del transporte público, las distancias, direcciones, pero estaba decidida a generar en el hospital en el que su tan respetado esposo trabajaba el escándalo más grande que pudiera, para que al menos perdiera el trabajo y la reputación.

Cuando bajó del autobús no se arriesgó a extraviarse en esa inmensa ciudad que no conocía y abordo un taxi para que la llevara al hospital.

Cuando le indicó el destino y al verla llorando el chofer trató de aligerarle el viaje preguntando qué la llevaba al hospital, ella mencionó que sus esposo estaba ahí, así que el conductor asumió que el esposo estaba internado en un hospital de primer nivel y al verla tan mal asumió que era grave, trato de consolarla, le puso música suave y le dijo que rezaría mucho pidiendo fortaleza y paz para su corazón para que pudiera atravesar ese mal trago con serenidad y sabiduría, apagó el parquímetro le cobró la mitad del trayecto.

Al llegar al hospital decidió que su matrimonio había finalizado y comenzó a llorar por eso, pero no con enojo, solo tristeza y una mujer al verla así le ofreció un sándwich una botella de agua y sin preguntar nada la abrazó.

Ella se retiró del lugar sin haber visto ni al esposo ni a la mujer, al tomar el autobús de regreso a casa llevaban el acompañamiento de una película de Richard Gere y sin darse cuenta comenzó nuevamente a llorar, el hombre del asiento de lado, le ofreció un dulce y un pañuelo al bajar el autobús solo le dijo, las cosas van a tener que mejorar en algún momento y se alejó.

Y mejoraron a partir de ese punto, como quien se saca la piedra del zapato y de pronto percibe que por el dolor le ha dado tregua.

La amabilidad es también un acto de amor y cuando viene de extraños puede llegar a sentirse como un suave beso de Dios o la señal de que las cosas van a tener que mejorar en algún momento.

 
Literatura :: Retos y Concursos / CONCURSO DE CUENTOS ERÓTICOS (Febrero/Marzo del 2018)
MarceloArrizabalaga, 22.02.2018
Décimo noveno relato:



Noche de Sueño Imposible


Ella vivía con un hermano y una tía. El vivía con su madre.

Un fin de semana que la madre de él estaba de viaje, decidieron pasar toda una noche juntos. Querían saber más allá de las citas furtivas en moteles a la orilla de carreteras, que se sentiría despertar juntos

La noche arropaba ya la ciudad con su manto negro.
Un departamento en una populosa unidad habitacional servía de escenario.

Una pareja yacía desnuda en la cama. Húmedos y agitados, pero satisfechos.

Una vez recuperado el aliento, ella se incorporó, tomó su guitarra y aún desnuda, se sentó en el borde de la cama.

Intentaba tocar las primeras notas de “green sleves”, pieza que en vano había tratado de aprender.

Él pidió que le cantara una canción, esa canción que más parecía oración y, que siempre que él la escuchaba lo hacía pensar que habría un mañana distinto.

Ella cantaba, no conocía el acompañamiento, por lo que puso la guitarra sobre sus piernas.

Él observaba desde la cama, la obscuridad de la habitación y la luz que penetraba del exterior dibujaban el perfil de ella.

Resaltaba la silueta de sus pechos firmes, de mujer joven, esos pechos que a él tanto le gustaba tocar, acariciar y besar.

Ella terminó la canción, él la atrajo, sintió nuevamente su cuerpo, su calor de mujer de la selva, la suavidad de su piel morena y, el deseo despertó una vez más.

Se besaron, se acariciaron, hicieron el amor y finalmente terminaron dormidos uno al lado de la otra.

El nuevo día con su luz, los despertó, habían pasado toda una noche juntos.

El recordaría una voz melodiosa, una canción hermosa, una silueta de pechos firmes y la maravillosa combinación que se da cuando hay deseo y juventud para satisfacerlo.

¿Qué recordará ella? ¿Se acordará?
 
Literatura :: Talleres / Rincón de correcciones de nínive (3)
Ninive, 21.02.2018
Corría el 20 de julio de 1953. La guerra allá en Corea aún no finalizaba.

Yo disfrutaba de un café negro en la cafetería del pueblo. La joven mujer entró y se sentó en una de las sillas DE a una mesa a mi DERECHA (costado derecho.) Con el rabillo del ojo noté sus manos temblorosas, como si TUVIERA ( sufriera de) frío. La mesera le sirvió un café, y le ofreció el menú, y apresuradamente se fue a atender al resto de la clientela.

ENCUENTRO LA PREGUNTA QUE SIGUE UN POCO APRESURADA EN EL RELATO.PUEDES PERMITIRLE AL PERSONAJE ALGUNOS TITUBEOS SER INDISCRETO U OFRECERLE AYUDA
—¿Se encuentra bien? —me animé a preguntar.
Ella movió LA CABEZA DE UN LADO A OTRO (la cabeza y en un instante reconocí (de) lo estúpido de mi pregunta.( Pero… ¿Qué hubiera preguntado usted estimado lector?) ESTE SEMI DIÁLOGO CON EL LECTOR ESTÁ FUERA DE CONTEXTO
La mujer empezó a llorar. Yo le alcanceÉ unas servilletas. Los clientes CERCANOS (disimuladamente nos) fisgonearon y cuchichearon. En un santiamén me arrepentí de HABER ACTUADO (actuar) como un alma samaritana, pero ya era tarde. Ella, extrajo DE UN SOBRE DE CORREO una hoja de papel (doblada de un sobre de correo.)
—¿Me la puede leer por favor? —dijo en un susurro.
Una parte de mí se rebelaba a TOMAR (agarrar) el PAPEL (documento,) al final lo hice :(y me di cuenta de que )era una carta.



9 de junio 1953.


Drucila.

Amor mío. ¡Que no daría yo por estrecharte entre mis brazos, por besarte! ¡Este beso reprimido me hace recordar aquellos besos burlados por el tiempo y la distancia! ¿Cómo estás? Te extraño. Discúlpame por tardar en decírtelo. No encontré a nadie que escribiera la carta por mi.
Te amo, y tú lo sabes. Vives en mí, como yo vivo en ti. Eres mi ángel de la guarda, fiel compañera en mis momentos de miedo, angustia y dolor. Tu sonrisa, tu mirada, tu voz ahuyenta mi soledad, y gracias a la fortaleza que me das puedo seguir adelante cada mañana.
Llevo en mí esos recuerdos como tatuajes imborrables. Nunca olvido la vez primera que hundimos nuestros pies en el mar. Nuestros cuerpos dejaron su huella en la arena, aunque el agua lo borró, ahí sigue lo que el tiempo ni el agua pueden borrar. ¡Las caminatas en el parque! ¡Esos atardeceres! Tú y yo, tirados bocarriba en la grama descifrando las caprichosas figuras de las nubes. El sol moría en el horizonte, pero había un mañana, un futuro; ese futuro nos daba la oportunidad de que el amor siguiera creciendo en nosotros. Aún vivo ese día de nuestra boda. ¿Qué locura? Lo hicimos sin planearlo, sin testigo alguno: nuestro amor nos lo exigía.

eN GENERAL INFORMAR ACECA DE UN TEMA CONOCIDO POR LOS DOS ESTÁ FUERA DE LUGAR

Me honraste al darme un hijo. El acto más bello de ser padre. Gracias amada mía por esa divina experiencia. Por ese día en que oí su primer lloriqueo, y sus manitas cálidas y suaves acariciaron mi rostro.

Esta carta la imagine cientos de veces, y no tienes idea el sin fin de intentos malogrados al querer plasmarla en el papel. Ahora finalizada me doy cuenta, que fue una de esas intentonas en que la mente le supo ganar(le) a mi corazón.
Triste fue dejarte. La distancia fue acuchillando mis sueños y el tiempo se fue encargando de enterrar la esperanza de volver a verte.

Enlistarme en el ejercito era un deber ciudadano, un deber al cual tú te opusiste, pero los dos sabíamos que había que cumplirla. Mis MEJOR ANTEPASADOS ancestros me dejaron el legado de servirle a la patria, y yo no podía ser la excepción, pero me equivoqueÉ. Nunca imagine que la guerra fuese una bestia viviente QUE SE ALIMENTA( alimentándose) del poder, la ignorancia y la pobreza del hombre. Cientos de veces soñé, que había escapado de los tentáculos de ese monstruo maligno, pero al despertar la realidad me confirmaba que la pesadilla no había terminado.
¡Ay guerra! ¡ay maldita guerra! No hay nombre ni explicación alguna para esos combates salvajes donde no existe piedad ni compasión. Enfrentamientos donde ves el amanecer, pero no sabes si verás anochecer. Ofensivas donde a ciencia cierta le pregunteÉ a Dios ¿por qué tanto derramamiento de sangre? y la respuesta se perdió en el misterioso mundo de lo inexplicable.
Te confieso… no quiero causarte más dolor. Bien sabe Dios, lo pensé y lo volví a pensar y busqué una y mil maneras de no hacerte sufrir y que nunca supieras de mí. Pero no, no pude hacerlo y en nombre de este amor hoy te confieso la verdad: una bomba explotó en la trinchera. La mayoría DE LOS SOLDADOS del batallón murieron. Yo sobreviví. Quizás Dios me dio esta última oportunidad para decirte cuanto te amo. El doctor que me atiende se prestó a escribir esta carta para ti.
Drucila, eres una mujer fuerte, amorosa y comprensiva. Le doy gracias a la vida por regalarme la felicidad a tu lado. Gracias por ser mi esposa, y madre de mi hijo.
A mi hijo, Sebastián. Háblale de mí. Que se haga un hombre de bien. Enséñale a soñar, y haga realidad sus sueños. Explícale a Sebastián sobre el triunfo y la derrota. Ensénale a distinguir lo bueno y lo malo, y que nunca olvide que su padre lo amó entrañablemente.
Drucila te pido perdón; perdóname vida mía por el calvario que has atravesado. No quiero darte falsas esperanzas.
Drucila no te digo adiós, sino hasta pronto. Recuerda: aquí estamos de paso. Allá en el otro mundo, aguardaré por ti y Sebastián.
Amada esposa, te amé, te amo y te amaré hasta el último aliento de mi vida. Por siempre tú esposo:

Carmelo.


P.S.: Quiero agradecerle a usted por leerle la carta a mi esposa. Ella no sabe leer ni escribir.

Guardé silencio. Me hacía falta el aire. Quise llorar y no pude. Drucila se me quedo viendo con sus ojos llenos de lágrimas.

—Él no sabe, que hace un año murió nuestro hijo —dijo quedamente, como hablando consigo misma.

Se levantó y se encaminó hacia la salida; se detuvo por un segundo y leí en sus labios un “gracias”, y la puerta se cerró tras de ella.

La guerra de Corea finalizó un 26 de julio de 1953

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ES CONMOVEDORA ESTA CARTA PERO ENCUENTRO DEMASIADO POÉTICO TODO EL PRINCIPIO YA QUE SABEMOS QUE SE LA ESTÁ DICTANDO A ALGUIEN. nO ES DEFECTO ES UNA IMPRESIÓN, PODRÍA SER MÁS BREVE. lA SEGUNDA PARTE DE LA CARTA CUANdo habla de la guerra y de los sentimientos que provoca es más natural
 
Literatura :: Poesía / poesía japonesa(Recopilaciónes de un santo.)
Stracciatella, 21.02.2018
Surgen las grietas
Se nos filtran las aguas
Dos flores gritan

Danza macabra

Lucen espinas
A modo de cruz


...


Puntitos de pus
 



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